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UNIVERSIDAD DE VALLADOLID YUCATÁN

LICENCIATURA EN ENFERMERÍA

I.- INTRODUCCIÓN

El Proceso de Atención de Enfermería tiene sus orígenes cuando, por primera vez,
fue considerado como un proceso, esto ocurrió con Hall (1955), Jonhson (1959),
Orlando (1961) y Wiedenbach (1963), consideraron un proceso de tres etapas
(valoración , planeación y ejecución) ; Yura y Walsh (1967), establecieron cuatro
(valoración, planificación, realización y evaluación) ; y Bloch (1974), Roy (1975),
Aspinall (1976) y algunos autores más, establecieron las cinco actuales al añadir la
etapa diagnóstica. Es un sistema de planificación en la ejecución de los cuidados
de enfermería, compuesto de cinco pasos: valoración, diagnóstico, planificación,
ejecución y evaluación. Como todo método, el PAE configura un número de pasos
sucesivos que se relacionan entre sí. Aunque el estudio de cada uno de ellos se
hace por separado, sólo tiene un carácter metodológico, ya que en la puesta en
práctica las etapas se superponen. El protocolo de enfermería constituye un pilar
básico y determinante en el compromiso de los profesionales en el desarrollo de los
cuidados enfermeros. Permitiendo así, brindar cuidados de una forma racional,
lógica y sistemática; en los múltiples padecimientos que afectan en el periodo
gestante de la mujer. Debido a que la miomatosis uterina es la causa más común
de tumores pélvicos sólidos en mujeres, y ocurre en 20 a 40% de mujeres en edad
reproductiva. Pueden ser clínicamente evidentes en el 20 a 25% de los casos; el
pico mayor de presentación tiene lugar en la cuarta a quinta décadas,
presentándose hasta en 80% de los especímenes de patología de los úteros
resecados de manera quirúrgica, independientemente del diagnóstico
preoperatorio. A lo cual el presente Proceso de Atención de Enfermería decide
abordar el tema sobre MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO y tomar las
debidas medidas multidisciplinarias para notificar, evidenciar y tratar las afecciones
relacionadas a este padecimiento.

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II.- JUSTIFICACIÓN

La miomatosis uterina son tumores sólidos que derivan del miometrio, en su estudio
histológico puede apreciarse una abundante matriz extracelular rodeada de una fina
pseudocápsula de tejido conectivo y fibras musculares comprimidas de fibronectina
y proteoglicanos. Pueden ser únicos o múltiples y el mecanismo de su crecimiento;
están descritos los componentes cromosómicos XX normales, con traslocaciones
de los cromosomas 12 y 14, con afectación del gen HMA2 y HMGA1, con origen en
el cromosoma 6. Lo que está claro es que se consideran hormono-dependientes.

También se les conoce como fibroleiomiomatosis, leiomiomatosis, fibromiomatosis


o fibromas uterinos y son los tumores benignos más frecuentes del aparato genital
femenino; se presentan con mayor frecuencia entre los 35 y 54 años, también son
la causa más frecuente de histerectomía, generalmente por hiperpolimenorrea o
metrorragias. Presenta una incidencia del 20-30% en la población femenina en el
nivel mundial; en la raza negra un 50% y en la blanca 25%. La mayoría de los casos
son diagnosticados en la mitad de la vida. Aparecen en 60% de las mujeres antes
de los 40 años de edad, y en 80% de las mujeres antes de los 50 años de edad, y
pueden ocasionar infertilidad en 2-3%. En 30% de los casos causan hemorragia
uterina anormal, dolor pélvico y otros síntomas que pueden afectar la calidad de
vida de las pacientes. Los miomas también son causa de anemia, infertilidad,
subfertilidad, alteración en la implantación embrionaria, pérdida gestacional
recurrente, parto pretérmino e incontinencia urinaria.

El propósito de esta revisión académica es el de establecer los principales


diagnósticos de enfermería y sus respectivas intervenciones, basados en las
Taxonomías NANDA, NOC y NIC, con la finalidad de unificar los procesos de
atención integral en el padecimiento de miomatosis uterina en edad reproductiva y
gestación.

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III.- OBJETIVO GENERAL

Desarrollar una herramienta de consulta para la unificación y revisión de los planes


de cuidado de enfermería en la atención de enfermería en el padecimiento de
MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO.

3.1 OBJETIVOS ESPECIFICOS:

 Describir de manera general el marco teórico y ser una fuente referencia para
futuros proyectos de investigación.
 Esquematizar el padecimiento de la MIOMATOSIS UTERINA EN EL
EMBARAZO, mediante un Cuadro de la Historia Natural de la Enfermedad.
 Establecer los 10 principales diagnósticos de enfermería para la atención de
la MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO.
 Jerarquizar los 10 principales diagnósticos de enfermería para la atención de
la MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO, a través de los 10 Patrones
Funcionales de Marjory Gordon.
 Contar con los 10 principales planes de cuidados de enfermería en la
atención de la MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO.
 Implementar los resultados y objetivos esperados en el padecimiento de la
MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO.
 Registrar las principales actividades de enfermería encaminadas a la
prevención, promoción, control y tratamiento de la MIOMATOSIS UTERINA
EN EL EMBARAZO.

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IV: MARCO TEORICO

4.1.- DEFINICIÓN

MIOMATOSIS UTERINA: Tumores benignos del músculo liso del útero,


ocasionalmente malignizan (≤1%). Su tamaño es variable, van desde milímetros
hasta grandes tumores que ocupan toda la cavidad abdominal. Están asociados a
períodos menstruales abundantes, síntomas de compresión y ocasionalmente
dolor. Son dependientes de estrógenos y progesterona, generalmente tienen
regresión en la menopausia.

MIOMATOSIS UTERINA EN EL EMBARAZO: Son los tumores benignos más


frecuentemente asociados con la gestación (frecuencia del 1 a 3%). Además de
influir sobre el desarrollo y término del embarazo, siendo un importante factor de
riesgo de abortos. Son causa frecuente de parto pretérmino, rotura prematura de
membranas y situación y presentaciones viciosas (situación transversa,
presentación pélvica y deflexiones), deficiencias en el mecanismo del
alumbramiento y en el puerperio hemorragia e infecciones puerperal (miomas
submucosos).

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4.2.- EPIDEMIOLOGIA

Se estima que 60% de las mujeres llegan a tener miomatosis a lo largo de la vida,
con mayor incidencia en la quinta década de la vida, incluso en 70% de la población
femenina. Las afroamericanas tienen 3 a 9 veces mayor prevalencia de miomatosis:
a los 35 años de edad 60% los tienen y a los 50 años 80%. Por su parte, la
frecuencia en las mujeres caucásicas es de 40% a los 35 años, con incremento
incluso a 70% a los 50 años con reportes similares alrededor del mundo, incluso en
nuestro país. Además, alrededor del 25% de las mujeres con miomas en edad
reproductiva, pueden permanecer asintomáticas. Las mujeres con síntomas
atribuidos a los miomas uterinos pueden tener manifestaciones clínicas que abarcan
tres aspectos importantes:

 Sangrado uterino. En 60%, que en muchos casos no tiene relación con el


tamaño o número de miomas. Puede ser muy abundante y afectar la calidad
de vida como, pudiendo causar un cuadro de anemia severa.
 Dolor pélvico. Por efecto de compresión en 25% de los casos; la masa del
mioma tiene un crecimiento acelerado que puede ejercer presión sobre los
órganos adyacentes. Los estudios de seguimiento mediante resonancia
magnética han demostrado un crecimiento de 9% en relación con su tamaño
inicial por cada seis meses de evolución, sobre todo en pacientes alrededor
de los 35 años de edad versus las mujeres de 45 años en quienes el
crecimiento es menor.
 Dificultades para la concepción. En 30% de los casos el crecimiento de los
miomas en el primer trimestre, incrementa la tasa de abortos por la distorsión
que causan a la cavidad uterina, sangrados, rotura prematura de
membranas, presentación anormal, desprendimiento prematuro de placenta,
placenta previa, restricción del crecimiento fetal, parto pretérmino y mayor
índice de cesáreas.

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4.3.- ETIOLOGIA

La etiología de los miomas aún se desconoce. Éstos usualmente son de origen


monoclonal y su crecimiento está relacionado con expansión clonal de una sola
célula. Se sabe que aproximadamente 60% de los miomas son cromosómicamente
normales, con cariotipo 46XX.

El 40% restante presentan anomalías cromosómicas; de estas alteraciones, las más


comunes incluyen translocaciones entre los cromosomas 12 y 14, deleciones del
cromosoma 7q, 3q y 1q, así como rearreglos del cromosoma 6q, 10q y 13q.

Se han identificado algunos genes implicados por los rearreglos cromosómicos. El


primer gen encontrado fue el HMA2 desregulado por la traslocación 12:14. Existe
otro gen identificado, el HMGA1, en el desarrollo de los miomas, que está
relacionado con los rearreglos del cromosoma.

Los miomas están claramente asociados con la exposición de estrógenos y


progesterona circulante. De hecho, se observan raramente durante la pubertad, y
son más prevalentes durante los años reproductivos, con regresión después de la
menopausia. Existe mayor concentración de receptores estrogénicos en los miomas
uterinos que en el miometrio adyacente; de esta manera, se unen un 20% más al
estradiol por miligramo de proteína.

El mayor número de divisiones mitóticas se realiza durante la fase secretora en el


pico de la producción de progesterona, y figuras mitóticas son mayores en mujeres
tratadas con acetato de medroxiprogesterona que en las no tratadas.

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4.4.- FACTORES DE RIESGO

Edad y paridad. El riesgo de miomatosis uterina incrementa con la menarca


temprana. En las mujeres postmenopáusicas el riesgo disminuye 70 a 90%. En las
primíparas el riesgo disminuye hasta 20 a 50%, y entre más hijos hayan tenido es
mucho menor.

Etnicidad. Son más comunes en mujeres de raza negra en las que se encuentra
entre tres y nueve veces más frecuentemente que en las de raza blanca;
adicionalmente, en ellas tienen un ritmo de crecimiento más acelerado.

Uso de anticonceptivos orales: Parecen no tener una relación definitiva, pero en


algunos estudios hay una relación inversa entre los anticonceptivos orales y el
riesgo de desarrollar miomatosis uterina.

Terapia de reemplazo hormonal: Para la mayoría de las mujeres con miomatosis


uterina, la terapia hormonal no estimula el crecimiento uterino. Si el útero crece, se
relaciona más bien con la dosis de progesterona. Las mujeres con miomas
preexistentes no presentan regresión de los miomas como se esperaría en la
menopausia, y ocasionalmente estos miomas pueden crecer.

Factores hormonal endógenos: La menarca temprana (< 10 años) se ha visto que


incrementa en 1.24 el riesgo relativo de desarrollar miomas. Generalmente, los
miomas son poco numerosos y de menor tamaño en los especímenes de
histerectomías de las mujeres postmenopáusicas cuando los niveles estrogénicos
son bajos.

Peso: La obesidad incrementa la conversión de los andrógenos adrenales a estrona


y disminuye la globulina fijadora de hormonas sexuales, por lo que en mujeres con
índice de masa corporal (IMC) mayor a 30 este riesgo es mayor.

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Dieta: Existe poca evidencia de la asociación con la dieta, pero se ha reportado en


la literatura que las carnes rojas y el jamón incrementan la incidencia, mientras que
los vegetales verdes la disminuyen.

Ejercicio: Las atletas tienen 40% menos de riesgo comparado con las mujeres
sedentarias. No está claro el porqué de esta diferencia, si es por los efectos del
ejercicio o las bajas tasas de conversión de andrógenos a estrógenos debido al IMC.

Historia familiar: Los familiares de primer grado de pacientes con miomatosis tienen
2.5 veces más riesgo de presentar miomatosis uterina que aquellos que no tienen
historia familiar.

Embarazo: Se ha sugerido que los altos niveles de esteroides sexuales asociados


al embarazo comúnmente causan crecimiento de los miomas uterinos, así como su
sintomatología. De hecho, los miomas comparten ciertas características del
miometrio normal durante el embarazo, como el incremento en la producción de
matriz extracelular y la expresión aumentada de los receptores para péptidos y
hormonas esteroideas. Éstos se presentan en 1.4 a 8.6% de los embarazos.

Lesión del tejido: Es posible que la formación del mioma sea una respuesta a la
lesión, parecido a una placa aterosclerótica que se forma en respuesta a la hipoxia
del músculo arterial. La hipoxia de las células miometriales durante la menstruación
puede promover la transformación de los miocitos normales y la subsecuente
formación de los miomas.

Tabaquismo: El tabaquismo disminuye el riesgo de desarrollar miomas uterinos


debido a la disminución de la conversión de andrógenos a estrona, secundaria a la
inhibición de la aromatasa por la nicotina, así como el incremento de 2-hidroxilación
del estradiol, o la estimulación de los altos niveles de la globulina fijadoras de
hormonas sexuales.

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4.5.- FISIOPATOLOGIA

Los estudios in vitro han demostrado que el crecimiento de los fibromas depende
de la regulación del gen ARNm cuya función se refleja en los procesos celulares y
uno de esos procesos son las mutaciones somáticas.

Una cantidad ilimitada de defectos genéticos, trasmitidos por las células germinales,
se ha asociado con síndromes familiares de miomatosis uterina.8 La mutación más
relevante es en la línea germinal, que causa deficiencia de fumarato hidratasa, que
predispone a las mujeres a la aparición de múltiples fibromas uterinos. En 40% de
los fibromas uterinos se han descrito varios reordenamientos de cromosomas
somáticos, todos ellos muy complejos.

El gen HMGA2 tiene una translocación 12:14, la anormalidad citogenética más


común, que ocurre en cerca de 20% de todas las anormalidades cromosómicas. El
gen HMGA2 se expresa en leiomiomas uterinos y en otros tejidos humanos, con un
fenotipo proliferativo como los tejidos fetales, pulmón y riñones, pero no se expresa
en el miometrio sano.

Los estudios recientes describen que 70% de los fibromas contienen una serie de
mutaciones en un gen regulador transcripcional subunidad 12 (MED12). Este gen
se encontró mutado en leiomiomas típicos en 66.6% de las pacientes. En la
aparición del mioma existen, al menos, dos componentes distintos: la
transformación de miocitos normales en anormales y su crecimiento hasta
convertirse en tumores clínicamente aparentes.

El primer proceso es muy común, demostrado por la elevada prevalencia de miomas


microscópicos. El crecimiento subsiguiente se produce por la expansión clonal. La
evolución entre una dotación genética de riesgo y su expresión clínica precisa de
factores del entorno que la favorezcan.

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La función ovárica es decisiva para el crecimiento e involución de los fibromas


después de la menopausia. Los estrógenos son el principal agente inductor del
crecimiento de los fibromas porque durante la vida reproductiva de la mujer
aumentan de tamaño y disminuyen después de la menopausia.

El embarazo favorece su evolución y, en cambio, el hipoestrogenismo inducido por


el tratamiento con agonistas o antagonistas de la GNRH, provoca su reducción.
Durante la fase lútea, con respecto a la fase folicular, el índice mitótico de los
miomas es más elevado y aumenta de forma significativa cuando las mujeres toman
progesterona y no estrógenos solos. Varios estudios han demostrado que la
progesterona ejerce un papel decisivo en el mantenimiento y crecimiento de los
miomas uterinos. El factor de crecimiento epidérmico (EGF) sintetizado por las
células miometriales aumenta la cantidad de mitosis en el endometrio, ovarios y
miometrio. La producción de este factor puede corresponder a una de las vías
utilizadas por la progesterona para estimular la actividad mitótica del fibroma.

En los fenómenos de apoptosis celular en los fibromas se ha observado una


alteración. Al parecer, el aumento del volumen de los miomas podría deberse, en
parte, a la disminución de la apoptosis por una hiperexpresión de la proteína BCL-
2 (inhibidora de la muerte celular programada). Las anormalidades en los vasos
uterinos y en los factores de crecimiento angiogénicos también están relacionadas
con el proceso patobiológico de la formación de miomas.

El útero miomatoso tiene mayor cantidad de arteriolas y vénulas. La vascularización


de los fibromas uterinos tiene sus particularidades. No suele haber un pedículo
arterial que asegure, de forma específica, la vascularización del mioma. La arteria
uterina, que suele tener un calibre aumentado, da lugar a una red periférica que
rodea el fibroma: plexo arterial perimiomatoso. De esta red periférica nacen
pequeñas ramas centrípetas que vascularizan el centro del tumor, relativamente
hipovascularizado.

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4.6.- CLASIFICACIÓN

Se clasifican de acuerdo con su localización en el útero:

Submucosos (FIGO tipo 0, 1, 2). Derivan de las células del miometrio exactamente
debajo del endometrio. Estas neoplasias distorsionan la cavidad uterina. La
Sociedad Europea de Endoscopia Ginecológica (ESGE) adopta la clasificación de
Wamsteker de 1993 que clasifica los miomas submucosos en tres subtipos.

 Tipo 0: mioma pediculado sin extensión intramural.


 Tipo I: sésil con extensión intramural del mioma menor de 50%.
 Tipo II: sésil con extensión intramural de 50% o más.

Intramurales (intersticial FIGO tipos 3, 4, 5). Son los que no distorsionan la cavidad
uterina y menos de 50% sobresale a la superficie serosa del útero. Sin embargo,
algunos crecen dentro de la pared uterina y pueden ampliarse lo suficiente como
para distorsionar la cavidad o la superficie serosa. Algunos fibromas pueden ser
transmurales y extenderse desde la serosa hasta la superficie mucosa.

Subserosos (FIGO tipo 6, 7). Son los que sobresalen más de 50% de la superficie
serosa del útero y pueden tener una base amplia o pediculada o ser
intraligamentarios. El mioma subseroso puede ser sésil o pedunculado. La
Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) propuso un esquema
de clasificación de acuerdo con la ubicación del mioma.

Cervicales (FIGO tipo 8): se localizan en el cuello uterino, en lugar del cuerpo.

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4.7.- MANIFESTACIONES CLINICAS

Aproximadamente en la mitad de los casos, los miomas uterinos no presentan


síntomas y, en el resto de las pacientes, estos suelen ser muy variables,
dependiendo de la localización, el tamaño y la dirección de crecimiento del tumor

Se estima que sólo 20 a 50% de las mujeres con un mioma o más experimentan
síntomas que pueden atribuirse directamente al mioma en sí. Los síntomas varían
e incluyen sangrado uterino anormal, dolor pélvico, presión pélvica, capacidad
reducida de la vejiga, constipación y disfunción reproductiva. El síntoma más común
es el sangrado uterino anormal. Los síntomas usualmente se correlacionan con su
localización, número, tamaño o con algún cambio degenerativo concomitante.

Sangrado uterino anormal: La menorragia y la hipermenorrea son el patrón más


común de sangrado. Los miomas submucosos e intracavitarios tienden a producir
con mayor frecuencia sangrado. A continuación, se comentan algunos de los
mecanismos propuestos:

 Incremento del tamaño del área de superficie endometrial.


 Incremento de la vascularidad y flujo vascular del útero.
 Interferencia con la contractilidad uterina normal.
 Ulceración endometrial del mioma submucoso.
 Compresión del plexo venoso con el miometrio.

Los miomas sufren regresión posterior a la menopausia, lo que se acompaña de


atrofia del endometrio y con lo que cesa el sangrado uterino.

Síntomas de tumoración pélvica: Los miomas subserosos son los más relacionados
con este síntoma. El tamaño del útero miomatoso se describe en semanas
menstruales, así como en un útero gestante.

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Un útero miomatoso de 12 a 20 semanas de tamaño puede palparse en la


exploración abdominal. La presión pélvica aparece cuando el útero incrementa de
tamaño. Al crecer el útero, la presión sobre órganos adyacentes, especialmente el
tracto urinario y rectosigmoides, se acentúa. Las manifestaciones asociadas al
tracto urinario incluyen frecuencia urinaria, obstrucción de salida y obstrucción
ureteral con hidronefrosis. La constipación o tenesmo puede ser secundario a un
mioma en la pared posterior, que ejerce presión en el rectosigmoides.

Dolor: No es un síntoma frecuente, y se asocia usualmente con la torsión de un


mioma pediculado, dilatación cervical por un mioma submucoso, protruyendo del
segmento uterino inferior, o por una degeneración roja asociada al embarazo.

Infertilidad: La miomatosis uterina se asocia a infertilidad en 5 a 10% de los casos.


Los miomas intramurales y subserosos tienden a producir mayor disfunción
reproductiva. Los mecanismos sugeridos mediante los cuales disminuyen la
fertilidad incluyen:

 Alteración del contorno endometrial que interfiere con la implantación.


 Agrandamiento y deformidad de la cavidad uterina que interfiere con el
transporte espermático.
 Distorsión anatómica que reduce el acceso al cérvix del esperma.
 Contractilidad uterina alterada.
 La persistencia de sangrado intrauterino o coágulos interfieren con la
implantación.
 Miomas posteriores pueden interferir con la relación anatómica tubo-ovárica,
y el ostium tubario puede estar distorsionado u obstruido.

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4.8.- DIAGNÓSTICO

El diagnóstico se basa usualmente en el hallazgo de un útero aumentado de


tamaño, móvil con contornos irregulares a la exploración bimanual o como un
hallazgo incidental en el ultrasonido. Las técnicas de imagen son útiles cuando es
necesario confirmar el diagnóstico o localizar el mioma previo a la cirugía.

El ultrasonido transvaginal tiene una sensibilidad alta (95-100%) para detectar


miomas en úteros menores a 10 semanas. Ésta es la modalidad más ampliamente
utilizada debido a su disponibilidad y costo/efectividad. La pielografía intravenosa
ocasionalmente es necesaria para definir la anatomía renal y ureteral cuando se
sospecha fuertemente distorsión ureteral. La resonancia magnética da mejor
información del origen del mioma. Si los estudios de imagen no dan un diagnóstico
certero, a veces se requiere de exploración quirúrgica.

Se indica histerosalpingografía para estudiar la cavidad uterina y la integridad de las


trompas uterinas en pacientes con infertilidad. Si la cavidad uterina está normal, no
hay ninguna ventaja en realizar una histeroscopia. Si la localización del mioma no
es clara en pacientes con sangrado uterino anormal o en aquellos que están
buscando embarazo, el ultrasonido con contraste (sonohisterograma) es el
procedimiento de elección.

La valoración del dolor a la palpación son datos importantes que pueden orientar
con respecto a la severidad del caso. Si se sospechan miomas en una paciente con
menstruaciones abundantes, la evaluación de la hemoglobina sérica permitirá la
identificación de la deficiencia de hierro.

Ultrasonografía. El ultrasonido abdominal o transvaginal es el patrón de referencia


para despejar la sospecha de miomatosis uterina. Es de fácil acceso y permite la
confirmación con una sensibilidad incluso de 85% en miomas de 3 cm o más.

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Sin embargo, la utilidad para determinar la localización precisa de miomas en úteros


de mayor tamaño y múltiples es limitada.

Histerosonografía. Permite identificar miomas submucosos y la proximidad de los


intramurales a la cavidad endometrial. El advenimiento de las técnicas de imagen
tridimensional ha permitido que el ultrasonido tridimensional sea una herramienta
de utilidad para la investigación de la patología miometrial debido a la posibilidad de
efectuar cortes del útero en un plano coronal.

Histerosalpingografía. Sirve para estudiar la cavidad uterina y la integridad de las


trompas en pacientes con infertilidad, pero no para diagnosticar miomatosis uterina.
Si la localización del mioma no es clara en pacientes con sangrado uterino anormal
o en quienes están buscando el embarazo, el ultrasonido con contraste
sonohisterograma) es el procedimiento de elección.

Histeroscopia. Es un método auxiliar que permite diagnosticar y diferenciar un


mioma submucoso de un pólipo endometrial. Se realiza en una unidad ambulatoria
y no requiere de anestesia.

En casos de sangrado irregular o en pacientes con factores de riesgo de hiperplasia


endometrial (obesidad, anovulación crónica), la histeroscopia puede estar
combinada con una biopsia endometrial. La histeroscopia se recomienda si los
estudios previos no son concluyentes para miomatosis uterina con persistencia de
síntomas.

Resonancia magnética nuclear. Es la mejor técnica para visualizar la totalidad de


los miomas y obtener información de su cantidad, tamaño y localización. Tiene la
mayor sensibilidad y especificidad que el resto de los exámenes de imagenología,
pero su limitante es el costo. Esta técnica permite identificar la vascularidad del
mioma y su relación con la cavidad endometrial, la superficie serosa y los límites
con el endometrio sano.

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Está indicada en casos justificados con dificultad diagnóstica o de investigación. Al


igual que con el ultrasonido, la resonancia magnética no permite diagnosticar con
certeza la malignidad de los miomas. Esta opción sugiere el diagnóstico de sarcoma
porque no existe algún tipo de prueba preoperatoria que permita descartarlo por
completo.

Tomografía axial computada. Tiene poca utilidad para delimitar la posición de los
miomas en relación con el miometrio o endometrio.

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4.9.- TRATAMIENTO

A. Farmacológico

Los análogos de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRh) reducen


significativamente el tamaño de los miomas de hasta 35 al 60%. Utilizarlos en las
pacientes que van a ser sometidas a miomectomía, pero no por más de 6 meses,
por sus efectos secundarios.

Prescribir la medroxiprogesterona en pacientes perimenopáusicas y exclusivamente


para manejo de la hemorragia.

El uso de los AINES se recomienda en pacientes con sintomatología leve y/o en


espera de tratamiento definitivo.

La aplicación de dispositivos endoúterinos de progestágenos puede ser útil en el


manejo de la hemorragia, con una reducción del 85% a los 3 meses. Su indicación
es en pacientes con alto riesgo quirúrgico, perimenopáusicas o con deseo de
conservar el útero.

Los suplementos de hierro resultan importantes en el caso de que la paciente pueda


sufrir o ya padezca anemia por el sangrado excesivo.

SPRMS (moduladores selectivos del receptor de la progesterona): es una forma de


tratamiento reciente que bloquea los receptores de la progesterona a nivel del
mioma. Reduce el volumen de los miomas y también el sangrado excesivo.
Recientemente se ha aprobado su uso repetido intermitente.

B. Quirúrgico

El tratamiento que se aplica para poder tratar un mioma uterino dependerá de


diversos factores como la edad, el estado de salud, los síntomas o si la paciente se
encuentra embarazada.

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La miomectomía es un procedimiento que se realiza en las pacientes que desean


conservar el útero o con paridad insatisfecha.

La miomectomía se indica sobre todo en miomas de medianos y grandes elementos,


reservamos la vía laparoscópica para miomas subserosos de pequeños elementos
y por vía vaginal se prefiere en miomas cervicales pediculados.

La miomectomía histeroscópica puede considerarse como la primera línea para el


manejo quirúrgico conservador en miomas intracavitarios sintomáticos.

Aunque el riesgo que presenta esta terapia es la formación de cicatrices y


adherencias que pueden afectar a una fertilidad futura. También conlleva el riesgo
de que se presente un sangrado excesivo, lo que implicaría una histerectomía.

La embolización de la arteria uterina es una alternativa de tratamiento que debiera


realizarse en casos seleccionados.

La ablación de endometrio es una opción terapéutica de bajo riesgo quirúrgico en


pacientes con miomatosis uterina de pequeños elementos que presentan
hemorragia uterina anormal.

Otra técnica es la histerectomía como forma de tratamiento quirúrgico más usual y


se puede realizar por vía abdominal o vaginal. Es una cirugía que se basa en la
extirpación del útero de la mujer y puede realizarse por total o parcial.

Debe ofrecerse como tratamiento definitivo la histerectomía, en mujeres con


miomatosis uterina sintomática y paridad satisfecha, refiriendo alternativas y
riesgos.

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4.10.- COMPLICACIONES

Los miomas uterinos pueden coexistir con el embarazo. Se reporta una incidencia
que varía de 1.4 a 8.6%.

Al principio del embarazo pueden incrementar su tamaño y después se mantienen


estables o incluso disminuyen de tamaño.

Los síntomas clínicos y la evidencia sonográfica de la degeneración de los miomas


ocurre en alrededor de un 5%.

Aunque la incidencia de los síntomas relacionados con la degeneración roja de los


miomas es baja, puede aparecer dolor debido a la torsión o impactación del mioma.

Los estudios disponibles del impacto de los miomas en el riesgo de aborto son
contradictorios.

Algunos estudios recientes reportan que los miomas se asocian con una frecuencia
mayor a 40% tanto de pérdidas en el primero como en el segundo trimestre.

El tamaño del mioma y su proximidad al sitio de implantación de la placenta parecen


incrementar las complicaciones obstétricas.

Se calcula que 15 a 20% de estas mujeres desarrollan trabajo de parto pretérmino;


la restricción del crecimiento intrauterino ocurre en el 10%; y la presentación
anómala en aproximadamente el 20%.

La ruptura uterina durante el embarazo o trabajo de parto, como consecuencia de


una miomectomía, es rara.

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4.11.- PREVENCIÓN

Uno de los principales requisitos que se deben tener en cuenta para prevenir la
aparición de miomas es controlar o evitar el sobrepeso u obesidad.

No existen pautas claras a la hora de prevenir esta afección, aunque se ha


detectado que son menos frecuentes en mujeres que llevan una dieta saludable
baja en grasas, como la dieta mediterránea, o que realizan ejercicio con regularidad.

Dentro de esta dieta, se deben reducir al máximo las grasas saturadas y los
azúcares, y, por consiguiente, resulta beneficioso sustituir estos componentes por
otros como la vitamina E y la vitamina C.

También se recomienda a las pacientes que se realicen revisiones periódicas para


detectar la existencia de miomas de forma precoz u observar su desarrollo en el
caso de que surjan.

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