Está en la página 1de 3

SUPERNOVA

Las supernovas son uno de los eventos más repentinos y violentos del universo. La mayoría de los
cambios que suceden en el universo son muy, muy lentos en relación con la vida de los seres
humanos. Por ejemplo, tardó millones de años para que nuestro sistema solar se formara y otros
4,5 mil millones de años para que la vida inteligente evolucionara en uno de sus planetas. Nuestro
Sol ha cumplido sólo la mitad de su ciclo de vida. ¡Una supernova, sin embargo, sucede en unos 15
segundos!

Una supernova es la explosión más grande que uno pudiera imaginarse, el brillante y último suspiro
de una estrella que tiene al menos cinco veces más masa que nuestro Sol.

Una supernova es una explosión estelar que puede manifestarse de forma muy notable, incluso a
simple vista, en lugares de la esfera celeste donde antes no se había detectado nada en particular.
Por esta razón, a eventos de esta naturaleza se los llamó inicialmente stellae novae («estrellas
nuevas») o simplemente novae. Con el tiempo se hizo la distinción entre fenómenos aparentemente
similares pero de luminosidad intrínseca muy diferente; los menos luminosos continuaron
llamándose novae (novas), en tanto que el término supernova fue acuñado por Walter Baade y Fritz
Zwicky en 1931 para denominar a los más luminosos agregándoles el prefijo «super-».

El término más arcaico fue utilizado desde la antigüedad para indicar la explosión de una estrella
súper gigante roja en sus capas externas, las cuales producen una luminosidad que puede aumentar
100 000 veces su brillo original. Esta luminosidad dura unos pocos días y, en ocasiones, puede ser
observada a simple vista desde la Tierra. Al ver un nuevo resplandor en el cielo, los seres humanos
creían que había aparecido una nueva estrella. Al año siguiente de la muerte de Fritz Zwicky, en
agosto de 1975, apareció una nova que pudo ser observada a simple vista desde la Tierra, durante
algunos días. Esta nova surgió de la explosión de una gigante roja.1
Las supernovas producen destellos de luz intensísimos que pueden durar desde varias semanas a
varios meses. Se caracterizan por un rápido aumento de la intensidad luminosa hasta alcanzar una
magnitud absoluta mayor que el resto de la galaxia. Posteriormente su brillo decrece de forma más
o menos suave hasta desaparecer completamente.

Se han propuesto varios escenarios para su origen. Pueden ser estrellas masivas que ya no pueden
desarrollar reacciones termonucleares en su núcleo, y que son incapaces de sostenerse por la
presión de degeneración de los electrones, lo que las lleva a contraerse repentinamente (colapsar)
y generar, en el proceso, una fuerte emisión de energía. Otro proceso más violento aún, capaz de
generar destellos incluso mucho más intensos, puede suceder cuando una enana blanca miembro
de un sistema binario cerrado, recibe suficiente masa de su compañera como para superar el límite
de Chandrasekhar y proceder a la fusión instantánea de todo su núcleo: esto dispara una explosión
termonuclear que expulsa casi todo, si no todo, el material que la formaba.

La explosión de supernova provoca la expulsión de las capas externas de la estrella por medio de
poderosas ondas de choque, enriqueciendo el espacio que la rodea con elementos pesados. Los
restos eventualmente componen nubes de polvo y gas. Cuando el frente de onda de la explosión
alcanza otras nubes de gas y polvo cercanas, las comprime y puede desencadenar la formación de
nuevas nebulosas solares que originan, después de cierto tiempo, nuevos sistemas estelares (quizá
con planetas, al estar las nebulosas enriquecidas con los elementos procedentes de la explosión).

Estos residuos estelares en expansión se denominan remanentes y pueden tener o no un objeto


compacto en su interior. Dicho remanente terminará por diluirse en el medio interestelar al cabo
de millones de años. Un ejemplo es RCW 86.

Las supernovas pueden liberar varias veces 1044 J de energía. Esto ha resultado en la adopción del
foe (1044 J) como unidad estándar de energía en el estudio de supernovas.

El 20 de septiembre de 2016, un astrónomo aficionado llamado Víctor Buso, se convirtió en la


primera persona en la historia en fotografiar el nacimiento de una supernova a 86 millones de años
luz, en la galaxia espiral NGC 613, al explotar la estrella bautizada SN 2016gkg.

En verdad, una estrella, es un acto de equilibrio entre dos fuerzas. Por un lado, la aplastante fuerza
de la propia gravedad de la estrella trata de apretar el material estelar en la bola más pequeña y
compacta posible. Pero por otro lado, la fuerza del inmenso calor y presión de los fuegos nucleares
en el centro de la estrella intenta empujar todo el material hacia afuera. Cuando la estrella ha
ocupado todo su combustible nuclear, la presión expansiva ya no puede contrarrestar la gravedad
y la estrella colapsa repentinamente. ¡Imagina algo que tiene un millón de veces la masa de la Tierra
que colapsa en 15 segundos! El colapso del centro sucede tan rápido que crea enormes ondas de
choque que lanzan la parte exterior de la estrella al espacio a una velocidad de 20,000 kilómetros
por segundo (50 millones de millas por hora).

Por lo general queda un centro muy denso, junto con una nube de gas expansiva, conocida como
nebulosa. A veces estalla toda la estrella, sin siguiera dejar un núcleo que podamos detectar. Las
estrellas que tienen un tamaño más de 10 veces superior al del Sol dejan un agujero negro, el Rey
de los objetos densos.
Las supernovas no son muy comunes. Los astrónomos creen que en galaxias como la nuestra, la Vía
Láctea, ocurren unas 2 ó 3 supernovas cada siglo. Desde la ubicación de la Tierra dentro de la Vía
Láctea, el polvo interestelar impide que veamos muchas de ellas. Como el universo contiene tantas
galaxias, los astrónomos observan cientos de supernovas cada año fuera de nuestra galaxia. Pueden
verse casi hasta el borde mismo del universo, ya que estos eventos fantásticos son tan luminosos
que sobrepasan el brillo de sus propias galaxias durante unos pocos días o meses. Los astrónomos
conocen tan bien el proceso de envejecimiento de las estrellas que pueden predecir cuando una
estrella se convertirá en una supernova, y sabemos que ninguna de las estrellas en nuestro
vecindario de la Vía Láctea va a presentar este gran espectáculo pronto.