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DEFINICIÓN DE MATRIMONIO

El término matrimonio proviene del latín matrimonĭum. Se trata de la unión de un hombre y una mujer que se concreta a
través de determinados ritos o trámites legales. En los últimos años, cada vez más Estados han aceptado el matrimonio
entre personas del mismo sexo, con lo que esta unión conyugal ha dejado de ser patrimonio de la heterosexualidad.

Matrimonio
El lazo matrimonial es reconocido a nivel social, tanto a partir de normas jurídicas como por las costumbres. Al contraer
matrimonio, los cónyuges adquieren diversos derechos y obligaciones. El matrimonio también legitima la filiación de los
hijos que son procreados por sus miembros.

Es posible distinguir, al menos en el mundo occidental, entre dos grandes tipos de matrimonio: el matrimonio civil (que se
concreta frente a una autoridad estatal competente) y el matrimonio religioso (que legitima la unión ante los ojos de Dios).

En el lenguaje coloquial, se denomina matrimonio a la pareja formada por el marido y la mujer: “Vamos a alquilar la casa
a un matrimonio de ancianos”, “Un matrimonio entró al negocio y gastó más de quinientos pesos”, “No lo puedo creer,
ayer le robaron al matrimonio que vive al lado de mi casa”.

El matrimonio es la íntima unión y la entrega mutua de la vida entre un hombre y una mujer con el propósito de buscar en
todo el bien mutuo. Dicha relación tiene sus raíces en la voluntad original de Dios quien al crear al hombre y a la mujer a
su imagen y semejanza, les dio la capacidad de amarse y entregarse mutuamente, hasta el punto de poder ser “una sola
carne” (véase Gn. 1, 22 y 2, 24).

Así, el matrimonio es tanto una institución natural como una unión sagrada que realiza el plan original de Dios para la
pareja. Pero además Cristo elevó esta vocación al amor a la dignidad de sacramento cuando hizo del consentimiento de
entrega de los esposos cristianos el símbolo mismo de su propia entrega por todos en la cruz.

En otras palabras, el consentimiento libre por el cual la pareja se entrega y se recibe mutuamente es la esencia o
“materia” del sacramento del matrimonio, de la misma forma como el pan y el vino son la materia del sacramento de la
Eucaristía. Dicho consentimiento o símbolo visible de la presencia de Cristo se concretiza, dentro del rito matrimonial, en
la fórmula que una vez y para siempre se dicen los esposos con palabras como: “Yo te recibo como esposo(a) y me
comprometo a amarte, respetarte y servirte, en salud o enfermedad, en tristeza y alegría, en riqueza o en pobreza, hasta
que la muerte nos separe”.

El compromiso celebrado en el rito se convierte en el estilo de vida de los esposos que, a través de su cotidiana entrega
y fidelidad, hacen de su amor el lugar donde el conyugue es amado, servido, escuchado y atendido como Cristo mismo lo
haría. En otras palabras, el sacramento del matrimonio no se reduce al rito que lo celebra, sino que consiste en “ser
sacramento” o presencia visible de Cristo para el cónyuge, todos los días y en todas las circunstancias que la vida les
presente. Por esta razón el matrimonio es junto al sacramento del orden sacerdotal un sacramento de servicio que, vivido
con el apoyo permanente de la gracia de Dios, es un camino excelente de santidad.
Es además en el seno de esta relación estable y generosa donde Dios quiere que sean engendrados los hijos para que
sea el amor la cuna donde se reciban y se constituya la familia, y la sociedad.

En pocas palabras, tanto por su donación y servicio mutuo como por su misión co-creadora, los esposos son sacramento
vivo y permanente del amor de Cristo por la humanidad y se convierten en “Ministros de la Iglesia Doméstica” donde a
diario están llamados, junto al pan y la palabra, a partir y compartir la vida de Cristo con su cónyuge, sus hijos y quienes
los rodean.

La Iglesia entera o “Familia Cristiana” se beneficia igualmente del sí sacramental que a diario se dan los esposos pues
este es un testimonio invaluable que sostiene a todos los cristianos en el camino de entrega y servicio al cual hemos sido
llamados.

Felicidad y apoyo emocional en el matrimonio

No puedes esperar ser siempre igual de feliz en tu vida matrimonial. Toda relación de pareja pasa por altibajos, las cosas
cambias y las circunstancias de la vida influyen en una relación de manera importante. Los hijos, las enfermedades, la
familia política, el trabajo o las relaciones personales, entre otros, pueden causar cambios importantes.

Teniendo esto en cuenta, lo que tienes que considerar no es si vas a ser siempre feliz con tu pareja, sino si esa persona
es capaz de brindarte el apoyo emocional necesario en los momentos difíciles y también si tú estás dispuesta a hacer lo
mismo.

En este sentido, sabrás que tu pareja es la persona adecuada para casarte si te ayuda a ser mejor persona, si te apoya
para que sigas adelante con tus sueños, tanto emocional como intelectualmente, y si valora tu bienestar emoción
Teniendo esto en cuenta, lo que tienes que considerar no es si vas a ser siempre feliz con tu pareja, sino si esa persona
es capaz de brindarte el apoyo emocional necesario en los momentos difíciles y también si tú estás dispuesta a hacer lo
mismo.

En este sentido, sabrás que tu pareja es la persona adecuada para casarte si te ayuda a ser mejor persona, si te apoya
para que sigas adelante con tus sueños, tanto emocional como intelectualmente, y si valora tu bienestar emocional más
allá de sus propios intereses o necesidades.

La persona adecuada para casarse no debería ser negativa, ni egoísta. Tampoco debería avergonzarse de nada
que tenga que ver contigo, y debería ser honesta con lo que piensa de ti. Además, debería ser una persona
trabajadora que valorara tu trabajo o dedicación de la misma manera que valora lo que él/ella hace.
Afectividad, sexualidad y amor

La persona adecuada para casarse debería ser alguien que comprende tus necesidades y tus inquietudes personales.

“Te quiero” debería ser algo más que una frase. Con la persona adecuada, las palabras de amor son actos de amor, son
sensaciones, son detalles. Una persona que te ama de verdad lo hace más allá del acto sexual, e incluso en ese
momento deberías poder sentir toda la esencia de esa relación, incluida la confianza, el respeto, el cariño o el deseo más
allá de lo meramente físico.

Además, la persona con la que decides pasar el resto de tu vida y con la que quieres comprometerte deberías ser
también un buen amigo, y una persona con la que puedes disfrutar de todo lo que la vida te ofrece. El tiempo de ocio es
importante para las parejas, y tener intereses comunes, o al menos mostrar interés en descubrir lo que le gusta al otro,
es fundamental.

No puedes olvidar que la persona adecuada debería ser amable, considerada y cortés, y que es en las pequeñas cosas
de la vida, en esas que pasan a diario, donde uno muestra cómo es, y donde puedes ver todo el cariño y la bondad de
una persona.

Metas y valores

Tener metas y valores comunes es fundamental para empezar una vida en común. Tener opiniones y gustos diferentes
no es un problema, siempre y cuando se tenga un objetivo común. En realidad, diferir en algunos puntos le puede dar
interés a una relación y puede ser una fuente de enriquecimiento mutuo.

Pero el entendimiento previo y la disposición a la comunicación abierta y sincera debe ser un hecho y una buena
práctica. Si tienes que reprimir tus pensamientos para no ofender a tu pareja tendrás muchos problemas en el futuro,
pues dejarás de ser tu mismo.
Ten en cuenta que lo único seguro y constante en la vida es el cambio, y la persona adecuada debe estar dispuesta a
discutir cuestiones que surgirán a lo largo del matrimonio, y a plantear y aclarar preguntas y temas que surgirán después.
Tener metas y valores comunes facilita la adaptación y el avance.

Confianza y honestidad

La honestidad es fundamental en la vida de pareja. Por eso, la persona adecuada será capaz de confiar en ti sin
controlarte ni limitarte. No deberías de necesitar poner límites a tu privacidad. La persona adecuada respetará tu espacio
y tu tiempo, es más, te animará a que lo tengas. Compartir la vida con alguien no significa someterte ni evadirte del
mundo.

Tener tiempo para uno mismo y desarrollarse implica cierta independencia, a la vez que comprensión por parte de
nuestra pareja. Crecer juntos sí, pero solos no. Todos necesitamos sentirnos seguros de nosotros mismos, y eso no
significa hacer de menos a nadie.

Ahora ya lo sabes, el matrimonio es mucho más que la germinación de un sentimiento. Es un saber escucharse,
comprenderse y darse tiempo. Pero también tener algunas metas y valores comunes junto a un gran apoyo emocional. El
matrimonio al igual que el amor, es algo que se construye bien si ambas personas se encuentran comprometidas a ello.