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La primera parte que nos refiere al “miento y al hablo”, manifiesta que el lenguaje sólo admite a la conciencia

apoderarse por las palabras. ¿Pero qué acontece cuando el hablar se suspende, cuando desaparece el "yo hablo”? En
ese instante, el lenguaje transgrede su interioridad y aparece como derramamiento o murmullo, en un afuera infinito.
En este territorio, el lenguaje dura poco tiempo. En cambio, en el afuera hay un vacío para lo racional “el lenguaje
escapa al modo de ser del discurso –es decir, a la dinastía de la representación-, y la palabra literaria se desarrolla a
partir de sí misma, formando una red en la que cada punto, distinto de los demás, a distancia incluso de los más
próximos, se sitúa por la relación a todos los otros en un espacio que los contiene y los separa al mismo tiempo”[1]. De
esta manera, la palabra nos conduce por la literatura, pero quizás también por otros caminos, a ese afuera donde
desaparece el sujeto que habla. Así, pues, la experiencia del afuera, cambia hacia un lenguaje en el que el sujeto está
excluido.El pensamiento nos llevaba a nuestro interior, en cambio el habla nos lleva hacia afuera y nos perdemos en el
otro o afuera de nosotros mismos. El pensamiento y el existo conviven en uno mismo y cuando el habla interviene los
hace desaparecer porque se externan y se pierden en el otro. Por tanto, el pensamiento del afuera tiene mucho espacio
para representarse y existe la necesidad de que se haga conciencia y se reflexione:

“Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como del exterior sus límites, enunciar
su fin, hacer brillar su dispersión y no obtener más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el
umbral de toda positividad […] este pensamiento, con relación a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con
relación a la positividad de nuestro saber, constituye lo que podríamos llamar en una palabra “el pensamiento del
afuera”[2].Ahora bien, todo discurso puramente reflexivo corre el riesgo de devolver la experiencia del afuera a la
dimensión de interioridad, de ahí la necesidad de reconvertir el lenguaje reflexivo; según Foucault hay que dirigirlo no ya
hacia una confirmación interior sino más bien hacia un extremo en que necesite rechazarse constantemente: “que una
vez que haya alcanzado el límite de sí mismo, no vea surgir ya la positividad que lo contradice, sino el vacío en el que va
a desaparecer; y hacia ese vacío debe dirigirse, aceptando su desenlace en el rumor, en la inmediata negación de lo que
dice, en un silencio que no es la intimidad de ningún secreto sino del puro afuera donde las palabras se despliegan
indefinidamente”[3]. Por lo tanto, a partir del momento en que el discurso deja de resbalar por la pendiente de un
pensamiento que se interioriza y, dirigiéndose al ser mismo del lenguaje, vuelve el pensamiento hacia el afuera, es decir,
se presenta un lenguaje que no pertenece a nadie, que no es de la ficción ni de la reflexión, ni aquello que ha sido dicho
ya sino de las cosas ocultas. Asimismo, al hablar de atracción Foucault hace referencia a Blanchot[4] quien la define
como “la experiencia pura y más desnuda del afuera”[5]. De aquí que Foucault señale que el ser atraído, no consiste en
ser incitado por el atractivo del exterior, es más bien experimentar en el vacío y la indigencia, la presencia del afuera.
Por tanto, no se refiere al hecho de ser estimulado por el exterior, sino que para que haya atracción, el hombre debe
tener una actitud negligente, ya que la atracción tiene como correlato necesario la negligencia “la abertura de la
atracción forma una sola y misma cosa con la negligencia que acoge a aquel que ella ha atraído”[6]. Ahora bien, Foucault
se hace la pregunta ¿dónde está la ley, qué hace la ley? Ante tal cuestión responde que la ley está disimulada porque, no
se encuentra como objeto, porque si estuviera presente en el fondo de uno mismo, la ley no sería ya la ley, sino la suave
interioridad de la conciencia. La ley por tanto, está en el afuera de las cosas que encierran al hombre en función de las
instituciones, ciudades, conductas y gestos. Pero, ante tal respuesta surge la siguiente cuestión: ¿cómo podría hacerse
perceptible la ley, y cómo podríamos ver lo que no se ve? A lo que responde, posiblemente en el momento en que nos
sancionan.Por otro lado, cuando la persona habla se desdobla y su sonido o su palabra le reproduce otro yo, es como si
escuchara un eco producido por si mismo. De tal forma que el lenguaje se refleja en el tiempo y el espacio, sin individuo,
como un rostro sin dicción. Por lo tanto, cuando se habla de alguien que acompaña a una persona en su comunicación,
ésta se vuelve una carga para el que habla, porque es como la ley, invisible, es decir, se manifiesta como “el límite sin
nombre contra el que viene a tropezar el lenguaje […] es el desmesurado fondo en el que el lenguaje se pierde
continuamente, pero para volver idéntico a sí mismo”[7]. Esta es la razón por la que aquel que dice Yo debe
continuamente acercarse a el para encontrar por fin ese compañero que no le acompaña, aquello que no se encierra en
ninguna interioridad, es decir, aquello que hasta en sus más mínimas parcelas se encuentran en un irremediablemente
afuera.De esta forma, el afuera, queda constituido como instancia soberana del saber y no-lugar donde la palabra
literaria se desarrolla a sí misma en un espacio neutro, sin límites y sin tiempo, que no es ya el espacio clásico y cerrado
de la representación.Las ciencias humanas no solo son aquellas ciencias o disciplinas científicas quese ocupan de
aspectos del comportamiento y actividades de los sereshumanos, sino todo lo que envuelve al ser humano en su
aspecto individual y colectivo; mientras que las ciencias naturales no estudian estos aspectos sino que están inmersas en
los fenómenos de la naturaleza misma.Lo cierto es que las ciencias humanas al tener un objeto de estudio muy subjetivo
ymuy variable, debemos preguntarnos si ¿la hace menos confiable? para la adquisición deconocimiento. Mientras que
las ciencias naturales al ser más exactas,presentar variables controladas y basarse en un método
exclusivamenteempírico, permite que haya una mayor confiabilidad de los resultados yconocimiento, es por ello que se
considera más científica. Por ejemplo unfísico puede determinar qué es lo que va a ocurrir si se calientan losmetales, al
igual que un químico con la mezcla de hidrogeno y oxigeno (H2O); mientras que un sociólogo no cuenta con lamisma
capacidad de predicción cuando se estudia una situación social. Lasociedad tiende a adjudicar y segmentar a las ciencias
naturales como única ciencia, yaque son más exactas, y no le permite una oportunidad a las cienciashumanas para que
se desarrollen como tal.Las ciencias humanas es su concepto epistemológico este designa a un grupo de ciencias cuyo
objeto es el ser humano o los grupos humanos y su cultura. No es de utilización muy generalizada, aunque está presente
en algunas denominaciones institucionales.Puede considerarse de alguna manera similar a conceptos poco utilizados en
la actualidad, como los de ciencias morales y ciencias políticas, o más utilizado de humanidades. Es habitual agrupar a las
ciencias humanas junto con el concepto de ciencias sociales, de las que no tienen una distinción clara(historia, geografía,
economía, ciencia política, sociología, antropología, etc.); incluso en algunos casos se enumeran con ellas disciplinas del
entorno de las ciencias de la salud, como la psicología, o saberes más generales, como la filosofía.Las ciencias humanas,
nos permite estudiar al ser humano de manera individual o colectiva a través de sus interrelaciones con sus semejantes
y con el medio ambiente dondehabita; permitiéndonos entender por qué las personas son cooperativas, orgullosas,
desarrolladoras, etc., y pudiendo ver cómo avanza y que diferente es de otras especies. Aportando así las ciencias
humanas a que el ser humano, pueda conocer su antes, ahora y después de la aplicación de las diversas conclusiones
que aporta esta ciencia para una vida más comprendida, mejorada y de bien para una sociedad.Las ciencias humanas y
sociales, son aquellas que estudian al ser humano y su relación con la sociedad. Sus discursos se entrecruzan y enlazan;
por ello es costosa una diferenciación entre estas ramas del conocimiento. No todas las disciplinas que estudian al
hombre reclaman el carácter científico, incluso dentro de aquellas que se catalogan como ciencias, existen pensadores
que no guían sus reflexiones con el método científico.Sin embargo, el positivismo considera adecuado y necesario un
estudio del ser humano enmarcado en este método, tanto en su aspecto individual como colectivo, y es básicamente
esta corriente epistemológica la que exige y busca que los estudios sobre el hombre alcancen el reconocimiento de
ciencias, aun cuando varios autores critiquen los aspectos fundamentales de esta corriente epistemológica y prefieran
alejarse de la denominación científica.Las ciencias humanas pueden dar apariencias a ser menos científicas que las
ciencias naturales, ya que presentan una menor confiabilidad en sus métodos de estudio y conclusiones pertinentes,
pero hay que concluir en que ambas son ciencias, ninguna más científica que la otra, cada una con sus propias
limitantes, que el mayor beneficiado de los resultados de las ciencias humanas, son los propios seres humanos.