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¿Qué es la belleza, entendida como un trascendental?

Vamos primero al Doctor máximo del cristianismo, nuestro caro Santo Tomás. En la
Suma Teológica (I, q 39 a8) el Aquino afirma que la "integritas" o perfección es el
primer requisito de la belleza. Siguiendo al Pseudo-Dionisio él ya había establecido que
ésta tenía dos características, como son la proporción y la claridad. Entretanto, él quiso
destacar la integridad, en el sentido de perfección, pues en su mente lo bello agrada
porque es perfecto.

Algo perfecto es algo bueno. En este sentido de perfección, belleza es idéntica al bien:
"Cuando algo apetece el bien, por la misma razón apetece la belleza y la paz" (In de Div
Nom c4 lect5 n339).

Entretanto, la belleza también se relaciona con la verdad. La belleza se nos manifiesta


por una aprehensión, por un conocimiento que nos deleita. Este conocimiento capta una
"verdad" en el objeto bello, puesto que el intelecto aprehende las cosas bajo la razón de
verdadero, ‘sub ratione veri' (STh I q82 a 4 ad1). Por tanto, belleza y verdad, en la
aprehensión deleitable, también se identifican.

Entretanto, este conocimiento deleitoso se relaciona nuevamente, por la vía de la


verdad, con la bondad. Ya Platón lo había insinuado cuando hablaba de la belleza como
imagen del bien. De acuerdo a Jan Aertsen en "Filosofía Medieval y los
Trascendentales", al comentar las Sentencias de Pedro Lombardo Sto. Tomás distingue
"dos grados en el conocimiento. En el primero, el conocimiento intelectivo está dirigido
a la verdad; en el segundo, el conocimiento entiende la verdad como ‘conveniens'
(conveniente) y buena". Es este segundo tipo de conocimiento del que se sigue el
deleite, el agrado. Es así que, cuando el conocimiento de "lo verdadero se extiende a lo
bueno" (In I Sent d 27 q2 a1), ahí se produce la aprehensión de la belleza. Por tanto,
habría belleza cuando hay unión entre verdad, perfección y bondad.

De ahí se sigue una aplicación práctica de invaluable valor, que nos evitará transitar
caminos tortuosos: es verdaderamente bello -y su aprehensión, su conocimiento, será
deleitosamente legítimo- solo aquello que es verdadero y bueno; bueno porque ha
alcanzado la perfección, porque es completo, porque no le falta nada de aquello que es
llamado a tener, y esto lo tiene en un grado de intensidad notable. Lo demás... lo demás
es fealdad u oropel engañoso, también feo por engañoso.

Esta idea, de que la belleza es una forma de bien que se capta racionalmente, es el
origen de los estudios de autores contemporáneos, quienes -como afirma María Antonia
Labrada en su ‘Estética'- "ahondando en la noción de belleza descubren ahí nuevas
perspectivas para la metafísica y la gnoseonología". Algunos de ellos son Kobach,
Pöltner, Czapiewski o Von Balthasar.

¿Por qué Santo Tomás de Aquino no mencionó a la Belleza como un trascendental?, es


la pregunta de muchos. Czapiewski parece dar una respuesta cuando afirma que "la
unidad de lo bueno y de lo verdadero que lo bello personifica, no puede ser un ‘además'
añadido a ambos elementos, sino una posibilitante unidad originaria de ambos en su
comunicabilidad (...) Por ello no pasa nada cuando el ‘pulchrum' permanece sin
nombrar en la cuenta de los trascendentales, pues ello no impide que lo sea" (Das
Schöne bei Thomas von Aquin, 39). Vemos por todo lo anterior, que la aprehensión de
la belleza no es un conocimiento ‘superficial': por el contrario, él se introduce en lo más
profundo de las cosas.

El encanto

Para terminar estas líneas, que han estado un tanto demasiado filosóficas y por ello ya
largas, concluyamos con el tema del "encanto", del atractivo de la belleza.

"El acontecimiento de la belleza despierta en el hombre la ‘passio' amorosa, el amor por


lo inteligible". Esta frase contenida en la Estética de Labrada, es -más que el fruto de un
silogismo- una clara constatación psicológica: La belleza engendra el amor, entendido
este como la inclinación del apetito hacia lo que conoció como apetecible. "Lo bello no
es lo más manifiesto y lo más amable, sino lo más luminoso, y en tanto que tal, de un
atractivo y de un arrebatamiento irresistibles".

Si en las anteriores consideraciones visábamos la relación entre belleza e intelecto, al


hablar del amor estamos considerando el papel de la voluntad en el camino de la
belleza.

Recordábamos con Von Balthasar en anterior nota sobre el tema, que "la figura bella
nos atrae porque en ella presentimos la luz y la promesa de una belleza perfecta, sin
amenazas". La belleza habla de la Belleza. Así, se habla del carácter anagógico o
ascendente de la belleza. De esta manera, "la belleza despierta el entusiasmo por lo que
está más allá y arrebata la voluntad del que la percibe, poniéndole en marcha hacia lo
mejor, aunque sea costoso. Lo bello es difícil, no en el sentido de dificultad intelectual,
sino en el de lo arduo desde el punto de vista moral, ya que supone el abandono del
mundo de la naturaleza, en el que el hombre no puede satisfacer la profunda nostalgia
que la aparición repentina de la belleza ha dejado en su espíritu", continúa con
propiedad Labrada.

La belleza es atractiva, pero a su vez evocativa. Sus laderas floridas nos invitan a subir a
su cima luminosa. Al mismo tiempo que la ladera deleita, crea la saudade de la cumbre,
y nos llama a escalarla, aunque en ese ejercicio suframos. Vemos aquí otra diferencia
entre la falsa belleza y la verdadera. Los incansables deleites que produce la última, se
obtienen después del sacrificio. Los placeres de la falsa, son primarios y hastían
rápidamente...

https://es.gaudiumpress.org/content/13540-La-belleza--la-verdad--la-bondad-y-la-
cumbre

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