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Carrera: Profesorado de Filosofía. Profesora: Natalia Gil; Roxana Ortin.

Materia: Antropología Filosófica. Alumno: Carlos Canchi.

Epicuro de Samos

Epicuro de Samos fue un filósofo griego conocido por volverse contra el platonismo y
por fundar su propia escuela conocida como el Jardín, la cual se encontraba en las
afueras de Atenas y próxima a la Academia platónica. En ella compartió su amor por el
campo, su ideal de llevar una vida oculta, el rechazo hacia los planteamientos
intelectuales y políticos de la época y además, afirmaba que la infelicidad radica en las
creencias equivocadas que uno posee.

Este Jardín era más un retiro intelectual de un grupo de personas que un lugar para la
investigación científica y a la paideia superior. La misma se insertaba en un sistema de
pensamiento más que en un sistema de vida. Lo más llamativo para su época era que en
esta escuela eran admitidas personas de toda condición y clase, provocando muchísimos
escándalos y desconcierto pues incluía a personas de todo tipo y rango social, llegando a
admitir a mujeres y a esclavos, algo inusual y nunca antes visto en esa época y menos
en una escuela filosófica.

En lo que respecta a la política, entendida como lucha por el poder (ya Platón, en el
dialogo del banquete habla de una jerarquía de poder), Epicuro la ve como una
enfermedad de la que el alma debería curarse o como una cárcel de intereses de la cual
debemos de librarnos, advirtiéndonos contra los riesgos que esta acarrea. Dirá con esto
que la cura es el retiro, he ahí la razón de la ubicación del Jardín, mostrando que su
filosofía se basa en la autoafirmación de la voluntad individual, alcanzando así la
verdadera libertad. De esta forma, Epicuro rechaza el interés por la política, y frente a
esa organización y jerarquización de la sociedad que planteaba Platón, prefiere un estilo
de vida sencillo encaminado a la felicidad.

Ahora bien, lo más llamativo de este filósofo es la articulación de su sistema filosófico


en tres áreas: en primer lugar encontramos la Canónica, que se ocupa de aquellos
criterios que nos llevan a distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, siendo este el
criterio de verdad del mismo. En segundo lugar encontramos la Física de Epicuro, que
básicamente se basa en el estudio de la naturaleza, y por ultimo tenemos a la Ética. A
esta se subordinan las dos áreas mencionadas anteriormente, y la podemos representar
con la composición de un huevo.
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Materia: Antropología Filosófica. Alumno: Carlos Canchi.
En el área canónica se busca examinar la forma en la que el sujeto conoce y con esto,
como distingue aquello que es verdadero de lo que es falso. Para lograr esto, las
sensaciones y las ideas deben estar dotadas de suficiente claridad, o de otro modo nos
conducirá al error. Ahora ¿Qué papel juegan la sensación y las ideas en la teoría de
Epicuro? Pues el mismo dirá que la base de todo conocimiento será la sensación, la cual
produce diferentes imágenes a partir de los objetos del mundo y llegan finalmente a
nuestros sentidos. Epicuro afirma que estas sensaciones pueden producir placer o dolor,
y las mismas dan lugar a los sentimientos.

En lo que respecta a la memoria, el filósofo dirá que se dan gracias a la repetición de las
sensaciones, las cuales se graban en nuestro pensar y forman diferentes ideas generales.
Con esto nos queda claro que Epicuro seguía la doctrina empirista, pues como se vio
anteriormente, afirma que el conocimiento procede necesariamente de las sensaciones y
de la observación de los hechos, las cuales producen imágenes.

En un segundo lugar nos encontramos con la Física, que es muy teórica, pero más
vivida, pues la misma no se pregunta por el cosmos y además, afirma que debemos vivir
de acuerdo a esta área filosófica. Según el filósofo, la realidad externa a nosotros, esto
es, la naturaleza, está formada puramente por átomos (que posee forma, extensión, peso
y que supone una materia última e indivisible) y por el vacío, que implica un universo
ilimitado y el espacio por el cual nos movemos.

Con esto, se admite una idea materialista, pues según el filósofo, las cosas que habitan
el mundo se encuentran formado por un compuesto de átomos, incluso nuestro cuerpo y
nuestra alma, concibiéndola así como un alma material, que al morir el cuerpo también
morirá ella. De esto se desprende que no hay otro mundo inmaterial, fuera de este como
afirmaba Platón con el mundo inteligible, sino que solo existe el mundo sensible, en el
que habitamos, y por ende, no concibe la idea de inmortalidad del alma. Esta es una de
las creencias que según Epicuro produce la infelicidad, pues aquel que cree en la
inmortalidad cae en la ignorancia y en un constante miedo hacia fuerzas externas.

Con todo esto surge la siguiente cuestión: ¿Cómo se forman las cosas? Pues bien, lo
único que sabemos hasta ahora es que se forman con un compuesto de átomos, sin
embargo, aún no sabemos la modalidad de la misma. Para responder esto, se recurre al
Clinamen y al azar. La misma es concebida como una lluvia de átomos que caen en una
dirección, sin tocarse, pero en determinados momentos las mismas se desvían y forman
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todo lo que conocemos, completamente al azar, desterrando así la idea de destino, orden
o una inteligencia que nos haya creado y nos determine todo. Con esto, cambia la teoría
atomista de Demócrito, introduciendo el azar y rechazando el determinismo,
brindándonos así una especie de libertad.

Este interés por la libertad nos lleva a la consideración Ética de Epicuro, culminando así
su sistema filosófico. La ética es el área más importante de las tres, pues las otras solo
adquieren sentido al subordinarse y mezclarse con esta. Como era de esperarse, esta
área versará sobre el modo de conseguir la felicidad, basándose en la articulación de la
apoñia y la ataraxia. La primera significa la ausencia del dolor, estando ligado así al
placer corporal, mientras que la segunda refiere a la tranquilidad y la serenidad en
relación el alma, la razón y los sentimientos. Podemos ver así como una atañe al cuerpo
y la otra al alma. La combinación de estos dos nos lleva a conseguir lo más preciado de
esta área, que es la felicidad, pues, gracias a estas dos, alcanzamos un equilibro
emocional y pasional, pero también alcanzamos la supresión del dolor físico,
alcanzando así el placer (ausencia del dolor mental y físico). Si a este placer le sumamos
el autodominio y la temperancia alcanzaremos finalmente la felicidad.

Sin embargo, el placer también es producido por la satisfacción de los deseos, y en ellos
encontramos con dos tipos de deseos: aquellos naturales y necesarios que están
relacionados con la supervivencia (comer, tomar agua) y los naturales y no necesarios,
que provienen de la cultura, política y vida social, pero también encontramos placeres
que deben ser evitados, pues, solo traen consigo dolor e intranquilidad

Por ello propone en “La carta a Meneceo” un “tetrafarmaco” o cuatro remedios contra
esos miedos más significativos que son:

 El miedo a los dioses: Epicuro sostiene que no debemos de temer a los dioses,
esto es, no temer a sus castigos, arbitrariedad, ira, etc. Esto se debe a que los
dioses no intervienen en los asuntos humanos porque son insignificantes para
ellos, pues están más pendientes de sí mismos. Estos dioses además, deberían ser
un modelo de virtud y excelencia, por lo que no debemos de temerles.
 El miedo a la muerte: aquí dirá que es absurdo temerle, pues, como dijimos
anteriormente, el alma al ser material también desaparecerá con el cuerpo, por lo
que no iremos a otro mundo para ser castigados o recompensados, sino que
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solamente dejaremos de existir (a excepción de los átomos). Además, la idea de
morir no debe de ser un mal, sino un razonamiento que nos lleve a vivir
razonablemente en lugar de desperdiciar el tiempo finito que tenemos.
 En tercer lugar tenemos el miedo al dolor, sin embargo, este filósofo dirá que es
fácilmente soportable, pues, si es un dolor prolongado, su intensidad será leve,
mientras que si es un dolor intenso, su duración será breve, por lo que podemos
aguantarlo.
 El miedo al fracaso es el último de los miedos. En ella debemos evitar pensar
que la felicidad depende de factores externos, pues estos solo nos llevaran a la
infelicidad producida por el miedo, debido que estos factores no están dentro de
nuestro control. Es por esta razón que debemos de gozar de la autonomía propia
de un sabio, logrando un equilibro emocional, pues no nos importará lo que
piensen los demás.

Finalmente, en esta misma carta, Epicuro afirma que la felicidad la conseguiremos


mediante la actividad filosófica y por ende, no hay edad para hacerlo, pues, no hay edad
para alcanzar la felicidad.

Bibliografía:

 EPICURO, Obras, Barcelona: Altaya, 1994. (Selección: Carta a Herodoto y


a Meneceo).
 GARCÍA GUAL, La secta del perro. Vidas de los filósofos cínicos, Madrid:
Alianza, 2003.
 https://es.wikipedia.org/wiki/Epicuro. Esta página se editó por última vez el
7 jun 2019 a las 05:14.