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El ALICANTO

En la zona norte de nuestro país existe un ser mitológico cuyas


apariciones son esperadas con ansias por los buscadores de
fortunas. Esta criatura es el Alicanto, un pájaro fabuloso que
vive entre los cerros de minerales y que se alimenta con oro y
plata. Su tamaño es enorme; posee grandes alas de color
metálico, un pico encorvado y patas alargadas con grandes
garras. Tiene la característica de que sus alas brillan durante la
noche. Si su alimento ha sido el oro, lanza reflejos dorados, y si
ha sido plata, los destellos son argentados.

Si tiene el buche lleno, no puede volar debido al peso de los


metales con que se alimenta, aunque igual se puede esconder
si es perseguido, en cualquier recodo o grieta oculta, sin dejar
ninguna huella, para decepción de sus perseguidores.

Quienes deciden seguir al Alicanto, con la esperanza de


obtener fortuna, ya que es capaz de conducirlos a los sitios
exactos donde existen ricos yacimientos o a puntos donde hay
algún tesoro enterrado, no deben ser advertidos por este. Si así
ocurre, desorientará al minero caminando a veces lento, a
veces rápido, o desaparecerá y reaparecerá, hasta que
finalmente le arrojará una luz fuertísima que lo traspasará,
encegueciéndolo en medio de un camino o al borde de un
precipicio. Solo una plegaria a la Virgen de Punta Negra le
puede indicar al infortunado la ruta de regreso a su hogar. Si el
Alicanto siente que el minero que lo persigue tiene ambiciones
exageradas, lo llevará también al borde de un despeñadero,
donde muere.

El Alicanto habita en pequeñas cuevas y pone dos huevos, de


oro o de plata. Y solo aparece en la noche.