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1RAS.

JORNADAS NACIONALES DE HISTORIOGRAFÍA

DEPARTAMENTO
DE HISTORIA / FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS

UNIVERSIDAD
NACIONAL DE RÍO CUARTO

RÍO
CUARTO, 26 Y
27 DE NOVIEMBRE DE 2015

1
Consideraciones epistemológicas sobre el concepto de testimonio en la
historiografía: Collingwood, Bloch y los eventos límite.

Gonzalo Urteneche
UBA/UNTREF

Es ya un lugar común en los trabajos que circundan los terrenos de la dicotomía entre
Historia y Memoria comenzar destacando las diferencias que las separan, sobre todo los
trabajos que se proponen mostrar las ventajas de la historia como herramienta analítica
del pasado frente a una memoria que reclama protestando, casi como el grito de un
herido que aún no sana, sus privilegios y, sobre todo, sus derechos. Así lo afirma Beatriz
Sarlo quien, quitando el velo en un momento álgido de esta discusión, proclamaba la
dificultad de comunicación entre estas perspectivas ya en los primeros párrafos de su
estudio sobre memoria y testimonio: Tiempo Pasado. Cultura de la memoria y giro
subetivo. Una discusión1.

Este trabajo, primeros pasos de una investigación y una reflexión aún en


construcción, plantea una revisión en clave epistemológica sobre el tipo de
conocimiento que los historiadores pueden obtener de los testimonios. Es, sin dudas,
una tarea ardua si se tiene en cuenta que se intenta abarcar dos áreas del conocimiento
que habitualmente no han dialogado con fluidez. Pero también, sostenemos, será
fructífero en tanto permita aportar nuevas miradas a un problema largamente discutido y
actualmente en boga. Sin embargo, el objetivo de este trabajo es, en principio, modesto.
En primer lugar, considerar las concepciones historiográficas clásicas de "testimonio" y
sus consecuencias epistemológicas. En segundo, proponer un enfoque basado en la
epistemología del testimonio para intentar observar cuáles son las derivas "no deseadas"
de sostener una posición fuertemente anclada en la autonomía epistémica, una
concepción que se discutirá en estas páginas.

Se trabajará críticamente con dos concepciones que, creemos, marcan el cánon de la


metodología histórica: las propuestas de Collingwood en Idea de la Historia y el clásico

1
Sarlo, Beatriz. Tiempo Pasado. Cultura de la memoria y giro subetivo. Una discusión, pág .9.

2
de Marc Bloch Apología para la Historia o El oficio del historiador. Luego
analizaremos brevemente algunas conceptualizaciones propias de la Historia Oral y sus
variantes para finalmente desarrollar, en forma programática, nuestra posición teórica
retomando ciertos debates recientes en torno al status epistémico del testimonio (si
como evidencia o generación de conocimiento). Nuestro objetivo de máxima es
proveernos de un instrumental analítico, el cual será a su vez mejorado en el trabajo
histórico concreto.

El advenimiento del testimonio

Si durante los años sesenta la filosofía y la teoría de la historia, inspirándose en la


filosofía de la ciencia natural, se preocupaban por dar cuenta de los modelos de
explicación y daban por sentado la separación del pasado y el presente como una
condición fundamental para la puesta en marcha de una historia científica, a partir de los
años setenta y ochenta se produce un viraje en el que la teoría literaria y el análisis del
discurso cobran relevancia. Desde el interior de la disciplina se intenta una renovación
metodológica y de escala, poniendo en cuestión los macroparadigmas explicativos,
imperantes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El renovado interés por la
agencia de los sujetos, antes presos de las estructuras, y, en particular, la disposición a
realizar una historia del tiempo presente como tarea posible, marcaron la marcha de los
debates y los temas a partir de esta década. Una cuestión en particular cobró relevancia:
la memoria y su rol en la historia. Esto se explica, en parte, a partir de la proliferación
en la segunda posguerra de testimonios que daban cuenta de los sufrimientos de las
víctimas de la persecusión y el exterminio en los campos de concentración del nazismo
y el afán de explicar cómo y por qué estos acontecimientos tan terribles se habían
llevado a cabo. Estudios en torno al lugar de lo colectivo y lo individual en la memoria,
a los lugares de memoria, a la posibilidad o no de representar el horror, se volvieron
lugares comunes en los intereses de los historiadores. Pero no solo eso: la imbricación
de historias personales con la narrativa y el análisis histórico, así como también el
acercamiento de la historia a sucesos que afectaban a generaciones todavía presentes,
pusieron en la palestra el carácter ético en torno al oficio del historiador. Una muestra de
esto es la llamada "disputa de los historiadores alemanes" (Historikerstreit) que tuvo

3
lugar en la República Federal Alemana en 1986 y en el que se puso de relieve esta
cuestión, a raíz de un resurgimiento nacionalista, en la reconstrucción de relatos
históricos que comprometían la memoria colectiva.2

Annette Wieviorka llama a los años que siguen al juicio a Eichmann (realizado en los
inicios de la década de los sesenta) "la era del testimonio", puesto que es este hecho el
que "libera a las victimas a hablar" y "crea una demanda social por testimonios",3
generando lo que la autora llama "el advenimiento del testigo" en Europa, Estados
Unidos e Israel. A partir de la década de 1970 comienza una oleada, que se extiende
hasta los primeros años ´80, en la que se produce la creación sistemática de archivos
audiovisuales con testimonios y la aparición de documentales y producciones
cinematográficas con referencia al Holocausto.4 Esta demanda social se alimenta, a su
vez, del "deber de recordar", un imperativo que acompaña a los sobrevivientes desde
que abandonaron el campo, y que ven la oportunidad de hablar y ser filmados o
grabados como una instancia para satisfacer una necesidad de expresión presente desde
su liberación.

Pero la idea de "empaquetar" los testimonios orales en videos y grabaciones es


también problemática. No sólo se modifica la naturaleza de los mismos como fuente,
sino que genera incomodidades en aquellos que brindan su historia personal, sus
experiencias al entrevistador. Esto trae aparejados una serie de problemas al historiador
tanto de índole metodológica, epistemológica como moral (aunque como se verá, estas
tres dimensiones se encuentran profundamente entrelazadas). Tal y como dice Henry
Bulawko, un sobreviviente de los campos citado por Wieviorka: "He escuchado a los
historiadores declarar que los ex residentes de los campos éramos documentos para

2
Para una reconstrucción del debate en este trabajo tomamos el artículo de Dominck LaCapra
"Representar el Holocausto: reflexiones sobre el debate de los historiadores" presente en En torno a los
límites de la representación. El nazismo y la solución final. de Saúl Friedlander (comp.)

3
Wieviorka, Annette. The era of the witness. Cornell, Cornell University Press, 2006, pág. 87

4
Archivos como el Yale Video Archive fundado en 1982 y producciones que van desde la
miniserie Holocausto (1978) hasta los documentales como Shoah (1985) de Claude Lansmann.

4
ellos… Eso me sorprendió. Ellos respondieron con una sonrisa amigable: "documentos
vivientes". (…) Uno puede pasar de ser un "ex interno" a ser un "testigo", luego de
"testigo" a "documento". Entonces, ¿qué es lo que somos? ¿Qué soy yo?".5

Esta cita deja entrever algunas cuestiones: ¿cuáles son las consideraciones clásicas de
testimonio que se manejan en la historiografía? ¿Cómo se relacionan con el concepto de
"fuente" o "evidencia"? A continuación analizaremos algunos puntos clave en relación a
estos interrogantes basándonos, como mencionamos, en las concepciones de
Collingwood y Bloch acerca de testimonio.

El problema de los testimonios en la historiografía: Collingwood y Bloch

La cuestión sobre el conocimiento testimonial en la historiografía no es nueva, sino


que puede encontrarse en manuales de método más clásicos. Durante el siglo XX
numerosos autores han reflexionado acerca de esta problemática y han brindado
diversas respuestas, aunque siempre siguiendo una línea similar. Tanto Collingwood
como Bloch (quien, sin dudas, ha marcado el canon de la disciplina a partir de su obra
Introducción a la Historia) se han ocupado de la cuestión testimonial a partir de la
definición tradicional de fuente entendida como evidencia. Pero, a su vez, este problema
ha adquirido un nuevo cariz a partir de la explosión testimonial a la que aludíamos más
arriba. Mientras las miradas clásicas consideraban al testimonio como una fuente de
información de la cual podíamos obtener conocimiento a través de procedimientos
inferenciales, los debates acerca de la forma de representar eventos límite como el
Holocausto desarrollados a partir la década del ochenta y plasmados en la compilación
de Saúl Friedlander En torno a los límites de la representación. El nazismo y la solución
final de 1992, han complejizado los enfoques y han incluso puesto en cuestión la
capacidad de la historia y otras disciplinas de representar los traumas causados por estas
catástrofes.

5
Citado por Wieviorka en op. cit. pág. 129. La traducción es nuestra.

5
Los testimonios y el ideal de autonomía epistémica

¿Cómo obtener conocimiento a partir de lo que otro nos dice? ¿Debe el historiador
confiar en los testigos? ¿Cuáles son los riesgos a los que expone a su investigación?
¿Qué tipo de conocimiento obtenemos de un testimonio? Estas preguntas que a simple
vista parecen triviales encierran un problema epistemológico clave y un desafío a la
historia en tiempos en los que las políticas de la memoria reclaman su privilegio
epistémico frente a una sociedad que demanda relatos, historias, detalles y experiencias.

Las experiencias de los sobrevivientes, de los salvados, tienden a rescatar episodios


singulares de contextos en los que todo resultaba inverosímil, en los que se producía una
tensión semántica difícil para el testificante de explicar. Palabras de uso corriente como
"sed" o "trabajo" no pueden ser utilizadas de la misma forma dentro de Auschwitz y
fuera de él. No puede representarse toda la experiencia, no solo porque es
inconmensurable con el mundo fuera de los campos, sino porque es central en el
testimonio aquello que no puede representar. Como consecuencia de esta situación, los
efectos morales de lo que se dice tienden a superar a quien lo dice. 6

Una de las propuestas más tradicionales acerca de cómo definir a los testimonios es la
elaborada por R. G. Collingwood en Idea de la Historia. En este libro, un manual del
método histórico, el autor se encarga de definir de qué manera el historiador logra
obtener verdadero conocimiento de sus fuentes a través del método de la crítica
documental. Define y rechaza el conocimiento por autoridad, al que liga, además, la
idea del conocimiento testimonial. Si el historiador acepta respuestas de otra persona de
manera acrítica esa persona se convierte en su autoridad y las afirmaciones hechas por
ella son lo que Collingwood denomina "testimonio".7 Al resultado de un trabajo como
este el autor lo llama "historia de tijeras y engrudo",8 una historia que no cumple con los

6
Sarlo, Beatriz, pág. 45

7
Collingwood, Idea de la Historia. 2007, pág. 30

6
requisitos de la autonomía ni de la inferencia, ambas necesarias para la realización de
una historia científica.

Como ejemplo para demostrar sus afirmaciones, Collingwood construye un relato en


el que un detective de Scotland Yard, Jenkins, debe descubrir al autor de un crimen a
partir de su investigación. John Doe aparece apuñalado en su escritorio y el detective
debe resolver el enigma con la ayuda del alguacil del pueblo. Doe había sido asesinado
por el rector, a quien había estado chantajeando con revelar algunos secretos de su
mujer. Luego de rechazar los testimonios de algunos personajes locales, Jenkins se topa
con la hija del rector, que asume la responsabilidad del asesinato. Richard Roe, el novio
de la joven, era estudiante de medicina y por lo tanto, podía suponerse que sabía cómo
encontrar el corazón de una persona. Eso despertó las sospechas de Jenkins.
Probablemente la hija del rector buscaba proteger a su novio. Además de estas
sospechas se sumaba el hecho de que Roe había estado fuera la noche del sábado (había
habido una tormenta y sus zapatos se habían embarrado) pero se rehusaba a decir donde,
porque, como nos enteramos luego, estaba intentando proteger al rector.

Supuestamente, el detective logra resolver el crimen apelando a su astucia inferencial:


rechazando todo testimonio, todo conocimiento dado y pensando únicamente de forma
autónoma. Sin embargo, si seguimos los planteos de C. A. J. Coady, 9 Collingwood deja
algunos cabos sueltos. No toda la información que el detective obtiene es de índole
inferencial sino que todo el tiempo acepta hechos que conoce aceptando una
"autoridad". Si bien no es un conocimiento explícitamente testimonial, no hay motivos
en el relato de Collingwood que nos impidan suponer que los conocimientos pudieran
ser obtenidos de esa forma, por ejemplo el hecho de que el joven Roe sea estudiante de
Medicina o que haya habido una tormenta el día anterior a su llegada al pueblo.

Por otra parte, agrega Coady,10 esta historia no es un buen ejemplo del trabajo del
historiador, puesto que mucha de la información que Jenkins utiliza no está disponible

Ibídem

9
Coady, C.A.J. “Collingwood and Historical Testimony”,

10
Coady, C.A.J., op. cit. pág. 237

7
para él y porque, evidentemente, el detective no está haciendo historia. Lo que Coady
afirma es que si bien Collingwood demuestra que la operación de "tijeras y engrudo" no
es la totalidad del trabajo del historiador, sí forma parte de la metodología histórica. Es
decir, el ideal de Collingwood de construir un historiador cognoscitiva y
epistemológicamente autónomo y además responsable de todo lo que conoce se vuelve
por lo menos compleja. El ideal de autonomía epistémica implica considerar que los
individuos son agentes completamente racionales y que son siempre espistémicamente
responsables en la justificación de sus propias creencias.11 Collingwood está asumiendo
que las relaciones interpersonales no pueden jugar un rol significativo en el proceso de
conocimiento.

El magistral trabajo de Marc Bloch, Introducción a la Historia, presenta una detallada


descripción del método histórico, siendo él quien recoge la tradición propia de los
metodicistas franceses y quien condensa en su genio los aportes originales que la
Escuela de Annales hace a la historiografía desde la fundación de la revista en 1929.
Escrito desde su cautiverio en 1941, el libro es un intento por hacer inteligible "los
pasos" que los historiadores siguen para la construcción de sus obras. Es el método en
donde se funda la unidad de la disciplina y en consonancia con este ideal, Bloch define
y explica cómo se lleva a cabo la crítica de testimonios (de forma y de contenido), cómo
definir los parámetros axiológicos (es decir, los juicios de valor), el problema de la
síntesis (en particular la cuestión de la nomenclatura) y la relación entre ésta y el
análisis.

Aunque a simple vista podría parecer que Collingwood y Bloch comparten la


totalidad de sus enunciados, el historiador francés marca algunos puntos que vale la
pena resaltar. Al igual que en el trabajo de Collingwood, en Introducción a la Historia
parece mantenerse indiferenciado el concepto de documento (entendido como
evidencia) y el de testimonio. Bloch utiliza "testimonio" y "testigo" para referirse tanto
a Tito Livio (u otro autor clásico) y sus obras como para admitir la aparición de una
nueva área de interés: la observación practicada "in vivo" de los testigos y que da lugar

11
McMyller, Benjamin., Testimony, Trust, and Authority, Oxford: Oxford University Press, 2011,
pág. 242.

8
a la aparición de la psicología del testimonio.12 Parece deducirse de esto que un
testimonio puede darse tanto "en vivo" como por escrito. A la hora de definirlos, Bloch
afirma que los testimonios son "expresión de la memoria" y que esta puede siempre
cometer errores en tanto y en cuanto se ve afectada por factores emocionales. Agrega,
además, que viéndose envuelta en estas situaciones fuertemente emocionales o en
grandes conmociones, la memoria se vuelve incapaz de fijarse en "aquellos rasgos a los
que el historiador les atribuiría hoy un interés preponderante"13 y los testimonios "no
llegan a la estructura elemental del pasado".14 Teniendo en cuenta estos reparos, la
crítica debe hacerse confrontando testimonios para descubrir el error o la mentira.15

Aunque no parezca haber una diferencia sustancial, si es que la hay, entre la crítica de
documentos y de testimonios (cuestión que parece vislumbrarse entre líneas pero no
llega a resolverse), el planteo de Bloch es menos radical que el presentado por
Collingwood en cuanto al ideal de autonomía que presenta. Bloch establece tres
cuestiones imporantes: en primer lugar, la imposibilidad de la producción de
conocimiento histórico de forma aislada16- comprensible además si se tiene en cuenta el
lugar que Bloch le otorga a la comunidad profesional en las fases de síntesis y análisis-,
en segundo lugar, el carácter socialmente determinado del testimonio 17 y finalmente, la

12
Bloch, Marc. Introducción a la Historia, Fondo de Cultura Económica, México, 1975, pág. 91.

13
Ibid págs. 91-92. El ejemplo dado por Bloch es acerca del responsable de efectuar el disparo
que da inicio a la revolución de 1848 en París.

14
Ibid pág. 92.

15
Ibid págs. 98-99.

16
Ibid pág. 51.

17
Ibid pág. 95.

9
importancia relativa que le otorga al análisis de los errores y las falsedades en los
testimonios.

Aún así, la eficacia del método crítico del testimonio se mantiene según Bloch en su
creciente aplicabilidad: "Uno de los más hermosos rasgos del método crítico es haber
seguido guiando la investigación en un terreno cada vez más amplio sin modificar nada
de sus principios".18 Más allá de las salvedades hechas en el párrafo anterior, el
testimonio no deja de ser considerado como una fuente de conocimiento factual. Ahora
bien, ¿cómo mantener el criterio de aplicabilidad del método crítico en los testimonios,
en particular, en testimonios de sobrevivientes de eventos límites? Por supuesto que
tanto Collingwood como Bloch no conocieron el estallido testimonial de la segunda
posguerra y, mucho menos, los casos ligados al accionar del terrorismo de estado en
Argentina y América Latina. ¿Es posbile seguir considerando epistemológicamente
equivalente a los documentos "tradicionales" y a los testimonios? ¿Cuál es la verdad del
testimonio?

Pilar Calveiro se propone responder este interrogante en su artículo "Testimonio y


Memoria en el relato Histórico", en el que intenta ponderar el lugar de la experiencia y
de la verdad que cada tipo de discurso intenta establecer, el histórico por un lado y el
testimonial por el otro. Dos cuestiones básicas para nuestro interés se describen en el
artículo: por un lado, el carácter social del conocimiento y, por el otro, obviamente, qué
tipos de verdades se establecen en el diálogo entre testimonio e historia.

El carácter social del conocimiento: las implicancias morales del testimonio

Los desarrollos de la historiografía luego de la Segunda Guerra Mundial han


conducido a la aparición de una subdisciplina que reclama hace ya varios años su
legitimidad propia: la historia reciente. En relación con ella, la Historia Oral, como
metodología y cómo género, recibió un gran impulso a lo largo de los años sesenta y

18
Ibid pág. 83.

10
setentas, a la luz de la "historia desde abajo" y la nueva historia social.19 Dos formas de
historia oral pueden ser diferenciadas, según María Inés Mudrovcic: por un lado, la
historia oral "reconstructiva" que busca extraer conocimiento factual, de igual estatus
espistémico que el documento y, por el otro, la historia oral "interpretativa". Este
segundo tipo nace a la luz de los estudios de la memoria y su objetivo no es conocer
datos acerca del pasado ni funcionar como evidencia frente a las afirmaciones del
historiador sino que, en relación al carácter social del recuerdo, busca rescatar la
dimensión adaptativa de la memoria: los errores factuales y los olvidos, en este caso,
son tan importantes como aquello que se dice.20

Si bien esta dicotomía ha motorizado grandes avances al estudio de la historia "desde


abajo" como también al conocimiento de hechos a los que no se tiene acceso puesto que
los archivos aún no han sido liberados, tendemos a creer que epistemológicamente no
satisface la demanda testimonial. Evidentemente, el testigo busca frente a la historia
reclamar un privilegio epistémico basado en el "yo lo viví". La historia descree de los
testimonios y los interroga, los "triangula", los contrasta. Aquello que es suficiente para
la justicia no lo es para la ciencia histórica. Es de notar que tratar con testimonios de
personas que han sufrido en sus cuerpos las vejaciones de los regímenes autoritarios
implica no solamente cuestiones de índole epistemológicas, históricas o científicas sino
también eminentemente morales. ¿Cuáles son las consecuencias "no deseadas" de la
aplicación del paradigma "evidencial" o incluso "interpretativo" a los testimonios? Y
más importante aún para la historia como disciplina, ¿cómo satisfacer la demanda de
privilegio epistémico del sobreviviente? ¿Es esto posible? ¿Cómo construir un discurso
de verdad que logre incorporar a los testimonios en lugar de mantener una competencia
por el monopolio de la interpretación del pasado?21 A continuación analizaremos las

19
Mudrovcic, María Inés. "El recuerdo como conocimiento" en HISTORIA, NARRACIÓN Y
MEMORIA. Los debates actuales en filosofía de la historia. Akal, España, 2005, pág. 113, consultado
online en academia.edu

20
Ibid pág. 115-117.

21
Sobre el tipo de "verdad" que generan testimonio y ciencia veáse Calveiro, Pilar, "Testimonio y
Memoria en el relato Histórico", en Acta Poética, n° 27, 2006, consultado on line en dialnet.unirioja.es.

11
propuestas de Benjamin McMyler que, desde la epistemología del testimonio intenta
explicar cuál es el carácter del conocimiento obtenido a partir de lo que otros dicen.

Tradicionalmente, desde la epistemología se ha entendido al conocimiento empírico


desde el modelo de la percepción tanto como de la inferencia. Estos modelos influyeron
fuertemente las impresiones que los epistemólogos se han hecho acerca del
conocimiento a partir del testimonio.22 Dos posturas clásicas han confrontado acerca de
cómo obtenemos conocimiento testimonial: por un lado, el reduccionismo, que sostiene
que no hay nada en el testimonio que sirva para justificar la adquisición de
conocimiento sino que solo es posible conocer a partir del testimonio utilizando otras
capacidades epistémicas, como la inferencia. La postura contrapuesta es el anti-
reduccionismo que se sostiene que el conocimiento adquirido a través del testimonio no
puede reducirse a la observación independiente o a la inferencia sino que este mismo es
una fuente autónoma de conocimiento aunque sin ahondar demasiado en cómo es que
esto es posible.23 Benjamin McMyler en Testimony, Trust and Authority plantea una
tercera postura, que es la que nos interesa revisitar y evaluar su utilidad para el
conocimiento histórico a través del testimonio. Define en primer lugar que el
conocimiento testimonial es la forma general de dar información de una persona (o
grupo) a otra que es apta para ser aprehendida a partir de la percepción, la memoria y la
inferencia como formas típicas de adquirir conocimientos justificados. El testimonio
entonces, para él, es la forma particular de conocimiento obtenido a partir de este
sentido general.24 Agrega a esta definición que para que el conocimiento a partir de lo
que un enunciador dice sea posible, es necesario una intención de comunicar algo y que
esto puede llevarse a cabo de dos maneras diferenciadas. Por un lado el conocimiento
que se obtiene a partir de lo que un enunciador argumenta (argue) y por el otro, aquel
conocimiento que se obtiene a partir de lo que un hablante cuenta o narra (tell). La

22
McMyler, Benjamin, op. cit. pág. 71.

23
Ibid pág. 77.

24
Ibid pág. 75.

12
primera de estas formas implica que la audiencia alcance sus propias conclusiones
acerca de lo que se dice, mientras que el conocimiento adquirido a través de una
narración involucra a una autoridad. Esto, para el autor, involucra la cuestión de conocer
a través de un acercamiento de segunda mano (secondhandness). El conocimiento
testimonial adquiriría un carácter particular a partir de lo que él llama derecho
epistémico a diferir (epistemic right of deferral) parte de la carga de la justificación en
el enunciador. Esto implica que la audiencia tiene el derecho a derivar al enunciador
original la justificación por lo que se dice, ya que el conocimiento testimonial involucra
la cita de una autoridad y es compartido por ambas partes. Pero el conocimiento
testimonial debe cumplir una serie de requisitos para que pueda darse: en primer lugar
debe estar dirigido, es decir que uno no podría obtener conocimiento de una
conversación escuchada "sin querer", simplemente porque uno no era el destinatario de
esas palabras y por lo tanto no tendría derecho a diferir en el enunciador parte de la
justificación. Esto es importante, además, porque al dirigir el mensaje a alguien implica
asumir la responsabilidad por lo que se dice y generar así una "operación social"
testimonial.25 De modo que rechazar el testimonio implica por un lado rechazar al otro
como una fuente confiable de conocimiento (y reducirlo al lugar de lo que se escucha
"por casualidad") y en consecuencia, tomarlo como una mera fuente de información.

Inmediatamente, los vínculos morales que unen a dos personas que intercambian
conocimiento a través de un relato se hacen visibles. Pero incluso, si tomamos el estudio
de Stephen Shapin acerca de los primeras comunidades científicas en la Inglaterra del
siglo XVII, podemos ver cómo la verdad científica, que reclama en la actualidad su
autonomía, nace a partir de la conformación de grupos que la sostienen y de las
prácticas reivindicativas de estos. Shapin sostiene que el lazo que une a los individuos
en torno a verdades compartidas no es otro que la confianza, es decir, un lazo
eminentemente moral.26 El problema de la adquisición de conocimiento a través de la
interacción con otras personas traspasa el ámbito de la vida cotidiana y se instala

25
Ibid pág. 113.

26
Shapin, Stephen. A Social History of Truth, Civility and Science in Seventeenth-Century
England. Chicago, The University of Chicago Press, 1994, págs. 19-20.

13
también en el campo científico. Para demostrar su punto, Shapin construye lo que llama
un “experimento escéptico”, en el que la realización de un breve experimento acerca del
ADN demuestra los lazos de confianza que hacen funcionar al campo científico. Si el
científico verdaderamente cuestionara todas sus fuentes y autoridades, como pretende
Collingwood, el avance sería imposible puesto que siempre se estaría volviendo sobre
las mismas cuestiones. El escepticismo queda relegado, así, a los “márgenes del sistema
de confianza”. Ni los científicos ni la gente común, afirma Shapin, experimentan por sí
mismos: sea como sea, los experimentos y sus informes están constituidos a partir de un
sistema en el que se ha depositado la confianza y en el que el acervo de conocimientos
da sentido a la nueva situación.27

¿Qué saben los testigos?

En la tradicional demarcación entre Memoria e Historia suele hacerse hincapié en el


carácter individual, parcial y emocional de la primera frente a las ventajas objetivas y
generalistas de la segunda. Sin pretender echar por tierra la distinción entre ambas y
pregonando a favor del diálogo, la pregunta que no suele hacerse es: ¿qué dicen los
testimonios? En efecto, al preguntar por su contenido fáctico o bien por las condiciones
sociales que posibilitan su aparición y dan la nota de color a sus peculiaridades se
olvida, en cierta forma, el contenido. Y esto produce un cortocircuito insoslayable, la
disputa por la hegemonía en la interpretación del pasado. Mientras la Historia reclama
para sí el privilegio del conocimiento certero, los sobrevivientes reclaman su privilegio
epistémico por el hecho de haber estado allí. "La memoria coloniza el pasado y la
interpreta bajo la clave del presente", afirma Sarlo, mientras que la historia, igual
cargada de política está sometida a la crítica de los pares y de la esfera pública. 28
Cuando los testimonios se convierten en una interpretación de la historia pero no se

27
Ibid pág. 20

28
Sarlo, Beatriz, op. cit. pág. 92.

14
someten a las críticas y, además, se refugian en el privilegio de haber sido víctima o
parte de lo que se quiere reconstruir, la memoria entra en un terreno gris en términos
epistémicos.29

Evidentemente, la interpretación de los testimonios, en particular de los


sobrevivientes, se vuelve aún más problemática si se hace bajo las formas tradicionales
de "documento" o "evidencia" expuestos en la primera parte de este trabajo. Las derivas
epistemológicas de esta situación redundan en tratar al otro que habla como si fuera solo
una fuente de información e implica, por lo tanto, quebrar la confianza bajo la que se
presenta el testimoniante. Y no es menor, en tanto y en cuanto, la figura del
sobreviviente es reconocida socialmente como una autoridad. Pero a su vez, renunciar
al afán crítico es también para el historiador de suma gravedad para su tarea. Creemos
que la introducción de las nociones propias de la epistemología del testimonio ayudan a
problematizar el problema y a direccionarlo en un sentido reflexivo. Es importante
reconocer qué tipo de conocimiento podemos obtener de los testigos y también de qué
manera hacerlo. La tensión que genera tratar con individuos que reclaman el privilegio
de lo que dicen no es menor: instrumentalizando el testimonio el problema no se
soluciona sino que solamente se ignora. Para lograr desanclar al testimonio del terreno
gris en el que epistemológicamente se encuentra, los aportes de la dependencia
epistémica y la consideración social del conocimiento pueden sernos útiles. No
debemos considerarlo ni como una vía preferencial de acceso al pasado ni como una
fuente de información evidencial. El testimonio puede comprenderse como el producto
del conocimiento social y comunitario y no ya meramente experiencial si aceptamos, en
relación con lo planteado por Shapin, pero también a las ideas de Martin Kusch,30
desligarlo de la relación testimonio-percepción-memoria. El testimonio puede
convertirse en un conocimiento social "en la medida en que es constituido en y a través
de más testimonio"31 y como afirma Calveiro, en la interpretación de carácter social de

29
Ibid pág. 94.

30
Kusch, Martin. Knowledge by agreement, Part I, Testimony.

31

15
la experiencia individual32. Al considerar al testimonio como conocimiento y no ya
como evidencia o una vía de acceso al pasado permite ponderarlo por su expertez y por
lo tanto, como un saber que interpreta y toma postura para la construcción colectiva.33

Beatriz Sarlo, acerca de la obra de Pilar Calveiro, afirma que la socióloga (ella misma
sobreviviente de la última dictadura argentina y testigo) no construye una "fuente" en
sus textos, no se presenta como testimoniante ni usa la primera persona. Al contrario,
utiliza su juicio para analizar los testimonios de otros.34 Esta demanda puede hacerse
también al investigador que no ha sufrido en sí mismo los horrores del campo de
concentración o del centro clandestino de detención. Si consideramos al testigo como
alguien "que sabe", es decir, como una autoridad, nos encontraremos en la posición no
ya de sucumbir frente a su demanda de interpretación privilegiada del pasado sino de
discutir e incorporar sus conocimientos. Y por "conocimientos" no nos referimos solo a
conocimiento experencial sino también interpretativo y político, ambos presentes en la
construcción historiográfica. La metodología, la axiología y la epistemología son, en el
análisis de casos tan sensibles como estos, permeados insoslayablemente por la
dimensión moral.

Lograr una construcción histórica que de cuenta de las voces resistentes del pasado no
tiene que implicar el abandono de los ideales de las ciencias sociales pero tampoco
puede continuarse con la jerarquización de discursos, saberes y experiencias. La
apertura y el diálogo son necesarios para satisfacer las demandas no solo de testimonios
que recuerden sino también de discursos que se piensen a sí mismos y contribuyan a
forjar un relato histórico hacia el futuro.

Tozzi, Verónica. "Bautismos de la experiencia. Denominación y agencia en los relatos de


posguerra de Malvinas" en Mudrovcic, María Inés (comp.), Pasados en conflicto. Represetación, mito y
memoria. Buenos Aires, Prometeo, 2009, pág. 177.

32
Calveiro, P. op. cit. págs. 74-75.

33
Idem.

34
Sarlo, B. op. cit. pág. 121.

16
17
Bibliografía

Benjamin McMyler, Testimony, Trust, and Authority, Oxford, Oxford University Press, 2011.

Bloch, Marc. Introducción a la Historia, Fondo de Cultura Económica, México, 1975.

Calveiro, Pilar, "Testimonio y Memoria en el relato Histórico", en Acta Poética, n° 27, 2006.

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