Está en la página 1de 4

1

Residencia de traducción - Traductorado en francés

Solicitante: Traductología (Traductorado en alemán)


Institución: IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”
Residente: Susana Rut Spivak
Texto: Johan Heilbron y Gisèle Sapiro, “La traduction littéraire, un objet sociologique”,
Actes de la Recherche en Sciences Sociales, N°144, septiembre de 2002, pp. 80-98.

- 2006 -

Johan Heilbron y Gisèle Sapiro

La traducción literaria, un objeto sociológico

El análisis de las prácticas de traducción permite plantear un conjunto de


cuestiones que atañen al funcionamiento de los campos de producción cultural y a los
intercambios transnacionales, que sólo son tratados hoy en día bajo el concepto
general de “globalización” o de “mundialización”. El proceso de unificación de un
mercado mundial de bienes simbólicos no debería ocultar el hecho de que lo
precedieron otras formas de circulación internacional de esos bienes o intercambios
culturales, que continúan estructurando un espacio de relaciones más o menos
pautado. Además, este proceso de unificación encuentra formas de resistencia que
hay que poder interpretar.
Tomar las prácticas de traducción literaria como objeto exige una doble ruptura:
con la aproximación hermenéutica del texto y sus transmutaciones, y con el análisis
puramente económico de los intercambios transnacionales y de las transferencias
culturales.
Dentro de la problemática hermenéutica, que es el origen de varias
aproximaciones literarias y filosóficas de la traducción, la producción de
traducciones procede, al igual que la interpretación, de un “movimiento
hermenéutico”1 que tiene como fin el acceso al “sentido” del texto y a su unicidad.
La descripción del acto hermenéutico se caracteriza, por ejemplo, en la filosofía de
Hans Georg Gadamer,2 por poner entre paréntesis las condiciones sociales en las que
es posible este “arte de comprender” y por la universalización implícita de una
postura erudita que equivale a saltear la pluralidad de los agentes implicados, así
como también las funciones efectivas que pueden ejercer las traducciones para el
traductor, para diversos mediadores y para el público en sus espacios de recepción
históricos y sociales.
1
George Steiner, After Babel: Aspects of Language and Translation, Oxford, Oxford University Press, 1975 (en
especial pp. 296-303). El análisis hermenéutico que propone Steiner en su ensayo y que se opone a los enfoques
de los lingüistas centrados alrededor de la noción de equivalencia de las lenguas, se remonta a Herder,
Schleiermacher y los románticos alemanes. Para los textos históricos más importantes sobre la traducción (desde
Herodoto y Cicerón hasta Matthew Arnold y Nietzsche), ver la antología de Douglas Robinson (ed.), Western
Translation Theory, Manchester, St. Jerome Publishing, 1997.
2
Hans Georg Gadamer, Vérité et méthode. Les grandes lignes d’une herméneutique Philosophique, París, Seuil,
1976 (primera edición alemana, 1960).
2

Socialmente más poderoso que la visión hermenéutica pero mucho menos


difundido en los estudios de traducción, el enfoque económico realiza una reducción
en cierto modo inversa. En contraste con la obsesión de la singularidad textual, el
enfoque económico identifica los libros traducidos como mercancías producidas y
consumidas según la lógica del mercado y que circulan según las leyes del comercio
nacional e internacional. Sin embargo, ver en el libro traducido una mercancía como
cualquier otra oculta la especificidad de los bienes culturales, así como las
modalidades propias de su producción y valorización. El mercado de bienes
simbólicos tiene criterios de jerarquización y una economía que le son propias. 3 Si la
fabricación de best-sellers mundiales ilustra la lógica de la rentabilidad a corto plazo,
una buena parte del proceso de importación de literatura extranjera responde a la
lógica de producción restringida que se proyecta a largo plazo y que pretende
constituir un fondo, como lo demuestran los modos de selección (a menudo basados
en criterios de valor literario más que en las posibilidades de éxito en el seno de un
gran público) y las tiradas limitadas. Lo mismo puede decirse de los actores de la
intermediación. Se comprueba así que, de modo general, el universo de los
traductores reproduce la estructura dualista de los campos de producción cultural: los
traductores literarios se distinguen en muchos aspectos, incluso en el aspecto
económico, del conjunto de traductores “técnicos” y profesionales, divergencia bien
ilustrada en el hecho de que estén organizados en dos asociaciones profesionales
distintas.4
En divergencia con estos dos enfoques limitadores y opuestos, la aproximación
propiamente sociológica toma como objeto el conjunto de relaciones pertinentes en
las que se producen y circulan las traducciones. Bajo esta perspectiva, se une a dos
enfoques vecinos desarrollados por comparatistas, historiadores de la literatura,
especialistas de áreas culturales y de historia intelectual: los Translation Studies y
los estudios de procesos de “transferencia cultural”.
El ámbito de investigación de los Translation Studies, que se ha ido
constituyendo desde 1970 en varios países pequeños, con frecuencia plurilingües
(Israel, Bélgica, Países Bajos), se ha vuelto, al menos en algunos lugares, una
especialidad en sí misma, con sus cátedras, su enseñanza, sus manuales y sus revistas
especializadas.5 Estos trabajos se apartan del enfoque adoptado: en vez de concebir
las traducciones sólo o principalmente en relación con un original, texto fuente o
lengua fuente y de inventariar de manera minuciosa las desviaciones cuya pertinencia

3
Pierre Bourdieu, “La production de la croyance : contribution à une économie des biens symboliques”, Actes de
la recherche en sciences sociales, Nº 13, 1977, pp. 3-43; “Une révolution conservatrice dans l’édition”, Actes de
la recherche en sciences sociales, Nº 126/127, “Édition, Éditeurs (1)”, marzo 1999, pp. 3-28.
4
Nathalie Heinich, “Les traducteurs littéraires: l’art et la profession”. Revue française de sociologie, 25, 1984,
pp. 264-280.
5
Los Translation Studies se consolidaron durante los años 1970 y 1980, en encuentros internacionales de
especialistas que se referían, con frecuencia, a los trabajos de los formalistas rusos y sus sucesores. Lo que
generalmente se describe como el “coloquio fundador” tuvo lugar en Lovaina en 1976, cf. James Homes, José
Lambert & André Lefevere (dir.), Literature and Translation: New Perspectives on Literary Studies, Universidad
Católica de Lovaina, 1978, seguido en especial por la fundación, en 1989, de la revista Target: Internacional
Journal of Translation Studies (publicado por John Benjamins Publishers), editado por Gideon Toury y José
Lambert. La etiqueta de Translation Studies, en lugar de “traductología” o “ciencia de la traducción”,
“Uebersetzungswissenschaft” fue propuesta en 1972 por James Holmes, traductor y poeta estadounidense, en la
Universidad de Ámsterdam. Para hacerse una idea de este campo de la investigación en busca de legitimidad
académica, ver, por ejemplo, la antología de Lawrence Venuti (dir.), The Translation Studies Reader, London,
Routledge, 2000; Mona Baker (dir.), Routledge Enciclopedia of Translation Studies, London, Routledge, 1998;
Edwin Gentzler, Contemporary Translation Theories, London, Routledge, 1993.
3

habrá que determinar después, los Translation Studies se han interesado cada vez
más en cuestiones que conciernen al funcionamiento de las traducciones en sus
contextos de producción y de recepción, es decir, dentro de la cultura meta.6
Esta misma cuestión de la relación entre los contextos de producción y de
recepción es la que sostiene las aproximaciones en términos de “transferencia
cultural”, que se interrogan, además, sobre los actores de estos intercambios,
instituciones e individuos, y acerca de su inscripción dentro de las relaciones
político-culturales entre los países estudiados.7 El desarrollo de los trabajos de
historia cultural comparada dio lugar a una reflexión y un debate acerca de la manera
adecuada de articular comparatismo y transferencias.8
En lugar de encerrarse dentro en una problemática puramente intertextual, sobre
la relación entre un original y su traducción, aparecieron cuestiones propiamente
sociológicas, acerca de las funciones y los desafíos de las traducciones, sus agencias
y sus agentes, y el espacio en el que se sitúan. Como transferencia cultural, la
traducción supone, en primer lugar, un espacio de relaciones internacionales,
constituido a partir de la existencia de los estados-nación y de los grupos lingüísticos
unidos entre sí por relaciones de competencia y rivalidad.9 Para comprender el acto
de traducir, entonces, habría que analizarlo como imbricado dentro de las relaciones
de fuerza entre los países y sus lenguas, y, por consiguiente, situarlo dentro de la
jerarquía internacional.10 El hecho de que la traducción de una novela polaca no
signifique lo mismo que la traducción de una novela inglesa o alemana recuerda que
el flujo de libros traducidos y su significación dependen, en primer lugar, de la
estructura del espacio transnacional, espacio jerarquizado con sus modos de
dominación, de los cuales se puede tener una idea, sin duda imperfecta, cuando
tienen lugar grandes ferias de libros, como la de Frankfurt.11
Este espacio internacional, que es un espacio social como cualquier otro, está
más o menos regido por tres lógicas principales: la de las relaciones políticas entre
los países, la del mercado internacional del libro y la de los intercambios culturales,
donde los intercambios literarios pueden gozar de una relativa autonomía.
El modo de circulación dependerá, en mayor o menor grado, de estas diferentes
lógicas, según la estructura del campo de producción cultural en el país de origen y
los modos de exportación que determinan en parte el circuito de transferencia. Así,
en los países en los que el campo económico está subordinado al campo político y en
los que las instancias de producción, así como la organización de los profesionales,
son estatales como en los países de Europa del este bajo los regímenes comunistas, la
circulación aparece en seguida sobrepolitizada, ya sea inserta en la esfera autorizada
o bien en el espacio de lo ilícito. En el polo opuesto, algunas transferencias pueden
parecer principalmente regidas por la lógica del mercado, lo que haría surgir, sin
6
La aproximación central, la de los Polysystem Studies, fue desarrollada por Itamar Even- Zohar y Gideon Toury
(Tel-Aviv), ver en particular Itamar Even-Zohar “Polysystem Studies”, Poetics Today, 11 (1) 1990, y Gideon
Toury, Descriptive Translation Studies and Beyond, Ámsterdam/Filadelfia , John Benjamins, 1995.
7
Ver especialmente Michel Espagne y Michel Werner, Philologiques, París, Editions de la MSH, 1990-1996, 3
volúmenes.
8
Cf. Christophe Charle, Les Intellectuels en Europe au XIX siècle. Essai d’historie comparée. París Le Seuil,
1996.
9
Cf. Johan Heilbron, “Towards a Sociology of Translation. Book Translations as a Cultural World System”,
European Journal of Social Theory, 2 (4), 1999, pp. 429-444.
10
Pascale Casanova, La République mondiale des lettres, París, Le Seuil, 1999.
11
Ver Gustavo Sorá, “Frankfort: la foire d’empoigne”, Liber, Nº 34, marzo 1998, pp. 2-3.
4

duda, un estudio de la importación de la literatura estadounidense hoy en día. Entre


estos dos extremos, se encuentra una serie de distribuciones posibles en las que el
peso relativo de estas dos lógicas varía.
Los intercambios se organizan a través de las instituciones y los actores que
corresponden a estas diferentes lógicas: por un lado, embajadas, instituciones
culturales, instituciones de traducción, revistas destinadas a presentar una literatura
nacional en el extranjero; por el otro, ferias internacionales, agentes literarios, casas
editoriales independientes. Pero más allá de estos especialistas de la intermediación,
los intercambios literarios dependen también de un conjunto de agentes específicos
del campo literario, autores, traductores, críticos, a los que el trabajo basado en
recursos lingüísticos y sociales propios procura beneficios materiales y simbólicos.
La aparición de un grupo de importadores y su especialización puede así favorecer la
traducción de la producción literaria de un país pequeño a una lengua central, como
lo ilustra el caso de la importación de la literatura hebrea en Francia.
La traducción de las literaturas extranjeras depende también de la estructura del
espacio de recepción, según que el mismo esté más o menos regido por la lógica de
mercado o por una lógica política, y debe ser relacionada con los principios de
funcionamiento de sus instancias: control de la impresión, estructura del campo
editorial, colecciones especializadas, política editorial de cada casa, espacio de
revistas y periódicos, modos de consagración (premios literarios, distinciones), etc.
La recepción estará en parte determinada por las representaciones de la cultura de
origen y del estatus (mayoritario o minoritario) de la lengua. Los modos diversos y a
veces contradictorios de apropiación de las obras traducidas dependen de lo que está
en juego en el campo intelectual de recepción. 12 De un modo más general, las
funciones de la traducción son múltiples: instrumento de mediación y de
intercambio, puede también desempeñar funciones políticas o económicas y
constituir un modo de legitimación, en el que tanto los autores como los mediadores
pueden ser los beneficiarios. La traducción a las lenguas centrales constituye una
consagración que modifica la posición de un autor en su campo de origen. Por el
contrario, es un modo de acumulación de capital literario para literaturas nacionales
en vía de constitución, como lo ilustra el caso de la literatura hebrea a principios de
siglo. Se encuentra esta doble función en el nivel de las instancias, casas editoriales o
revistas: si los editores que detentan un importante capital literario tienen un poder de
consagración de los autores que traducen, para una editorial desprovista de recursos
económicos y culturales en un comienzo, la traducción es un medio para acumular
capital simbólico. De la misma manera, en el nivel de los mediadores, los usos de la
traducción varían desde la consagración del autor traducido a la autoconsagración del
traductor.13

12
Ver, por ejemplo, Louis Pinto, Les néveux de Zaratoustra. La reception de Nietzsche en France. París, Seuil,
1995, e Isabelle Kalinowski, “Une historie de la réception de Hölderlin en France”, tesis de doctorado de la
Universidad de París XII, 1999.
13
Ver Isabelle Kalinowski, “Traduction n’est pas médiation”, Études de lettres (Lausana), 2, 2001, Número “Les
contextes de la littérature”, pp. 29-49.

También podría gustarte