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De Colores Hermanos, esta noche el Señor me ha regalado la oportunidad de


dirigirme a ustedes y hablarles sobre Jose, San José.
El 19 de marzo es el día del padre en honor a la festividad de San José, padre
adoptivo de nuestro Señor Jesucristo.
Existen dos celebraciones, la solemnidad de San José que es el día 19 de marzo y la
fiesta de San José Obrero, Día Internacional del trabajo el 1 de mayo.
El es Patrón de la Iglesia universal, de la Buena Muerte, de las familias, de los
padres, de las mujeres embarazadas, los viajeros, inmigrantes, artesanos,
ingenieros y trabajadores y también el patrón de muchos países
San José tuvo un papel esencial en el Plan recociliador de Dios, el le encomendó la
gran responsabilidad y privilegio de ser el padre terrenal, el padre adoptivo del niño
Jesus, nuestro Rey y Salvador, de ser el esposo virginal de la Virgen María, San José
es el Santo custodio de la Sagrada Familia, El protegió a la Inmaculada Madre de
Dios y ayudo a criar al señor del universo.
San Jose era un joven fuerte y lleno de vida, que amaba profundamente a su novia
María. Con una gran delicadeza y ternura, y con gran sentido de responsabilidad,
acató por la fe los caminos de Dios. El anuncio de su vocación le causó una alegría
inmensa. Y comprendió la gran confianza que depositaba el padre al elegirlo padre
de su hijo, y se entregó totalmente a la misión que le confiaba y ponendo todas sus
fuerzas al servicio de Jesús y de María.
Recibio las humillaciones de Belén, cuando no le quieran dar posada, y sufrio más
por María y el niño que por él.
Él fue el primero en ver al hijo de Dios, niño recién nacido; en oir sus llantos. Su
noble y sensible corazón se habrá sobrecogido contemplando la pobreza con que
vino al mundo el Hijo de Dios y su hijo.
Jesús, como todos los niños, tuvo que aprender a caminar, a hablar, a leer, a Vio
crecer al niño lo llevo al taller. Le enseño a manejar las herramientas. A cortar los
troncos, a trabajar la madera. A coger el martillo. Hacer puertas, ensambla yugos y
arados, pule taburetes y encaja ventanas.
José educo a Jesús, que fue creciendo. José le enseño la belleza de los campos, Le
explico la necesidad de cuidar de los siembros, de la belleza de los lirios del
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campo…. El peligro de la tormenta, la gallina y los polluelos. Cosas que después el


mismo Jesús improvisará en sus parábolas y predicación, todo eso se lo enseñó su
padre.
La vida de José es una vida de oración y de trabajo, de hogar y de amor, de
austeridad y de pobreza, pero de alegría inmensa como consecuencia de la
profundidad de su vida interior y de saberse entregado por completo al primer
hogar cristiano, semilla de la Iglesia, de la cual es también Patrono.
San José nos enseña que lo importante no es realizar grandes cosas, sino hacer bien
la tarea que corresponde a cada uno. "Dios no necesita nuestras obras, sino nuestro
amor" dice Santa Teresa del Niño Jesús.
La grandeza de san José reside en la sencillez de su vida: la vida de un obrero
manual de una pequeña aldea de galilea que gana el sustento para sí y los suyos
con el esfuerzo de cada día; la vida de un hombre que, con su ejemplaridad y su
amor abnegado, presidió una familia en la que el Mesías crecía en edad, en
sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres (lc 2,52). No consta que san José
hiciera nada extraordinario, pero sí sabemos que fue un eslabón fundamental en la
historia de la salvación de la humanidad.
La realización del plan divino de salvación discurre por el cauce de la historia
humana a través, a veces, de figuras señeras como Abraham, Moisés, David, Isaías,
Pablo; o de hombres sencillos como el humilde carpintero de Nazaret. Lo que
importa ante Dios es la fe y el amor con que cada cual teje el tapiz de su vida en la
urdimbre de sus ocupaciones normales y corrientes. Dios no nos preguntará si
hicimos grandes obras, sino si hicimos bien y con amor la tarea que debíamos
hacer.
Dice el Santo Papa Francisco, que San José da la capacidad de soñar, de arriesgarse
y afrontar las dificultades para realizar los sueños. Que nos da la fifelidad que
generalmente, crece con la actitud de ser justo, el era justo, crece en el silencio,
con pocas palabras, y crece en la ternura que es capaz de custodiar las debilidades
propias y de los demás.
En el 2015, el Santo Papa, manifiesto la belleza de ser padres, recordando que
“también san José fue tentado de dejar a María, cuando descubrió que estaba
embarazada”.
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Traigo a ustedes, los 7 consejos extraídos de las catequesis dedicadas al tema de


la familia, para ser mejores padres y crecer con tus hijos:
1. Un padre no quiere hijos iguales a sí mismo, sino hijos sabios y libres:
“Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que
te escuche hablar con rectitud”.
“Y para que pudieras ser así (sabio), te enseñé lo que no sabías, corregí errores que
no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto”.
2. Rigor y firmeza, antes que complicidad y protección. Mejor padres
incomprendidos que endebles.
“Te di un testimonio de rigor y firmeza que tal vez no comprendías, cuando
hubieses querido sólo complicidad y protección”.
“Un padre sabe bien lo que cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta
dulzura y cuánta firmeza. Pero, cuánto consuelo y cuánta recompensa se recibe
cuando los hijos rinden honor a esta herencia. Es una alegría que recompensa toda
fatiga, que supera toda incomprensión y cura cada herida”.
3. Un padre presente en la familia, cercano a la esposa y sus hijos
Un padre presente en la familia: “que sea cercano a la esposa, para compartir todo,
alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su
crecimiento”.
Un padre presente siempre: “cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando
son despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son
taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso
equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino”.
4. Un padre presente no es un padre controlador
Decir presente no es lo mismo que decir controlador. Porque los padres demasiado
controladores anulan a los hijos, no los dejan crecer.
5. Un padre bueno es un padre paciente
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El Papa recordó esa extraordinaria parábola llamada del “hijo pródigo”, o mejor del
“padre misericordioso” (cf. 15, 11-32). “Cuánta dignidad y cuánta ternura en la
espera de ese padre que está en la puerta de casa esperando que el hijo regrese”.
Los padres deben ser pacientes. Muchas veces no hay otra cosa que hacer más
que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia.
6. Sabe perdonar y no humilla, pero tampoco es débil o complaciente
“Un buen padre sabe esperar y sabe perdonar desde el fondo del corazón. Cierto,
sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, complaciente,
sentimental. El padre que sabe corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger
sin guardar nada para sí”.
7. El Padrenuestro vivido en la paternidad que soleva del fracaso
“Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden valentía
y abandonan el campo. Pero los hijos necesitan encontrar un padre que los espera
cuando regresan de sus fracasos. Harán de todo por no admitirlo, para no hacerlo
ver, pero lo necesitan; y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de cerrar”.

Vivencia

La verdad es que no es fácil ser un buen padre; sin embargo, con los podemos
encontrar sabios consejos en la Biblia, a través de la oración, los sacramentos y por
supuesto nuestra hoja de servicio.

Hermanos Feliz día del Padre y De Colores