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BARTHES, Roland

“La muerte del autor”. Araujo Nora y Teresa Delgado (Selección y apuntes
introductorios). Textos de teorías y crítica literarias (Del formalismo a los estudios
poscoloniales). Barcelona: Anthropos, 2010 (pp. 2219 – 248)

Rojas Chavez, Roman Manuel


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Así como en el estudio del lenguaje el hablante no es importante, Roland Barthes, en


1968, propone que en el estudio de la literatura el autor sea eliminado. Para el crítico
francés, la presencia del autor en la teoría y crítica literaria es producto de agentes
extraliterarios como la idea de propiedad privada y la constitución del Ego por parte del
empirismo inglés, el racionalismo francés y la fe personal de la Reforma.

La muerte del autor es, en consecuencia, el autotelismo del lenguaje, el


nacimiento del lector y la supremacía del crítico literario. El autor no es ya el creador
divino que, como Dios, tiene todo el conocimiento sobre la obra sino que es un agente
más, en el acontecimiento literario. El autor, para Barthes, es una herramienta a partir
del cual el lenguaje (presencia metafísica) se manifiesta en la realidad, es un copista de
discursos anteriores y un instrumenta para la actualización (performatividad) del
lenguaje. El lenguaje es una entidad autotélica que a través de los discursos (orales y
escritos) se piensa a sí misma. Así todo discurso es la reestructuración de discursos
anteriores que obedecen a la voluntad del lenguaje mismo. El lector por ello adquiere
protagonista pues es él quien está en la capacidad de reconocer e interpretar los
discursos pues, como acto performativo, el lector se encuentra en las misma
coordenadas espacio temporales (aquí y ahora) en la historia de los discursos. La
necesidad de ser consciente de la historia de los discursos y la actualización del
lenguaje, el crítico, como lector instruido e implementado de conocimientos y poder por
una institución (universidad), se convierte en el agente primordial para dilucidar el
acontecimiento literario.

La presencia del autor en la crítica literaria, acusa el semiólogo francés, ha


devenido en el sometimiento a los deseos del autor: este ya no es solo dueño de su obra
literaria sino también de la opinión de la crítica literaria. Así, el texto de Barthes causa
dos frentes en la crítica literaria: los que se someten al autor y quienes proponer
“matarlo”. A esto, Jesús G. Maestro afirma:
A lo largo de la Edad Contemporánea, la figura del autor ha sido objeto de dos
tipos de falacias. Así, la falacia descriptivista sometió al autor aun creacionismo
teológico, de modo que postuló su descripción como si se tratara de un dios, es
decir, de una divinización del yo del artista, del poeta, del creador. Fue el
procedimiento de la crítica tradicional, prácticamente desde la Edad Moderna hasta
la culminación del Romanticismo y la intervención de las vanguardias históricas y
los formalismos teóricos-literarios del siglo XX. En el otro extremo del péndulo se
sitúa la falacia negacionista, una suerte de nihilismo mágico diseñado por la
posmodernidad, de la mano de figuras como Barthes, Derrida o Foucault, quienes
proclamaban de forma retórica e imaginaria la “muerte del autor”, a imitación
neonietzcheana de la “muerte de Dios”. Ninguno de los dos extremos son
aceptables, el primero por su idealismo descriptivista y teológico, y el segundo por
su negacionismo, deconstructivismo o nihilismo igualmente idealista y falaz.
(Maestro. 2014, p. 227)

Es la presencia de esas dos posturas antitéticas –y falaces para Maestro– que


permiten la propuesta de su definición de autor. El autor y la literatura (coexistencia en
symploké de los agentes literarios) es el punto intermedio del péndulo que ha visto sus
extremos en las propuestas antes acusadas. Y, claro, él mismo se convierte heredero del
producto de estas propuestas antitéticas por medio de Bajtín, quien encuentra la primera
síntesis de ambas al hacer al escisión entre auto-creador y autor-persona, como
momento cognitivos del mismo ser:

Cuando el autor estuvo creando, vivía solo a su héroe y ponía en su imagen toda su
actitud creativa fundamental hacia él; pero cuando empieza a hablar de sus
personajes en una confesión creativa, como Gógol y Goncharov, manifiesta hacia
ellos, ya creados y definidos, una actitud presente, transmite la impresión que
producen en él como imágenes artísticas, y asimismo expresa su actitud hacia ellos
como personas reales desde el punto de vista social, moral, etc.: sus personajes ya
se han independizado de él, y él mismo, en tanto que su creador, se ha vuelto
independiente de sí mismo como hombre, crítico, psicólogo o moralista .
(Bajtin, 1998, p.15)

De la contradicción entre la supremacía del autor y la del lector es que se ha


propuesto nuevas lecturas que, así como Bajtin y Maestro, han intentado unirlas,
generando una nueva visión de la literatura. Otra forma de conciliar estas oposiciones es
la de Ranciere:

[La] mutua remisión de la “impresión” y la “arquitectura” no equivale solamente a


poner frente a frente la verdad extática y la verdad construida. La verdad del libro,
la verdad en acto de la literatura es el conflicto entre estas verdades, el movimiento
que las hace trabajar una junto a otra y una contra otra. (Ranciere, 2009, p. 217)
La obra literaria se compone de la “impresión” del lenguaje y la sociedad, y de la
“arquitectura”, del genio literario que es artífice del texto. El tránsito literario es, para
Ranciere, el tránsito de las ideas: desde la realidad en la que se desenvuelve el autor,
hasta el lector que interpreta y actúa según estas ideas, pasando por el autor quien
ordena y crea el discurso literario.

Este tránsito hasta el lector activo, que interpreta las ideas, genera conocimiento
y actúa según este, es lo que ha devenido en la crítica moderna propuesta por Martha C.
Nussbaum con su teoría ética.

El principal valor de “La muerte del autor” de Roland Barthes, fuera de las
falacias acusadas por Maestro, se encuentra en la introducción de su postura antitética a
la crítica literaria dominante de su tiempo. Es la propuesta de Barthes el inicio del
diálogo de los extremos y de la crítica literaria moderna que concilia todos los
elementos del acontecer literario: autor, texto, lector y crítico literario.

BIBLIOGRAFÍA

BAJTÍN, Mijaíl M.
1998 [1979] Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI.

MAESTRO, Jesús G.
2014 Contra las Musas de la Ira. El Materialismo Filosófico como Teoría de la
Literatura. Oviedo: Pentalfa.

RANCIERE, Jacques
2009 [1998] La palabra muda. Ensayo sobre las contradicciones de la literatura.
Cecilia González (trad.). Buenos Aires: Eterna Cadencia.