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Universidad Del Golfo De México

Alumna: Paulina Itzel Zepeda Ortiz

Licenciatura: Psicología

Semestre: 8vo Semestre

Grupo: 802

Maestra: Flordalid López Rojas

Materia: Enfoques psicológicos II

Trabajo: Experimentos sociales con niños.


EXPERIMENTOS SOCIALES EN NIÑOS

EFECTO DE SOBREJUSTIFICACIÓN

Estudio de los marcadores

El efecto de sobrejustificación tiene lugar cuando un estímulo externo, como una


recompensa, disminuye la motivación intrínseca de una persona para realizar una
determinada tarea. Lepper, Greene y Nisbett confirmaron esto en su experimento
de campo en un jardín de infancia.
El efecto de sobrejustificación se manifiesta en los casos en donde ofrecer un
incentivo externo a una persona disminuye su motivación intrínseca para llevar a
cabo esa tarea.
Cuando realizamos una determinada tarea, convergen dos tipos de motivación:
intrínseca y extrínseca. Puede estar presente una o las dos al mismo tiempo,
dependiendo de lo que provoque o brinde impulso a la persona para realizar una
determinada tarea.
Lepper, Greene y Nisbett llevaron a cabo una actividad para averiguar si el
ofrecimiento de recompensas, que es una forma de motivación extrínseca,
disminuye la motivación intrínseca de una persona.
La importancia de la motivación extrínseca, o la motivación para realizar una
actividad porque conduce a algo más, como obtener recompensas y beneficios,
sobre la motivación intrínseca o el deseo de realizar una actividad por el disfrute
derivado de la actividad misma, es la base del efecto de sobrejustificación.
Para definir los fenómenos, el efecto de sobrejustificación ocurre cuando un
estímulo externo, como el dinero o un premio, disminuye la motivación intrínseca de
una persona para realizar una tarea.
Entonces, lo que le importará más a la persona será el incentivo que reciba en lugar
del placer y la satisfacción que se obtienen cuando se realiza la actividad. Se
produce un cambio en la motivación hacia factores extrínsecos y una debilitación de
la motivación intrínseca preexistente.

Exposición del problema

El problema se origina a partir de la teoría de Deci que condujo a la hipótesis de que


una vez que una actividad es asociada con una recompensa externa, la persona
estará menos interesada o inclinada a participar en la actividad en el futuro cuando
exista una ausencia del incentivo.
Metodología
Los investigadores fueron a un jardín de infancia y observaron el interés intrínseco
de los niños en diversas actividades escolares. Luego, pusieron a los niños entre 3
y 5 años a jugar y dibujar con marcadores y, al mismo tiempo, se los ubicó en una
de las tres condiciones del experimento. Las condiciones fueron las siguientes:
Primera condición: condición de recompensa esperada
En esta condición, se les prometió a los niños que recibirían un lazo de "Buen
Jugador" por participar en la actividad en donde tendrían que dibujar con
marcadores. Hay que tener en cuenta que los niños ya realizaban esta actividad
desde antes, con un interés intrínseco puro.
Segunda condición: condición de recompensa no esperada
En esta condición, no se les dijo a los niños que iban a recibir ninguna recompensa
hasta que finalizó la actividad.
Tercera condición: condición sin recompensa
Por último, en esta tercera condición, a los niños no se les contó nada sobre ninguna
recompensa ni se les dio nada. Este grupo de niños fue utilizado como grupo de
control, ya que las recompensas extrínsecas no existieron, ni antes ni después de
la actividad.
Más tarde, los niños fueron nuevamente observados en un entorno en donde podían
jugar a lo que quisieran, para averiguar si existía una diferencia importante en el
número de niños que participaban de la misma actividad, esta vez sin ninguna
promesa de recibir una recompensa.

Resultados

Los investigadores descubrieron que los niños a los que se les había prometido
recibir una recompensa durante la primera parte del experimento jugaron mucho
menos con los marcadores.
De acuerdo con la hipótesis del Efecto de Sobrejustificación, los niños de la
Condición de recompensa esperada perdieron notablemente su interés en sus
actividades desde la presentación de las recompensas.
Sin embargo, no hubo ningún cambio en el interés del grupo que recibió la
recompensa de forma inesperada, ya que estos niños no supieron de la existencia
de la recompensa hasta que terminó la actividad, por lo que su comportamiento fue
atribuido al disfrute de la actividad. De la misma manera, los que nunca recibieron
ninguna recompensa tampoco mostraron ningún cambio o disminución de interés
como resultado.

Conclusión

El experimento demostró que es muy probable que el interés de un individuo en una


actividad disminuya si se lo induce a participar de la actividad como un medio
explícito para lograr algún objetivo extrínseco.
Posteriormente, Lepper, Greene y Nisbett llegaron a la conclusión de que las
recompensas esperadas debilitan la motivación intrínseca de las personas en
actividades que antes disfrutaban o valían la pena.

Aplicación

Los hallazgos de los investigadores son importantes, especialmente para los padres
y los educadores en su intento de inculcar el impulso y la motivación intrínseca a los
niños. Deben basarse en la motivación intrínseca y preservar los sentimientos de
autonomía y competencia tanto como sea posible.
Es seguro ofrecer recompensas extrínsecas cuando se trata de tareas que no son
deseables o no valen la pena y la motivación intrínseca es insuficiente. Algunos
ejemplos de este tipo de actividades que los individuos no encuentran placenteras
son las tareas del hogar.
En conclusión, cuando se impone el control a las personas ofreciéndoles
recompensas e incentivos, el efecto a largo plazo será la pérdida de la motivación
intrínseca, seguida de una disminución en el rendimiento. Esto es aplicable en un
salón de clases y en equipos deportivos, así como también en otros entornos y
ambientes. Debemos recordar que cuando existen incentivos y recompensas,
probablemente estemos frente al riesgo de perder el disfrute de la actividad por sí
misma.

LOS ESTEREOTIPOS Y LA PRUEBA DE LA MUÑECA DE CLARK

La Prueba de la Muñeca de Clark ilustra los efectos nocivos de los estereotipos y la


segregación racial en Estados Unidos. Muestra el daño causado por la segregación
y el racismo sistemático en la autopercepción de los niños a la temprana edad de
cinco años.
Antecedentes del experimento
La Prueba de la Muñeca de Clark fue llevada a cabo por el Dr. Kenneth Clark y su
esposa Mamie Clark para su maestría. El estudio se centró en los estereotipos y la
autopercepción de los niños en relación con su etnia. Los resultados del estudio de
Clark fueron utilizados para demostrar que la segregación escolar estaba
distorsionando la mente de los jóvenes de raza negra, haciendo que internalicen los
estereotipos y el racismo, hasta el punto de hacer que se odien a sí mismos.
La Prueba de la Muñeca de Clark es conocida por su relevancia e impacto social,
aunque algunos dicen que los resultados carecen de peso experimental. Descubrió
contrastes entre los niños que asisten a escuelas segregadas en Washington, DC y
los de las escuelas integradas de Nueva York.
En el caso Brown contra el Consejo de Educación de 1954, el experimento ayudó a
convencer a la Corte Suprema de Estados Unidos de que las escuelas "separadas
pero iguales" para negros y blancos eran cualquier cosa menos equitativas en la
práctica y ,por lo tanto, eran ilegales o contrarias a la ley. Esto hizo que el
experimento fuera aún más polémico. Marcó el principio del fin de Jim Crow.

Metodología

En el experimento, Clark les mostró a niños de raza negra de 6 a 9 años dos


muñecas, una blanca y la otra negra, y se les hicieron las siguientes preguntas en
este orden:

Muéstrame la muñeca que más te guste o con la que te gustaría jugar.

Muéstrame la muñeca que sea la "buena".


Muéstrame la muñeca que parezca "mala".

Dame la muñeca que se parezca a una niña blanca.

Dame la muñeca que se parezca a una niña de color.

Dame la muñeca que se parezca a un Negro.

Dame la muñeca que se parezca a ti.

Resultados

Los investigadores descubrieron que los niños de raza negra frecuentemente


optaron por jugar con las muñecas blancas más que con las negras. Cuando se les
pidió a los niños que completaran una figura humana con el color de su propia piel,
con frecuencia eligieron un tono más claro que el color real de su piel. Los niños
también le dieron atributos positivos al color "blanco", como bueno y bonito. Por el
contrario, el "negro" fue atribuido a ser malo y feo.
La última pregunta que hicieron los investigadores fue considerada la peor, ya que
hasta ese punto, la mayoría de los niños de raza negra ya habían identificado la
muñeca negra como la mala. Entre los sujetos, el 44% dijo que la muñeca blanca
lucía como ellos. Sin embargo, en las pruebas anteriores, muchos de los niños se
negaron a tomar cualquiera de las muñecas o simplemente comenzó a llorar y salió
corriendo.
Los resultados fueron interpretados como evidencia buena y confiable de que los
niños de raza negra habían internalizado el racismo causado por ser discriminados
y estigmatizados por la segregación.
El estudio muestra los estereotipos que indican que la gente de raza negra es mala
y la de raza blanca es buena y más deseable.

Críticas al estudio

El estudio ha sido criticado por ser conocido solamente por su referencia en el caso
de la corte en lugar de por el valor intrínseco y experimental del trabajo. Muchos
argumentan que el estudio carece de teoría y control de variables. Según los
críticos, como una pareja afroamericana es la que llevó a cabo los estudios, el
resultado deseable de querer probar que los afroamericanos eran negativamente
estereotipados puede haber causado cierta parcialidad o sesgo y puede haber
distorsionado los resultados.

UNA CLASE DIVIDIDA: ESTAMOS LLENOS DE PREJUICIOS

Muzafer Sherif llevó a cabo un polémico experimento en 1954 con un grupo de


adolescentes a los que llevó a un campamento de verano y dividió en dos grupos.
Estos grupos sólo entraban en contacto para competir, con lo que se introdujeron
tensiones que se solucionaron cuando ambos equipos comenzaron a colaborar en
juegos y problemas.

Otro experimento similar (y también controvertido) sobre discriminación fue el


llevado a cabo por Jane Elliot, quien en 1968 dividió a su clase en un grupo de niños
con ojos azules y otro con ojos marrones, explicando que uno era superior, lo que
llevó a que los niños mostraran comportamientos incluso crueles. Al cabo de unos
días, Elliot intercambió los papeles.Cualquier excusa puede servir para que nos
sintamos parte de un grupo y demos preferencia a sus miembros; incluso preferir a
Klee sobre Kandinsky puede ser usado para crear identidad de grupo y mirar con
desprecio a los que se cree que prefieren al otro pintor.

No somos inmunes a los prejuicios que existen en la sociedad, ni aunque formemos


parte del grupo discriminado. En 1939, Kenneth Clark y Mamie Clark mostraron una
muñeca negra y otra blanca a niños negros de 6 a 9 años, haciéndoles una serie de
preguntas, como con cuál querían jugar, cuál era la más bonita, cuál era la que tenía
peor aspecto, y terminando con un “dame la muñeca que más se te parezca”.

La mayoría prefería jugar con la muñeca blanca, a la que se le atribuían los rasgos
positivos. Y el 44% decía que la que más se le parecía era la blanca. (La cadena de
televisión estadounidense ABC replicó el experimento recientemente, con
resultados que muestran que la situación desde entonces ha mejorado, pero sólo
en parte).

EL ESTUDIO MONSTRUO

El psicólogo de la Universidad de Iowa Wendell Johnson trató de averiguar las


razones por las que los niños tartamudeaban experimentando con un grupo de
huérfanos. El psicólogo seleccionó a 10 niños tartamudos y otros 12 que hablaban
perfectamente y los mezcló en dos grupos. Uno de los grupos recibió un refuerzo
positivo –se les decía a los niños que iban a superar la tartamudez, que no debían
sentirse mal, que era normal…– y el otro recibió un castigo, independientemente de
que los niños fueran o no tartamudos –se les decía que era una vergüenza, que
debían detener su comportamiento inmediatamente, que no debían hablar si no lo
hacían correctamente…–.
Mary Tudor, una estudiante de Johnson, fue la encargada de llevar a cabo el
experimento, y recogió en sus notas que, pasadas cinco sesiones, los resultados
eran evidentes: muchos de los niños del grupo "castigado" que hablaban bien antes
ahora se negaban a hacerlo y mostraban dificultades, mientras que los niños del
grupo de refuerzo positivo mejoraron notablemente.
Los compañeros de Johnson fueron tremendamente críticos con su experimento, al
que bautizaron como “Estudio Monstruo” y le convencieron para que lo interrumpiera
y lo ocultara. Tras finalizar el experimento, Tudor siguió visitando el orfanato para
atender a los niños a los que había vuelto tartamudos, pero muchos siguieron
arrastrando secuelas hasta la edad adulta.
En 2001, después de que el diario Mercury News publicara un artículo que
denunciaba los traumas psicológicos que todavía sufrían los participantes en el
experimento, la Universidad de Iowa pidió perdón públicamente y le cambió el
nombre a su clínica de logopedia y foniatría, bautizada en honor a Johnson. En
agosto de 2007 seis de los huérfanos participantes en el experimento fueron
indemnizados por el estado de Iowa con 925.000 dólares, debido a los daños
emocionales provocados.

LA PRUEBA DEL MALVAVISCO

En los años sesenta el investigador Walter Mischel llevó a cabo una investigación
con niños de 4 años en la universidad de Stanford.
Le daba a cada niño un dulce y una campana, les explicaba que podían tocar la
campana y comerse el dulce o esperar a que él volviera y obtener un segundo
caramelo.
Solo un 30 % de los niños fue capaz de esperar los 15 minutos que se habían
estipulado. La media para comerse el dulce era de 3 minutos, algunos niños ni
tocaban la campana ni esperaban a que se fuese el investigador.
Observaba cuáles eran los motivos por los que algunos individuos retrasaban la
gratificación y otros no. Finalmente este experimento ha llevado a investigaciones
sobre la personalidad mucho más profundas.
Mischel había llevado al laboratorio a sus hijas y compañeros de clase y años
después viendo los resultados académicos comenzó a pensar que podía tener una
correlación y decidió enviar cuestionarios al entorno de todos los participantes.
Analizando las respuestas se dió cuenta de que los niños con el nivel de espera
más alto tenían menos problemas de conducta en casa y en la escuela, menos
problemas de drogadicción y un índice de masa corporal más bajo.
Como los informes escritos en primera persona no eran fiables se comenzó a llevar
a los sujetos de nuevo al laboratorio y ahora se están realizando nuevas corrientes
de investigación sobre las áreas del cerebro que influyen en la espera o la carga
genética que la condiciona.
Pero ¿cómo esperar al doble premio?
Mischel entendió que la clave estaba en la "asignación estratégica de atención",
distraerse cantando una canción o jugando al escondite; olvidando el deseo no
derrotándolo.
La prueba del malvavisco ilustra la frustración, la tentación, la perseverancia, la
ansiedad y todas las sensaciones que tenemos cuando queremos dejar de fumar o
hacer una dieta, porque nosotros también tenemos mucho que aprender.