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Nacionalismo y liberalismo en la Europa del siglo XIX

INTRODUCCIÓN.
1. EL LIBERALISMO.
El liberalismo europeo continental después de 1815.
1.1. LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO DEL XIX.
1.2. SIGNIFICADOS DEL CONCEPTO LIBERALISMO.
1.3. TIPOLOGÍAS DEL LIBERALISMO.

2. EL NACIONALISMO.
2.1. LOS ORÍGENES DEL NACIONALISMO.
2.2. SIGNIFICADOS DEL CONCEPTO NACIONALISMO.
2.3. TIPOLOGÍA DE LOS NACIONALISMOS.
Un nacionalismo liberal y revolucionario.
Un nacionalismo conservador.

3. LAS REVOLUCIONES BURGUESAS DE 1820-1823, 1830 Y 1848.


3.1. LAS REVOLUCIONES DE 1820-1823.
La revolución de 1820 en España.
Las repercusiones en Europa.
3.2. LA REVOLUCIÓN DE 1830.
La revolución de 1830 en Francia.
Las repercusiones en Europa.
3.3. LA REVOLUCIÓN DE 1848.
La revolución de 1848 en Francia.

4. EL LIBERALISMO TRIUNFANTE.
El triunfo del liberalismo en Europa en la segunda mitad del s. XIX.
El modelo británico.
5. LOS NACIONALISMOS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO
XIX.
5.1. LA UNIDAD ALEMANA.
El despertar del nacionalismo alemán.
Los primeros intentos de unidad.
Las guerras de unificación.
La Alemania de Bismarck.
5.2. LA UNIDAD ITALIANA.
La situación de la península italiana en la primera mitad del s. XIX.
El proceso de formación del reino de Italia.
5.3. LOS NACIONALISMOS EN EUROPA ORIENTAL.
Polonia.
Las nacionalidades del Imperio Austrohúngaro.
LOS PAÍSES BALCÁNICOS.

APÉNDICE: NACIONALISMO EN LOS PAÍSES BALCÁNICOS EN


EL S. XIX.

INTRODUCCIÓN.
Esta UD se concentra en la evolución política, dejando para otra UD los
apartados de pensamiento político y económico relacionados con el nacionalismo
y el liberalismo.
Un resumen.
La Restauración del Antiguo Régimen en el Congreso de Viena (1815), no
fue completa. Las ideas liberales de la Revolución Francesa se habían extendido
por toda Europa durante el periodo napoleónico y la burguesía las había hecho
suyas. La Santa Alianza entre las coronas absolutistas fracasó a largo plazo. El
curso de los acontecimientos sólo podía ir en una dirección, la de la sustitución
de las clases privilegiadas por la burguesía. Además el nacionalismo surgió con
una fuerza desconocida hasta entonces. Los países con un sentimiento nacional
tendieron a separarse o unirse, buscando dar entidad estatal a su identidad
nacional.

1. EL LIBERALISMO.
El liberalismo europeo continental después de 1815.
El liberalismo se mantuvo vivo en el continente europeo después de 1815.
A pesar del Congreso de Viena y de la Restauración, los principios de la
Revolución Francesa no habían muerto. En todos los países europeos persistían
grupos políticos, más o menos numerosos, que defendían las libertades de los
ciudadanos, por lo que se les denominaba liberales. En los años inmediatamente
posteriores a 1815 casi todos los gobiernos (menos Inglaterra) persiguieron a los
liberales, en su mayor parte intelectuales y burgueses, por lo que estos se vieron
obligados a organizarse en sociedades secretas, donde discutían su ideología y, a
veces, preparaban golpes de Estado.
1.1. ORÍGENES DEL LIBERALISMO DEL XIX.
Los orígenes del liberalismo estaban en las ideas de la Ilustración y la
Enciclopedia (Locke, Montesquieu, Voltaire, Diderot, Rousseau), y el ejemplo
del parlamentarismo inglés y de la Revolución Francesa.
1.2. SIGNIFICADOS DEL CONCEPTO LIBERALISMO.
La ideología liberal pretendía establecer monarquías parlamentarias, en las
que se ejercería la soberanía nacional mediante una Constitución y se limitaría el
poder real a través de la división de poderes. Eran ideas que estaban presentes ya
en Gran Bretaña y en la Revolución Francesa y que se mantuvieron sin grandes
cambios hasta que la industrialización provocó cambios sociales y la aparición
del proletariado como una clase amenazante.
Esto hizo que el liberalismo se adaptara, porque tenía contradicciones:
- Por un lado, el liberalismo era revolucionario porque deseaba la
destrucción del Antiguo Régimen.
- Pero, por otro lado, el liberalismo era conservador porque la burguesía
liberal trataba de defender sus intereses y derechos, sobre todo el de la propiedad,
frente a las clases trabajadoras. Esto lo realizó mediante la negación del sufragio
universal, pues concediendo el derecho al voto sólo a los que tienen un
determinado nivel de riqueza o de cultura (sufragio censitario).
1.3. TIPOLOGÍAS DEL LIBERALISMO
Estas tendencias contradictorias dan lugar a la aparición de diversos
grupos liberales.
- Los partidarios de restringir las libertades y el derecho al voto, en
beneficio de la burguesía, son los liberales moderados.
- Los que pretenden mayores reformas, en beneficio de las clases
populares, reciben el nombre de liberales progresistas (en España también
“exaltados”) y de sus filas y de su acción política surgirá la democracia par-
lamentaria, que pide la soberanía popular, lo que supone el sufragio universal, la
ampliación de las libertades y el régimen republicano, en vez de la monarquía
parlamentaria.

2. EL NACIONALISMO.
Paralelamente al liberalismo y relacionándose con él en muchas ocasiones,
se extiende por Europa el nacionalismo, por los mismos motivos: el impacto de
la Razón y de las guerras napoleónicas, además de la necesidad de crear grandes
mercados nacionales para el comercio.
2.1. LOS ORÍGENES DEL NACIONALISMO.
El nacionalismo tenía sus orígenes en el fondo de los tiempos, pues
siempre ha habido conciencia de pertenecer a una comunidad en contradicción
con las otras. Pero con la Edad Moderna el sentimiento nacional surgió entre la
población y se consolidó con el tiempo. En el s. XVI ya había un sentimiento de
ser francés, español, inglés, etc. Pero es en el s. XVIII y, sobre todo, en el XIX,
cuando este sentimiento se interioriza, se teoriza, se siente hasta el punto de
provocar guerras civiles e internacionales, revoluciones para crear Estados con
una base nacional.
Esta ideología aparece en Alemania en la época napoleónica, bajo la doble
presión de las ideas revolucionarias y del Romanticismo cultural, que exaltaba la
libertad.
2.2. SIGNIFICADOS DEL CONCEPTO NACIONALISMO.
De las obras de los autores alemanes (Fichte, Schegel) de principios del s.
XIX puede deducirse que el nacionalismo es un sentimiento cultural y político
que considera que cada nación, o entidad histórica, debe constituir un Estado
independiente. Según estos escritores la nación está compuesta por grupos hu-
manos con unos vínculos comunes: la lengua, la cultura, la raza, los lazos
históricos. Fichte sostiene en sus Discursos a la nación alemana (1807) que:
‹‹Todos los que hablan un mismo idioma hállanse unidos entre sí desde el
principio por un cúmulo de lazos invisibles, porque pueden comprenderse unos a
otros y se comprenderán cada vez con mayor claridad formando, naturalmente,
un todo homogéneo››.
2.3. TIPOLOGÍA DE LOS NACIONALISMOS.
Un nacionalismo liberal y revolucionario.
El nacionalismo era un peligro para la Europa de la Restauración, porque
podía provocar la disgregación de los grandes Imperios, como Austria y Turquía,
mientras, por otra parte, suponía el derecho de integración de los múltiples
Estados de Alemania y de Italia. Esto explica que el nacionalismo hiciera suyos
los principios del liberalismo y que ambas ideologías marcharan juntas en la
mentalidad burguesa durante varios decenios.
Un nacionalismo conservador.
Pero ya desde el principio, en el pensamiento nacionalista surge una veta
conservadora, legitimista, tradicionalista, que ve las raíces del pueblo en los
mitos del pasado medieval, de la monarquía absoluta, de la religión cristiana
(católica en Austria, luterana en Prusia). De este modo, una vez conseguida la
unificación alemana e italiana hacia 1870, el nacionalismo se erige en ideología
conservadora y antirrevolucionaria.

3. LAS REVOLUCIONES BURGUESAS DE 1820-1823, 1830 Y 1848.


3.1. LAS REVOLUCIONES DE 1820-1823.
Mapa de la Revolución de 1820-1823.

La revolución de 1820 en España.


En 1820 comienza en España un proceso revolucionario, el Trienio
Liberal, que limita el poder absoluto del rey Fernando VII y promueve
importantes reformas liberales en la propiedad agrarias y la legislación civil. La
Constitución de Cádiz de 1812 es promulgada.
Las repercusiones en Europa.
El impacto de la revolución española llega pronto a Italia, donde triunfa
una revolución liberal en el reino de las Dos Sicilias, que adopta como
constitución la española; a Portugal y a otros lugares. Finalmente, esta oleada
revolucionaria provoca la reacción de la Santa Alianza, que interviene mili-
tarmente en todos estos países hacia 1823 para restablecer el orden tradicional.
3.2. LA REVOLUCIÓN DE 1830.
La revolución de 1830 en Francia.
La Restauración de los Borbones en 1814, definitiva en 1815, supuso el
regreso del rey Luis XVIII, que promulgó la Carta Constitucional (llamada
“Carta otorgada”), que estableció un régimen parlamentario moderado y respetó
las conquistas de la Revolución, respecto a la igualdad ante la ley y la libertad de
pensamiento, de prensa y de culto. A partir de 1820 y hasta su muerte en 1824
fue superado por las derechas. Le sucedió su hermano Carlos X, quien pretendió
volver al Antiguo Régimen.
En julio de 1830, en medio de una crisis económica, disolvió la Cámara de
diputados y retiró la libertad de prensa. Entonces se produjo un movimiento
popular en París, dirigido por los liberales, en defensa de las libertades. La
revolución, en tres días, consiguió que Carlos X abandonara la corona, que fue
entregada a su pariente, el liberal Luis Felipe de Orleans.

Mapa de la Revolución de 1830.


Las repercusiones en Europa.
Las repercusiones fueron inmediatas en distintos lugares de Europa, con
levantamientos liberales y nacionalistas.
El levantamiento en Bélgica de los belgas (católicos y liberales) contra la
monarquía holandesa (calvinista y absolutista) triunfó en agosto de 1830, con el
apoyo de Francia y el reconocimiento de Gran Bretaña, creándose el reino de
Bélgica.
El levantamiento de los polacos contra Rusia fue duramente reprimido
debido a la falta de ayuda exterior.
Lo mismo ocurrió con los movimientos liberales que estallaron en algunos
Estados italianos, finalmente sofocados por los austríacos.
En España y Portugal, la influencia de la nueva situación llevó poco des-
pués al establecimiento de monarquías liberales.
Los liberales que dominaron en estos países de Europa Occidental en el
periodo 1830-48, en general eran liberales moderados, que contaban con el apoyo
de la gran burguesía, que temía las demandas económicas de las clases
trabajadoras. Por ello, sólo concedieron el derecho al voto a las personas que
gozaban de cierta posición. Desde el poder, esta burguesía contribuyó a crear
industrias y a construir líneas férreas, lo que significó la propagación de la
Revolución Industrial.

3.3. LA REVOLUCIÓN DE 1848.


Esta revolución fue mucho más intensa y extensa que la de 1830, por dos
razones:
- La radicalización de las ideas liberales. Frente a la alta burguesía liberal
moderada, la pequeña burguesía y las gentes humildes de las ciudades deseaban
participar en la vida política y conseguir mejores condiciones de trabajo. Es la
democracia (un movimiento radical en la época), que defiende el derecho al voto
de todos los ciudadanos.
- La crisis económica. A partir de 1845, unos años de malas cosechas en
Europa provocaron hambre, carestía de alimentos y cierre de talleres. Los más
perjudicados fueron los obreros y las gentes pobres de las ciudades. El
descontento general fue aprovechado por los liberales demócratas para impulsar
movimientos revolucionarios en distintos lugares de Europa.

Mapa de la Revolución de 1848.


La revolución de 1848 en Francia.
Como en 1830, la revolución empezó en París. En febrero de 1848, la
sublevación de la ciudad obligó al rey Luis Felipe a abandonar el trono. Se
proclamó entonces la II República, con un gobierno de liberales y demócratas, en
el que había incluso algunos socialistas. Una de las primeras decisiones del
nuevo gobierno fue la proclamación del sufragio universal, la libertad de prensa y
de reunión, y la abolición de la esclavitud en las colonias.
Fue votada una Constitución, que en lo político se basaba en dos poderes:
una Asamblea legislativa y un Presidente de la República, que debía ser elegido
cada cuatro años. Para oponer a los socialistas el partido conservador, que
deseaba la restauración de la monarquía, eligió un camino intermedio: adoptar
como candidato al príncipe Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón,
quien resultó elegido presidente.
Las repercusiones en Europa.
A consecuencia del triunfo de la revolución en Francia, en marzo estalló
una sublevación en Viena, lo que provocó un amplio movimiento revolucionario
y nacionalista en todo el Imperio de Austria: mientras los austríacos exigían
libertades, los checos, los italianos y húngaros reclamaban también la indepen-
dencia. Se producía una yuxtaposición de liberalismo y nacionalismo. En los
meses siguientes estallaron sublevaciones similares en Prusia y otros Estados
alemanes, y en Milán y Venecia se produjo un levantamiento contra el dominio
austríaco, con el apoyo del rey del Piamonte, que concedió una Constitución a su
reino.
Pero el movimiento revolucionario europeo terminó en un gran fracaso,
pues la nobleza, los militares y la alta burguesía ayudaron a los reyes para evitar
que los liberales más exaltados tomaran el poder. El emperador de Austria, con el
apoyo ruso, consiguió dominar la situación en todas partes. En Francia,
finalmente, los burgueses ricos ayudaron al presidente Luis Napoleón a dar un
golpe de Estado (1852), mediante el cual se proclamó emperador tras un
referéndum, estableciendo un gobierno autoritario y conservador.

4. EL LIBERALISMO TRIUNFANTE.
El triunfo del liberalismo en Europa en la segunda mitad del s. XIX.
La consecuencia de las revoluciones burguesas fue que las ideas liberales
se fueron imponiendo en los países europeos, por grado o por fuerza. A finales
del s. XIX sólo un país importante de Europa, Rusia, seguía manteniendo la
monarquía absoluta y la sociedad del Antiguo Régimen.
A partir de 1830 los políticos liberales fueron dando forma a un sistema de
gobierno llamado democracia liberal parlamentaria, que acabó por consolidarse a
finales del siglo XIX y principios del s. XX, cuyas características se conservan
todavía: sufragio universal para la elección del Parlamento (y en algunos casos
del Presidente de la República), partidos políticos, poder ejecutivo responsable
ante el Parlamento y elegido por este.
El modelo británico.
Las reformas políticas en Gran Bretaña fueron las más notables, actuando
como ejemplo (junto al de los EEUU) para los demás países. El largo reinado de
la reina Victoria (1819-1902) vivió el desarrollo imperial, económico y
democrático. La igualdad para los católicos (1829), la reforma electoral (1832,
1867, 1884) ampliando el cuerpo de votantes a la burguesía y parte del
campesinado y del proletariado, la alternancia de liberales (whigs) y
conservadores (tories), el predominio creciente de la cámara de los Comunes
sobre la de los Lores, la mejora (nunca satisfactoria) de la situación autonómica
de Irlanda. El conservador Disraeli y el liberal Gladstone personificaron el
sistema democrático y parlamentario británico.

5. NACIONALISMOS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.


5.1. UNIDAD ALEMANA.
El despertar del nacionalismo alemán.
La invasión napoleónica depertó el nacionalismo alemán, el
pangermanismo, particularmente en Prusia. Fichte, con sus Discursos a la nación
alemana (1807-1808) exaltó el espíritu nacional. El triunfo final en 1814
auguraba una nueva etapa histórica.
Alemania permaneció dividida después del Congreso de Viena (1815). Se
creó la Confederación Germánica, con más de 30 Estados, en la que persistía la
tradicional rivalidad entre Austria y Prusia, con dos dinastías enfrentadas, los
Habsburgo y los Hohenzollern. Estos dos Estados eran muy diferentes. Prusia
adquiría la Renania, lo que la convertía en una potencia industrial. Austria era un
complejo conglomerado de nacionalidades. La unidad entre ambas era imposible.
Los primeros intentos de unidad.
El sentimiento nacionalista de la época napoleónica persistió e inspiró las
sociedades secretas de los años 1820 y los movimientos revolucionarios de 1830
y 1848, pero los resultados fueron escasos, y acabaron en una dura represión.
En 1818-1834 se desarrolló una Unión aduanera (Zollverein) alrededor de
Prusia, ampliada desde 1834 a casi todos los Estados alemanes del sur, lo que fa-
cilitó el comercio y la producción y asentó las bases de la unión política a largo
plazo.
En 1848 el Parlamento de Frankfurt planteó la unificación, ofreciendo al
rey de Prusia la corona imperial, pero la presión de Austria lo impidió. Aunque la
revolución de 1848 fracasó, dejó muy vivo el sentimiento nacionalista y el
convencimiento de la burguesía de que el progreso estaba en las libertades
políticas y en la unificación territorial, que significaba la ampliación de merca-
dos. Pero su fracaso supuso que la unidad no la hicieran los liberales sino los
conservadores prusianos, lo que marcó el carácter del nuevo Estado alemán,
demasiado militarista.
En este sentido, Ignacio Sotelo1[1] explica la cuestión alemana (el
problema de su unificación y división, su implicación en dos guerras mundiales),
entre otras causas, por el fracaso de la revolución liberal de 1848, en unir el país
en una Gran Alemania liberal y democrática. No era posible integrar a Austria
mientras esta tuviera un imperio multiétnico. La alternativa fue una Pequeña
Alemania, frustrada y expansiva, fundada sobre el ideal de la “grandeza de la
nación” y no sobre la “soberanía del pueblo”. Este ideal promovería los dos
conflictos bélicos del s. XX. El miedo de las potencias a una Alemania unificada
explica su división en 1945 y sólo la opción de una Europa unida, que diluyese
su amenaza, ha motivado que se haya permitido su reunificación en 1989.
Las guerras de unificación.
Mapa de las tres guerras de unificación de Alemania.

Bismarck, primer ministro (1862-90) del rey Guillermo I de Prusia (1861-88),


reforzó el Estado y el ejército (organizado por Moltke) y planteó tres sucesivas
guerras para lograr la unificación:
1) Contra Dinamarca (1864-65), en la que se ocuparon los ducados de
Schleswig y Holstein, por parte de Prusia y Austria.
2) Contra Austria (1866). Las divergencias entre ambos países permitieron
a Bismarck provocar el estallido de la guerra, muy breve, por la victoria del bien
organizado ejército prusiano en Sadowa. El resultado fue la exclusión de Austria
de Alemania. Prusia se anexionó todos los territorios que separaban Prusia de
Renania y creó la Confederación de Alemania del Norte, que comprendía todos
los Estados alemanes, menos cuatro en el Sur, que se negaban a unirse a la
Confederación. Al mismo tiempo, Italia, aliada de Prusia, consiguió Venecia.
3) Contra Francia (1870). Bismarck planteó una guerra patriótica de todos
los alemanes contra un enemigo común para conseguir por fin la unidad política.
El enemigo sería la Francia de Napoleón III, rival política y económica, quien
también necesitaba un triunfo exterior para consolidar su prestigio en Francia. El
discutido nombramiento del rey de España permitió crear una situación bélica,
con una declaración de guerra. Fue una guerra muy corta, con el ejército alemán
mucho mejor armado y organizado, con más ferrocarriles para su rápido
transporte. La invasión permitió aniquilar al ejército francés en Sedán y tomar
prisionero a Napoleón III. Se proclamó la República en Francia, mientras las
tropas alemanas llegaban a las puertas de París, que acabó rindiéndose. Prusia se
anexionó Alsacia y parte de Lorena, creando un agravio que favorecería la I
Guerra Mundial. La victoria hizo que los Estados del Sur decidieran su unión: en
enero de 1871 Guillermo I de Prusia fue proclamado emperador de Alemania en
la Sala de Espejos de Versalles.
La Alemania de Bismarck.
Bismarck fue el canciller de Alemania y dirigió con mano maestra su
desarrollo político, económico (sobre todo industrial) y militar, junto a un
sistema de alianzas que aseguraron su hegemonía europea y el aislamiento de
Francia. El crecimiento demográfico y económico de Alemania fue
extraordinario: a finales del s. XIX tenía 60 millones de habitantes y era la
segunda potencia económica europea, la gran rival de Gran Bretaña en los
mercados internacionales, y con un naciente imperio colonial. La burguesía le
apoyaba en su nacionalismo. En el interior Bismarck afrontó dos enemigos: el
catolicismo (primero la represión de la Kulturkampf y luego la transigencia) y el
socialismo (con una avanzada legislación social). Moderado, no aspiraba a am-
pliar Alemania, pero cuando dimitió en 1890 por desavenencias con Guillermo II
sus sucesores fomentaron un peligroso pangermanismo, uno de los factores
posteriores de la I Guerra Mundial.
5.2. UNIDAD ITALIANA.
La situación de la península italiana en la primera mitad del s. XIX.
La unificación de Italia parte de una previa división en siete Estados
independientes: el reino de Piamonte y el Lombardo-veneto (bajo dominio aus-
tríaco) al Norte, el de las Dos Sicilias en el Sur, los Estados Pontificios, Toscana,
Parma, Módena. Sobre estas tres últimas Austria ejercía un protectorado. En toda
Italia había grupos liberales y nacionalistas (los carbonarios) que propugnaban la
expulsión de los austríacos, la unión de Italia y el establecimiento de un régimen
de libertades. Fueron reprimidos por Austria en los años 20. Nápoles, que en
1820 se había levantado y conseguido una Constitución según el modelo de la
española de 1812, fue devuelta al absolutismo de los Borbones. La revolución de
1830 en Romaña, Umbría, Módena, Parma... también fracasó. Mazzini fundó la
sociedad “Joven Italia” (1831), liberal, nacionalista y republicana, que reunió a
los carbonarios y a la que se unió Garibaldi. Fue la vía opuesta a la monárquica
propugnada por Cavour, que triunfó al final.
La revolución de 1848 sacudió Italia, en busca de la democracia y la
unificación. El reino de Piamonte-Cerdeña (bajo la dinastía de Saboya) se
liberalizó y dirigió la lucha contra los austríacos, pero fue derrotado. El absolutis-
mo se restableció en los Estados italianos, excepto en el Piamonte, que mantuvo
la Constitución en el reinado de Víctor Manuel II.
El proceso de formación del reino de Italia.
Piamonte fue el Estado que dirigió el movimiento, que tendría un doble
cariz: liberador contra Austria, unificador de Italia bajo la dirección de Víctor
Manuel II y de su primer ministro, Cavour.
Mapa de la unificación de Italia.

La unificación se produjo destacando cinco fechas:


- 1859. El Piamonte declara la guerra a Austria, contando con la ayuda
francesa, pues a Napoleón le interesaba aparecer en la política europea como
defensor de los nacionalismos. Después de las victorias de Magenta y Solferino
se consiguió la liberación de Lombardía, aunque Saboya y Niza (de población
francesa) fueron entregadas a Francia, por la ayuda prestada.
- 1860. El triunfo contra Austria promovió un movimiento nacionalista y
patriótico. Se realizaron plebiscitos en Parma, Módena y Toscana, además de en
las Marcas pontificias (Romaña, Umbría), que fueron favorables a la unificación.
Poco después, Garibaldi, con un ejército de voluntarios, desembarcó en Sicilia y
luego en Nápoles, y consiguió la caída del rey absolutista borbónico de las Dos
Sicilias.
- 1861. Se reunió un Parlamento en Turín y proclamó el reino de Italia,
cuyo rey era Víctor Manuel II. Quedaban todavía fuera del nuevo reino Venecia,
en poder de Austria, y Roma, donde el Papa mantenía su poder con ayuda de
tropas francesas, ya que ante la presión de los católicos franceses, Napoleón III
se vio obligado a frenar el avance italiano hacia Roma.
- 1866. Italia intervino junto a Prusia en una guerra contra Austria. A
pesar de las derrotas italianas, la mediación de Napoleón III hizo que Austria
cediera Venecia a Italia.
- 1870. Las tropas italianas entraron en Roma, abandonada por los
franceses, tras la caída de Napoleón III. La unificación se había completado y
Roma pasó a ser capital del reino. El conflicto con el Papado no quedó resuelto
hasta los acuerdos de Letrán de 1929, que reconocieron la independencia del
Vaticano y la unidad de Italia.
Se había logrado la unidad política, bajo una monarquía constitucional,
con un régimen de libertades políticas y económicas e Italia se convirtió en una
potencia europea, con un gran desarrollo demográfico, pero se mantuvieron las
diferencias entre el Norte industrial y el Sur agrícola.
5.3. NACIONALISMOS EN EUROPA ORIENTAL.
Polonia.
Dominada y dividida por Prusia, Austria y Rusia, conservó en la parte rusa
un gobierno propio y su personalidad autónoma hasta la revolución de 1830-31
(repetida en 1863-64), sofocada por los rusos, que impusieron una administración
centralista rusa. En la parte alemana hubo un proceso de germanización que
alentó por reacción el resurgimiento del sentimiento nacional polaco. El sector
austriaco tuvo una amplia autonomía y no hubo grandes problemas.
Las nacionalidades del Imperio Austrohúngaro.
La germanización impuesta por Austria fracasó en Hungría y entró en
crisis con la derrota ante Prusia en 1866, que cerraba el dominio de Austria en el
sur de Alemania. Debía reorientarse hacia una monarquía danubiana para evitar
que los húngaros, la nacionalidad más fuerte, se independizasen.
Por ello se llegó en 1867 a un Compromiso: nació Austria-Hungría, un
Estado confederal unido por la monarquía constitucional e imperial de los Habs-
burgo, con ambos países en pie de igualdad, un gobierno común en Asuntos
Exteriores, Guerra y Hacienda, y un reparto de sus esferas de influencia. Pero
había muchas nacionalidades descontentas en su seno: bajo el dominio austriaco
estaban los italianos del Trentino (Italia recuperó Lombardía y Veneto en 1859 y
1866), los checos (el grupo más importante de los insatisfechos) de Bohemia y
Moravia, y los polacos de la Galitzia; los pueblos dominados por los húngaros
eran: eslovenos, croatas, serbios, bosnios, rumanos, ucranianos. Si se hubiera
acordado una confederación de todos estos pueblos tal vez se habría logrado
mantener la unidad confederal, pero sólo se hizo una división del esfuerzo de
dominación y al final este sistema fracasó.
LOS PAÍSES BALCÁNICOS.
Estaban sometidos desde la Edad Media al Imperio Turco, que les
sojuzgaba sin concederles apenas derechos.
Tras siglos de dominio turco, en oposición a Austria (que dominaba en el
norte Hungría, Transilvania, Eslovenia, Croacia y Dalmacia) las revoluciones na-
cionalistas de la primera mitad del s. XIX llevaron a la independencia de Grecia
(1829) y Serbia (1830, con soberanía parcial), con unos límites mucho menores
que los actuales y la aparición de poderosas fuerzas nacionalistas y separatistas
en el resto de los países eslavos de los Balcanes, que se expresaron
constitucionalmente en forma de monarquías conservadoras (a menudo con reyes
extranjeros sin una legitimación histórica, lo que provocó su debilidad). Su
proceso de violenta separación del “enfermo turco”, la inestabilidad política y los
conflictos de intereses marcarán desde entonces el devenir de los Balcanes, en
medio de una disputa soterrada entre Austria (más tarde Austria-Hungría) y
Rusia, con la vigilancia estrecha de las otras potencias europeas (Gran Bretaña,
Francia, Alemania, Italia).
Una oleada independentista llega como resultado de la guerra ruso-turca
de 1876-1878, con los Tratados de San Estefano y Berlín, por los en esta época
(1878-1882) Rusia y Grecia ganan territorios, se independizan Rumania, Serbia y
Montenegro, alcanza la autonomía Bulgaria, y Austria-Hungría ocupa Bosnia-
Herzegovina. Hubo desde entonces y hasta finales del siglo XIX varias
modificaciones pacíficas de las fronteras, debido a los problemas étnicos, y
algunos conflictos (en 1897 Creta se independizó temporalmente de Turquía,
antes de integrarse en Grecia en 1908; Turquía obtuvo algunos territorios de
Grecia).

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