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II.

El proceso de
evaluación psicológica
Psicodiagnóstico
Lic. María de Jesús Pérez Martínez
2.1 La evaluación como proceso
Para Maloney y Ward (1976) el proceso de evaluación psicológica se inspira en un proceso hipotético-
deductivo de solución de problemas y pasa por tres etapas básicas:
1. Identificación del problema.
2. Recogida de datos.
3. Interpretación de la información.
Al igual que la investigación, la evaluación sigue un proceso o secuencia de actividades encaminadas a
ampliar los conocimientos respecto al sujeto evaluado, que pasa por estas etapas (recordar los dos
modelos vistos en el tema anterior):
a) Formulación del problema,
b) recogida de datos,
c) elaboración y análisis de los mismos,
d) interpretación de los resultados, y
e) comunicación de los mismos (Amau, 1978b).
2.2 Recogida de información inicial
2.2.1 Especificar la demanda y fijar objetivos sobre el caso
Motivo de la consulta.
Por qué se solicita la evaluación.
Qué se desea conseguir de ella.
Cuál es la demanda concreta en términos de diagnóstico, orientación, selección o
tratamiento y cambio.
Y, en su caso, cuáles son los comportamientos que, inicialmente, van a constituir el
objeto de análisis en ese caso concreto.
Técnicas para obtener la información: la entrevista al cliente y/o sujeto y sus
allegados, o a través de otros procedimientos generales de evaluación.
Dos cuestiones éticas han de ser contempladas tras la especificación de la demanda:
Si se trata de una demanda lícita.
Si el psicólogo está capacitado para abordar la demanda y cumplir los objetivos.
Si procederá con la evaluación el sujeto ha de ser informado por el evaluador de los
siguientes extremos:
Que va a ser administrada una serie de técnicas, tests y otros instrumentos
psicológicos, para lo cual solicita su conformidad.
Que todos ellos requerirán de su colaboración.
Que toda la información que se obtenga se mantendrá en la misma estricta
confidencialidad.
Si todo ello es aceptado por el cliente y/o sujeto (en caso negativo, el evaluador
deberá renunciar o replantear la evaluación), el evaluador deberá establecer un
acuerdo formal con el cliente/ sujeto en el que especificará las mutuas obligaciones
(confidencialidad, colaboración mutua, conformidad por parte del sujeto) y describirá
al cliente/sujeto en qué va a consistir su trabajo evaluativo y, en su caso, interventivo
(diagnóstico, orientación, selección y tratamiento).
2.2.2 Especificar las condiciones históricas y actuales potencialmente relevantes al caso
Puede resultar necesario indagar en aquellos aspectos ambientales y personales que forman parte de la
historia del sujeto, cuyo interés va a depender tanto de la demanda como de su edad y otras condiciones del
caso.
Una pesquisa inicial podrá mantener la siguiente guía:
Hábitat (dónde vive, circunstancias personales).
Condiciones familiares, sociales y económicas.
Eventos vitales actuales.
Ocupación.
Ocio y tiempo libre.
Estilos de vida.
Estado físico y de salud.
Valores.
Otras condiciones potencialmente relevantes al caso.
2.3 Formulación de hipótesis
2.3.1 Formulación de hipótesis
En este momento del proceso serán esenciales dos aspectos: 1) la fiabilidad y validez
de los datos recogidos sobre el sujeto y sus circunstancias y 2) la amplitud de los
conocimientos que el evaluador tenga sobre las funciones psicológicas, las
covariaciones bien establecidas entre clases de respuesta, los fundamentos
fisiológicos y neurológicos de la conducta, las variables ambientales que mantienen o
controlan la conducta anormal y un largo etcétera.
Cuatro son los tipos de supuestos que pueden ser formulados:
1. Supuestos de cuantificación. Mediante este tipo de supuestos se trata de
comprobar que un determinado fenómeno objeto de estudio se da y en qué
medida aparece según unos ciertos parámetros. Por ejemplo, las quejas del
sujeto sobre que llora, tiene pensamientos de suicidio, presenta taquicardia,
etc., ¿se dan en realidad? y ¿en qué extensión o cantidad concreta lo hacen
según una serie de parámetros (frecuencia, duración, etc.)?
2. Supuestos de semejanza. Este tipo de supuestos se refieren a la suposición de que
el sujeto presenta los criterios establecidos para situarlo en una categoría (o
entidad nosológica) dentro de un determinado sistema de clasificación.
Denominamos a estos supuestos de «semejanza», porque pretendemos averiguar
si el sujeto presenta una serie de conductas semejantes a las de otros,
previamente clasificados. Así, por ejemplo, este sujeto cumple los criterios de la
«depresión mayor», lo cual implica que se observa en él una serie de conductas o,
en otros términos, que actúa de forma semejante a los sujetos que han sido
diagnosticados con esa etiqueta.
3. Supuestos de asociación predictiva. La psicología se ha dedicado al estudio de las
relaciones entre variables psicológicas y entre éstas y otros eventos externos (por
ejemplo, entre rendimiento académico e inteligencia, entre éxito en los estudios y
preferencias vocacionales o entre hacinamiento y conducta desviada). Así, a partir
de consolidadas relaciones se puede hipotetizar la medida en la cual, en nuestro
caso, las conductas objeto de estudio se dan asociadas a otras, lo que nos permite
establecer predicciones apoyadas en asociaciones contrastadas empíricamente.
Por ejemplo, que la falta de rendimiento escolar de un niño está asociada a
comportamientos hiperactivos o que el sujeto presenta una serie de aptitudes
que le capacitan para estudiar ingeniería.
En definitiva, la relación entre el tipo de supuestos y los objetivos de evaluación es la
siguiente:
Cuando se pretenda realizar un diagnóstico, tan sólo será necesario establecer
supuestos de cuantificación y semejanza.
Cuando los objetivos sean de orientación o selección, tendrán que ser formulados
supuestos de cuantificación y asociación predictiva.
Cuando el objetivo sea el de cambio comportamental, tendremos que formular
hipótesis de relación funcional o causal que verificaremos mediante pruebas
observacionales o correlacionales en esta fase del proceso y que, en una segunda
fase, si ello es requerido, podrán serlo experimentalmente.
2.3.2 Deducción de enunciados verificables
Se requiere especificar las variables involucradas mediante los instrumentos con los
que van a ser estudiadas o medidas. Por tanto, la deducción de enunciados
verificables permitirá establecer conclusiones contrastables, lo cual conlleva que las
hipótesis (y las variables que contienen) estén debidamente operacionalizadas según
los instrumentos de evaluación a aplicar. Ello conlleva dos pasos:
Realizar el listado de las variables implicadas.
Seleccionar los tests y técnicas concretas (utilizando los criterios psicométricos
pertinentes para su selección) con los que se van a evaluar, así como el
procedimiento a seguir en la evaluación.
Las respuestas tentativas a los cuestionamientos sobre el caso serán adoptadas en
forma de supuestos —de cuantificación, de clasificación, de asociación predictiva y de
asociación funcional— que habrán de ser verificados durante el proceso descriptivo-
predictivo. En definitiva, la lógica del método científico nos lleva a realizar una
afirmación:
Si la hipótesis es verdadera, entonces [...] el sujeto obtendrá una determinada
puntuación en la variable X medida por el instrumento Y mediante el procedimiento
Z.
Una última condición muy deseable que debe cumplir la operacionalización de las
variables y, por tanto, la deducción de enunciados verificables es que cada una de las
variables esté operacionalizada con más de un instrumento con el fin de conseguir la
debida triangulación de cada una de ellas (Cook, 1985).
Esta sucesión de pasos queda reflejada en el PAC (Plan de Análisis Conductual;
Fernández-Ballesteros, 1994) como recurso didáctico a la hora de planificar la
evaluación. El PAC es un procedimiento didáctico que ayuda a organizar y presentar
ordenadamente las variables de cada una de las hipótesis formuladas y la deducción
de enunciados verificables mediante la elección de las técnicas e instrumentos con
los que puede ser evaluada cada una de esas variables.
En el que se organizan las potenciales variables relevantes en la evaluación de una conducta
problemática (Fernández-Ballesteros y Staats, 1992; Staats, 1997):
a) Selección de las variables consideradas conducta/s problema y de los instrumentos o
técnicas de evaluación con las que puedan ser evaluadas (C).
b) Selección de las variables personales (repertorios básicos de conducta o RBC) que
podrían estar funcionalmente relacionadas con el problema, así como de los
correspondientes instrumentos de evaluación.
c) Selección de las potenciales variables ambientales —y de las técnicas de evaluación
para su operacionalización— que, en el pasado (E1), podrían haber determinado (o
influido en) el problema y que, en la actualidad (E2), podrían estar controlándolo y/o
manteniéndolo.
d) Selección (en su caso) de las variables biológicas del organismo —y de los exámenes
biológicos pertinentes para su medida realizados por los especialistas
correspondientes— que en el pasado (01) o en el presente (02 y 03) puedan estar
funcionalmente asociadas a las conductas problema.
2.3.1 Diagnóstico diferencial
2.4 Contrastación de hipótesis
Tres son las subfases que se integran en la fase de contrastación del proceso
descriptivo-predictivo de evaluación:
1) preparación y planificación de los instrumentos a utilizar;
2) administración de los tests y técnicas seleccionados a través de los
procedimientos establecidos, y
3) el análisis de los resultados en orden a la comprobación de las hipótesis.
Las técnicas escogidas habrán de ser aplicadas a través de la metodología prevista,
específica al caso, pero para algunos de los tests habrán de cumplirse rigurosamente
las condiciones estándar que aparecen en los manuales correspondientes.
En todo ello influirán decisivamente los conocimientos, habilidades y experiencia del
evaluador respecto a esos instrumentos. Posteriormente, una vez realizada la
aplicación y comprobada la calidad de los datos obtenidos, éstos habrán de ser
debidamente ponderados y, en algunos casos, convertidos en puntuaciones
normalizadas.
El análisis del conjunto de los datos procedentes de los distintos instrumentos
aplicados, tanto a niveles cualitativos como cuantitativos, permitirá comprobar si los
supuestos han sido contrastados o no. Conviene resaltar que en este análisis se
realizará un examen pormenorizado de las relaciones entre los distintos métodos y
fuentes de información de cada una de las variables examinadas.
Como en todo proceso científico, en el caso de no contrastación habrá de volverse a
la fase 2 y reformular las hipótesis en virtud de los nuevos conocimientos sobre el
caso. Cuando las hipótesis han sido contrastadas, los resultados habrán de ser
examinados en sus repercusiones sobre los objetivos, tanto científicos como
aplicados, del caso que nos ocupa.
2.4.1 Selección de los instrumentos y
triangulación de datos
En cada momento del proceso de evaluación (tanto descriptivo-predictivo como
interventivo-valorativo) los instrumentos y tests (como herramientas que son de
recogida de información de las variables implicadas en el caso) han de ser
seleccionados eficientemente, en virtud de su amplitud para recoger información
relevante en momentos concretos del proceso.
Existen métodos e instrumentos de amplio espectro que habrán de ser utilizados en
las primeras etapas del proceso, mientras que otros se dirigen a evaluar unos aspectos
muy específicos del funcionamiento psicológico, y habrá que utilizarlos más adelante
o, incluso, a la hora de valorar la intervención aplicada.
Dos son los parámetros fundamentales manejados a la hora de encajar,
jerárquicamente, las técnicas de evaluación:
el costo que supone un determinado procedimiento de medida y
su nivel de amplitud/especificidad.
Amplitud / Especificidad
Bajo coste / Alto coste

1.er nivel 2.o nivel 3.er nivel

• Técnicas de amplio espectro: • Generales: • Observación sistemática


• Entrevista • Autorregistros • Registros fisiológicos
• Autobiografía • Observación sistemática
• Listados de conductas • Pruebas estandarizadas de
• Escalas de apreciación ejecución
• Observación asistemática, • Tests estandarizados de
etc. personalidad
• Específicas:
• Cuestionarios o escalas de
autoevaluación
• Escalas de apreciación de
otros
Test vs Técnicas (instrumentos)
Los tests son procedimientos de medida cuyo material, forma de administración,
puntuación, corrección y valoración son estándares y de ellos se derivan
puntuaciones normativas.
Las técnicas no cumplen con esas características. Pueden ser estándares, en el
sentido de contar con un material, forma de administración y corrección
homologados, o pueden adoptar una forma flexible, en la que ni el material, ni la
administración ni la escala de puntuación estén tipificados.
Existen técnicas cualitativas en las que no se dan formas de puntuación
preestablecidas y que permiten formas subjetivas (del evaluador) de valoración.
También se utilizan medidas simples o moleculares que son registradas mediante
instrumentos o técnicas.
Puntuaciones utilizadas
Escalas de medida
Nominal
Ordinal
De intervalo
De razón
Puntuaciones directas y referidas a criterios y a normas
Puntuación directa: cuantificar una variable, sirve poco si no se le compara con algo.
Las puntuaciones que proceden de tests o técnicas de evaluación referidos al criterio son aquellas
deliberadamente construidas para producir mediciones directamente interpretables en términos de un
estándar de ejecución o conocimiento bien definido y especificado de antemano.
Una puntuación se halla referida a una norma cuando el marco de referencia con el que se compara
para que obtenga significado es un grupo, es decir, se obtiene la posición relativa del sujeto evaluado
con respecto a un grupo normativo de referencia.
Garantías de los tests y otras técnicas de evaluación
Fiabilidad
El coeficiente de correlación entre una forma experimental de un test y una forma hipotéticamente
equivalente... (Spearman, 1927).
Un test será más fiable cuanto mayor sea la proporción de variabilidad de las puntuaciones
recogidas que se deba a la variabilidad de las puntuaciones verdaderas, y menor, la que se deba a
la del error.
De modo general, podemos decir que existen tres tipos de evidencias de fiabilidad:
1. Relacionadas con la estabilidad temporal de la medida, es decir, con la
posibilidad de que medidas hechas en momentos distintos sean iguales.
2. Con la consistencia interna u homogeneidad de la prueba; es decir, en aquellos
tests que se componen de un agregado o conjunto de elementos los ítems o
reactivos que componen una prueba deben ser equivalentes.
3. Con la objetividad del registro, en el sentido de que diferentes evaluadores
(observadores, entrevistadores, puntuadores, etc.) obtengan semejantes
resultados.
Validez
En un sentido muy general, un instrumento de medición es válido si hace aquello para lo
que fue concebido; la validez de una prueba concierne a lo que ésta mide, su eficacia y lo
que podemos inferir de los puntajes obtenidos en la prueba. Una prueba puede ser
confiable sin ser válida. Hay tres tipos:
La validez de constructo es la extensión en la cual la prueba dice medir un constructo o rasgo teórico y
requiere la acumulación gradual de información de diferentes fuentes.
La validez referida al criterio o predictiva es aquella que se utiliza para estimar a futuro una conducta, a
la que se llama criterio; una vez determinado el criterio, se elaboran los reactivos que estarán
correlacionados con él. Para obtener el valor de la validez del criterio, se correlacionan los puntajes de la
prueba con los puntajes de la variable criterio.
La validez de contenido es la representatividad o adecuación muestral del contenido del instrumento de
medición, es decir, es una clara descripción del dominio de conductas de interés (Linehan, 1980).
La triangulación consiste en la "combinación de métodos, estrategias y recogida de
datos para el estudio de un mismo fenómeno, por medio de los cuales se obtienen
datos de naturaleza variada, que facilitan y objetivizan por su convergencia el
abordaje evaluativo de dicho fenómeno" (Sánchez y Anguera, 1987, p. 311).
La estrategia de los multiinformantes en evaluación permite hacer acopio de datos de
diferente procedencia, características y nivel en relación al estudio de un mismo
fenómeno. La recogida de datos desde distintos ángulos para su comparación y
contrastación recibe el nombre de triangulación (Denzin, 1970).
Existen diferentes modalidades de triangulación (Anguera, 1986a, p. 36):
a) De datos (incluyendo tiempo, espacio y persona).
b) De investigador/evaluador (cuando se utilizan varios en la misma
investigación/evaluación).
c) Teórica (utilización de distintas perspectivas enfocadas a un mismo objetivo).
d) Metodológica, en un sentido amplio que incluye métodos y técnicas de
evaluación distintas.
La tendencia a verificar las propias hipótesis y no a falsarias quiere decir que
inconscientemente se propende a escamotear la verdadera puesta a prueba de las
hipótesis, en aras de la reafirmación del profesional.
Uno de los efectos inmediatos de este fenómeno es el de recoger información
redundante (coincidente con la hipótesis formulada) e ignorar (o infravalorar) la que
resulte discordante con ella (Godoy, 1994).
2.4.2 Integración interpretativa
La información de toda índole (cuantitativa y cualitativa) recogida en las fases iniciales
del proceso evaluador necesita ser analizada, valorada, en su caso tabulada,
comprobada su calidad, ponderada, sintetizada e interpretada oportunamente. El
proceso de interpretación de la información es paralelo al de integración y
sistematización de la misma, siempre en función de los objetivos de la evaluación.
Todo ello en orden a la clarificación del problema objeto de estudio y a la
consiguiente comprobación de las hipótesis. Si éstas son contrastadas, el proceso
avanza, mientras que si no lo son, entonces se hace preciso reiniciarlo, retrocediendo
a la fase de formulación de nuevas hipótesis.
Establecer inferencias es no sólo aceptable sino necesario. Lo decisivo en este punto será
determinar cuándo y cuáles, o sea, que las inferencias sean debidamente controladas.
En la actualidad se propugna el multimetodismo, es decir, el empleo de distintas vías
metódicas para la contrastación de hipótesis (experimental, correlacional, observacional ... )
(Femández-Ballesteros, 1994).
La interpretación que se haga de las informaciones recogidas depende del modo como sean
considerados los datos. Estos pueden ser:
a) signos o variables subyacentes intrapsíquicas,
b) correlatos o predictores de otros comportamientos que nada tienen que ver con lo
que objetivamente se registra en la situación de test, y
c) muestras de lo que el individuo es capaz de realizar en una determinada situación
(Fernández-Ballesteros, 1983, vol. 1, p. 266).
Las inferencias a realizar, que idealmente conviene que sean del nivel más bajo se
asocian a la naturaleza de los diferentes datos y a los marcos teóricos de referencia.
Lo que dicen los datos depende siempre de las teorías a las que se recurre para
interpretarlos, pues "se necesitan conceptos para pensar los datos" (lbáñez, 1992, p.
19).
Cuanto de mayor nivel sean las inferencias realizadas, mayor riesgo se corre de que
nos alejen de los datos, de la objetividad y el necesario rigor en el manejo de los
mismos.
La regla ideal a seguir podría ser apoyarse en datos objetivos fiables y limitarse a
realizar las mínimas y bien controladas inferencias posibles.
La información disponible ha de ser relevante, suficiente, y válida (Foms, 1985). Pinillos
(1980) añade que significativa y consistente, si bien depende siempre de la
interpretación que se haga de los datos.
Durante el proceso evaluador, por necesidades científicas, se tiende a descomponer
analíticamente el conocimiento, en la ya avanzada subfase de interpretación de la
información y - con mayor razón – en la que sigue de formulación del juicio
diagnóstico, se hace imprescindible elaborarla e integrarla. La interpretación encierra
en sí una intención reconstruidora del sentido global y totalizador de la realidad objeto
de estudio.
2.4.3 Juicio diagnóstico
El juicio diagnóstico hay que elaborarlo a partir del conjunto de datos acumulados
hasta esta fase del proceso evaluador y por sí mismo exige emitir una formulación de
carácter sintético y valorativo.
El juicio diagnóstico ha de caracterizarse por ser:
a) eminentemente descriptivo,
b) integrador de todos los datos relevantes recogidos,
c) que apunte a la intervención,
d) que especifique aspectos etiológicos, en lo posible, así como de
funcionamiento adaptativo y referencias a los estresores situacionales,
e) predictivo en aspectos susceptibles de seguimiento y contrastación,
f) relacionado estrechamente con los objetivos (Avila, 1986).
Respecto al proceso cognitivo que conduce a la formulación del juicio diagnóstico,
cabe recoger algunas advenencias que nos parecen de interés (Silva, 1988):
1) Se tiende a hacer mejor uso de la información positiva (presencia de algo) que
de la negativa (su ausencia).
2) Se tiende a hacer mejor uso de la información que confirma hipótesis que de la
que las contradice.
3) Se tiende a sobreestimar el valor diagnóstico de la primera información (efecto
de primacía) y de la última (efecto de recencia).
4) Se tiende a sobreestimar la probabilidad de unas pocas hipótesis que tenemos
más a mano, frente a otras alternativas hipotéticas (p. 46).
La seguridad excesiva en la emisión del juicio diagnóstico introduce a su vez un sesgo,
en tanto que con ello se viene a olvidar que toda conclusión es probabilística, por lo
que incluye en sí un cierto grado de incertidumbre (Silva, 1982).
Considerando la tendencia actual al trabajo del profesional integrado en un equipo -
preferentemente multidisciplinar - el juicio diagnóstico elaborado por un conjunto de
jueces puede mejorar su capacidad predictiva, atenuándose de este modo las
fluctuaciones idiosincrásicas de cada uno de ellos por separado (Vizcarro, 1987).
2.5 Resultados y programación de la
intervención
Es una fase de síntesis y elaboración de resultados, en la que se impone integrar la
información contrastada y sistematizar las conclusiones. Estas elaboraciones
conclusivas tendrán su reflejo en el informe psicológico.
Tarea: marcar la indicación del tratamiento (intervención) o decisiones de acción al
efecto, así como planificar la manera de llevar adelante el tratamiento (intervención).
2.5.1 Elaboración del informe
diagnóstico
Criterios importantes que deben cumplir los informes:
1. Neutralidad (no implicación emocional, de intereses ... ).
2. Objetividad (alejamiento de toda parcialidad y subjetivismo).
3. Rigor metodológico e interpretativo.
4. Constructividad y utilidad.
5. Garantías científicas (contrastabilidad, fiabilidad, validez, exactitud).
6. Garantías ético-deontológicas (profesionalidad, protección de la intimidad,
confidencialidad ... ).
En el informe se intentará responder a estas preguntas esenciales (Fernández-
Ballesteros, 1994):
1. ¿Qué va mal? Los problemas Gerarquizados) que han sido detectados durante
la evaluación.
2. ¿Por qué ocurre? Explicación racional de los problemas evaluados.
3. ¿ Cómo se va a resolver? Las salidas terapéuticas o de otro tipo que se apuntan
para los problemas evaluados.
Explicación de formato…
2.5.1 Indicación y planificación de la
forma de intervención
El término tratamiento, tal como es empleado en un esquema del proceso de
evaluación psicológica que pretende ser de aplicación general, puede ser extensivo a
otras formas de intervencíón psicológica ( orientación, selección, promoción ... ),
además del tratamiento propiamente dicho, donde –en definitiva - se apliquen las
conclusiones extraídas del proceso diagnóstico/evaluador.
En algunas ocasiones el evaluador establece determinadas predicciones acerca del
curso que previsiblemente (se trata de un juicio de probabilidad) seguirá el desarrollo
del sujeto evaluado, los problemas que sufre, etc. Esta formulación se realizará
atendiendo a las circunstancias, entre las que se cuentan la gravedad del problema,
las posibilidades de modificación y recursos para llevarlo a la práctica, la capacidad de
reacción del individuo, etc. (Foms, 1985).
Las metas del tratamiento (intervención) no sólo y necesariamente son de
eliminación de conductas problemas, sino que pueden y deben ampliarse incluyendo
componentes constructivos, o lo que es lo mismo, que doten al individuo de los
recursos necesarios que le permitan cambiar en una dirección que le resulte
favorable
La inexistencia de psicoterapias inespecíficas eficaces exige adoptar un enfoque
individualizado (idiográfico) que obliga en cada caso a dar respuesta satisfactoria a la
pregunta: ¿Qué tratamiento específico es eficaz con un tipo concreto de cliente y bajo
qué circunstancias? (Paul, 1967, citado en Barlow y Hersen, 1988, p. 34).
Tabla de tratamientos del APA
Planificación del tratamiento.
Según FernándezBallesteros y Carrobles (1981b) se plantean entonces lós objetivos
principales siguientes:
1) Formulación de las metas terapéuticas a alcanzar mediante el tratamiento. Estas han de ser
realistas y escalonadas.
2) Selección del oportuno programa de intervención terapéutica. Este se efectúa en función de las
conductas a modificar detectadas en la evaluación y las variables que las controlan, así como
otros factores: variables relacionadas con el sujeto evaluado, el evaluador/terapeuta y el medio
físico y social donde se realizará la terapia.
3) Evaluación y control de las posibles variables contaminadoras del tratamiento, procedentes del
evaluador, del sujeto evaluado, de la situación, etc.
4) Aplicación propiamente dicha del tratamiento, lo que conlleva la elección del diseño adecuado
para la obtención de datos que no estén contaminados, la preparación del sujeto a tratar, etc.
Para la adecuada secuenciación en la elección de las conductas objetivo se han
propuesto (Godoy, 1991) las pautas siguientes:
Debe empezarse por cambiar
a) los comportamientos que sean física, social o económicamente peligrosos para el paciente
o para quienes le rodean; se seguirá con
b) los comportamientos aversivos; después con
c) los que mejoren su nivel de bienestar y
d) los que, en general, supongan implantar nuevas conductas positivas.
La planificación es una tarea que se sitúa secuencialmente entre el nivel de
generalidad que marca la estrategia (el ¿qué? tratar u objetivos generales del
tratamiento) y el de concreción que marca la programación (el ¿cuándo? tratar u
objetivos operativos del tratamiento), marcando por sí misma la planificación sobre
todo el ¿cómo? u objetivos específicos a cubrir con el tratamiento.
2.6 La evaluación como proceso de
toma de decisiones
Proceso de evaluación: estructura básica y pasos a seguir según las GAP