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Título: Error como vicio de la voluntad en el Código Civil y Comercial de la Nación


Autor: Cerutti, María del Carmen
Publicado en: SJA 09/09/2015, 09/09/2015, 3 -
Cita Online: AR/DOC/5148/2015
Sumario: I. Ubicación metodológica.— II. Error como vicio de la voluntad jurídica: clasificación.— III. Error
de hecho como vicio de la voluntad.— IV. Conclusiones.— V. Referencias bibliográficas
I. UBICACIÓN METODOLÓGICA
El Código Civil y Comercial de la Nación, sancionado por ley 26.994, contiene una teoría general de los
hechos y actos jurídicos, manteniendo la tradición del Código Civil, Anteproyecto de 1954, Proyecto del
Ejecutivo de 1993 y el Proyecto de 1998 (1). Esta decisión de mantener la técnica legislativa de Vélez Sarsfield
es acertada, más allá del pensamiento de algunos doctrinarios que consideran que la parte general es para los
tratados y no para los códigos (De los Mozos). Entre los argumentos que avalan incluir una teoría general de los
hechos y actos jurídicos, podemos citar el pensamiento de Vélez Sarsfield en la nota a la sección II del Libro II:
"En esta sección se verán generalizados los más importantes principios del derecho, cuya aplicación parecía
limitada a determinados actos jurídicos...", tales como los contratos o los testamentos. También se mantiene la
metodología para regular los vicios de la voluntad y en esto se advierte diferencia con proyectos anteriores. En
este sentido, en los Fundamentos se expresa: "A diferencia de los proyectos de 1993 y de 1998, se ha decidido
preservar la metodología seguida por Vélez Sarsfield en orden a la regulación de los 'vicios de la voluntad'. En
consecuencia, se dedican sendos capítulos al error, al dolo y a la violencia"(2).
El Código Civil y Comercial contiene una parte general en el Libro primero, dedicado a legislar los
elementos de la relación jurídica. Así, el título IV, dedicado a los hechos y actos jurídicos, en el capítulo I de
este título, "Disposiciones generales", cuyo contenido son definiciones con efectos normativos (arts. 257 a 264)
y en el capítulo 2 seis artículos dedicados al error como vicio de la voluntad. El Código Civil y Comercial
distingue, tal como lo hacía el Código derogado, entre vicios de la voluntad y vicios propios del acto jurídico.
El error, dolo y violencia pueden afectar a todos los actos voluntarios (acto voluntario lícito, acto jurídico y
actos voluntarios ilícitos) en razón de interferir el proceso de la voluntad interna o producir un desacople entre
esa voluntad interna y la declarada, mientras que los vicios propios de los actos jurídicos (lesión, simulación y
fraude) son defectos que se pueden presentar exclusivamente en los negocios (o actos) jurídicos, a los que
descalifica en virtud de convertirlos en actos contrarios a la buena fe y seguridad jurídica, en los que, en
principio, la voluntad se encuentra intacta (3).
La voluntad se integra con un elemento interno —discernimiento, intención y libertad— y con un elemento
externo —manifestación de la voluntad interna—. Esta integración en el Código Civil surgía de los arts. 897 y
913, en tanto en el Código Civil y Comercial, en una sola norma, se refiere a ambos elementos; en efecto, el art.
260 define que "El acto voluntario es el ejecutado con discernimiento, intención y libertad, que se manifiesta
por un hecho exterior". El art. 261 determina los casos de actos involuntarios por falta de discernimiento,
mientras que el error y el dolo vician la intención y la violencia la libertad.
II. ERROR COMO VICIO DE LA VOLUNTAD JURÍDICA: CLASIFICACIÓN
El error puede recaer sobre distintas situaciones, de allí que se lo clasifica en error de derecho y en error de
hecho. El error de derecho afecta el conocimiento de las normas y así puede versar sobre la existencia,
contenido o interpretación de una norma jurídica. En el Código Civil y Comercial se optó por incluir una norma
(art. 8º) en el título preliminar, capítulo 2, ley, manteniendo el principio de inexcusabilidad de la ignorancia de
las leyes, salvo que la excepción esté autorizada por el ordenamiento jurídico. El fundamento es el mismo que
sosteníamos para los arts. 20 y 923 del Código Civil, o sea, la obligatoriedad de la ley y la presunción de que las
leyes, luego de su publicación, son conocidas, lo que conduce al principio de seguridad jurídica.
En esta oportunidad se abordará el otro tipo de error, el de hecho, donde advertimos que se han producido
algunos cambios importantes.
III. ERROR DE HECHO COMO VICIO DE LA VOLUNTAD
a) Concepto
El error de hecho tiene lugar cuando el falso conocimiento recae sobre el dato de hecho, contenido o
presupuesto del acto, o cuando el agente ha presumido verdadero lo que es falso, o falso lo que es verdadero y
que ello ha sido la causa principal de la determinación de la voluntad (4). El error o ignorancia puede recaer
sobre algún elemento de hecho relativo al acto o a las circunstancias en que se realice (5). Es importante destacar
que la persona cae en esa equivocación por ella misma, yerro propio, que es una de las diferencias con el dolo.

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b) Cambios relevantes en el Código Civil y Comercial de la Nación respecto del Código civil
En cuanto a los cambios más relevantes respecto del Código Civil, podemos señalar los requisitos que deben
acreditarse para que el error sea causa de la nulidad del acto. En los supuestos de error esencial, se incorpora el
error en la causa final en sentido subjetivo. Se agrega el error de cálculo, la subsistencia del acto y el error en la
declaración.
Se elimina la clasificación de error de hecho esencial y error de hecho accidental. El primer caso de error
accidental contemplado en el art. 928 del Código Civil en cuanto a la calidad accidental de la cosa, o sobre
algún accesorio de ella, que no invalidaban el acto, salvo que hubiese sido expresamente garantizada por la otra
parte; ahora, de acuerdo a la redacción del inc. c) del art. 267, la cualidad debe ser sustancial según la
apreciación común o las circunstancias del caso. Por lo que, no acreditada la exigencia requerida, no se
configura error y no se afecta la validez del acto, por lo que no parece necesario incluir un artículo que
contemple el primer caso de error accidental previsto en el art. 928 del Código Civil. Respecto de los otros
supuestos de error accidental que regulaba el Código Civil en el art. 928, ya la doctrina había entendido que
cuando el error proviene de dolo de la parte o de un tercero, el vicio invalidante era el dolo y no el error. En
cuanto a la calidad de la cosa o lo accesorio a ella, que tuviese el carácter expreso de una condición, también se
entendió que no había error sino incumplimiento de la condición y, consecuentemente, el acto puede resolverse
por cuanto en el acto celebrado no se da lo que por lo menos una de las partes tuvo en miras al contratar (6). Por
estas razones entendemos que no se consideró absolutamente necesario incluir una norma referida al llamado
error accidental. En el caso de que se invoque error y no se encuentre comprendido en ninguno de los supuestos
previstos en el art. 267, por interpretación a contrario sensu, se trataría de error accidental y no provocaría la
nulidad del acto.
En este aporte, la propuesta no es realizar un análisis exhaustivo de las normas sobre el error de hecho como
vicio de la voluntad jurídica, sino sólo dar cuenta de los cambios más relevantes respecto de Código Civil.
1. — Requisitos para que el error de hecho sea causa de nulidad del acto
El art. 265 prescribe: "El error de hecho esencial vicia la voluntad y causa la nulidad del acto. Si el acto es
bilateral o unilateral recepticio, el error debe, además, ser reconocible por el destinatario para causar la nulidad".
Conforme a esta disposición, se exige que el error: a) sea esencial y b) que en los actos bilaterales o unilateral
recepticio sea reconocible por el destinatario de la declaración.
En cuanto al primer requisito, se sigue el sistema del Código Civil, que en los arts. 924 a 927 establecía
sobre qué elementos o datos de hecho puede recaer el error para ser esencial y acarrear la nulidad. El cambio
importante se produce en el segundo requisito. El Código Civil exigía, para invocar la nulidad del acto, que el
error revistiera el carácter de esencial y que fuese excusable para el que había incurrido en su propio error, o
sea, debía aportar pruebas —que luego el juez valoraba, por eso el acto era anulable— de que el error no
provenía de su propia negligencia, que había tenido razón o motivos para errar (art. 929).
En cambio, ahora el art. 265 traslada el esquema de la excusabilidad —para tutela de la confianza— del que
yerra hacia el destinatario de la declaración; se requiere, por ello, la reconocibilidad (art. 1428 del Código Civil
italiano) (7). Nos informa Prieto Molinero que "El derecho comparado nos revela al menos tres clases de
sistemas, al respecto: aquellos que exigen el carácter excusable del error (Francia), los que no lo requieren
(aunque admiten la indemnización del acto anulado inexcusablemente) (Alemania), y los que demandan que el
error sea 'reconocible' (Italia). En este sentido, los arts. 265 y 266 importan un cambio radical del sistema
vigente hasta ahora, dado que ha pasado a adoptarse el del Código Civil italiano de 1942"(8).
La excusabilidad y la reconocibilidad son dos requisitos distintos. Mientras que el primero apunta a una
valoración de la conducta del sujeto que incurre en error, a las diligencias que debe poner y tener un cuenta en el
acto que pretende realizar, la reconocibilidad se refiere a la posibilidad de que el error pueda ser conocido por el
destinatario de la declaración, y se valora esta posibilidad de reconocer el error del otro examinando con criterio
objetivo la situación en que se encuentra el destinatario de la declaración. El art. 266 del Código Civil y
Comercial brinda pautas para apreciar cuándo el error es reconocible por el destinatario.
Si bien la fuente del art. 265 es el Código Civil italiano, admitir la reconocibilidad del error de hecho fue
motivo de análisis en la doctrina nacional, jurisprudencia y jornadas de derecho civil (9). El art. 265 traslada el
esquema de la excusabilidad —para tutela de la confianza— del que yerra, requiriendo la reconocibilidad del
destinatario de la declaración, si bien en algunas disposiciones se retorna al sistema del Código Civil, exigiendo
que el error sea esencial y excusable. Se trata de determinados actos donde la protección del tráfico jurídico no
está en juego, como sucede en los actos de naturaleza patrimonial. En este sentido, el art. 427 establece que la
buena fe en la celebración del matrimonio consiste en la ignorancia o error de hecho excusable y contemporáneo
a la celebración del matrimonio... y el art. 1918, referido a la posesión y tenencia, establece que la buena fe del
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sujeto de la relación de poder es si no conoce ni puede conocer que carece de derecho, cuando por error de
hecho esencial y excusable está persuadido de su legitimidad. También en materia de testamento, el art. 2467
establece los supuestos de nulidad del testamento y de disposiciones testamentarias; en el inc. f) se expresa que
es nulo por haber sido otorgado con error, dolo o violencia. En este último caso, lo que interesa es establecer la
auténtica voluntad del testador, que es prioritario al requisito de la reconocibilidad por parte del beneficiario; no
hay en el caso del testamento una paridad de intereses, sino que el interés principal es desentrañar la voluntad
del testador.
Prueba: Respecto de a quién corresponde probar los dos requisitos exigidos, entiendo que quien invoca su
propio error debe probar que él es esencial, o sea que se encuentra comprendido en algo de los supuestos del art.
267 y que el otro (el que recibe la declaración) tuvo razones (conforme a las pautas del art. 266) para conocer, o
darse cuenta, que el que la emite se estaba equivocando. Lo más razonable es que quien pretenda la nulidad de
un acto invocando su propio error demuestre no sólo que él es esencial, sino que, por la situación en que se
encontraba, el destinatario de la declaración errada pudo conocer o darse cuenta de ella; en tanto que el
destinatario, si pretende mantener la validez del acto, deberá acreditar que tuvo razones para no conocer o no
darse cuenta del error en que incurría el declarante (o sea, que no fue reconocible). Lo contrario se presenta
incoherente, o sea, exigir al que recibe la declaración que pruebe que pudo reconocerlo sería pedirle que alegue
su propia torpeza. Ahora, si se trata de actos unilaterales (de última voluntad o personalísimos), sólo se evalúa el
carácter de esencial del error y no la reconocibilidad.
En cuanto la consecuencia del acto viciado por error, si se prueba que es esencial y reconocible, es la
nulidad y el efecto de ésta entre partes es volver las cosas al mismo estado en que se hallaban antes del acto
declarado nulo y obliga a las partes a restituirse mutuamente lo que han recibido (art. 390, Código Civil y
Comercial). La nulidad que afecta al acto es relativa, conforme al criterio de distinción que establece el art. 386.
El requisito de la reconocibilidad del error por el destinatario se exige en los actos bilaterales, ya que en
dichos actos el destinatario tiene un interés distinto respecto del que emite la declaración. En cuanto a los
unilaterales recepticios, se considera que son aquellas declaraciones de voluntad que se emiten a una persona a
quien afecta, o sea, a quien es destinataria de esa declaración. El destinatario está determinado, pues debe tomar
conocimiento, la finalidad de la declaración es que llegue a él y la conozca. Si bien son actos unilaterales en el
sentido de que sólo se requiere para su formación una sola parte (que puede estar conformada por una o más
voluntades), para que el acto produzca sus efectos es necesario que la otra parte tome conocimiento. El requisito
de la reconocibilidad del error por parte del destinatario se explica porque es una declaración que lo afecta, más
allá de si lo obliga.
Reflexionando sobre este giro en cuanto al requisito de la reconocibilidad por parte del destinatario de la
declaración, el argumento más fuerte es que en el sistema del Código Civil dependía exclusivamente de la parte
que invocaba su propio yerro, lo que debilitaba el negocio, sin tomar en cuenta la confianza que depositó la otra
parte al recibir la declaración, que puede sorprenderse ante un pedido y declaración de nulidad de un acto
invocando error esencial y acreditando que tuvo razón para errar. Esta consideración unida al cambio en la
teoría negocial que cada vez se afirma más en la protección de la confianza, la buena fe y el principio que los
actos se realizan para que cumplan los efectos que están destinados a producir, como también la importancia
que adquirió el deber de información —sobre todo en el ámbito del "consumo" y también en actos
extrapatrimoniales como el "consentimiento informado"—, son las que se tuvieron en cuenta para conciliar
ambos intereses de las partes. Se trata de una nueva distribución de los riesgos en la fase de formación del
consentimiento. Ahora bien, una cuestión que, a mi entender, es motivo de cierta reflexión es la siguiente: si el
destinatario pudo conocer o advierte el error del declarante y no obstante nada dice y celebra el acto, es una
situación similar a la "omisión dolosa" contemplada en el art. 271. La diferencia radicaría en que en el supuesto
de error, no probada la reconocibilidad, el acto es válido; mientras que en el supuesto de dolo, probada la
omisión dolosa, es causal de nulidad del acto; o sea, es un problema de "no probar la reconocibilidad" en el
error y de "probar la omisión" en el dolo. Pero pensando en la protección de la confianza para adoptar el sistema
de la reconocibilidad del error, lo que se quiere no es eliminar una debida diligencia por parte de quien emite la
declaración, pero ahora no se evaluará su comportamiento, sino la conducta del receptor que recibe la
declaración errada.
El art. 266 establece el criterio para valorar la reconocibilidad del error. En este sentido, se trata de pautas
concretas: naturaleza del acto y circunstancias de persona, tiempo y lugar y en base a ellas se valorará si el
destinatario de la declaración pudo reconocer el error poniendo la diligencia y atención que el acto requiere o,
en caso contrario, si actuó con una total negligencia y omitió tomar los recaudos que cualquier persona hubiese
hecho en esa situación. La omisión de diligencias es una conducta reprochable como culposa, o sea, el error
proviene de la propia culpa del destinatario. Las pautas que establece este art. 266 se valoran con criterio

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objetivo, o sea, no depende de la situación en que se encuentra el destinatario de la declaración, sino de la


naturaleza del acto y circunstancias de persona, tiempo y lugar. Si bien atender a las "circunstancias de persona"
del destinatario de la declaración, es inevitable la incidencia que la condición, cualidad o facultad intelectual del
destinatario influye para valorar si pudo o no, reconocer el error del declarante. En este sentido, hay contratos
donde la información al destinatario es un deber, una imposición de la ley y esto influye en la reconocibilidad;
tales los casos de contratos bancarios, cuyo contenido debe especificar la tasa de interés y cualquier precio,
gasto, comisión y otras condiciones económicas a cargo del cliente (art. 1381); otro ejemplo es el art. 1347, inc.
b, que obliga al corredor a proponer los negocios con exactitud, precisión y claridad, absteniéndose de
mencionar supuestos inexactos que puedan inducir a error a las partes. Asimismo, en la formación del
consentimiento en los contratos de consumo, el art. 1100 establece la información que el proveedor está
obligado a suministrar al consumidor y el art. 1101 la publicidad prohibida que pueda inducir a error al
consumidor. Cumplidas estas cargas informativas, la reconocibilidad por la otra parte se acentúa, ya que el
destinatario, conforme a normas de diligencia y atención, hubiera podido darse cuenta o reconocer el error.
2. — Supuestos de error esencial
El Código Civil y Comercial no define, igual que el Código Civil, el error esencial, sino que establece los
supuestos sobre los cuales puede recaer en el art. 267. Los casos son similares a los que estaban previstos en los
arts. 924, 925, 926 y 927 del Código Civil. Se realizan algunas variaciones en el uso de los términos; así, en el
inc. b, se utiliza el vocablo bien, en vez de cosa, y esto es coherente con la concepción del Código Civil y
Comercial en el sentido de que amplía el significado del término "bien", que abarca tanto a los susceptibles de
valor económico, como a los que no lo tienen, pero reportan utilidad, sea en lo afectivo, terapéutico, científico,
humanitario o social y, dentro de los bienes, a los materiales se los llama "cosas" (arts. 15, 16 y 17). En el inc. a
se prevé el error sobre la naturaleza del acto, en igual sentido que el art. 924 del Código Civil.
En el caso previsto en el inc. b del art. 267, puede recaer: a) error sobre un bien o un hecho diverso
(verdadero error in corpore); b) que, sin ser distinto el bien o hecho, puede variar en la especie o en la calidad.
En cuanto al error en la calidad previsto en el inc. b, se impone la pregunta de si el legislador lo consideró un
supuesto distinto al error en la cualidad sustancial del bien previsto en el inc. c. En principio, en ambos casos se
alude a propiedades o caracteres que ubican a una cosa en una situación tal que la diferencia o distingue de otra
que puede ser igual como individualidad, pero con características diferentes. Es por ello que la referencia a la
calidad del bien en este inc. b) sea sobreabundante, si consideramos que esta situación está contemplada en el
inc. c) del art. 267. Salvo que el legislador entienda que calidad diversa a la querida y cualidad sustancial
determinante de la voluntad jurídica sean dos propiedades distintas que pueden afectar al bien objeto del acto. O
es sobreabundante, o se quiso decir cantidad en vez de calidad; c) la extensión o suma diversa a la querida, que
comprende casos en cuanto a la cantidad (en mas o en menos) o precio convenido cuando es determinante del
consentimiento, por lo que no se incluye el error de cálculo, que no afecta el acto, ni produce su nulidad, sino su
rectificación (art. 268).
El caso previsto en el inc. c es error sobre el bien que está individualizado, como también su especie,
extensión o suma (y cantidad), pero la equivocación recae sobre la cualidad que se requiere en el bien objeto del
acto y sin la cual él no se hubiera realizado. Se despeja la disputa planteada en doctrina en torno a la
interpretación del art. 926 del Código Civil, sobre si se comprendían dos casos autónomos de error, esto es,
sobre la causa principal, por un lado, y sobre la cualidad de la cosa por el otro; o si sólo se comprendía error
sobre la cualidad de la cosa que se ha tenido en mira y esa cualidad se convertía en la causa principal.
Ahora se incorpora expresamente en el inc. d el error sobre los motivos personales relevantes que hayan sido
incorporados expresa o tácitamente. Sólo una breve referencia al vocablo causa en una relación jurídica. Como
causa fuente se refiere el art. 726 del Código Civil y Comercial. Como causa final el art. 281 la incorpora al acto
jurídico en sus dos aspectos: objetivo cuando se refiere al fin inmediato autorizado por el ordenamiento jurídico
que ha sido determinante de la voluntad y subjetivo cuando expresa que también integran la causa los motivos
exteriorizados cuando sean lícitos y hayan sido incorporados al acto en forma expresa, o tácitamente, si son
esenciales para ambas partes. En el caso particular de error sobre los motivos, se configura como esencial si: a)
recae sobre "motivos personales relevantes", y b) que esos motivos hayan sido incorporados expresa o
tácitamente, si bien no se requiere expresamente que sean comunes a las partes —como en los Proyectos de
1993 (PEN) y 1998—, al establecer incorporados (expresa o tácitamente), se deduce que la otra parte conoce o
puede conocer esos motivos, ahora que los conozca o pueda conocer no implica necesariamente que sean
comunes. Relevantes, en el sentido "de ser determinante del acto, cuando figura expresa o tácitamente en la
intención común de las partes"(10). El legislador del actual Código Civil y Comercial tomó partido por la tesis
dualista, definiendo a la causa del acto jurídico en el art. 281 y estableciendo como supuesto autónomo para
invocar la nulidad del acto por error en los motivos personales (art. 267, inc. d). Destacamos lo de supuesto

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autónomo, porque en los otros casos de error esencial contemplados en este art. 267, tal la cualidad sustancial y
la persona, en los cuales esa cualidad o las calidades de la persona son —en definitiva— el móvil determinante
de la voluntad; pero en este inciso d) puede darse un error en los motivos personales en los cuales la parte
realiza el acto sólo motivada por un móvil que determina su voluntad, sin tener en cuenta la calidad de la cosa o
cualidades de la persona, tal el caso del ejemplo que proporciona Cifuentes: el de una persona que conviene una
pensión para su hermano, convencido de que éste estaba en precario estado de salud, lo que le impedía ganarse
la vida, cuando en realidad estaba sano y en condiciones de trabajar. Esa equivocación en el móvil determinante,
pero que se hizo conocer a la otra parte, es lo que se llama error en la causa móvil del acto, pues, sin la falsa
noción sobre la salud del hermano, no hubiera convenido la pensión.
El último caso de error esencial previsto en el art. 267 es el que recae sobre la persona con la cual se celebró
o a la cual se refiere el acto, si ella fue determinante para su celebración. Se superan los distintos criterios
sostenidos en doctrina respecto del alcance del art. 925 del Código Civil derogado. En efecto, el inc. e, art. 267,
exige que la persona con la cual se celebró o a la cual se refiere el acto haya sido determinante para su
celebración. En el mismo sentido, el art. 629, inc. 5 (Proyecto 1993, PEN) y el art. 316, inc. c (Proyecto 1998)
establecían que la persona haya sido esencial para la celebración del acto. Respecto del ámbito de aplicación,
puede recaer sobre: a) identidad física. Hay casos en los cuales la identidad física no es relevante, por ejemplo:
en las ventas y compras de contado y con cumplimiento inmediato de la prestación, la equivocación sobre la
identidad física del vendedor o comprador no son relevantes (11). En general, el error sobre la identidad de la
persona recae en los actos intuitae personae (onerosos o gratuitos, entre vivos o mortis causa y también en el
campo del derecho de familia —art. 409, inc. a—). En cuanto al error sobre el nombre de la persona, si no se
traduce en un error de identidad, es irrelevante y no afecta la validez del acto. b) cualidades de la persona: la
equivocación no es sobre su identidad física, sino sobre ciertas calidades que reúne la persona con la cual se
pretende realizar el acto y que ellas resultan determinantes para su celebración, tales como: profesión,
habilidades técnicas, aptitudes artísticas, en algunos actos es importante el estado civil o la solvencia
económica. La valoración de las cualidades se realiza en cada caso concreto teniendo en cuenta que su
influencia haya sido determinante para la celebración del acto y a su vez su reconocibilidad por el destinatario
de la declaración. c) En cuanto a los actos. El error sobre la persona puede afectar actos entre vivos o mortis
causa a título gratuito, actos a título oneroso, por ejemplo, un acto donde la cualidad técnica, artística o
profesión puede ser determinante; asimismo, a los actos jurídicos familiares, por ejemplo: error acerca de las
cualidades personales del otro contrayente en el matrimonio, si se prueba que quien lo sufrió no habría
consentido el matrimonio si hubiera conocido ese estado de cosas y apreciado razonablemente la unión que
contraía (art. 409, inc. b, Código Civil y Comercial).
Respecto del carácter que revisten los supuestos previstos en el art. 267, entiendo que la regla es partir de la
validez de los actos; por lo tanto, todos los casos que conducen a la ineficacia son excepciones y, como tales, no
pueden extenderse a casos no especialmente reglados por el legislador, en este sentido revestirían carácter
taxativo (12).
3. — Error de cálculo
El art. 268 contempla el error de cálculo que no da lugar a la nulidad del acto, sino solamente a su
rectificación, excepto que sea determinante del consentimiento. Se trata del error llamado de pluma, de cálculo
aritmético, que no afecta el acuerdo de voluntad, ya que las partes acordaron la suma y el error se desliza en la
consignación de esa suma y por ello es rectificable. No es un caso de error que afecta de manera determinante la
declaración, pues, si así fuera, el supuesto quedaría comprendido en el art. 270 del Código Civil y Comercial. Y
si afecta la cantidad o el cálculo que hubieran sido determinantes del consentimiento, quedaría comprendido en
el supuesto del art. 267, inc. b. O sea, si bien se trata de un error en la declaración, es salvable y rectificable,
podríamos decir que se trata de un error material involuntario.
4. — Subsistencia del acto
El art. 269 consagra la regla según la cual los actos jurídicos se celebran para cumplir los efectos queridos y
buscados por las partes y protegidos por la ley. Para ello se requieren dos cosas: a) voluntad sana (tanto en sus
elementos internos, como en la declaración), y b) que encuentre protección legal, o sea que esa voluntad se
encamine y encuadre en las disposiciones jurídicas que constituyen el marco regulatorio del acto que se
pretende celebrar. Por lo tanto, la regla es que el acto subsista y goce de validez, mientras que la excepción es su
nulidad.
El art. 269 no establece una facultad que puede o no ejercer quien está incurso en error, en este sentido,
demandar su nulidad o aceptar el cumplimiento del acto propuesto por la otra parte de la manera que él lo
entendió; no autoriza una opción sino una obligación de no solicitar la nulidad si la otra parte ofrece ejecutarlo
con las modalidades y el contenido que aquélla entendió celebrar. Nos parece razonable esta postura que se
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inclina por mantener la validez del acto, ya que la parte que incurrió en error y entendió celebrar un acto con
determinadas modalidades y contenido, ningún perjuicio sufre si la otra parte ofrece ejecutarlo tal como la parte
incursa en error entendió, a la postre el acto cumplirá los efectos que el entendió y quiso.
5. — Error en la declaración
El art. 270 dispone que "Las disposiciones de los artículos anteriores son aplicables al error en la declaración
de voluntad y en su transmisión". Esta disposición pone fin al debate acerca de si el error en la declaración
estaba o no contemplado en el Código Civil derogado.
Conceptualmente puede diferenciarse del error vicio o error propio, como algunos lo llaman, porque este
error vicio, como expresa Brebbia, se configura al formarse la voluntad del agente, perturbando el itervoluntatis,
en virtud de producir una inexacta representación de la realidad. En el otro supuesto, el error recae en la
declaración o bien, en la transmisión de la declaración a través de otra persona o medio. El sujeto, en este caso,
por distracción, por apresuramiento o inadvertencia, formula una declaración (o manifestación) de voluntad que
no quería realizar (13). O sea en un supuesto recae sobre el elemento interno (yerro propio sobre la intención que
lo lleva a una falsa representación de algunos de los supuestos del acto), por ejemplo, confundir el comodato
con la locación, creer que el bien que adquiere es una pintura auténtica y por eso paga el importe indicado. En el
otro supuesto recae sobre el elemento externo, también yerro propio, pero sobre la declaración, aquí no
confunde comodato con locación, sino que se dice comodato en lugar de locación, o sabe que la pintura que
adquiere es una copia, pero por apresuramiento paga el importe como si se tratara de un original. Ambos
elementos de la voluntad integran el acto, y el error como vicio de esa voluntad integral puede recaer sobre uno
u otro y se configuran de manera distinta.
El art. 270 expresamente dispone que los artículos anteriores son aplicables al error en la declaración de
voluntad y en su transmisión. Descartado el error de cálculo (art. 268), que no da lugar a la nulidad, sino
solamente a su rectificación, el error en la declaración puede recaer sobre cualquiera de los supuestos previstos
en el art. 267 y debe reunir los requisitos de ser: esencial y reconocible por el destinatario de la declaración en
los actos bilaterales o unilaterales recepticios. El error en la declaración puede provenir del sujeto que celebra el
acto o de quien transmite la declaración. El Proyecto de 1993, art. 632 (PEN) establecía que el error puede
provenir del sujeto que celebra el acto o de la inexacta transmisión de ella hecha por intermediario, y el
Proyecto de 1998, art. 319, que puede provenir del sujeto que celebra el acto o de la inexacta transmisión de ella
hecha por el nuncio. Ahora el art. 270 no distingue, por lo que el error en la declaración entendemos que puede
provenir del sujeto que celebra el acto, de un intermediario o de nuncio.
En cuanto a los efectos, el art. 270 expresa que se aplican las disposiciones anteriores, referidas al error
esencial, por lo tanto se aplica lo dispuesto en el art. 265, o sea, es causal de nulidad en los mismos términos que
para el error que vicia el elemento interno de la voluntad.
IV. CONCLUSIONES
Entre las diferencias más relevantes entre el error de hecho legislado en el Código Civil derogado y el
Código Civil y Comercial, se pueden señalar las siguientes: 1. Un cambio sustancial en uno de los requisitos
para invocar la nulidad del acto, esto es: el error de hecho debe ser esencial y en los actos bilaterales y
unilaterales recepticios ser reconocible por el destinatario de la declaración. 2. Se contempla el error en los
motivos personales relevantes que hayan sido incorporados expresa o tácitamente (error en la causa final en
sentido subjetivo). 3. El error de cálculo no es motivo de nulidad, sino de rectificación. 4. Se mantiene la
subsistencia del acto si la parte afectada por el error ofrece ejecutarlo con las modalidades y el contenido que la
otra parte —la que incurre en error— entendió celebrarlo. 5. Se incorpora el error en la declaración de voluntad
y en su transmisión.
V. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Benavente, María I., en Lorenzetti, Ricardo L. (dir.), "Código Civil y Comercial de la Nación. Comentado",
t. II, arts. 257 a 445, Ed. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015.
Brebbia, Roberto H., "Hechos y actos jurídicos. Comentario de los artículos 896 a 943 del Código Civil.
Doctrina y jurisprudencia", t. I, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1979.
Bueres, Alberto J. (dir.) y Highton, Elena I. (coord.), "Código Civil y normas complementarias. Análisis
doctrinal y jurisprudencial", t. 2-B, 3ª reimp., Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2008.
Cifuentes, Santos, "Elementos del derecho civil. Parte general", 4ª ed. actualizada y ampliada, Ed. Astrea,
Buenos Aires, 1995.
"Fundamentos del Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación", en "Código Civil y Comercial

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de la Nación", Ed. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2012.


Llambías, Jorge J., "Tratado de derecho civil. Parte general", t. II, Ed. Perrot, Buenos Aires, 1967.
Prieto Molinero, Ramiro, en Rivera, Julio César; Medina, Graciela (dirs.) y Esper, Mariano (coord.),
"Código Civil y Comercial de la Nación comentado", t. I, , Ed. La Ley, Buenos Aires, 2014.
(1) "Fundamentos del Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación", en "Código Civil y
Comercial de la Nación", Ed. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2012, p. 538.
(2) "Fundamentos...", cit., p. 539.
(3) Conf. Brebbia, Roberto H., "Hechos y actos jurídicos. Comentario de los artículos 896 a 943 del Código
Civil. Doctrina y jurisprudencia", t. I, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1979, p. 280.
(4) Bueres, Alberto J. (dir.) y Highton, Elena I. (coord.), "Código Civil y normas complementarias. Análisis
doctrinal y jurisprudencial", t. 2-B, 3ª. reimp., Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2008, ps. 483 y 484, citando a
Barbero y Freitas.
(5) Llambías, Jorge J., Tratado de derecho civil. Parte general, t. II, Ed. Perrot, Buenos Aires, 1967, p. 452.
(6) Bueres, Alberto J. (dir.) y Highton, Elena I. (coord.), "Código Civil...", cit., t. 2-B, p. 491.
(7) "Fundamentos...", cit., p. 539.
(8) Prieto Molinero, Ramiro, en Rivera, Julio César; Medina, Graciela (dirs.) y Esper, Mariano (coord.),
"Código Civil y Comercial de la Nación comentado", t. I, La Ley, Buenos Aires, 2014, ps. 613/614.
(9) En este sentido, Salas entiende que, aunque el error sea inexcusable, se lo debe equiparar al excusable
cuando fue conocido por la otra parte, ya que lo contrario importaría amparar la mala fe. También fue tratado en
las Primeras Jornadas de Derecho Civil en Santa Fe (1963), donde se suscribieron tres despachos, el de la
segunda minoría propuso que el error debía ser esencial y cognoscible para ser causa de anulación del acto,
conforme lo establece el Código Civil italiano. En cuanto a proyectos, el Anteproyecto de Bibiloni propuso
sustituir el art. 929, estableciendo que si el error prevenía de la propia culpa de la parte que lo invoca, estaba
obligado a indemnizar a la otra parte el daño que ha sufrido por haber creído en la validez de la declaración... La
obligación de indemnizar no existe cuando la persona perjudicada conocía o debía conocer el error.
(10) Cifuentes, Santos, "Elementos del derecho civil. Parte general", 4ª ed. actualizada y ampliada, Ed.
Astrea, Buenos Aires, 1995, p. 344.
(11) En la nota al art. 925 del Código Civil, si bien Vélez Sarsfield, citando a Savigny, se inclina por un
criterio amplio al expresar que "la generalidad del principio es indudable", a renglón seguido manifiesta que "la
persona del comprador o vendedor es indiferente, pero otra cosa puede ser a causa del derecho de evicción que
compete al comprador, o de su insolvencia. En materia de préstamo, la persona del deudor tiene la mayor
importancia; la del acreedor menos. En la locación, no es tampoco indiferente la persona del locatario...". Estos
ejemplos permitieron interpretar que si bien el Código Civil adoptó un criterio amplio, como se establece en el
art. 925, hay que distinguir, según el acto, si la identidad o cualidades de la persona resultan relevantes o no.
(12) Benavente, María I., en Lorenzetti, Ricardo L. (dir.), "Código Civil y Comercial de la Nación.
Comentado", t. II, arts. 257 a 445, Ed. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015, entiende que los supuestos previstos
en el art. 267 no son de carácter taxativos, p. 53
(13) Brebbia, Roberto H., "Hechos y actos...", cit., p. 290.

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