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Coloquio de Investigación

LA MADRE DE LO SIMBÓLICO A LO REAL


PERSPECTIVA DEL CONCEPTO CAPITULO II
Perspectiva del Concepto de la Cura
Carlos Chávez Bedregal
Lacan en la página 301, después de decir unas cosas sorprendentes de la neurosis obsesiva –desde
su teorización- va a tomar un caso de un obsesivo del psicoanalista postfreudiano Maurice
Bouvet, y dice que el manejo de la relación de objeto consisten en hacer algo análogo a una escena
de circo entre dos payasos Chocolat y Auguste y qué hacen esos, no más que administrarse
bofetadas.
Bouvet trata a su paciente obsesivo, al cual trata desde la perspectiva de la relación de objeto. En
este paciente los pensamientos irrumpen intempestivamente –muchos de ellos injuriantes-,Todas
las manifestaciones obsesivas de su paciente las reduce a una defensa: si piensa, si duda, si
comprueba hasta el infinito, es porque con todo ello se defiende de algo. ¿De qué? Se defiende de
una “pulsión instintual” agresiva, anal, pre-genital, que aún no ha culminado su desarrollo. Y es
que si esta “pulsión instintual agresiva” –así la llama Bouvet- (no) se despliega, lo que habrá es
angustia. Por eso menciona una “violenta explosión de cólera” de su paciente con “una persona
allegada” tras lo que lo invadieron “las congojas de la despersonalización. Todo había cambiado,
no era ya el mismo, se sentía transformado…”. Para Bouvet esto podría conducir a su paciente
hasta la psicosis.
Hay algo que este hombre no puede manifestar: su agresividad. Y como no puede (esto lo sumiría
en la más profunda angustia) encontramos estas obsesiones respecto de figuras religiosas.
Es interesante porque en su artículo Bouvet habla de “personajes simbólicos”, de “objetos
figurados” –refiriéndose a los personajes de las fantasías injuriantes obsesivas del paciente. Pero
por otro lado, habla de “objeto real”, que serían las personas de carne y hueso hacia las que el
paciente dirige –y coarta- su agresividad.
La dirección de la cura para Bouvet es que el paciente despliegue en el análisis, con un objeto real
(el analista), su agresividad. Por ejemplo, decirle al paciente: no manifiestas tu molestia conmigo
prefieres callar, siendo ésta la razón por la que te asaltan todos esos pensamientos injuriantes.
Se trata de desplegar en el análisis, en la relación con el analista, esa “pulsión instintual agresiva”
que el sujeto rechaza de su vida, que pretende desconocer.
Bouvet lleva el análisis al eje imaginario, al eje a-a’ del Esquema L. El yo del paciente y el yo del
analista (que se propone como yo ideal), allí se juega la agresividad. El análisis se convierte en el
espacio para desplegarla, y el analista en el objeto para hacerlo, de tal modo que esta “pulsión”
pueda ir “madurando” y el sujeto tener una relación real –en el amplio sentido del término: con
una persona de carne y hueso, y ajustada a la realidad, conforme al “principio de realidad”.

Este es el eje de lo imaginario, de la transferencia imaginaria, de la resistencia del paciente, del


discurso yoíco.

1
Lacan, J., El Seminario, Libro 4, La Relación de objeto, Paidós Buenos Aires., op. Cit., pp. 30
Esta idea de análisis me hace pensar mucho en la experiencia que tenemos con un colega en una
investigación que estamos haciendo en un grupo de rehabilitación del consumo de drogas, son
personas que se han hecho nuestros amigos, nos estiman, nosotros participamos de sus reuniones
abiertas, también tenemos entrevistas.
La idea de nuestra investigación es poder ubicar cuales han sido los elementos subjetivos para la
rehabilitación de sujetos ex toxicómanos.
Resulta interesante que en la mayoría de casos en primer lugar se produce un encuentro con el
grupo, y un consentimiento a la identificación, todo lo que se juega allí, es identificación, todo en
el plano a – a’, el objeto como constituyente, es identificación al padrino, al coordinador, al
compañero que sí pudo dejar la droga, en este eje imaginario, uno opera desde el yo, los grandes
manuales de rehabilitación, tienen el subtítulo “solo por hoy”, y las conversaciones giran en torno
a lo que sí hizo hoy, cuando uno toma la palabra dice ¡Doy gracias a Dios, porque estoy limpio
hoy!, todos toman la palabra, todos se abrazan, se produce un lazo, y se sirven de eso, -está para
investigar qué más hay en juego, en ese lazo, en depositar algo de objeto en el otro al hablar, al
darle un lugar simbólico, todo esto ya es mucho para tratar de hacer con el goce del objeto droga,
que como dice Lacan, esa relación llega incluso a romper las bodas con el falo, es decir es un
goce tan real que arrasa con el fantasma, con lo simbólico, con el falo.
Entonces estos sujetos están ahí en el grupo, operando desde el yo, lo que resulta sumamente
curioso es que aunque muchos hayan dejado de consumir la droga, la pulsión se mueve a otro
lado, hace unos días uno de nuestros amigos nos decía que está preocupado porque siente que
puede comer mucho, y que lo que les pasa a muchos es que dejan la droga y empiezan a comer,
comen tanto que se mueren, hay otros más o menos insertados en un trabajo, pero son adictos al
gimnasio, a hacer algo con el cuerpo, y por las tardes no dejan de ir, van y hablan y se escuchan,
algunos dicen que si no tuvieran ese espacio volverían a consumir drogas, vemos entonces el
punto de fragilidad del Yo, de esa relación imaginaria.
Al eje imaginario, en el Esquema Lamba, Lacan le opone el eje simbólico, y ahí se da una nueva
dimensión del tratamiento, es la otra perspectiva de la cura, la que refunda Lacan, retornando a
Freud, el eje simbólico, el eje inconsciente – es donde se juega propiamente el psicoanálisis: A--
-S. Éste es el eje del significante, del significante del Otro que determina la historia, el flujo
libidinal, su cariz, su tinte, los sentidos que rigen la vida, lo estrictamente singular del síntoma,
del goce.
Es algo a lo cual nuestros amigos que con su identificación comunitarizante, no logran, no logran
capturar el síntoma en tanto que singular para cada sujeto.
Es importante que un tratamiento psicoanalítico es muy importante separarse de ese eje yo – otro,
sino lo analizaríamos no solo desde el sentido común, sino desde los dichos del propio análisis.
Quiero agregar también algunas puntuaciones sobre el eje simbólico, había dicho que es el eje
donde se da cuenta del goce, es por eso que estamos estudiando el objeto.
Goce, y pulsión, no hemos hablado mucho de la pulsión pero sabemos que hay pulsión porque
hay objeto perdido, un objeto perdido que se busca recuperar, la pulsión es la huella de lo que
había y no que no hay, pero la exigencia de que vuelva a haber.
De ahí se desprende –creo yo- que no se trata de la relación de objeto, sino de la falta de objeto,
y las tres formas de falta de objeto son la frustración, la castración, la privación.