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Ciudad de México, 13 de junio de 2019

AL PRIÍSMO NACIONAL,

A LA OPINIÓN PÚBLICA:

El pasado 10 del mes en curso se celebró una sesión del Consejo Político Nacional
del PRI. En razón de ello doy a conocer mi posición:

Con la publicación de la convocatoria para la elección de la dirigencia del partido,


lo que debe asegurarse es que el proceso que se organice, no se convierta
en la mayor simulación de nuestra historia. El partido no lo merece y México
tampoco. Habiendo aprobado el método con el que todos hemos coincidido,
ahora se tiene que contar con un instrumento pertinente, un padrón medianamente
confiable, que no debe ser otro que el acordado entre los seis aspirantes, la
presidenta del CEN y algunos de sus integrantes: el padrón registrado en el INE
el 23 de enero pasado. Además, se deberá tener la certeza de contar con reglas
justas, equitativas y con jueces neutrales que eviten las prácticas indebidas. No
vaya a ser que se provoque un problema adicional a los que debemos resolver y
que pronto tengamos una crisis producto de nuestra incapacidad para
escuchar las razones de la realidad. No sea que caigamos en el error de
legalizar la trampa y el acarreo. ¡Esta es la hora de la verdad del PRI!

La Comisión de Procesos Internos emitió, bajo protesta de uno de sus


integrantes, la convocatoria referida. Con el mayor de los desaseos se incumplió
con el acuerdo alcanzado en la reunión antes señalada. Ahora se pretende
incorporar a más de 654 mil personas como nuevos militantes, 488 mil de
ellos, es decir casi el 75 por ciento, procedentes de cinco estados: Coahuila,
Ciudad de México, Campeche, Oaxaca y Michoacán. Por otra parte, el Artículo
23 de los Estatutos define con claridad quién es militante. Por ello confío en que

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la autoridad técnica y el prestigio del INE no los validen súbitamente y que la
Comisión de Procesos Internos tampoco lo haga.

El proceso de elección ha dado principio y lo ha hecho con los mayores


vicios y las prácticas menos deseables, con mentiras e incumplimiento de
acuerdos. La mascarada para imponer a Alito al frente de la dirigencia ya
comenzó. Quienes han tomado parte en esta farsa deberán dar cuenta de sus
actos. Los priístas no debemos permitirlo. El Comité Ejecutivo Nacional y
quienes los han apoyado, son responsables de lo que suceda.

El PRI enfrenta el riesgo de convertirse en un satélite del partido del


gobierno, en un partido testimonial o marginal. Existe el temor fundado de que,
si no se hacen los cambios que se requieren, incluso pueda desaparecer. La
esencia y la existencia del PRI están amenazadas. Venimos de una derrota
electoral contundente en 2018 y la jornada reciente, salvo excepciones, prendió
los focos rojos de nueva cuenta. A las amenazas resultantes del apremio político,
hay que adicionar los aprietos financieros. Y sin embargo, eso no es lo peor. Lo
más grave es la quiebra moral que nos amenaza y que, si se instala entre
nosotros, sería devastadora. Esto es lo que tenemos que evitar a toda costa.

¡México no va bien! y hay muchas formas de documentarlo. Distintos indicadores


lo demuestran. No lo ven, los que cierran los ojos o quienes se deslumbran
con los reflejos del poder. ¡México no va bien! y esta situación demanda de
un PRI fortalecido, seguro de sí y de su camino. De un partido con
respuestas frente a la incertidumbre; con propuestas para la solución de
nuestros problemas y con imaginación para pensar en un país más justo y
democrático. Para alcanzarlo debemos romper inercias, proyectar al PRI
hacia el futuro y abandonar para siempre la ruta del pasado, la que se dictaba
desde Los Pinos y para rechazar la que ahora se pretende imponer desde
Palacio Nacional.

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Cuando tomé la decisión de participar en la elección de la dirigencia, lo hice con
el interés de contribuir a la transformación de nuestro partido. Entiendo que se
trata de coordinar los esfuerzos de los priístas y no de ser el jefe del grupo
propio; de ayudar al diseño del PRI del futuro y no de permanecer en la
rutina. Se debe tener la convicción de que la dirigencia no debe ser trampolín
que proyecte a otras posiciones. Por ello, invito a los aspirantes a suscribir
un compromiso: la declinación del interés de aparecer en alguna boleta de
los procesos electorales de aquí al 2024. Se trata de un deber moral que asumo
con toda convicción y que espero que los demás aspirantes también lo hagan.

El CEN del PRI y las instancias responsables del proceso deben actuar con apego
a la legalidad y trasparencia. La base militante por su parte, debe rechazar las
imposiciones y las injerencias indebidas.

José Narro Robles

Responsable de la publicación: Enrique Balp Díaz