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Antígona

Sófocles

Antígona, es el título de una tragedia de Sófocles, basada en el mito


de Antígona y representada por primera vez en 442 adC. En esta
obra se plantea una reflexión sobre la razón de Estado, la tiranía y el
dictado de la conciencia.
Antígona era una mujer que luchó contra los hombres para lograr lo
que quería. En cambio Ismene, su hermana, era una mujer que
respetaba las leyes de los hombres, se sentía inferior a ellos.
Antígona no se dejó llevar por la decisión de Creonte de no sepultar a
su hermano Polinices; ella decide rebelarse en su contra a pesar de
que en ese entonces las mujeres eran tratadas casi como esclavas.
Creonte se enfurece al ver que se le desobedeció y la manda matar
pero a ella no le importa porque está satisfecha de haber cumplido
con la ley de los dioses.
En Antígona se enfrentan dos nociones del deber: la familiar,
caracterizada por el respeto a las normas religiosas y que representa
Antígona, y la civil, caracterizada por el cumplimiento de las leyes del
Estado y representada por Creonte.

Discusión entre hermanos

El difunto rey Edipo, ex rey de Tebas, tiene dos hijos varones:


Polinices y Eteocles. El primero ha llevado a su ejército foráneo contra
Tebas, defendida por Eteocles. Ambos han muerto, pero son los
defensores de Tebas los que vencen el combate.
Creonte, actual rey de Tebas, piensa imponer la prohibición de hacer
ritos fúnebres con el cuerpo de Polinices, como castigo ejemplar al
traidor. Sus dos hermanas, Antígona e Ismene, conversan y Antígona
pide a Ismene que le ayude a honrar el cadáver de su hermano, pese
a la prohibición de Creonte. Esta se niega, pero Antígona decide
seguir con su plan. Eco...eco..rococo.

Enfrentamiento entre Antígona y Creonte


Creonte anuncia ante el coro de ciudadanos su disposición sobre
Polinices, y el coro toma conciencia de la gravedad de la ley, que
contradice la norma sagrada de enterrar a los muertos. Cuando se
anuncia que Polinices ha sido enterrado, cree que los dioses han
intervenido para resolver el conflicto de leyes, pero pronto se
descubre que ha sido Antígona la causante del suceso. Creonte la
increpa por su acción, y la condena a muerte

Antígona frente a la muerte


El hijo de Creonte, Hemón, se ve perjudicado por la decisión de su
padre, ya que Antígona es su prometida. Además, las consecuencias
de su muerte pueden afectar a la ciudad, ya que Hemón es el
heredero del trono y amenaza con suicidarse si se cumple la condena.
Antígona va camino de su ejecución y, si bien no se arrepiente de su
acción, ha perdido la altivez y resolución que mostraba antes, al dar
muestras de temor ante su muerte. La humanización de Antígona
resalta el dramatismo del momento.

Desesperación de Creonte

Inesperadamente llega el adivino Tiresias y anuncia la muerte de


todos aquellos que vean la muerte de la condenada(Antigona).
Creonte, dudoso y asustado, decide levantar el castigo a Antígona,
ante el júbilo del coro de ciudadanos, pero un mensajero anuncia la
muerte de Antígona, la de Hemón, tras maldecir a su padre, y la de
Eurídice, mujer de Creonte, el cual se lamenta de su suerte y se
siente culpable, finalmente se suicida llevandose a su padre con el.
En la mitología griega, Antígona es hija de Edipo y Yocasta y es
hermana de Ismene, Eteocles y Polinices. Acompañó a su padre Edipo
(rey de Tebas) al exilio y, a su muerte, regresó a la ciudad.
En el mito, los dos hermanos varones de Antígona se encuentran
constantemente luchando por el trono de Tebas, debido a una
maldición que su padre había lanzado contra ellos. Se suponía que
Eteocles y Polinices se iban a turnar el trono periódicamente, pero, en
algún momento, Eteocles decide quedarse en el poder después de
cumplido su período, con lo que se desencadena una guerra, pues,
ofendido, Polinices busca ayuda en una ciudad vecina, arma un
ejército y regresa para reclamar lo que es suyo. La guerra concluye
con la muerte de los dos hermanos en batalla, cada uno a manos del
otro, como decía la profecía. Creonte, entonces, se convierte en rey
de Tebas y dictamina que, por haber traicionado a su patria, Polinices
no será enterrado dignamente y se dejará a las afueras de la ciudad
al arbitrio de los cuervos y los perros. (Este mito es contado en la
tragedia Los siete contra Tebas de Esquilo.)
Los honores fúnebres eran muy importantes para los griegos, pues el
alma de un cuerpo que no era enterrado estaba condenada a vagar
por la tierra eternamente. Por tal razón, Antígona decide enterrar a
su hermano y realizar sobre su cuerpo los correspondientes ritos,
rebelándose así contra Creonte, su tío y suegro (pues estaba
comprometida con Hemón, hijo de aquel). La desobediencia acarrea
para Antígona su propia muerte: condenada a ser enterrada viva,
evita el suplicio ahorcándose. Por otra parte, Hemón, al entrar en la
cripta en la que había sido puesta Antígona, con el objetivo de
salvarla, y verla muerta, atraviesa la espada en sus propias entrañas;
mientras tanto, Eurídice, esposa de Creonte y madre de Hemón, se
suicida al saber que su hijo ha muerto. Las muertes de Hemón y
Eurídice provocan un profundo sufrimiento en Creonte, quien
finalmente*/ se da cuenta de su error al haber decidido mantener su
soberanía por encima de todos los valores religiosos y familiares,
acarreando su propia desdicha. (Este mito es contado en la tragedia
Antígona de Sófocles.)

El tema de Antígona ha dado lugar a varias obras, dramáticas, operísticas y


teatrales:
1. Antígona (Sófocles), una obra teatral de Sófocles (ca. 442 adC);
2. Antígona (Tommaso Traetta), una ópera de Tommaso Traetta
(1772);
3. Antígona (Walter Hasenclever), una obra teatral de Walter
Hasenclever (1917);
4. Antígona (Arthur Honegger), una ópera de Arthur Honegger (1927);
5. Antígona (Jean Anouilh), una obra teatral de Jean Anouilh (1946);
6. Antígona (Bertolt Brecht), una obra teatral de Bertolt Brecht (1947);
7. Antígonae, una ópera de Carl Orff (1949);
8. Berliner Antigone, una obra teatral de Rolf Hochhuth (1963);
9. Antigone oder Die Stadt, una ópera de Georg Katzer (1991);
10. Antígona (Henry Bauchau), una novela de Henry Bauchau (1997);

Ismene

En la mitología griega Ismene es una hija del matrimonio incestuoso


de Edipo y Yocasta (o de Eurigania según otras versiones), y
hermana por tanto de Eteocles, Polinices y Antígona.
Cuando Edipo abdicó el trono de Tebas abrumado por su tragedia,
sus hijos varones decidieron compartirlo, alternándose en el poder
cada año. Edipo les maldijo por el trato denigrante que le habían
dado, pero los hermanos ignoraron sus advertencias y confiaron en la
buena fe recíproca.
Pero cuando el primer año del reinado de Eteocles llegó a su fin, éste
se negó a traspasar el poder a su hermano. Polinices reunió a un
grupo de poderosos aliados e intentó recuperar el trono por la fuerza
mediante el asedio que se conoce como Los Siete contra Tebas. En la
lucha fraticida que siguió murieron numerosos héroes tebanos, como
Atis, que había sido el prometido de Ismene desde la infancia y fue
muerto por Tideo.
Intentando dar fin a la contienda, Eteocles y Polinices se enfrentaron
en lucha singular, y acabaron traspasándose mutuamente con su
espada, lo que facilitó que su tío Creonte se proclamase nuevo rey de
la ciudad.
Una de las primeras acciones del tirano fue declarar traidor a
Polinices y prohibir, bajo pena de muerte, que su cuerpo recibiese la
debida sepultura. Pero Antígona desafió este decreto y salió de la
ciudad para incinerar a su hermano. Por este crimen, y para eliminar
de paso a un miembro de la familia peligroso en potencia, Creonte
ordenó que Antígona fuera enterrada viva en la misma tumba de
Polinices, ignorando los ruegos de su hijo Hemón, que era amante de
la condenada.
Ante esta aberración, Ismene declaró que había ayudado a su
hermana y que por tanto merecía la misma suerte, a pesar de que
realmente había permanecido al margen.
Finalmente los dioses, a través del adivino Tiresias, hicieron saber a
Creonte su desaprobación de sendas condenas, por lo que el tirano
cambió de actitud y enterró él mismo el cadáver de Polinices. Pero ya
era demasiado tarde para Antígona, que se había ahorcado para
evitar ser enterrada viva. Hemón, destrozado por la colosal tragedia,
mató a su padre y se suicidó después a los pies de su amada
Antígona. También se suicidó Eurídice, la esposa de Creonte y madre
de Hemón, cuando se enteró de la muerte de ambos.

Eteocles y Polinice

Hermanos gemelos, hijos de Edipo y de Yocasta. Su padre, al


abandonar el trono, estableció que reinaría uno cada año, pero
Eteocles no cumplió el mandato. Polinice se retiró a Argos y organizó
una expedición conocida con el nombre de los Siete Valientes. Los
dos hermanos, que ya se habían batido en el seno de la madre, se
mataron en fiero combate. Después de haber sido colocados sus
cuerpos en la hoguera, la llama se dividió en dos: ni la muerte pudo
extinguir su rencor.

Etéocles y Polínice, se dan muerte entre sí, uno defendiendo Tebas y


el otro atacándola. El primero es enterrado con los honores, mientras
que el segundo es condenado a permanecer insepulto.

CREONTE
Era hermano de Yocasta, la esposa-madre de Edipo, y por tanto tio
de Eteocles, Polinices, Antígona e Ismene (hijos de Edipo y Yocasta).
Sucedió a Edipo en el trono de Tebas cuando este lo abandonó. Tras
la muerte de Edipo, estalló la guerra entre sus dos hijos, Eteocles y
Polinices, por la sucesión al trono. Polinice, el primogénito, decidió
reivindicar su derecho al trono de Tebas, para conseguirlo, lanzó su
ejercito de árgivos contra Tebas (Polinices se había marchado a Argos
y casado con una de las hijas del rey de Argos).
A cada uno de los siete príncipes de este ejercito, encargó Polinice el
asalto a cada una de las puertas de Tebas. La puerta que le tocó a él
estaba defendida por su hermano Eteocles, y en la lucha que se
entabló entre ambos se ensartaron con las lanzas dándose
mutuamente la muerte.
Ante la muerte de Polinice, los árgivos se desbandáron y huyeron. En
Tebas quedó Creonte como rey, quien para asegurarse el trono,
ordenó que a Eteocles, como heroe defensor de la ciudad se le
tributasen exequias reales, y a Polinice, como atacante, se le dejara
insepulto para que fuera pasto de los perros y las aves de rapiña.
La hermana de ambos, Antígona, desobedeció y enterró a su
hermano Polinice (el no enterrar un cadáver, suponía según las
creencias griegas que su espíritu quedaría eternamente errante sin
poder entrar en el Hades). Fue descubierta y será condenada por su
tío a morir sepultada viva. Antígona para sustraerse a este lento
suplicio se ahorcó con su ceñidor. Hemón, hijo de Creonte, que
amaba a Antígona se dio muerte a su vez. Y la esposa de Creonte se
suicida al saber la muerte de su hijo.

Yocasta

En la mitología griega, reina de Tebas, más nombrada y conocida por


sus infortunios que por sus méritos o por su reino. Entre otras obras,
aparece como personaje importante de la tragedia griega de Sófocles
"Edipo Rey". Para la tradición más antigua, su nombre era Epicasta.
Siendo aún niña se casó con Layo, rey de Tebas, del cual tuvo un
hijo.
Un oráculo anunció a Layo que su propio hijo lo mataría, por eso éste
mandó matar a su hijo y echarlo a las fieras, pero Yocasta no llevó a
cabo la terrible orden de su marido. El Rey de Corinto acogió al hijo
de Layo y lo crió como si fuera su propio hijo. Le llamó Edipo. Más
tarde, Edipo abandonó Corinto para dirigirse a Tebas y en un
incidente en el camino, mató a su verdadero padre, Layo.
Después de que Edipo hubiera derrotado a la Esfinge que asolaba
Tebas, la viuda Yocasta se casó con él, que desconocía su verdadero
origen, y tuvieron varios hijos, Polinices, Eteocles, Ismene y
Antígona. Sin embargo, según algunos autores, los cuatro hijos de
Edipo proceden de un posterior matrimonio de Edipo, con Eurigania.
Más tarde, Yocasta supo que su marido era en realidad su hijo. Por
ello se suicidó. Esta leyenda dio origen a una de las tragedias griegas
más conocidas, la cual, a su vez, da origen a la denominación
Complejo de Edipo que se utiliza en Psicología.

Hemón

En la mitología griega Hemón (sangriento) es un hijo de Creonte y


de Eurídice, reyes de Tebas.
Cuando Eteocles se negó a entregar el poder a su hermano Polinices
tal como habían acordado, éste encabezó una expedición conocida
como de Los siete contra Tebas para conquistar el trono por la fuerza.
Tras una cruenta guerra, los dos hermanos acordaron decidir cual
sería el soberano de la ciudad mediante un duelo a muerte. Sin
embargo los dos se mataron recíprocamente, por lo que el gobierno
de la ciudad pasó a manos de Creonte, tío de los malogrados
príncipes.
Nada más llegar al poder, Creonte declaró traidor a Polinices,
prohibiendo, bajo pena de muerte, que su cuerpo recibiera las honras
fúnebres que le correspondían. La hermana de Polinices, Antígona,
desafió este decreto y escapó por la noche para incinerar el cadáver
de su hermano, pero fue sorprendida por Creonte, que ordenó a su
hijo Hemón que la enterrara viva en la misma tumba de Polinices.
Hemón, que era el prometido de Antígona, suplicó a su padre
clemencia para su amada, pero éste hizo oídos sordos a la petición de
su hijo, pues deseaba librarse de un miembro de la familia tan
potencialmente peligroso como Antígona.
Finalmente intervino el ciego Tiresias, que hizo saber a Creonte la
desaprobación de los dioses a su actitud. El rey tebano se resignó y
revocó la pena de muerte a Antígona, pero ya era demasiado tarde,
pues la joven se había ahorcado para evitar ser enterrada viva.
Cuando Hemón vio el cuerpo de su amada, asesinó a su padre y con
la misma espada se suicidó a los pies de su prometida. También se
suicidó Eurídice al conocer la trágica muerte de su marido y de su
hijo.
Algunos autores afirman que Hemón fingió que iba a cumplir las
órdenes de su padre, pero que huyó con Antígona y se escondieron
entre los pastores, teniendo un hijo al que llamaron Meón.
Una tercera versión obvia toda esta historia y afirma que Hemón
murió devorado por la Esfinge antes de la llegada de Edipo, y que fue
por esto por lo que su padre ofreció el trono de Tebas a aquel que les
librase de tan monstruosa criatura.

Sófocles

Sófocles (Colono, hoy parte de Atenas, (Grecia), 495 adC. - Atenas,


406 adC) fue un poeta trágico de la Antigua Grecia. Autor de obras
como Antígona o Edipo Rey, se sitúa, junto con Esquilo y Eurípides,
entre las figuras más destacadas de la tragedia griega. De toda su
producción literaria sólo se conservan siete tragedias completas, las
que son de importancia capital para el género.

Hijo de un rico armero llamado Sófilo, a los dieciséis años fue elegido
director del coro de muchachos para celebrar la victoria de Salamina.
En el 468 adC. se dio a conocer como autor trágico al vencer a
Esquilo en el concurso teatral que se celebraba anualmente en Atenas
durante las fiestas Dionisias, cuyo dominador en los años precedentes
había sido Esquilo.
Comenzó así una carrera literaria sin parangón: Sófocles llegó a
escribir hasta 123 tragedias para los festivales, en los que se
adjudicó, se estima, 24 victorias, frente a las 13 que había logrado
Esquilo. Se convirtió en una figura importante en Atenas, y su larga
vida coincidió con el momento de máximo esplendor de la ciudad.
Amigo de Herodoto y Pericles, no mostró demasiado interés por la
política, pese a lo cual fue elegido dos veces estratego y participó en
la expedición ateniense contra Samos (440 adC), acontecimiento que
recoge Plutarco en sus Vidas paralelas.
Su muerte coincidió con la guerra con Esparta que habría de significar
el principio del fin del dominio ateniense, y se dice que el ejército
atacante concertó una tregua para que se pudieran celebrar
debidamente sus funerales.
De su enorme producción, sin embargo, se conservan en la
actualidad, aparte de algunos fragmentos, tan sólo siete tragedias
completas: Antígona, Edipo Rey, Áyax, Las Traquinias, Filoctetes,
Edipo en Colono y Electra.
A Sófocles se deben la introducción de un tercer actor en la escena, lo
que daba mayor juego al diálogo, y el hecho de dotar de complejidad
psicológica al héroe de la obra. En Antígona opone dos leyes: la de la
ciudad y la de la sangre; Antígona quiere dar sepultura a su hermano
muerto, que se había levantado contra la ciudad, ante la oposición del
tirano (esa es la palabra griega pero es equivalente a rey, nunca
despectivamente) Creonte, quien al negarle sepultura pretende dar
ejemplo a la ciudad. La tensión del enfrentamiento mantiene en todo
momento la complejidad y el equilibrio, y el destino trágico se abate
sobre los dos, pues también a ambos corresponde la «hybris», el
orgullo excesivo.
Edipo Rey es la más célebre de sus tragedias, y así Aristóteles la
consideraba en su Poética como la más representativa y perfecta de
las tragedias griegas, aquella en que el mecanismo catártico final
alcanza su mejor clímax.
También es una inmejorable muestra de la llamada ironía trágica, por
la que las expresiones de los protagonistas adquieren un sentido
distinto del que ellos pretenden; así sucede con Edipo, empeñado en
hallar al culpable de su desgracia y la de su ciudad, y abocado a
descubrir que este culpable es él mismo, por haber transgredido, otra
vez, la ley de la naturaleza y de la sangre al matar a su padre y yacer
con su madre, aun a su pesar.
El enfrentamiento entre la ley humana y la ley natural es central en la
obra de Sófocles, de la que probablemente sea cierto decir que
representa la más equilibrada formulación de los conflictos culturales
de fondo a los que daba salida la tragedia griega.

La fuerza del destino en Antígona de Sofocles


Mientras leía Antígona (la tercer obra de Sófocles que he devorado en
estos últimos cuatro meses), me percataba de que el tema recurrente
(o fondo común) en las tragedias griegas sucede ser la lucha contra
un destino inexorable que determina la vida de los mortales. Pero...
¿Todo está determinado?¿Existe realmente el libre albedrío? ¿O acaso
somos meros actores de un guión escrito por un Dios (o varios) que
por aburrimiento creó el universo para observarnos como si nuestra
vida fuera una telenovela o historieta? Ésta cuestión ha causado
acalorados debates y ha plagado tanto el mundo científico como el
literario. A lo largo de la historia de la literatura han aparecido en
infinidad de ocasiones alusiones a la predestinación y las profecías,
especialmente en las obras de teatro de la antigua Grecia y romanas,
y Antígona es un buen ejemplo de ello. Debo admitir que encuentro
fascinantes la mitología griega y las tragedias, aunque poseo una
opinión y una mentalidad bastante diferente a la de la etapa clásica,
es decir, considero que su posición ante el porvenir y su religión son
incompatibles con los tiempos de hoy. Me resulta inconcebible que en
el presente, cuando el hombre ha llegado a descubrir el código
genético humano mediante el cual se podría crear un ser humano con
las características deseadas, exista alguna persona pueda alegar que
somos víctimas del destino.
Coincido con Arthur Schopenhauer -(1788-1860) Filósofo alemán-
cuando este escribe: "El destino es el que baraja las cartas, pero
nosotros los que las jugamos." Esto significa que creo en el libre
albedrío, y en que el hombre forja su propio destino, aceptando
obviamente las limitaciones humanas, que suelen derivar de la
libertad de las demás personas. Mi concepción de la vida parece ser
análoga a los cuentos que leía de niña - llamados “Elige tu propia
aventura” de la editorial Atlántida- en los que uno va eligiendo
diferentes opciones de acción que lo van llevando a uno u otro final.
Sin embargo, la tragedia mencionada fue escrita con una forma de
ver el mundo diferente, en el que el hombre depende de los designios
religiosos que existan para él, y por lo tanto no es conveniente
desafiar a los dioses por que el que se atreva recibirá castigo seguro.
Este rasgo se puede observar claramente cuando Tiresias le advierte
la suerte que sufrirá Creonte en caso de no cambiar su posición
acerca de la condena de Antígona y la prohibición de sepultar a su
hermano Polinices “Pero tu recuerda bien que no transcurrirán
muchos de los raudos giros del sol sin que tú des en pago a un
muerto surgido de tus entrañas, a cambio de otros cadáveres ...
habrá en tu casa lamentos de hombre y mujeres. Y en su rencor se
unirán todas las ciudades en cuantas ocurrió que fragmentos del
cadáver cayeran en poder de perros o fieras, o de alguna alada
ave...” . La riqueza en los detalles de lo anteriormente transcripto
denota la capacidad predecir el futuro del anciano -y demuestra por
tanto que es imposible que se tratara de un consejo dado tras evaluar
las posibles consecuencias de la decisión-. Previsiblemente, lo
vaticinado ocurrió al pie de la letra, demostrando que no debía
dudarse de las predicciones de los adivinos, pues a estos junto con
las sacerdotisas de lo oráculos se les había otorgado la facultad de
ver el destino que poseían los dioses para los seres humanos. Sin
embargo, es necesario señalar que aunque luego de una breve
reflexión (posterior al dialogo con Tiresias) Creonte se arrepintió de
las decisiones anteriormente tomadas, y dio entierro al cuerpo de
Polinices, al intentar liberar a Antígona se encontró con que ya era
demasiado tarde: ésta se había ahorcado, por lo que su hijo, Hemón
(y prometido de Antigona) le arrebató la espada al rey y se suicidó
clavándosela en el pecho. Esto parece demostrar que según Sófocles
de la suerte que el destino tenga asignado a los mortales no hay
forma de evadirla.
Otro ejemplo digno de citarse sería el de la sepultura de Polinices,
que según la ley divina, constituía una obligación. En la antigua
Grecia el rito funerario era importante ya que se creía que si un
cadáver no era enterrado, el alma no podría ingresar al Hades y
quedaría errante. Luego de la muerte de los hijos varones de Edipo
en acción recíproca, Creonte prohíbe todo tipo de servicios funerarios
al “traidor de la patria”, tal vez sin darse cuenta de que con su ley
humana está intentando sobrepasar una ley divina, situación que
Antígona advierte por lo cual exclama: “...ni siquiera creía que tus
edictos tuvieran tanta fuerza como para que un simple mortal pase
por sobre las ágrafas pero inconmovibles leyes de los dioses. Pues no
tienen vida por hoy o por ayer sino por siempre, y nadie sabe de
donde han surgido” La fuerza y poder de lo religioso es tan grande
que hace que la ley que prevalezca al fin sea la de los dioses, ya que
el destino de los muertos es ser sepultados sin importar las
aberraciones cometidas durante su vida, y así es hecho con los restos
de Polinices.
Otro aspecto a destacar es que el destino es presentado por el
enfrentamiento de los esfuerzos humanos con fuerzas externas que
frustran sus aspiraciones, y el mal se exterioriza como la ignorancia
(ya sea como desconocimiento o falso saber), sin la cual hubieran
actuado de otra manera o sus tragedias se hubieran alivianado. Esto
puede observarse cuando Antígona se suicida antes de que lleguen a
liberarla de su encierro, ya que de haber imaginado que Creonte
habría de cambiar de opinión difícilmente lo hubiera hecho. Asimismo,
si el monarca hubiera conocido desde el principio los hechos trágicos
que sucederían, hubiera perdonado la falta de Antígona ni bien se
percató de ella, lo cual se demuestra cuando Creonte al ver la
tragedia ocurrida, arrepentido, exclama: “¡Oh infaustas resoluciones
mias!” “ No se impute nada de esto a otro hombre porque ha
sucedido por mi culpa” . Sin embargo, estos “héroes trágicos”
poseían una sabiduría interna que los condujo a llevar a cabo los
actos que luego los hicieron sucumbir, y esto probablemente sea lo
opuesto a la ignorancia, es decir, tener una visión clara de los que
otros no ven, lo que aumenta su dolor y los aísla. Este sentimiento
aparece en Antígona cuando se da cuenta de que es la única que ve
que Creonte no puede desafiar las leyes divinas, produciendo que ella
exija a Ismena que la abandone (por comprender que su apoyo es
inútil si no ve lo mismo que ella), que vea injusta su condena y
decida refugiarse en sus antecesores ya difuntos.
A modo de conclusión, considero que la influencia religiosa es tan
grande que Antígona se convierte en una heroína al utilizar su
libertad para elegir la muerte como destino (faltando a la ley) antes
que ofender a los Dioses. Además, la tragedia griega esta forjada
sobre la Fe en que la ley reina sobre los asuntos humanos y no el
azar: y así por medio de la confirmación de las predicciones,
“Sófocles quiere decir... que en la más compleja y aparentemente
fortuita combinación de acontecimientos existe un designio, aunque
no podamos llegar a comprenderlo”