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LECTURAS JUAN PIMENTEL

Serie Historia Moderna


Director FERNANDO BaUZA
El Rinoceronte y el Megaterio
UN ENSAYO
DE MORFOLOGÍA HISTÓRICA
~\JTJ~O
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producción GUADALUPE GISBERT

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ISBN 978-84-96775-67-1 "¡¡:
depósito legal M-5330-20IO
..."::E

preimpresión DALU8ERT fuLÉ


impresión UVEL LECTURAS DE HISTORIA
-
INTRODUCCiÓN
Analogía y ensayo

En el binomio fantástico las palabras no son tomadas en su signi-


ficado cotidiano, sino liberadas de las cadenas verbales de las que
forman parte cotidianamente. Son «extrañadas», lanzadas una
contra otra en un cielo jamás visto antes. Entonces se encuentran
en las mejores condiciones para generar una historia.

GIANNI RODARI, Gramática de la fantasía

Lo que sigue es un ensayo, es decir, tiene un carácter tentativo y


ligeramente provocador. Un poco a la manera en que los antiguos
experimentalistas ponían a prueba la naturaleza, sometiéndola a
condiciones extrañas con el solo propósito de ver qué ocurría,
esta propuesta se explica desde la curiosidad, aunque también,
para qué negarlo, obedece al deseo de jugar con las ideas y las for-
mas. Un ensayo es también un entretenimiento, una diversión.
Al menos éste pretende trabajar desde un lugar poco frecuentado
por los historiadores (o poco reconocido), el placer por descubrir
y contar historias, una sensación a la que la historiografía profe-
sionalle tiene poco respeto. Nuestro oficio, ya se sabe, es algo
serio. Como si el placer no lo fuera.
Por seguir a contracorriente, frente al papel de la memoria histó-
rica, aquí reivindicamos la imaginación en la confección del cono-
cimiento, lo que incluye el conocimiento histórico. Esta toma de
posición podría dar paso a una larga deliberación sobre el estatus
y la naturaleza de los hechos con que trabaja un historiador, así
Como sobre las herramientas y tácticas que empleamos para levan-
tar relatos verosímiles. Procuraré ser contenido en este punto
(vengo de prometer entretenimiento, los historiadores no tene-
6 EL RINOCERONTE Y EL MEGATERIO INTRODUCCiÓN 7

mos remedio). No soy, además, la persona indicada para efectuar convirtieran en dos objetos científicos capaces de rodear el globo,
la defensa que la imaginación histórica merece. dos grandes referencias en el mundo del conocimiento.
Lo cierto es que incluso los hechos más afianzados en la orilla Así, aunque de momento no habremos convencido a nadie
de lo real (yo estuve ahí, a mí me pasó, yo lo presencié, la credibi- (los discursos no suelen mover a los auditorios), vamos cayendo
lidad bien entendida siempre empieza por uno mismo) pertene- sin embargo en algo importante para nuestro estudio, la relación
cen a una mirada retrospectiva. Están descritos, tramados y argu- entre la vista y la imaginación, o dicho para los más escépticos, la
mentados -es decir, presentados históricamente- con el objeto de que existe entre imagen e imaginaciqn. La doble historia que aquí
construir un significado, un relato que dé consistencia a nuestra vamos a contar trabaja esta relación en el dominio de las ciencias
identidad, precisamente, una memoria. naturales en la Edad Moderna, el papel que ambas desempeñaron
¿ Quiere decir esto que hasta los hechos que uno recuerda son a la hora de darle forma a los hechos, configurarlos y universali-
imaginados? En cierto sentido, sí. Pese a que la división interna- zarlos: a la hora de construir conocimiento. Ésta es la historia de
cional del trabajo intelectual suele zanjar el asunto echando la dos grandes cuadrúpedos y de cómo fueron imaginados.
imaginación en brazos de la ficción y las artes, lo cierto -insisti- La visualización de los hechos, su carácter demostrativo,
mos- es que la imaginación participa en todo proceso de repre- sobrepasa con mucho la capacidad persuasiva de los enunciados
sentación y conocimiento. La historia, uno de los más antiguos, teóricos y los razonamientos. De hecho, no es casual que el cré-
echa mano de ella continuamente. Lo hace cuando leemos y acer- dito, la persuasión, la suspensión de la duda o el acceso a la ver-
tamos a visualizar lo que se nos está contando. Y lo hace también dad se vinculen a las facultades sensibles, sea que optemos por el
cuando elaboramos relatos de lugares, hechos, personajes y épo- tacto (como Santo Tomás) o más generalmente por la vista: ver
cas que jamás hemos presenciado y que, si la ciencia-ficción no lo para creer (seeing is believing). La imaginación, la facultad con la que
remedia, jamás presenciaremos. representamos en imágenes las cosas reales o ideales, tiene una
Sin duda, la imaginación debió servirle a Herodoto -el gran función destacada en la elaboración de las evidencias. Aunque no
imitador de Homero- cuando contó las guerras médicas (y cuando siempre fue así, la retórica visual es más eficaz que la palabra
describió pueblos con los que jamás tuvo contacto). De algo le val- escrita o dicha. El poder de las imágenes en nuestro mundo es
dría a Michelet cuando compuso aquella visión estilizada de la Edad incontestable.
Media que tanto perduró. E incluso al propio Carlos Marx, cuando Martin Kernp , quizás el historiador que más ha indagado en
tuvo que darle forma a una cosa que nunca nadie había visto antes, las relaciones entre la ciencia y el arte, dejó constancia de las
las clases sociales. También la emplearon los presocráticos cuando intersecciones que había en el Renacimiento entre los términos
hablaron de los átomos siglos antes del microscopio electrónico o donde se ubicaba la imaginación: invención, fantasía, historia,
los cartesiano s cuando describieron los vórtices y torbellinos de la fábulal• La más compleja y antigua de ellas, fantasía, una palabra
materia, y así seguiríamos con casos de historiadores, científicos y griega equivalente a la palabra latina visión, aludía al grado superior
otros productores de conocimiento que imaginan y hacen ver cosas de la imaginación, en cuanto que -según rezaba la Oratoria de
inéditas, invisibles o simplemente ocultas, cosas de las que no han Quintiliano- inventa o produce hechos o imágenes de forma tan
tenido experiencia ni pueden haber tenido memoria, fenómenos o vívida que parecen estar delante de nuestros ojos. La frontera
entidades que emergen o adquieren forma por el solo hecho de
cambiar de instrumento, pregunta o mirada.
Este ensayo, precisamente, trata de dos animales que fueron Martin Kernp , Behind the picture. Art and evidence in the ltalian Renaissance, New
imaginados antes que vistos, lo que no impidió que ambos se Haven & London: Vale University Press, I997, pp. 237 Yss.
8 El RINOCERONTE Y EL MEGATERIO INTRODUCCiÓN 9

entre imaginación y fantasía siempre fue delicada y problemática. or ejemplo, definió la imaginación como la facultad para com-
En primera instancia, parece claro que la divisoria es la que existe ~inar ideas de modo natural; cuando la asociación era caprichosa,
entre reproducir y producir, entre las propiedades miméticas y era la fantasía la que había actuado. Condillac la colocó en pie de
poéticas de ambas facultades, lo que se traduciría en términos de igualdad con la memoria. Juntas actuaban en las dos operaciones
género con la distancia que hay entre historia y ficción. Sin psíquicas básicas, la reflexión y el análisis, esto es, la capacidad de
embargo, el diccionario dice que la fantasía no sólo sirve para aislar, unir, abstraer, comparar y relacionar ideas. Kant, en fin,
idealizar las cosas reales, sino también para representar de forma también distinguió dos tipos de imaginación, una reproductora,
sensible las cosas ideales. Su concurso resulta imprescindible para otra productora que formaba esquemas e imágenes.
reproducir hechos pasados o lejanos, una afirmación que la acerca a la Sin demasiadas pretensiones, aquí nos limitamos a sostener
imaginación, que tal vez podría servir para la práctica historiográ- una obviedad que, como tantas otras, suele pasarse por alto y que
fica en términos generales, y que sin la menor duda sirve para por lo tanto requiere ser dicha: la importancia de la imaginación
nuestros dos protagonistas, dos animales procedentes de dos como herramienta de conocimiento científico e histórico, un
lugares, a cual más remoto: la otra parte del mundo y un pasado instrumento insustituible para elaborar los hechos y darles forma,
hundido en el abismo del tiempo. para soportar la realidad, esto es, para articularla y trasladarla. Tal
Durante siglos no hubo acuerdo ni un uso reglado del tér- vez y paradójicamente, como quería María Zambrano, «para sus-
mino imaginación. Por descontado, el término figura en las tradi- traerse a la aplastante influencia de los hechos, a la pavorosidad de
ciones de la poética y la filosofía desde la Antigüedad y la Edad lo inmediato» 2.

Media, donde estuvo proverbialmente asociada a las artes y al Tomando la queja de Novalis acerca de la inexistencia de una
conocimiento. El pensamiento escolástico afirmaba que la imagi- fantástica «<si dispusiéramos de una Fantástica como disponemos
nación y la fantasía actuaban en uno de los tres ventrículos del de una Lógica, se habría descubierto el arte de inventar») Gianni
cerebro, el del sentido común Oos otros dos estaban reservados Rodari escribió una Gramática de lafantasía, donde surgió el chispazo
para las facultades racionales del pensamiento y la memoria). Allí que dio origen a este libro, el binomio fantástico, combinar y
las impresiones sensoriales se reunían y eran trabajadas conjunta- poner en juego dos objetos o personajes aparentemente alejados '.
mente por estas dos hermanas gemelas de diferente signo. La En escritura creativa, el ejercicio se emplea para trabajar la imagi-
imaginación producía sueños y construcciones ingeniosas, la fan- nación y generar una historia. Al explorar las relaciones ocultas
tasía realizaba combinaciones libres. En la vispera de los hechos entre dos objetos o personajes distantes, al detener la mirada en
que se cuentan en este libro, un teórico de la arquitectura -Fila- sus perfiles y propiedades, surgen historias imprevistas y revelado-
rete- vinculaba fa n tastica re con pensare, pues «uno de los objetivos ras, relatos que nos dicen mucho de la naturaleza de cada uno de
del artista es investigar y fantasticare cosas nuevas», algo que bien ellos. Visto desde un lugar insospechado, un paisaje familiar
mirado se podría decir del hombre de ciencia, tal y como lo adquiere otro aspecto, otro significado. ¿Extrañamiento? ¿Recon-
entendemos hoy. Bacon consolidó la previsible distribución del textualización? Ponga el lector la palabra con la que se encuentre
trabajo: la imaginación, la razón y la memoria se adjudicaban las más cómodo. ¿Historia comparada o cruzada? Me gusta más la
tareas y los campos donde actuaban preferentemente (la poesía, la idea del binomio fantástico.
filosofía y la historia respectivamente). Nada como repartirse las
áreas de influencia.
2 María Zambrano, La agonía de Europa, Madrid: Mondadori, 1988. p. Ir.
No tuvo demasiado crédito la imaginación para Locke, aun- 3 Gianni Rodar i, Gramática de lafantasía. lntroducción al arte de inventar historias, Bar-
que sí recibió atención desde el empirismo y el sensismo. Hume, celona: Planeta. 2004.
INTRODUCCiÓN 11
10 EL RINOCERONTE Y EL MEGATERIO

Bien mirado, nuestro binomio no es tan fantástico, tan sólo bastante de tradicional. No digamos lo poco novedoso que resulta
algo sorprendente a primera vista. Éste es un ensayo que pretende tramar una historia doble, un género clásico desde las Vidasparale-
reivindicar el papel de la imaginación en la confección de hechos las de plutarco hasta el Richelieuy Olivares de Elliott, por citar dos
científicos e históricos y que lo hace mediante un mecanismo clá- ejemplos ilustres. Pero aquí no tratamos un personaje griego y
sico, la analogía, otro término griego que Aristóteles, el gran otro romano enfrentados a dramas morales y problemas semejan-
defensor de la metáfora, empleaba para referirse a la correspon- tes, ni tampoco un cardenal y un valido cuyas biografías estuvie-
dencia entre las proporciones. La analogía ha sido un procedi- ron dominadas por la gestión del poder en dos monarquías abso-
miento empleado a lo largo de toda la historia de la ciencia. lutas. Nuestro binomio fantástico opone y enlaza a dos grandes
Tenemos la medicina hipocrática, con la búsqueda de elementos cuadrúpedos separados por casi tres siglos y por dos trayectorias
semejantes a las enfermedades; está la tradición neoplatónica, diversas y sin embargo comparables.
enteramente fundada en el pensamiento analógico: la correspon- En uno de los pocos libros que discuten abiertamente la fór-
dencia entre las plantas y las estrellas, el microcosmos y el macro- mula que he escogido para subtitular este ensayo, mo1ología histórica,
cosmos, la equivalencia entre la geometría, la música y las mate- Florike Egmond y Peter Mason señalaban que la debilidad de este
máticas. Pero nos equivocaríamos si pensáramos que el tiempo de tipo de investigación es que los fenómenos comparados pueden
4
la analogía pasó tras el advenimiento de la ciencia moderna, con revelarse dispares, heterogéneos, inconmensurables • ¿Son las
la llegada de la lectura literal (algorítmica, también se la ha lla- afinidades y paralelismos entre el Rinoc~ronte y el Megaterio
mado) del gran libro del mundo. No fue Kepler el último de sus fruto de la imaginación o de la fantasía? Esta es la pregunta: ¿la
súbditos. Huygens, por ejemplo, se sirvió de una feliz analogía convergencia o correspondencia entre las dos historias es razona-
para formular su teoría ondulatoria de la luz, la que estableció ble o caprichosa? ¿Es legitima la analogía? El lector juzgará.
entre la luz y el sonido. Newton dedujo la forma de la tierra Por mi parte, siempre podré alegar que las dos historias se
observando la de Júpiter y ensayando el modelo hipotético de los sostienen por sí mismas. La primera ha de hacerlo, pues una de
esferoides fluidos. Darwin alcanzó a comprender el mecanismo las dificultades narrativas (y por lo tanto estructurales: el conte-
de la selección natural fijándose en cómo se producía artificial- nido es la forma) fue cómo articular la comparación y respetar la
mente entre especies domesticadas. La síntesis de la física de Max- diacronía. Durante la primera parte el segundo caso ni se men-
well nace como una ambiciosa analogía entre los fenómenos ópti- ciona. Es en la segunda parte cuando salta la mirada hacia atrás y se
cos, eléctricos y magnéticos. hacen explícitas ciertas analogías entre ambas historias y, por tanto,
Son muchos quienes han venido a decir, de una u otra cuando cobran sentido algunos de los argumentos del primer epi-
manera, que la ciencia consiste en la búsqueda de relaciones entre sodio y se entiende la dimensión o el relieve que alcanzaron.
fenómenos o disciplinas aparentemente dispares. Unos hablaron Ambas historias tienen entidad propia y suficiente, pero colo-
de las semejanzas ocultas, a la manera de un Paracelso , otros de la cadas una detrás de la otra ofrecen un juego inédito, pues des-
unidad en la diversidad, al modo de un Humboldt, el fundador pliegan en su diversidad puntos comunes, incluso problemas
de la biogeografía. Hasta Peter Galison nos ha presentado a Eins- semejantes resueltos de manera diversa, lo que se presta al con-
te in como alguien que supo extrapolar los problemas de las redes traste y a la comparación. La primera historia ha dado hasta para
de telégrafos y la sincronización de los relojes ferroviarios para
concebir la teoría de la relatividad.
De manera que emplear la analogía para encarar un problema 4 Florike Egmond y Peter Mason, 7heMammoth and the Mouse. Microhistory and
de conocimiento tiene poco de imaginativo, nada de fantástico y Morphology. Baltimore: Johns Hopkins University. 1997. p. 39·
12 EL RINOCERONTE Y EL MEGATERIO INTRODUCCION 13

una novela (no es para menos5); pero, como dijo Rodari, «no al nos de mis colegas pensarán que me he pasado al Hare Kris-
basta un polo eléctrico para provocar una chispa: se necesitan h!::). En mi descargo diré que el juego de analogías que pro-
dos». Lo que afirmaba sobre la palabra, podemos aplicarlo a pongo no es evidente, pero tampoco absurdo. Se t.r~tab~ de ~elec-
nuestros dos protagonistas: uno aislado sólo actúa cuando se topa cionar y definir qué podía ser comparado, de prIvIlegIar CIertos
8
con el segundo que lo provoca, que le obliga a salir de los caminos modelos y configuraciones y dejar de lado los contextos , o por
gastados del hábito y a descubrir nuevas capacidades de significar. decirlo mejor, de relegar todo aquello que dificultaba la percep-
En efecto, «no hay vida donde no hay lucha» 6. ción de la semejanza en la distancia.
Es la combinación de la semejanza y la variación, observada en Las hipótesis más arriesgadas son las más creativas, pero como
dos casos que sucesivamente se van mostrando divergentes, simi- ocurre con el trabajo del arte y la ciencia sobre la naturaleza, el
lares, inversos. Como es obvio, no quiero adelantar aconteci- historiador suele buscar un parecido razonable entre lo que
mientos, ni desvelar enteramente la trama del relato. Diré tan cuenta y el pasado. La historia como ejercicio intelectual no copia
sólo que la doble historia de estos grandes cuadrúpedos y sus res- sino que ensancha la realidad. No la transcribe, la recrea. Pero ni
pectivas imágenes tiene algo de simétrica y especular. El primer debe ni puede deformar las cosas hasta el punto de hacerlas irre-
caso arranca en los albores de la Revolución Científica, el conocibles, absurdas o simplemente increíbles. Cualquier histo-
segundo cuando se cierra. Mi principal foco de atención ha sido riador de la ciencia saltaría en este punto para afirmar que lo
cómo llegaron a conocerse las cosas en el pasado. Soy un historia- verosímil, lo lógico y lo creíble son categorías históricas depen-
dor de la ciencia preocupado por los modos de producción de dientes del contexto y del régimen de creencias y verdades com-
conocimiento. partidas por los autores y los lectores de un texto histórico o cien-
¿Por qué un ens~o de mo1ología histórica? Primero, porque un tífico. Cualquiera que no lo sea dirá simplemente que el pacto de
ens~o de anatomía comparada (otra fórmula que barajé seriamente) confianza que se establece entre quien cuenta una historia y quien
hubiera provocado que el libro fuera catalogado erróneamente en la escucha tiene que ver con el sentido común y con la fiabilidad
las bibliotecas. Pero sobre todo porque la principal analogía que que transmite una voz.
lo alimenta guarda relación con las formas de ambos animales y a ¿Cómo elegí este tema y cómo fue creciendo? Hay muchas
lo que van asociadas, la dialéctica entre las imágenes y las palabras, formas racionales de contestar esta pregunta y los historiadores,
esa prolongada lucha que ha dominado la historia de la cultura, además, llegamos a ser francamente ocurrentes (imaginativos)
c.omo resumió Mitchell, la pugna entre signos pictóricos y signos cuando damos sentido a las trayectorias ajenas, no digamos a las
lmgüísticos que reclaman la propiedad y el acceso exclusivo a la propias. Una muy socorrida (y algo pretericiosa) sería decir que
naturaleza7•
soy un historiador cultural de la ciencia que ha trabajado la rela-
La búsqueda de isomorfismos entre las dos historias contrae el ción entre ciencia y política primero, entre ciencia y literatura
riesgo de las analogías remotas, tal y como las llama la sinéctica, una después, y que acabé finalmente metido en un asunto cuyo núcleo
técnica que trabaja la creatividad y que pondera la similitud de los era la relación entre la ciencia y el arte. Otra sería constatar que
procesos de invención en el arte y la ciencia (en estos momentos he trasladado mi interés desde los viajeros y los desplazamientos
de personas, prácticas e ideas científicas hacia la circulación de

5 Lawrence Norfolk, El rinoceronte del Papa, Barcelona: Anagrama, 1998. objetos y sujetos no humanos.
6 Rodari (2004), p. 21.
7 W.J.T. Mitchell, Iconology: Image, Text, Ideology, Chicago University Press,
1986, p.43.
8 Egmond y Mason (1997), p. 33.
14 EL RINOCERONTE Y EL MEGATERIO
INTRODUCCiÓN 15

Pero lo más sencillo sería reconocer que lo que comenzó iales del CSIC donde Amalia Zomeño me reclutó
Humanas Y Soc '_ .
como una charla para un seminario acabó como una obsesión que erlo ante mis colegas y companeros de trabajo.
para expo n .
devoró otros proyectos y me tuvo atrapado durante algunos años. El conocimiento es una tarea colectiva. Pese a su brevedad,
Cuando mis amigos me preguntaban en qué tema estaba (en reali-
este Iib
1 r
o se ha beneficiado del consejo,
J
la nota erudita y la con-
dad dónde vives) y contaba mi extravagante analogía entre el Rinoce-
versación inteligente con más gente de la que puedo recordar.
ronte y el Megaterio, alguno se sonreía y al cabo de los meses me Felipe Pereda y J esusa Vega son historiadores del arte que tien~n
volvía a preguntar: «¿Qué tal tus dromedarios?» Normal. Algún mucho que ofrecer a cualquier historiador de la cultura. JulIo
otro, más empático, me regalaba una postal o un imán con el Pardos sabe de casi todo y le gusta compartirlo. Nuria Valverde,
rinoceronte. También hubo quienes hicieron suyas mis preocu- Rafa Valladares, Leoncio López Ocón, Javier Moscoso, Antonio
paciones y me ayudaron a pensar el problema y me dieron infor- Lafuente, Noemi de Haro, Fernando Rodríguez Mediano, Mer-
mación. Una tarde en la Casa de América, tras una conferencia, cedes García Arenal, Paco Pelayo, Alicia Jiménez y José Ramón
tomando un café, Fernando Bouza me aconsejó el libro que antes Marcaida han sido algunos de mis compañeros siempre dispues-
mencionaba y cuyo título remitía a otra extraña pareja, The Mam- tos a la pregunta, el diálogo y la discusión. Irina Podgorny yJames
9
mouth &: the Mouse • Dio en el clavo. Aunque la reflexión de Egmond Delbourgo me ayudaron desde las dos Américas;]avier Igea desde
y Mason sobre microhistoria y morfología sobrepasa a este ensayo, Alemania y con el alemán. Simon Schaffer, Lissa Roberts y Kapil
y aunque su filiación con Ginzburg y el estructuralismo rebasa Raj enriquecieron mi concepción de la actividad científica en el
mis propósitos, en un congreso reciente organizado por otro his- pasado. En la Calcografía Nacional Clemente Barrena me ofreció
toriador de la ciencia, colega y amigo, Pepe Pardo, acabé cono- su opinión sobre ciertas estampas. Pedro Sánchez me prestó cien-
ciendo a Peter Mason y afirmando mi creencia en las afinidades tos de fotocopias de material procedente del Museo de Ciencias
no sólo morfológicas, sino también electivas.
Naturales de Madrid. Allí, en la residencia del Megaterio, Isabel
Susana Gómez me invító a un seminario en la UCM donde Morón me ayudó con las imágenes y los libros, Begoña Sánchez
hablé .la primer~ vez de todo este asunto. El tema fue creciendo y Chillón con los huesos y Carmen Velasco con todo. Isabel Soler
lo he Ido exponIendo y ensayando, es decir, confrontando ante leyó la primera parte del manuscrito y lo aposti lló como sólo
diversos públicos en algunos espacios académicos: en Lisboa, puede hacerlo una buena amiga y mejor historiadora. Roberto
d.onde ~i,ago Saraiva me invító a participar en un congreso sobre García Infanzón me ayudó con las imágenes.
cIrculaclO.n del conocimiento y me pude beneficiar de algunos Luego están quienes te ayudan sólo desde sus escritos y trabajos.
comentarIOS de Norton Wise y Davíd Edgerton; en Florencia, He procurado reflejar en las notas la información e ideas de otros
donde Bartolomé Yun quiso que lo expusiera ante sus alumnos en autores, pero me parece justo mencionar aquí mi deuda con el
el Instituto Europeo y donde conocí a Diogo Ramada Curto; en el bello libro de Clarke sobre el rinoceronte, el antiguo y lúcido tra-
propio Museo Nacional de Ciencias Naturales, a la sombra del bajo de Ivins sobre el grabado y la comunicación visual, las inves-
~egaterio, donde un chico de diez años me preguntó cuántos tigaciones de López Piñero sobre el Megaterio y principalmente
ejemplares se habían encontrado en el mundo y por qué murieron; con el monumental Bursting the limits oftime de Martin S.J. Rudwick,
en un curso de verano en Piedrahita organizado por Fernando a quien pude ver hace años impartiendo algunas de las Tarner
Rodríguez de la Flor; finalmente, en el propio Centro de Ciencias Lectures en el Trinity College, Cambridge, las conferencias que
están en el origen de dicho libro, precisamente.
Pese a trabajar para Marcial Pons Historia, siempre quise
9 Egmond y Mason (1997).
publicar este ensayo en Abada por razones isomórficas que saltan
r6 EL RINOCERONTE Y EL MEGATERIO

a la vista. Debo agradecer a Carlos Pascual su comprensión y a


Fernando Guer-rero su interés por mi trabajo.
El problema más grave para sostener una investigación más o
menos duradera es la doble dispersión, la exógena y la endógena,
la que actúa desde fuera en forma de encargos, conferencias, artí-
culos, informes y compromisos varios, yel extravío interior al que
te arrastran invariablemente temas que van apareciendo en el
curso de tu indagación principal, problemas y asuntos con los que
te pasarías otra vida si la tuvieras. Toda investigación histórica es
una exploración y en toda exploración uno debe perderse y dis-
persarse. En el transcurso de esta doble historia me extravíé varias
veces por algunas de sus bifurcaciones y ramificaciones. Pero los
mejores hallazgos no son siempre los que uno programa. De
hecho, conviene estar preparado para encontrar algo más de lo
que se busca. Cualquiera sabe la diferencia que hay entre planifi- I
car un viaje y el contacto directo con la belleza del mundo y la
gente que lo habita. Esperemos que algún día lo entiendan los El PAQUIDERMO ARMADO
responsables de la política científica en el área de humanidades.
Este ensayo se fraguó mientras yo dirigía un proyecto de
investigación sobre la ciencia moderna que pronto se orientó
hacia el arte y la cultura visual (que acusó la hiPerplasia de la imagen,
como le oí decir a Fernando Rodríguez de la Flor). Suele ocurrir:
se publica cuando ya estoy embarcado en otros, uno sobre episte-
mología histórica y otro sobre visualización de objetos científi-
cos'". Ha sufrido una mudanza, un par de planes estratégicos y
otros desastres menores. Pero ha tenido la fortuna de poder cre-
cer y madurar junto a Silvía, Javier y Carmen.

ro Las referencias de los proyectos actuales son HUM2007-63267 y HAR


2008-05042/HIST.
154 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

que presenta una cordillera de montañas vista d d


d 1 s es el' HUESOS
la e aro y sereno
í

cuando el h . ,eJos en
49 onzonte esta des' Ur¡
nubes» . Con toda lógica los h d 1 peJado d
, uesos e gran verteb e
pertaban un sentimiento análogo al que prod '1 rado des_
" d ucia a co t y vuestros huesos reverdecerán como la hierba
CIO~ e unas montañas, un precipicio, unas ruinas o u: e1l1pla_
teno. Frente a ellos se desplegaba un abi '1' ce1l1er¡_
'd d . ismo SI encI ISAÍAS96,9:14
monstruOSI a mdecible, en efecto. Aunque n di t daví oso, una
II a le o avia y m
egara a conocer o a intentar calcular la edad d 1 _ enos Bru
d . d e extrano e d'
sus a rnrra ores sintieron desde el pr'incí . 1 di . a aver,
ífi pIO a Istancla t
~I ica que se abría, el vértigo que producía aso m 1 an,mag_
trempo , arse a vaclO del

Como cualquier otra quimera la del río L " '1'


d 'uJan movi iza],
espectro e emociones que circulaban entre la estupefacc" a u~
terror y la veneración un campo de' Ion, e
. ' reaCCIOnes que' 1 l
CIencia con la religión y el arte. Al fin 1 b 1 Vlncu a a
1 . Ya ea o, e monstruoso
esque eto, pertenecIente a un animal deseen id h '
~t
'1 d - OCl o y muerto
es e anos, había sido exhumado de la tierra y elevado a los
a ares en un museo de historia al
acia

ib e natur ,uno de esos espacios que Pero volvamos a la pregunta básica: ¿De quién eran aquellos hue-
se I an a transrorma 1 .
r en panteones arcos desde los que difundir
una b uena nueva. 80S? ¿Quién era el misterioso cuadrúpedo que se elevaba sobre el
pedestal del Real Gabinete? Si nos ceñimos a lo que se sabía enton-
ces, habremos de reconocer que se trataba de un animal imposible,
difícil de componer e imaginar. A la altura de I789, cuando se
estaba montando, no resultaba sencillo verlo ni hacerlo visible.
Aquellos restos eran los huesos fosilj¡:ados de un monstruo, una definición
que recoge las tres únicas certezas con las que se contaba.
En primer lugar, se trataba de un cadáver gigantesco y quimérico,
Un Ser monstruoso, como hemos visto. Su gran tamaño y morfología
híbrida despertaban curiosidad, admiración e incluso ese cierto
~Spasmo que recorre los 'nervios ante lo extraordinario y lo
Incomprensible. Era un ser prodigioso digno de ser exhibido en
Un gabinete como el madrileño, a mitad de camino entre la anti-
gua cámara de maravillas y el moderno museo de historia natural.
~n segundo término, también estaba claro que se trataba de un
[os,l, es decir, un producto orgánico petrificado, una huella o un
Vest' .
Iglo de la naturaleza, un resto paleontológico. De ello nos
49 Garriga (1796), pp. X-XI. ~~uparemos en el siguiente capítulo. Pero también y de manera
len prosaica, de lo que no había la menor duda es que se trataba
11. UN EXTRAÑO CADÁVER HUESOS 157

de un conjunto de huesos o, como dijeron algunos de los r a tomar vida o forma. Era un esqueleto sin carne, ni piel, ni
. d h' . P Ota_ d ara
gonlstas e esta istor ia, «una vasta mole de huesos» «u discurso, en efecto, una monstruosidad indecible2; un animal sin atri-
, n COn
junto de huesos inconexos» l. -
butaS, un ser innombrable, apenas «un conjunto de huesos
A diferencia del rinoceronte de Durero inseparable de 'nconexos» .
. ' su Piel
hasta tal punto. que dicho rasgo designa el orden al que pertenece 1 Otto Brunfels, uno de los grandes botánicos del siglo XVI,
(el de los paqwdermos), nuestro segundo individuo se red . decía de las nuevas especies botánicas no incluidas entre las seis-
UClaa
unos meros huesos. Uno tenía aquello de lo que carecía el ot y cientas descritas por Dioscórides que eran herbae nutae, esto es,
ro.
viceversa. El gran vertebrado ungulado había llegado a Lisboa hierbas desnudas. Exactamente eso eran los huesos del cuadr ú-

envue~to, incluso podría decirse protegido, oculto por su pode- edo rioplatense: unos huesos famélicos, lavados de leyendas y
rosa p iel , esa coraza metálica o escamada con residuos o adheren- ~elatos. Como las plantas no descritas por los antiguos o la fauna
cias de reptil que será inmortalizada por el maestro alemán. del Nuevo Mundo en el siglo XVI, estos huesos eran completa-
Pero no sólo tenía piel. También tenía un nombre, conocido mente imprevistos, estaban sin catalogar. Eran unos huesos des-
por todos: rinoceronte. De hecho, antes de que llegara a Lisboa tan nudos, mudos o silenciosos. Estaban petrificados por el tiempo.
sólo era eso: nombre, verbo, predicado. De él se sabían cosas No tenían palabras, carne, ni piel. Tampoco historia. Por no
inventadas o legendarias unas, ciertas y verosímiles otras. Estra- tener, no tenían ni nombre. Carecían de identidad.
bón y Plinio lo habían descrito. Sus formas, sus costumbres o su Aquella bestia precisaba un nombre y un lugar en el cuadro de
riva~idad con ~l elefante lo habían prefigurado, de modo que la historia natural. Su extraña anatomía y sus dimensiones difi-
hablan derer'm iriado tanto su destino (el combate en el Terreiro cultaban su identificación y clasificación. El caso suponía un reto
do P~s:o, su viaje a Roma) como su propia apariencia, una vez que para la nomenclatura y la taxonomía, las dos herramientas clásicas de la
fue VIstO, retratado y reproducido mecánicamente bajo el peso de historia natural. En Madrid un disecador, esto es, un taxider-
~a autoridad y el texto escrito. Las palabras habían precedido a su mista, se había encargado de reconstruirlo y montarlo. La cerca-
Imagen, habían dado forma al animal, lo habían configurado. En nía entre taxonomía y taxidermia resulta esclarecedora (Tá~l';= orde-
la xilografía de Durero, como recordará el lector, la leyenda pre- nación, colocación, arreglo). El problema de su identidad
sidía la imagen.
guardaba relación con el orden y la ubicación. Para ponerlo en su
Por el contrario, nuestro segundo animal carecía de palabras sitio y colocarle una piel, para asignarle un nombre y un lugar en
y predicados. No tenía historia. Nunca nadie lo había descrito. el reino animal, lo primero era montarlo, ensamblar y conectar
Se sabía poco de su aspecto, tan sólo lo que apuntaban sus huesos precisamente ese conjunto de huesos inconexos.
discordantes, la paradójica oposición entre su dentición y sus Así que antes de que fuera bautizado y descrito, antes de que
garras. Pero menos aún se sabía de sus usos y costumbres. Carecía fuera colocado en su respectivo nicho zoológico, había que arre-
de narrativa, leyenda o fábula que lo precediera, algo que le ayu- glarlo y darle forma. Primero había que darle una imagen, es
decir, imaginarIo. Todo lo imperfecto que se quiera, el montaje de
Juan Bautista Bru constituyó un trabajo imprescindible en esta
La primera expresión es de Juan Bautista Bru (Garriga, Descripción de un
dirección, un acto que permitió que adquiriese forma y se desen-
esqueleto, p. 1); la segunda se la atribuye López Piñero a Carlos Gimbernat
cadenara el proceso de conocimiento que finalizó con su identi-
(1768-1834), geólogo, mineralogista y vicedirector del Real Gabinete
(cit. en José María López Piñero y Thomas Glick, El Megaterio de Bruy el pre- ficación y la resolución del enigma.
sldenteJe.lferson. Una relación insospechada en los albores de la paleontología Valencia:
CSIC, 1993, p. 50). '
2 Garriga (1796), p. n.
HUESOS 159
11. UN EXTRAÑO CADÁVER

Antes dijimos que el disecador cortó, serró y limó a su anto' ANDREAB veSALU BRVXELLENSIS
JO. 164
PORIS OSSIVM CAE
Añadamos en su descargo que era la primera vez que se hacía al o BVMANI COR~
8TINI!NT 1>.AR.TIBP8
7'l!.Jt.I8 QYAS 8Y.
semejante en un museo en toda la historia. Antes que los mamu~ & SBDli POSJ.TORVM EX
s, ¡,IBERORVM, SVA'Q..VB
los mastodontes y los dinosaurios, el primer animal extinto Úlc1'e 4e1rnc4tiO.

reconstruido entero fue éste, nuestro ejemplar del Real Gabinete


de Historia Natural de Madrid. Una vez armado, los dibujos y
grabados resultaron aún más eficaces que el propio montaje, pues
permitieron que las imágenes circularan y el caso se introdujera
en una comunidad científica más ancha.
Lo cierto es que gracias a sendos trabajos, dos tareas que bien
pueden calificarse de escultórica una -el montaje- y pictórica la
otra -los grabados-, los huesos del vertebrado pudieron zafarse
de la tierra que los cubría, tomaron forma sobre el pedestal del
Real Gabinete y lograron viajar desde Madrid a otros lados. Ente-
rrado durante miles de años, era como si aquella bestia naciera de
nuevo. Así como el arte de Durero y la técnica del grabado habían
formalizado la imagen del rinoceronte, multiplicándola y repro-
duciéndola en el espacio y el tiempo, inmorta/il:.ándo/a en cierto sen-
tido, con este segundo animal la ciencia y el arte iban a provocar
otro milagro análogo: su resurrección.

II

VIVITVRIN
Es interesante repasar algunos de los papeles desempeñados por los GENIO,
huesos en el curso de la medicina y la historia natural en la Edad e Al!. T l!.R A M oR
TIS l!.Jt.pNT.
Moderna, así como algunos episodios en la historia de su repre-
sentación visual. Andrea Vesalio (r514-1564), el gran impulsor de
la anatomía y la disección en el Renacimiento, había dignificado su
estudio. Hasta entonces los huesos no interesaban mucho a los
médicos. En las universidades los profesores dejaban su estudio
para el final. El conocimiento de los huesos era tenido como algo
menor, prosaico, mundano. Pero Vesalio tuvo la osadía de dedi-
carles el primer libro de su famoso tratado, De Humani Corpori Fabrica
(r543)· Para Vesalio los huesos representaban la estructura del edi-
ficio humano [FIGURA 20]. Los huesos -venía a decir- eran la parte
Figura 20. Vesalio. De Humani Corpari Fabrica (1543).
más dura, la más seca, la más terrenal y la más fría del organismo.
HUESOS
161
160 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

Su papel en el movimiento y la estructura humana era semejante al


de las paredes, muros y pilares en la arquitectura, una idea qUe
tomó de otro tratado igualmente influyente, el de Lean Battista
Alberti. También sus dibujos de huesos y su sistema de identifica_
ción por letras que interactúan con el propio texto fueron torng ,
dos de otro tratado de arquitectura, el de Sebastián Serlíoé.
Ahora bien, para ver los huesos, para observarlos y estudiarlos
había que abrir el cuerpo. Había que indagar en su interior tal;
como se estaba explorando la tierra. Entre 1500 y 1800 transcu-
rrieron trescientos años durante los cuales cirujanos y médicos, por
un lado, y naturalistas y viajeros, por el otro, se entregaron a la
doble tarea de diseccionar simultáneamente los cuerpos y la tierra.
La ciencia moderna puso sus bisturís, sus cronómetros y sextantes
para surcarlos y atravesarlos. Era una doble apertura cuya finalidad
consistía en levantar la anatomía del mundo o cartografiar los
órganos y las vísceras. No es una forma de hablar, ni una analogía
historiográfica. En muchos atlas anatómicos de la Edad Moderna se
observa este paralelismo entre operación y exploración, como por
ejemplo en la portada de una edición del Yheatrum anatomicum
(1656) de Giulio Casserio, una imagen que recoge un cadáver
abierto por el abdomen, un écorché, un esqueleto y un globo ter rá-
queo en el que se distingue Amér-ica, todos ellos nuevos mundos
que habían aflorado a la vista gracias a la disección ya los viajes de
descubrimiento [FIGURA 21].

De hecho, uno de los principales motivos de toda la ciencia


moderna fue éste: la emergencia de cosas invisibles4• El desvela-
miento de la naturaleza de los hechos, el descubrimiento de fenó-
menos ocultos o la visualización de cuerpos no vistos anterior-
mente inundaron la retórica y las declaraciones pro gramáticas de
la ciencia moderna desde Galileo hasta la Enciclopedia.

3 Sebastian Serlio, L'Architettura, 1537-1575, V11 vols. Martin Kernp, «The


mark of truth . Looking and Learning in some Anatomical Illustrations
Figura 21. Giulio Casserio, Theotrum anatomicum (1656).
from the Renaissance and the Eighteenth Century», W. Bynum y R.
Porter (eds.), Medicine and the Five Senses, Cambridge: Cambridge University
Press, 1993, pp. 85-121.
4 Norton Wise, «Making visible», lsis, 97 (2006), pp. 75-82.
HUESOS
11. UN EXTRAÑO CADÁVER

Mucho hizo en este sentido la microscopía, la nueva técnica de


observación impulsada a partir de la segunda mitad del siglo XVII.
Robert Hooke, responsable de los experimentos en los primeros
días de la Royal Society y autor del primer tratado en este campo
(Micrographia, r665), fue uno de esos personajes extraordinarios de
quienes se puede decir que lograron ensanchar la mirada de sus
contemporáneos y sus sucesores5.
Hooke enfocó su microscopio hacia todo tipo de materiales,
desvelando los prodigios que se escondían tras objetos y seres apa-
rentemente triviales: la punta de una aguja, un tafetán, los ojos de
una mosca, un trozo de madera, la piel, los propios huesos. Pero
de Hooke no nos interesa aquí su contribución a la osteología
(menor en todo caso), ni sus indagaciones sobre fósiles (más rele-
vantes, como veremos), sino su aportación en ef terreno de la ima-
gen científica. En un pasaje de la Micrographia, Hooke ponderaba el
papel de los instrumentos de observación, aquellos «que socorrían
a los sentidos en sus debilidades». A los telescopios se les debía que
no hubiera nada tan distante que no se pudiera traer a la vista. Gra-
cias a los microscopios, a su vez, nada había tan pequeño que esca-
para al examen. En su opinión, para reformar la filosofía natural lo
que hacía falta era, simplemente, observar esas imágenes. No era
necesaria «la fuerza de la imaginación, ni la exactitud del método
ni la profundidad de la contemplación». Bastaba con dos cosas:
«una mano sincera y un ojofiel, para examinar y consignar las cosas tal y
como ellas mismas se presentan»6. Como buen moderno, Hooke
predicaba un retorno de la filosofía desde el cerebro y la fantasía a
la observación y la mírnesis, desde los oídos a los ojos y las manos.
es decir, desde la palabra y la retórica a los puros hechos y a sus

5 Sobre Hooke, dos títulos recientes y casi con el mismo título: J. Bennett,
M. Cooper, M. Hunter y L. Jardine, London's Leonardo. The life and Work of
Robert Hooke, Oxford: Oxford University Press, 2003; Allan Chapman, Figura 22. William Cheselden, Osteographia or the Anatomy of Bones (1733).
England's Leonardo. Robert. Hooke (1635 -1703) and the art of experiment in Restoration
England, Bristol: IOP, 2005.
6 Robert Hooke (ed. de Carlos Sol ís) , Micrografta o algunas descripciones fisiológicas
de los cuerpos diminutos reali<Pdas mediante cristales de aumento con observaciones y disquisi-
ciones sobre ellas, Madrid: Alfaguara, 1989, p. 125.
HUESOS 165
11. UN EXTRAÑO CADÁVER

) dos grandes anatomistas cuyos grabados recogen de forma


imágenes. Los instrumentos de observación acercaban o am liab 177 0 , . r- ul . -'
-'d la tradición de las vanztas y otras to r m as plctoncas con que
1os o bi~etos. Arro i b an unas rmagenes
rOJa .
. - que gana b an crédito eP an
n tanto I1lU a
. 'onalmente se habían representado los restos humanos en el
que estaban producidas artificial o mecánicamente, lo que recuerd tra d lCI . -'
~l efecto de l.a i~prenta sobre la palabra o el del grabado sobre 1: Renacimiento tardío y en el Barroco. Bidloo habla sido alumno
de otro médico singular, Frederick Ruysch (r638-1731), autor de
Imagen. La CIenCIamoderna es ese proceso engañoso que comienza
dioramas Y composiciones escultóricas con esqueletos y restos
por un canto a favor de la experiencia sensible y el retrato ad vivum
humanos, una obra un tanto macabra que fue adquirida por
y que luego va tornándose, lenta pero indefectiblemente, hacia u~
Pedro el Grande. En cuanto a Albinus, perfeccionó junto a su
alegato del saber anestesiado, mediado por las máquinas: tecnifi-
grabador, ] an Wandelaar, el sistema de coordenadas en cuadrícu-
cado y objetivado.
las ideado por Durero para proyectar las proporciones de los
En sus Memoires pour servir Q {'historie naturelle des animaux (¡673-
cuerpoS y las formas osteológicas. Entre las espléndidas ilustracio-
1676), Claude Perrault hablaba en términos semejantes sobre las
nes de sus Tabu{ae sceleti et musculorum corporis humani (1747), tenemos
imágenes, cuya finalidad era representar las cosas tal y como había
dos que no podemos pasar por alto y que ya mencionamos con
sido vistas, «igual que en un espejo, que no introduce nada suyo
motivo del grabado de Durero. Son las vistas frontal y dorsal de un
y que representa sólo aquello que a él se le presenta s-". En efecto,
esqueleto humano sobre un escenario dominado por un rin~ce-
desde los días de Leonardo y Durero hasta los de nuestro fósil, la
ronte vivo, dibujado también de frente y de espaldas correlatIva-
imagen científica había ido ganando reputación como lenguaje
mente. Se trata de un sucesor de Ganda, otro famoso rinoceronte
universal que eliminaba la confusión del lenguaje propiamente
que llegó a Holanda y visitó varias ciudades en Europ~ centr~l e
dicho y las categorías verbales. Como llegó a afirmar el anatomista
Italia entre 1741 y 1758, empleado aquí como en otras ilustracIO-
William Hunter (r718-1783), «la representación por medio de la
nes del mismo atlas con fines escenográficos y lumínicos. La escala
artes imitativas era un sustituto de la realidad» 8.
de grises de la gruesa epidermis da profundidad y hace resaltar el
Gracias al perfeccionamiento de las técnicas de grabado en
esqueleto, brillante y ligero sobre la rotunda forma de nuestro
metal (el buril y el aguafuerte), las reproducciones de los huesos
paquidermo ungulado: la piel y los huesos (FIGURA 23].
en los atlas anatómicos fueron adquiriendo una calidad insospe-
El peso metafísico del esqueleto y en especial de la calavera
chada, cercana en cierto modo a la fotografía. De hecho, William
humana influyó considerablemente en las reproducciones y l~s
Cheselden, autor de uno de los mejores atlas osteológicos de la
atlas osteológicos. Crisóstomo Martínez (1638-1694), otro cla-
Edad Moderna (Osteographia or theAnatomy ofBones, 1733), empleó la
sico de la anatomía barroca, sirve como Hooke para ilustrar el
cámara oscura con resultados extraordinarios. Cheselden, ade-
sugerente cruce entre osteología y microscopía, expresando asi-
más, tuvo la feliz idea de incluir junto a los esqueletos humanos
mismo el componente alegórico que estamos comentando, de~-
algunos de animales, acercando visualmente los unos a los otros y
dar de la tradición pictórica que asociaba los huesos a las reh-
sugiriendo implícitamente al observador la familiaridad entre los 9
quias, la trascendencia Yla futilidad de la vida • Paradójicament:,
vertebrados [FIGURA ~22].
la parte más mundana y terrenal del organismo resultaba la mas
Otros hitos de las ilustraciones osteológicas fueron los tratados
perenne, la que apelaba de manera más directa a la etermdad.
de Govert Bidloo (1649-1713) y Bernard SiegfriedAlbinus (1697-

Nuria Valverde, «Small parts: Crisóstomo Martínez (1638-1694), Bone


7 Cit. en Antonio de Pedro, El diseño científico. Siglos XV-XIX, Madrid: Akal, p. 22. 9 Histology and the Visual Malóng of Body Wholeness», lsis (en prensa).
8 Cito en Kemp (r993), p. 85.
166 11. UN EXTRAÑO CAOÁVER
HUESOS

En cuanto a su representación, al igual que ocurrió con otras


imágenes científicas, en las ilustraciones anatómicas la mano sincera y
el ojo fiel invocados por Hooke se escindieron a menudo en dos
cuerpos, en dos sujetos diferentes. Mientras que el ojo siguió per-
teneciendo al médico, la mano podía (o debía) ser la de alguien
adiestrado, la de un artista capacitado para registrar las formas y los
perfiles de la naturaleza. La fórmula había sido empleada con éxito
por Vesalio en Defabrica, donde contó con varios artistas, entre ellos
Jan van Calcar, un discípulo de Tiziano. La división del trabajo fue
el resultado lógico de la especialización, el desarrollo de las disci-
plinas y el perfeccionamiento de las artes, aunque también expre-
saba el antiguo reparto entre unas funciones propias de la mente
(las científicas) y otras manuales (las artes anales) . Esto no impidió
que muchos compaginaran ambas. Los casos de Leonardo y Gali-
leo, científicos y artistas al mismo tiempo, no fueron excepciona-
les por simultanearlas, sino más bien por el desbordante talento
que manifestaron en sendas tareas. En el campo que nos interesa
aquí, la anatomía, siempre hubo médicos y cirujanos que además
fueron grandes dibujantes. Otra cosa fue ya el concurso de maes-
tros grabadores, colaboradores habituales y prácticamente impres-
cindibles en todos los atlas osteológicos.
Bajo distintas fórmulas, pues, la alianza entre ciencia y arte fue
fructífera en los atlas de anatomía, hasta el punto de desarrollarse
una especialidad propia, la anatomía artística, un conjunto de prác-
ticas y formalismos que encontramos ya en los planes de estudios de
las academias de bellas artes en el siglo XVIII. Leonardo y el propio
Durero habían sido los grandes precursores de esta disciplina, el
segundo con su tratado sobre las proporciones del cuerpo humano
que mencionamos en la historia del grabado del rinoceronte.
En la Ilustración proliferaron los tratados y manuales de ana-
tomía artística o pictórica. Tenemos por ejemplo los Etudes d'anato-
mie a l'usage des peintres (1770-1775) de Charles Monnet, ilustrado
Figura 23. Bernard Siegfried Albinus. Tabulae sceleti con grabados de Demarteau; o los Elements d'anatomie a /'usage des pein-
et musculorum corporis humani (1747).
tres, des sculpteurs, et des amateurs (1788) de J eanJ oseph Sué , profesor
de anatomía artística en la Academia de Pintura y Escultura de
París. Su padre había sido también profesor en el Colegio de
Cirugía y traductor de otro de los mejores tratados de osteología
r68 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

HUESOS
r69
del siglo XVIII, el de Alexander Monro (759) 1 .
, d " ' en e que SIgu' .
apoyan ose el h ijo para sus lecciones de anatomI'a a t ti io í
Así que algunas de las mejores ilustraciones de osteología zoo-
h b' r IS Ica F
muy a ítual que las láminas y grabados de h . Ue lógica (no muy numerosas en todo caso) procedieron de este
di . uesos pasaran d
unas e icro nes a otras, como las de Albi rili d e campo, cultivado por una minoría de eruditos en el último tercio
d n us, u 1 Iza as en el t
ta o de anatomía artística de Ploos van Amstel (783) 1 ra-. del siglo de las Luces, naturalistas, estudiosos de fósiles o anato-
el de Lavater (r790), traducido al castellano como loY EUlego en mi stas interesados por unos huesos que científicamente tenían dos
tá di' . s ement grandes atractivos: eran extraños (singulares, únicos) e inéditos
~na omlcos, e osteo ogJ,ay m~ol~gíapara el uso de lospintoresy escultores (807)s
n el prologo de este último, el traductor recordaba la necesidad (no se habían representado con anterioridad). Entre ellos, tene-
de los trat~dos de anatomía para los jóvenes estudiantes de bellas rnos el ejemplar de Maastricht (una quimera en toda regla: tenía
artes. La pIntura y la escultura eran «artes imitadoras d 1 rasgos de ballena y cocodrilo) y los restos de grandes cuadrúpedos
rale ». f'., . e a natu-
z~ ,su perreccion consistía en que «las copias resultaran rnu hallados en Siberia y Ohio, atribuidos a elefantes y rinocerontes o
semejantes a los originales»10. y a especies relacionadas con ellos. Aunque volveremos sobre los
En cuanto a las osamentas animales, como es lógico, recibie- problemas que plantearon estos restos, lo importante ahora es
ron mucha menos atención que las humanas. A lo largo de la recordar que la mejor forma de comunicar tales hallazgos, en rea-
Edad Mo~e~na sólo ocuparon un capítulo marginal dentro de los lidad la única forma de difundirlos al margen de las especulaciones
atlas z~ologIcos y,las historias naturales. Excepcionalmente habían e hipótesis que los rodeaban, consistía en representarlos -como
aparecido en algun atlas de osteología humana, como en el citado quería Hooke- con mano sincera y ojo fiel. Es decir, estos huesos,
caso de Cheselden· o 1 b d . como los de nuestro ejemplar del Río Luján, carecían de tradi-
. ' en a o ra e CIertos artistas especializados
en representaCIOnes zoológicas, como George Stubbs el . t d ción, de palabra autorizada sobre la que apoyarse. Pertenecían a
caballos a quien r .' pIn or e unos monstruos indecibles. Eran unos huesos desnudos, testimonios
, . pe tene~~ una de las pr-imer-as representaciones
ost:ol~grcas de un equino . Pero su estudio sistemático no se ro- indescifrables ante los cuales lo primero que debía hacerse -no lo
dujo SInO a partir del desarrollo de la anatomía com d p único, pero sí lo más importante- era reproducirlos con exactitud
di . 1" . " para a, una
f,~S~tPma InCIpIente que se estaba sirviendo del estudio de restos y ponerlos en circulación, lo que fue posible gracias al intercambio

d~~I~o d~ g.r,andes v~rtebrados.y que a partir del caso del esqueleto a distancia de dibujos, una práctica asociada a la correspondencia
uJan, precIsamente, Iba a experimentar un vuel . epistolar entre los hombres de ciencia, y al grabado calcográfico, la
derabl P co corisi-
. . e. or uno de esos extraños vericueto s de la historia de la forma de fijar y hacer circular los mismos hechos entre la comuni-
c(dlencI~,l~ osteología zoológica y la paleontología de vertebrados dad científica alrededor del globo. Los huesos, como muchos otros
os té.rrni n os mod 1 productos naturales, máquinas, procedimientos o instrucciones,
. ernos que emp eamos para designar áreas aún
SIn espacio ni nombre a finales del siglo XVIII) se íb 1 se hacían portátiles y replicables -adquirían universalidad- gracias
1 . d 1 an a co ocar en
e oJo e h.ura~án, en el centro de una de las mayores renovacio- a la intensificación del intercambio epistolar, pero sobre todo gra-
nes de las crericras de la vida desde los dí'as de L . cias al perfeccionamiento de la calcografía y al auge de las publica-
ucrecio ,
ciones periódicas y la industria editorial. Si el mundo moderno

ro había comenzado con la imprenta de tipos móviles y la primera


Johann Heinrich La t El ' .
los p! / I va er, emen/os ana/omlCOS de os/eologíay miolooíapara el uso de circunnavegación, la Ilustración estaba culminando ambas tareas
In ores. eseu lores M d id 1 d ".
C/ ,a Tl : mprenta e Vega y co -, 8 La'
proceden del '1 mpama,I 07· s citas con el ensanchamiento exponencial de la república de las letras y el
ro
Real A d . Pd sogo del traductor, Atanasio Echevarría y Godoy, de la
G ea ern ra e an Carlos de México. cercamiento definitivo del globo. La Enciclopedia o los viajes de
II
eorge Stubbs, Ana/o"!)l of/he horse, London: Purser, r766. Cook son sus empresas distintivas por la contundencia con que
transmiten sendos impulsos: pedagogía y circularidad.
170 11. UN EXTRAÑO CAOÁVER
HUESOS

!II
del cercano Hospital General. Pese a especializarse en dibujo ana-
tómico, Bru había fracasado en su aspiración de ser admitido
Todo lo cual ayuda a ver y entender mejor las imágenes de nues_
como académico de San Fernando'3. Los estudios en esta materia,
tro esqueleto. Por una parte, a falta de una tradición PI'Ct' .
. OTlca en todo caso, tardaron en consolidarse y para finales de siglo esta-
a~tonoma, las osamentas animales iban a heredar ciertas conven_
ban en franca decadencia. La Academia de Bellas Artes, como el
cro n es de las representaciones características de la osteología
Real Gabinete, en realidad como tantas otras instituciones docen-
humana. Por otra, encuadrados como curiosidades y piezas habi-
tes y científicas españolas, encaraba los años tumultuosos de la
tuales en gabíoeres y museos, también recibieron un tratamiento
Revolución y la guerra con un bagaje desigual. Eran demasiado
formal semeJa~·lte al de otros fósiles y productos naturales, graba-
jóvenes, precisaban lo que toda institución requie~e.: tradición
dos y estandanzados en esos catálogos de la Ilustración goberna-
académica, un par de generaciones de personal cualifícado , bue-
dos por la simetría y la búsqueda de regularidades entre las formas
nas prácticas y apoyo financiero, esa suma de requisitos tan fértil
de la naturaleza. La representación de huesos animales tenía
como escasa en nuestra historia.
pues, alg~ de ~st.eología humana y por consiguiente algo de tra~
o obstante, las técnicas de estampacióri y en particular la cal-
tado a~q~ltectomco, de atlas anatómico y de vanitas, pero también
cografía (el aguafuerte, el grabado a buril y el lenguaje que se
d~ cunOSldad de gabinete, es decir, de naturaleza muerta geome-
obtenía con la suma de ambas técnicas, la talla dulce) pudieron
t~lzada por esa mirada característica de la Ilustración que sistema-
asentarse en España gracias a la Academia, donde comenzaron a
tizaba y convertía en objeto todo lo que tocaba.
adquirir la misma dignidad que el resto de las artes plásticas'". En
~os dibujos y grabados en cuestión -como dijimos- fueron
1789, el año en que se estaba montando el esqueleto (el mismo en
reah.zados por Juan Bautista Bru, disecador y pintor del Real
que se estaban empezando a desmontar la Monarquía y todo el
Gab~nete de Historia atural, y Manuel Navarro, un grabador
cuerpo político del Antiguo Régimen en el país vecino), se creó la
asociado a la Academia de Bellas Artes de San Fernando institu-
Calcografía acional, anexa a la Imprenta Real, con el objeto de
ci~~ ~ndada en 1752 y que -como recordará el lector- c~mpartía
ejecutar los encargos de las distintas secretarías. En este nuevo
e~lflcl~ con el gabinete, el lugar donde ahora se alojaba nuestro
establecimiento se imprimieron láminas para ilustrar la Guía de
mlstenoso ejemplar.
Forasteros, los Retratos de los españoles ilustres o Las vistas de los puertos de mar,
A finales de la década de 1760, por iniciativa de Felipe de Cas-
obras todas cuya estampación y difusión sirvieron para estandari-
tro y Rafael Mengs, se habían creado tres nuevas cátedras en dicha
zar las imágenes de lugares, personajes y reyes que constituían la
academia: una de geometría, otra de perspectiva y la tercera de
iconografía nacional. También allí se estamparon los vales reales.
anat.omía, desde 1768 ocupada por Agustín Navarro, médico y a
De hecho fue éste el principal cometido del establecimiento'5. El
partir de entonces «profesor de cirugía y anatomía» en la Acade-
grabado se ponía así al servicio de la emisión de deuda pública del
mia de Bellas Artes'2. Allí había recibido enseñanzas Bru antes de
ser nombrado disecador del gabinete. Había aprendido a dibujar
l~s.huesos, el cráneo y la musculatura del ser humano, unos ejer-
13 Jbidem, p. 232 Yss. .
CICIOSque los alumnos practicaban frente a cadáveres procedentes 14 Véase]. Carrete Parrondo, F. Checa y V. Bozal, Elgrabado en España. SiglosXV-
XVIII, Summa Arlis, T. 31, Madrid: Espasa, 2001;]uan Carrete Parrondo, El
grabado a buril en la España ilustrada: Manuel Salvador Carmona, Madrid: Fábrica
12 Nacional de Moneda y Timbre, 1989. .
Felipe J e rez , Los artistas valencianos de la J/ustracióny el grabado biolágicoy médico
1 15 Antonio Gallego, Catálogo de los dibujos de la Calcografía Nacional, Madrtd. Real
1759- 814-, Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 1996, p. 4I8 Yss. '
Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1978, p. 5.
11. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS
173

Banco de San Carlos (el antecedente del Banco Nacional t


, arn_ tono. s y los grabados del esqueleto montado en la sala de petrifi-
bié~ de recie~te creación). El sistema crediticio, la iconografía
. nes del Real Gabinete. Vistas unas ilustraciones y otras con
rraci orra] y las Imágenes científicas: en las tres empresas la técnica caCIO . 17
0'0 crítico, cualquiera diría que su autor es el rrusrno .
del grabado permitía multiplicar y distribuir imágenes idénticas
~ Respecto a su participación en los trabajos coordinados por
generando aquello que necesitan los miembros de una corn .'
UnI- Sáñez, Bru dirigió el equipo que grabó e iluminó los dibujos ori-
dad para garantizar su cohesión, para asegurar que todos ellos
ginales para la soberbia colección ictioló~ica que quedó inédita
alejados e incluso incomunicados los unos de los otros, se refe~
por una serie de complicaciones que no Vle~e~ al cas.o, pero que
rían a los mismos hechos. Si la confianza es la base del mercad
d 1 . o, han sido objeto de polémica entre los especialistas e iricluso ser-
e SIstema crediticio y la representación política, de la cohesión
vido de argumento en una reciente novela cuyo interés historio-
social y del intercambio de conocimiento, el grabado era la herra-
ráfico reside en haber reivindicado la auto ría de Miguel Cros, un
mienta que podía generarla a gran escala. La uniformidad de las
;oldado de origen alemán, sobre unos dibujos que figuran entre
miradas y de la imaginación colectiva pasaba por la estandariza- l8
ció n de los objetos imaginados. . los mejores de su género en la época . Poco después,. Bru dirigió
los dibujos y trabajos preparatorios del citado Diccionario de las art~s ~e
Cuand~ Bru ~ealizó los dibujos del esqueleto, había hecho ya
otros trabajOS «cIentíficos», principalmente las ilustraciones de Pesca , una obra también singular en su género y en la que partlCI-
19
paran, como en la anterior, diversos artistas y grabadores .
su Colección de láminas que representan los animalesy monstruos del Real Gabinete
Uno de ellos fue, precisamente, Manuel Navarro, el autor de
~e Histori~ ~atural de Madrid (1784- 1786) Y algunos de los trabajos
los grabados del esqueleto. Natural de Zaragoza, Navarro proce-
lconograflcos de dos proyectos dirigidos por Antonio Sáñez
día de la escuela aragonesa de grabado, aunque para entonces for-
Reguart, comisario de Guerra de Marina: Colección de
la inconclusa
maba parte ya del círculo madrileño de Manuel Salv~dor Car-
lospecesy demás producciones marítimas de España y el Diccionario histórico de los
(sic) artes de la pesca nacional (1791 - 1795)16. mona, la figura más importante de la estampa española en el
20
period0 . Director de Grabado en la Academia de Bellas Artes
. En cuanto a la Colección de láminas, se trataba de un trabajo de
desde 1777 y Grabador de la Cámara del Rey desde 1783, Car.-
dIvulgación zoológica, emparentado en algunos aspectos con las
mona había introducido en España la sofisticada técnica del bur-il
obras clásicas de Gessner o Jonston, aunque con información más
y la talla dulce que él mismo había aprendido en el taller de Nico-
actualizada, de Linneo y sobre todo de Buffon. Las ilustraciones
las Dupuis, en París. Pese a la escasa consideración artística que el
er~~ calcografías coloreadas a mano con acuarela. Los dibujos
grabado tenía entonces, parcialmente corregida -como estamos
orIgmales -según relata el propio Bru-los hizo al vivo, frente a los
ejemplares disecados del gabinete. Son imágenes francamente visto-
s~s, p~es tienen el aire narf y primitivo de la iconografía de las 17 López Piñero afirmó que éstos quizás fueran los mejores dibujos de Bru.
hIstOrIas naturales altomodernas. Nada tienen que ver, sin Yo, para qué negarlo, me inclino a pensar que son tan buenos que no
embargo, con la resuelta precisión y el realismo de los perfiles parecen suyos, aunque todo es relativo y complicado: hac~ poco una pale-
ontóloga experta en osteología de vertebrados me confeso que los dIbUJOS
severos y los extraordinarios sombreados de los dibujos prepara-
le parecían muy defectuosos.
18 Juan Carlos Arbex, El dibujante depeces, Barcelona: Noray, 2007.
16 López Piñero (1996), pp. 71-85 y 261-323; Jerez (1996), pp. 278-289.
;~~a la biografía de Bru y el resto de sus trabajos, José María López 19
20 Sobre Manuel Navarro, Jerez (1996), p. 323; Elena Páez Ríos, Reoertono de
nero, Juan BautIsta Bru (t 742- J 799). El atlas {oológico, el megaterioy las técnicas de
pesca valencIQnas, Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 1996; y FelipeJerez grabados españoles en la Biblioteca Nacional, N vals. Madrid: Ministerio de Cul-
0996),PP.227-326. tura, 1985, vol. II, pp. 280-282. Sobre Salvador Carmona, Carrete
Parranda (1989).
174 11. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS
175

viendo- gracias a su institucionalización en la Academia, lo cierto


es que el aprendizaje de sus técnicas llevaba más de una década y
exigíaun esfuerzo físico sobrecogedor, hasta el extremo de que el
propio Salvador Garmona se quedó ciego, como algún que otro
rnicroscopista, cirujano y recolector de conchas de la época, por
cierto: todos ellos forzaron más de la cuenta el órgano del que
vivían los experimentalistas y los artesanos":
avarro grabó numerosas estampas de vírgenes y santos, y
también participó en obras colectivas de cierto empaque. Es el
autor de muchas láminas de la Descripción de los canales imperiales deAra-
góny Real de Tauste (r796), un clásico de la Ilustración aragonesa.
También colaboró en la edición española de una de las últimas
grandes obras de la emblemática, la Iconología de Gravelot y Gochin
(rSor). éste último, a su vez, autor del dibujo que dio origen a
uno de los grabados más famosos de todos los tiempos, el de la
portada de la mismísima Enryc/0pédie, esa imagen donde la verdad
aparece desvelada por la razón y la filosofía, al fin resplandeciente
[FIGURA 24]. La verdad como conquista dellogos y epifanía inexo-
rable de la naturaleza es una imagen que desprende tanta luz que
nos impide verla tal y como es: una imagen iluminada y multipli-
cada por el grabado, un artificio que obtuvo su aura atemporal
-su sacralidad- gracias a la calcografía ya la industria editorial.
avarro, pues, era un grabador muy cualificado, como
demuestran las propias planchas del esqueleto, verdaderamente
fabulosas, algo que también se debe a la magnífica tipografía que
empleó la imprenta de la viuda deJoaquín Ibarra. Ahora bien,
dilucidar en qué términos se produjo la colaboración entre Bru y
Navarro y a quién debemos asignar la auto ría de estos grabados,
resulta de nuevo un asunto muy delicado. Bru ha tenido sus apo-

21 Salvador Carmona se quedó ciego muy probablemente a causa de la expo-


sición continuada a la reflexión del cobre. El recolector de conchas que
perdió la vista al que aludimos es Georg Eberhard Rumphius (1627-
Figura 24. Frontispicio de la Encyc/opédie (1772). 1702). Entre los microscopistas, las patologías de la vista fueron frecuen-
tes, como es fácil de suponer: en los siglos XVII Y XVIll se realizaban las
observaciones prácticamente a oscuras O bajo unas condiciones lumínicas
muy deficitarias.
11. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS
177

logistas y SUSdetractores. Hay quienes lo han señalado Como Un


.
De las CInco p 1anc h as, la más conocida es la que recoge
1 el
.
precursor de la paleontología de vertebrados injustamente margi_
eleto monta d o, una de esas imágenes impagables: es e testí- d
nado, así como autor de algunas de las mejores ilustraciones cien-
esqu .
. de la pnmera
on10 recons t ru cción de un animal extinto en to a
tíficas del siglo XVIII español, lo primero algo completamente
m hi to rra
. [FIGURA 19.] R epro d u ce los errores ya comentados . del
inmerecido y lo segundo seguramente cierto, si es que son Suyas.
la ntaj
is e en hnea_ con 1os que se habían cometido en su pnmera
Porque no faltan quienes lo han tachado -ya lo hicieron en su
mo, trucción en B uenos Aires , como dijimos. Su postura, 1b a
día- de plagiario o falsario, un personaje que acostumbraba a
recons 1 -
atas reve a en que es a t ban pensando Bru y sus co a ora-
_
vivir del trabajo y el mérito de otros.
cuatro p'. paquidermo , un gran herbívoro o tal vez un car nr-
Pero este no es nuestro argumento. Fuera quien fuera su dores: d en un. rciories co 1osa 1es. En el margen inferior derecho
autor, lo cierto es que esas cinco planchas son un prodigio de téc- voro e ~rop~
N iriscr ibe su nom b re. E n el izquierdo el de Bru, sobre 1el
nica y también de belleza. Están hechas a buril con un toque de
ava;.ro ran dos escalas, en pies franceses y varas castell~nas, a
aguafuerte, el procedimiento habitual entre los alumnos de la
q~e lf;ad metroló ica que la Revolución iba a co mbati r. Tan
Academia y los artistas de la recién creada Calcografía Nacional.
d ive rs _ gulta el dibujo preparatorio para esta plancha:
Se trata de la técnica de la talla dulce, llamada así en contraposición interesante o mas res d . 1 ro orciones a
n la retícula característica para repro ucrr as PB p l. _
a la entalladura, el grabado en madera, al que fue sustituyendo
co . f1 ia una de las audacias que ru rea IZO
progresivamente a lo largo de la Edad Moderna. Navarro debió escala, la lmage~ r~ eJ la de mula que se le añadió [FIGURA 25].
aprender este método (o al menos a ejecutarlo con maestría) en el durante el montaje, a co 1 huesos aislados agru-
taller de Salvador Carmona, su introductor en España. Las otras cuatro láminas reproducen os. 1 d los
. . anatómicos. Son despieces como os e
La mano comunicaba sobre el buril la presión con que su filo pados porl ~r~ter~~s En el centro de una de ellas destaca la imagen
abría la plancha de cobre. Con mucha destreza, el dedo índice atlas osteo OglCOS . h tidos Contemplarlo es
f id bl n muc os sen 1 .
conducía la punta biselada del instrumento, mientras el hueco de del cráneo, o.rml. a e e identidad. Por su volumen y forma,
la palma se abría o cerraba para graduar la intensidad y obtener acercla rse al mlste:ls~ ;:p:~ducen los valles óseos, las apófisis y las
un surco más o menos profundo o sutil. Mediante un variado Por e arte con qu 1 da y porten-
. . n de una ca avera mu
repertorio de líneas ondulantes, paralelas o tramadas, distantes y cavida~es o~bitan~s, es;~ cl~~:e constituye toda una vanitas zoológica
tosa, silenciosa e lnexp 1 ,
cercanas, Navarro obtiene el sombreado y la graduación de los
volúmenes, las fidelísimas cavidades óseas. Son imágenes de una
precisión magnífica. El grabado a buril, por descontado, exigía
Ser un dibujante consumado. Todos los grabadores de ese nivel dio histórico de los más célebres Gravadores, que se han conocido desde su 6invención hasta el
P
estaban familiarizados con las grandes obras de arte, así como con en . t de la viuda deJoaquín Ibarra, 17 J.
presente, Madrid: Impren a l b dos secciones de una vértebra y
los principios de perspectiva y geometría. Tenían conocimientos 23 dIe aparece a ca eza,
de arquitectura y de anaromía'". La segun a es en a qu l l . la el sacro y una costilla; en la cuarta y
una mano; en la tercera a e aV1CU, id d Y algún diente suelto. Las
q .. h os de las ext re rm a es .,
uinta dist i ntos ues . J h Garriga Descnpcián
di h publicaron en osep ,
láminas, como hemos IC o, se l/raro queseconserva en el Realgabinete de
22 Carrete Parrondo (I989), pp. I3-18, páginas tituladas «El grabado a del esqueleto de un cuadrúpedo m<ry corpu en ay 'd l . da deJoaquín Ibarra,
M d ·d M drid· Imprenta e a V1U
buril. La técnica de la talla dulce», donde, entre otras cosas, el autor Historia Natural de a n, a . lid d L' Piñero (199 ). Tanto el
6 d id on gran ea I a opez 6
comenta el manual de Manuel Rueda sobre dicha técnica: Instrucción para I79 . Las ha repro UCI o c d n encontrar hoy en Internet, gracias
gravar en cobrey perfeccionarse en el gravado a buril, al agua foerte,y al humo, con el nuevo texto como las ilustrac~o~es se puede MNCN colgó la edición entera de
I b lM - bibliotecar-ia l
e, /)
método de grabar las planchas para estampar en colores, a imitación de la pintura;y un com-
aGarriga
que saene el servidor
oron, de la bibli
I ioteca d e l CSIC (http://aleph.csic.es .
HUESOS 179
11. UN EXTRAÑO CADÁVER

lIc.I.

Figura 26. Juan Bautista Bru y Manuel Navarro, Detalle de la lámina II


Figura 25. Juan Bautista( ~ru, Di.bujo preparatorio del esqueleto montado publicada en J. Garriga, Descripción del esqueleto de un cuadrúpedo
vease figura 19), MNCN. muy corpulento y raro ... (1796).

grabados originales. Así que el papel del disecador valenciano en


que recoge un instante único en la víspera de la h i t . d 1 .
rra d 1 .d d is orra e a tle- esta segunda historia recuerda más bien al del comerciante
y e a VI a, un ocumento sobrecogedor sobre unas ideas
moravo de la primera, aquel que le había hecho llegar a Durero el
unos hechos verdaderamente revolucionarios [FIGURA 26]. Y
dibujo de Ganda desde Lisboa; o mejor, al autor anónimo de ese
dibujo, pues en realidad el papel de Valentim Fernandes -así se
llamaba el comerciante moravo, el transmisor- lo desempeñó en
IV
este segundo caso otro personaje, un diplomático francés lla-
mado Philippe Rose Roume, un mediador a su vez entre Bru y
Quizás fuera Bru el t d dibu i
atribuirle en gran m:~i~r 1 e esos ibujos y por lo tanto a él cabe Cuvier. El episodio, entre otras cosas, pone de relieve la multi-
aos grabados. Pero en todo caso no fue
plicidad de actores que intervienen en la confección del conoci-
el D urero d e est h i . N o fue quien resucitó y bautizó
'
esqueleto B fa lsto.na. al miento. La ciencia es una actividad social, colectiva. Tras un solo
. 1 . ru ue un Intermediario entre Manuel de "T'
qu ie n o h b í d r o r res , hecho científico no encontramos un solo ojo y una sola mano.
a la esenterrado en el Río de la Pl .
naturalista que acababa d 11 ata, y un Joven Más o menos fieles, sinceros, delegados o impostados -el
Cuvier (r7 9- 32). e egar a París. Se llamaba Georges número hace la variedad-, los ojos y las manos que fabrican los
6 r8
datos (y no digaInos los saberes) son mucho más numerosos de lo
Como Durero con el rinoce t C . 1
esqueleto sin haberlo . . ron e, UVler e dio vida al
visto, gracIas a unas copias de los dibujos y que parece.
HUESOS 181
180 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

A finales de 1795 Roume se encontraba en Madrid negociando en ninguna otra parte del mundo) iban a permitirle hacer un tra-

los términos de la cesión de Santo Domingo a Francia. Conocía bajo que no hubiera podido llevar a cabo en ningún otro lugar. A

bien los asuntos de! Caribe, de hecho era natural de la Isla de rincipios de 1796 Cuvier acababa de obtener e! puesto de

Granada. También era aficionado a las ciencias naturales, así que ~uplente de un profesor de anatomía animal, el venerable Mer-

visitó e! Real Gabinete y se debió quedar prendado de! majestuoso trud. El Museo entonces estaba dominado por figuras como Louis

esqueleto, puesto que obtuvo unas copias de los grabados de Bru y Jean Marie Daubenton (1716-1800), su director, médico, anato-

Navarro y los envió al recién creado Instituto de Francia en París mista y gran estudioso de los vertebrados, estrecho colaborador del

donde e! joven Cuvier resolvió e! misterio de su identidad y l~ gran Buffon, que había muerto antes de que cayera l~ Bastilla.

bautizó con un golpe de ¿cómo llamarlo? ¿Lucidez? ¿Maestría? Cuando los dibujos de nuestro esqueleto llegaron a París, en esos

¿Ingenio? ¿Método? ¿Rigor científico? ¿Imaginación? primeros meses de 1796, Cuvier era un completo d~sc~nocido .en
De todo un poco. Y fortuna, la de estar en e! lugar indicado. el Museo, e! último en llegar. Ni siquiera era e! mas Jove?, III e!

Cuvier tenía apenas ventiséis años. Había nacido en Montbéliard más prometedor, un puesto que ocupaba e! brillante Etienne

en e! condado de Württemberg, de forma que era francófon~ Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844), con quien pronto iba a cola-

pero germano-francés y completamente bilingüe (más tarde llegó borar y más tarde a polemizar, ya entonces catedrático de zoología.
El Instituto Nacional de Ciencias y Artes, a su vez, era el pro-
a ser un gran políglota). Hijo de una familia protestante y asen-
tada' había estudiado la carrera administrativa en la Academia ducto genuino de la Revolución. Lo había fundado e! Directorio

Carolina de Stuttgart, aunque su pasión desde niño había sido la tan sólo unos meses atrás, en octubre de 1795, poco antes de que
historia natural. Durante los años más turbios de la Revolución Roume visitara Madrid. El Instituto quería reagrupar las funcio-

había vivido en la costa de Normandía, donde había estudiado nes de las antiguas academias reales (de ciencias, inscripciones y

fósiles marinos a su antojo mientras se ganaba la vida como pre- bellas letras, pintura y escultura, etc.), suprimidas todas por la

ceptor de una familia noble. Acabado e! Terror, se instaló en Convención en 1793, puesto que constituían -en palabras del

Paris en 1795 y se incorporó primero al Museo de Historia Natu- Abbé Gregoire- «gangrenas de una incurable aristocracia».

ral y al poco al Instituto de Francia, las dos instituciones con las Nacía para reparar los daños sufridos por la cultura y la ciencia

que la República quería liderar la ciencia en los nuevos tiernpos". francesas en esos años convulsos, para relanzarlas y también para
En e! Museo de Historia Natural se fundían e!Jardín y e! Gabi- centralizarlas, legislarlas y hacer de ellas, en definitiva, prácticas al

nete reales, las dos joyas de la corona cuya cabeza había rodado un servicio de! estado. En este contexto, se dividió la actividad en tres

par de años atrás'5. Las magníficas colecciones de animales, pro- áreas, tres clases: la tercera dedicada a las letras y las artes, la
ductos y seres naturales (animales vivos, disecados, restos, esquele- segunda a las ciencias morales y políticas, y la primera a las ciencias

tos y osamentas. en sus depósitos había más huesos de animales que naturales, que recibió e! nombre de «física y matemáticas», lo que
quiere decir que la historia natural, la botánica, la mineralogía, la
anatomía o incluso la química se encontraban ahora en cierta
manera subordinadas a las materias que habían protagonizado la
24 Sobre Cuvier, de quien nos ocupamos con más detalle en el siguiente Revolución Científica, la gran ciencia newtoniana consagrada defi-
capítulo, véase la biografía Dorinda Outram, Ceorges Cuvier: Vocation, Science nitivamente por Laplace. Eran las que se habían practicado en la
and Authori!y in Post-Revolutionary France, London: Palgrave Macmillan, 1984. Academie R?}a/ de Sciences, una de las más antiguas de Europa, la más
25 Sobre el Museo de Historia Natural de París, Emma Spary, Utopia's Carden:
descollante en todo e! siglo XVIII, recientemente abolida y ahora
Frenen Natural History from Old Regime to Revolution, Chicago: University of
Chicago Press, 2000. subsumida en el nuevo Instituto. Cuvier fue adscrito a esta primera
HUESOS
182 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

¿Encontrado en Paraguay? Cuvier sabía mucho de huesos,


Classe des Sciences pl]ysiq.ue etmathématique, una denominación que arroja
ero no tanto de geografía americana. El desliz quizás revela ese
luz sobre lo que qUlSOhacer de la osteología zoológica, una suerte
de geometría o disciplina matemática. ~esdén característico que sienten hacia las periferias quienes se
saben en el centro (confundir Uruguay, al otro lado del Río de la
L~s copias de los grabados de Bru y Navarro enviados desde
Madrid por Roume llegaron a manos del Abbé Gregoire, protago_ plata, con Paraguay, es un error de bulto 27), pero sobre todo nos
dice lo poco que supo Cuvier del contexto en el que había sido
nista de la Revolución y figura ~ominante en la nueva política cien-
tífica y en el propio Instituto. Este se los proporcionó a Cuvier y le hallado el cadáver.
No le interesaba. Despreocupado por el lugar donde se había
encargó que preparara un informe sobre el caso. A la vista de las
exhumado, tampoco se dejó impresionar o confundir por el
imágenes de Bru y Navarro y con los materiales que tenía en las
salas del Museo, donde trabajaba y vivía, aquel recién llegado ela- tamaño, entre otras cosas porque una de las ventajas comparativas
de los dibujos frente al esqueleto, de las copias frente al original,
boró un informe que dio pie a una intervención formal ya su pri-
mer artículo de osteología de fósiles y anatomía comparada, el pri- es que son reproducciones a escala. El tamaño de ~n. an.imal sob~e
mero de una larga serie de investigaciones que le iban a encumbrar el papel es una cuestión relativa, se esfuma o.mlnlmlza:. es mas
como una de las luminarias científicas de la primera mitad del siglo fácil apreciar las semejanzas entre las formas SIuno prescInde de
XIX, sin duda, una figura de la estatura de un Humboldt o un Dar- las dimensiones.
Así fue, Cuvier concentró toda su mirada en las formas y
win. Merece la pena reproducir su título entero : Notice sur le squelette
d'une tres-grande espece dequadrupede inconnue jusqu'ó present, trouvé au Paraguqy, resolvió la paradoja de su dentición y sus garras discord~~tes
etdépose au Cabinet d'Histoire Naturelle deMadrid. Fue publicado en el Moga- empleando sus conocimientos sobre otros vertebrados y ~~hcan-
sin Enryc/oPédique y traducido inmediatamente al inglés en el MonthJy dolos al caso, es decir, mediante la analogía y la extrapolacIOn. Fue
Mogcv:.in en ese mismo año de 179626• el primer caso en el que puso en práctica sus dos grande~ princi-
pios anatómicos: la correlación de las partes de un orgamsm~ y la
subordinación de caracteres. Todos los órganos de un ser VIVO y
todas las partes de dichos órganos estaban relacionados entre sí y
26 Georges Cuvier,« otice sur le squelette d'une tres-grande espece de dependían de las funciones que desempeñaban. Es lo que se llama
quadrupede inconnue jusqu'a present, trouvé au Paraguay, et dépose au estructuralismo funcionalista o morfología funcional. Un carní-
Cabinet d'Histoire Naturelle de Madrid», Magasin Engcl0pédique, 2e année,
voro -por ejemplo- había de tener garras para cazar presas, i~ci-
1, 1796, pp. 303-3IO. Fue el único trabajo que se tradujo al inglés en el
número de septiembre de 1796 del MonthJy Magatin. Sus editores demostra- sivos para poder masticarlos y un aparato digestivo capaz de dl~e-
ron tener buen ojo. Por razones de comodidad, hemos manejado una rirlo. La osteología se convertía en un juego lógico, una práctIca
edición moderna en inglés de algunos textos de Cuvier, éste entre ellos: de anatomía forense: dadme un par de huesos y reconstruiré un
Georges Cuvier, «Notes on the skeleton of a very large species of quadru- individuo. Le pondré una piel. Le daré forma, costumbres, vida.
ped, hitherto unknown, found in Paraguay and deposited in the Cabinet
La naturaleza no hacía nada en vano -como querían los clásicos-,
of Natural History in Madrid», en MartinJ.S. Rudwick, George Cuuier, Foss-
sd Bones, and Geologigal Catastrophes. New Translations & Interpretations of the Primary de manera que averiguar las formas y los hábitos de un ser vivo era
Texts, Chicago & Landon: Chicago University Press, 1997, pp. 27-32. La cuestión de agudizar la observación y aplicar la lógica.
traducción no es la misma que se publicó en el MonthJy Maga<.in, sino la
nueva (y canónica en el mundo angloparlante) del gran historiador de la
geología. También se puede consultar fácilmente en castellano en la tra-
27 Entre Buenos Aires y Asunción hay algo más de 1.000 krns., más o menoS
ducción que se hizo para la edición de Garriga (1796), pp. 17-20
(http://aleph.csic.es/) . como de París a Madrid.
11. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS

Figura 28. Georges Cuvier, Megatherium americanum, ilustración publicada en


la «Notice sur le squelette ...», Magasin Encyc/opédique, 2e année, 1, 1796.

En nuestro caso, lo primero que Cuvier tuvo que hacer fue


validar los grabados, concederles crédito, asumir que representa-
ban (sustituían) con realismo a los propios huesos, es decir, dar
por hecho que contemplarlos era como si se estuviera ad vivum frente
a ellos [FIGURA 27]. Aunque seguramente le fueron más útiles las
ilustraciones de los huesos sueltos que la del animal montado
«<una mala copia de la figura del esqueleto entero» 28), éste enca-
jaba en su retórica visual, una parte fundamental de su argumenta-
ción científica y su programa expositivo, razón por la que decidió
reproducir dicha imagen, la del esqueleto armado, que aparece
invertida, lógicamente, puesto que la calcografió [FIGURA 28].

Extrajo dos conclusiones sorprendentes: aquellos huesos no


se correspondían con los de ningún ser vivo conocido y sólo

Figura 27. Juan Bautista Bru


Descripción del esqueleto deMan ' . .
uel N~varro, Lamina 11 publicada en J. Garriga,
un cuodrupedo muy corpulento y roro. .. (1796). 28 La frase de Cuvier, en López Piñero y Glick (1993), p. 66.
r86 11. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS r87

I Parosseux didal'I;'I'lr' ou uunu


longitud de las extremidades anteriores, rasgos de los perezosos;
robustez de las posteriores, de los pangolines; la dentición,
la . 29
arecida a la de los arrnadi llo s . De forma que aquel monstruo
imposible seguía las pautas anatómicas de unas especies tropicales
poco conocidas en Europa en esas fechas y en todo caso menores,
mucho menores que el portentoso ejemplar del Real Gabinete.
¿Pero cómo imaginar un perezoso que sobrepasaba los cuatro
2·Varl'-'Sl'IIX t1·ídact-.~t' 0\1 Al metros de longitud y los dos de altura? En su opinión, el esque-
. \ . •..~ -" ':
leto pertenecía a un animal desaparecido, completamente dife-
rente a cualquiera que «podamos ver hoy día sobre la tierra».
Procedía de un mundo antiguo (ancien monde)3°. ¿Un mundo anti-
guo? ¿Pero cuánto de antiguo y en qué se distinguía del actual?
De momento, Cuvier se limitó a las evidencias, a las cuestiones
de hecho. Ubicó el ejemplar entre los perezosos (por la forma de su
cráneo) y los armadillo s (por su dentadura) [FIGURA 29]. Y se atrevió
3.A11illlal .111 Parng'lIay a bautizado: MegatheriumAmericanum, «el gran animal americano», o
más propiamente «la gran bestia americana». Poco después modi-
ficó el específico: Megatheriumfossile. La afrenta estaba cerrada. Al
emplear la nomenclatura binomial a un fósil, Cuvier estaba apun-
. Figura 29. Georges Cuvier,
Cráneos de un perezoso didáctilo tando a la existencia en un pasado remoto de una fauna desaparecida
otra tridáctilo y el megaterio' ya de la tierra. Precisamente Linneo, el nuevo Adán que había
ilustración publicada en I~ rebautizado a los seres vivos, cuando dio con la fórmula binaria de su
«Notíce sur le squelette ...»,
nomenclatura -un método ideado prácticamente como unjuego,
Magasin Encyclopédique,
2e année, 1, 1796. con fines mnemotécnicos- dijo tener la sensación de haberle colo-
cado el badajo a una campanilla. Así ocurre cuando se encuentra la
palabra precisa para designar o nombrar un objeto o un hecho.
:a:aa~n'~boanl los ddeciertas especies exóticas, mucho
comdo menores en
, os e enta os u f '1' Algo resuena en su interior. Cuvier lo debió sentir. Había bauti-
zado al extraño cadáver. Le había asignado un nicho en el reino
lo~ perez.osos, ~os arm~di~:s ~~sI:!~e::;;:r;u::::.p~:~:l~:e;i
remo arrirnal solo ellos combin b d' " animal y le había dado un nombre, el primer paso para que recu-
die tes s í 1 a an esa entlclOn (sus peculiares perara su piel: taxonomía, taxidermia. Primero gracias a la imagen y
n es SIn esma te de crecimi t .
riformes si . ..' ) en o contInuo, unas piezas mola- luego mediante la palabra, aquellos huesos estaban empezando a
In InCISIVOS, con esas extremidades, no unguladas las
po d erosas garras q f dí ' cobrar vida, recuperando su lugar y su apariencia. El gran perezoso
elvís si ' .. ue ~on un ian tanto a otros estudiosos. La
bls Se estaba levantado de su letargo milenario con bastante energia.
~er en 1: e: nI.I,sq)ulOn dificultaba las cosas (se debieron per-
umaClon pero la p . d 1
de las d 1 ' resencia e e avículas la anchura
caras e a ma d 'b 1 . f< . '
del arco cigom' ti n 1 u a In error o la gran apófisis en la base
~9 Cuvíer (r796) (ed. Rudwick r997), «Notes on the skeleton», pp. 29-30.
a ICO, eran características de los edentados. La
30 Ibidem, p. 32.
188
11. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS
189

v
En fecha tan temprana como enero de 1789 Carmichael había
visto ya el esqueleto en el Real Gabinete, cuando éste apenas lle-
Al montar los puzles uno intenta colocar las . .
Al . pIezas en van 1 vaba unos meses y lo estaban montando. Fue entonces cuando le
re~. go semejanr- Ocurre Con los hechos sociales os uga_
rn de n , se observa cómo'
í o naturales. Se escribió a j efferson, comentándole detalles sobre lo que le ocu-
encajan unos en otros '1
hay entre ellos. La paleontolog' d b ' que re aciones paba en Madrid (la política de Carlos IV ante la nación ameri-
f: . la e verte rados e di
cana); y en esa misma correspondencia incluyó «una descripción
ascmann-. Y quizás más que a los uzles ' s una Isciplina
verse de una forma recuerd p , ~ue solo pueden resol_ del esqueleto de un animal descubierto recientemente en la Amé-
, a a esos otros Juegos d
en los que sus piezas pueden articularse de dif: e construcción rica española»32, una documentación que incorporaba un
También recuerda a la histo' E d 1 erentes maneras. esquema (un dibujo) y unas notas, seguramente preliminares e
r ia. n to as estas rá ti .
mos Con materiales más f1 ib] . P e icas, traba.¡a- incompletas pero suficientes como para azuzar el interés y la ima-
. ezi es y reversible» d 1
primera vista. e o que parecen a ginación de un personaje comojefferson. Estos dibujos y notas
fueron elaborados por un informante local cuyo nombre Carmi-
El Megaterio tardó en adoptar una form
dicho, adquirió varias Durante b t a estable. O mejor chael silenció: ¿Bru? ¿El cirujano del Hospital del Buen Suceso?
. as antes años b
en los primeros de ésta d bi ' pero so re todo ¿Man uel Navarro ?33
, su segun a iografí .d
rada, su versatilidad fue proverbial M ~a o, su ~l a recupe- Thomasjefferson Ú746-1826) vivía entonces en París. Era el
su imprevista resurrección fue seg~id~e;to ~Cla mIles de años, máximo representante de los Estados Unidos en Francia. Debió
cambios de aspecto yad taci di . e vanas metamorfosis, recibir las noticias y los dibujos en su residencia de los Campos
ap acrories a lstlntos . ,
cos y políticos Esta . programas científí- Elíseos. ¿Y por qué le enviaba Carmichael esta información al
. mos ante un sujeto que co b
se resistía a ser encasillado E t b di ,mo uen moderno, ministro plenipotenciario en París, el padre de la Declaración de
perdidas y a consumí . s a. a ispuesto a recuperar las horas Independencia, ex gobernador de Virginia y futuro presidente de
L' rrur no una, sino varias vidas.
a pnmera de ellas fue u .d los Estados Unidos? jefferson era también un personaje muy
podría decirse T. d ~a Vi a non nata, un intento de vida, apreciado en los salones y los círculos de eruditos y savants del París
. o o comenzo Con la' t .,
mediario pues e h" In ervencíon de otro inter- de las Luces, la gran metrópoli que vivía el apogeo de una cultura
, n esta rsto rra no hub .
ciantes moravos» M h o uno, SIno dos «comer- cortesana que pronto ardería por los cuatro costados. Hombre de
. uc o antes que R .
diplomático también ' oume, otro personaje, talento variado, reformador de la universidad, arquitecto frus-
puesto en circul " ~om~ el, se le había adelantado y había trado, experto en teoría política, brillante abogado y diplomático,
acion Cierta lnformació díb . .
terioso ejemplar d 1 G hi n y unos 1 uJos del mlS- admirador +e n fin- de Bacon, ewton y Locke, jefferson des-
un agente nort e. a mete. Se llamaba William Carmichael, arrolló una más que notable actividad en varias disciplinas de las
eamencano que h bí 1b
su m' " Parr a la co a orado con Franklin en
ISlOn en ar rs durante la Guerra de Inde d .
venía 1 pen e ncra y que
a ser e representante oficial d 1 . .
Estados U id E _ e os Intereses de los nacientes
rn os en spana a t
1795. También er f' ,sun os que manejó entre 1782 a (eds.), «The Megalonyx, the Megatherium and Tomas]efferson lapse of
a a icio nade, a las ciencias naturales31. Memory», Proceedings of/he American Philosophical Socie!>,
, vol 102, n. 5, 20 oct.,
1958, pp. 420-435. Como demostró Boyd y López Piñero y Glick reite-
raron, cuando apareció el Megalonyx en 1796,] efferson no recordaba
31 Para el episodio que llevó al Me a . bien lo que Carmichaelle había comunicado en 1789.
Blanca, véase Lópe Pí _ GI' g( teno a rozar las puertas de la Casa 32 Reproducida y traducida en López Piñero y Glick (1993), pp. 127-131.
z mero y ick 1993) , pp. 72- 8 9; y]uJian P. Boyd e/al.
33 López Piñero y Glick no lo dudan y dan por hecho que se trata de Bru.
190 1/. UN EXTRAÑO CADÁVER
HUESOS 191

ciencias
natur alesé". Supo y escribió de astronomía bors . rle (un ave típica de América del Norte, parecida a un mirlo o
'. . ' anlca, zon 36
etnografIa y agricultura. Era rn i e rn b r-o de la American Phl"lo ,¡.,h.
. 501' Ical un ruiseñor) .
SaCIe!} desde 1780 y llegó presidirla entre 1790 y 1815. Sus Note a Para]efferson, los huesos de la fauna americana estructuraban
the State ofVirginia (r787) fueron una de las historias natural Son
sostenían bastantes cosas. Como el resto de los natur,alistas y en
. , . es ame_
rrcanas mas mfluyentes del periodo. Su afición por la paleontol _ y ecial quienes se habían interesado por los restos oseos en el
gía también le ocupó, si bien de manera intermitente du
o eS~evo Mundo, Jefferson estaba fascinado por los descubrimien-
, rante
muchos años. En París había frecuentado las colecciones 1 ros de un lugar llamado, no en vano, Big Bone Lick, unas maris-
Ga~inete Real, y tenía trato con los mejores naturalistas. Lo h:b;a mas al sur del río Ohio, en Kentucky37. Los primeros hallazgos en
teriido con Buffon, su oponente en la disputa del Nuevo Mundo, este yacimiento se remontaban a 1739, cuando unos soldados
y lo esta.b~ ~eniendo con Daubenton, su sucesor, el hombre que franceses se habían topado con los huesos de un extraño espéci-
Iba a dirIgIr -como hemos visto- el Museo cuando el . men. Parecían los de un elefante, mas pronto empezaron a equi-
. Joven
CUVler llegara a París en 1795. A lo largo de toda su vida, Jeffer- pararse con los que se exhumaron durante las décadas siguientes
son h~zo muc~o por promover y popularizar la ciencia en su país. en varios lugares de Siber ia, los mamuts. En la década de 1760 se
Apoyo, por ejemplo, el Museo de Historia Natural de Filadelfia multiplicaron las exhumaciones en ambos lugares, situados en los
una de las primera empresas a mitad de camino entre el espectá- dos hemisferios, y con ellas el interés y los debates. Pero ¿cómo
culo, la ci~ncia y el arte, el negocio de un visionario -su amigo era posible que hubiera habido elefantes o animales parecidos en
Charles WIlson Peale- que ofrecía cenas en el interior del esque- latitudes tan septentrionales? ¿Unos parientes polares de los
leto de un mastodonte mientras una banda de música interpre- paquidermos tropicales?
taba el himno american035. Otro ejemplo: en la época en queJef- El animal de Ohio, conocido como el American Incognitum,
ferson era presidente, un visitante recordaba la sala Este de la soportaba además no sólo uno de los debates paleontológicos más
Casa Blanca con las paredes cubiertas de mapas, globos y libros. interesantes del periodo. También cargaba con un gran peso, la
Junto a las ventanas había rosas, geranios y otras plantas que Jef- reputación de un continente cuya naturaleza había sido denostada
ferson se encargaba de cuidar personalmente. Sobre una de ellas por la mitad de la Europa culta. Por encima de William Robert-
-destacaba el visitante- colgaba la osamenta de un sinsonte o cen- Son y el Abbé Raynal, con más fundamento que el propio Voltaire
y sin duda con más enjundia que Cornelius De Pauw, el Conde
de Buffon (1707-1788) había sistematizado mejor que nadie las
34 Véase Charles A. Miller, Jefferson and Nature. An interpretation, Baltimore:
bases científicas sobre las que se apoyaban las tesis de la inferiori-
]ohns Hopkins University Press, 1988; I. Bernard Cohen, Scienceandthe
dad de la naturaleza americana: la humedad frígida del ambiente,
Founding Fathers: Science in the Politico! Thought oJJeJferson, Fronkli«, Adams, and Madison,
New York: Norton & Company, 1995; Silvio Bedini, Jefferson and Science, su carácter impúber, la decadencia
de sus animales domésticos, en
Thomas]efferson Foundation, 2002. fin, la ausencia de grandes animales selváticos38. El Nuevo Mundo
35 Sobre Peale (1741-1827) y su Museo, véase el primer capítulo de Florike
Egmond y Peter Mason, The Mommouth and Ihe Mouse. Microhislory and Mor-
phology, Baltimore: The]ohns Hopkins University Press, 1997, pp. I-36;
tambien Lawrence Weschler, El gabinete de las maravillas de Mr. Wilson,
36 Bedini (2002), pp. 60-64.
Barcelona: Seix Barral, 2001, pp. 27 Y ss., Susan Stewart, «Death and 37 Pau] Semonin, American Monster. How the Naiion's first creature became a ~mbol oJ
Life, in that order, in the works of Charles Wilson Peale », ]ohn Elsner Y
national identi!y, New Co rk New Cork University Press, 2000.
Roger Cardinal (eds.), The cultures oJcollecting, London: Reaktion Books,
38 Antonello Gerbi, La disputa del Nuevo Mundo. Historia de una polémica. 1750-1900,
1994, pp. 204-224.
México: FCE, 1982, pp. 7-47.
192 11. UN EXTRAÑO CADÁVER HUESOS 193

era un continente reciente, sin formar, empantanado, malsano A punto estuvo de emplear al Megaterio para la misma causa.
Con una lógica aristotélica implacable, para Buffon lo mayor er~ Como hemos visto, ]efferson recibió a principios de 1789 por
superior a lo inferior, tal y como lo estable era preferible a lo medio de Carmichaellos informes y dibujos de nuestro ejemplar
mudable. Bajo esta perspectiva, el animal de Ohio, considerable_ de Madrid (aún sin identificar, sin nombrar y a mitad del mon-
mente más grande que los elefantes africanos y asiáticos, requería taje). Pero luego llegó la Revolución y ant,es. de q~e acabara el año
una explicación. Sus ideas geológicas le ayudaron a encontrarla. hubo de abandonar París y regresar a Amér-ica. Sin duda, durante
En Les éPoches de la Nature (1778) ya había expuesto su teoría del unos años tuvo asuntos más urgentes a los que atender. El fan-
enfriamiento gradual del planeta, atribuyendo las alteraciones en tasma del American incognitum volvió a presentarse en 1797, cuando
la fauna a cambios climáticos. Así que el American incognitum quizás aparecieron los restos de otro extraño cadáver, esta vez en las
había sido más grande que otras especies análogas del Viejo inmediaciones del condado de Greenbrier. en la misma Virginia.
Mundo -esto era incontestable-, pero se debía a que era un ani- Eran los huesos de varias extremidades, incluidas unas magníficas
mal extinto (de hecho, el único que Buffon reconoció como zarpas armadas, dotadas de unas uñas considerables. Contra lo
extinto), una especie que había vivido en un pasado remoto (en la que esperaba]efferson, que rápidamente se interesó por el caso,
quinta época de su cuadro), cuando América septentrional tenía el animal de Virginia no era el elefante gigante de Ohio, un
un clima mucho más cálido. mamut (aunque lo cierto es que tampoco era un mamut, sino un
Frente a estas teorías se alzaron unos cuantos sabios, miem- mastodonte). Éste no era ungulado. En lugar de pezuñas, tenía
bros de las elites locales, nacidos en América: criollos en los unas garras temibles. ]efferson incluso adquirió algunas piezas del
virreinatos españoles y naturales de las colonias inglesas, ciudada- ejemplar, custodiadas hoy en la Universidad de Virginia, otra de
nos ya de la nueva república. El agravio, por descontado, les afec- sus grandes creaciones. Lo estudió y lo bautizó como un Megalo79x,
taba de manera directa, puesto que las capacidades intelectuales y esto es, un Great Claw, «gran garra». En su honor, Caspar Wistar
afectivas de los propios americanos estaban en entredicho. Las (r76I - 1818), el anatomista que dibujó esas garras y que estudió el
cuestiones naturales nunca están más cerca de las sociales como caso con más detalle algo después, lo rebautizó como Megalonix jef-
cuanto tocan la piel de los hombres «<lo más profundo es la . . [ FIGURA 30 ]4 .
fiersiom 0

piel», según Valery), la superficie donde afloran o se proyectan En febrero de 1797 ]efferson viajó desde Monticello hasta
sus capacidades emocionales o intelectivas, su dignidad moral. Filadelfia, adonde se dirigía para asumir la vicepresidencia de los
Pues bien, uno de los grandes impugnado res de estas teorías fue Estados Unidos. Había perdido las elecciones por un margen
]efferson, que invirtió los razonamientos hasta hacer de América escaso frente a Adams. Pues bien, en ese mismo viaje llevaba con-
justamente todo lo contrario, un mundo bendecido por los sigo algunos de los huesos del Megalonyx para presentarlos ante la
mejores frutos y paisajes naturales. La tierra de la libertad y la American Philosophical Socie!y. la institución científica que le iba a
promisión también resultaba ser la más fértil, la más poderosa Y investir presidente en marzo. Debió ser entonces más o menos
robusta39• Así que el animal de Ohio encajaba con precisión con cuando leyó el artículo de Cuvier sobre el Megatherium traducido
su apología de la naturaleza americana, ya que en su visión provi- por el MonthJy Magazine. Lo que se estaba fraguando como otra
dencialista y deísta no había lugar para el transformismo ni para la muestra de la fiereza del continente americano, un ejemplar que
extinción de las especies. no era el gigantesco elefante de Ohio, sino en realidad algo mejor

39 Jbidem, pp. 315-338. 40 Bedini (2002), pp. 60-64; Semonin (2000), pp. 302-314.
194 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

orgullo herido del Nuevo Mundo resultaba ser un pariente cer-


cano de una especie gigantesca, en efecto, pero intermedia entre
el armadillo y el perezoso. Y si bien daba la casualidad que uno
había simbolizado proverbialmente el continente americano (el
armadillo fue empleado desde el siglo XVI en muchas representa-
ciones iconográficas y mapas como alegoría del uevo Mundo), a
nadie se le escapaba la escasa consideración física y moral del otro,
e! perezoso, un animal que precisamente Buffon había empleado
para ilustrar la torpeza y la desidia de la fauna ame~icana. En los
cuarenta y cuatro volúmenes de que consta su Histoire naturel/e,
cuesta encontrar una descalificación tan severa como la que reci-
ben los perezosos: «los animales más degradados e ..) quizás la
única especie con la cual la Naturaleza no fue amable; nos ofrecen
un vivo retrato de una desgracia innata e ..) con un solo defecto
más, su existencia sería inviable» 43.

Figura 30. Caspar Wistar, huesos fósiles de las garras del Magalonix,
VI
en «A Description of the Bones Deposited, by the President, in the Museum
of the Society, and Represented in the Annexed Plates»,
Transactions of tne American PhilosophicalSociety. vol. 4., 1799. Mientras tanto, en Europa se habían precipitado los aconteci-
mientos y sucedido las publicaciones. En 1796 J oseph Garriga,
colaborador de Bru en otros proyectos, publicaba su informe y las
aún, su posible depredador, un carnívoro indomable y colosal, se cinco láminas tras leer el trabajo original de Cuvier en el Magasin
vino abajo en un abrir y cerrar de ojos. J efferson y Wistar no tar- EnrycloPédique. Se trata de la ya comentada Descripción del esqueleto de un
daron en percibir las similitudes entre el gran perezoso de «Para- cuadrúpedo m'!)' corpulentoy raro ... , una edición costeada por el propio
guay», nuestro esqueleto petrificado en el Real Gabinete de GarrigaH. ¿Por qué se demoró tanto Bru en publicar su trabajo?
Madrid, y su felino norteamericano venido a menos, que para ¿Por qué ni siquiera lo editó él? No hay respuestas concluyentes.
mayor gloria primero y desencanto después, había sido hallado
bajo su querida tierra de Virginia 41•
Se vio obligado a modificar el artículo que estaba preparando
Quadruped of the Clawed Kind in the Western Parts of Virginía», Trans-
y que finalmente publicó en las American Philosophical Transactions
2
actionsojtheAmerican Philosophical Socie'!y, 1799, vol. 4, pp. 246-260.
<r799)4 • La gran fiera que se estaba armando para reivindicar el 43 Comte de Buffon, Histoirenaturelle, générale et particu/iere 1749-1788, vols. V y
XIII. Véase Gerbi (1982), pp. 23-29. Fernando Ramírez e Irina Podgorny.
«Las metamorfosis del Megaterio», CienciahlD" vol. II, n ? 61, febrero /
41 Caspar Wistar, «A Description of the Bones Deposited, by the President, mano, 2001, pp. 12-I9.
in the Museum of the Society, and Represented in the Annexed Plates», 44 Joseph Garriga, Descripción del esqueleto de un cuadrúpedo m'!)' corpulentoy raro, que se
TransactionsoftheAmerican Philosophical SOcie'!y, 1799, vol. 4, pp. 526-53[. conserva en el Rea/gabinete de Historia Natural de Madrid, Madrid: Imprenta de la
42 Thomasjefferson, «A Memoir on the Discovery of Certain Bones of a
viuda deJoaquín Ibarra, 1796.
11. UN EXTRAÑO CAOÁVER HUESOS 197
196

Es evidente, sin embargo, que Garriga lo publicó espoleado por el brado recién resucitado resultaba milagrosa. Lo mismo había
artículo de Cuvier, quien mencionaba el montaje y los dibujos de estado a punto de acoplarse a la causa de la libertas americana, como
Bru (la materia prima de su trabajo, de hecho los copió y hasta e'ernplo de la fortaleza y corpulencia de la naturaleza del uevo
reprodujo el del esqueleto montado, como vimos), pero al pare- ~undo, que servía de piedra de toque en el debate de la ciencia
cer, no lo suficiente. Cuvier comentaba dos o tres errores de española. De hecho, en el siglo siguiente el Megaterio acabaría
bulto cometidos por Bru (había confundido huesos de las extre- or alistarse bajo otra bandera, la argentina, su patria natural. Defi-
midades anteriores y posteriores, hablaba de unas lengüetas en las ~itivamente se trataba de una bestia polimorfa, un cadáver fresco
garras como las de los tigres, etc.) pero sin darle demasiada y versátil, adaptable a diversos programas políticos, intereses
importancia. Para Cuvier, sencillamente, Bru no era un interlo- patrióticos, teorías científicas e incluso credos, como veremos.
cutor en materia de paleontología de vertebrados. La DescriPción del En cuanto a los primeros trabajos que lo dieron a conocer,
esqueleto editada por Garriga, a su vez, incluía una transcripción sobre la descripción y las láminas de Bru planean dos sombras que
del artículo de Cuvier. De hecho, si creemos lo que Garriga no podemos aclarar ni ocultar por completo. Como en los pro-
afirma en la introducción, su objetivo era simplemente traducir y pios grabados, los hechos históricos están llenos de grises y mati-
editar la noticia del francés junto a las láminas originales, aunque ces, dudas, fragmentos, especulaciones, la materia de la que están
luego, cuando leyó la descripción general y particular de Bru, hechos sus actores (y sus autores y sus lectores, cabría añadir). Por
movido por un celo científico y patriótico, convenció a Bru para un lado, está la acusación de plagio que Clavijo dijo haber escu-
que le dejara publicarla (en realidad, para que se la vendiera)45. chado del cirujano del Hospital del Buen Suceso; por otro, la
En Madrid no sentó muy bien que aquel joven franco-alemán cuota de participación real de éste, Manuel avarro y el propio
se hubiera adelantado y hubiera publicado un artículo que si bien Bru en los dibujos que dieron pie a los grabados, unos dibujos
mencionaba el montaje y los dibujos de Bru en el Real Gabinete, neta mente diferentes a otros firmados por el disecador y pintor
no les rendía suficiente tributo. El orgullo hispánico se veía valenciano. Son dudas razonables sobre una cuestión delicada, la
tocado. La ciencia española, marginada. O lo que es peor: utili- autoría, máxime si tenemos en cuenta que Bru estuvo envuelto en
zada y luego postergada. Garriga iba más lejos y se atrevía a afir- otros episodios semejantes.
mar que la descripción de Bru corregía los errores publicados por Bien mirado, las cuestiones ligadas a la auto ría y la propiedad
Cuvier en el Magasin EnrycloPédique. Su objetivo era hacerle justicia a de los descubrimientos (la prioridad, el plagio, etc.) están rela-
Bru ya la nación española, cuyos naturalistas «no se descuidaban cionadas con otras que aparecieron en la historia del rinoceronte:
tanto» como se decía en Francia46. con la replicabilidad del arte y la mecanización del conocimiento,
El caso, pues, conectaba ahora con la polémica de la ciencia
española, las secuelas del debate generado por Masson de Morvi"
lliers en su artículo Spagne de la EnrycloPédie méthodique (1782), donde piedad desde la Restauración, no es difícil rastrearla en las polémicas h is-
se preguntaba qué había hecho la nación española por Europa en toriográficas del siglo XVIII, donde se nutre buena parte del debate
«los últimos dos, cuatro, diez siglos»47. La flexibilidad del verte- menendezpelayista sobre la singularidad hispana en el contexto europeo,
su contribución a la filosofía moderna o su casticismo (la disquisición
sobre el ser de España y cuál ha sido el papel que ha desempeñado o debe-
ría haber desempeñado la ciencia en España y viceversa, en fin, la dialéc-
45 Garriga (1796), prólogo, tica entre España y la Ciencia Moderna, cuyas diferentes versiones se
46 lbidem, encuentran en muchos lados desde el krausismo hasta Laín Entralgo y el
rO-
47 Aunque suele hablarse de la «polémica de la ciencia española» con p grupo de El Escorial),
198 11. UN EXTRAÑO CADÁVER

con la tensión entre lo auténtico y lo falso, entre lo original y sus


copias. En el fondo de unas y otras late el problema de la creación
y la titularidad de una obra. ¿De quién o de quiénes son las ideas
y los hechos científicos, las cosas que llegamos a saber, nuestros
propios conocimientos? ¿Quién o quiénes los crean?
Por una parte, el conocimiento es una construcción colectiva.
De su carácter social no hay duda. Pese a la retórica de la primera
o la tercera persona del singular con que habitualmente se ha
escrito la gran narrativa de la ciencia, una vez que se contempla
ampliado cualquier episodio histórico (por pequeño o insignifi-
cante que sea) pronto se observa cuántos ojos y manos contribu-
yen en la fábrica del saber. Por la otra, sin embargo, la ciencia está
demasiado atada a la cultura del arte moderno y al acto creativo
singular como para pasarlo por alto: al genio y al eureka, al experi-
mento crucial y al annus mirabilis, a la epifanía o a la revelación.
Son aristas de un problema instalado en el corazón de la dia-
léctica entre ciencia y arte. «El arte soy yo, la ciencia somos nos-
otros», dijo Claude Bernard, fisiólogo y padre de la medicina
experimental, una distinción que quiere dar cuenta de la diviso-
ria entre lo público y lo privado, la razón y el sentimiento, lo
objetivo y lo subjetivo. Pero la ciencia también esyo y el arte también
somos nosotros, porque entre el nacimiento de lo público y la emer-
gencia del autor -dos procesos constitutivos del mundo
moderno-, en fin, entre la historia de la ciencia y la del arte, no
hay una línea infranqueable, sino más bien un amplio espacio
compartido, donde se emplean recursos análogos, se persiguen
metas afines y naturalmente se viven problemas muy similares. En
ambos terrenos, las piezas (los huesos) se montan y desmontan, se
encajan y articulan para fabricar imágenes y relatos que expliquen
o evoquen la naturaleza de los hechos.