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Universidad de la Cuenca del Plata

Facultad de Derecho.
Introducción a la filosofía
Docente: Julio Núñez

Resumen de: Laclau, Ernesto (1996), ¿Por qué los significantes vacíos son tan importantes
para la política?

Laclau comienza planteando que un significante vacío es un término sin significado y se


pregunta ¿Cómo puede ser que un significante no tenga significado y aun así esté unido a
un sistema de significación? Es decir, ¿no es imprescindible que un significante para ser tal,
deba suponer un significado, dado que en el esquema estructural de Saussure las
identidades se definen por su relación? ¿Un significante vacío no sería en ese caso una
mera secuencia de sonidos? Sin embargo, dice Laclau, el significante vacío, en tanto signo,
admite una subversión de sí mismo (entendemos que por subversión se refiere a que el
signo tiene algo así como dos dimensiones, una de las cuales es la presencia de significado
y la otra su ausencia) y eso habilita una posibilidad de que el significante no esté vinculado
a ningún significado determinado, pero aun así sea significante, ¿cuál sería entonces esa
posibilidad que se daría a partir de la subversión del signo? (Laclau: (1996), p. 69)

Ante esta pregunta ensaya dos posibles respuestas que descarta rápidamente. Por un lado,
alude al equívoco. Al respecto se pregunta si el equívoco sería una evidencia de que el
significante no está vinculado necesariamente a un significado. Pero al instante advierte que
el hecho de que una palabra sea equívoca (como por ejemplo, “banco”), no significa que el
significante sea vacío, sino equívoco. Luego señala la posibilidad de buscar evidencias de
esto mismo en la ambigüedad. En tal caso una sub-determinación del significado al
significante podría impedir fijarlo plenamente. Esto sería así a partir de la debilidad
característica de la ambigüedad para definir/unir el significado al significante. Pero
tampoco en este caso dicha debilidad bastaría para pensar en la posibilidad de un
significante vacío de significado (p, 70 y 71)

Entonces, le queda a Laclau considerar que para pensar la naturaleza de los significantes
vacíos es necesario remitirse al límite de toda significación. En este sentido, el filósofo
argentino alude al carácter relacional del sistema lingüístico estructural de Saussure, en el
cual, como dijimos anteriormente, las identidades lingüísticas, que conforman totalidades,
son puramente relacionales. En otras palabras, cada significación se define por su relación
con otra significación en la estructura, lo cual indica que las significaciones sólo son
posibles dentro de sus propios límites estructurales; entonces, hablar de los límites de toda
significación, es hablar de los límites de la estructura. No obstante, si hablamos del límite
de una estructura significativa, ese límite no puede ser a su vez una significación, sino su
imposibilidad. El límite del significado no puede ser otro significado, porque en tal caso
nos remitiríamos al infinito. Así, el límite de toda significación, paradójicamente, es el
sinsentido o la imposibilidad de toda significación. Por lo tanto, concluye Laclau, el límite
de la significación es de naturaleza exclusiva (p. 71)

De esta manera, si el límite es un límite que excluye toda significación, éstas (las
significaciones), se hallan excluidas por dicho límite. Este límite no puede ser sino un
significante que no se identifica con ninguna de las significaciones excluidas. Sin embargo,
estas significaciones se identifican entre sí ante la exclusión sufrida por el significante. En
otros términos, cada significación, a pesar de ser diferente entre sí, se encuentra con que
tiene algo en común con las demás: todas han sido excluidas por aquel significante que no
se identifica completamente con ninguna de ellas y que por tal motivo las comprende en
tanto límite. A esta situación compartida por las múltiples significaciones excluidas, Laclau
llama cadena de equivalencias (p. 75)

Ahora, el significante que no se identifica con ninguna significación, es lo que Laclau llama
significante vacío. Se trata del ser del sistema, lo que hace que el sistema sea lo que es. Sin
embargo, a diferencia de la clásica noción de ser aristotélica, éste no es un ser caracterizado
por su completitud, sino todo lo contrario, por su incompletitud o, como dice el propio
Laclau, por ser constitutivamente inalcanzable o irrealizable. Recién entonces, el filósofo
argentino responde a la pregunta inicial acerca de la posibilidad de que un significante sea
esencialmente vacío de toda significación. Esto, para Laclau, no sólo es posible, sino
necesario, dado que el sistema de significaciones reclama una totalidad cuyo fundamento
último sea un objeto imposible, el objeto X (Cfr, p. 76-77)
Desde el apartado “Hegemonía”, Laclau comienza a extraer las conclusiones políticas de lo
planteado anteriormente en términos ontológicos y lingüísticos. Así, al comentar
conclusiones de Rosa Luxemburgo en relación a las movilizaciones en relación al hecho de
que toda identidad revolucionaria de masas es el resultado de la conjugación de múltiples
luchas separadas. Todas ellas se fundirían en un mismo acto revolucionario. Este ejemplo
le sirve a Laclau para señalar que toda lucha tiene dos dimensiones o significaciones: por
un lado, algo propio que la distingue del resto, un reclamo particular e inherente a su
movilización, por lo que se trata de un significado de carácter diferencial (por ejemplo, el
reclamo de los gremios docentes de una mejora salarial), y por otro lado, esa misma lucha
significa una oposición al sistema en general. Esta segunda significación es lo que hace que
exista una suerte de solidaridad entre ellas. Solidaridad que Laclau llama equivalencia (p.
77-79)

En este sentido, será el predominio de la equivalencia por encima del carácter diferencial
lo que hará posible la construcción de una totalidad que represente a todas las demandas.
De este modo, cuanto más extendida sea una equivalencia, menor será su potencia
diferencial en relación a sus reclamos, pero mayor será la potencia de la totalidad frente al
sistema al cual se opone. No obstante, esta totalidad, será siempre la totalidad de una
comunidad ausente. Esto quiere decir que el significante al ser vacío, al renunciar a toda
significación, será siempre lo mismo que una ausencia. En palabras de Laclau: “La
comunidad creada por esta expansión equivalencial será, pues, la pura idea de una
plenitud comunitaria que está ausente” (p. 80).

Ahora, el problema que surge es, si la comunidad en tanto plenitud ausente que es
representada provisoriamente por una significación que toma de prestado tal significado,
pero que permanece inherentemente vacía, ¿qué determina que tal significación o lucha o
demanda sea la que represente a las demás, siendo que todas son equivalentes? La respuesta
de Laclau es el carácter desnivelado de lo social. Esto es, que no toda lucha o demanda
social es igualmente capaz de (…) tornarse un significante vacío (p. 81). Ahora, en esta
relación entre lo equivalencial y lo diferencial es donde, según Laclau, se juega la
hegemonía.
La siguiente pregunta que analiza Laclau es, ¿cómo se constituye una hegemonía? Esta
pregunta lo lleva a explorar dos alternativas. Por un lado, es posible que la hegemonía
pueda ser pensada como el resultado de una adición de grupos separada, pero esta opción
nos remite a una unidad lograda por medio del acuerdo o el consenso y la hegemonía, para
Laclau, se refiere a un tipo de comunidad más fuerte que la de un tal acuerdo (p. 83). Por
otro lado, es posible que la hegemonía tenga lugar cuando un grupo logra realizar
cabalmente una esencia social preexistente en la misma sociedad, consiguiendo así reunir
ampliamente la mayoría de las demandas sociales. Pero esto le imprimiría a la hegemonía
un carácter de necesidad y eliminaría su principal potencia: su carácter consensual. De
modo que, la hegemonía sólo puede tener lugar cuando un grupo particular es capaz de
presentarse como la encarnación del significante vacío, haciendo referencia a un núcleo
social esencialmente ausente. En otros términos, este modo de hacer política, se funda en
un objetivo necesariamente irrealizable, inalcanzable, es decir, en una imposibilidad
constitutiva (p. 84).

Laclau termina haciendo una reflexión en torno a la propuesta hobbsiana. Al respecto


plantea que si bien Hobbes fue capaz de reconocer la necesidad de un orden en cuanto tal,
suprimiendo la desigualdad entre los hombres, por un lado, y postulando la necesidad de la
Commonwealth, por el otro, se ve imposibilitado de pensar una relación dialéctica entre
ambas dimensiones que dé cuenta de su contingencia esencial. Por tal motivo, su propuesta
radica en reintroducir el poder en las relaciones sociales, lo cual implicaría pensar un
sociedad parcialmente estructurada y des-estructurada, es decir, inestable. De modo que, la
legitimidad del gobernante mantendrá siempre una relación tensa con los requerimientos
sociales. Instala así un hiato entre tal legitimidad y las demandas sociales, hiato que para
Laclau tendrá el nombre de significante vacío.

*Laclau, Ernesto (1996), ¿Por qué los significantes vacíos son tan importantes para la
política? En Laclau, E. Emancipación y Diferencia, p. 69-86, Bs As. Ariel.