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VIGILIA GENERAL DE CORPUS

Vigilia de la solemnidad
del Cuerpo y la Sangre
de nuestro Señor Jesucristo.

Según el Venerable Ritual de la Adoración Nocturna Mexicana


Expuesto el Santísimo Sacramento en la forma ordinaria, se hace la presentación de
los fieles. Iniciada por el sacerdote que dirige, todos todos se arrodillan recitan la
siguiente:

Oración de presentación.

Sac: Señor nuestro Jesucristo:


Todos: Creemos que en el Sacramento del altar estás presente con tu
humanidad, que un día resucitó de entre los muertos, como
prenda y garantía de nuestra futura resurrección.
Sac: Camino de Emaús, has salido al encuentro de nuestra miseria y
tristeza.
Todos: Tus palabras de vida eterna han traído a nuestro corazón el calor
y la esperanza, mientras caminábamos en las tinieblas y en las
sombras de la muerte.
Sac: Te has adelantado a nuestra invitación y te has quedado con
nosotros.
Todos: Y nosotros te hemos reconocido en la Fracción del Pan.
Sac: Por esto, esta noche queremos estar contigo, para agradecerte el
banquete que nos das.
Todos: Tú dijiste: "El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida
eterna y yo lo resucitaré el último día" (Jn 6, 55).
Sac: Siembra, Señor, en nosotros esta semilla de inmortalidad, que es
tu Cuerpo y tu Sangre, resucitados de entre los muertos.
Todos: Y riégala siempre con el rocío de tu Santo Espíritu, para que se
cumpla en nosotros la afirmación de tu Apóstol:
Sac: "Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos,
habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre
los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por
obra de su Espíritu, que habita en ustedes" (Rom8, 11).
Todos: Con nosotros oran también la Virgen Santa María, Madre de la
Iglesia y Madre nuestra, su esposo san José, san Pascual Bailón,
San Juan Pablo II, todos los Ángeles y los fieles que nos han
precedido y están contigo en el cielo.
Sac: Por su intercesión y la fe de la Iglesia, nos dirigimos a ti, Jesucristo
Señor nuestro, que vives y reinas con el Padre en la unidad del
Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos.
Todos: Amén.
Oficio de Lectura (De pie)

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.


R/. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO (A dos coros, de pie)

Aquella noche santa, Te quedaste conciso,


te nos quedaste nuestro, te escondiste concreto,
con angustia tu vida, nada para el sentido,
sin heridas tu Cuerpo. todo para el misterio.
Te nos quedaste vivo, Aquella noche santa,
porque ibas a ser muerto; te nos quedaste nuestro.
porque iban a romperte,
te nos quedaste entero. Vino de sed herida,
trigo de pan hambriento,
Gota agota tu Sangre, toda tu hambre cercana,
grano a grano tu Cuerpo: tú, blancura de fuego.
un lagar y un molino
en dos trozos de leño. En este frío del hombre
y en su labio reseco,
Aquella noche santa, aquella noche santa,
te nos quedaste nuestro. te nos quedaste nuestro.
Te nos quedaste todo: Te adoro, Cristo oculto,
amor y sacramento, te adoro, trigo tierno. Amén.
ternura prodigiosa,
todo en ti, tierra y cielo.

SALMODIA (Sentados)
Director, Antífona 1:
Digan a los invitados: "Tengo ya preparado el banquete, vengan a las
bodas". Aleluya.

Salmo 22 EL BUEN PASTOR


El Cordero los apacentará y los guiará a los
manantiales de las aguas de la vida (Apoc 1, 17).
A dos coros:
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Se dice Gloria al Padre.

Todos: Digan a los invitados: "Tengo ya preparado el banquete, vengan


a las bodas". Aleluya.

Director, Antífona 2:
El que tenga sed que venga a mí y que beba en la fuente eterna.

Salmo 41 DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO


El que tenga sed y quiera, que venga a beber e lagua de
la vida (Ap. 22,17).
A dos coros:
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
"¿Dónde está tu Dios?".
Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida
Diré a Dios: "Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?".
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
"¿Dónde está tu Dios?"
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".
Se dice Gloria al Padre.

Todos: El que tenga sed que venga a mí y que beba en la fuente eterna.
Director, Antífona 3:
El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.
Salmo 80 SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
Miren que no tengan a die un corazón malo e incrédulo
(Heb 3, 12).
A dos coros:
Aclamen a Dios, nuestra fuerza;
den vítores al Dios de Jacob:
acompañen, toquen los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
toquen la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta;
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
"Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escucharas, Israel!
No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre tu boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduvieran según sus antojos.
¡Ojalá me escuchara mi pueblo
y caminara Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre".
Se dice Gloria al Padre

Todos: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel
silvestre.

V/. La Sabiduría se ha construido su casa. Aleluya.


R/. Ha mezclado el vino y puesto la mesa. Aleluya.

PRIMERA LECTURA (Éx 24,1-11)


Del libro del Éxodo: En aquellos días, dijo Dios a Moisés:
"Sube al encuentro del Señor con Aarón, Nadab, Abiú y setenta
ancianos de Israel. Y cuando todavía estén lejos Señor; los otros no se
acercarán y tampoco el pueblo subirá con él".
Moisés bajó del monte Sinaí y refirió al pueblo todo lo que el Señor
le había dicho y los mandamientos que le había dado. Y el pueblo
contestó a una voz: "Haremos todo lo que dice el Señor".
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó
temprano, construyó un altar al pie del monte y puso al lado del altar
doce piedras conmemorativas, en representación de las doce tribus de
Israel.
Después mandó a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos
e inmolar novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor. Tomó
la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó sobre el altar la otra
mitad.
Entonces tomó el libro de la alianza y lo leyó al pueblo, y el pueblo
respondió: "Obedeceremos. Haremos todo lo que manda el Señor".
Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo: "Ésta es la
sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las
palabras que han oído".
Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y los setenta ancianos de Israel
subieron y contemplaron al Dios de Israel. Bajo sus pies había como
un pavimento de zafiro, tan brillante como el mismo cielo. Y aunque
vieron a Dios, él no hizo perecer a estos privilegiados de Israel. Luego
comieron y bebieron.
Palabra de Dios.

RESPONSORIO (Jn 6,48-52)


R/. Yo soy el pan de vida; sus padres comieron el maná en el desierto
y murieron; éste es el pan que baja del cielo para que quien lo
coma no muera.
V/. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan
vivirá eternamente. R. Éste es el pan que baja del cielo para que
quien lo coma no muera.

SEGUNDA LECTURA (Op 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect.1-4)


De las Obras de santo Tomás de Aquino, presbítero. El Hijo
único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó
nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los
hombres.
Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de
nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de
la Cruz ,su Cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su Sangre
como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava,
para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados
de todos nuestros pecados.
Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la
memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de
pan y de vino, su Cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su Sangre,
para que fuese nuestra bebida.
¡Banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda
suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este
banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros
o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al
mismo Cristo, verdadero Dios?
No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se
borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la
abundancia de todos los dones espirituales.
Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a
todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.
Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este
sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma
fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que
Cristo mostró en su Pasión.
Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más
profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando
después de celebrar la Pascua con sus discípulos iba a pasar de este
mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial
perenne de su Pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y
la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular
consuelo en las tristezas de su ausencia.

RESPONSORIO
R/. Reconozcan en el pan al mismo que pendió en la Cruz;
reconozcan en el cáliz la sangre que brotó de su costado. Tomen,
pues, y coman el Cuerpo de Cristo; tomen y beban su Sangre. *
Son ya miembros de Cristo.
V/. Coman el vínculo que los mantiene unidos, no sea que se
disgreguen; beban el precio de su redención, no sea que se
deprecien.
R/. Son ya miembros de Cristo.

TE DEUM SOLEMNE (De pie)


Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y dé consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
Como juez universal.
(Todos se arrodillan al siguiente verso y se rinde la bandera)

Muéstrate, pues, amigo y defensor


de los hombres que salvaste.
(Aquí se levantan)
y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado

Jefe del primer coro:


V/. Escucha, Señor, nuestra oración.
R/. y llegue a ti nuestro clamor.
Oración. (Se hace un breve silencio y después dice la oración.)
Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento Admirable nos
dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los
sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre que experimentemos
constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y
reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
V/. Escucha, Señor, nuestra oración.
R/. y llegue a ti nuestro clamor.
V/. Bendigamos al Señor.
R/. Gracias a Dios.
V/. Las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios
descansen en paz.
R/. Amén.
PROCESIÓN CON EL SANTÍSIMO
Acto seguido se organiza una procesión con el Santísimo que recorrerá el pasillo
lateral de la iglesia, haciendo cuatro estaciones en otros tantos lugares preparados al
efecto. Acompañan la procesión la cruz procesional y ciriales; el turiferario, la
bandera, el sacerdote oficiante y los ministros, y el consejo o turno que organiza el
acto. Antes de que la procesión parta del altar mayor, el monitor dirigirá a los
presentes esta breve Exhortación:

La Iglesia a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús se define


a sí misma con las palabras de san Agustín como una "Iglesia que va
peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”.
Imagen de este peregrinar fue el paso de los israelitas a través del
desierto, durante cuarenta años, desde Egipto a la Tierra de Promisión.
Ahora, como entonces, incomparablemente mejor ahora que entonces,
Dios, Padre providente, nos acompaña en el viaje con su presencia, nos
dirige, con su Palabra, nos alimenta y conforta con el Pan enviado del
cielo. Al recordar esta noche aquel viaje de nuestros precursores en la
fe, actualizaremos en nosotros la consoladora realidad de la presencia
de Jesús, peregrino con los hombres; sentiremos el calor de su Palabra;
y experimentaremos la fuerza que para caminar y luchar nos
proporcionan su Cuerpo y su Sangre recibidos en alimento de nuestras
almas.

(La procesión se dirige hacia la primera estación, mientras todos cantan)

Cantemos al Amor de los Amores,


cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! Venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor.
Gloria a Cristo, Jesús;
cielos y tierra, bendecid al Señor;
honor y gloria a ti, Rey de la gloria,
amor por siempre a ti, Dios del Amor (bis).

PRIMERA ESTACIÓN: “LEVANTATE Y COME”


(Todos de rodillas, el ministro dice una Jaculatoria, Padrenuestro, Avemaría,
Gloria. Luego todos se sientan y un lector dice en voz alta la monición y la PRIMERA
LECTURA)
Monición: Elías se había consumido en santo celo y luchado contra los falsos
profetas y sacerdotes de Baal, más ahora el desaliento se apodera de él al ver
que ha trabajado en vano. Decepcionado, pide la muerte para no tener que
ver más cómo el pueblo de Israel ofendía al Dios que siempre lo había
colmado de bondad, Dios de promesas sublimes y de profetas asesinados.
Ante este desasosiego, el auxilio de Dios es estremecedor: un ángel alimenta
al profeta con un pan milagroso, figura de la Eucaristía, que nos fortalece y
nos sostiene en la peregrinación de esta vida hacia las moradas eternas.

Del primer libro de los Reyes. (19, 1-8)


En aquellos tiempos, Ajab contó a Jezabel lo que había hecho Elías:
cómo había pasado acuchillo a los profetas. Entonces Jezabel mandó a
Elías este recado: "Que los dioses me castiguen, si mañana a estas
horas no hago contigo lo mismo que has hecho tú con cualquiera de
ellos".
Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida. Caminó Elías por el
desierto un día entero y finalmente se sentó bajo un árbol de retama,
sintió deseos de morir y dijo: "Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues
yo no valgo más que mis padres". Después se recostó y se quedó
dormido.
Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo: "Levántate y
come". Elías abrió los ojos y vio a la cabecera un pan cocido en las
brasas y un jarro de agua. Después de comer y beber, se volvió a
recostar y se durmió.
Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó, y le dijo: "Levántate
y come, porque aún te queda un largo camino". Se levantó Elías. Comió
y bebió. Y con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y
cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Palabra de Dios.
Pausa en silencio. Oración espontánea. A una señal del monitor, todos de pie, recitan a
dos coros:

V/. "Meda lástima esta gente: ya llevan tres días conmigo y no tienen
qué comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se van a desmayar
en el camino. Además, algunos han venido de lejos" (Mc 8,2-3).
R/. "... Tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias,
lo partió y dijo: 'Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes.
Hagan esto en memoria mía' " (1 Cor 11, 24).
V/. Jesús dijo a la multitud: ''Yo soy el Pan de la Vida. El que viene a
mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed" (Jn 6,
35).
R/. "Tomen y coman, éste es mi Cuerpo... Tomen y beban, ésta es mi
Sangre ... Hagan esto en memoria mía" (Mt 26, 26-29; Me 14, 28-24; Lc 22,
19-20; 1 Cor 11, 23-25)

(La procesión se dirige hacia la siguiente estación, mientras todos cantan el Salmo 22)

El Señor es mi pastor, nada me falta:


en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Se dice Gloria al Padre.

SEGUNDA ESTACIÓN: “EL CORDERO PASCUAL”


(Todos de rodillas, el ministro dice una Jaculatoria, Padrenuestro, Avemaría,
Gloria. Luego todos se sientan y se dice en voz alta la monición y la SEGUNDA
LECTURA)
Monición: La noche antes de salir los israelitas de Egipto, Dios exterminó a los
primogénitos de los egipcios, respetando las casas de los israelitas cuyas
puertas habían sido señaladas con la Sangre del cordero, que cada familia
había sacrificado por orden expresa del mismo Dios. Ese cordero era imagen
de Cristo, cuya Sangre derramada en la Cruz nos libra del pecado y de la
muerte.

Del libro del Éxodo (12, 21-27).


En aquellos días, Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les
dijo: "Que cada familia tome un cordero o un cabrito y lo sacrifique
para celebrar la Pascua. Que tome un manojo de hisopo, que lo moje
en la sangre de la víctima y que unte de sangre el marco de la puerta.
Que ninguno salga de casa hasta la mañana siguiente.
Pues el Señor va a pasar para castigar a los egipcios, pero cuando
vea la sangre en el marco de la puerta, pasará de largo y no permitirá
que el ángel exterminador entre en las casas de ustedes y los mate.
Cumplan este mandato del Señor: es una ley perpetua para ustedes y
sus hijos. Y cuando entren en la tierra que el Señor les va a dar, según
se lo ha prometido, celebrarán también este rito.
Y cuando sus hijos les pregunten qué significa es rito, les
responderán: 'Es el sacrificio de la Pascua en honor del Señor, que pasó
de largo por las casas de los israelitas, cuando mató a los egipcios' ".
Entonces todo el pueblo se postró para adorar al Señor. Palabra de
Dios.
Pausa en silencio. Oración espontánea. A una señal del monitor, todos de pie, recitan a
dos coros:
V/. "Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado".
R/. "Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del
mundo"(Jn1,29).
V/. "Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado".
R/. "Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino,
y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era
maltratado, él se sometía, y no abría su boca; como cordero llevado
al matadero' como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría
su boca" (ls 53, 6-7).
V/. "Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado".
R/. "Éste es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes... Ésta es mi
Sangre, que por ustedes será derramada".
V/. "Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado".

(La procesión se dirige hacia la siguiente estación, mientras todos cantan)

Altísimo Señor, que supiste juntar


a un tiempo en el altar, ser Cordero y Pastor,
confieso con dolor que hice mal en huir
de quien por mí quiso morir.
Cordero celestial, pan nacido en Belén,
si no te como bien, me sucederá mal.
Sois todo piedra imán que atrae el corazón,
de quien os rinde adoración.

TERCERA ESTACIÓN: “PAN BAJADO DEL CIELO”


(Todos de rodillas, el ministro dice una Jaculatoria, Padrenuestro, Avemaría,
Gloria. Luego todos se sientan y se dice en voz alta la monición y la TERCERA
LECTURA)
Monición: A lo largo de su peregrinar por el desierto, los israelitas fueron
alimentados prodigiosamente con el maná, que prefiguraba el alimento
eucarístico infinitamente superior.

Del libro del Éxodo (16, 1-3. 11-16)


El día quince del segundo mes, después de salir de Egipto, toda la
comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre
Elim y el Sinaí.
Toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y
Aarón en el desierto, diciendo: "Ojalá hubiéramos muerto a manos del
Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y
comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto
para matar de hambre a toda esta multitud".
El Señor le dijo a Moisés: "He oído las murmuraciones de los hijos
de Israel. Diles de parte mía: 'Por la tarde comerán carne y por la
mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su
Dios' ".
Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el
campamento. A la mañana siguiente había entorno a él una capa de
rocío que al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de
polvo blanco, semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se
dijeron unos a otros: "¿Qué es esto?", pues no sabían lo que era. Moisés
les dijo: "Éste es el pan que el Señor les da por alimento". Esto es lo que
el Señor les ordena: Que cada uno recoja según lo que necesite para
comer, una ración por cada una de las personas que vivan con él".
Palabra de Dios.
Pausa en silencio. Oración espontánea. A una señal del monitor, todos de pie, recitan a
dos coros:

V/. "No fue Moisés quien les dio Pan del cielo; es mi Padre quien les
da el verdadero Pan del cielo. Porque el Pan de Dios es aquel que
baja del cielo y da la vida al mundo" (Jn 6, 32-33).
R/. "Éste es el Pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que
comieron sus padres, pues murieron. El que come de este Pan
vivirá para siempre" (Jn 6,58).
V/. ''Yo soy el Pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el
desierto y sin embargo, murieron. Éste es el Pan que ha bajado del
cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el Pan vivo que ha
bajado del cielo; el que coma de este Pan vivirá para siempre, y el
pan que yo les voy a dar es mi Carne para que el mundo tenga
vida" (Jn 6, 48-51).
R/. "Éste es el Pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que
comieron sus padres, pues murieron. El que come de este Pan
vivirá para siempre".

(La procesión se dirige hacia la siguiente estación, mientras todos cantan)

Todos:
R/. Tú eres, Señor, el Pan de vida.
Mi Padre es quien les da verdadero Pan del cielo. R/.
Quien come de este Pan, vivirá eternamente. R/.
Aquel que venga a mí, no padecerá más hambre. R/.
Mi Carne es el manjar, y mi Sangre la bebida. R/.
El Pan que yo daré, ha de ser mi propia Carne. R/.
Beban todos de él: es el cáliz de mi Sangre. R/.
Yo soy el Pan de vida, que ha bajado del cielo. R/.
Si no comen mi Carne, no tendrán vida en ustedes. R/.
Si no beben mi Sangre, no tendrán vida en ustedes. R/.
Quien bebe de mi Sangre, tiene ya la vida eterna. R/.
Reciban mi Cuerpo, entregado por ustedes. R/.

CUARTA ESTACIÓN: “EL AGUA DE LA VIDA”


(Todos de rodillas, el ministro dice una Jaculatoria, Padrenuestro, Avemaría,
Gloria. Luego todos se sientan y se dice en voz alta la monición y la CUARTA
LECTURA)
Monición: Cuando el sol abrasador de la península del Sinaí, y el aire reseco
del arenal estaban a punto de hacer morir de sed a los israelitas, Dios mandó
que Moisés hiciera brotar de la roca aguas abundantes. Esta agua era imagen
de la abundancia de gracias que Jesús habría de derramar sobre nosotros a
través de los sacramentos.

Del libro del Éxodo (Éx 14, 1-7)


En aquellos días, toda la comunidad de los israelitas partió del
desierto de Sin, siguiendo las órdenes que el Señor les iba dando de
Etapa en etapa, y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró
agua para beber.
El pueblo fue a reclamarle a Moisés, diciendo: "Danos agua para
beber". Moisés les replicó:"¿Por qué me reclaman? ¿Por qué tientan al
Señor?" Pero el pueblo, torturado por la sed, siguió protestando contra
Moisés, diciéndole: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacemos
morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?"
Moisés clamó al Señor y le dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo?
Sólo falta que me apedreen", Respondió el Señor a Moisés: "Preséntate
al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma
en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante
ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para
que beba el pueblo".
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por
nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de
Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el
Señor en medio de nosotros?". Palabra de Dios.
Pausa en silencio. Oración espontánea. A una señal del monitor, todos de pie, recitan a
dos coros:

V/. "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del
agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré
se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida
eterna" (Jn 4, 13-14).
R/. "Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed" (Jn4, 15).
V/. "El que tenga sed, que venga a mí; y beba, aquel que cree en mí.
Como dice la Escritura: Del corazón del que cree en mí brotarán
ríos de agua viva". (Jn 7, 37-38).
R/. "Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed".
(La procesión se dirige finalmente al altar mayor, mientras los todos cantan)

De rodillas, Señor, ante el sagrario


que guarda cuanto queda de amor y de unidad.
Venimos con las flores de un deseo
Para que nos las cambies en frutos de Verdad.
Cristo en todas las almas
y en el mundo la paz (Bis)
Como estás, mi Señor, en la Custodia,
igual que la palmera que alegra el arenal,
queremos que en el centro de la vida
reine sobre las cosas tu ardiente caridad.
Cristo en todas las almas
y en el mundo la paz (Bis)

ALTAR MAYOR
(Llegada la procesión al altar mayor se hace la exhortación final. Todos sentados)

Si en el Jueves Santo se pone de relieve la estrecha relación que


existe entre la Última Cena y el misterio de la Muerte de Jesús en la
Cruz, hoy, solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, con la
procesión y la adoración común de la Eucaristía se llama la atención
hacia el hecho de que Cristo se inmoló por la humanidad entera.
"Quédate con nosotros, Jesús; entrégate a nosotros y danos el Pan que
nos alimenta para la vida eterna. Libra a este mundo del veneno del
mal, de la violencia y del odio que contamina las conciencias; purifícalo
con el poder de tu amor misericordioso".
En la procesión del Cuerpo y la Sangre de Cristo, acompañamos al
Resucitado en su camino por el mundo entero. Precisamente al hacer
esto respondemos también a su mandato: "Tomen, coman... Beban de
ella todos" (Mt 26, 26- 28). No se puede "comer" al Resucitado, presente
en la figura del pan, como un simple pedazo de pan. Comer este Pan es
comulgar, es entrar en comunión con la persona del Señor vivo. Esta
comunión, este acto de "comer", es realmente un encuentro entre dos
personas, es dejarse penetrar por la vida de aquel que es el Señor, de
aquel que es mi Creador y Redentor.
La finalidad de esta comunión, de este comer, es la asimilación de
mi vida a la suya, mi transformación y configuración con aquel que es
amor vivo. Por eso, esta comunión implica la adoración, implica la
voluntad de seguir a Cristo, de seguir a aquel que va delante de
nosotros. Por lo tanto, adoración y procesión forman parte de un único
gesto de comunión; responden a su mandato: tomen y coman. En la
solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo contemplamos sobre todo
el signo del Pan. Nos recuerda también la peregrinación de Israel
durante los 40 años en el desierto. La Hostia es nuestro maná; con él
el Señor nos alimenta; es verdaderamente el Pan del cielo, con el que
él se entrega a sí mismo. En la procesión, seguimos este signo y así lo
seguimos a él mismo. Y le pedimos (de pie):
Todos:
Guíanos por los caminos de nuestra historia. Sigue mostrando a la
Iglesia y a sus pastores el camino recto. Mira a la humanidad que sufre,
que vaga insegura entre tantos interrogantes. Mira el hambre física y
psíquica que la atormenta. Da a los hombres el Pan para el cuerpo y
para el alma. Dales trabajo. Dales luz. Dales a ti mismo. Purifícanos y
santifícanos a todos. Haznos comprender que nuestra vida sólo puede
madurar y alcanzar su auténtica realización mediante la participación
en tu Pasión, mediante el "sí" a la Cruz, a la renuncia, a las
purificaciones que tú nos impones. Reúnenos desde todos los confines
de la tierra. Une a tu Iglesia; une a la humanidad herida. Danos tu
salvación.
Lector:
"Buen pastor, verdadero pan, Señor Jesús, ten piedad de nosotros.
Tú que todo lo sabes y lo puedes, que nos alimentas en la tierra, lleva
a tus hermanos a la mesa del cielo, en la gloria de tus santos”.
Todos:
Concédenos, Señor, que cada uno de nosotros, alimentado de ti,
afronte con una confiada esperanza todas las pruebas de la vida, hasta
el día en que seas viático para el último viaje, hacia la casa del Padre.
"¡Dulce Jesús! ¡Piadoso Jesús! ¡Jesús, Hijo de María!". Amén.
Lector:
María dio su carne, su sangre a Jesús y se convirtió en tienda viva
del Verbo, dejándose penetrar en el cuerpo y en el espíritu por su
presencia. Pidámosle a ella, nuestra santa Madre, que nos ayude a
abrir cada vez más todo nuestro ser a la presencia de Cristo; que nos
ayude a seguirlo fielmente, día a día, por los caminos de nuestra vida.
Todos:
y tú, María, que fuiste mujer "eucarística" durante toda tu vida,
ayúdanos a caminar unidos hacia la meta celestial, alimentados por el
Cuerpo y la Sangre de Cristo, Pan de vida eterna y medicina de la
inmortalidad divina. Amén.
Himno “Adoro te devote”.
1. Con fe Te adoramos, Dios oculto aquí,
bajo el Pan y el Vino, te vemos a Ti.
Te entregamos todos nuestro corazón,
porque al contemplarte se inflama de Amor.

2. Vista, gusto y tacto se engañan en Ti,


la fe está segura tan sólo al oír.
Creo cuanto ha dicho el Hijo de Dios:
la Verdad, el Verbo, no hay verdad mayor.

3. La cruz ocultaba tu divinidad,


pero aquí se esconde ya la humanidad.
Yo creo y confieso unidas las dos,
y hago la plegaria que hizo el buen ladrón.

4. Tus llagas no veo, cual Tomás las vio,


pero a Ti, Dios mío, te confieso yo.
Dame que en Ti crea siempre más y más,
que en Ti solo espere, te ame sin cesar.
Amén.

5. De tu muerte, Cristo, ¡qué gran memorial!


Pan que das al hombre vida de verdad:
haz que, por tu gracia, vivamos de Ti
y gustemos siempre tu dulzura aquí.

6. Pelícano bueno, Jesús el Señor,


que tu Sangre lave a este pecador.
Una sola gota podría salvar
a todo este mundo, de la iniquidad.

7. Jesús, a quien miro velado ahora aquí,


¿cuándo será el día que anhelo sin fin?
Verte cara a cara, sin ningún disfraz,
contemplar tu gloria ¡qué feliz me hará!
Amén.

Bendición y reserva de Su Divina Majestad en la forma acostumbrada.