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El paseo filosófico de Robert Walser*

Giorgio Agamben

¿Por qué ha sido y sigue siendo Roberto Walser tan importante para mí? Creo ver en su obra algo similar a un
experimento, un experimento muy especial, es decir, no simplemente un experimento común. No solo en la
ciencia, sino también en la literatura y en la filosofía existen experimentos. Por supuesto que estos
experimentos poco tienen que ver con experimentos científicos, en tanto la factibilidad o exactitud de probar
una hipótesis, sino de poner en entredicho la propia condición humana.

El asunto radica en hacer de la existencia humana una transformación antropológica. Y aquel que lleva a cabo
estos experimentos arriesga no solo la verdad de sus enunciados, sino la forma misma de su existencia. Esto
exige una especie mutación antropológica, a la manera de los primates o la transformación de los reptiles,
antes de transformarse en pájaros. ¿Qué tipo de transformación es la que ocurre en Walser?

Walser describe de la misma manera en que Kafka da forma a aquellos que han dejado de ser humanos,
aunque continuasen perteneciendo al mundo divino o animal. El experimento que ejerce Walser es tan
importante y novedoso como el experimento que Heidegger lleva a cabo en Ser y Tiempo, en tanto la esfera
psicosomática es remplazada por un vacío insustancial del ser. Esto no difiere del intento de representar al ser
como posibilidad a través de aquello que es imposible. De esta manera, Walser, como Kafka, es un teólogo, si
entendemos la teología como lugar en el cual las nuevas figuras serán puestas a prueba.

En mi libro, La Comunidad que viene, comparé las figuras de Walser con las criaturas que habitan en el limbo.
Según los teólogos, el castigo de los niños sin bautizo que perecen sin culpa alguna, no recibirán el castigo
doloroso del infierno, sino la privación de la gracia de Dios. Como estas criaturas no tendrán acceso al saber
supernatural, nunca sabrán que han sido privados del Sumo Bien. El peor de los castigos, o sea la retracción
ante la gracia de Dios, es la forma del mal que habita entre aquellos cuyo estado natural de felicidad es el
limbo.

La felicidad del limbo es el secreto de las criaturas de Walser. Éstas viven fuera de la maldición y de la
salvación. Ignoran a Dios y al hombre, a la ley y al destino. Permanecen para siempre perdidos bajo el
abandono de Dios. Aunque quiero apuntar otro ejemplo: pensemos en los personajes de Walser en su novela
El Asistente (1907). En Kafka, los asistentes son seres mediadores entre Ángeles y burócratas. La angeología y
la burocracia en Kafka son una y la misma cosa. En Walser, en cambio, estos agentes cobran un papel
mesiánico.

El gran pensador Sufí Ibn al-Arab recoge figuras análogas que el llama agentes del Mesías o del "Wazara",
nombre árabe, plural de Wazir. El Wuzara son aquellos agentes que habitan el tiempo-ahora, característica
secular de la era mesiánica que forma parte del día que resta. De esta forma, son traductores del lenguaje
divino a la lengua de los humanos. Extrañas criaturas que pasan por desapercibidas entre los árabes.

La idea de que el reino esté presente en el tiempo profano, sólo en formas discretas, evidencia que el estado
final se esconde en lo que ahora solo parece usual y risible. Este profundo tema mesiánico es lo que atraviesa
las enseñanzas teológicas de Walser.

Los burócratas de Walser parecen ser insuficientes: empleados que realizan un trabajo innecesario. Si se
dedican al estudio, lo hacen para aprender absolutamente nada. ¿Y por que deben participar en un mundo
sensato, si en realidad es en la locura donde encuentran la verdad?

Mejor dar un paseo.

1
En las obras de Spinoza existe solo un lugar donde se hace uso del sefardí. Se trata de un pasaje donde
Spinoza explica la importancia de la causa inmanente, es decir, de una acción propia del mismo agente, donde
lo activo y lo pasivo coinciden en una misma persona. Para ilustrar este importante concepto Spinoza se
obliga a hacer uso de la lengua materna. Caminar, en el idioma judeoespañol, pasearse es el paseo que el ser
indeterminado de Robert Walser logra situarse entre la acción y la inacción, entre la pasividad y la actividad,
entre el ser y la nada. Este paseo es el paradigma mesiánico que las criaturas de Walser han legado a la
humanidad.

Traducción de Gerardo Muñoz

Publicado en SalonKritik, 2011