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5 sacrificios para la vida

cristiana
4 NOVIEMBRE, 2015 | Catherine Scheraldi

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VIDA CRISTIANA

“Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como
sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes.” Romanos 12:1

Los cristianos gentiles probablemente no tenemos el mismo entendimiento de los sacrificios que los
primeros cristianos. Para nosotros, sacrificar es hacer algo no conveniente en el momento para
obtener un mejor resultado en el futuro. Creo que para los cristianos judíos en Roma el significado
del sacrificio era un poco diferente. Pablo fue un hebreo de hebreos (Fil. 3:5-6). Él era un estudioso
de las Escrituras y, como él mismo dijo, como fariseo, fue irreprensible en su manera de seguir la
ley. Él venía de una cultura construida sobre los rituales y sacrificios.

Dios fue bien claro en 1 Samuel 15:22 que los holocaustos y sacrificios no fueron dados porque
Dios se deleitaba en ellos, sino para demostrarle al pueblo la realidad de que eran pecadores y
necesitaban Su perdón. Las ofrendas fueron las formas que Dios mostraba la maldad humana y
apuntaba hacia la bondad de Cristo en Su sacrificio por nosotros (Heb. 9:22). Esto explica por
qué Oseas 6:6 dice: “Porque más me deleito en la lealtad que en el sacrificio, y más en el
conocimiento de Dios que en los holocaustos”. El ritual no fue establecido con el propósito final de
quitar los pecados, sino enseñar la necesidad del perdón y luego de dónde viene este perdón.

Pero, ¿por qué habían tantos diferentes rituales en el Antiguo Testamento? Incluso en el templo habían cinco
diferentes tipos de sacrificios. Al buscar esta respuesta, no podemos olvidar que Dios siempre actúa con
propósito, y el significado de lo que Él establece se encuentra en Su misma Palabra. Como el Señor instituyó
las formas de sacrificio que lo judíos practicaban y también inspiró a Pablo a escribir Romanos 12:1, creo que
hay valor en estudiar los sacrificios del Antiguo Testamento, teniendo en cuenta que estos preparan el
escenario del Nuevo, y nos dará lo que necesitamos para entenderlo en el día de hoy.

Cinco tipos de sacrificios

El primero y más conocido es la ofrenda del holocausto, el cual era totalmente quemado en el altar para
demostrar nuestro sometimiento total a Dios. En realidad este fue un tipo de Cristo que presagia el sacrificio
de Jesús al entregarse totalmente al Padre en nuestro lugar en la cruz, dejándonos un patrón de cómo vivir.
Hay otros lugares en la Biblia que también complementan esta verdad. Gálatas 2:20 nos instruye que hemos
sido crucificados con Cristo y ahora no vivimos nosotros, sino Cristo en nosotros. Marcos 8:34 completa la
idea instruyéndonos que tenemos que negarnos, tomar nuestra cruz, y seguir a Jesús. Esto es posible porque
cuando venimos a Él somos nuevos criaturas (2 Co. 5:17) y ya no vivimos para nuestros deseos sino para los
deseos de nuestro Señor. Somos esclavos de Él (Ro. 6:16). Pablo tipificó esta vida y lo resumió con la frase
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia (Fil. 1:21). La realidad es que Dios no pide una sola
parte de nuestra vida, sino que siendo el dueño de todo, Él merece nuestra vida completa (Sal. 115:16).

El segundo sacrificio es la ofrenda de paz, y era ofrecido en gratitud a Dios. Una porción era
regalada a los representantes de Aarón y el resto era comido por los que la ofrecían y su familia. Paz
con Dios es un anhelo de todo ser humano, y Dios mismo lo logra porque Él es quien que nos ha
buscado, nos ha limpiado, y sigue moldeándonos a Su imagen. Los sacerdotes intercedían por el
pueblo delante de Dios, pero hoy Cristo es quien trae la paz de Dios a nosotros y requiere no solo
una porción, sino todo de nosotros. La realidad es que cuando todo nuestro corazón le pertenece a
Él, todas nuestras posesiones serán usadas para Su reino.

El tercer sacrificio es la ofrenda por la culpa. Este fue ofrecido por los pecados cometidos en
ignorancia. Falta del conocimiento de la ley no nos exonera de las consecuencias (Luc. 12:47-4).
Estuvimos muertos en nuestros pecados y delitos hasta que Jesús nos liberó (Col. 2:13). Falta de
conocimiento sigue siendo pecado porque el pecado mismo nos ciega (2 Cor. 4:4). Incluso después
de entregarnos a Cristo, hay muchas áreas de nuestras vidas que tienen que ser transformadas, pero
como tenemos corazones engañosos (Jer. 17:9) estos son puntos ciegos para nosotros. Hay que
buscarlos y humildemente admitir que, sin la ayuda del Espíritu Santo, es imposible identificar y
confesar nuestros pecados.

El cuarto sacrificio es la ofrenda de los cereales, dado en gratitud a Dios por los frutos de nuestro
trabajo y reconociendo que todo viene de Él. Una porción fue quemada y el resto fue regalada. Aquí
estamos devolviéndole a Dios lo que Él nos ha dado. Nuestra capacidad de producir viene de Él
(Ec. 5:19). Como nuestras ganancias son de Él y para Él, debemos compartirlas con los demás.

El último sacrificio es la ofrenda por el pecado conocido. Era una ofrenda expiatoria. Si la ofrenda
era para una persona del pueblo, era quemada en el altar por el sacerdote (Lev. 4:27-31), pero si la
ofrenda era por los pecados de la comunidad entera, o por un pecado cometido por el sacerdote,
después de quemar la ofrenda, el sacerdote sacaba los restos del novillo fuera del campamento y lo
quemaba también (Lev. 4:13-21 y 4:3-12). Qué imagen tan fuerte de cómo Jesús fue llevado fuera
de la ciudad a Gólgota y sacrificado, pagando la deuda final de nuestro pecado.