Está en la página 1de 11

Resumen Clínica de Niños y Adolescentes - Primer parcial

Algunos conceptos importantes:


• Narcisismo Transvasante
• Madre suficientemente buena/ insuficientemente

Las funciones maternas primordiales son tres: El sostenimiento o sostén (holding), la
manipulación o manejo (handling) y la presentación objetal (objet-presenting). Las tres
condicionan, respectivamente, la forma en que el bebé va a desarrolla vfrse: un primer proceso
de integración, en la fase de dependencia absoluta; un proceso de personificación hacia la
unidad psiquesoma; y un proceso de realización, que basa su futura capacidad de establecer
relaciones interpersonales.

Una madre suficientemente buena es aquella capaz de dar cabida al desarrollo del verdadero yo
(self) del niño; es decir, acoger su gesto espontáneo, interpretar su necesidad y devolvérsela
como gratificación. A partir de la frustración, emergería en el niño un falso self, que tiene una
función adaptativa, como una especie de acercamiento al principio de realidad; pero este falso
self se da en diferentes grados, desde la necesaria adaptación a las normas sociales hasta niveles
patológicos de autodefensa y aislamiento.

La madre, en un principio, debe “ilusionar” al bebé, para luego “desilusionarlo” gradualmente.
Por ejemplo, en su necesidad de comer, el infante es acogido por la madre; ésta le ofrece el
pecho para alimentarlo, y así se configura una situación en la que el lactante tiene la ilusión de
que el pecho fue creado por él y que es parte de él. Pero, a medida que la madre lo desilusiona, o
lo desgratifica, el bebé va percibiendo que no es uno con la madre, y se dispone (aprende) a
entrar gradualmente en contacto con la realidad y con su subjetividad.

Se debe tener en cuenta que la madre “suficientemente buena” que Winnicott propone es una
construcción ideal, un sujeto que sabe responder a todo lo que el bebé necesita (y que lo hace),
que está siempre presente, y por ello, en cierto sentido, no tiene deseos propios (lo cual no deja
de plantear la cuestión de la castración materna).

• Preocupación materna primaria

Sensibilidad, necesidad del bebe, ocupación. Comienza en el embarazo. Es la capacidad de la
madre para recibir, contener y procesar la espontaneidad del bebe, gestos amorosos y embates
agresivos del hijo. Capacidad de la madre de sobrevivir sin ser dañada, sin ansia, retallativa. Que
el bebe sea libremente expresivo de su impulso vital y de su impulso destructivo (mordiscos,
patadas, berrinches). Estado de sensibilidad exaltada que se desarrolla en el embarazo, en especial
hacia el final y dura tiempo después del nacimiento. Es un estado de replegamiento, indisociación. 


• Ilusión/ Desilusión 

La preocupación materna primaria lleva a la madre a adecuarse casi perfectamente a las
necesidades de niño en las primeras semanas, la rapidez y la adecuación al deseo del bebe con que
se repite dicha experiencia crea en el niño la ilusión de que el pecho es parte de él. El niño siente
que el deseo crea el objeto gratificante cada vez que lo necesita. Sentido de intersubjetividad.

Con la extinción paulatina de la preocupación materna primaria, la madre continua
proporcionando al bebé experiencias de ilusión, pero también le provee frustraciones derivadas de
la natural imperfección en la adecuación a sus necesidades. Esto guía al bebé hacia el
reconocimiento de la realidad exterior. Progresivamente el bebé reconoce rasgos del objeto (hay
otros objetos ademas de mi mama) y eso lleva a la construcción de la realidad. 


• Fenómenos y objetos transicionales 



“Es una zona intermedia de experiencia a la cual contribuyen la realidad interior y la vida
exterior.”

El objeto transicional puede ser suplantado, pero conservado; gastado; entregado (lo cual no
resulta satisfactorio); conservado por la madre. 

Los fenómenos transicionales resultan en tres zonas. “Tres zonas: Una, la fundamental, es la
realidad psíquica o interior del individuo, el inconsciente si ustedes prefieren (no el
inconsciente reprimido, que sobreviene muy pronto pero, decididamente, más tarde). A partir de
esta realidad psíquica personal es que el individuo “alucina” o “crea” o “piensa” o “concibe” las
cosas. De ella están hechos los sueños, aunque éstos se revisten de materiales recogidos en la
realidad exterior. La segunda zona es la realidad exterior, el mundo que paulatinamente es
reconocido como distinto de mi por el bebé sano en desarrollo que ha establecido un self, con
una membrana limítrofe y un adentro y un afuera; el universo en expansión, a partir del cual el
hombre se contrae. Pero pienso que encontramos en verdad una tercera zona, una zona del vivir
que corresponde a los fenómenos transicionales del bebé y en verdad deriva de éstos. En la
medida que el bebé no haya llegado a los fenómenos transicionales, pienso que su aceptación de
los símbolos será deficiente y su vida cultural quedará empobrecida.” 


“El Destino del Objeto Transicional”
“Hay diversos procesos de transición, uno de ellos se vincula con las relaciones con el
objeto, el bebé se lleva el puño a la boca, luego el pulgar, luego hay una mezcla del uso del pulgar y
de los demás dedos, y escoge algún objeto para manipularlo. Poco a poco comienza a utilizar
objetos que no son parte de él ni de la madre. Otra clase de transición tiene que ver con el pasaje de
un objeto que es subjetivo para el bebe a otro que es objetivamente percibido externo. Al principio,
cualquier objeto que entabla relación con el bebe es creado por éste, es comuna alucinación. Aquí
tiene suprema importancia la forma en que se conduce la madre o su sustituto.
Lo que se convierte real es la alucinación. De hecho, esto pone en marcha la capacidad del
bebe para el uso de símbolos, y si el crecimiento prosigue su marcha el objeto transicional resulta
ser el primer símbolo. En este caso el símbolo es al mismo tiempo la alucinación y una parte
objetivamente percibida de la realidad externa.
Esta manera de enunciar el significado del objeto transicional nos fuerza a utilizar la palabra
ILUSIÓN. La madre posibilita al bebé tener la ilusión de que los objetos de la realidad externa
pueden ser reales para él, vale decir, pueden ser alucinaciones, ya que solo a las alucinaciones las
siente reales.”

“Esto nos da un significado de la palabra “omnipotencia” que realmente necesitamos, porque
cuando hablamos de la omnipotencia de la primera infancia no solo queremos decir omnipotencia
del pensamiento: pretendemos señalar también que el bebé cree en una omnipotencia que se
extiende a ciertos objetos, y quizás abarque a la madre y a algunos otros integrantes del ambiente
inmediato. Una de las transiciones es la que va del control omnipotente de los objetos externos a la
renuncia a ese control, y eventualmente al reconocimiento de que hay fenómenos que están fuera
del control personal. El objeto transicional que forma parte tanto del bebé como se du madre
adquiere un nuevo carácter, el de una “posesión”.

• Juego niños y juego adolescentes



Niños: Los juegos tienen un papel muy importante cuando hablamos de la clínica con niños. De
acuerdo con Winnicott, podemos comprender que el juego es la manera que el niño tiene de entrar
en contacto con la realidad. El juego siempre tiene una gran relación con la creatividad. El juego
permite la interiorización del objeto ausente, la adquisición de una separación. Clásicamente
entendido como el juego simbólico del manejo de la ausencia, comprende también una dimensión
de placer, gozo de si por si mismo, por la preponía repetición (o aun la compulsión de repetición_
que lo acompaña. El juego del niño es un juego de uso interno, que permite ligar afecto, pulsión,
objeto. Es un juego que subjetiva y simboliza la experiencia de la separación y la de la ausencia
de objeto. 

Adolescencia: A lo largo del proceso de adolescencia, lo que está en juego es mas la experiencia
del encuentro que la de la ausencia, el encuentro del otro, otro en si mismo y otro diferente de si
mismo, ambos genialmente sexuados. El juego constituye una nueva gama de experiencias
subjetivante pero “relacionante” a la vez. Se trata de jugar con uno y con el otro. Hablar del juego
en la adolescencia es evocar la creatividad del adolescente tanto como la buena distancia que debe
encontrar consigo mismo y con el otro. En la adolescencia se enfrenta 2 novedades. La primera es
una transformación evidente: el advenimiento a menudo repentino, de la pubertad, que no es
meramente una transformación de forma, aun cuando se trata esencialmente de una
transformación del envoltorio corporal. Es una metamorfosis en el sentido literal del termino: un
cambio de estructura. Para que se pueda hablar de adolescencia en el sentido de un proceso, es
necesaria igualmente esa transformación particular que se opera en el plano psíquico y que va
hacer entrar al niño en pubertad y en lo En ese pasaje a lo pubertario, la función del juego seria
esencialmente transformar una realidad potencialmente traumática (la realidad del cuerpo púber,
pero también la floración fantasmatica que la acompaña ) en una experiencia equilibrada, abierta
al sentido de lo sexual genital en si. Es al proyectar sobre los objetos de la realidad exterior sus
propios afectos que el adolescente da cuerpo y sentido a una realidad interna que, en un primer
momento, solo puede ser fuente de trauma. El juego de proyección con la realidad exterior, que
denomine paranoia común del adolescente, y que se juega en la constitución de un espacio interno
devastado por la violencia de la pulsión. Recobrar el espacio del juego consigo mismo
proyectando sus propias vivencias en el otro asegura así al adolescente posibilidad de retomar
contacto secundariamente con su propio espacio psíquico. El juego contribuye entonces a crear un
espacio que torne soportable el advenimiento traumático del daño narcisista que constituye la
adolescencia para el niño.


• Proceso Originário - Primario - Secundario 



El concepto de originario: testigo de la perennidad de una actividad de representación que utiliza
un pictograma que ignora la “imagen de palabra” y posee como material exclusivo la “imagen de
cosa corporal”. El discurso psicótico nos induce a postular una forma de actividad psíquica
precluida de lo conocible, en forma definitiva y para todo sujeto, y, sin embargo, siempre en
acción, “fondo representativo” que persiste paralelamente a otros dos tipos de producción
psíquica: la que caracteriza al proceso primario y la que caracteriza al proceso secundario.
Aunque lo originario define una forma de actividad común a todo sujeto, debemos señalar que la
eficacia del concepto solo puede ser comprendida si se esta dispuesto a ponerlo a prueba en la
practica del análisis en el registro de la psicosis. Lo mismo ocurre en lo que concierne al lugar
que asignamos al cuerpo y a la organización sensorial que proporcionan los modelos somáticos
que el proceso originario repite en sus representaciones. 

La psicosis se caracteriza por la fuerza de atracción ejercida por lo originario, atracción a la que
se contrapone el “suplemento” representado por la creación de una interpretación “delirante” que
hace “decibles” los efectos de esa violencia. 

La situación de encuentro: Lo que caracteriza al ser viviente es su situación de encuentro continuo
con el medio fisico-psiquico que lo rodea. Este encuentro será la fuente de tres producciones
cuyos lugares de inscripción y los procesos que los producen delimitan tres “espacios funciones”:
a) lo originario y la producción pictografica b) lo primario y la representación escénica (la
fantasía) c) lo secundario y la representación ideica, es decir, la puesta en escena como obra del
Yo. 

La primera representación que la psique se forja de si misma como actividad representante se
realizara a través de la puesta en relación de los efectos originados en su doble encuentro con el
cuerpo y con las producciones de la psique materna. Si nos limitamos a este estadio, diremos que
la única propiedad característica de estos dos espacios de la que el proceso originario quiere y
puede estar informado concierne a la cualidad placer y displacer del afecto presente en este
encuentro. En relación con el análisis del pictograma, veremos cuales son las consecuencias de
este hecho. El comienzo de la actividad del proceso primario y del proceso secundario partir de la
necesidad que enfrentara la actividad psíquica de reconocer otros dos caracteres particulares del
objeto cuya presencia es necesaria para su placer: el carácter de extraterritorialidad, lo que
equivale a reconocer la existencia de un espacio separado del propio, información que solo podría
ser metalizada por la actividad del proceso primario; y la propiedad de significar, o de
significación, que posee ese mismo objeto, lo que implica reconocer que la relación entre los
elementos que ocupan el espacio exterior esta definida por la relación entre las significaciones
que el discurso proporciona acerca de estos mismos elementos. Esta información no
metabolizable por el proceso primario, exigirá la puesta en marcha del proceso secundario,
gracias a la cual podría operarse una “puesta en sentido” del mundo que respetara un esquema
relaciona idéntico al esquema que constituye la estructura del representante, que en este ultimo
caso no es otro que el Yo.


• Violencia primaria / Violencia Secundaria



El orden que gobierna los enunciados de la voz materna no tiene nada de aleatorio y se limita a
dar testimonio de la sujeción del Yo que habla a tres condiciones previas: el sistema de
parentesco, la estructura lingüística, las consecuencias que tienen sobre el discurso los afectos que
intervienen en la otra escena. Trinomio que es causa de la primera violencia, radical y necesaria,
que la psique del infans vivirá en el momento de su encuentro con la voz materna. Esta violencia
constituye el resultado y el testimonio viviente y sobre el ser viviente, del carácter especifico de
este encuentro: la diferencia que existe entre las estructuras conforme a las cuales los dos espacios
organizan su representación del mundo. El fenómeno de la violencia, tal como lo entendemos
aquí, remite, en primer lugar, a la diferencia que separa a un espacio psíquico, el de la madre, en
que la acción de la represión ya se ha producido, de la organización psíquica propia del infans. La
madre, al menos en principio, es un sujeto en el que ya se ha operado la represión y implantado la
instancia llamada Yo; el discurso que ella dirige al infans lleva la doble marca responsable de la
violencia que él va a operar. Esta violencia refuerza a se vez, en quien la sufre, una división
preexistente cuyo origen reside en la bipolaridad originaria que escinde los dos objetivos
contradictorios característicos del deseo. Pero la sobrecarga semántica que pesa sobre el concepto
divergencia exige que definamos nuestra acepción del termino:nos proponemos separar, por un
lado, una violencia primaria, que designa lo que en el campo psíquico se impone desde el exterior
a expensar de una primera violación de un espacio y de una actividad que obedece a leyes
heterogéneas al Yo; por el otro, una violencia secundaria, que se abre camino apoyando en su
predecesora, de la que representa un exceso por lo general perjudicial y nunca necesario para el
funcionamiento del Yo, pese a la proliferación y a la difusión que demuestra. 

En el primer caso, encaramos una acción necesaria de la que el Yo del otro es el agente, tributo
que la actividad psíquica paga para preparar el acceso a un modo de organización que se realizara
a expensas del pacer y en beneficio de la constitución futura de la instancia llamada Yo. En el
segundo caso , po el contrario, la violencia se ejerce contra el Yo, tanto si se trata de un conflicto
entre diferentes “Yoes” como de un conflicto entre un Yo y el diktat de un siluros social ya única
meta es oponerse a todo cambio en los modelos por él instituidos. Pero es importante señalar que,
si esta violencia secundaria es tan amplia como persuasiva, hasta el punto de ser desconocida por
sus propias víctimas, ello se debe a que logra apropiarse aburridamente de los calificativos de
necesaria y de natural, los mismo que el sujeto reconoce a posteriori como característicos de la
violencia primaria en la cual se originó su Yo.

Violencia primaria: la acción mediante la cual se le impone a la psique de otro una elección, un
pensamiento o una acción motivados en el deseo del que lo impone, pero que se apoyan en un
objeto que corresponde para el otro a la categoría de lo necesario. Al ligar el registro del deseo del
uno al de la necesidad del otro, el propósito de la violencia se asegura de su victoria: al
instrumentar el deseo sobre el objeto de una necesidad, la violencia primaria alcanza su objetivo,
que es convertir a la realización del deseo del que la ejerce en el objeto demandado por el que la
sufre. Aparece la imbricación que ella determina entre estos tres registros fundamentales que son
lo necesario, el deseo y la demanda. 

Violencia primaria es constitutiva saludable, necesaria. Ejemplo: un bebe esta llorando y su madre
intenta entender lo que esta pasando.

Violencia secundaria: exceso o defecto. No es constitutiva ni necesaria.


• Pictograma: fusión y rechazo



Todo acto, toda vivencia, toda experiencia, da lugar, conjuntamente, a un pictograma, a una puesta
en escena, a una “puesta en sentido”. Del pictograma, el sujeto no puede poseer ningún
conocimiento directo, pero el analista puede entrever algunos de sus efectos e intentar construir un
modelo conocible para el Yo; por el contrario, la obra de la puesta en escena propia de lo primario,
de la que es testimonio la producción fantaseado, tiene el poder de infiltrase en el campo de lo
secundario, aunque este ultimo se encuentra dominado por un trabajo de puesta en sentido
originado en la instancia llamada Yo. El análisis de esta instancia se centrara alrededor de los tres
postulados siguiente: 1) La exigencia de interpretación como fuerza que organiza el campo del
discurso.

2) La función de objeto parcial que cumples en un primer momento el objeto-voz y el “pensar”,
encanto ultima función parcial y ultima prensa de una relación madre-hijo que precede a la
disolución del complejo de Edipo.

3) La imposibilidad de analizar la función del Yo sin considerar el campo sociocultural en el que
esta inmerso el sujeto. 


Si el encuentro tiene a ver con placer: fusión

Si el encuentro tiene a ver con ausencia de placer o displacer: rechazo 


• Teoria intersubjetiva y intrasubjetiva


• Deseo y no deseo (Piera)


• Memoria

????


• Significante

Para que algo en psicoanálisis sea considerado significante tiene que repetirse. Este es un primer
criterio. El significante no reconoce la propiedad privada, no es que sea de alguien; cruza, circula,
atraviesa generaciones, traspasa lo individual, lo grupal y lo social; no es pertenencia de alguna
miembro de una familia; en todo caso es el problema que interpela a cada uno. Lo que se juega
entonces en una frase como la de los segundos hijos varones es intersubjetivo, no mera
necesariamente invención imaginaria de alguien en particular. Una vez que algo es introducido
con la función de significante se produce un poco al menos de lo nuevo, es decir, algo con cierto
valor distintivo. Y he aquí un segundo criterio: cuando un elemento adquiere gravitación
significante, en el momento de su introducción algo nuevo se traza. Hay un modelo muy
desarrollado que me parece optimo para dilucidar la cuestión, y es el que da Lacan, el modelo de
la carretera. 

A partir de la existencia de una carretera principal una serie de diferencias se generan en los
lugares que atraviesa. Lacan subraya todo lo que se ira amontonando en torno a esa autopista:
estaciones de servicio, bates, pequeñas poblaciones, casas solitarias construidas a la vera del
camino. También es posible plantear la cuestión del significante en el terreno de la intervención
psicoanalítica, ya que generalmente decimos muchas cosas y pasa como en esos juegos donde
damos más veces en la herradura que en el clavo. Pero hay ciertas intervenciones que demuestran
tener una incidencia significante porque después de ellas algo no queda exactamente igual.

Siempre hace falta esforzarse para alejar del psicoanálisis todo esquema causal lineal. En la
multiplicidad de senderos del inconsciente jamás existe un solo itinerario posible y la experiencia
nos obliga a defender el principio de la multiplicidad de respuestas. De hecho queda fuertemente
indeterminado muchas veces por que un sujeto forjo la que li encontramos cuando nada parece
impedir que, en otro, un “que lindo que sos” pase y caiga sin dejar rastro significante alguno.
Cuando concebimos la precedencia del significante o la prehistoria como una fatalidad, el
psicoanálisis se devora a si mismo, porque, de ser así, ¿para que tratar alguien? Si no hubiera
margen para el acontecimiento, si imperase una estructura inmóvil, desaparecería lo histórico
como tal y con el el registro dinámico; por lo tanto, no habría como pensar lo nuevo. La
limitación mas seria de un planteo “estructuralista” mas que estructural - es reducir el
acontecimiento al plano del hecho estructurado. Para sortear estas simplificaciones
metodologicas, no olvidarse de las series complementarias fundamental, solo que, tal cual las
formulara Freud, hoy no nos bastan. Por lo tanto, a mínima, conviene incorporar resueltamente la
prehistoria del sujeto a los factores constitucionales. 

Junto a ellas el concepto de sobredeterminación y el de repetición y diferencia, nos auxilian
para no perder de vista que, una vez que hemos establecido el peso significante de una frase como
la analizada, lo importante es que hace el sujeto con ella: ¿la deja tal cual esta? introduce alguna
retoque, desvía su dirección? Toda la dinámica de la cura gravita en torno a esto. 

El tercer criterio: el significante conduce siempre hacia alguna parte; tiene dirección. El
itinerario del significante lo extravía en la pasividad de lo escópico, lo cual no significa que no
pueda salir de allí, la carretera se puede abandonar, hay diversos itinerarios alternativos activables.


Mito familiar

Se puede ser caracterizado por lo que un niño respira allí donde esta colocado; mito familiar
entonces homologaba en su función al aire, al oxigeno, homologa que apunta mas a lo
isomorfismo que a lo meramente análogo. Lo que se respira en un lugar a través de una serie de
practicas cotidianas que incluyen actos, dichos, ideologías, normas educativas regulaciones del
cuerpo que forman un conjunto donde esta presente el mito familiar. Para tomar un ejemplo,
cuando uno le dice a una niña “es feo que una nena haga eso”, no hace mas que pones en acción el
mito familiar, un trozo de ese mito que en este caso concierne a la diferencia sexual. 

Tampoco hay que entender el mito familiar como algo más o menos congruente y unitario, algo
mas o menos sistematizado y armónico. Es mejor concebirlo como una red o haz de pequeños
mitos, no en singular y en términos del proceso secundario, y así hacer el recorrido de sus
incongruencias, contradicciones, lagunas y disociaciones; definitivamente, no estamos ante una
unidad armoniosa de tendencia única, en la cual con frecuencia se incurre, cayendo en una visión
simplista del concepto. La importancia del mito familiar nos lleva a distinguir dos niveles sobre
los que discurriremos a lo largo de este volumen: el nivel de lo que llamare proceso y el nivel de
lo que llamare función. Cuando decimos niño en psicoanálisis implicamos -sobre todo cuando se
trata de un niño pequeño- la cuestión de la construcción misma del sujeto. Tomamos o tocamos
ambos niveles a la vez:no solo todo lo relacionado con aquellos procesos, por ejemplo su trama de
fantasías (lo que unos autores designan de mundo interno, y lo que otros prefieren llamar de
imaginario), sino todo lo relativo a funciones en las que se apuntala para advenir sujeto, por
ejemplo, función materna, función paterna, las funciones que cumples sus hermanos. Actualmente
ya no pensamos que analizar a un niño es reunirse con él, conocer sus fantasías, tratar de captar su
inconsciente y punto. No porque ello no importe, sino porque resta incompleto si no añadimos en
donde está implantado, donde vive, en qué mito vive, qué mito respira y qué significa, en ese
lugar, ser madre y padre. 


Significante del sujeto vs Significante del Super Yo

El significante del sujeto designa lo que agarra, en nuestro caso, a la vida, sobre todo teniendo en
cuenta ese momento capital de introducción a la vida humana. Mientras que para lo que concierne
al significante del superyó podemos recordar una expresión de Lacan ¨la vida que soporta a la
muerte”, en tanto apunta a esa condición de la vida en que ésta se vuelve algo sobre lo cual pesa
encima, aplasta, la muerte.

Los significantes del sujeto son los que le permiten al sujeto encontrar las mejores condiciones
para desarrollarse, los que puede servir para vivir, que son aptos para poder representarse como
sujeto con deseo propio.

Los significantes del superyo serían los destructivos, los que de alguna manera bloquean la
posibilidad de que el niño se desarrolle y que se haga lugar de forma individual. El lo que hacen
los padres con ese ni;o y como bloquean su posibilidad para representarse como sujeto. Un
ejemplo que demuestra eso: el niño se llama Luciano. Al respecto nos cuentan que esperaban una
nena, Lucia, y en su lugar advino “Lucia no”. Broma muy instructiva para detectar cómo se lo
nomina, con un termino que lo niega. Aquí la nominación es una trampa; solo nos dice que él no
es la esperada, que no es la deseada. En ese sentido, no es un significante que pueda servirle para
vivir; no podemos decir que lo represente sino que representa instancias maternas y paternas
hostiles hacia el hijo. Segunda muestra: su ropa. La ropa es un modo de significarse. Cuando el
chico hace múltiples juegos con ella, cuando descubre que pode y saca, entabla una relación muy
particular y muy intima a la vez con eso que es él y no es él. No solo el psicoanálisis intuye que la
ropa no es algo “externo”, que en ciertas condiciones forma parte de nuestro cuerpo, como ocurre
con la casa y con otras cosas. Pues bien, la experiencia de Luciano es muy distinta: cuando llega a
la casa de su padre (los días que le corresponde) debe quitarle toda la ropa que trae de casa de su
madre y vestirse con la que aquel le ha comprado para estar allí. Y viceversa. Por lo tanto, él no
dice “mi ropa”, sino “esta ropa es de mi papa”, “esta ropa es de mi mama”. Probablemente, ni
siquiera necesitemos de demasiada sutileza psicoanalítica para sacar cuentas de que topo de marca
deja este proceder sobre el cuerpo, porque, en definitiva, su cuerpo está partido en dos, es el
cuerpo de papa y el cuerpo de mama. Y es un acabado exponente de significante del superyo, es
una configuración muy diversa de la que examinamos gravitando en torno al “que lindo sos”, caso
en el cual la ropa formaba parte de esa presunta belleza. En lo que hace a Luciano, significa el
reciproco odio entra nos padres; el cuerpo del hijo es un campo de batalla.