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Ésta es una adaptación teatral del famoso cuento “Los músicos de Bremen”.

Aparecen 8
personajes: los cuatro animales y cuatro ladrones. Si bien, los ladrones podrían ser dos o
tres si fuera necesario, distribuyéndose los diálogos entre ellos.
Recomendado a partir de los 6 años.

Los músicos de Bremen


Autor: José Luis García

(Estamos en el campo. Entra el Presentador).


PRESENTADOR.-
Buenas tardes. Y esto lo digo siempre, aunque sea de mañana, porque siempre llego tarde;
menos cuando tengo que presentar una historia.
La de hoy, que la de mañana ya hablaremos llegado el día, es la de los músicos de Bremen.
Todo comienza cuando mi amigo el Burro se entera de que su amo va a sustituirlo por otro
más joven. Enterado del asunto, mi amigo huye de la granja en la que había vivido toda su
vida, dispuesto a convertirse en un músico famoso en Bremen.
(Se escuchan los lamentos de Perro).
Y aquí es cuando el oficio de Presentador me dice que sobro, así que me marcho antes de
que me echen.
(Sale el Presentador y entra Burro).
(Siguen los lamentos de Perro. Burro busca por el lugar hasta que descubre al otro, detrás
de unos árboles).
BURRO.-
Oye, amigo Perro; sal de tu escondite y dime de qué te lamentas.
(Perro sale de su escondrijo. Tiene un aspecto lamentable, flaco y hambriento).
PERRO.-
Soy muy desgraciado, incluso para ser perro. Mi amo, al que he servido como perro de caza
toda mi vida, cogió su escopeta para acabar conmigo porque me he hecho viejo. Me he
escapado y me lamento de mi perra suerte.
BURRO.-
Tu historia es idéntica a la mía. Y no me lamento. Ahora lucho por conseguir mi sueño.
PERRO.-
Yo no tengo que luchar, yo duermo y sueño en cualquier lugar.
BURRO.-
No seas burro. Mi sueño es llegar a ser un famoso músico en Bremen. Vente conmigo.
PERRO.-
La música es mi pasión.
BURRO.-
Vamos y veremos.
PERRO.-
Ya veremos a lo que llegamos.
(Salen ambos).
(Entra Gato. Al principio lento, pero luego coge impulso y se lanza contra un árbol; contra
el que se pega un castañazo importante. Se retira del árbol y vuelve a repetir la acción, con
golpe incluido al final del trayecto).
(Se aleja de nuevo del árbol y se dispone a repetir su acción. Cuando parece que ya va a
echar a correr, entran Perro y Burro y lo sujetan).
PERRO.-
No seas burro.
(Al Burro).
No quería ofender. Ya sabes, es sólo una expresión.
BURRO.-
Estoy acostumbrado a que la gente se comporte conmigo como perros sarnosos.
(Pausa. Se miran Burro y Gato).
¡Perdón!
(Mientras los dos amigos están con esto, el Gato se les escapa y vuelve a lanzarse contra el
árbol, golpeándose aún más fuerte que en las otras ocasiones).
(Perro y Burro se acercan hasta el otro, maltrecho en el suelo).
PERRO.-
¿Qué haces?, te vas a hacer daño. Y que conste que ésta es la primera vez que me preocupo
por el destino de un gato.
GATO.-
Soy muy desgraciado. Mi ama piensa que ya no cazo suficientes ratones y a escobazos me
ha echado de casa. ¿Qué voy a hacer ahora?, no tengo otro hogar; así que quiero que mi
vida termine hoy mismo.
BURRO.-
Vente con nosotros a Bremen, formaremos una banda de música y seremos famosos.
GATO.-
(Que pasa en un instante del abatimiento a la alegría).
De acuerdo, iré con vosotros. Siempre han dicho que tengo una voz primorosa.
(El Gallo entra corriendo en escena. Viene tan alocado, que no repara en ninguno de los
personajes que allí están y tropieza contra el Gato, que empujado por la fuerza del tropezón
vuelve a chocar contra el árbol).
GALLO.-
(A pleno grito, al verse en medio de los otros).
No, por favor. Por favor, no. Dejadme, dejadme. Soy muy duro.
BURRO.-
¿Por qué gritas de esta manera?
PERRO.-
Los tipos duros no se ponen a gritar como gallinas.
GALLO.-
No soy una gallina, soy un gallo. El de mejor canto de toda la comarca, si se me permite
decirlo.
GATO.-
¿Qué te pasa, entonces?
GALLO.-
Mi ama espera invitados y ha decidido que yo sea el plato especial para agasajarlos.
PERRO.-
Mal asunto.
BURRO.-
Si en el caldero entras, en cocido te conviertes.
GATO.-
Y los invitados te hincarán el diente.
BURRO.-
Vente con nosotros. Si tan buena voz tienes, cantarás en nuestro conjunto musical, allá en
Bremen.
GALLO.-
No parece mala idea.
TODOS.-
¡Bremen nos espera!
(Salen todos).
(La luna aparece en el cielo. Es una noche de luna llena).
(Entran cuatro ladrones. Arrastran una casa, de la que podemos ver el interior de una
habitación; en una de las paredes hay una ventana. La habitación es un comedor, con una
mesa con todos sus útiles: platos, cubiertos, etc.).
(En este punto los recién llegados dejan de empujar la estancia y se apoyan agotados, unos
en el suelo y otros contra las paredes).
(La escena queda dividida en dos mitades. A la izquierda vemos el campo. A la derecha, el
interior de la casa).
LADRÓN 1.-
Esto es inaudito, inverosímil e impropio.
LADRÓN 2.-
Lo mismo digo. Cuando nos dijiste de ir a robar una casa, no pensé que nos la llevaríamos
entera.
LADRÓN 3.-
¿No os dais cuenta? Somos geniales. Nos llevamos la casa y ahora todo lo que hay en ella
es nuestro.
LADRÓN 4.-
Y sin tener que preocuparnos por la policía.
LADRÓN 1.-
Pero es agotador.
3.-
Vayamos a por la comida. Está en la cocina, sólo hay que calentarla un poco.
2.-
¡Eso!, que comer y robar, todo es empezar.
(Salen los cuatro ladrones de escena, se dirigen hacia la cocina).
(Entran los cuatro animales, que vienen caminando por la zona de campo. Se detienen y
observan la casa).
PERRO.-
Os dije que olía a comida.
BURRO.-
Miremos por una de las ventanas. Los dueños de la casa pueden estar armados con estacas.
(Se asoman por una de las ventanas, mirando así desde el exterior al interior).
GATO.-
Van a comer. La mesa está dispuesta.
GALLO.-
Tengo hambre.
BURRO.-
Venid conmigo. Tengo una buena idea.
PERRO.-
¿Un burro con buenas ideas?, curioso.
(Salen todos).
(Entran los cuatro ladrones, que portan algunos manjares, que colocan en la mesa).
1.-
Todo tiene un aspecto delicioso.
2.-
Nos vamos a poner las botas.
3.-
Yo prefiero comer descalzo.
(En la habitación entra un enorme ser, tapado con una sábana, a modo de gigantesco
fantasma).
FANTASMA.-
Habéis despertado al fantasma de la casa.
(Los cuatro ladrones tiemblan de pies a cabeza).
1.-
Nosotros sólo queríamos comer.
FANTASMA.-
Y ahora yo os comeré a vosotros.
2.-
Si ya nos íbamos.
3.-
Se diría que ni estamos.
(Los ladrones salen huyendo. El Fantasma se quita la sábana y vemos a los cuatro animales,
subidos unos en otros. Ríen, mientras cada uno por separado, se acerca a la mesa y al poco
rato están devorando la comida, como animales).
PERRO.-
(Al terminar de comer).
Dormiría un rato.
GATO.-
Lamento estar de acuerdo con un perro, pero yo también.
(Y así, entre bostezos, cada cual se acurruca en un lugar de la habitación. El Perro bajo una
de las ventanas. El gato sobre la mesa. El Burro tirado en el suelo y el Gallo sobre algún
otro mueble).
(Los cuatro ladrones aparecen por la zona de campo del decorado).
1.-
El fantasma debe haberse marchado.
2.-
¿Y si está escondido para devorarnos?
3.-
Sigo diciendo que los fantasmas no existen. Lo que vimos fue una luz extraña y nada más.
4.-
Bien dicho. Entra tú en la casa y si no hay nadie, entraremos nosotros tres.
3.-
Pero, bueno…
4.-
¿No serás un gallina?
1 y 2.-
Gallina. Gallina.
3.-
¡Basta!, no tengo miedo; entraré.
(El Ladrón 3, mientras los otros se esconden tras los árboles, se acerca a una de las
ventanas. Primero mira y luego entra en la casa a través de la ventana. Al entrar, cae sobre
el Perro, que lanza un grito de dolor y luego muerde al ladrón en una pierna. Éste mientras
trata de huir, se aferra a la mesa y tira de la cola al Gato, que viéndose así tratado, araña la
cara del hombre; el cual tropieza con el Burro, tumbado en el suelo, que sintiéndose
pisoteado, lanza una coz al ladrón).
GALLO.-
(Mientras sucede todo lo anterior).
¡Kikiriki!, ¡dejadme dormir!
(El Ladrón sale de un salto por la ventana y se acerca hasta el lugar en el que se esconden
sus compañeros).
3.-
¡Huyamos! Un fantasma me ha clavado un cuchillo en la pierna. Una bruja me ha arañado
en la cara, mientras un monstruo me ha golpeado con un garrote, y otro gritaba: ¡Aquí,
aquí! ¡Dejadlo para mí!
4.-
¡Huyamos!, ¡huyamos mientras podamos!
(Salen los cuatro ladrones).
(Mientras, en la casa).
PERRO.-
¿Qué ha pasado?
GATO.-
He soñado que alguien tiraba de mi rabo.
BURRO.-
Y yo que coceaba a un humano.
GALLO.-
Durmamos, por favor.
PERRO.-
Sí, durmamos.
(Los cuatro animales se vuelven a acurrucar en sus lugares y vuelven a dormir).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
A la mañana siguiente, los cuatro animales se sintieron tan a gusto en la casa que
decidieron quedarse a vivir allí. Poco después montaron en ella una Posada, que tuvo fama
de buen comer durante muchos años.
(Comienza a salir).
Y por comentarios de aquí y allá, la llamaban “La posada de los fantasmas”.
(Sale el Presentador. Se oscurece la escena).

Guiones para títeres: El admirador de Confucio

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Por José Luis García

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Sabemos muchas cosas de Confucio (de 551 a.C. – 479 a.C.), entre ellas que no fue el
creador de la confusión, ni tampoco el del Kung Fu, aunque el nombre del maestro se
escriba así en ocasiones: Kung Fu Tse.
Este texto teatral, muy breve, parte de un supuesto o presunto encuentro de Confucio con
un admirador. En este punto, es interesante hacer notar que los admiradores y seguidores ya
existían antes de la invención de Facebook y las redes sociales.
El textos que presentamos es para tres personajes. Recomendado a partir de los 8 años.

El admirador de Confucio
Autor: José Luis García

(La escena está vacía. Entran Confucio y Discípulo).


DISCÍPULO.-
Maestro Confucio.
CONFUCIO.-
Así me llaman.
DISCÍPULO.-
Maestro Confucio.
CONFUCIO.-
Si no continúas tu razonamiento, podemos estarnos aquí toda la mañana.
DISCÍPULO.-
Maestro Confucio.
CONFUCIO.-
Dime, querido discípulo.
DISCÍPULO.-
Tenéis una visita.
CONFUCIO.-
Pues haz pasar al visitante, si es que no se ha aburrido de esperar durante este rato.
DISCÍPULO.-
Si, maestro.
(Sale Discípulo).
CONFUCIO.-
La bondad es buena. Aunque en ocasiones puede ser cansina si no está adornada por algo
de inteligencia.
(Entra el Visitante, acompañado del Discípulo, que queda en segundo plano).
VISITANTE.-
Maestro Confucio.
CONFUCIO.-
Habla sin reparos.
VISITANTE.-
Maestro Confucio.
CONFUCIO.-
Empezamos mal. Eso te lo digo ya, sin tapujos.
VISITANTE.-
Maestro, quiero ser discípulo suyo.
CONFUCIO.-
Esto sí que es bueno. ¿Y se puede saber por qué?
VISITANTE.-
Porque me impresiona su aire noble y digno.
(Confucio coge aire, y se observa).
VISITANTE.-
Me subyuga la elegancia y riqueza de sus vestidos.
(Confucio observa sus ropas).
VISITANTE.-
Me maravilla la belleza de su carruaje y todo el ceremonial que le acompaña cuando es
recibido por el Emperador.
CONFUCIO.-
(Al Discípulo).
Acompaña a nuestro visitante y entrégale mi carruaje y las ropas que utilizo en las
ceremonias oficiales.
DISCÍPULO.-
Sí, maestro.
CONFUCIO.-
(Al Visitante).
Acompaña a mi discípulo, coge lo que él te entregue y luego vete. No es a mí a quien
respetas y admiras, sino a todos esos objetos, así que llévatelos.
(Salen Discípulo y Visitante).
CONFUCIO.-
En ocasiones, la inteligencia si no se acompaña de la bondad, apenas es una distracción,
unos fuegos artificiales que adornan sin sentido a algunos seres.
(Pausa).
Me pregunto si aún podré tomar una taza de té, con una pizca de tranquilidad.
(Sale Confucio).
FIN

Guiones para títeres: La Caja Mágica o El Misterio de lo


Pequeñito

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Por Isabel Tapiador

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Hoy os presentamos La Caja Mágica o El Misterio de lo Pequeñito, un cuento tierno e
imaginativo que nos ayuda a explicar a los niños que podemos hacer “grandes cosas” si
creemos en nosotros mismos.
Recomendado a partir de tres años.

La Caja Mágica o El Misterio de lo Pequeñito


Autora: Isabel Tapiador

(Entra en escena un pan, es nuestro narrador, con sus brazos y manos para explicarse mejor,
lleva puesta una bufanda, barra u hogaza lo dejo a vuestra elección)

PAN.-
¡Brrr! Parece que hace frío aquí. Claro, está uno en el horno, tan calentito y de repente
¡hala, al mundo!
(Ve al público)
¡Hola, hola, bienvenidos! A ver si entre todos entramos en calor…¡Brrr!
Entre tanto, os voy a contar una historia, la historia de La Caja Mágica, también conocida
como El Misterio de lo Pequeñito.
Yo conozco esta historia por mi miga, que también es mi amiga, pero sobre todo, es mi
miga.
(Dice esto con mucho sentimiento, mano en pecho)
Bueno, ya lo veréis, ya lo veréis, voy a empezar por el principio:
Todo comienza una fría tarde de invierno. Miguelito está en casa, un poco aburrido…

(Aparece en escena Miguelito, medio tirado en el suelo)


MIGUELITO.-
Tres tristes trigues…no.
Tes tistes tigres… no, ¡jo!
PAN.-
¡Pero de repente, Miguelito se da cuenta!
(Miguelito mira hacia los lados y luego dice al público, bajito para que no le descubran:)
MIGUELITO.-
¡Yupiiii!
(Sale de escena corriendo)
PAN.-
(Con gran emoción)
Nadie le ve, nadie le vigila. Puede subir hasta arriba del todo de la escalera y…¡lanzarse
por la barandilla!
Sin embargo…
(Entra Miguelito jadeante)
Cuando ya está arriba del todo, la ve…
(Aparece en escena una misteriosa puerta, grito ahogado de emoción de Miguelito)
La puerta, la misteriosa puerta del desván, donde nunca le dejan entrar, ¡está entreabierta!
(Con sonido de bisagras, la puerta se abre sola. Queda entreabierta).
MIGUELITO.-
(Bajito, para que no le descubran)
¡Yupiiii!
(Se desliza sigilosamente dentro del desván, se cierra la puerta y desaparece de escena)
PAN.-
¡Aquí os dejo, envueltos por el misterio de lo pequeñito!
(Se va, caminando ondulante hacia atrás)
(La escena se va llenando con algunos tratos y muebles viejos, estamos en el desván.
Asoma por un lado Miguelito, asombrado)
MIGUELITO.-
¡Vaya!
(Avanza lentamente, mirándolo todo)
¡Vaya!
(Tropieza con una bonita caja de madera)
¡Ay! ¿Qué habrá aquí dentro?
(Levanta la tapa, en cuyo interior hay algo escrito)
Aquí pone algo, ¡vaya!
(Lee)
“Rantamplán, rantamplán, sólo funcionará si te lo crees de verdad”
¡Oooohh!
(Repite al público)
¡Rantamplán, rantamplán, sólo funcionará si te lo crees de verdad!
¡Oooohh, vaya, oooohh, vaya!
(Concentrándose mucho)
¡Me lo creo de verdad, me lo creo de verdad! ¡Rantamplán, rantamplán!
(Surgen de la caja dos pequeños seres alados, bolitas blancas de ojos negros, Rantam y
Plan)
RANTAM.-
¡Rantam!
PLAN.-
¡Plan!
(Revolotean alrededor de Miguelito)
RANTAM.-
¿Quién eres tú?
PLAN.-
¿Quién quiere entrar en el mundo de lo pequeñito?
MIGUELITO.-
Yo soy Miguelito.
RANTAM.-
Miguelito, ¿con nosotras quieres venir?
MIGUELITO.-
¡Claro que sí, claro que sí!
PLAN.-
Dinos algo pequeñito.
MIGUELITO.-
Un gatito.
RANTAM.-
¡Nooo, más pequeñito!
MIGUELITO.-
¡Un botón, un fideo, una miguita de pan!
PLAN.-
¡Suficiente, con nosotras vendrás!
MIGUELITO.-
¡Vaya!
RANTAM/PLAN.-
¡Rantamplán, rantamplán, un pequeñito serás!
(Miguelito se vuelve muy pequeñito)
MIGUELITO.-
¡Oooohh!
(Al público, contento)
¡Soy yo, soy yo, Miguelito, estoy aquí!
RANTAM.-
Y ahora, agárrate a nosotras.
RANTAM/PLAN.-
¡Y a volaaaar!
MIGUELITO.-
¡Oooohh!
(Las dos bolitas blancas se lo llevan volando y desaparecen los tres dentro de la caja)
(Desaparecen de escena los trastos del desván)

(Ahora estamos en el mundo de lo pequeñito, pero jugamos con la escala y el tamaño de lo


pequeño es el del mundo “real”)
(Suena una música alegre, entra en escena un botón, bailando y cantando)
BOTÓN.-
Girando voy, voy, voy,
vaya vueltas que me doy.
Girando voy, voy, voy,
vaya vueltas que me doy.
Una a la izquierda,
otra a la derecha,
a este botón le gusta la fiesta.
Girando voy, voy, voy…

FIDEO.-
¡Basta, basta, déjalo ya!
(Para la música)
Me tienes mareado.
(Fideo se dobla y tambalea constantemente, no puede evitarlo)
BOTÓN.-
Fideo, eres un blando.
FIDEO.-
Es que me cocieron demasiado, ¡con lo derechito que estaba yo!
RANTAM/PLAN.-
(Off)
¡Cuidado!
(Cae en escena Miguelito, dando tumbos, choca contra Botón, que casi aplasta a Fideo)
BOTÓN.-
¡Caramba, chico!
FIDEO.-
¡Cuidado, por favor!
MIGUELITO.-
¡Ay, qué batacazo!
(Vemos en una esquina a Rantam y Plan)
RANTAM.-
¡Perdona, chico!
PLAN.-
¡Las corrientes de aire entre mundos son tremendas!
RANTAM.-
¡Tremendas!
RANTAM/PLAN.-
¡Rantamplán!
(Desaparecen)
MIGUELITO.-
(Mirando a Botón y Fideo)
¡Hala, sois, sois…!
BOTÓN.-
Sí, éste es un fideo blandurri.
FIDEO.-
Encantado.
BOTÓN.-
Y yo, un bonito botón.
MIGUELITO.-
¡Vaya!
FIDEO.-
¡Vaya, has venido del mundo de lo grande!
MIGUELITO.-
¡Sí, cómo mola!
BOTÓN.-
Eso es que tiene mucha imaginación.
FIDEO.-
Y que sabe utilizarla.
BOTÓN.-
¡Ya lo creo que sí!
MIGUELITO.-
¡Je, je, cómo mola, cómo mola!
VOZ.-
¡Oh, tú que vienes de lo grande, ayúdame!
MIGUELITO.-
¿Quién ha dicho eso?
(Entra en escena una forma aplastada, irregular, un tanto “espeluchada”, sus ojos son dos
rayitas negras, se desplaza como puede)
MIGA.-
¿A ti qué te parece? ¡Mira qué pinta que tengo! ¡Ay!
MIGUELITO.-
¿Quién eres tú?
FIDEO.-
Es miga.
BOTÓN.-
Sí, nuestra amiga miga.
MIGUELITO.-
¡Una miga de pan!
MIGA.-
¡Ay!
FIDEO.-
Se quedó dormida.
BOTÓN.-
No se apartó a tiempo.
FIDEO.-
Y alguien de tu mundo, ¡zas!
BOTÓN/FIDEO.-
¡La aplastó, ay!
MIGA.-
¡Oh, tú que vienes de lo grande, ayúdame!
MIGUELITO.-
¡Sé lo que hay que hacer! ¡Vaya, sé lo que hay que hacer! ¿Por qué lo sé?
BOTÓN.-
Porque vienes del mundo de lo grande para salvar a Miga.
FIDEO.-
Es tu misión, sólo tú lo puedes hacer.
MIGUELITO.-
¡Yupiii!
MIGA.-
¡Ay!
MIGUELITO.-
Tranquila amiga Miga, te voy a salvar.
MIGA.-
¡Oh, tú que vienes de lo grande…
BOTÓN/FIDEO.-
(Calmándola)
Sí, sí, Miga, ya está…
MIGA.-
¡Oh!
MIGUELITO.-
Tenemos que darle calorcito, como si estuviera en un horno de pan.
BOTÓN/FIDEO.-
¡Oooohhh!
MIGUELITO.-
Yo soplaré y frotaré, soplaré y frotaré para darle calorcito y vosotros me tenéis que ayudar
con ¡rantamplán, rantamplán!
FIDEO.-
¡Oh, eso podemos hacerlo!
BOTÓN.-
¡Claro que podemos, blandurri!
(Le da un pequeño empujón, con lo que Fideo se tambalea y marea)
MIGUELITO.-
¡Vamos allá!

BOTÓN/FIDEO.-
Rantamplán, rantamplán,
soplar, soplar, frotar, frotar.
Rantamplán, rantamplán,
soplar, soplar, frotar, frotar.

(Mientras dicen ésto, Miguelito sopla y frota a la miga de pan por todos lados)

MIGA.-
¡Uy, qué cosquillitas!
MIGUELITO.-
¡Otra vez, otra vez!

BOTÓN/FIDEO.-
Rantamplán, rantamplán,
soplar, soplar, frotar, frotar.
Rantamplán, rantamplán,
soplar, soplar, frotar, frotar.

(Miguelito sopla y frota)

MIGA.-
¡Uy, qué calorcito!
MIGUELITO.-
¡Otra vez, otra vez!

BOTÓN/FIDEO.-
Rantamplán, rantamplán,
soplar, soplar, frotar, frotar.
Rantamplán, rantamplán,
soplar, soplar, frotar, frotar.

(Miguelito sopla y frota)


MIGA.-
¡Uy, qué calorcito, qué bien me siento, qué calentito!
(De repente, Miga se convierte en una redondita, esponjosa y bonita miga de pan de
grandes ojos negros)
MIGUELITO.-
¡Yupiiii!
BOTÓN/FIDEO.-
¡Amiga Miga!
(Se abrazan)
MIGA.-
¡Gracias, oh tú, que vienes de lo grande!
MIGUELITO.-
¡Miga!
(La abraza)
(Se oye una voz)
VOZ.-
¡Miguelito, dónde estás, la cena ya está preparada!
MIGUELITO.-
Es la voz de mi abuelita, tengo que volver.
BOTÓN.-
No le cuentes a nadie nuestro secreto.
FIDEO.-
Nos meterían en jaulas, para que nos viera todo el mundo.
MIGUELITO.-
¡Oooohh!
MIGA.-
Y a mí me comerían, para probar a qué sabe una miga que habla.
MIGUELITO.-
¡Oooohh, no se lo diré a nadie, a nadie, a nadie!
(Entran Rantam y Plan)
RANTAM.-
¡Vamos, ven con nosotras!
PLAN.-
¡Te están esperando!
MIGUELITO.-
Tenéis que hacerme grande otra vez.
RANTAM.-
¡Todo controlado!
PLAN.-
¡Deprisa, deprisa!
MIGUELITO.-
¡Adiós, volveré pronto!
(Sale con Rantam y Plan)
BOTÓN/FIDEO.-
¡Adiós!
MIGA.-
¡Adiós, oh tú, que vienes de lo grande!
(Yéndose los tres)
BOTÓN.-
¡Qué bien lo vamos a pasar los tres juntos!
(Salen).

(Entra en escena la abuela de Miguelito)


ABUELA.-
¡Miguelito, te he buscado por todas partes! ¡Qué chico éste!
(De espaldas a la abuela, entra Miguelito, dándose un batacazo)
MIGUELITO.-
¡Ay! ¡Hola, abuela!
ABUELA.-
¡Ah, aquí estás! Te caes mucho, hijito, tienes que tener más cuidado. ¿Dónde te habías
metido?
MIGUELITO.-
Me…me… me había perdido en la escalera.
ABUELA.-
¡Ay, qué cosas tiene este niño! Anda, vamos a cenar.
MIGUELITO.-
Sí, abuela.
(Avanzan por la escena, Miguelito mira hacia la escalera que lleva al desván)
ABUELA.-
Miguelito, mira hacia delante, que te vas a caer otra vez.
MIGUELITO.-
Sí, abuela.
(Salen, entra Pan)
PAN.-
Sí que es verdad, ahora se está mucho más calentito aquí.
Esta ha sido la historia del misterio de lo pequeñito y de mi amiga Miga.
Ahora ya sabéis que existe el mundo de lo pequeñito, pero recordad, es un secreto que a
nadie podéis contar.
(Dice adiós con la mano mientras se va, caminando ondulante hacia atrás)
(Mientras aún está en escena Pan, entran volando Rantam y Plan).
AMBAS.-
Rantamplán, rantamplán;
volar y cantar, volar y cantar.
Rantamplán, rantamplán;
otro día nos volveremos a encontrar.
Rantamplán, rantamplán.
(Salen los tres).

Guiones para títeres: Pollito, una historia de Navidad


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Por Isabel Tapiador

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En el cuento de hoy, “Pollito, una historia de Navidad”, los protagonistas vuelven a ser
animales, algo que tanto gusta a los más pequeños por la facilidad que tienen para
identificarse con ellos.
Les hablamos de que hay que ser valientes en la vida, pero también precavidos, para no
perderse…
Recomendado a partir de tres años.

Pollito, una historia de Navidad


Autora: Isabel Tapiador

(La escena está vacía, entra un conejo, es nuestro narrador. Va pensando en sus cosas)
CONEJO.-
¡Ay, Pollito, Pollito! ¡Qué cosas le pasan a Pollito!
(Ve al público)
¡Hola, bienvenidos! Estaba yo pensando en la historia de Pollito, ya que estáis aquí, os la
voy a contar.
Es tan pequeñito Pollito… se distrae con cualquier cosa.
Un día en la granja, esto es lo que pasó.
(Sale de escena)

(Se oye una voz, la madre de Pollito)


GALLINA.-
¡Vamos hijitos, no os separéis de mí!
(Entra la gallina, seguida por dos pollitos, más crecidos y otro más pequeñito, nuestro
Pollito)
Vamos a pasear y al estanque a beber agua.
POLLO1.-
Sí, mami.
POLLO2.-
Sí, mami.
POLLITO.-
(Muy entusiasmado, aleteando de la emoción)
¡Sí, mamiiii!
GALLINA.-
¡Un, dos…!
POLLOS.-
¡Maíz y arroz!
TODOS.-
¡Un, dos, maíz y arroz!

(Siguen avanzando con su canto, enseguida aparece una mariposa revoloteando, que distrae
a Pollito. Se separa de los demás sin darse cuenta y sigue a la mariposa emocionado.
Salen de escena.
La madre y los hermanos siguen su avance hacia el estanque con su canto, salen de escena
por el lado contrario)

(Entra en escena la mariposa, revoloteando, aparece Pollito, que le sigue, alborotado,


aleteando, tropieza de vez en cuando de pura emoción)
POLLITO.-
¡Espérame, espérame! ¡Ay! ¿Quién eres tú, quién eres? ¡Ay!
(Al público)
¡Es una cosita muy bonita!
¡Qué bien vuelas! ¡Yo también, yo también!
(Pollito aletea más fuerte y da saltitos intentando volar, sin conseguirlo)
¡Uf! ¡No me sale! ¡Como soy tan pequeñito!
(La mariposa revolotea a su alrededor y sale de escena)
POLLITO.-
¿Te vas por el mundo? ¡Espérame, espérame!
(Sale veloz detrás de ella, la escena queda vacía, tras un segundo oímos la voz de Pollito)
¿Cosita bonita, dónde estás?
(Entra en escena atolondrado, tropieza)
¿Estás aquí? ¡Ay! ¡No, no está! ¿Dónde se habrá ido?
¡Uy, uy, uy, uy! ¡Tengo que volver con mi mamá y mis hermanitos!
(Aletea nervioso, mirando a todos lados)
¡Mami, mami! ¡Un, dos, maíz y arroz! ¡Eso, eso!
(Sale de escena atolondrado, buscando a su madre y hermanitos, tropezando mientras
repite:)
¡Un, dos, maíz y arroz! ¡Ay! ¡Un, dos, maíz y arroz!

(Entra conejo)
CONEJO.-
¡Ay, Pollito, Pollito! ¡Corrió y corrió, buscó y buscó, pero no les encontró!
En la granja dieron la alarma: “¡Se ha perdido Pollito, hay que buscar a Pollito!”
(Empiezan a entrar en escena los animales de la granja buscando a Pollito: gallina, gallo,
pollos, otro conejo, vaca…Todos están nerviosos, van para aquí y par allá buscando a
Pollito, tropiezan una y otra vez con nuestro narrador, que acaba un tanto magullado)

CONEJO.-
(Levantándose del suelo)
¡Ay, mis orejas! ¡Qué magullamiento!
Ya lo habéis visto, le buscaron, le buscaron, pero no le encontraron. ¡Ay, Pollito, Pollito,
perdido por el mundo! ¡Ay, mis orejas!
(Sale de escena)
(Entra Pollito, ya no va tan acelerado, está cansado y un poco triste)
POLLITO.-
(Tembloroso)
¡Buuyyy! Creo que tengo un poquito de frío, ¡cómo soy tan pequeñito! Y… y… y creo que
me he perdido, pero ha sido sin querer.
(Bosteza)
¡Aaayyy! También tengo sueño. ¡Cuántas cosas tengo!
(Sopla el viento)
¡Buuyyy! ¡Qué frío!…Ya sé, me voy a hacer una bolita para dormir un ratito, porque así
dormimos los pollitos, hechos una bolita para no pasar frío. ¡Buuyyy!
(Dice adiós con un alita y se hace una bolita. Sopla y sopla el viento que mueve la bolita
amarilla para aquí y para allá, hasta que la saca de escena.
Vuelve a entrar la bolita, siempre llevada por el viento, va a la deriva por la escena y vuelve
a desaparecer)

(Entra Conejo, llevando un árbol de Navidad que le queda grande, grande)


CONEJO.-
¡Así fue!
(Le vence el peso del árbol)
¡Uooohhhh! ¡Así fue!
(Otra vez)
¡Uooohhh! Un momento, un momento, que dejo esto aquí…ya está.
¡Ay, mis orejas!
Así fue, Pollito se quedó dormido, convertido en una bolita amarilla y el viento se lo llevó.
Y, misterios de la vida, rodó y rodó hasta que alguien lo encontró y dijo: “una bolita
amarilla y peludita, seguro, seguro que es un adorno de navidad”. Le ataron un hilito y
Pollito quedó colgado de un árbol de Navidad.
¡Uy! Veamos qué ocurre, creo que Pollito se está despertando.
(Sale de escena sigilosamente)
(La bolita amarilla, colgada del árbol de Navidad, comienza a moverse, a moverse, a
moverse, hasta que se cae)
POLLITO.-
(Sólo le oímos)
¡Ay!
(Aparece)
¿Qué ha pasado? ¡Anda, aquí se está calentito!
(Se oye un maullido)
¿Y eso quién será?
(Entra un gato, se queda mirando a Pollito)
POLLITO.-
¿Hola?
(El gato maúlla y se lanza hacia él, Pollito le esquiva)
POLLITO.-
¡Oye, no te metas conmigo, que soy muy pequeñito!
(El gato le mira, maúlla y se lanza hacia él, Pollito le esquiva)
POLLITO.-
¡Quita, déjame!
(Pollito aletea, aletea, y consigue subir a una de las ramas altas del árbol de Navidad)
¡Uy, creo que he volado un poquito! ¡Yupiiii!
(El gato maúlla, oímos una voz)
VOZ.-
¿Qué pasa, Felipe?
(Entra una hombre, oímos una voz)
VOZ.-
¿Qué pasa, papi?
(Entra una niña)
PADRE.-
(Viendo al Pollito en el árbol)
¡Caramba, caramba!
(Felipe maúlla, el padre lo coge en brazos)
Tranquilo, Felipe.
NIÑA.-
¡Papiii, es un pollito!
PADRE.-
¿Cómo habrá llegado hasta aquí?
NIÑA.-
¿Nos lo quedamos verdad, verdad, verdad que sí?
PADRE.-
Está bien, hijita.
NIÑA.-
¡Bieeeeennn! ¡Ven, pollito, ven!
PADRE.-
Y tú, Felipe, tienes que ser bueno, Pollito es nuestro amigo.
(Felipe maúlla tranquilo)
¡Así me gusta!
NIÑA.-
¡Ven, Pollito, ven!
(Pollito aletea hasta las manos de la niña)
PADRE.-
¡Vaya, sí que es valiente este Pollito!
POLLITO.-
(Aleteando)
¡Pipiripipí!
NIÑA.-
¡Qué gracioso es! ¡Papi, papi!
PADRE.-
Dime, hijita.
NIÑA.-
¡Le podemos hacer un nido con todo el musgo que hemos comprado para adornar!
PADRE.-
¡Qué buena idea, yo te ayudo!
NIÑA.-
¡Bieeeennn!
(Da un beso a Pollito)
POLLITO.-
¡Pipiripipí! Creo que he hecho nuevos amiguitos, ¡qué bien!
NIÑA.-
¡Papiii, Pollito ha dicho algo!
PADRE.-
Claro hijita, ha dicho pipiripipí. Anda, vamos a hacerle el nido
NIÑA.-
¡Sííí!
(Salen de escena, entra conejo)

CONEJO.-
¡Ah sí!, la vida da muchas vueltas, sobre todo si eres una bolita amarilla. Pero hay que ser
valientes y no asustarse mucho, porque, ya lo habéis visto, el cuento tiene un final feliz.
Yo se lo voy a contar a todos en la granja, para que se queden tranquilos.
Adiós amigos, hasta la próxima.
(Sale de escena diciendo:)
¡Señora Gallina, señora Gallina, Pollito está bien…!

Guión para hacer títeres en la escuela o en familia


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Por José Bolorino

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Fotografía: Pσrcelαΐηgΐrl°

Publicamos una pequeña obra de títeres ideal para montar en la escuela o en familia.
Se trata de un texto de Belén Camacho Sánchez titulado “La herencia”, que entra a
participar en nuestro concurso de artículos relacionados con el mundo de las marionetas.

Si buscas guiones más largos o en papel, pásate por nuestra sección Textos o por nuestra
página editorial.

Guión de Belén Camacho Sánchez

La herencia
La escena se desarrolla en un mundo lleno de animales, se abren las cortinas del teatrillo y
se ve aparecer al toro y a la vaca conversando.

Toro: Y qué…¿Te has enterado de la noticia?

Vaca: ¿Noticia, qué noticia?. Yo nunca me entero de nada.

Toro: He oído que el gato ha heredado.

Vaca: ¿Cómo?

Toro: Sí, sí, ¿Te acuerdas de su tía Enriqueta?.

Vaca: Sí, esa que era millonaria y vivía en Florida.

Toro: Esa, esa, pues parece ser que se ha muerto y le ha dejado toda la pasta.

Vaca: Pues sí que va a engordar, macarrones, tallarines, lacitos…

Toro: ¡Qué no, qué no me refiero a ese tipo de pasta!. Le ha dejado todo su dinero.

Vaca: Madre mía, pues entonces habrá que ir a visitarle y ayudarle a gastarse toda esa pasta
¿No crees?, jajajajajajaja.

Ambos se marchan riéndose, mientras aparece en escena el Cangrejo, narrador de la


historia.

Cangrejo: Pues ya lo habéis visto, el gato parece ser ahora un gran millonario y todos
parecen querer ser sus amigos, ¿Qué os parece?. Ahora me voy, viene alguien.

EL Cangrejo se va mientras entran en escena el León Y el Elefante.

León: Y a ti ¿Qué te pasa?.

Elefante: ¡Ah, perdona no te había visto, estaba pensando!

León: ¿Pensando, en qué?

Elefante: Pues en cómo hacerme amigo del gato, ahora que tiene dinero tengo que
aprovechar.

León: Pues no creo que quiera ser tu amigo, siempre lo estás incordiando con esa trompa
larga que tienes.

Elefante: Sí, es cierto que me encanta fastidiarle, sobre todo cuando está durmiendo.
León: Aunque me has dado una idea, podemos ir a verle y probar a ver si lo conseguimos.

Elefante: ¡Estupendo, vamos, no quiero perder la oportunidad!

Ambos se marchan juntos, y el amigo Cangrejo aparece de nuevo.

Cangrejo: ¿Lo veis?, ¡Qué barbaridad! Ahora todos intentan acercarse al gato cuando antes
pasaban de largo, el saber que tienen dinero los está trastornando, por cierto, por ahí llega el
príncipe rana, a ver qué le parece todo esto.

La Rana entra en escena

Rana: ¡Ehhhhhhhhhhh, hola amigo tenazas! ¿Qué haces aquí tan solitario?

Cangrejo: Aquí con unos amiguitos (señala al público) contándoles lo del gato y su dinero.

Rana: ¿Dinero? ¡Qué bromista, el gato es más pobre que los mendigos del barrio!

Cangrejo: ¡Qué nooooooooo, qué ha heredado y ahora tiene más dinero


que…que…que…túúúúúúúú!

Rana: ¡No es posible!

Cangrejo: ¿Es que no te alegras por él?

Rana: ¿Alegrarme? Todo lo contrario, he de encontrar la forma de quitárselo, nadie puede


ser más rico que yo aquí en mi reino.

Se marcha enfadadísimo dejando al Cangrejo pensativo.

Cangrejo: Pues ya lo veis, creo que el pobre gato no conseguirá tener ni un amigo
verdadero, pero mirad y estar atentos porque creo que viene por allí.

EL Cangrejo desaparece y entra el Gato cabizbajo y muy triste.

Gato: (Mira al público) Ah, hola, ¿estás ahí? Perdonad no os había visto, estoy algo
distraído. Seguro que sabéis por qué y si no yo os lo digo, pues nada que yo sólo quería
tener amigos y me inventé lo de mi tía Enriqueta, pero ahora todos piensan en el dinero y
no en mí ¡Qué tristísimo estoy! (Llora)

Mientras llora aparece el Erizo

Erizo: Ehhhhhh, Don gato ¿Qué es lo que te pasa?

Gato: Nada , seguro que ya lo sabes.


Erizo: ¿Enterarme, de qué? Yo venía a invitarte a merendar y como sé que no andas bien
de dinero pago yo.

Gato: ¿Lo dices de verdad, así que tu ofrecimiento es sincero?

Erizo: Pues claro, yo tampoco tengo muchos amigos, por eso de las púas dicen que pincho
todos los balones y no quieren jugar conmigo así que pensé que tal vez tú…

Gato: ¡Es fantástico! Siempre quise tener un amigo con el que compartirlo todo y ahora mi
sueño se ha cumplido, no te doy un abrazo porque tus púas me impresionan, pero sabes
algo, creo que esto es el comienzo de una gran amistad.

Erizo: ¡Yo también lo creo!

Ambos se marchan muy contentos, aparece el Cangrejo.

Cangrejo: Pues ya lo habéis visto, espero que hayáis aprendido que lo importante de
alguien no es el dinero, ni de qué color sea, ni de dónde venga, lo importante es él mismo.
Hasta pronto chicos-as, seguro que volveremos a vernos.

Guiones para títeres: La puerta del Castillo

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Por Isabel Tapiador


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Cuento-trabalenguas. Nuestro texto teatral de hoy es un cuento en forma de juego, o un


juego para contar.
Partimos del trabalenguas como juego de agilidad mental que desarrolla la capacidad
lingüística del niño, mejorando su pronunciación, a la vez que le busca el sentido a lo que
dice.
Recomendado a partir de 6 años.

La puerta del Castillo


Autora: Isabel Tapiador

(En escena vemos parte del exterior de un castillo, con una gran puerta cerrada, entra
nuestro primer personaje, contento, enarbolando una llave, habla al público)

TUTO.-
Porque yo soy muy pillo,
llego hasta el castillo.
Traigo mi llave maestra,
que seguro me abre la puerta.
(Mete la llave en la cerradura)
¡Ji, ji, ji,ji! Un, dos, tres, y…¡giro!
(Cuando va a girar la llave, sale despedido hacia atrás, cayendo con estrépito. Se levanta,
llave en mano)

TUTO.-
¡Qué fue, qué pasó,
el triste destino
me arrebató el sentido
y al suelo me tiró!
(Piensa un instante)
¡Con fuerza!
(Se lanza hacia la cerradura, en mitad del camino da una revuelta, y otra, se lía él solo
mientras dice:)
¡Allá van los que vendrán,
llegarán, se irán y volverán…!
¿Y para qué? Ya me he liado…
¡Con fuerza!
(Se lanza de una vez hacia la cerradura, entra la llave, pero ambos salen despedidos de
inmediato con más fuerza que antes)

TUTO.-
(Se levanta, llave en mano).
De nuevo el triste destino me tiró.
¿Porqué es mi sino, revolcón?
Si no soy fino, soy resultón.

(Entra en escena nuestro segundo personaje, Tato)

TATO.-
¿Qué haces, Tuto?
TUTO.-
¡Tato!
TATO.-
Yo soy Tato, tú eres Tuto.
TUTO.-
Eso ya lo sé.
Si tú eres Tato,
Tuto no puedes ser.
Ese yo debo ser,
que Tato no seré.
(Tato se bambolea mareado, mientras oye a Tuto)
TATO.-
¡Ay, mamita!
(Se desmaya)
TUTO.-
¡Tato!
TATO.-
(Levantando la cabeza)
¡Tutéame!
(Se incorpora)
¿A qué has venido, Tuto?
TUTO.-
A abrir el castillo, fíjate. ¡Con fuerza!
(Se lanza, mete la llave y vuelve a ser despedido)
TATO.-
Pero así no, Tuto.
TUTO.-
(Se levanta, llave en mano).
¡Que sí, Tato! ¡A la tercera, va la vecina!
TATO.-
¡Vecina, vecina!
TUTO.-
¿A quién llamas?
TATO.-
A la vecina del tercero,
que me alucina.
Pero desespero,
porque no tengo bocina.
TUTO.-
(Pausa, no entiende nada)
No me distraigas. ¡Con fuerza!
(Se lanza, entra la llave pero se queda atascada, Tuto hace fuerza)
¡No gira…ni tampoco sale…!
TATO.-
¡Te digo que así no es, Tuto! La fuerza está en las palabras.
TUTO.-
¡Pero qué dices!
(Sigue tirando y empujando)
TATO.-
Se gira la llave
con las palabras clave.
TUTO.-
(Agotado)
¿Y cuáles son?
TATO.-
¡Atento!
¡Tres tristes tigres
comían trigo en un trigal…!
TUTO.-
Eso no va a ser, Tato.
TATO.-
(Pensativo)
¡Espera un rato!
(Se agacha, de espaldas a Tuto)
TUTO.-
¿Y ahora, para abajo te pones?
TATO.-
(Que ojea rápidamente un librito)
Estoy leyendo las instrucciones. ¡Atento, Tuto!
TUTO.-
Dime, Tato.
(Se puede solicitar la participación del público y que todos aprendan el trabalenguas)
TUTO.-
Gira la llave
y llama a la puerta,
gira un poco más
y la puerta abrirás.
TUTO.-
¡Entendido!
(De nuevo intenta girar la llave a la fuerza, sin conseguirlo)
TATO.-
¿Qué haces, Tuto? La fuerza está en las palabras. Repite conmigo.
TUTO/TATO.-
Gira la llave
y llama a la puerta.
(Tuto lo hace, la llave gira)
TUTO/TATO.-
Gira un poco más
y la puerta abrirás.
(Tuto gira un poco más la llave y la puerta se abre, ambos se miran asombrados)
TATO.-
¿Y ahora, Tuto?
TUTO.-
Entro en el castillo.
(Entra)
Y agarro mi rastrillo.
(Aparece rastrillo en mano)
TATO.-
¿Lo ves, Tuto?,
así, mejor que ser bruto.
TUTO.-
Y me voy por el pasillo,
a cuidar de mi campillo.
(Se despide con la mano y sale)
(Tato mira al público un tanto asombrado, mira dentro del castillo)
TATO.-
¡Oh, qué ven mis ojos! ¡Una bocina!
(Entra en el castillo y vuelve con una bocina, que hace sonar estrepitosamente)
TATO.-
(“¡Mooooc, mooooc!”)
¡Vecina, vecina!
¡Tu encanto me alucina!
(“¡Mooooc, mooooc!”)
¡Mucho mejor, dónde va a parar!
(Al público)
Sólo falta una cosa.
(Suelta la bocina un momento, entra en el castillo y sale con un cartelito en que pone “fin”
y lo deja colocado en el centro de la escena)
TATO.-
Traigo el “fin” y lo dejo aquí.
(Agarra de nuevo la bocina y la hace sonar)
TATO.-
(“¡Mooooc, mooooc!”)
¡Vecina, vecina!
¡Tu encanto me alucina!
(“¡Mooooc, mooooc!”)
(Dice adiós con la mano y sale, llamando una vez más a la vecina y haciendo sonar su
bocina)
(La puerta del castillo se cierra).
FIN

Guiones para títeres: El pequeño fantasma Bubu

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Por Isabel Tapiador

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Hoy os presentamos un guión titulado “El pequeño fantasma Bubu”. Sencilla historia para
aprender que podemos conseguir las cosas que deseamos aunque nos parezcan difíciles,
sólo hay que poner empeño en ello y no desanimarse.
Recomendado a partir de tres años.

El pequeño fantasma Bubu


Autora: Isabel Tapiador

(Entra en escena, por la izquierda, un fantasmita, algo espeluchado. Avanza hasta el centro,
mira al público, muy serio y dice:)

BUBU.-
¡Bubu!
(Se oye una voz que le habla)
VOZ.-
Así no eees.
(El fantasmita, cabizbajo, avanza hacia la derecha para irse)
VOZ.-
¡Inténtalo otra vez, Bubu!
(Bubu asiente y sale de escena, pausa, de repente, Bubu aparece en el centro y, sin previo
aviso, suelta con ímpetu al público:)
BUBU.-
¡Bubu!
VOZ.-
Que nooo, que así no eees.
(Bubu, cabizbajo, avanza para irse)
VOZ.-
¡Pero no te vayas, Bubu!
(Bubu se para y se vuelve, tristón. Entra un fantasma grande de color azul, a él pertenece la
voz que estábamos oyendo)
AZUL.-
Tienes que aprender a asustar, eres un fantasma.
(Le acaricia)
BUBU.-
(Desanimado)
¡Bu!
AZUL.-
¡Eso es, repite, repite!
BUBU.-
Si no he dicho nada.
AZUL.-
Claro que sí. ¡Venga, concéntrate!
(Bubu se pone muy erguido, mirando al público)
AZUL.-
¡Adelante!
BUBU.-
¡Bubu!
AZUL.-
¡Pero no, así no!
BUBU.-
(Decepcionado)
¡Bu!
AZUL.-
¡Así sí, repite, con energía!
BUBU.-
(Coge aire emocionado y…)
¡Bubu, bubu, bubu!
AZUL.-
(Desesperado)
¡No, no, así no!
(Bubu se desanima, el manipulador puede medio sacar la mano de dentro del fantasmita
para que éste quede como “desinflado”, y volverá a introducir la mano dentro de la
marioneta cuando Bubu se anime)
AZUL.-
No te desinfles, Bubu.
(Bubu sigue desinflado)
Vaya, ¿qué puedo haceeer, qué puedo haceeer?
¡Ya lo sé! Llamaremos a Verde y Naranja. Practicar con tus amigos será más fácil.
(Bubu se anima)
BUBU.-
¡Vale, vale!
AZUL.-
¡Verdeee, Naranjaaa, venid aquííí!
(Se oyen voces)
VOZ VERDE.-
¡Bu!
VOZ NARANJA.-
¡Ay, qué susto!
VOZ VERDE.-
¡Ji, ji, ji!
AZUL.-
Estos chicos, siempre igual. Voy a buscarles, espérame aquí, Bubu.
BUBU.-
Pero date prisa, tenemos que practicar.
AZUL.-
¡Qué trajín!
(Mientras sale)
¿Queréis venir de una vez?
(Sale por la derecha)
BUBU.-
(Al público)
¿Aprenderé alguna vez?
(Se queda pensativo)
¡Ya sé! ¡Lo voy a hacer escondido, en la oscuridad!
(Sale apresurado por la izquierda, vuelve a asomarse)
¿Atentos, eh?
(Se va, breve pausa, oímos la voz de Bubu:)
BUBU.-
¡Bubu!
(Al poco, entra en escena)
BUBU.-
¡Vaya! No me ha salido.
(Entra por la derecha Azul, seguido de Verde y Naranja. Son dos fantasmas jóvenes, de
tamaño intermedio entre Bubu y Azul)
AZUL.-
¡Ya estamos aquí!
VERDE.-
(A Naranja)
¡Bu!
NARANJA.-
¡Ay, qué susto! ¡Jo, Verde siempre me asusta!
VERDE.-
¡Je,je,je!
AZUL.-
Pero tú no le hagas caso, también eres un fantasma.
NARANJA.-
¡Ya!
VERDE.-
¡Je, je, je!
(Naranja mira a Verde un poco enfadado)
AZUL.-
Bueno chicos, vamos a ver si ayudamos a Bubu.
VERDE/NARANJA.-
¡Hola, Bubu!
BUBU.-
¡Hola! ¿Ya vamos a practicar?
AZUL.-
No te impacientes, ya vamos.
Atentos, por este orden: Verde, Naranja, Bubu.
(Los fantasmas se colocan en orden)
Y…¡adelante!
VERDE.-
¡Bu!
NARANJA.-
¡Bu!
BUBU.-
¡Bubu!
VERDE/NARANJA.-
¡Ji, ji, ji!
AZUL.-
¡Silencio! ¡Atento, Bubu! Y…¡adelante!
VERDE.-
¡Bu!
NARANJA.-
¡Bu!
BUBU.-
¡Bubu!
VERDE/NARANJA.-
¡Ji, ji, ji!
(Bubu se “desinfla”)
VERDE.-
Bubu no se entera.
NARANJA.-
¡Calla!
VERDE.-
(A Naranja)
¡Bu!
NARANJA.-
¡Ay, qué susto! ¡Jo!
AZUL.-
¡Silencio! Anímate, Bubu, tengo una idea.
(Bubu se “infla”)
Vamos a hacerlo al revés, nosotros vamos a decir “bubu”, ya verás como te sale.
Atentos, por este orden: Naranja, Verde, Azul y Bubu.
(Cada fantasma tiene un tono distinto de voz, Azul claramente más grave que los otros. Lo
haremos rítmico. Se colocan frente al público en el orden establecido)
AZUL.-
Y…¡adelante!
NARANJA.-
¡Bubu!
VERDE.-
¡Bubu!
AZUL.-
¡Bubu, bubu, bubu!
(Silencio, todos miran a Bubu, silencio, repiten)
NARANJA.-
¡Bubu!
VERDE.-
¡Bubu!
AZUL.-
¡Bubu, bubu, bubu!
(Silencio, todos miran a Bubu)
BUBU.-
¡Buuu!
NARANJA/VERDE.-
¡Bieeen!
AZUL.-
¡Otra vez!
NARANJA.-
¡Bubu!
VERDE.-
¡Bubu!
AZUL.-
¡Bubu, bubu, bubu!
BUBU.-
¡Buuu!
NARANJA/VERDE.-
¡Bieeen!
AZUL.-
¡Lo has conseguido!
BUBU.-
(Loco de contento)
¡Buuuuu!
(Mientras dicen esto, se colocan en corro y desaparecen hacia abajo repitiendo el coro de
“bubus”)
(Breve pausa, aparece en el centro Bubu)
BUBU.-
(Al público)
¡Buuuuu! ¡Lo he conseguido, lo he conseguido!
(Se oye la voz de Verde)
VOZ VERDE.-
¡Bu!
BUBU.-
¡Ay, qué susto!
(Se cae del susto y desaparece, se oye de nuevo la voz de Verde)
VOZ VERDE.-
¡Ji, ji, ji, ji! ¡Bubu!

Guiones para títeres: El carbón de los Reyes Magos

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Por José Luis García

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¿Alguno de vosotros se ha preguntado por qué los Reyes Magos dejan carbón en lugar de
regalos a aquellos que se portan mal? Este cuento nos responde a esa pregunta.
Recomendado a partir de 5 años.

El carbón de los Reyes Magos


Autor: José Luis García

(La escena está vacía. En un extremo del escenario podemos ver un edificio con un cartel
que pone “Hostal”, con al menos una ventana y una puerta).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
¿Alguno de vosotros se ha preguntado por qué los Reyes Magos dejan carbón en lugar de
regalos a aquellos que se portan mal? Esta leyenda nos responde a esa pregunta. Muy
atentos, que llegan los Reyes Magos…
(Sale el Presentador).
(Un cometa cruza el cielo a toda velocidad, y desaparece).
(Entran Melchor, Gaspar y Baltasar).
MELCHOR.-
Estoy destrozado… ¿Dónde se ha metido la estrella?
GASPAR.-
Y pensar que nadie me hizo caso cuando dije de venir en camello.
(Con sarcasmo).
Un paseo nos vendrá bien. ¡Y venimos caminando desde Oriente!
BALTASAR.-
¿Occidente?, ¿Oriente?; yo lo que estoy es desorientado.
(Entra un Niño).
MELCHOR.-
Niño, ¿sabes dónde se hospedan María y José?
GASPAR.-
O José y María.
BALTASAR.-
No empecemos.
NIÑOS.-
Estaban en ese hostal, pero…
MELCHOR.-
Gracias, chaval.
GASPAR.-
Te recordaremos para traerte un regalo.
BALTASAR.-
Te traerá incienso, ¡menudo regalo!
GASPAR.-
Mejor que regalar mirra.
NIÑO.-
Pero ahora…
MELCHOR.-
Ya, ya; estarán durmiendo.
(A Gaspar y Baltasar).
Y vosotros dejad de pelear. Cuando descansemos veremos las cosas de otra manera.
NIÑO.-
Pero ahora…
LOS TRES.-
¡Ya lo sabemos, chaval!
(Se dirigen los tres hacia el hostal).
NIÑO.-
Los mayores nunca nos hacen caso.
(Sale).
(Melchor trata de abrir la puerta del hostal).
MELCHOR.-
Está cerrada.
GASPAR.-
Debimos haber hecho una reserva.
BALTASAR.-
(A voz en grito).
¡Ehhh!, ¡los del hostal!
(Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana
del hostal y asoma un hombre vestido de gris).
HOMBRE.-
¿Quién grita de esa manera?
BALTASAR.-
¿Se hospedan ahí María y José?
GASPAR.-
O José y María.
HOMBRE.-
¿Quién lo pregunta?
MELCHOR.-
Somos los Reyes Magos.
HOMBRE.-
Paparruchas. Los Reyes Magos son los padres.
(Cierra la ventana y desaparece).
MELCHOR.-
¿Los padres de quién?
GASPAR.-
Yo soy padre, ¿y qué tiene que ver?
BALTASAR.-
(A voz en grito).
¡Ehhh!, ¡los del hostal!
(Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana
del hostal y asoma un hombre vestido de gris).
HOMBRE.-
¿Queréis dejarme dormir?
BALTASAR.-
¿Se hospedan ahí María y José?
GASPAR.-
O José y María.
HOMBRE.-
No les dejé hospedarse porque no tenían dinero.
(Cierra la ventana).
MELCHOR.-
Pero María está a punto de tener un bebé.
GASPAR.-
Ese hombre es malo, muy malo.
BALTASAR.-
(A voz en grito).
¡Ehhh!, ¡los del hostal!
(Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana
del hostal y asoma un hombre vestido de gris).
HOMBRE.-
¿Queréis dejarme dormir?
MELCHOR.-
¿Puedes decirnos dónde se hospedan?
HOMBRE.-
No, porque no me fío de dos barbudos y un negro que gritan en plena noche.
(Cierra la ventana).
GASPAR.-
Este hombre me está empezando a tocar las narices.
BALTASAR.-
(A voz en grito).
¡Ehhh!, ¡los del hostal!
(Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana
del hostal y asoma un hombre vestido de gris).
HOMBRE.-
¿Queréis callaros de una vez?
MELCHOR.-
Somos Magos, además de reyes.
GASPAR.-
Podemos convertirte en sapo si nos apetece.
HOMBRE.-
Os diré dónde se hospedan si sois capaces de resolver una adivinanza.
BALTASAR.-
Eso es una infamia.
HOMBRE.-
Pues dejadme en paz.
(Cierra la ventana).
MELCHOR.-
Por las barbas de mi tatarabuelo…
GASPAR.-
Y por las de mi abuelo.
BALTASAR.-
(A voz en grito).
¡Ehhh!, ¡los del hostal!
(Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana
del hostal y asoma un hombre vestido de gris).
HOMBRE.-
(Vemos que tiene un cubo en la mano).
Os voy a dejar tan mojados que pareceréis ranas con barba.
(Arroja el contenido del cubo por la ventana, pero en lugar de agua, cae una lluvia plateada,
una lluvia de estrellas).
¡Qué buen truco!, pero no os servirá de nada.
BALTASAR.-
Di tu adivinanza.
MELCHOR.-
Eso es seguirle el juego.
BALTASAR.-
Si no, estaremos así toda la noche.
GASPAR.-
¿Y si lo convertimos en sapo?
BALTASAR.-
No nos servirá de nada, porque como sapo no podrá contestarnos.
(Al hombre de la ventana).
¡Di tu adivinanza!
HOMBRE.-
Había una vez un perro, un gato y un gallo. Los tres tenían cinco años. Pero, ¿cuál de los
tres era más viejo?
BALTASAR.-
Pero si todos tienen cinco años.
MELCHOR.-
¿Cómo podemos saber en qué mes nació cada uno?
HOMBRE.-
Menudos magos de pacotilla.
GASPAR.-
¡Lo sé!, el mayor es el gallo, porque tiene cinco años… y pico.
HOMBRE.-
(Ríe a todo reír, divertido con la tontería).
¿Genial, verdad? Venid mañana, que os diré dónde están José y María.
(Cierra la ventana).
BALTASAR.-
Este hombre me tiene negro.
NIÑO.-
(Que entra).
Yo les puedo llevar. Están en un establo no muy lejos de aquí.
MELCHOR.-
¡Fantástico!
BALTASAR.-
(A voz en grito).
¡Ehhh!, ¡los del hostal!
(Melchor, Gaspar y el Niño dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. El Hombre
abre la puerta del hostal, y trae un enorme garrote entre sus manos).
HOMBRE.-
¡Me tenéis negro!
GASPAR.
Eso ya lo dijo Baltasar.
BALTASAR.-
¡Estrella!
GASPAR.-
¿Quién es Estrella?
(La estrella que vimos al principio de la obra, aparece otra vez en el cielo. Va en dirección
al Hombre con su garrote, y finalmente choca contra él. Se escucha una enorme explosión y
un humo denso invade la escena).
(Hasta que se indique lo contrario escuchamos las voces en medio del humo).
MELCHOR.-
Baltasar, tienes que aprender a controlar tu mal humor.
GASPAR.-
La estrella se ha estrellado.
NIÑO.-
Ha chocado contra el hombre malo.
GASPAR.-
Seguro que ahora lo ha dejado peor.
(Cuando se disipa el humo, vemos que en lugar del Hombre hay una estatua negra, toda de
carbón, con garrote y todo).
MELCHOR.-
Por malo y peleón.
GASPAR.-
A partir de ahora así serás.
BALTASAR.-
Un montón de carbón.
LOS TRES.-
Para siempre jamás.
MELCHOR.-
(Al Niño).
¿Vamos, chaval?
NIÑO.-
Claro, yo soy bueno.
BALTASAR.-
Por eso, en lugar de carbón, algún regalo tendrás.
NIÑO.-
Jo… Y luego dicen los niños del cole que los Reyes Magos son los padres.
MELCHOR.-
Somos padres, es verdad; yo tengo dos hijos.
GASPAR.-
Yo tengo tres.
BALTASAR.
Y yo tengo ocho.
GASPAR.-
Tu siempre tan exagerado…
(Salen los cuatro).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Y por eso, y a partir de ese día, surgió la costumbre de regalar carbón a aquellos que habían
sido malos. Y ahora sed buenos y aplaudid, que los actores han trabajado mucho. Sed
buenos y aplaudid, no vaya a ser que alguno de los Reyes Magos esté sentado entre
vosotros…
(Vemos a la estrella que desde el cielo se dirige hacia el Presentador, que al percatarse de la
situación corre por la escena, perseguido por la estrella).
PRESENTADOR.-
¡Qué soy bueno, caramba!
(Sale de escena, perseguido por la estrella).
FIN