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Principio de legalidad

1. El principio de legalidad es presupuesto en todo el discurso jurídico, tanto en la


“descripción” (textos y tratados) como en la argumentación (alegatos). El
principio opera en dos niveles: descriptivo y justificativo. El tenor del principio
podría formularse así: es regla de competencia; es el derecho de un Estado […]
todo acto jurídico (orden, decisión, mandato) supone una norma jurídica que
confiere facultades; todo poder o facultad requiere necesariamente de
fundamentación jurídica. La legalidad debe controlar los actos de los
funcionarios (e. g., el exceso o desvío de poder, decisión ultra vires, son
cuestiones jurídicas).
Rolando Tamayo y Salmorán: Los publicistas medievales y la formación de la tradición
política de occidente, México: UNAM, 2005, “Excursus II”, p. 214.
2. El principio de legalidad demanda la sujeción de todos los órganos estatales al
derecho; en otros términos, todo acto o procedimiento jurídico llevado a cabo por
las autoridades estatales debe tener apoyo estricto en una norma legal, la que,
a su vez, debe estar conforme a las disposiciones de fondo y forma consignadas
en la Constitución.
Pedro Salazar

Principio del debido proceso


1. Es así, que podemos encontrar, posteriormente, los antecedentes del debido
proceso en la Carta Magna de 1215, ordenamiento jurídico inglés; donde el rey
Juan Sin Tierra entregó a los nobles ingleses una garantía; que originariamente
fue entendida como una garantía procesal a la libertad. Todo ello se sustentaba
en la «Law of the land» (derecho a la tierra), contenida en la carta Magna de
1215. Configurándose posteriormente los denominados «Charters» los cuales
eran una protección que otorgaba la corona inglesa para aquellos que tenían a
su cargo la labor colonizadora.
CHICHIZOLA, Mario. “El debido proceso como garantía constitucional”, Las garantías
del debido proceso. Materiales de enseñanza, Lima: Embajada Real de los Países
Bajos, 1996. p.16.
2. No es más que una de las tantas maneras y, por cierto, la más evolucionada,
como la humanidad a lo largo de su historia, ha venido procurando resolver sus
conflictos intersubjetivos"
IJL BERNARDS. Luis Ob. Cít. p.13.

Principio de impulso de oficio


1. La Ley del Procedimiento Administrativo General (ley 27444), —en adelante la
Ley del Procedimiento Administrativo General —, tiene una denominación que
felizmente no es gratuita, ni casual. En efecto, tanto como que se trata de una
norma «general»
Roberto Jiménez Murillo
2. En la administración pública confluyen un conjunto de recursos humanos, de
diversas profesiones y distintas especialidades. Algunos profesionales se
encuentran vinculados más que otros en instruir procedimientos administrativos,
generar documentos o proyectar normas legales internas, así como en realizar
actividades de atención al público usuario. Más allá de matices de funciones y
los cargos que cada uno ostente al interior de la administración pública, lo cierto
es que todos ellos deben tener un conocimiento más que básico de los principios
que rigen la función pública y consiguientemente de los que sustentan el
Derecho administrativo.
Danós Ordóñez, Jorge. «El proceso de elaboración y aprobación de la nueva Ley del
Procedimiento Administrativo General». Comentarios a la Ley del Procedimiento
Administrativo General. Lima: Ara Editores, 2001, pp. 28-29

Principio de razonabilidad
1. La peculiaridad de la tarea jurídica consiste en que lleva consigo un ejercicio de
razón práctica con efectos vinculantes. En este mismo sentido, Tassara agrega
que "en el caso de la autoridad que toma decisiones, la retórica a emplear debe
contener argumentación racional y evitar las apelaciones a las emociones o
pasiones del auditorio"
Andrés Ollero Tassara
2. D'Ors identificaba razonabilidad con prudencia. Más aún, entiende que la justicia
depende de la prudentia, virtud intelectiva que implica "saber lo que conviene o
no conviene hacer". Y agrega que "una solución prudente debe combinar la
argumentación lógica de conceptos jurídicos claros con la necesidad de alcanzar
una solución práctica y lo más sencilla posible"
Álvaro d'Ors

Principio de imparcialidad
1. El principio de imparcialidad es un resultado directo de la aplicación en sede
administrativa del mandato de igualdad material o de no discriminación,
contenido en la Norma Constitucional. Dicho mandato establece que únicamente
puede establecerse diferencias entre las personas derivadas de criterios
objetivos y motivos razonables. Evidentemente, la Administración solo puede
establecer tratamientos desiguales en circunstancias objetivamente diferentes.
Christian Guzmán Napurí
2. Este principio origina evidentes tensiones, las mismas que tienen diversa
intensidad dependiendo del procedimiento del cual se trate. Sin embargo, la
aplicación del principio de imparcialidad debe ser la misma en cualquier
procedimiento, sea este de oficio o a pedido de parte, sea general o especial.
GARCIA DE ENTERRIA, Eduardo .

Principio de informalismo
1. Este principio establece en realidad una presunción a favor del administrado,
para protegerlo de la mera forma o el rito, propia del procedimiento administrativo
tradicional. En primer lugar, implica una aplicación el principio de in dubio pro
actione propio del derecho comparado, que establece la interpretación más
favorable al ejercicio del derecho de petición administrativa por parte del
administrado a fin de asegurar la decisión sobre el fondo del asunto.
GARCIA DE ENTERRIA, Eduardo
2. Es decir, en caso de duda respecto a la procedencia de una solicitud del
administrado, o respecto a la continuidad de un procedimiento determinado, la
autoridad administrativa prefiere darle trámite. Puede considerarse incluso que
el principio de informalismo surge de la concepción de administrado como
colaborador de la Administración en la obtención del bien común.
COMADIRA, Julio R.

Principio de presunción de veracidad


1. El principio de presunción de veracidad señala que, en la tramitación del
procedimiento administrativo, se presume que los documentos presentados y las
declaraciones formuladas por los administrados en la forma prescrita por la Ley,
responden a la verdad de los hechos que ellos afirman. Se presume entonces la
veracidad de lo afirmado por el particular.
Christian Guzmán Napurí
2. De esta manera, se traslada al administrado la responsabilidad respecto a la
verificación previa de la veracidad de la documentación, se libera a la
Administración de una parte sustancial de la carga que genera dicha verificación
y a la vez se facilita a los particulares la interacción con la autoridad
administrativa. El efecto procesal generado consiste en la asignación de la carga
de la prueba de la invalidez de la documentación a la Administración en favor del
administrado. Se debe señalar, sin embargo, que ésta presunción
evidentemente admite prueba en contrario, configurándose como una
presunción legal relativa.
COMADIRA, Julio R. La Simplificación Administrativa. Primer paso hacia la
desburocratización. 1990, p. 34.

Principio de buena fe procedimental


1. El principio de conducta procedimental indica que los sujetos que intervienen en
un procedimiento administrativo –sean los administrados, y la propia autoridad
administrativa-, deben realizar sus respectivos actos procedimentales guiados
por el respeto mutuo, la colaboración y, en especial, la buena fe. Ello implica la
existencia y reconocimiento de derechos a favor del administrado, pero también
la imposición de deberes en relación con su actuación en el procedimiento.
Christian Guzmán Napurí
2. En este punto, la Ley señala que ningún acto del procedimiento administrativo
puede ser interpretado de modo tal que ampare alguna conducta contra la buena
fe procesal. El principio de buena fe en las relaciones administrativas ha tenido
cierto éxito en los últimos tiempos. De hecho, implica que la Administración no
podrá exigirle al administrado más allá de lo estrictamente indispensable para la
realización de los fines públicos.
PALOMAR OLMEDA, Álvaro. Los Principios de la actividad administrativa y las
relaciones entre las Administraciones. En: Documentación Administrativa N° 254 y 255.
Madrid: Ministerio para la Administraciones Públicas. Instituto Nacional de
Administración Pública, 1999, p. 63.
Principio de celeridad
1. El principio de celeridad establece que quienes participan en el procedimiento
deben guiar su actuación en la tramitación con la máxima dinámica posible,
evitando actuaciones procesales que dificulten su tramitación o constituyan
meros formalismos, a fin de alcanzar una decisión en tiempo razonable. A este
nivel guarda íntima relación con el derecho al plazo razonable, elemento que
forma parte del debido procedimiento administrativo, y, en consecuencia, del
debido proceso.

Christian Guzmán Napurí


2.

Juan Carlos Moron Urbina

Principio de eficacia
1. El principio de eficacia señala que los sujetos del procedimiento administrativo
deben hacer prevalecer el cumplimiento de la finalidad del acto procedimental,
sobre aquellos formalismos que no incidan en su validez, que no determinen
aspectos importantes en la decisión final, que no disminuyan las garantías del
procedimiento, ni causen indefensión en los administrados. Por ello, este
principio debe emplearse e invocarse de manera conjunta con el de
informalismo, no obstante que éste último es susceptible de aplicación de
manera más inmediata. Al igual que dicho principio, el de eficacia pretende
proteger al administrado de los excesivos formalismos del procedimiento,
mejorar la gestión administrativa y considerar al administrado como un
colaborador dentro del procedimiento a fin de obtener el resultado más acorde
con el bien común.
Christian Guzmán Napurí
2. Asimismo, el referido principio menciona que, en todos los supuestos de
aplicación del mismo, la finalidad del acto que se privilegie sobre las
formalidades no esenciales deberá ajustarse al marco normativo aplicable y su
validez será una garantía de la finalidad pública que se busca satisfacer con la
aplicación de este principio. Y es que, si bien el procedimiento administrativo no
puede ser un obstáculo para la obtención de fines públicos; la ilegalidad del
procedimiento, en buena cuenta, resulta ser abiertamente ineficaz , puesto que
puede generar, en última instancia, la invalidez del acto final a emitirse.
COMADIRA, Julio R.
Principio de verdad material
1. El principio de verdad material indica que, en el procedimiento, la autoridad
administrativa competente deberá verificar plenamente los hechos que sirven de
motivo para sus respectivas decisiones, para lo cual deberá adoptar todas las
medidas probatorias necesarias autorizadas por la Ley, aun cuando no hayan
sido propuestas por los administrados o hayan acordado eximirse de ellas.
Christian Guzmán Napurí
2. Y es que la Administración no debe contentarse con lo aportado por el
administrado, sino que debe actuar, aun de oficio, para obtener otras pruebas y
para averiguar los hechos que hagan a la búsqueda de la verdad material u
objetiva, ya que en materia de procedimiento administrativo la verdad material
prima sobre la verdad formal. Ello conlleva un principio de especial importancia
en el ámbito de la actividad probatoria que es la oficialidad de la prueba, por la
cual la Administración posee la carga de la prueba de los hechos alegados o
materia de controversia, a menos que considere que basta con las pruebas
aportadas u ofrecidas por el administrado.
MORON URBINA, Juan Carlos.

Principio de participación
1. La amplia intervención del administrado en el procedimiento administrativo le
permite influir de manera directa en el resultado del mismo, es decir, en la
producción de actos administrativos. En el caso de procedimientos
administrativos en los cuales se involucren intereses difusos o colectivos la
participación se amplía sustancialmente, permitiendo la actuación de aquellos
administrados que lo consideren conveniente.
OCHOA CARDICH, César.
2. El principio de participación permite que sea posible una eficaz protección a los
derechos de los administrados, dada su colaboración en los procedimientos, en
especial los que implican interés directo. La regulación de la participación de los
administrados, entonces, se convierte en un concepto fundamental del derecho
del procedimiento administrativo. La participación permite, en buena cuenta, la
democratización de las decisiones públicas y la obtención de legitimidad de las
mismas.
GARCIA DE ENTERRIA.

Principio de simplicidad
1. Este principio persigue que todos los procedimientos administrativos, reglados y
no reglados, sean sencillos, eliminándose requisitos innecesarios, en razón de
lo cual la ley apela al criterio de la racionalidad, así como de la proporcionalidad
entre el trámite, y el fin que persigue el acto administrativo.

Por la simplicidad se prohíbe la formación de expedientillos o hijuelos del


expediente prohibiéndose las excepciones, tercerías que únicamente son
considerados como argumentos de las partes pero que no se tramitan en
cuaderno separado sino que se resuelven en la resolución que pone fin a la
instancia administrativa.
Juan de Dios Huanes Tovar
2. En relación con este principio, Dromi señala que “…el procedimiento
administrativo no debe ser concebido como una carrera de obstáculos, sino
como un cauce ordenado capaz de garantizar la legalidad y el mérito del obrar
administrativo dentro del respeto y la salvaguarda de los derechos subjetivos”

El mismo autor presenta las siguientes aplicaciones prácticas de este principio, a saber:

a. No es menester calificar jurídicamente las peticiones.


b. Los recursos pueden ser calificados erróneamente.
c. Los recursos administrativos han de interpretarse no de acuerdo con la letra de los
escritos, sino conforme a la intención del recurrente.
d. La administración debe corregir evidentes equivocaciones formales de los
administrados.
e. Si no consta la fecha de notificación del acto impugnado o de la presentación del
recurso debe entenderse que éste ha sido interpuesto en término.

El principio de simplicidad, al igual que los principios de uniformidad y de predictibilidad


descritos en los siguientes literales, son principios rectores de la simplificación
administrativa, la cual es entendida como un proceso para la consecución de la
eficiencia en la prestación de servicios por parte de la Administración Pública. Así, en
términos prácticos, resulta válido afirmar que las colas innecesarias, los trámites
burocráticos irracionales, los requisitos carentes de legalidad, entre otros, atentan
directamente contra este principio.

Roberto José Dromi

Principio de uniformidad
1. El principio de uniformidad, propio también de los mecanismos de simplificación
administrativa, señala que la autoridad administrativa deberá establecer
requisitos similares para trámites similares, garantizando que las excepciones a
los principios generales no serán convertidas en regla general. El principio
implica entonces que toda diferenciación deberá basarse en criterios objetivos
debidamente sustentados. Este principio es una evidente limitación a las
facultades discrecionales de la Administración de crear procedimientos
administrativos especiales a través del llamado Texto Único de Procedimientos
Administrativos (TUPA). Es claro, en consecuencia, que los TUPA deben ser
usados para consolidar procedimientos y no para crear nuevos trámites,
constituyendo fundamentalmente un instrumento informativo y no propiamente
normativo.
Christian Guzmán Napurí
2. Lo antes señalado está ligado al hecho ineludible de que el procedimiento
general establecido por la Ley sirve de marco para la creación de dichos
procedimientos, los mismos que deberán ceñirse a lo establecido por la norma
(90), a lo que debe agregarse que los procedimientos administrativos especiales
solo pueden crearse por ley. De esta manera, el administrado puede tramitar de
manera eficaz los procedimientos administrativos que estime pertinentes, al
menor costo posible, lo que redunda en una mejor tutela de sus derechos, como
lo hemos señalado de manera reiterada en el presente trabajo.
MORON URBINA, Juan Carlos.
Principio de predictibilidad o de confianza legitima
1. El principio de predictibilidad, elemento de particular importancia para la
simplificación de los trámites administrativos, establece que la autoridad
administrativa deberá brindar a los administrados o sus representantes
información veraz, completa y confiable sobre cada trámite, de modo tal que a
su inicio el administrado pueda tener una conciencia bastante certera de cuál
será el resultado final que se obtendrá.
Christian Guzmán Napurí
2. Pero además se requiere que la Administración Pública arroje resultados
predecibles, es decir consistentes entre sí. La administración no debe hacer
diferencias en razón de las personas –imparcialidad y neutralidad-, y los
ciudadanos deberían, al iniciar un trámite, tener una expectativa certera de cuál
será el resultado final que dicho procedimiento arrojará.
MARTIN RETORTILLO BAQUER, Sebastián. De la Simplificación de la Administración
Pública. En: Revista de Administración Pública, N.° 147. Madrid: Centro de Estudios
Constitucionales, 1998, pp. 10 y siguientes

Principio de privilegios de controles posteriores


1. El principio de privilegio de controles posteriores, correlato de los principios de
simplificación administrativa que hemos venido describiendo, señala que la
tramitación de los procedimientos administrativos se sustentará en la aplicación
del llamado procedimiento de fiscalización posterior; reservándose la autoridad
administrativa el derecho de comprobar la veracidad de la información
presentada, el cumplimiento de la normatividad sustantiva y el hecho de aplicar
las sanciones pertinentes en caso de que la información presentada no sea
veraz. El control posterior se privilegia respecto a otros mecanismos de
fiscalización, sea ésta previa o simultánea.
Christian Guzmán Napurí
2.

MORON URBINA, Juan Carlos

Principio del ejercicio legítimo de poder


1. Michel Foucault (1988, pp. 12-13) señala que las relaciones de poder no pueden
entenderse al margen de las actividades terminadas, ya sea las que permiten
ejercer el poder (como las técnicas de entrenamiento, los procesos de
dominación, los medios mediante los cuales se obtiene la obediencia) o las que
recurren a relaciones de poder con el fin de desarrollar su potencial (la división
del trabajo y la jerarquía de tareas), el cual hace referencia al poder
institucionalizado, a una estructura de dominación como es la jerarquía en la
administración. En ambos casos, el poder es una referencia orientada a fines, lo
cual significa que en todo momento existe una justificación, explícita o implícita,
de control de ciertas acciones sobre otras para asegurar un objetivo, lo cual se
puede comprender más claramente en la administración, pues todo poder
conferido por la estructura orgánica tiene como propósito fundamental el logro
de objetivos.
Michel Foucault
2. El aparato de dominio en el que se justifica el poder en la administración obedece
al sistema legal imperante, el cual debemos entenderlo a partir de la estructura
orgánica que sustenta el nivel funcional con el que actúan los individuos dentro
de las organizaciones. La dominación que se ejerce a partir de este sistema de
dominio es impersonal debido a que responde a un mecanismo de participación
sustentado en las normas y, por lo tanto, quien ejerce la dominación no requiere
la legitimación, sino que su acción es capaz de justificarse por sí misma apelando
a la legalidad imperante, con lo cual el elemento coercitivo de dominio se
convierte en un mecanismo latente de control. La propia estructura orgánica
provee de las directrices de funcionamiento que le servirán para orientar el
trabajo colectivo hacia los objetivos organizacionales.
Buckley, 1993.

Principio de responsabilidad

1. La responsabilidad patrimonial de la Administración Pública establecida en el


artículo 140 de la Constitución de 1999, no deja lugar a dudas, en dicho artículo
se consagra la responsabilidad objetiva, patrimonial e integral de la
Administración Pública cuando por el ejercicio de su actividad ocasione daños a
los particulares, sea por funcionamiento normal o anormal. Siendo este sistema
de responsabilidad patrimonial del Estado, cuyo conocimiento y competencia le
corresponde a la jurisdicción contencioso administrativa, sin que por ello deba
recurrir a las fuentes del derecho civil -referida al hecho ilícito-, para determinar
la responsabilidad.

La Exposición de Motivos de la carta Fundamental señala que expresamente se


establece bajo una perspectiva de derecho público moderna la obligación directa del
Estado de responder patrimonialmente por los daños que sufran los particulares en
cualquiera de sus bienes y derechos, siempre que la lesión sea imputable al
funcionamiento normal o anormal, de los servicios públicos y por cualesquiera
actividades públicas, administrativas, judiciales, legislativas, ciudadanas o electorales,
de los entes públicos o incluso de personas privadas en ejercicio de tales funciones.

Moya, José. (2008).


2. Al respecto, debemos recordar que en el régimen de responsabilidad
civil existen diversos tipos de responsabilidad. Y ello es así, porque el Derecho
Civil -que se encarga de regular las relaciones entre los particulares-, el régimen
de la responsabilidad está básicamente destinado a determinar quiénes son los
responsables de daños cometidos en agravio de otros, a fin de obligarlos
a reparar estos perjuicios. Pues bien, la necesidad de identificar a los autores de
estos daños ha llevado al desarrollo de tres tipos diferentes de responsabilidad:
i) responsabilidad subjetiva, ii) responsabilidad objetiva y iii) responsabilidad
vicaria.
Las dos primeras hacen referencia al factor de atribución, es decir, a la necesidad o no
de exigir al autor de los hechos que han provocado el daño que éste se haya producido
con intención o negligencia, para considerarlo también responsable.
Así, cuando para determinar la responsabilidad la norma exige que la conducta dañosa
realizada por el autor del daño, haya sido culposa o dolosa, estamos en un supuesto de
responsabilidad subjetiva. Pero cuando para determinar la responsabilidad la norma no
exija este factor subjetivo, entonces, estaremos ante un supuesto de responsabilidad
objetiva. Pues bastará que se determine quién fue el autor de la infracción, ya que éste
por el sólo hecho de ser autor será también responsable por ella.
A diferencia de ello, el tercer supuesto, el de la responsabilidad vicaria no se refiere al
tipo de factor de atribución que pueda exigirse al autor del daño; sino a la posibilidad de
considerar responsable a quien no es el autor. Estos casos se regulan principalmente
por dos motivos. Primero, porque el autor directo del daño es inimputable y por ello, no
puede ser considerado autor, y tendrá que serlo quien la ley así lo determine (este es,
por ejemplo, el caso del daño causado por incapaces). Y segundo, porque la ley permite
considerar responsable a un sujeto que no es el autor del daño, es cuando, por un
principio de tutela a la víctima y de eficiencia económica, se entiende que debe ser
responsable del daño causado, aquél que se encuentra en una posición de ventaja, que
podía haber evitado el daño con menor costo que cualquier otro, o que podría repararlo
mejor.

Sheilah Vargas Soto

Principio de acceso permanente


1. el principio de acceso permanente se encuentra orientado a que el administrado
pueda tener un acercamiento inmediato a la documentación o información
pública, acerca de la cual precise tomar conocimiento, esto es, se refiere al
derecho a la transparencia y acceso a la información pública.

Como señalamos, ello dista largamente con lo que abraza el principio de


publicidad en el procedimiento administrativo, debido a que este último se
encuentra relacionado con el compromiso concreto, verificable y ex oficio de la
administración, de publicar la información que le es relevante y de especial
interés a los administrados en su conjunto, en vista que se trata de información
que tiene el carácter de dominio o conocimiento general o de toda la población,
pues por ejemplo, de por medio está poder saber que se hizo o se hará con el
presupuesto asignado a la administración (institución pública) y que además,
corresponde a los administrados, en tanto que es producto del abono de sus
impuestos abonados y por abonar al Estado. Estamos hablando basilarmente,
del derecho a la rendición de cuentas, por parte de la administración hacia los
administrados.
Dr. Jorge Isaac Torres Manrique
2. El factum habitual es que en los procedimientos administrativos los interesados
suelen experimentar trabas innecesarias para el conocimiento y acceso a toda
la documentación del expediente. Dichas trabas consisten en que el órgano
respectivo, al momento de ser requerido por el interesado o su representante,
bien sea presencialmente, bien sea por escrito, y que manifiesta su deseo de
acceder al contenido del expediente material, en lugar de dársele acceso
inmediato y sin mayor trámite se le exige que, para poder tener acceso y conocer
los antecedentes del proceso, deba realizar la solicitud respectiva a través del
mecanismo establecido por la Ley de Transparencia. Dicho mecanismo consiste,
en términos sencillos, en que el interesado debe solicitarle al órgano, a través
del “Portal de Transparencia pasiva”, la exhibición del expediente, a partir de lo
cual dicho órgano cuenta con un plazo de 20 días hábiles para resolver la
solicitud. Dicho plazo contrasta con la inmediatez y acceso expedito que debe
tener el interesado en un procedimiento administrativo, según el texto bien
enfático del art.17 a) LBPA.

Alejandro Vergara