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Heres, el Adusto

^Rasgos Biográficos )

CARACAS
T ! P Q B R A F ! A G A R R !D O
^ 7 y¿— .

s, e! A du
^ Rasgos biográficos )

CARACAS
T!POGRAF!A BARR!DO
DOCUMENTOS OFICIALES
OVIDIO PEREZ AGREDA,
Presidente de/ Estado Botí^ar,
en ejecución del Decreto de esta misma fecha sobre
conmemoración del centenario de la muerte del Ilustre
Procer de la Independencia General Tomás de Heres,
DECRETA:
Art. 1°.—Efectúese un certamen de trabajos históri­
cos cuyo tema será "Biografía del General Tomás de
Heres". ^ J
Art. 2°.—El autor de la obra seleccionada recibirá co­
mo premio la cantidad de dos mil bolívares en dinero
y su libro será editado por cuenta del Tesoro del Esta­
do Bolívar.
Art. 3°.—Aprovechando la gentil aceptación de la
Academia Nacional de la Historia, se le da comisión y
autoridad suficiente para disponer todos los detalles del
concurso y dirigirlo hasta su terminación; para nombrar
el jurado y entregar los premios.
Art. 4".—Entréguese a la Academia Nacional de la
Historia los dos mil bolívares del premio establecido por
este Decreto y un mil quinientos bolívares más, para aten­
der al costo de la edición de la labor seleccionada.
Art. 5°.--Los gastos que pueda ocasionar a la Acade­
mia Nacional de la Historia la dirección de este concur­
so serán erogados en su oportunidad.
Art. 6".—Comuniqúese, publíquese y dése cuenta a la
Asamblea Legislativa del Estado, en sus próximas sesio­
nes ordinarias.
Dado, firmado, sellado y refrendado en el Palacio
de Gobierno del Estado Bolívar, en Ciudad Bolívar, a
primero de noviembre de mil novecientos cuarenta y uno.
—Año 132° de la Independencia y 83° de la Federación.
<L. S.)
OVIDIO PEREZ AGREDA.
Refrendado.
* El Secretario General de Gobierno,
(L. S.)
Lii:s -AZ/recfo Zaocr/a.
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Cerfamen para una Biografía de/ Genera/
Tomás de Reres.
La Academia Racional de la Historia, en cumpli­
miento del honroso encargo que le ha conferido por De­
creto de 1° del presente mes el Ejecutivo del Estado Bo­
lívar, fija como bases del Certamen abierto para una
biografía del Ilustre Procer General Tomás de Heres, las
siguientes:
Primera: Podrán concurrir todos los escritores del
país.
Segunda: El tema, según lo establece el Decreto ci­
tado, es un ensayo biográfico sobre el General Tomás
de Heres.
Tercera: El premio consistirá en la cantidad de dos
mil bolívares (Bs. 2.000) y en la edición del trabajo por
cuenta del Gobierno del Estado Bolívar.
Cuarta: Los trabajos <no deberán exceder de cien
hojas tamaño oficio escritas a la máquina, a doble es­
pacio, ni ser menores de cincuenta en iguales condiciones.
Quinta: Los trabajos se recibirán en la Secretaría
de la Academia Nacional de la Historia hasta las 6 de
la tarde del 10 de marzo de 1.942. El nombre del autor
deberá ser enviado en sobre cerrado y aparte, con las
señas correspondientes, conforme es acostumbrado en es­
tos casos.
Sexta: En la primera junta ordinaria del mes de
abril la Academia conocerá el dictamen del Jurado y lo
comunicará al Ejecutivo del Estado Bolívar para la opor­
tuna publicación del nombre del autor premiado.
Séptima: Para constituir el Jurado que examinará
los trabajos del Certamen, la Academia, en su junta del
6 del presente, designó a los académicos Mario Briceño
Iragorry, señora Lucila de Pérez Díaz y Julio Planchart.
Caracas, noviembre 7 de 1.941.
Crzsíd&a/ L. Mendaz#
Director
Marzo Bríceño-Íragorry
Secretario
Reunidos en /a Secretaria de /a Academia Raciona/
de 7a Historia /os académicos señora íaci/a L. de Pere^r
Día^, Mario Briceño-7ra^orry y Ja/io P/anc7iart, a quienes
designo e/ /nstitato como Jurados en e/ Cerdamen para
ana Biografía de/ Genera/ Tomás de Reres, promovido
por e/ Gobierno de/ Estado Bo/íuar, discutieron /aria­
mente so&re e/ mérito de /os cinco tra&ajos concurrentes,
cui/os /emas son* "Fe i/ Esperanza", *'ía&or omnta um-
cit", "Accendit opas arti/icem'\ "Escipión" i/ ^rrayi//ano'\
Aasta dec/arar por acreedor a /a recompensa o/recida
e/ distinguido con /a /eyenda "La&or omnta utncif\ Se
dispuso coman/car/o así a /a Academia, a /os efectos de
/a aper/ara de /a p/ica gue contiene e/ nom&re de/ aator
/auorecido.
Caracas, Mar^o 3í de Í943.
Laci/a de Pere^r Día^.
Mar/o Briceño-7ragorry
Ja/io P/ancAart.
SESION SOLEMNE EFECTUADA POR LA SOCIEDAD
BOLIVARIANA, CENTRO CORRESPONDIENTE A
CIUDAD BOLIVAR, EL 10 DE ABRIL DE 1.942, A
LAS CINCO P. M., PARA CONMEMORAR EL PRIMER
CENTENARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL TO­
MAS DE HERES, ILUSTRE PROCER DE NUESTRA
INDEPENDENCIA.
En Ciudad Bolívar, a las cinco de la tarde, el dí<i
diez de abril de mil novecientos cuarenta y dos, reu­
nidos en el Salón de Actos Públicos del Palacio de
Gobierno, cedido galantemente por el Ejecutivo del Es­
tado, la Directiva y demás miembros de la Sociedad
Bolivariana, Centro correspondiente a esta ciudad, el Po­
der Ejecutivo, el Poder Judicial, el Poder Municipal, el
Cuerpo Consular, Jefes y Oficiales del Batallón "Mariño"
Número 15, Asociaciones, Comisiones, sociedad y pueblo
de Guayana, se procedió al Acto conmemorativo de acuer­
do con el Programa siguiente: 1° — Palabras de aper­
tura por el Presidente de la Sociedad, Monseñor Miguel
Antonio Mejía. 2" — "GUAYANA", capricho sinfónico,
por J. F. Miranda. 3° — Lectura de un trabajo histó­
rico del General Diego Alberto Blanco, leído por el Pri­
mer Vice-presidente de la Sociedad, Dr. Adán Blanco Le-
desma. 4° — "CAVALLERIA RUSTICANA", intermezzo,
Mascagni. 5° — ¿Quién fué el asesino del General To­
más de Heres? Trabajo histórico leído por su autor el
Br. Héctor Núñez S. 6° — Lectura del Dictamen del Ju­
rado de la Academia Nacional de la Historia y apertura
del sobre que contiene el nombre del ganador en el Cer­
tamen para la Biografía del General Tomás de Heres.
7* — "TOMAS DE HERES", marcha militar, J. F. Miran­
da. 8° — Palabras de Clausura por el Secretario de Ac­
tas, señor B. Natera Ricci. 9° — Final. Música. Lle­
gado el número 6° del Programa, el Secretario de Corres­
pondencia, de orden de la Presidencia, dió lectura al Dic­
tamen del Jurado de la Academia Nacional de la Historia
en que se declara triunfador al autor del trabajo dis­
tinguido con la leyenda "Labor Omnia Vincit", y, segui­
damente abrió el sobre que contenía el nombre del fa­
vorecido en el Certamen que resultó ser el del es­
critor R. A. Rondón Márquez. — Mientras se ejecutaba
el número 7% se repartió a la concurren€Ía un folleto
contentivo de todo lo relacionado con la celebración del
Centenario del Natalicio del General HERES, cuya pu­
blicación patrocinó el Ejecutivo del Estado y el Conce­
jo Municipal del Distrito Heres. Después de las palabras
de clausura, el Dr. Blanco Ledesma, a nombre de los des­
cendientes presentes y ausentes del General HERES, dió
las gracias al Ejecutivo del Estado, a la Sociedad Boli-
variana y a la honorable concurrencia, por el homenaje
rendido a su digno antecesor en el día del Centenario de
su muerte. Las piezas ejecutadas durante el acto por
la Banda, bajo la dirección de nuestro compañero Pro­
fesor J. F. Miranda, fueron muy bien acogidas por la
concurrencia, en particular la Marcha Militar "TOMAS
DE HERES", escrita especialmente. La concurrencia se
retiró del Salón gratamente impresionada por la suntuo­
sidad del acto conque se dió fin a la conmemoración re^
ferida.
El Presidente,
f MíGtíEL AAT0A70 ME77A
Obispo efe
El Secretario,
B. JVaíera Rice:.
HERES, EL ADUSTO
GENERAL TOMAS DE HERES
Demostró "sabiduría en el consejo y valor en los combates" (Co­
municación del general J. J. Flores, Jefe del Ejército del Sur, a!
anunciar a Heres, después de la batalla de Tarquí, su ascenso a
General de División. — 16 de mayo de 1829).
gz cr%a<A?r
<?g/ ^ cíííx/z^ %/%rcí<? /a ^Prg-
j/^/ZC¿<^ ¿^&Z6?(7 ^Sí?/í^r.
^í¿
cf. J5. J /.
PORTICO
Es nuestra Epopeya como tupida selva de laureles.
Y entre el lauredal, son tantos los ejemplares de gran
tamaño y frondoso ramaje y penetrante aroma de glo­
ria, que se confunden y se esconden unos a otros, de
modo que muchos que debieran destacarse permanecen
semi-ocultos. Hasta que, impermeables ellos al olvido,
van las generaciones a solicitarlos. Y allí los encuen­
tran, enhiestos, frescos, con perfume vital suficiente pa­
ra alentar siempre el recuerdo y la gratitud de la pos­
teridad.
El símil, sin duda retórico pero tan hermoso en sí
como deficientemente interpretado por nuestras toscas
palabras, viene a cuenta, exacto y elocuente, cuando nos
aprestamos a adentrarnos en la vida y en las obras de
Tomás de Heres. Vida activa, fecunda y ejemplar la
suya. Sus obras, da las que fueron base y fundamen­
to del nacimiento político de un continente. De las que
constituyen edificante ejemplo perenne para los hom­
bres que son hijos de sus esfuerzos y sacrificios.
Es el mismo Libertador quien nos revela el calibre
de la personalidad de Heres. En las tardes de Bucara-
manga, el francés Perú de Lacroix, inspirado en la glo­
ria que recientemente ha ganado su paisano el conde de
Las Casas revelando las ideas íntimas del gran Empe­
rador en destierro, se propone también vincular su nom­
bre a la gloria del gran Libertador, ya dolorido y co­
mo en destierro anímico ante las primeras manifesta­
ciones de ingratitud de sus conciudadanos. Ignorante de
que hay una especie de amable espía que persigue sus
pasos para delatarlo ante la posteridad, el Padre de la
Patria habla sin reticencias y expone con la más gran­
de sinceridad sus opiniones y juicios. Fué en una de
aquellas tardes cuando hizo la clasificación de los gene­
rales de Colombia, a quienes nadie podía conocer me­
jor que él.
"Después de comer, nos dice Perú de Lacroix, el Li­
bertador quiso salir a pie, y durante el paseo habló de
los generales de ^Colombia, diciendo que algunos eran
muy buenos, muchos mediocres y otros inferiores, co­
mo en todas partes; que los tenía clasificados de este
modo: primero, los que poseen el genio militar, los co­
nocimientos del arte, tanto en la teoría como en 1-a
práctica, y a quienes se les podía encargar el mando de
un ejército, porque a la vez eran buenos en el campo
de batalla y fuera de él, es decir, en el combate y en
el gabinete; .....................; segundos, los dotados de gran
valor y que solo son buenos en el campo de batalla,
pudiendo mandar una fuerte división, pero a la vista
del Jefe del Ej ército; ................................; terceros, los
que son más propios para el servicio de los estados
mayores y más hábiles en el gabinete que en el cam­
po de batalla; ......................; en fin, Su Excelencia for­
maba una cuarta clase, en la que ponía a los que por
su ninguna aptitud, tanto en valor como en conocimien­
tos en la parte activa y directiva de la guerra, no po­
dían ser comprendidos en ninguna de las tres clasifica­
ciones mencionadas; .....................; que, sin embargo, ai-
gunos de ellos eran buenos para un mando pasivo, co­
mo el de un departamento o provincia". Y al mencio­
nar el Libertador nombres de los generales que perte­
necían a la primera clasificación, es decir, de los bue­
nos tanto en el campo de batalla como en el gabinete,
encabezada la lista con el nombre preclaro del Maris­
cal Sucre y la cerraba con el del general Tomás de He­
res. Los demás eran, primero Flores y Mariano Mon-
tilla, luego Rafael Urdaneta y, por último, Bermúdez
y Mariño.
Basta esta referencia para juzgar y consagrar el mé­
rito de Tomás de Heres, que luego veremos confirmado
con el recuento de la calidad de las comisiones delicadas
y difíciles que siempre le encomendara el Grande Hom­
bre: será el encargado de buscar provisiones, ves­
tuarios, caballerías y parque, cuando ni se sabe de dónde
sacarlos; el que ha de acudir de emergencia a unirse
a las tropas en momentos de gravedad; el que vaya a de­
sempeñar una misión diplomática en territorio que pa­
rece amigo y la verdad es que está lleno de traidores; el
que ha de escribir cartas o editoriales en las gacetas para
convencer a los vacilantes o desvirtuar las calumnias de
los enemigos o de los rivales. En fin, la calidad de la im­
portancia y delicadeza de los servicios de Heres se puede
juzgar ¡por dos solos detalles: un tomo entero de las Me­
morias de O'Leary —el Tomo V— está dedicado a su co­
rrespondencia y a la de los secretarios del Libertador con
él; y gran parte de la correspondencia del Libertador —
desde el Tomo III de la colección de Lecuna— está diri­
gida a él o se refiere a instrucciones que le envía por in­
termedio de terceros, siempre en circunstancias difíciles.
Sin embargo, no es el nombre de Heres de aquellos
que salen a relucir a cada paso cuando se evocan en con­
junto nombres de los fundadores de la nacionalidad.
Pareciera que anda perdido entre la selva de laureles.
Su labor, en verdad, no fué de las más brillantes, sino
de aquellas que necesitaban paciencia, discreción y
energía en los momentos más graves. Pero no deja de
brillar su estrella en el cielo de la patria agradecida y es­
pecialmente en el de la gloriosa provincia que lo vió
nacer. Allí se le ha rendido siempre culto justiciero que
honra a quienes lo tributan lo mismo que a quien lo re­
cibe. Allí una entidad política lleva su nombre. Allí
se aprestan a conmemorar el primer centenario de su
inmerecida por trágica muerte. Allí un gobierno que *
supo interpretar el sentimiento de sus gobernados ha que­
rido que se recopile en un solo conjunto lo mejor que
guarda la posteridad sobre la vida y la obra de quien
sería el más glorioso de sus hijos, si no le hubiese riva­
lizado dignamente, más tarde, el ínclito procer civil Juan
Bautista Dalla-Costa.
Se ha limitado el marco dentro del cual deba ence­
rrarse en esta ocasión el amplio panorama de esa vida y
de esa obra, por lo cual resultará fácil llenarlo, pues
abundan los detalles meritorios que sirvan para darle ca­
rácter y vigor; no aspiramos a estar a la altura de la
tarea, pero creemos que pocos la emprendan con más de­
voción porque quizás también a pocos como a nosotros
les sugestione más esta noble, viril y grave figura, hecha
como de una pieza, un tanto adusta y demasiado recti­
línea, pero así mismo plena de talento, de energía, de
lealtad, en una palabra, de virtudes públicas y privadas.
Figura no propiamente para el bronce ni para el mármol,
sino para la piedra tosca que no solicita brillar sino impo-
narse por modesta y rebelde. No para colocarla sobre
el caballo espectacular, ni aun de pies, en actitud enfá­
tica. Sino para tallarla erecta, en pose militar de
"pie firme". Así mandaba. Y así obedecía. Sin des­
plantes y con muy pocas palabras.
Vamos a tratar de presentarlo dignamente.
Referencias Genealógicas
Tomá-s de Heres nació en Angostura, hoy Ciudad
Bolívar, a la sazón capital de la provincia de Guayana,
el 18 de setiembre de 1795, del legítimo matrimonio de
Don José Fernández de Heres y Doña María Josefa Ri-
vero Morín, personas de calidad; su padre fué Gober­
nador de Guayana en 1810, y la madre era hija de An­
tonio Rivero, Teniente del Real Cuerpo de Artillería de
la provincia. La familia se emparentó con el general
Carlos Soublette, cuando Antonio José Soublette, hermano
de éste, casó con Luisa de Heres, hermana del general
Tomás de Heres. Y el ilustre procer guayanés Juan Bau­
tista Dalla-<Costa tuvo también nexos con la familia
Heres, por ser hijo del italiano del mismo nombre, y de
Isabel Soublette, "hermana de los Soublette Piar Jerez
Aristeguieta", según dice Tavera Acosta en sus "Anales
de Guayana", quien nos informa también que el padre
de Heres llegó a Angostura a fines del siglo XVIII.
Habiendo requerido informes del señor José Antonio
de Sangróniz, Ministro de España en Venezuela, perito
en genealogía, sobre el apellido Heres, conjeturó al prin­
cipio que podía tener algún nexo con el de Jerez,
pero luego nos suministró gentilmente la siguiente infor­
mación: "Es una familia asturiana aunque de origen mon­
tañés. Proceden del Valle de Lloreda, muy cerca de Sare,
en la provincia de Santander. De allí pasaron a Asturias,
estableciéndose en la parroquia de San Jorge de Heres,
Ayuntamiento de Gazón, jurisdicción de Aviles, donde
24 . ....-------------------- ................... . ...... R. , A. „ RONDÓN
, ..
MÁRQUEZ
. —.....................,
construyen casa solariega y armera y toman el nombre de
Heres; -antes se llamaban Fernández de Quevedo (el autor
de este trabajo advierte que, efectivamente, el padre del
General todavía usaba el apellido Fernández). Hay ca­
sas de familia en muchos pueblos de Asturias, pero las
más importantes, además de la de Heres, son: Labiana,
Aviles, Muros de Nalón y Lodón.. El Gobernador de Gua-
yana proviene de la de Aviles. Armas: son las de Que­
vedo: en azur, tres flores de lis de oro, partido de plata,
con estandarte de dos puntas de gules y debajo una cal­
dera de sable sobre llamas". Ya veremos que el general
Heres acreditará la reciedumbre, tenacidad y gravedad
que es característica de los asturianos.
A la edad de nueve años sus padres lo enviaron a es­
tudiar en el Seminario Tridentino de Caracas, donde per­
maneció hasta la edad de quince años, pues con motivo
de la Revolución de 1810 el padre le ordenó volver a su
hogar. Bien se notará después que no fueron mal em­
pleados los seis años de Seminario que disfrutó el joven
Heres, pues en su correspondencia y escritos hace gala
de cultura nada común. Así mismo se cae en la cuenta
de que la educación seminarista contribuyó mucho a la
formación de su carácter adusto y grave.
Simpre fué el general Heres muy consecuente con su
familia. Apenas incorporado a las filas patriotas, escri­
bió al Libertador desde Huaura, Perú, en abril de 1821:
"Después de esto, Excelentísimo señor, permítame
V. E. que eleve a su superior consideración que por la
provincia de Caracas tengo emigrado a mi anciano padre,
vecino de la de Guayana. Señor, estoy cierto que con
justicia nadie puede quejarse de él, y si emigró a la en­
trada de V. E. en aquella capital, sólo fué por ser es­
pañol. Con mi vida, con mi honor mismo respondo de
que si V. E, le permite volver a vivir con su familia, no
tendrá V. E. jamás de qué arrepentirse. Esta familia
también, Excelentísimo señor, está sufriendo mil priva­
ciones por embargo que padece de todos sus bienes. Su­
plico, ruego a V. E. que si es posible, se digne por un
efecto de su bondad, mandar que se les entreguen; pues
V. E. conoce muy bien que aquellas criaturas inocentes no
debieran sufrir los padecimientos de su situación, puesto
que su corazón no ha tenido en ello la menor parte. —
Sírvase V. E. dispensar esta molestia: no se oculta a V. E.
que deberes tan caros como sagrados me obligan a llamar
la atención de V. E. hacia este asunto. En él intereso
no sólo los servicios que haya contraído hasta ahora sino
los que en lo sucesivo pueda hacer; en la inteligencia, se­
ñor, que procuraré cuando esté de mi parte que sean de
algún valor. Yo para mí nada quiero, Excelentísimo señor;
mi ambición está en ver mi patria libre, y en que se me
permita pasar con tranquilidad mis días al lado de mi fa­
milia: si se me concede esta gracia, nada me queda que
desear y V. E. recibirá las bendiciones de toda una fa­
milia cuya suerte está en sus manos".
El 23 de agosto de 1821 escribía desde Lima al en­
tonces general Sucre:
"Desde que Us. está en Guayaquil es esta la pri­
mera ocasión segura de escribirle y la aprovecho con bas­
tante gusto mío. (Celebro sobremanera que en mi primera
comunicación con Us. tenga que darle la enhorabuena por
la feliz entrada del general Bermúdez en Caracas, donde
tengo mucha parte de mi familia, donde he estado mu­
chos años y en cuyo colegio recibí mi educación. Tan in­
teresante acontecimiento ha llenado de satisfacción a todos
los individuos del batallón de mi mando que tanto aman
a su país".
Y el 23 de diciembre de 1824 escribía desde Lima al
general Santander, después de congratularle por la vic­
toria de Ayacucho:
"Después de ésto dígnese V. E., mi general, hacer
conmigo uso de su bondad, imponiéndose de lo que sigue:
A los cinco años de edad me separé de mi familia, a los
diez entré al colegio de Caracas y a los diez y seis tomé
las armas, habiendo siempre estado en campaña hasta el
día. De consiguiente, puedo decir que no he vivido, por­
que yo creo que ni los muchachos ni los colegiales^ni los +
militares en campaña viven. Las incomodidades que ésta
trae consigo, y muy principalmente la guerra del Perú, me
han destruido de tal modo que no me encuentro útil para
nada.—Por otra parte, mi General, la muerte de mi padre,
la vejez de mi madre, y la próxima orfandad de mis her­
manas, unido todo esto al estado miserable de mi familia,
me llaman a su seno. Fastidiado además de la vida pú­
blica, quiero retirarme a mi casa, a ver y consolar a los
míos, y en seguida, si me es posible, irme a Eurotpa y
pasar allí el resto de mis días, que ciertamente serán
pocos por la destrucción de mi físico. Si algún incidente
que no puedo prever en este instante, me impidiese rea­
lizar este antiguo plan, pienso entonces sepultarme en
una montaña de las de Guayana y esperar en ella la
muerte, ignorante e ignorado de todo el mundo".
[Conocedor y apreciador de estos nobles sentimientos
del general Heres, el Libertador en diversas ocasiones se
refirió con interés a su apreciable familia. El 8 de
junio de 1827 le escribió desde Caracas, entre otras
cosas: "He tenido el sentimiento de saber que su madre
murió. Santana me ha hablado por su hermanito y yo
lo voy a recomendar para un destino en Guayana". Y ya
próximo a despedirse de Venezuela, escribe desde Cara­
cas al coronel José Félix Blanco, que estaba en Angostura,
el 2 de julio de 1827: "También recomiendo a usted
ía familia Heres".
El general Heres fundó hogar al volver a su patria,
casándose en Angostura con su prima María Jesús Rodil
Rivero, hija de Juan Alvarez Rodil Martínez y de Mi­
caela Rivero Morín. Prima hermana de los esposos He-
res-Rodil era Jeorgina Rodil, esposa del famoso y vehe­
mente escritor Juan Vicente González, padres ambos de
Jorge González Rodil, autor de un buen texto de Gramá­
tica Castellana.
El general Heres murió sin dejar sucesión.
La Odisea del "Numancia"
En el año de 1825 o 26, ya terminada la guerra contra
ios españoles en el Perú, el señor Federico Brandsen
lanzó en un periódico de Santiago de Chile una invectiva
contra el general Heres; con tal motivo, éste publicó una
Exposición defensiva de los injustos y apasionados cargos
que se le hacían, en la cual leemos:
"Yo tenía muy poco más de catorce años y me ha­
llaba en el colegio de Caracas cuando en el mes de abril
de 1810 estalló allí la revolución. Mi familia se hallaba
en Guayana, cuya provincia desconoció, desde el prin­
cipio, la Junta de Caracas y juró sostener la causa del
rey Fernando. Mi padre había sido, en estas circuns­
tancias, puesto a la cabeza del Gobierno por elección
popular y creyéndome por estos motivos en peligro mien­
tras estuviese en Caracas, me dió orden para que me fuese
a mi casa. Como era natural, marché lleno de gusto a
unirme a los míos de quienes me había separado bacía
más de cinco años. Cuanto yo había oído en Caracas des­
de el mismo día de la revolución y cuanto después con­
tinué oyendo en Guayana, me inspiraba no sólo desafecto
sino horror al nuevo estado de cosas. Todas las personas
que me rodeaban y podían influir en mis primeras im­
presiones condenaban los principios que proclamaba Ca­
racas. Llamada a las armas toda la provincia de Gua­
yana para oponerse a los ejércitos de Caracas, Cumaná y
Barcelona que la invadían, las tomé yo también en un
cuerpo de milicia urbana en que mi padre mandaba una
compañía. Sirviendo ya, este empeño me arrastró a otros
y otros que en mis pocos años era imposible evitar y (te
que mi delicadeza no me permitía después evadirme".
Fué así, por fuerza de circunstancias muy graves,
como el joven Heres se vió constreñido a iniciarse en ]a
carrera de las armas tomándolas a favor de los espa­
ñoles y en contra de la causa patriótica. Como él mismo
lo confiesa y es fácil explicárnoslo, todas las influencias
que lo rodeaban lo impulsaron a tomar esa senda, y si se
considera que la revolución de Caracas había sido pro­
pugnada por los criollos contra las preeminencias de que
gozaban los nativos españoles, entre los cuales se con­
taba su padre, bien se comprende que el joven Heres es­
tuviera más dispuesto a seguir la causa de aquél que cual­
quiera otra, máxime cuando muchos otros factores lo
obligaban a ello.
"Sirviendo ya, este empeño me arrastró a otros y
otros", dice Heres, y así fué como a vino a formar parte
del batallón Numancza, formado con venezolanos, dícese
que por el feroz Yáñez, en los llanos de Barinas. Para
1813 ya este batallón gozaba de tal prestigio que el Li­
bertador, después de la sangrienta acción de Araure (5
de diciembre de 1813), no encontró mejor galardón para
el batallón Sin Nombre, llamado así porque había per­
dido poco antes, el 10 de noviembre, su bandera en la des­
graciada rota de Barquisimeto, que bautizarlo con el
nombre de Vencedor de Araure y obsequiarle la ban­
dera que el NHmanc¿# perdió en ^aquella ocasión. En la
proclama que con este motivo le dirigió el Libertador,
se lee:
"Soldados: vuestro valor ha ganado ayer en el campo
de batalla un nombre para vuestro cuerpo, y aun en me­
dio del fuego, cuando os vi triunfar, lo proclamé el ba­
tallón Vencedor de Araure___Habéis quitado al enemigo
banderas que en un momento fueron victoriosas: se ha
ganado la famosa llamada invencible de JYHTnancfa..."
Desgraciadamente los venezolanos del Namancza con­
tinuaron luchando contra la Patria y contribuyeron en
mucho a la pérdida de la República en 1814. Para 1815,
cuando llegó a Venezuela la expedición de Morillo, se
hallaba en Barinas, Desde aquí empezará su odisea por
la cual serán sus efectivos los primeros venezolanos que
recorrerán el itinerario que luego seguirán sus compa­
triotas fieles en plan de libertad, desde Venezuela hasta
el Perú. He aquí lo que al respecto nos dice el mismo
general Heres:
"En la provincia de Barinas, una de las de Vene­
zuela y la más al sur de ellas, se hallaba el año de 1815
acuartelado el batallón Numancí#, después de haber he­
cho las diferentes campañas que sujetaron aquel país
a la dominación de Fernando VII. En el mismo año
llegó a él la expedición del general Morillo: éste dió orden
para que el batallón de Namanc^a, entre otras tropas, pe­
netrara por los llanos de Casanare e invadiera el Nuevo
Reino de Granada en combinación con el ejército expe­
dicionario que se dirigía sobre Cartagena de Indias. Sus
órdenes se cumplieron empezando la marcha en octubre
de aquel año; pero una desgracia hizo variar al plan obli­
gando al batallón a hacer un movimiento de flanco por
la Sierra y a retirarse a Pamplona, cuya ciudad está pa­
sada la Cordillera, en la misma línea que los mencio­
nados llanos de Casanare. Desde Pamplona -emprendió
nuevas operaciones contra el Virreinato y después de al­
gunas acciones y de ocho meses de campaña, entró triun­
fante en Santa Fé, habiendo sujetado al dominio español
casi todo el territorio. En aquella capital tuvo el batallón
orden para pasar a la Provincia de Popayán y en ella,
pasados algunos meses que permaneció de guarnición, re­
cibió otra para marchar a Lima. En 6 de febrero de
1819 dió principio al movimiento y haciendo marchas con­
tinuas y penosas entró en la capital del Perú el 6 de Julio
de aquel mismo año.
"La ruta que siguió fué de Popayán a Quito, de allí
a Cuenca, de esta ciudad fué por la de Lo ja a Trujillo, y
por último, de ésta a Lima. En Guayabamba pasó la
línea equinoccial y desde Riobamba tomó la asperísima
cordillera de los Andes y la dejó cuando entró en la Pro­
vincia de Piura, la primera, por el Norte, de las del Perú.
R. A. RONDÓN MÁRQUEZ
------------------------------- ------------------------- 1
Más fácil y más corto habría sido la marcha por Gua­
yaquil, pero en el tiempo que pasó por allí el cuerpo, era
impracticable aquel camino por estar enteramente ane­
gado.. Y aunque nada se habría perdido con detenerla
por algunos días, hasta que las aguas hubiesen de'jado
libre el paso a Guayaquil, no se hizo así porque en la po­
lítica del gobierno español estaba destruir una tropa que
por su bravura, su disciplina y su crédito en Costa Firme,
daría recelos continuos, componiéndose como se componía
de americanos. Además, el orgullo de Morillo le dictaba
ser el primero que hacía ejecutar tal marcha.
"Aunque desde la provincia de Barinas hasta Lima
no hay más que unas 1.200 leguas de 5.000 varas castella­
nas, el batallón Numanci# anduvo mucho más, porque,
como he dicho, retrocedió desde Casanare a Pamplona,
esto es, como 150 leguas, y en seguida atravesó el Virrei­
nato en diferentes direcciones, ya paralelamente, ya con-
tramarchando. Pasó los diferentes temperamentos que
hay entre las nieves de la cordillera de los Andes y el
calor abrazador de la línea equinoccial. Diversas ciases
de terrenos, a veces llanos, a veces muy quebrados; y en
fin, cuanto se puede imaginar de malo y difícil, porque
más de las dos terceras partes del camino lo anduvo a
pie. Perdió más de cien hombres. Es el primer cuerpo
que ha hecho esta marcha y probablemente será el úl­
timo, porque nuestras relaciones han hecho conocer que
tales caminos son casi impracticables, que sólo cuando se
quiere hacer morir hombres se deben mandar que los
transiten y que únicamente aquellos que sean tan buenos
que consientan en ir al sacrificio conociéndolo, deben per­
mitir que se les obligue a pasarlo".
Hubiera bastado el recuento de aquella marcha for­
midable para acreditar los méritos de aquel cuerpo si la
fama de sus victorias no le hubieran ya acreditado bas­
tante. Veamos, entretanto, cómo se habían ido for­
mando en el cerebro y en el corazón de Heres las ideas
y sentimientos que lo impulsaron a luchar para que sus
compañeros americanos dejaran la causa que junto con
él habían defendido por tantos años a fin de que consa­
graran sus esfuerzos y sacrificios al empeño que era ya
natural abrigaran todos los americanos. Es él mismo
quien nos lo relata con las siguientes palabras:
"Las instrucciones que el general Morillo dió al co­
ronel Calzada, cuando acababa de desembarcar y que
afortunadamente pude ver, fueron para mí como un rayo
de luz que me manifestó el sistema español en toda su
deformidad y a los españoles tan inicuos como yo no po­
día imaginarlo, ni como ahora mismo lo creyera si no me
constase tanto y tanto. Desde este instante empecé a ver
las cosas de otro modo y consecuente a mis nuevas ideas
pedí en aquellos mismos días mi licencia absoluta, obs­
tinadamente resuelto a retirarme a mi casa y aun a dejar
el país. Calzada se disgustó tanto más de mi solicitud
cuanto que yo era su ayudante y su amigo y porque se iba
a abrir la campaña sobre el N. R. de Granada. Así fué
que mi solicitud no tuvo curso y yo continué padeciendo.
La experiencia me hizo conocer después que si mi pre­
tensión hubiera llegado al conocimiento del bárbaro Mo­
rillo, habría sido infaliblemente sacrificado a su per­
fidia sin que este sacrificio hubiese sido de ningún modo
útil a nadie. Es sabido de todos que entre los españoles
no se obtenía la licencia siempre que se pretendía y que,
bien lejos de esto, la solicitud servía de motivo para aña­
dir el resentimiento y las persecusiones a la desconfianza
que ellos tenían generalmente de los americanos todos.
"Algunos disgustos que tuve con los jefes expedicio­
narios durante la expresada campaña de la Nueva Gra­
nada; la conducta que Calzada, a quien se creía influido
por mí y otro amigo mío, había seguido en ella, tan
opuesta a las instrucciones como contraria a los deseos
del feroz Morillo, unido a todo los servicios que presté a
algunas familias desgraciadas de Bogotá, me atrajeron el
odio de aquél, que, con voz de trueno y semblante infer­
nal, me lo manifestó en su Palacio de Bogotá. Con el fin
de separarme de este tigre y no ser testigo de las horri­
bles escenas en aquella capital, me interesé de separarme
de ella y al fin pude conseguirlo".
Fué, pues, consecuencia del odio de Morillo a los
americanos la causa inmediata de la defección del Nu-
mancí#, para la cual no esperaron Heres y sus amigos
de confianza sino la ocasión oportuna. Esta se presentó
cuando el Perú fué invadido por las tropas argentinas y
chilenas del general San Martín. Para entonces, dice
Heres, "el batallón Numancía era el más brillante cuerpo
del ejército español que guarnecía esta capital (Lima) el
año 20; era la confianza de los Jefes y de todos los inte­
resados en la causa del Rey de España; la base de la mo­
ralidad de todo el país". Y continúa luego:
"Persuadido el teniente del Nii/nanc/a Joaquín Cor­
dero, de que la incorporación del Cuerpo a las filas del
ejército patriota no podía lograrse si yo no me encargaba
de dirigir la obra, ayudado por el capitán Nicolás Lucena
y otros muchos individuos del mismo cuerpo, se decidió a
hablarme para que lo verificase. Cordero confió, y con
razón, en que si yo no obraba conforme a sus deseos, al
menos no descubriría jamás el secreto a pesar de mi
amistad con el Jefe. Prometí trabajar para correspon­
der a la confianza que se me había hecho y para realizar
el objeto; y efectivamente, desde aquel mismo instante
empecé a tomar las medidas que creí oportunas".
Ultimados los preparativos para dar el golpe, se puso
en ejecución en la madrugada del 2 de diciembre de 1820:
un sargento tomó preso al comandante del batallón, co­
ronel Ruperto Delgado, y sin que ocurriera ningún inci­
dente, el cuerpo se puso en marcha desde el sitio de Tra­
piche Viejo, cerca de Lima, a buscar el de Retes, donde
se hallaban las fuerzas de San Martín, al mando del co­
ronel Rudesindo Alvarado. El general español Valdés,
jefe superior de la división a que pertenecía el -ZVn/nan-
cía, que tenía su cuartel general cerca de Trapiche Viejo,
supo la novedad en la misma madrugada, pero ya no pudo
o no acertó a tomar medidas para evitar la unión del
cuerpo a los patriotas: los 800 soldados del Niimancm se
unieron a la una de la tarde del día siguiente a las fuer­
zas de Alvarado, quien poseído de júbilo comunicó el
suceso a San Martín en la siguiente forma:
Hacienda de Retes, Diciembre 3 de 1820.
jRrcmo. 3*eñor Capzfdn Genera/ y en Je/e efe/ Eyerc#o Li­
bertador de/ Pern.
Excmo. Señor:
Con la mayor satisfacción tengo el honor de comu­
nicar a V. E. la memorable ocurrencia de hoy, en que he
tenido la gloria de recibir y abrazar como a hermanos y
compatriotas a todo el batallón de Ntimancía, con casi to­
dos los oficiales, a excepción de algunos españoles que re­
husaron adoptar el partido de sus antiguos compañeros y
que mantengo en mi poder en clase de prisioneros. El
ha sido conducido por el Teniente Coronel graduado D.
Tomás Heres, a cuya firmeza y energía se debe tan im­
portante suceso. Me es indispensable informar a V. E.
el cansancio y desnudez en que se halla actualmente el
expresado batallón, en fuerza de las continuas fatigas que
ha hecho en estos últimos días, en cuya virtud parece
conveniente que se acerquen dos transportes para condu­
cirlo al destino que V. E. juzgue conveniente.
Dios guarde a V.E. muchos años.
RUDESINDO ALVARADO.
El mismo día escribió Heres oficialmente al general
San Martín, así:
Hacienda de Retes, Diciembre 3 de 1820.
jRrcmo. *Señor Cap#dn Genera/ y en Je/e Je/ Ejerc#o í:-
&er/ador de/ Perú.
Excmo. Señor:
A la una de al tarde he tenido la satisfacción de pre­
sentar a las órdenes del señor Coronel D. Rudesindo Al-
varado el primer batallón de Nnmancza, cuya fuerza no
me es posible presentar a V. E. porque una marcha de
veinticuatro horas casi continuada y la falta de tiempo *
no me lo permiten. Dígnese V. E. admitir la más expre­
siva enhorabuena por un paso que evita otros muchos, si
no todos los de Ja presente campaña, y permítame V.
E. que me la dé a mí mismo por haber dado un día de
gloria a la patria y de placer a los hombres sensibles.
Me atrevo a recomendar a V. E. el relevante mérito
que han contraído los señores oficiales que están a mis ór­
denes, el de la imponderable constancia y sin igual su­
frimiento de la tropa, y espero que V. E. me dejará airoso
en varias propuestas que las circunstancias me dictaron
como precisas.
Dios guarde a V. E. muchos años,
TOMÁS DE HERES.
A esta comunicación oficial acompañó Heres en la
misma fecha otra correspondencia particular encaminada
a ponderar el mérito del ^Vurnancxa, "sin que el amor
propio tenga parte, el mejor de Lima", pero también po­
niendo de manifiesto el estado de desnudez de sus com­
ponentes por haber dejado todo el vestuario en aquella
capital. Y en seguida manifiesta Heres un rasgo de no­
bleza que bien califica su carácter, diciendo:
"Me tomo la libertad de recomendar poderosamente
a V. E. el Coronel comandante del batallón don Ruperto
Delgado. Sin embargo de que por su moderación y bellas
maneras se hace apreciable a primera vista, interpongo
por él cuanto valor puedan tener mis servicios, y quisiera
que V, E. lo dejase en libertad, sin que siquiera se le con­
sidere como a prisionero. Esjmi primer amigo y tengo
empeño en que conozca que lo he sido suyo no en mera
apariencia".
Entre los cargos que le hacía Brandsen en la invec­
tiva publicada en Chile, ant&s citada, estaba el de que
Heres "había sido ingrato con su Jefe". A él responde
diciendo que no pudo hacer otra cosa, después de preso,
sino guardarlo, hacer que se le condujese con toda consi­
deración, dejarle sus armas y su caballo y entregarlo sin
escolta al general Alvarado, a quien, lo mismo que a San
Martín en la carta citada, lo recomendó especialmente. Y
agrega: "El señor Brandsen se equivoca en creer que el
Coronel Delgado hubiese sido mi benefactor: fuera de
una muy tierna amistad no le debí nunca otro beneficio.
Desde Subteniente hasta el grado de Teniente Coronel que
obtuve entre los españoles, ascendí siempre por la escala
rigurosa y sin que hubiese debido nunca ningún favor. Si
me fuera lícito citar beneficios, diría que el Coronel Del­
gado era quien debía a mi familia los muchos que por mí
te había dispensado".
Por su parte, San Martín, poseído de júbilo, se apre­
suró a comunicar la buena noticia al Ministro de Guerra
de Chile en comunicación fechada en Supe el 5 de diciem­
bre, en la cual se leía: "El batallón^ de Numancí# con toda
su fuerza, que asciende a 800 plazas, fuera de la música,
se pasó a nuestras filas con una intrepidez que sólo es
propia del pecho de los leales. El 3 a la una de tarde se
presentó el batallón al Coronel Alvarado en la hacienda
dé Retes, y en la madrugada del 4 tuve el inexplicable
placer de recibir las comunicaciones que van desde el
Número 1 hasta el 3.—Esta noticia ha redoblado la fuerza
moral y efectiva del ejército y yo he creído un deber mío
conceder al heroico batallón de Numancía las gracias de
que se instruirá Us. por la orden del día que acompaño
bajo el número 4. Al benemírito Capitán de Cazadores,
graduado de Teniente Coronel, D. Tomás Heres, le he
mandado extender el despacho de Coronel efectivo del
mismo cuerpo, previniéndole que haga las propuestas de
los demás jefes y oficiales que merezcan su confianza y
dándole las gracias a que se ha hecho acreedor por una
empresa que a más de economizar la sangre del Ejército
Libertador, prueba hasta dónde llega el imperio de la
opinión pública".
La orden del día a que se refiere San Martín es la
siguiente:
Número 4)—Orden del día. — Cuartel general de
Supe, Diciembre 4 de 1820.
La heroica lealtad a la Patria del batallón de Nn-
mancí# es digna de todo aprecio y admiración del Ejér- ,
cito: la justicia exige que una acción tan gloriosa reciba
un brillante testimonio de los sentimientos que es capaz de
inspirar. Yo declaro para satisfacción de nuestros nue­
vos compañeros de armas lo siguiente:
1°.—El batallón de A^ma/icza conservará siempre esta
denominación añadiendo el renombre de "Fiel a la Pa­
tria".
2°.—El batallón de NHmancm se considerará el más
antiguo del Ejército Libertador del Perú,
3".—Como última prueba de mi aprecio y confianza
en sus sentimientos, la bandera del Ejército Libertador se
remitirá al de NHmanc¿a y quedará depositada en él mien­
tras dure la campaña.
SAN MARTIN.
El mismo día contestó éste al "Señor Coronel del Ba­
tallón AMmancí# a /a don Tomás de Heres",
en carta que, entre otras cosas, decía lo siguiente:
"Nada puedo decir a U. S. que corresponda a la alta
satisfacción que acabo de recibir con la noticia de la he­
roica lealtad a la Patria que han mostrado los valientes
de Afuma/ic/a, que bajo la dirección de U. S. han venido
a incorporarse a las filas de los Libertadores del Perú.
El honor y gloria de los individuos que lo componen, la
libertad e independencia de la América, todos los más
grandes intereses que han sido por más de diez años el
objeto de nuestros esfuerzos y la causa de los sacrificios
que hemos hecho, de nuestra sangre, de nuestro sosiego y
de cuanto es caro al corazón del hombre, todo se halla
asegurado por la unión del batallón más antiguo del
ejército. Yo sé que el enemigo ha sufrido una pérdida
irreparable, porque los brazos del Afuma/icía no encon­
traban muchos rivales en su ejército, y por lo mismo
preveo la influencia que un suceso tan extraordinario
tendrá sobre el ánimo y los sentimientos de los que aún
quedan con las armas en la mano contra la santidad de
nuestra causa. Por tan grandes motivos, felicito a U. S.
con todo el interés que soy capaz de sentir cuando con­
templo el destino de la América y la trascendencia que
en él tiene este suceso, y creo que el mejor medio de
acreditar mi aprecio es encargar a U. S. del mando de
este batallón, esperando que me haga inmediatamente
las propuestas de todos los oficiales que merezcan su
confianza, incluso los que se hallan aquí y pertenecen a
ese cuerpo".
Al mismo tiempo, acompañó San Martín a Heres una
proclama en la que, después de elogiar el comportamiento
del batallón, decía:
"Compañeros y amigos: Vamos a destruir el poder es­
pañol cerca del centro de su influencia en este vasto con­
tinente: yo os emjpeño mi palabra que tomada la capital
de Lima, os facilitaré todos los medios para que volváis
al seno de vuestras familias y saludéis triunfantes a
vuestros heroicos compatriotas de Cundinamarca y Ve­
nezuela".
Para la época del paso del Niimancía el Libertador
estaba muy lejos del campo de los sucesos: hacía poco
menos de quince días que había concluido con Morillo el
armisticio de Trujillo. No fué sino cuatro meses después,
el 26 de marzo de 1821, cuando desde su cuartel general
de Huaura, San Martín le comunicó el suceso con el mis­
mo tono de júbilo con que, como hemos leído antes, se
anuncia una victoria. Se apresura a reconocer que el ba­
tallón pertenece al glorioso ejército de Colombia, pero
que las necesidades de la guerra del Perú le han obliga­
do a retenerlo dentro de las filas de su mando "con las
distinciones merecidas", bien compenetrado de cuanto
podía esperarse de él. Y termina:
"Al ser instruido V., E. de esta importante adquisición,
yo me anticipo la satisfacción de que V. E. unirá sus votos
a los míos. Defensores de una misma Patria, consagra­
dos a una misma causa y uniformes en nuestros senti­
mientos por la libertad del Nuevo Mundo, pertenece a
V. E. la congratulación de que los soldados de la Repú­
blica de Colombia se empleen contra el poder tiránico de
la España en cualquier parte del Continente en que se
aflija a los hijos de la América". Agrega frases que
ponen de manifiesto el relevante mérito de Heres y demás +
"autores de la transformación del iVnmancza".
R. A. RONDÓN MÁRQUEZ
---------------------------------------- !
Por su parte, Heres se dirige al Libertador desde el
mismo sitio que San Martín, con fecha 11 de abril, di-
ciéndole entre atrás cosas:
"Bien quisieran aquellos individuos marchar inme­
diatamente a su país, pero S. E. el General dan Jasé de
San Martín ha dispuesto que queden en el ejército con la
solemne promesa de que sus votos serán satisfechos tan
pronto como se decida la campaña. Y perteneciendo ese
batallón a esas provincias, a cuyos destinas preside V. E.
tan dignamente, y teniendo yo además la satisfacción de
mandarlo, lo elevo tado a la consideración de V. E. porque
así lo creo de mi deber en la primera ocasión que se me
presenta". Ruega en seguida Heres al Libertador que se
digne aprobar los ascensos que han sido efectuados y
acompaña una relación por la cual se ve que, para la
fecha, el batallón consta de 996 individuos, de los cuales
671 son colombianos.
Cuando el general Sucre llegó al Sur de Colombia
pidió refuerzos a San Martín, y por intermedio de una
de sus altos oficiales escribió a Heres para que, en caso de
aquél se decidiera a enviarlos, hiciera lo posible para
que entre ellos fuera el Au/nancza. Decía entre otras
cosas, por encarga de Sucre, el Coronel comandante ge­
neral Morales: "Caracas, el país de US. y de sus valientes
continuará escribiendo sus glorias y los servicios de sus
hijos sobre las banderas de Nnmanc¿a siempre fiel a la
Patria". Fué entonces, setiembre de 1821, cuando desde
Lima escribió Heres a Sucre quejándose de que no se le
había dado autorización para usar la bandera de Colom­
ba, que continuaba usando la de Chile contra su voluntad,
que el deseo de todos era ir a unirse al ejército colom­
biano. Y le consultaba si, en caso de no obtener satisfac­
ción a su demanda, deberían continuar en el Perú.; Ter­
mina diciendo: ".. .si se me niega el uso de la bandera de
Colombia, estamos todos resueltos a marcharnos allá, por­
que hemos creído que las tropas de aquella república no
pueden ni deben abanderarse baja las de otros ningún
Estado, menos contra la voluntad de ellas mismas y aun
menas contra solemnes promesas que se les han hecha".
Contestó el general Sucre encomendándole mucha pru­
dencia en su proceder.
Mas, lo que pasaba era que ya para esta fecha Heres
se había disgustado con San Martín. Afirma él que
después de la ocupación de Lima por éste, como conse­
cuencia de la retirada voluntaria de los españoles, la ca­
pital del Virreinato se convirtió en "la Capua del ejérci­
to" y no solo éste se desmoralizó mucho sino que el mismo
Jefe Supremo pareció envanecido, de modo que algunos
de sus propios subalternos pensaron deponerlo. Creyó He­
res de su deber advertir al Protector y el resultado fué que
éste cobró ojeriza contra él, acabando por excitarlo a que
pidiera un permiso y se retirara al campo so pretexto de
enfermedad. Con fecha 2 de diciembre de 1821 escribió
Heres a Bolívar desde Guayaquil dándole cuenta de estos
sucesos. En dicha carta se lee: "Ocho días permanecí en
el campo y mientras estuve en él, se supo en la capital el
motivo de mi separación; la opinión pública me honró
con pronunciarse en mi favor de una manera alarmante,
y S. E. entonces me dió orden que me presentase en esta
ciudad a las órdenes del señor General Antonio José de
Sucre, porque, según me dijo, mi permanencia en el
Perú ño convenía a los intereses del Estado. Tales ha*n
sido los acontecimientos que me han conducido a esta
ciudad, donde me he puesto a la disposición del citado
señor General, reteniendo el mando de mi batallón".
Al presentarse en Guayaquil ante Sucre, Heres le en­
tregó una solicitud del Numancía para que sugiriera al
Gobierno de Colombia que éste reclamara el retorno del
batallón como perteneciente al ejército colombiano. E
informó personalmente a Sucre del peligro que existía de
que el cuerpo se desintegrase si continuaba en Lima en
las condiciones existentes. No sabemos que se hiciera
algo al respecto. Luego sólo tenemos porterior conoci­
miento acerca del batallón de que por decreto dictado en
Guayaquil el 22 de julio de 1822, es decir, tres días antes
de la famosa entrevista con San Martín, dispuso el Li­
bertador que el batallón Nn/nancza, a /a Pa/ría, se
Mamase en lo sucesivo Vo#íyeros, y que se le incorporara
a la primera brigada de infantería de la Guardia.
Con este nombre el cuerpo integrado por los prime­
ros venezolanos que realizaron el recorrido de Venezuela
al Perú, hizo las subsiguientes campañas libertadoras
hasta Ayacucho. Y ya no nos referiremos más a él para
entrar a ocuparnos de los servicios de Heres a la causa
de América en unión de sus compatriotas, quienes tam­
bién vencedores desde Venezuela hasta el Ecuador,
pronto seguirían más adelante para completar la obra de
la emancipación del continente.
Tomás de Heres bajo el signo de Colombia
Tanto la correspondencia de Sucre como la de Heres
que inserta O'Leary, nos imponen de que, en cuanto se
vieron y trataron ambos distinguidos oficiales, simpati­
zaron mutuamente, se reconocieron sus respectivos mé­
ritos y entraron a trabajar en la mayor armonía. Los dos
poseían condiciones similares que se pondrían de ma­
nifiesto en los sucesos posteriores: talento, preparación
cultural, conocimientos militares, amor por la disciplina
y el orden, facultades administrativas y, por sobre todo,
fervoroso patriotismo, que era el elemento motor de tan
preciosas condiciones.
Misión a Paira. — La primera misión que confió
Sucre a Heres fué la de trasladarse a Piura para tratar
de acordar operaciones con el coronel Andrés de Santa
Cruz, quien según comunicaciones del general Arenales,
del ejército de San Martín, marchaba de Trujillo hacia
aquella población para cooperar con las fuerzas de Sucre
en las operaciones militares que se proyectaban. En
carta del 12 d ediciembre de 1821, fechada en Guayaquil,
Sucre daba instrucciones pormenorizadas a Heres, quien
al llegar a Piura el 22 de diciembre envió una carta muy
diplomática y halagüeña a Santa Cruz; éste le contestó
en el mismo tono, pero al avistarse ambos impuso a Heres
de que las instrucciones que tenía eran de llegar sola­
mente hasta el límite de la provincia de Loja. Empezó
luego un intercambio de correspondencia con Arenales
que dió al fin por resultado el que se permitiese a Santa
Cruz avanzar hasta reunirse con Sucre. Y de acuerdo
con las instrucciones que ya tenía Heres quedó convenido *
que Santa Cruz avanzaría en determinada fecha por la
vía de Cuenca, hacia donde también marcharía Sucre.
Go&ematfor y Comanc/anfe Genera/ Je /a prwmcta
dé Cuenca.—Regresó Heres al ¡cuartel general de Sucre y
el 22 de enero se movió Sucre con la división colombiana
desde Sanborondón; más o menos para la misma fecha
salió Santa Cruz de Piura y las operaciones se desarro­
llaron con tan buen éxito que en la noche del 14 de fe­
brero se avistaron y abrazaron ambos jefes expedicio­
narios en Saragure: el resultado de la unión constituyó
una verdadera victoria pues el enemigo abandonó sin
combatir la importante población de Cuenca, a donde
entró la División Unida, el 21 de febrero de 1822. "Aquí,
diae Heres, descansó, se vistió lo mejor posible, se au­
mentó y también se consiguieron muchas y buenas bestias
y el dinero suficiente para pagar lo que se debía y llevar
alguna cantidad en cajas".
Premió Sucre los servicios de Heres nombrándolo, a
los dos días de ocupada Cuenca, Gobernador y Coman­
dante General de esta provincia. A este respecto, es­
cribió Heres al Libertador en el mes siguiente: "Sin em­
bargo de lo que hice presente al señor General, S. S. ha
tenido a bien nombrarme Gobernador Comandante gene­
ral de esta provincia, de cuyo destino tomé posesión en
fuerza de la obediencia militar, porque, señor, yo conozco,
lo confieso, que no tengo ni el genio ni los conocimientos
que se necesitan para ordenar un territorio tan vasto
como éste, que los enemigos han desvastado y cuyas rentas
desorganizaron con estudio. Al abandonarlo, los espa­
ñoles se han llevado cuanto existía en arcas, hasta los
archivos. Así que, como V. E. conoce, ha sido menester
irlo creando todo de nuevo y tener un trabajo ímprobo
para conciliar la opinión pública y el buen orden con la
atención de las grandes y urgentes necesidades de las
tropas. Varias veces he dicho al señor General Sucre
que no soy yo el hombre que conviene a esta provincia en
las circunstancias en que se halla, pero siempre se me ha
mandado continuar en el mando; en este estado, señor,
no me queda otro recurso que elevar a V. E. mis súplicas
para que en virtud de lo que llevo expuesto se digne rele­
varme de él, al menos cuando termine la campaña de
Quito, hasta cuyo tiempo yo^protesto a V. E. haber hecho
todo el bien de que sea capaz. Accediendo V. E. a esta
solicitud mía hará un servicio a la Patria y yo le que­
daré muy obligado". Cuando con estas frases quería
demostrar H'eres su incapacidad precisamente mencio­
naba lo que era necesario hacer: reorganizar, allegar re­
cursos, "crearlo todo", según sus propias palabras. El
general Sucre le había descubierto ya facultades patra ello
y en lo sucesivo en ocasiones difíciles lo encontramos en
esta tarea ímproba y sin brillo pero altamente meritoria
porque no había muchos que sirviesen para desem­
peñarla.
Al optimismo que poseyó al ejército por los éxitos
alcanzados, se unió el de habetrse recibido en esos días
comunicaciones del Libertador, fechadas en Cali en los
primeros días de enero, en las cuales "daba varias ór­
denes gubernativas y pedía trasportes para 2.500 hombres
de la Guardia y para S. E. mismo, y que se le aprontasen
en Guayaquil auxilios para emptrender la campaña por
esta parte con 4.500 hombres; avisaba que el general
Valdés u otro jefe obraría por Pasto con 2.500 hombres"
(relato de Heres).
Estos sucesos halagüeños fueron el preludio de los
gloriosos hechos de armas de aquel año: Bomboná, Rio-
bamba, Pichincha.
Roja de servicios su&szgiiíeníes.—Como nos propo­
nemos principalmente destacar después algunos aspectos
del carácter de Heres, en lo que se refiere a sus servicios
subsiguientes, vamos ahora a seguir casi textualmente el
relato que de ellos hace Ramón Azpúrua en las páginas
que a nuestro procer dedica en su obra "Biografías de
Hombres Notables de Hispano-América", agregando sólo
algunos detalles que allí faltan y que son necesarios para
la integridad del asunto, los cuales tomamos de las Cartas
del Libertador, colección Lecuna, y de la correspon­
dencia de Heres (O'Leary).
En mucho contribuyó la actividad de Heres en la Co­
mandancia de Cuenca al allegamiento de recursos que
sirvieron para organizar, armar y equipar el ejército de
Sucre, el cual tras las gloriosas victorias de Riobamba y
de Pichincha, alcanzó el resultado de la ocupación de
Quito y la liberación del territorio que hoy comprende la
República del Ecuador, incluso Guayaquil, a donde el Li­
bertador pudo llegar tranquilamente y avistarse con San
Martín, después que a su vez había obtenido la liberación
de Pasto con la victoria de Bombona. Para esta época
la correspondencia entre Heres y Bolívar era ya copiosa y
éste se había dado cuenta de las excepcionales dotes de
aquel oficial, a quien el 18 de marzo de 1823 nombró Sub­
jefe de Estado Mayor General del Ejército.
Cuando al mes siguiente, abril de 1823, el Libertador
resolvió enviar personalmente a Sucre a Lima, con misión
al parecer diplomática, pero en realidad con el objeto de
informarse a fondo de la situación del Perú, influir en su
política y combinar las futuras operaciones militares, hizo
que H'eres le acompañara. En carta de 7 de mayo Heres
le daba informatciones precisas y preciosas en las cual'es
con mucha agudeza recapitulaba el mal estado interno
del Perú. Pero no todo se podía confiar al papel y para
el 24 del mismo mes ya estaba Heres de regreso en Gua­
yaquil para informar personalmente. En esta fecha es­
cribía Bolívar a Sucre: "Ayer vino el coronel Heres tra-
yéndome una caja de papeles y de noticias. He conver­
sado largamente con él, preguntándole todo lo que me­
recía explicación y he pensado largamente sobre la
suerte del Perú y del ejército libertador". Las noticias
no eran en modo alguno optimistas, pues en la misma
carta decía el Libertador: "¿Quién puede cambiar la
esencia de las cosas? No me persuado que Ud. ni nadie
se imagine que haya virtud mágica, ni poder en hombre
alguno para arrancar las pasiones de los hombres enco­
nados entre sí, para crear caballos y muías en un día, para
transformar reclutas en veteranos, para dar agua a los
desiertos, allanar las montañas y sacar víveres del maná.
¡Creo que nadie puede hacer estos milagros y yo menos
que otro alguno". Hemos insertado este párrafo porque
la anunciación de estas dificultades no era sino el pro­
grama de lo que el Grande Hombre iba a efectuar. ¡Rea­
lizó el milagro!
Los acontecimientos se precipitaron, la situación del
Perú se agravó día a día, no sólo por la fortaleza de los es­
pañoles sino por las disenciones internas, y no se vió otra
salvación que la de llamar a Bolívar, quien el 4 de se­
tiembre entró en Lima. Mas no por ello mejoraron de
inmediato los asuntos, sino que en un momento dado se
vieron en mayor crisis que nunca por la enfermedad del
Libertador en Pativilca y luego por la traición que en­
tregó El Callao a los españoles, mientras el Libertador es­
taba en la Sierra.
Por el siguiente fragmento que tenemos de las Me­
morias del coronel irlandés O'Connor, se comprenderá la
importancia de la misión que por este tiempo desempeñó
Heres en Lima, a la vez que se podrá juzgar de la dig­
nidad con que se le trataba.
"Apenas llegamos a esta capital, averigüé por el alo­
jamiento del general Heres, a quien me dijo el coronel
Cordero que el Libertador había dejado en Lima con ór­
denes para mí.
"El Jefe de Estado Mayor me recibió echado sobre
una cama de extraordinario lujo. El marqués de Torre
Tagle, a quien el Libertador había dejado de Presidente,
sentado delante de la cama, y el conde don Juan de Be-
rindoaga, Ministro de Guerra, sentado al lado de la cama.
Me presenté al general Heres y le comuniqué haber arri­
bado a El Callao esa misma mañana con cuatrocientos
hombres del batallón 7fsmo". Inserta luego O'Connor
las órdenes que recibió de Heres, quien, por lo visto era
el encargado de todos los movimientos de tropas en
aquellos momentos.
La correspondencia de Heres en esta época es admi­
rable: desde Lima informa minuciosamente a su jefe
sobre los desaciertos del Gobierno, el mal estado de la
hacienda y otros detalles que acusaban general desmora­
lización. Muestra además Heres en cartas a sus amigos
una gran inquietud por el estado de salud del Libertador.
La zozobra general hizo que el 10 de febrero de 1824 el
congreso peruano clasurara sus sesiones e invistiera a
Bolívar con poderes dictatoriales.
Durante el segundo trimestre de 1824 Heres fué Jefe
de Estado Mayor General del Ejército y desempeñaba par­
te activa en el Gobierno, establecido en Trujillo. El 15 de
abril le escribía el Libertador desde Ostuco: "Escriba
Vd. a Chile, a Colombia y a donde quiera que haya que
pedir algo, porque Vd. queda ahora de apoderado general
durante mi ausencia de la costa. Piense Vd., busque,
solicite auxilios para el Ejército; Vd. está autorizado y
obligado a todo esto y mucho más". La correspondencia
de Heres informa de cuanto hacía entonces para con­
seguir dinero, vestuarios, caballerías, etc. Ahora, como
en Cuenca dos años antes, su labor contribuyó a los sub­
siguientes y decisivos triunfos de Junín y Ayacucho.
El 28 de octubre de 1824 fué nombrado Heres Ministro
de Güera y Marina del Perú y con tal carácter dió cuenta
personalmente de su administración al Congreso Constitu­
yente el 12 de febrero de 1825. En comunicación de Su­
cre al Vicepresidente de Colombia, fechada en La Paz el
8 de marzo de 1825, se lee: "Cumplo un agradable deber
poniendo en consideración de S. E. el Vicepresidente que
el señor Coronel Tomás Heres, habiendo sido nombrado
Ministro de Guerra del Perú, ha trabajado en favor del
Ejército colombiano con tanto o más interés, si es dable,
que cuando servía la Secretaría General de S. E. el Liber­
tador. Su esmero por proporcionar dinero, vestuario, etc.,
para el Ejército ha excedido mi gratitud, y yo no debo li­
mitarla a mí solo sino manifestar estos servicios al Gobier­
no, en justicia al mérito del señor Coronel Heres, por el
cual espero las consideraciones del Gobierno". Esta hon­
rosa comunicación nos recuerda que Heres sirvió tam­
bién la Secretaría del Libertador, lo que ocurrió en la in­
quietante época de la enfermedad de Pativilca.
Dos semanas después de su Cuenta al Congreso, e!
25 de febrero, Heres fué ascendido por dicho alto Cuerpo
al grado de General de Brigada. Los Secretarios del Con­
greso comunican al Ministro de Estado su determina­
ción con estas palabras: "Teniendo en consideración el
Congreso los grandes servicios hechos por el Coronel
Tomás de Heres a la causa pública desde antes de la pro­
clamación de la independencia del Perú, su infatigable
celo en los diversos y delicados destinos que ha desem­
peñado y las demás circunstancias que le hacen muy
acreedor a la gratitud de la Nación, ha resuelto en este
día: que el Libertador le expida el Despacho de General
de Brigada e interponga los más eficaces oficios para
con el Supremo Gobierno de Colombia, a efecto de que
le conceda igual gracia y la licencia para que admita la
que el Congreso le ha hecho, en testimonio del aprecio
que le merecen sus servicios". Y el Ministro don José
Sánchez Carrión, dice a Heres: "Tengo especial compla­
cencia de acompañar a V. S. H. su despacho de General
de Brigada de los Ejércitos de la República. Este do­
cumento del aprecio que ha hecho el Congreso de los
antiguos, constantes y multiplicados servicios de V. S. H. a
la causa del Perú, ha excitado en mí toda la sensibilidad
que debe agitar a un ciudadano que ve, si no premiar
condignamente, a lo menos recordar los servicios de un
Jefe que ha defendido su patria con la consagración, des­
prendimiento y actividad de V. S. H. en medio de un
conjunto de dificultades horrorosas. Sírvase, pues, V.
S. H. aceptar las más puras congratulaciones con que
me felicito a mí mismo al ver su nombre inscrito en la
lista de los Generales de mi patria".
Obtenida la victoria decisiva de Ayacucho, Heres ma­
nifestó insistentes deseos de retirarse a la vida privada,
rogando al Libertador le concediese permiso para ir a
ver a su familia en Venezuela y luego, si era posible,
pasar una temporada en Europa, pues se sentía enfermo
y fatigado. No vió satisfechos sus deseos por este tiempo
sino que por el contrario pasó de la Secretaría de Gueria
y Marina a la llamada de Estado, más amplia, laboriosa
y delicada en tiempo de paz y organización interna. Decía
el Libertador a Santander que antes de marchar al Sur
había procurado que Heres quedara en el Consejo de Go­
bierno para "tener la seguridad de que allí quedaba su
espíritu". Sin embargo, renunció Heres con el pretexto del
mal estado de su salud, pero en realidad porque el Liberta­
dor se lo aconsejó en vista de quejas contra su carácter se­
vera, diciendo que no quería que alguien se quejase en el
Perú por culpa de los colombianos. Dispuso entonces que
Heres quedara como Jefe de Estado Mayor de la división
que mandaba Salom y que sitiaba El Callao para que
"lo ayudara con sus consejos". En este mismo año (21
de marzo) el Gobierno de Colombia, cuyo Ministro del
Exterior era el doctor Pedro Gual, lo nombró su Repre­
sentante en Chile, cargo que no fué de su agrado pero,
según manifestó al Libertador y a sus amigos, le daba
pena no aceptar por ser la primera vez que el Gobierno
colombiano le confiaba una comisión. Sin embargo, el
mismo Libertador lo instó para que no se alejase del
Perú y que no aceptara porque lo iban a tomar en Chite
no como Enviado de Colombia sino como "espía" suyo:
el resultado fué que nunca ocupó tal cargo. El 4 de se­
tiembre escribía desde Lima a Bolívar que estaba en El
Cuzco: "No me iré a Chile puesto que V. E. lo quiere
así: nunca más gustoso yo que complaciéndolo".
Por esta época la correspondencia de Heres para el
Libertador reviste especial importancia porque era el en­
cargado de comunicarle las noticias que llegaban a Lima
en los periódicos sobre los asuntos de Europa, de toda la
América, de Colombia y en particular de Venezuela.
Asimismo desempeñaba también Heres otra misión re­
veladora de su talento y habilidad, que ya antes había
ejercido en los días difíciles del retiro de San Martín
y que ahora se repetían con motivo del disgusto de los
argentinos y chilenos por la fundación de Bolivia: la de
escribir en los periódicos para desvirtuar los insultos que
contra el Libertador y Colombia se escribían en los pe­
riódicos de aquellos países vecinos.
El 12 de febrero de 1826 volvió a ser llamado Heres
a la Secretaría de Guerra y Marina, y cuando el Liber­
tador resolvió Volver a Colombia por motivo de los su­
cesos de Venezuela, ocasionados por las divergencias en­
tre Santander y Páez, se vino muy satisfecho de dejar en
manos de Heres el destino de las tropas colombianas que
quedaban en el Perú. Pero lo que era de esperarse no
tardó en suceder: al volver la espalda Bolívar se desató
en el Perú una fiera reacción contra él y los suyos y fué
lo peor que oficiales del ejército colombiano se prestaron
a estas indignas maniobras. El 26 de enero de 1827, ca­
pitaneados por un oficial de nombre J*osé Bustamante, se
sublevó la división colombiana acantonada en Lima, la
cual puso presos a sus Jefes, entre ellos al principal, ge­
neral Lara. Heres se hallaba en Chorrillos, cercanías de
Lima, y aunque tomó providencias inmediatas para evitar
que el desorden se extendiera a las tropas de El Callao y
pensó en ir a Lima para tratar de Volver los sublevados
a su deber, supo que el estado de efervescencia de la ca­
pital presentaba carácter de gran peligro, por lo que optó
por ir al puerto y tomar un barco que lo condujo a Gua­
yaquil, desde donde escribió al Libertador para darle
parte de estos tristes sucesos. Para él fueron especial­
mente ingratos porque entre los sublevados estaba el ba­
tallón Voí#jeros, antiguo Numancí#, y oficial de este
cuerpo había sido y era el traidor Bustamante.
No pararon ahí los sufrimientos de Heres porque
tampoco se contentaron con lo hecho los infieles del Perú:
resolvieron éstos extender su revolución a Guayaquil, con
doble contentamiento de los peruanos porque no sólo se
desembarazaban asi de los colombianos, a quienes ya re­
pudiaban, sino que éstos, por aberración inconcebible,
llevaban el proyecto de anexar Guayaquil al Perú. Al sa­
berse en Guayaquil que los rebeldes se habían embar­
cado en El 'Callao, los jefes de las tropas acantonadas en
aquel puerto se dispusieron a recibirlos como se mere­
cían, pero el 16 de abril se sublevó la guarnición, y sus
jefes, los generales Valdés y Pérez, a duras penas pu­
dieron embarcarse con dirección a Colombia: con ellos
se embarcó también Heres, quien el 27 de mayo comu­
nicó al Libertador, que estaba en Caracas, su llegada a
Cartagena, "perseguido cruelmente, le dice, por fiel amigo
de V. E. y después de haber pasado mil y mil incomo­
didades y sufrido mil y mil disgustos". Menos mal que
allí encontró la hospitalidad del fiel amigo del Libertador,
general Mariano Montilla. En los detalles que da a Bo­
lívar en la misma carta adelanta ya la presunción de que
no será difícil que se presente la emergencia de tener que
hacer la guerra al Perú.
Informado de que el Libertador regresaba a Bogotá,
Heres se abstuvo de seguir a Venezuela como era su ar­
diente deseo. En Barrancas se avistaron y Heres quedó en­
cargado de recibir un dinero que mandaba Montilla y de
hacer seguir el equipaje del Libertador. Por una carta de
Briceño Méndez nos informamos de que para el 3 de se­
tiembre de 1827 estaba en Puerto Nacional y un mes des­
pués en Honda, según escribió a O'Leary: "Por fin estoy
aquí, le dice, después de mil y mil incomodidades que
previ muy bien pero que debía sufrirlas porque el Liber­
tador lo quiso así". En la carta a Briceño Méndez le
decía que se valía de su amistad para que hiciera pre­
sente a S. E. de la necesidad absoluta en que estaba de
ir al Sur "a arreglar y recoger los intereses que haya po­
dido salvar del naufragio". En toda esta correspondencia
pondera el estado de penuria en que se halla. "No tengo
un real, dice, ni esperanzas de haberlo" y ruega a Briceño
Méndez que le consiga un sombrero, pues le robaron el
suyo a bordo: "que tenga la cabeza pequeña como es la
mía y que no sea muy alto". Le ruega encargue de su parte
a su amigo O'Leary que le tenga una habitación en qué
vivir cuando llegue a Bogotá.
No sabemos luego sino que por diciembre de 1827 es­
taba Heres en Popayán, según carta dirigida a O'Leary, y
seis meses después escribía a Urdaneta dándole cuenta del
carácter grave que tomaban las relaciones con el Perú y,
lo que es peor, del desastroso estado del ejército para el
caso de que se presentase una campaña. Un mes después
(3 de julio de 1828) el Libertador le escribía rogándole
encarecidamente que ayudase al General Flores en la
campaña ya inminente contra el Perú. Le decía: "Ha lle­
gado la época en que debemos obrar contra el Perú a la
defensiva o a la ofensiva; por lo mismo necesitamos de la
cooperación de Vd. para tener un buen éxito en opera­
ciones tan difíciles de combinar como son las que vamos a
emprender contra esos arenales, a tiempo que dejamos
descubierto a Guayaquil. Yo he mandado que lo empleen
a Vd. como 2° Jefe de ese Ejército, y si Vd no quiere servir
como tal, acérquese a Flores para que lo acompañe bajo
el carácter que a Vd. le convenga. La República y yo y
Flores necesitamos de los servicios de Vd. en estas circuns­
tancias y Vd. no debe excusarse de ningún modo. Mire
Vd. que la República se pierde si la campaña del Sur no
tiene buen efecto. Yo preveo mil combinaciones fatales
en el caso de una desgracia. Yo le ruego a Vd. que mar­
che inmediatamente al cuartel general de Flores y que no
se separe de él hasta que yo vaya al Sur o se haya lo­
grado un suceso decisivo en que ya no haya peligros que
temer. Hágase Vd. llevar en hamaca si no puede mar­
char a caballo y escríbale Vd. su oponión, etc."
Volvíase a presentar la oportunidad de seis años an­
tes cuando luchaba por la liberación del Perú: contribuir
a la organización y equipo de un ejército, ilustrar con sus
consejos, intervenir decisivamente. Destinado a obrar
contra los rebeldes de Pasto, derrotó al guerrillero Pa­
redes y lo fusiló. Luego es comisionado con O'Leary para
tratar de obtener un avenimiento con los peruanos pero
el noble intento fracasa en la entrevista del puente de Sa-
raguro. Hubo que luchar, afortunadamente bajo el co­
mando del Gran Mariscal de Ayacucho, también regre­
sado de Bolivia lleno de desencanto por la ingratitud de
aquellos a quienes había dado libertad. Y se obtuvo la
victoria del Pórtete de Tarqui. "El señor General Heres,
dice Sucre en el parte oficial, se ha recomendado por una
admirable serenidad en los riesgos de esta jomada". Allí
obtuvo Heres el grado de General de División y fué co­
misionado para perseguir a los peruanos y limpiar de
ellos la provincia de Lo ja. Cuando el 16 de mayo de
1829 se le concedió su retiro con goce de la mitad de su
sueldo correspondiente a dicho grado, le ofició Flores:
"Al hacer uso US. de las letras de cuartel que ha solici­
tado del Gobierno, creo de mi deber dar a US. las más ex­
presivas gracias por los muy distinguidos servicios que
ha prestado US. a la República en calidad de Segundo Jefe
del Ejército del Sur y por su brillante comportamiento en
la jornada de Tarqui. La saparación.de US. ha causado
un profundo sentimiento en todos los corazones de los S.S.
Jefes y Oficiales y ha dejado un vacío que difícilmente
podrá llenarse en el Sur. US. puede lisonjearse de que
después de haber manifestada sabiduría en el consejo y
valor en los combates, lleva consigo al retiro que ha ele­
gido para la vida, las consideraciones de los primeros
Jefes del Sur, la gratitud de los pueblos y la estimación
de los bravos del Ejército".
Apresuróse Heres a hacer uso de su retiro, pues no
sabemos más sino que para el 20 de octubre del mismo
año de 1829, estaba ya en su ciudad natal de Angostura*
Habían terminado los servicios del General Tomás de
Heres a la causa general de América.
Aspectos salientes de la personalidad de Heres
Aunque lo expuesto hasta aquí es ya suficiente para
formar concepto acerca de las relevantes cualidades y
multiplicidad de facultades del general Heres, hemos se­
leccionado en su correspondencia para el Libertador y
viceversa, y en la de ambos para terceros, algunos inte­
resantes fragmentos que hablan cada uno por sí con más
elocuencia que el mejor comentario. Además, revisten
el interés característico de todo epistolario histórico y,
como sucede en general con las cartas, tienen el precioso
privilegio, como los periódicos, de trasladarnos en pro­
piedad a la época a que pertenecen: bien pudiera decirse,
en resumen, que nos retrotraen a cada época con tal rea­
lidad que nos convierten en testigos o contemporáneos del
tiempo y de los sucesos a que se refieren. Los frag­
mentos siguientes nos revelan al político sensato y de
juicio equilibrado, que observa los sucesos y el ambiente
con tanta perspicacia que en ocasiones llega a adivinar
el porvenir, y ésto tratándose de política interna como
externa; al diestro administrador y trabajador infatiga­
ble que bien puede decirse que conseguía recursos donde
menos parecían hallarse y luego los multiplicaba y dis­
tribuía acrecentando su eficacia; al iniciado en los se­
cretos del arte militar que con conocimiento de causa
podía atreverse a emitir su opinión ante los superiores; al
hombre que ocupado en las labores de la administración,
de la política y del cuartel, le sobraba capacidad y tiempo
para urdir y conducir intrigas diplomáticas y, lo que es
más, para dirigir un periódico, empuñar la pluma y
librar campañas de prensa contra los enemigos internos
y externos; al servidor fiel que, no en balde, por todas
estas altas credenciales, supo conquistarse íntegros el
aprecio y la confianza de sus Jefes y, por tobre todos, del
Libertador, tan ¡exigente que pocos le satisfacían a me­
dida de su deseo; al caballero que sabía corresponder a
esta confianza y a este aprecio no sólo con servicios totales
y desinteresados, sino que agregaba el afecto más rendido,
capaz de llegar al sacrificio. También veremos que aquel
trabajador constante y múltiple derrochaba su actividad
fecunda en medio de padecimientos físicos que nunca lo
abandonaban y cohibido por un carácter "adusto" —el
adjetivo se hizo clásico para aplicárselo a él—, que le
causó muchas desazones en el trato con sus semejantes,
siendo de advertir que esta actitud no era solamente
efecto de sus quebrantos físicos sino de un tempera­
mento austero, recto, inflexible, que en alguna ocasión lo
puso en trance de perder la gracia del mismo Libertador.
Por último, como complemento de lo anterior, contempla­
remos al varón pulcro, escrupuloso y celoso de su repu­
tación que, habiendo manejado fondos y recursos de todo
género y ejercido el mando en épocas de desorden, se
subleva hasta el delirio cuando se pone en tela de juicio
su honradez, ostenta orgullosamente su pobreza como su
mejor presea y confiesa que ha servido sin el estímulo
de intereses u honras personales y que si alguna vez le ha
preocupado el asunto económico es por su familia que
vive en Venezuela sin otros recursos que los que él pueda
suministrarle: esta fidelidad de Heres a su familia, aqui­
latada cuando al regresar a la patria se apresuró a for­
mar hogar casándose con una prima, es otro rasgo hon­
roso y distinto de su recta personalidad, pues, desgracia­
damente, muchos de los altos jefes de la Independencia
no fueron precisamente modelos en su vida privada.
Los fragmentos siguientes dirán si hemos exagerado
en algún punto de esta breve síntesis.
EL POLITICO
Po/zízca Mi/erna.—En carta de 7 de mayo de 1823 in­
forma Heres al Libertador con mucho tino sobre el estado
del Perú y le dice que antes nadie quería la ida de él y
de los colombianos a ese país, pero que ahora, con el pe­
ligro y las disenciones, el deseo de que ello ocurra es ge­
neral y que si no se efectúa no se podrá hacer nada de
provecho porque tanto el gobierno como el ejército están
llenos de disenciones, intrigas y rivalidades; que, además,
si el Libertador no va al Perú, Chile no contribuirá con
nada porque sería exponerse a una aventura desgraciada.
En carta del 4 de diciembre de 1823, desde Lima, in­
forma Heres al Libertador que los argentinos y chilenos
se retirarán y quedarán los colombianos solos con l*os
hijos del país, y que en el estado en que están las cosas
será difícil que éstos colaboren con eficacia. Comunica
indicios sobre la traición de Riva Agüero y que todo está
plagado de traidores. Cree que de continuar así, El
Callao se perderá, y no tomado por los españoles, sino
por una traición.
En carta de 19 de diciembre de 1823 desde Lima dice
a Bolívar que la administración es pésima, que hay de­
masiados empleados y que se trabaja sin método. El
Presidente Tagle sólo se ocupa de los partidos y del
mando, firma lo que le presentan y sigue la tertulia. No
hay Hacienda ni cómo crearla. El público no respeta tal
gobierno, ni cree en él y sólo espera males. Las tropas
desertan por la miseria, que llega al hambre. Y así están
comprado a $ 16 fusiles que sólo valen 10 y sables a $ 11
cuando se consiguen hasta a 4. Que Bolívar se encargue
del poder de un todo, variando el Gobierno, porque si no
todo se pierde y sobre los colombianos caerá la responsa­
bilidad; que se amnistíe a los comprometidos de todos los
partidos para intentar una unificación; que se mantenga
la capital sin comprometer las operaciones porque de
allí tienen que salir los recursos; que se ocupe a Pasco
por medio de partidas y con una fuerte reserva en Huá-
nuco, porque "sólo Pasco nos puede proveer de dinero
y sin éste no hay que pensar en guerra"; que el manejo de
fondos lo tome un individuo muy adicto y honrado, que se
publiquen las cuentas y se invite a todos a delatar a los
malversadores; que todo oficial nativo o extranjero que
no se presente a servicio se le haga salir de Lima, y que
ai no se puede sostener la capital se traslade la Casa de
Moneda a Cajamarca, para amonedar allí los metales cer­
canos "porque siempre será mi principio favorito dinero,
dinero, dinero".
Del 5 al 9 de febrero de 1824 comunica al Libertador
desde Lima que desgraciadamente sus temores se han
confirmado: El Callao se ha pasado a los españoles.
"Se ha tomado bastante interés en la elección de dipu­
tados, pero observo una cosa que me desagrada mucho.
Nuestros amigos, que son los hombres de juicio, se están
quietos por la fio-jera y por carácter; y mientras tanto,
algunos avechuchos díscolos, exaltados y enemigos nues­
tros, ganan terreno y minan sin cesar. Estoy informado
de una lista en que se propone por candidatos a perso­
nas conocidamente desafectas al sistema o imbéciles",
(Lima, 10 de julio de 1825).
En carta a Pedro Briceño Méndez (Puerto Nacional,
3 de setiembre de 1827), le habla de la conveniencia de
que se hagan regresar los emigrados y de que se hagan
traer canarios a Venezuela, y opina sobre el proyecto de
establecer buques de vapor para los ríos que desaguan en
el Orinoco. Que se deben modificar los reglamentos de
comercio.
Poíífíca earíer/or.—En carta de 4 de diciembre de
1823 comunica al Libertador desde Lima que los perió­
dicos de Buenos Aires hablan del proyecto de la Santa
Afianza de ayudar a España para someter a la América.
Que los liberales están perdidos en España y que parece
inminente una guerra entre el Brasil y Buenos Aires por
la Banda Oriental (Uruguay).
En carta del 26 de abril de 1824, desde Trujillo, anun­
cia al Libertador que ha llegado un barco inglés y que su
capitán Prescott, le ha dado noticias de Europa; que ve
que Inglaterra está favoreciendo la causa americana; que
vienen cónsules para Sur América; que lo mismo sucede
en Estados Unidos; que va a aprovechar para escribir a
los amigos de Londres. Que si hay tiempo va a dar un
convite al capitán inglés.
En carta de 9 de setiembre de 1825 informa al Li­
bertador sobre los asuntos de Europa dohde "se ha acu­
mulado tan gran cantidad de combustibles que parece
cosa indudable que muy pronto haya una terrible explo­
sión". España muy disgustada con Inglaterra y con Es­
tados Unidos por el reconocimiento de las nuevas repú­
blicas americanas y toda la Santa Alianza contra la pri­
mera por el auxilio prestado a los revolucionarios griegos;
Francia refuerza sus guarniciones y la flota de las Antillas
y lo mismo hace España en Cuba y Puerto Rico. Opina
Heres que el Libertador debe regresar a Colombia por si
España y Francia pretenden expedicionar contra la
Tierra Firme.
americana.—En carta de 12 de agosto de
1825, desde Lima al Libertador, opina Heres contra la po­
sibilidad de que Bolívar intervenga en una guerra contra
el Brasil; en cambio se muestra partidario de una expe­
dición a Chiloé, cuyo Gobernador "anda buscando un ex­
tranjero a quien entregarse". Informa sobre el tratado
de amistad, comercio y navegación celebrado entre Gran
Bretaña y Colombia, sobre los rumores de que buques
franceses situados en Martinica intervengan en la costa
del Caribe en favor de España, sobre el empréstito le­
vantado por Montoya y Arrublas en Londres, sobre el
juicio que sé seguía en Bogotá al doctor Peña y sobre las
respuestas recibidas a la invitación para que Chile y Mé­
jico concurran con sus representantes "a la Asamblea del
Itsmo". Sobre el asunto de la guerra con el BrasH habla
alarmado en diversas cartas de esta época.
En carta de 16 de setiembre de 1825 manifiesta Heres
al Libertador que ha sabido que éste ha pedido al Go­
bierno ocho mil mochilas y mil morriones. Alarmado le
dice que "no permita Dios" intervenga en la guerra con
Brasil y que ojalá sea sólo que quiere ponerse en condi­
ciones de no temer nada. Pero bien sea que se trate de
lo uno o de lo otro debe cambiar la organización del Go­
bierno, pues la mayoría de sus elementos son gente irres­
ponsable y sin moralidad; "Yo me asombro de los recur­
sos que tiene este país, pero me admiro al mismo tiempo
del ningún fruto que se saca de ellos por falta de perspi­
cacia, de respetabilidad y de carácter". Que debe poner
a la cabeza del Gobierno a un militar muy SHyo, que el
gobierno de tres, así sean César, Federico y Napoleón, lo
entorpece todo; que el general La Mar es bueno mientras
esté animado y sostenido por Bolívar, pero que ausente
éste sólo ve un hombre, que es Sucre.
En carta de 12 de octubre de 1825, fechada en Po­
tosí, el Libertador informa a Heres sobre su conferencia
con los delegados argentinos que han venido a solicitar
auxilios para la guerra con el Brasil: le dice que se ha
mostrado benévolo pero que no ha hecho ofertas, y agre­
ga: "Buenos Aires está en el mismo estado en que estaba
Lima cuando me llamaron a Guayaquil y por lo mismo
me hacen mil y mil ofertas de mando", etc.
En carta fechada en la Magdalena (Lima, 12 de mayo
de 1826), expone Heres a Sucre sus argumentos contra el
proyecto de la federación americana del Libertador, to­
dos muy sensatos y que luego se vieron confirmados por
la realidad: habla de la dificultad de las comunicaciones,
de las rivalidades de los pueblos, de sus diferencias in­
ternas, que hacen imposible aplicar las mismas leyes en
todos ellos: "El Libertador por más que pueda no alcanza
a destruir la naturaleza de las cosas". Concluye que sería
más sensato trabajar por una federación entre Perú y Bo-
livia y que luego se verá si puede extenderse a Colombia.
En cartas de 30 de mayo y 1" de agosto de 1828, desde
Quito, dice al Ministro de Guerra general Urdanla, que
emprender la guerra con el Perú en las circunstancias rei­
nantes era condenarse a un fracaso: el ejército está des­
organizado y sin elementos suficientes, la hacienda des­
provista y, lo que es peor, la autoridad del Libertador sin
la necesaria consistencia, por los sucesos de Ocaña. Que
es necesario trabajar primero por mudar estas circuns­
tancias adversas.
EL ADMINISTRADOR
En carta al Presidente del Ayuntamiento de Cuenca
(8 de mayo de 1822) se queja de que los negocios pú­
blicos se manejan con mucha desidia, que reina desorden
en las oficinas y que hay morosidad en el suministro de
recursos, que es necesario hacer sacrificios y que la liber­
tad cuesta cara y no se obtiene sin esfuerzo, que si las
cosas siguen como van él obrará militarmente, según sus
facultades.
En la correspondencia desde Lima para el Liber­
tador en noviembre de 1823 informa sobre el estado de
los barcos que están en El Callao, las dificultades para
reunir la contribución de $ 200.000, la falta de subsisten­
cias. Las tropas pasan hambre. Hay muchos oficiales
sin sueldo y se han registrado robos entre militares, lo
que desmoraliza el ejército. Confiesa que él mismo ca­
rece de medios decentes de subsistencia. "Por último,
mi General, yo observo que esto va corriendo, corriendo
a su total disolución". Era la época en que el Libertador
estaba enfermo en Pativilca.
Las cartas de noviembre de 1823, fechadas en Hua-
raz, de Bolívar para Heres, que estaba en Lima, contie­
nen amplias instrucciones para el despacho y aprovisio­
namiento de las fuerzas de mar y tierra, para que le­
vante un empréstito de 300.000 pesos, sobre las negocia­
ciones con Chile para obtener refuerzos, sobre el buen
manejo de los fondos públicos y sobre la política inter­
na del Perú.
"Al fin compré, y a muy buen precio, los vestuarios
que vendía Lynch por letras sobre Inglaterra. Daré a
V#r<y#s los pantalones de paño que le faltan y el resto de
vestuarios lo mando en el C/nm&orazo para que le vayan
al General Sucre a la Sierra, donde únicamente pueden
servir por su fea hechura". (Lima, 19 de diciembre de
1823).
"He propuesto al Gobierno que haga ir a El Callao
a todos los herradores y que se ocupen inmediatamente
en hacer herraduras, y que saquen de la capital todos los
artesanos, si es posible, y los pongan en El Callao y Tru-
jillo, porque nos van a ser muy necesarios---- En la pro­
vincia de Trujillo ni en todo lo demás que ocupan los pa­
triotas hay más artesanos que los que tiene la capital; te­
nemos gran necesidad de equipo y cada día la tendremos
mayor. Vamos a necesitar muchos herrajes y no ten­
dremos quien nos los haga". (Lima, 24 de diciembre de
1823).
En larga carta de 15 de abril de 1824, fechada en
Otuzco, pide el Libertador a Heres: Infinitas herraduras
con sus buenos clavos; muías y caballos; municiones y
armas de todas especies, menos cañones: equipo, maes­
tranzas, dinero y botiquines; maíz para las bestias.
" ........las dificultades son enormes y así Vd. por su par­
te y yo por la mía, no debemos descansar de día ni de
noche". "Escriba Vd. a Chile, a Colombia y a donde
quiera que haya que pedir algo, porque Vd. queda ahora
de apoderado general durante mi ausencia en la costa.
Piense Vd., busque, solicite auxilios para el ejército: Vd.
está autorizado y obligado a todo esto y mucho más".
Con fecha 15 de abril efe 1824, se dirige Heres desde
Trujillo a O'Leary que está en Chile solicitando auxilios:
le informa que en dos meses el ejército ha sido provisto
de gran parte de lo que le faltaba y hay dinero en caja;
que el ejército consta de ocho mil hombres, de los cuales
6.000 colombianos en estado brillante, pero qua aun ha­
cen falta recursos: "Vd., mi querido O'Leary, no debe
perdonar medio para llegar a alcanzar el objeto de sus
encargos. Hable, inste, ruegue Vd. al Gobierno, a los
hoembres de influjo, a los clérigos y frailes, a las mu­
jeres, a todo el mundo. Enamore Vd. si es preciso, en
fin, no le quede a Vd. nada por hacer: abátase, humíllese
y hasta falte a su honor si es menester para conseguir
lo que se pretende. Todo es nada, nada importa cuanto
se haga por la libertad e independencia de América___
Yo por ayudar al Libertador y por obedecer he tomado
el mando de este Departamento. Vd. que me conoce sabe
lo poco que yo puedo hacer, pues eso hago, lo poco que
valen mis servicios, pero los presto sin reservas".
El 17 de abril de 1824 dice Heres desde Trujillo al
Libertador que al fin puede comunicar noticias agrada­
bles. Han llegado a Guayaquil, de Panamá, 1.000 fusiles
y 103 hombres y se esperan los 3.000 hombres tantas ve­
ces pedidos y prometidos. Saldrán para la costa 200 quin­
tales de pólvora y 1.000 fusiles. Con lo que se anuncia
habrá para mayo 5.000 y pico de hombres. "Todo anun­
cia que la rueda quiere parar ya [Maldito Moyano (el
traidor de El Callao) que en 5 de febrero le dió un im­
pulso bastante a tenerla corriendo meses enteros"!
"Hoy pido a todas partes muías y caballos. Doy ór­
denes para que los bueyes vengan a Huanchaco, de don­
de seguirán a los puntos que V. E. señala". (Trujillo, 17
de abril de 1824).
"Esta tarde he estado en Turpo. Puede V. E. contar
conque estarán aquí listas las doce mil raciones y en
Turpo las seis mil para tropa y las dos mil para bestias.
Habrá ganado en abundancia; cantidad suficiente de
buen maíz para los caballos, alguna cebada, bastante
fresca y algunas papas. El maíz es morocho que dicen
no hace daño a las bestias: yo lo he visto y es iii más ni
menos como el amarillo de Venezuela. El maíz nocivo
es el que llaman a/mMón, y como por aAbancay, etc., no
podrán proporcionar a las bestias otra clase de grano
que maíz, he creído del caso poner en conocimiento a
V. E. de esta distinción. La caballería (hablo de los
Guías) podrá mantenerse muy bien aquí los días que es­
tuviere; y aun pueden engordar los caballos si los cuidan.
Escribo mañana al coronel Leal sobre los clavos para las
herraduras de los Granaderos, etc." (Huancaray, 27 de se­
tiembre de 1824)¿
"Tú entiendes mejor que yo estas economías de tropa,
sueldos y provisiones, y basta indicarte el deseo del Li­
bertador para que lo hagas mejor de lo que yo te diga".
(José Gabriel Pérez, Secretario del Libertador a Heres,
abril 21 de 1825).
EL MILITAR
En carta a San Martín (Lima, 23 de agosto de 1821)
Heres le hace indicaciones para introducir algunas re­
formas en la organización del ejército a fin de que se
tenga una mejor distribución del trabajo; para que se
estudie y siga en todos los cuerpos de infantería la tác­
tica francesa vertida al castellano en Madrid en 1808 y
para que los cuerpos hagan maniobras y simulacros a fin
de que se adiestren y adquieran serenidad los oficiales
y tropa.
Con carta a José Gabriel Pérez, Secretario del Liber­
tador (23 de abril de 1823) acompaña un plan de opera­
ciones para la campaña del Perú, en el cual adelantó con­
sideraciones que resultaron proféticas, especialmente en
cuanto a la traición por la cual se perdió El Callao, y
otras circunstancias.
En carta a J. Gabriel Pérez (Lima, junio de 1825)
le habla de los vestuarios que deben suministrarse al
ejército: "El soldado, si ha de tener espíritu militar, etc.,
ha de ser aseado". Que no deben los mismos soldados
lavar su ropa, porque lo hacen mal "y es un espectáculo
indigno de una sociedad civilizada ver una multitud de
hombres en cueros andando de arriba abajo y dando
gritos, etc.'?
EL HOMBRE DE LETRAS
"Reniito a V. E. muchos papeles de España que he
conseguido. No he tenido tiempo de leer sino muy pocos
números de E/ Los artículos interesantes que
he leído, si son sobre asuntos de Europa van marcados
con ojo; y si son de América con ojo, ojo. En las colum­
nas de los lados van marcados en el margen, y en las del
centro, al principio del artículo". (Lima, 28 de noviem­
bre de 1823, al Libertador).
"Importa sobremanera que V. E. se sirva hacer co­
piar y remitirme inmediatamente todas las invitaciones
que recibió de las diferentes autoridades de este Estado
para venir a él. La publicación de estos preciosos docu­
mentos está parada por la falta de los que pido en esta
ocasión. Si a V. E. no se le da cuidado de lo que se diga,
a Colombia y a sus amigos no debe suceder !o mismo. A
más de que tenemos una obligación de hacer llegar a
nuestros sucesores la historia fiel de los sucesos. (Lima,
4 de diciembre de 1823).
"Me parece, mi General, que por el bien de la Amé­
rica es ya tiempo de que V. E. deje a cada cual escribir
cuanto le parezca contra los periódicos de Buenos Aires.
Las pecaminosas doctrinas esparcidas en todos ellos, van
desorganizando la América del Sur y dentro de poco será
toda ella Babilonia". (Lima, 8 de diciembre de 1823).
En carta de 3 de febrero de 1824 dice ai Libertador
que el artículo de Ü57 Cenít'ne/# contra Í7 Correo
es suyo, que quizás se le reproche el hablar contra los
Borbones cuando se está trabajando por el Teconoci-
miento de la beligerancia de los patriotas, pero que por
lo que diga un papel de Lima no variará la situación, que
bastantes desvergüenzas se han dicho en Buenos Aíres.
Que tiene buenas personas que escriban para un periódi­
co pero que no puede éste sostenerse porque todos lo
quieren leer de balde; que tratará de asegurar un nú­
mero de suscritores.
"Ha! salido (digo mal, está ya la prueba) del bando
de La Serna. Yo di por escrito mis reflexiones: escribí
bastante para que se escribiese literalmente. Pérez puso
algunas notas buenas, pero a pesar de todo ha salido la
obra, si no mala, al menos como no me gusta. Está
dicho todo con mucha frialdad y con tan poca gracia que
no vale nada". (Trujillo, 17 de abril de 1824).
"Entretanto que los enemigos inundan el país de pa­
peles, nosotros no les podemos oponer una fuerza de
igual naturaleza porque no hay un pliego de papel. Si esta
falta no se remedia no tendremos Gaceía el domingo que
viene: cuento con que a fuerza de trabajos saldrá la de
mañana". (Trujillo, 24 de abril de 1824).
"Tengo la cabeza preñada de ideas que quisiera ma­
nifestar al público por la prensa, pero no tengo tiempo
ni tranquilidad para nada. Por enfermedad de Pellicer
tengo a cuestas la Gacefa, que no he encontrado a quien
encargar porque son o unos holgazanes o unos bestias".
(Lima, 16 de junio de 1825).
"Tiene V. E. infinita razón en lo que me dice sobre
E/ O&sertxidor, y aun si dijera más la tendría igualmente.
E/ O&serpador es un papel indigesto, sin método, en fin;
es más bien un papel de apuntes que un periódico: todo,
todo lo conozco pero hace mucho tiempo que ni lo leo
siquiera. El que lo lleva, aunque con talentos, no quiere
hacer nada; los demás todos son unos flojos sin estímulo;
no se vende nada, el Gobierno lo ha visto siempre con in­
diferencia desde que yo me separé; y por último, lo ha
abandonado enteramente dejando de tomar los números
que yo suscribí cuando fui Ministro. Por todo ésto y mucho
más que me callo por no cansar a V. E., había jurado no
meterme en nada, pero luego que recibí la carta de V. E.
fui al Gobierno, manifesté los deseos de V. E. y ofrecí
mi pluma y mis limitados alcances. Por satisfacer a V.
E., absolutamente más que por ésto, redactaré un pe­
riódico con el título de E/ Peruano y haré cuanto sea per­
mitido a un hombre so/o, con pocos libros y sin ningún
talento. Antes quiero que acabe E/ 0&sert;ador, porque
no quiero nada con él". (Al Libertador, Lima, 4 de se­
tiembre de 1825).
"He visto una tragedia escrita en Filadelfia por un
emigrado español, titulada 7?¿eyo, que tiene una dedica­
toria a V. E.: es muy corta, pero es buena, aunque no
brillante. Quiero que la representen aquí". (Al Liber­
tador, Lima, 4 de setiembre de 1825).
"Si V. E. tuviese la bondad, le estimaría que me man­
dase apuntes para rectificar la biografía de V. E. que se
encuentra en el N° 1 del periódico que se publica en
Londres con el título de Variedades. Si no me engaño
me parece que V. E. escribió algo sobre esto en Caraz el
año pasado". (Al Libertador, Lima, 4 de setiembre de
1825).
En post-data reservada de la carta del 16 de se­
tiembre de 1825, se queja Heres de que el Gobierno ha
dictado un ridículo decreto prohibiendo la introducción
de libros que no sean teológicos ortodoxos, el cual ha
movido la burla y el desprecio público; que por este de­
creto inquisitorial han puesto en la aduana un expur­
ga dor fanático, muy zote y tenido por godo; que él mis­
mo ha tenido que meterse a contrabandista por esta me­
dida, "a pesar del rigorismo de mis principios", porque
necesitaba algunos libros.
"No ha salido aún el periódico que V. E. me tiene
encargado por falta de letra en la imprenta. En estos
días ha llegado una que servirá al efecto. Pienso que el
mayor número de veces posible tenga la mitad en cas­
tellano y la otra mitad en inglés, con artículos en francés.
Me dedicaré a tratar en los primeros números las materias
que a mi juicio sean de una inmediata y real utilidad al
país para ayudar así al futuro Congreso. Después pre­
sentaré proyectos e indicaré mejoras para el porvenir".
(Lima, 23 de setiembre de 1825).
En cartas de 23 y 30 de setiembre de 1825 dice que
ha refutado un artículo de un periódico de Londres en
que se dice que Colombia ha sido la reguladora de los
destinos del Perú sin deber serlo, y que una Gaceta de
Madrid inserta una carta en que se dice que la batalla
de Ayacucho no fué decisiva, lo cual también refutará.
Agrega: "Según veo es menester estar siempre con la
pluma en la mano para contestar acusaciones, aclarar
hechos, rectificar ideas, fundar providencias, etc., etc.
V. E. puede descansar en que seré constante en trabajar,
hasta donde me lo permitan mi débil salud y mis peque­
ños alcances".
"En algunos números de E7 Peruano tomaré por mi
cuenta a los señores de Chile para que nos paguen las
infinitas que nos están haciendo todos los días. Al caso
de E/ Peruano. Me cuesta mil fatigas e incomodidades
por la flojera del país y por mil razones más. Yo lleno
materialmente todo el trabajo y el papel contiene seis
pliegos de manucristo. Sólo V. E. podría haberme me­
tido en esto, y aun así, sólo V. E. podrá obligarme a con­
tinuar". (Lima, 2 de noviembre de 1825).
tH E R' E S' , E' L A D U S T O
.........

"Estamos en una época en que los caracteres de im­


prenta forman un respetable ejército". (A J. Gabriel Pé­
rez, Lima, 8 de octubre de 1826).
"La absoluta falta de papeles públicos de Colombia
ha causado también un enorme mal. Los argentinos y
chilenos inundan a Bolivia, al Perú y aun a Colombia
misma de sus papeles llenos siempre de invectivas y de
calumnias contra el Libertador y los colombianos, mien­
tras que de Colombia no van al Perú sino tres Gacetas y
dos a Bolivia. Nadie en Lima lee un papel de Colombia
y yo mismo he tenido muchas veces que andar a caza de
ellos para conseguirlos y aún así algunas ocasiones no he
podido tenerlos. En el tiempo en que vivimos V. E. sabe
cuanto es el poder de los impresos; yo lo creo tal que lo
prefiero al de las bayonetas, porque éstas se ganan con
estos mismos papeles o con cosas de menos valor. Me
atrevo a proponer a V. E. que por cuenta del gobierno
se remitan muchos impresos de toda clase a toda la Amé­
rica del Sur. De este modo se verá que Colombia existe
y que hay fundadas esperanzas de que vuelva a presen­
tarse al mundo con dignidad y fuerza". (A Santander,
Guayaquil, febrero 25 de 1827).
Por su parte, el Libertador constantemente daba ins­
trucciones a Heres sobre estos temas. Copiamos algunos
fragmentos:
"Ya que hay tan poco papel para la Gaceta, ésta de­
berá tener un margen más pequeño para que cupiese más.
"El próximo Cenfzne/a llevará una respuesta buena a
las mentiras de los godos y esperanzas futuras. La Eu­
ropa nos es favorable, la Inglaterra está decidida ciega­
mente por nosotros, la Francia no hará nada y el resto de
Europa lo mismo. Todo nos anuncia independencia y
triunfo. No haga V. caso de nada de lo que se diga por­
que nada puede cambiar la faz de América queriéndolo
Dios, Londres y nosotros". (Huamachuco, 28 de abr*l
de 1824).
"La refutación de Brandsen me ha parecido muy
bien, está bien escrita en general y tiene rasgos magní­
ficos, picantes y crueles. No me parece que tiene otro de­
fecto sino la de falta de dignidad en algunas expresiones,
como tapa&oca y otras vulgaridades semejantes que no
son elegantes ni brillantes. Para la sátira más cruel se
necesita nobleza y propiedad como para el elogio más
subido. Vea V. "el aire agresor que Dios le ha dado"
tiene toda la belleza y toda la acrimonia que se necesita
para este estilo; otros pasajes son igualmente hermosos.
El papel está brillantemente escrito y con muy pocas co­
rrecciones sería perfecto". (Copacabana, 14 de agosto
de 1825).
"E7 O&servador en un pequeño cuaderno no está
bien, mejor aparecería en pliego entero. El N° 2° no
tiene variedad ni noticias, que son las que interesan. Los
negocios legislativos deben ser comunicados y las colum­
nas deben ir divididas en este orden: A^oticias enfranje-
ras, noticias de/ país, asuntos poéticos o tepisíatipos, va­
riedades, etc., y lo que sea literario o negocios de un in­
terés mayor, que no pertenezcan a dichos artículos. Des­
pués se pueden poner estos otros artículos: Curioso, Es­
tupendo, Nota&te, Gracioso, Escanda/oso y otros títulos
como estos que llamen la atención del público y corres­
pondan a esos títulos. Todo el papel debe estar dividido
en sus diferentes departamentos, digámoslo así. Se trata
hacienda, hacienda, se trata de rentas, Aacienda. Se trata
de Femando VIII, tiranía o fanatismo, según sea el ne­
gocio. Se trata de un hecho raro o desconocido, se pone:
anécdota estupenda, curiosa o escanda/osa, según sea. Los
artículos deben ser cortos, picantes, agradables y fuertes.
Cuando s<e hable del gobierno, con respeto, y cuando se
trate de legislación, con sabiduría y gravedad. Yo quiero
que se proteja un periódico, pero no aparezca Vd. como
principal, más bien que sea el gobierno o Larrea, o un
amigo, pero que se organíce con elegancia, gusto y pro­
piedad. Pídale Vd. dinero a Romero para proteger las
letras". (Copacabana, 14 de agosto de 1825).
En las páginas 287 a 376 del Tomo V de O'Leary, se
hallan: "Apuntamientos del General Heres", sobre los
años 1817 a 1829; "Observaciones sobre la Memoria pu­
blicada en Quito por D. Bernardo Monteagudo"; "Rela­
ción y documentos sobre el paso del "Numancia"; "Misión
a Piura"; "Campaña del Sur.—Operaciones del Ejército
desde el 22 de enero hasta la ocupación de Cuenca en 21
de febrero de 1822", y la "Exposición que hizo Heres para
refutar los dicterios que contra él publicó en Chile D. Fe­
derico Brandsen". Estas noventa páginas no sólo con­
tienen preciosos datos históricos, sino comentarios y ob­
servaciones que muestran la capacidad del autor no sólo
para pensar sino para expresarse. Sus observaciones so­
bre el estado del Perú en las diversas épocas, la pintura de
ciertos caracteres, como las que hace de San Martín y La
Mar y otras referencias semejantes, nos revelan no sólo a
un hombre de talento singular sino de cultura nada co­
mún. Sin embargo en la respuesta a Brandsen, quien lo
acusó de "haber vendido su pluma a los partidos", con­
fiesa que como subalterno del Libertador apenas hizo
otra cosa que cumplir sus instrucciones, y agrega: "Tam­
poco he sido nunca escritor público, ni lo que puedo ha­
cer merece que se me compre. Soldado desde mis tiernos
años, sin maestros y sin tiempo ni proporciones para es­
tudiar, escasamente puedo sostener mi correspondencia
particular. Este mismo papel lo he sujetado a la co­
rrección de mis amigos".
Los siguientes breves trozos nos revelan que el
"adusto" Heres era sensible a la emoción que provoca lo
grande y lo bello, y que entonces —aunque sólo en la in­
timidad de las cartas— no desdeñaba acudir a la frase
literaria, y hasta retórica. Indica también que la amistad
le hacía jovial y aun algo burlón e irónico. Otra prueba
de su capacidad de afecto amistoso la encontramos más
adelante, en su correspondencia con O'Leary.
"Ayacucho en la lengua del país quiere decir rincón
de muertos, cuyo nombre tomó desde la conquista, porque
en él quedaron muchos de resultas de una batalla que
dieron allí ios dos partidos españoles que se disputaban el
mando del Perú. Estas circunstancias presentan a nues­
tros escritores un vasto y hermoso campo en que lucir
sus talentos". (A Santander, Lima, 23 de diciembre de
1824).
El coronel Juan Santana, Secretario del Libertador,
escribía a Heres desde El Cuzco, el 27 de junio de 1825:
"U. me dijo ahora días que le envidiase su suerte
porque estaba en medio de los buenos libros, que ni el
ratón en el queso. Pues lo mismo, y poco mejor estoy
yo entre los monumentos de los Incas, sus palacios, sus
acueductos, sus antigüedades y mil cosas que se suben a
la imaginación como el humo".
Y Heres le contestó: "Cuando empecé a leer la carta
de Ud. que empieza a or/í/as efe/ /a<yo, creí encontrar en se­
guida otro nombre que no fuese el de Titicaca: creí que ve­
ría el del lago de Suiza en que navegaba Julia. Lo conside­
ro a Ud. con la cabeza llena de grandes ideas de resultas
de su viaje por el Alto Perú. Ud. que tanto estima los poe­
tas ingleses, cuántas veces bajo un edificio ruinoso, en
la puerta de alguna vieja fortificación, habrá Ud. excla­
mado: —¡Lo que pueden el hombre y el tiempo! ¡Cuán­
tas muestras de los funestos efectos de la avaricia y el
fanatismo! Ah! Y cómo se parecen los sucesos humanos
a los pequeños riachuelos y a los caudalosos ríos... Yo*
espero que Ud., formado sobre buenos modeles y con
una alma sensible a lo grande, a lo heroico, a lo sublime,
escriba su viaje trasandino de lo que he visto. ¿Por qué
no se ha de decir algo de nuestras cosas, cuando se ha
dicho tanto de Palmira, de la Siria y de cien lugares
más?" (Lima, 4 de setiembre de 1825).
LA ALTA OPINION DEL PADRE DE LA PATRIA
El 13 de setiembre de 1822, poco después de conocer
a Heres, escribía el Libertador a Santander:
" ..., diré a Ud. que después de mi llegada a esta
ciudad se han multiplicado mis cuidados con respecto al
Perú por los informes que me ha dado el coronel Heres
de la incapacidad de los jefes del Perú y de la mucha
capacidad de sus contrarios. Me asegura Heres, a quien
creo, que los realistas del Perú saben maniobrar perfec­
tamente y que triunfarán si se baten en campo raso con
los independientes. Asegura que la actividad de los go­
dos es infinita; que la indisciplina, la falta de entusias­
mo, falta de sistema y, en una palabra, falta de cabeza
de los independientes, contrasta con las cualidades que
tienen los realistas. En fin, amigo, este hombre, que no
es tonto, me ha llenado la cabeza de inquietudes y el
corazón de amargura. Bien puede ser que exagere al­
go, mas yo me inclino a creer que tiene demasiada ra­
zón para juzgar como juzga y yo para temer como te-
mo .
" ... deseo que venga el coronel Heres a darme cuen­
ta del estado de las cosas" (Al general Manuel Valdés,
Guayaquil, 14 de abril de 1823).
La carta del Libertador para Heres fechada en Pa-
tivilca el 9 de enero de 1824, es singularmente importan­
te: contiene instrucciones para que Heres se entreviste
con el Presidente Torre Tagle y convenza a éste para
que negocie un armisticio de varios meses con los espa­
ñoles, engañándolos del modo más fino posible, a fin de
ganar tiempo en la organización del ejército, pues la si­
tuación es grave y no es posible entrar inmediatamente
en operaciones. Al final le dice: "Toda esta tramoya
parece que perjudica pero no hay tal: a los enemigos
no se les engaña sino lisonjeándolos". Le recomienda
mucho sigilo y que ni siquiera se informen del asunto los
ministros. Que se escoja un parlamentario muy inteli­
gente para ir a tratar con el Virrey La Serna, "porque
puede dañarlo todo si no se ejecuta maravillosamente .
"Ayer salió de aquí Pérez a relevar a Ud. en su co­
misión para que venga Ud. a servir su destino,, porque
estoy sin quien me ayude, sin estado mayor y sin seare-
tario". Le da instrucciones sobre dinero, vestuarios y ac­
tividad en las maestranzas del ejército (Bolívar a He­
res, Pativilca, 15 de enero de 1824).
"Póngase Ud. bueno y véngase... Yo estoy solo con
Espinar atendiendo a Colombia y al Perú, a la hacienda
y al gobierno. Nadie puede darme un consejo en el ca­
so más trivial, ni siquiera recordarme en caso de distrac­
ción ..." (Pativilca, febrero de 1824, Bolívar a Heres).
"El Ministro de Guerra Heres marcha conmigo, por­
que este ministerio queda siempre a mi lado; este ofi­
cial tiene excelentes cualidades, aunque no le faltan ene­
migos a causa de su genio adusto, pero se lo recomien*-
do a Ud. para que no me lo vayan a desairar con el tal
despacho de general que le ha dado el Congreso espon­
tánea y libremente, sin el menor influjo de nadie" (Bo­
lívar a Santander, Lima, 23 de febrero de 1825).
"Este viaje me ha obligado a volver a tomar a Pé­
rez para Secretario general, porque no tengo sino dos
personas que pueden desempeñar este empleo, Pérez y
Heres........ Heres debe quedarse en el Consejo de go­
bierno para que mi espíritu pueda quedar en él y no me
suceda lo que a San Martín con Monteagudo y su dele­
gado Tagle". (Bolívar a Santander, 7 de abril de 1825).
"Tenga Ud. la bondad de escribir al general Santan­
der cartas particulares por todos los correos informán­
dole de los negocios y diciéndole que U9. lo hace de or­
den mía, a fin de que sepa el estado de las cosas". (Bo­
lívar a Heres, lea, 20 de abril de 1825).
"En los asuntos diplomáticos daré a Ud. una bue­
na máxima: calma, calma, calma; retardo, retardo, M-
tardo; cumplimientos; palabras vagas; consultas; exá­
menes, retorsiones de argumentos y de demandas; refe­
rencias al nuevo Congreso; divagaciones sobre la natura­
leza de la cuestión y de los documentos.... y siempre mu­
cha cachaza y mucho laconismo para no dar prenda al
contrario. Excúsese Vd. conque es militar; conque no
conoce la naturaleza de los negocios de que lo han encar­
gado (verbalmente); que Vd. es interino y que los nego­
cios del Perú son muy delicados. Sobre todo, téngase Vd.
siempre firme en los buenos principios y en la justicia
universal... Tengamos una conducta recta y dejemos al
tiempo hacer prodigios". (Bolívar a Heres, lea, 20 de
abril de 1825).
"Confieso a Vd. francamente que no creo que tengo
razón para separar a Vd. del ministerio del Perú, pero mi
delicadeza con respecto a la gloria de Colombia y los co­
lombianos me hace susceptible de las impresiones más
prontas y violentas, pues la menor sombra, rumor o sos­
pecha contra mis compatriotas me lanza a la desespera­
ción. Así es que cada día estoy más resuelto a separar a
todos los colombianos del gobierno de este país y del Alto
Perú. Yo solo quiero ser responsable de mis acciones...
estoy resuelto también a dejar en entera independencia
al consejo de gobierno ahora que está compuesto de solo
peruanos, lo que no podía ser antes porque se suponía
que Vd. era el órgano de mis designios". (Bolívar a He­
res, Cuzco, 27 de junio de 1825).
"Yo no quiero que Vd. se vaya a Chile sino que que­
de allí para que dirija al general Salom con respecto a su
gobierno y si Vd. quiere dígale de mi parte que lo encar­
gue del estado mayor de su ejército, pues yo deseo que
Vd. esté en Lima hasta que se reúna el congreso, para
que obre como hasta aquí en beneficio del país". (Bolí­
var a Heres, Copacabana, 14 de agosto de 1825).
"Véase Vd. frecuentemente con el general Heres, que
con su buen juicio y versación en los negocios, puede
serle muy útil". (Bolívar a Salom, Copacabana, 14 de
agosto de 1825).
"Hable Vd. largamente sobre esto a los generales
Salom y Heres para que todo se haga como yo deseo".
(Bolívar al Presidente del Consejo de Gobierno del .Perú,
Unanúe, La Paz, 2 de setiembre de 1825).
"Asi, perdone Vd. de antemano lo que le ofenda, mas
crea Vd. que todo saldrá bien, tanto en el Perú como en
Bolivia, dejando en Lima al general Heres y al general
Sucre aquí". (Bolívar a Santander, La Paz, 17 de setiem­
bre de 1825).
"Al general Heres que tenga ésta por suya y que le
amo de veras", (post-data en carta del Libertador desde
Quito al general Luis Urdaneta, 7 de abril de 1829).
EL AMIGO LEAL
En carta de Heres para Pérez o Espinar, de la Secre­
taría del Libertador (Lima, 6 de diciembre de 1823, a las
2 de la tarde) comunica que ha conferenciado con el Pre­
sidente sobre la enfermedad del Libertador, que tos tiene
muy alarmados. Que resolvieron que salieran dos mé­
dicos con un botiquín bien provisto, y termina: "Por Dios,
que el Libertador se sujete a lo que digan, que tenga con­
fianza en los dos médicos, y que se olvide de cuanto hay
por más grave que parezca. Tenga él salud y lo ten­
dremos todo".
"Antes de despedirme voy a pedir a V. E. un favor.
Que esta carta mía no la vea sino V. E. y después o se
sirva hacerla quemar o guardar donde nadie la lea. Es­
tamos en la revolución, mi General, y demasiados enemi­
gos se echa uno en ella sin merecerlo". (Lima, 19 de di­
ciembre de 1823, Heres a Bolívar).
"He tomado a mi cargo la lista que Vd. indica a Pé­
rez de las cosas que faltaban para la curación y despensa
de S. E. Ya se está buscando todo e irá en el momento
que se consiga. No soy rico, pero dígale Vd. al Libertador
que no se pare en nada, que avise cuanto quiera sin re­
parar su importe, porque tengo recursos para hacer que
no carezca de nada___Si Vd. deja agravar al Liberta­
dor será para Colombia mil veces peor de lo que han sido
Boves y Morales.... Todos los días comuníqueme Vd. el
estado de la salud de S. E. porque estoy inquieto con sus
males". (Heres a Espinar, Lima 8 de enero de 1824).
"Cuídese V. E., mi general. Más que a sí mismo per­
tenece a sus amigos y a la causa de América. Sírvase
V. E. considerar esto". (Heres a Bolívar, Lima, 8 de
enero de 1824).
"Si V. E. cree que soy patriota y adicto como el que
más a V. E. debe descansar enteramente en que nada
quedará por hacer para ayudar a salir a V. E. de su si­
tuación actual. Yo estoy absolutamente consagrado a
este objeto: olvídese, pues, V. E. de cuanto diga relación
a Trujillo y entréguese a lo que tiene cerca y a los espa­
ñoles. V. E. tiene en mí lo que Cicerón contemplaba en
sus amigos". (Heres a Bolívar, Trujillo, 17 de abril de
1824).
"Yo no tengo cuidado por nada, mi General, V. E.
se servirá recordar que cuando todo parecía desplomarse
sobre nosotros yo me mostré superior a los sucesos". (He­
res a Bolívar, Trujillo, 3 de mayo de 1824).
"Tan luego como llegue el General Lamar y V. E.
nombre Ministro de Gobierno, me marcharé a reunirme a
V. E. donde quiera que se halle. Aunque estoy malo, es­
pero que tendré resistencia necesaria para acompañar y
ayudar a V. E. en sus marchas y ocupaciones. Sufro el
remordimiento de creer que habiéndome V. E. hecho la
honra de decirme que le hago falta, debía haber volado
al lado de V. E., pero me he detenido por no dejar mi
puesto sin ser relevado por el mismo que me puso en él".
(Heres a Bolívar, Lima, 10 de julio de 1825). ,
"Al embarcarme para Chile, pasaré por el dolor de
separarme de V. E. contra los juramentos de mi corazón,
pero siento un lenitivo al considerar que esta operación es
después de haberle servido fielmente y con absoluta con­
sagración cerca de cuatro años consecutivos y de que,
si no me alucino, V. E. ha visto en Pativilca y en toda la
campaña del año pasado el mismo hombre que conoció
en Cuenca". (Heres a Bolívar, Lima, 20 de julio de 1825).
En carta de 16 de setiembre de 1825 felicita Heres al
Libertador por los sucesos del Alto Perú (fundación de
Bolivia y decretos de honores de su Congreso) y le agre­
ga: "Si no me engaño, V. E. debe tenerme por un hom­
bre de bien y de alma no común, y por tanto espero que
en la expresión de mis sentimientos encontrará la since­
ridad y las demás nobles consideraciones que les
excitan".
"Dile tú (al Libertador) que esté satisfecho de que
aquí nos guía y guiará siempre su espíritu; que sus opi­
niones serán constantemente respetadas y seguidas, y sus
deseos satisfechos hasta donde sea posible. Que descanse
en esto, pues ya sabe que no soy capaz de engañarle".
(Heres a J. Gabriel Pérez, Lima, 8 de octubre de 1826).
"Si toda Colombia no se pone en manos del Liber­
tador se pierde irremediablemente y arrastra en su ruina
al Perú y Bolivia que en el día son parásitas". (Heres a
J. Gabriel Pérez, Lima, 7 de noviembre de 1826).
HERES, "EL ADUSTO"
"En medio de todo no ha sido pequeña mi satisfacción
de saber que no se me acusa sino de déspota: prueba esto
que no presento ningún otro flanco. ¡Gracias a Dios! (He­
res a Espinar, Lima, 6 de enero de 1824).
"Yo no soy quisquilloso, mi General, sino delicado:
yo trabajo hasta reventar y sm aspzracMM?, por­
que he renunciado a todo hace mucho tiempo y me es
muy sensible que se me trate como se trataría a un ran­
chero. Algo m ás: siento que otros me quieren tratar como
no me ha tratado jamás ningún Jefe, como no me trata
V. E. mismo". (Heres a Bolívar, Trujillo, 22 de abril de
1824).
El 23 de abril de 1824 escribía Pérez a Heres:
"No es necesario ser un profundo diplomático para
adivinar cómo recibiría el Libertador tu extemporánea re­
nuncia. Nada podría justificarla; primero, porque aun­
que estés enfermo, es un destino sedentario; segundo, por­
que aunque sea incómodo y laborioso y tengas que lidiar
con ciertas gentes, no es razón para no servirlo; y tercero,
porque, aunque tú tienes un carácter asperísimo con los
subalternos, vicio que contrajiste con los españoles, y que
te hace millares de enemigos, menos por tu celo y acti­
vidad, que por el tono turco o español en que hablas
siempre, moderándote un poco y poniéndote al nivel de la
decencia con que merecen ser tratados aun los más ín­
fimos subalternos del poder público, no tendrías tantos
sinsabores. Este es el único defecto que tienes a mis ojos,
de resto, eres buen servidor, eres buen amigo, tienes
buen juicio y amas a tu nación".
En carta de 7 de mayo de 1824 dice Heres al Liber­
tador desde Trujillo que sus renuncias nunca se han re­
ferido sino al mando de pueblos; que excusar sus ser­
vicios en el ejército sería indigno, propio de un desgra­
ciado y un insensible. Que siempre ha estado con el Li­
bertador en los momentos más críticos.
El 27 de junio de 1825 escribía Santana a Heres:
"Ciertamente que lo quiero a usted por su rectitud,
por su honradez, por su consecuencia, aunque a veces lo
quiero aborrecer por su carácter adusto, su claridad insul­
tante y su detestable sequedad".
"Mi carácter adusto me ocasiona enemigos. ¿Y puedo
yo cambiar ia obra del 'Creador? Yo sé cuáles son los
hombres que tengo por enemigos, y por tanto, me com­
place más que me disgusta esto, y jamás buscaré su es­
timación. También sé y con mucha satisfacción, los hom­
bres que me aprecian; y conforme a mi deber, solicitaré
siempre con ahinco su amistad y su aprecio. V. E. ven­
drá aquí cuando yo ya haya salido, y tal vez para no vol­
ver más, y espero tendrá la ocasión de juzgar de mí por
mis amigos y mis enemigos". (Heres a Bolívar, 29 de
julio de 1825).
"Al saber V. E. que en virtud de sus anteriores y rei­
teradas promesas mandé a hacer el uniforme de Gene­
ral y me lo puse la primera vez el día de San Simón,
puede V. E. considerar cómo habré recibido la noticia,
que con el título de mafa, me da V. E. acerca del temor que
tenía S. E. el Vicepresidente de que no pasase mi grado.
Si no hubiese dado la desgraciada casualidad de que he
usado el uniforme, tengo bastante patriotismo y regular
idea de la virtud para mostrar más devoción al gobierno
de Colombia desde el mismo día que hubiese llegado a
saber que se me había negado la aprobación". (Heres a
Bolívar, Lima, 2 de diciembre de 1825).
"Ya sé que tengo seis enemigos poderosos en Bogotá,
pero con todo, si el Gobierno me llamare, voy allá aunque
se me sacrifique; mi reputación antes que todo, he aquí
mi divisa". (Heres a O'Leary, Cartagena, 2 de julio de
1827).
"...y a Vd. sabe que, aunque muy dócil y honrado,
S. E. se mortifica mucho cuando encuentra oposición
o cuando no se le habla francamente. Pero estoy resuelto:
o S. E. me promete obrar como yo lo creo en razón, en
justicia, en política, o yo me retiro del servicio para vi­
vir en un rincón. No hay poder sobre la tierra ni hay
motivo alguno que me haga obrar contra el Libertador,
pero tampoco hay fuerza que me haga prostituir mi con­
ciencia. (Heres a O'Leary, Cartagena, 7 de julio de
1827).
En carta de 18 de junio de 1827, fechada en Carta­
gena, se dirige Heres a los Editores de E7 Conductor de
Panamá, para defenderse de cargos que se le han hecho,
pues se le ha llamado asesino y ladrón y, por último, de­
sertor. Dice que si se le llama por haber servido con
los españoles, su conciencia no le acusa de ninguna muer­
te a que haya contribuido de mofn propio, directa ni in­
directamente; pregunta si es ladrón quien habiendo man­
dado más de cuatro años en Colombia y el Perú, había
necesitado pedir prestados mil pesos en Guayaquil para
poder embarcarse; que en cuanto a' desertor, tenía per­
miso de su Gobierno por dos años para ir a Europa y pre­
fería venir a Colombia a pedir un juicio, para luego irse
a descansar con su familia.
La correspondencia de Heres con O'Leary, especial­
mente la de junio de 1826, revela que existía una amistad
tan estrecha entre estos dos servidores del Libertador, que
a veces llegaba a la ternura y hacía cambiar el tono ha­
bitual de Heres, quien en una ocasión le dice: "El len­
guaje de esta carta, tan extraño en un hombre tan seco
y tan frío como yo ¿no será de algún testimonio a mi fa­
vor?" Desea que O'Leary tenga un viaje feliz a Vene­
zuela, "donde lo exigen la amistad y el servicio público
y complázcase en ser tan útil en Caracas como ha sabido
serlo en el Potosí", pero le pide encarecidamente que "si
la fértil y pintoresca campiña de Bogotá y las apacibles
y risueñas márgenes del benéfico Guaire borran de su
imaginación las estériles playas peruanas, al menos las
personas que Vd. deja en ellas, merezcan constantes, y
aun me atrevo a añadir, tiernos recuerdos". Más tarde
le da informaciones íntimas acerca de las numerosas
amigas de ambos en el Perú.
EL SERVIDOR AUSTERO
"Creo indigno de mí e insultante a V. E., que me ha
puesto aquí, entrar en declaraciones sobre los empeños
que se dicen hechos con los Ministros. Puedo llamar una
atroz calumnia este plural. Nadie me ha hablado de tal
contrata, y si su mala suerte hubiese conducido a alguno
a atreverse a tanto, puedo responder con orgullo que ha­
bría sido un motivo de sentimiento algo duradero para
quien lo hubiese intentado. Por ser tan formal como el
que más en el universo, estoy pobre (sin embargo que
V. E. no lo cree) y mi familia está pereciendo. Ya sir­
viendo a los españoles, ya a la patria, he tenido ocasio­
nes en qué hacerme de caudal con más o menos responsa­
bilidad y tal vez sin ninguna. Pero a todo he sido su­
perior, sólo por no tener que avergonzarme delante de
nadie, ni por qué desear que no hablen. Entre los ene­
migos que me han labrado mis destinos, y según se dice,
mi genio ¿no habría alguno que supiese algo que echar­
me en cara? ¿serían tan buenos que me guardasen siem­
pre sigilo? y ¿quién hasta la fecha me ha acusado de
venal?" (Heres al Libertador, Lima, 7 de junio de 1825).
"Mi economía dispone a creerme interesado. Si algún
remordimiento tengo es no serlo tanto como debiera, pues
gasto más de lo que gano y hago otros desembolsos a que
otras personas tienen un derecho muy preferente. Por la
razón de creerme económico, no debían reputarme inte­
resado, porque aquella circunstancia prueba que nece­
sito menos que otros, porque mi vida es frugal y mi con­
ducta reglada". (Heres a Bolívar, Lima, 29 de julio de
1825).
"...¿qué riquezas tengo yo para hacer gastos? Los
que se reducen a 6.000 pesos en dinero, importe del ber­
gantín Boyacd, y 15.000 pesos en efectos que recibí del se­
ñor Cochrane por mis letras contra el empréstito, y los
cuales existen casi íntegros, como lo saben mis amigos, y
4.150 pesos que he remitido en dos años a mi familia ¿de
dónde salen? ¿quién puede decir que me he ensuciado con
medio real? Puedo poner carteles én cuantas partes he
estado, bien seguro de mi pureza. Aunque tuviera un
gran caudal no gastaría sino lo muy indispensable, pri­
mero por carácter, y segundo, porque tengo una madre
anciana y viuda, y unas hermanas honradas, solteras y
huérfanas de padre que viven de mis auxilios y que pe­
recerían de hambre y de miseria si no los recibiesen".
(Heres a Bolívar, 29 de julio de 1825).
El 23 de febrero de 1825, desde Lima, escribía Bolí­
var a Santander: "El Congreso del Perú se ha mostrado
muy generoso: al general Sucre le ha dado el nombre de
Ayacucho y nos ha colmado de honores a todos; ha señala­
do dos millones de pesos para el ejército y para mí. Se le
señalarán algunas fincas a los Generales y Jefes. A Heres
lo han hecho general de brigada y al vicario de nuestro
ejército, canónigo. Yo suplico a Vd. que, si le es posible,
apruebe todas estas gracias, menos la mía porque no la
quiero".
Y a Heres desde Oruro el 26 de setiembre de 1825:
"Supongo que le será a Vd. agradable saber que le
tocan quince mil duros en la recompensa del Alto Perú
y que este dinero estará en su poder antes de seis meses.
Con estos golpes y otros semejantes que Vd. ha recibido
en esta maldita patria, debe Vd. estar muy disgustado,
pero paciencia y adelante".
A lo cual contestó Heres: "Como una promesa de
V. E. es para mí igual a una dádiva, desda ahora agra­
dezco en mi alma la asignación de los quince mil pe­
sos que se ha servido hacerme. V. E. hace a la vez
un gran beneficio a muchas personas desgraciadas, co­
lombianas todas. V, E. que ya debe conocer mis
principios y la estimación que tengo por mi familia,
puede muy bien hacerse cargo, mejor que yo manifestar,
cuán grande será el reconocimiento que V. E. ha sabido
imponerme. Aun sin este golpe, como V. E. lo llama,
jamás me he quejado de la revolución. Bastante patriota
y algo estoico, mis intereses me han ocupado de una ma­
nera secundaria. V. E. sabe que le serví de buena fé y en
cuanto pude". (Lima, 2 de noviembre de 1825).
El regreso de Heres a Venezuela, poco menos que po­
bre, y directamente a su provincia nativa, comprueba que
eran sinceras sus manifestaciones de desinterés en cuanto
al mando y las riquezas y también acerca de sus deseos de
unirse a su familia para pasar con ella modestamente-los
últimos días de su activa y agitada vida.
Eí General Heres paga su tributo a la
política venezolana
Como hemos dicho, fué sincero el general Heres en
las numerosas oportunidades en que se dirigió a sus su­
periores en demanda de letras de retiro para venir a Ve­
nezuela a residir con su familia, sin ambiciones de man­
do ni de riquezas. En su biografía que inserta Ramón
Azpúrua y que se debe a la pluma de Don Ramón Isidro
Montes, se fija la fecha del 20 de octubre de 1829 como la
de la llegada del general Heres a Angostura, es decir, ocho
meses después de la acción de Tarqui (27 de febrero), úl­
timo escenario de sus servicios a la causa de Colombia.
Montes nos dice que apenas llegado a la tierra nativa com­
pró un pequeño campo en las inmediaciones de Angos­
tura y se dedicó a su cultivo: aun en las épocas poste­
riores en que estuco desempeñando cargos públicos, allí
residía de preferencia a causa del mal estado de su salud.
En este mismo año de 1829 fué elegido Heres para
Diputado por la Provincia de Guayana al Congreso Cons­
tituyente que debía reunirse en Bogotá el 2 de enero de
1830, pero no concurrió a sus sesiones; en cambio sí asistió
en 1831, ya separada Venezuela de Colombia, a las de la
Diputación provincial de Guayana, cuyas sesiones presi­
dió en su primera reunión constitucional. También en
1833 vino a Caracas a asistir a las sesiones del Congreso
como Senador por su región nativa, pero renunció el cargo
por el resto de tiempo de mandato que le correspondía,
deseoso de retirarse completamente (le los asuntos pú­
blicos.
Durante todos estos años la personalidad política más
importante de Guayana, después de Heres, era el te­
niente coronel Ramón Constanti, también hijo de es­
pañoles (catalanes) y Procer de la Independencia Surame-
ricana, pues había ido en campaña hasta el Perú y com­
batido en Junín y Ayacucho, regresando a su tierra nativa
antes que Heres, en 1827. Constanti era Gobernador de
Guayana en 1835, cuando la Revolución de las Reformas,
con cuyo motivo el Gobierno Nacional exigió a Heres su
concurso para cooperar en el restablecimiento de la paz;
aceptó la Jefatura del ala derecha del ejército constitu­
cional y junto con Constanti contribuyó a la eliminación
de los brotes revolucionarios que surgieron en Guayana,
mereciendo ser incluido en el Decreto de gratitud na­
cional que dictó el Congreso con fecha 14 de mayo de
1836 a favor de los militares que habían luchado por el
restablecimiento del régimen constitucional.
En el citado año de 1836, a propuesta de la Diputa­
ción Provincial de Guayana, el Vicepresidente de la Re­
pública, Encargado del Poder Ejecutivo, doctor Andrés
Narvarte, lo nombró Gobernador de la provincia, cargo
que se excusó de servir, hasta que alterado el orden pú-
blicó en el pueblo de La Urbana, donde se cometieron mu­
chos y graves desórdenes, tomó el mando, restableció la
tranquilidad y dió garantías y seguridad a toda la pro­
vincia. Según el relato de Montes, "en casi todo el pe­
ríodo de su mando, que terminó en 1840, permaneció en
su campo, a causa del mal estado de su salud, dejando en­
cargados del despacho a los respectivos Jefes políticos".
Sin embargo, fué en esta época cuando empezaron a
definirse los partidos políticos en Venezuela, como conse­
cuencia de los juicios y persecusiones que, si bien por
medios legales, llevaron la intranquilidad a los hogares de
los comprometidos en aquel fracasado movimiento. No
se escapó Guayana de la inquietud que por motivo de la
lucha política se extendió por el país, sino que, por el
contrario, los bandos locales surgieron allí poseídos de
extraordinario encono y violencia. El general Heres se
convirtió en blanco de los ataques del nuevo partido de
oposición, cuyos componentes se titularon a sí mismos
/iMnfropos, por lo que sus adversarios vinieron a ser los
aníropó/ag'os.
Es Bartolomé Tavera-Acosta quien en sus "Anales de
Guayana" nos da detalles sobre la agitada vida política de
esta provincia al surgir los nuevos bandos. Este autor, de
tradición liberal, juzga severamente a Heres y a su ad­
ministración, como se verá por el siguiente párrafo:
"Heres, adusto, severo, acostumbrado a mandar mili­
tarmente y español por herencia y por educación, se con­
tentaba con gobernar en paz, con que todo se le consul­
tara como a un padre, y con perseguir a los vagos, mal-
entretenidos y jugadores de profesión; pero, desgraciada­
mente, también llegaba su inflexibilidad en el cumpli­
miento de la ley escrita hasta no transigir con ciertos re­
clamos de equitativas expansiones comerciales y de bien
entendida tolerancia social, política y religiosa, y apli­
caba rigurosamente los viejos reglamentos, inadaptables
ya a las exigencias de una población ávida de mayores
concesiones y franquicias, en el seno de una república de­
mocrática y libre. En resumen, era un hombre de ta­
lento, probo y de gran energía, cuya educación conserva­
dora, no obstante su clara inteligencia, le impedía mirar
más amplios horizontes de administración y de política".
Como ya conocemos a Heres, hemos de convenir en
que todo lo anterior puede estar ajustado a la verdad,
pero conviene recalcar que, en definitiva, allí no se le
acusa sino de ser inflexible aplicador de las leyes existen­
tes, lo cual constituye en realidad un elogio, pues mien­
tras ellas no fueran reformadas no quedaba otro camino
sino el de acatarlas y hacerlas respetar. Sin embargo, es
explicable que, a más de la pasión política, que no re­
flexiona, la inflexibilidad de Heres tenía que contribuir a
exacerbar los ánimos de sus adversarios.
Tavera-Acosta inserta extensas listas de /¿Mníropos
y a los primeros los capitaneaba el italiano
Juan Bautista Dalla-Costa, padre del más ilustre procer
civil de Guayana y una de las figuras más nobles de la
Venezuela republicana, y entre sus afiliados abunda es­
pecialmente el apellido Afanador; entre los seguidos, fi­
guran después de Heres, el venerable Obispo Talavera,
José Tadeo Machado, el Procer General Ascención Fa-
rreras y, desde luego, otras personas que desempeñaban
o habían desempeñado cargos en los años recientes. Es de
hacerse notar la circunstancia de que los contendores
principales, Heres y Dalla-Costa, estaban ambos emparen­
tados con el general Soublette, quien ocupaba la Presi­
dencia de la República cuando se inició la lucha. Sin
embargo, en E/ FíMnfropo, periódico vocero del nuevo
partido de oposición, se atacaba acerbamente a Soublette
como apoyador de Heres en Guayana. No se salvaba de
estas ataques violentos la meritoria persona del Obispo
Talavera, cuyos servicios a la patria desde 1810 eran de
todos conocidos.
E/ Venazofano, el famoso periódico que en Caracas
publicaba Antonio Leocadio Guzmán y que no puede ca­
lificarse de moderado, decía en su número 143 refirién­
dose a los partidos de Guayana: . .dos partidos fuertes,
extensos y bastante poderosos para destrozarse entre sí
y para dar a la República días de luto si el patriotismo y
la razón no se interponen". En cuanto a E/ FíMnfropo,
decía de él Juan Vicente González que constituía "un mo­
numento histórico de audacia y perversidad". "Pero, co­
menta Tavera-Acosta, González era deudo afín del general
Heres y era en Caracas uno de los que habían tomado la
defensa de su causa". \
Un acontecimiento vino a enardecer los ánimos ya
bastante excitados: en febrero de 1841 el general Heres
fué acusado ante el Congreso de Venezuela "por excesos
de autoridad contra el labrador Aniceto Castellano"; acu­
dió personalmente Heres a Caracas para hacer su de­
fensa y resultó absuelto, pero sus enemigos no recibieron
este resultado como consecuencia de que el Senado no
encontró fundamento para condenar, sino como efecto de
la influencia personal del general Soublette, a la sazón
Vicepresidente de la República. Y fué lo peor que Heres
regresó a Guayana no sólo absuelto sino investido con el
cargo de Comandante de Armas. Entonces se redoblaron
los ataques de los /YMníropos contra Heres, sus amigos y
el Gobierno Nacional.
Haciendo juegos de palabras con el apellido de Heres,
E/ FfMnfropo llamaba a sus partidarios Aereszarcas y Ae-
ro6?í#nos, amén de otros cognomentos como el ya conoci­
do de aHíropd/a<7os y otros como numanímos, serie s, pro-
Ni cortos ni perezosos, éstos llamaban a los
filántropos, ¡fprasferos, con%ra&ancHsías, /ogreros, oí?sfrM C -
cíomsfas. No encontramos en Tavera-Acosta referencia
alguna de que Heres y los suyos tuvieran algún órgano
periodístico, pero no es creíble que les faltara.
Vivía Angostura en ambiente caldeado, como todo el
país, por resultado de la propaganda de prensa que desde
Caracas capitaneaba Antonio Leocadio Guzmán, con re­
percusión en todas las provincias, cuando en la noche del
9 de abril de 1842 ocurrió el asesinato del general Heres
en la propia sala de su casa. tCopiamos la versión de Ta-
vera-Acosta:
"Serían las nueve de la noche del 9 de abril. El Ge­
neral estaba un poco quebrantado de salud y algunos ami­
gos habían ido a visitarlo, entre ellos Machado, el Obispo
de Trícala (Talavera), Armas, Ledezma y Manuel Pil-
daín. Como el calor era fuerte por hallarse corridas las
celosías de las ventanas, el último de los nombrados, acer­
cándose a una de éstas, abrió un postigo para renovar el
ambiente. Retiráronse al cabo de un rato todos menos el
Iltmo. Talavera y Garcés. Hasta la señora de Heres se
había recogido a su aposento. Media hora más tarde el
general permanecía aún sentado junto a su mesa, sobre
la que apoyaba el brazo izquierdo, departiendo con el
Prelado. De pronto, en medio de una pausa, resonó una
detonación, cuya explosión apagó inmediatamente la luz
del salón. En la obscuridad salió el Señor Obispo al co­
rredor y regresó con el asistente del general, que trajo luz
para alumbrar la escena. Al disparo, incorporóse la se­
ñora de Heres y voló al lado de su marido. El general
Heres, bañado en su sangre, yacía por tierra cdn el brazo
izquierdo destrozado. Llamóse acto continuo a los doc­
tores Siegert y Gáspari, únicos facultativos que por los
momentos había en la ciudad. Llegaron éstos, examina­
ron la herida y declararon que era mortal. "Desde la ar­
ticulación del hombro hasta cerca del codo, todos los hue­
sos, músculos y tendones estaban despedazados. Con todo,
se procedió a operar, consistiendo el trabajo en una mera
resección, porque no se encontró tronco sano en qué apo­
yar el instrumento para amputar. A todo esto, la hemo­
rragia era copiosa. El herido, no obstante, conservó toda
su presencia de ánimo, instituyó Mi ver&fs por heredera
universal a su esposa, a quien manifestó que conocía a la
persona que lo había herido. Aconsejó a sus partidarios
mucho orden y nada de venganzas. Hacia las once de la
noche concluyó el trabajo de los cirujanos, sobrevinién­
dolo un síncope. En ese instante el señor Obispo le admi­
nistró la extrema-unción, creyendo que había llegado el
postrer momento. En la madrugada se produjo otro co­
lapso. Una que otra vez lanzó un débil gemido, pero su
semblante, a pesar de la intensa palidez que lo cubría,
conservó siempre su apacibilidad. Por fin, a la 1 p. m.
del día siguiente expiró perdonando a sus enemigos. En
la mañana del 11 se le tributaron al cadáver grandes ob­
sequios fúnebres religiosos y fué inhumado en una bó­
veda del cementerio perteneciente a su amigo Justo Le-
zama. El Obispo ofició de modo pontifical y concluidas
las ceremonias, depuso los ornamentos, tomó la capa con­
sistorial de luto y seguido por el clero acompañó el ente­
rramiento. Desde que se supo en la ciudad la herida
de Heres hasta que salió su cadáver para el cementerio,
aquel honorable hogar quedó convertido en un flujo y re­
flujo de gente de toda clase, edad y condición. El ge­
neral Tomás de Heres falleció a los cuarenta y siete años
no cumplidos. No dejó sucesión.
Muy pocos pormenores se obtuvieron del crimen. El
arma homicida fué disparada por la segunda ventana
contando de norte a sur. El asesino, desde la calle, pro­
tegido por las sombras de la noche, se encaramó en el
poyo de la pared y afianzó el cañón del trabuco entre la
Ciudad Bolívar - (Calle "Libertad", en una de cuyas esquinas
con la calle "Amor Patrio", se halla la casa donde nació y
murió el general Heres).
jamba y el primer balaustre: un tiro a mansalva. La
casa era la misma donde había nacido la víctima, subien­
do tres cuadras por la calle "Libertad", a partir de la
plaza Tala vera, donde se alza el Monumento de Heres,
acera derecha, formando esquina con la calle "Amor
Patrio".
De esta manera indigna falleció el famoso legionario
del Numancza, subalterno de San Martín, grande amigo
y servidor del Libertador y de Sucre, General de Brigada
del Perú y de División de Colombia la Grande, uno de los
más ilustres proceres de la Independencia Suramericana.
Como es de imaginarse, las primeras sospechas de culpa­
bilidad cayeron sobre sus adbersarios políticos y hasta se
hicieron algunas prisiones, pero no se pudo probar nada a
los sindicados, resultando libres de toda responsabilidad
por sentencia del Juez de Provincia, dictada el 27 de fe­
brero de 1843. "Sólo al correr de los años, dice Tavera-
Acosta, vino a saberse en 1853 que el cabo Antonio López,
de la guarnición de la plaza y que estaba franco de ser­
vicio en la noche del 9 de abril, fue el dueño de la mano
que disparó sobre Heres. En ese año de 1853 trató de
aprehenderse al referido López, denunciado por otros
crímenes al Tribunal competente, a cargo entonces de Ma­
nuel S. Díaz. Al efecto, salió este funcionario como en vi­
sita con rumbo a Urbana (Uruana) donde se hallaba el
malhechor: llegó a ella, organizóse un baile de joropo en
un local adonde concurría ordinariamente el cabo López;
en la noche cercó la casa con una guardia, intimósele or­
den de prisión al criminal, pero éste en lugar de obede­
cer hizo armas y se abrió paso burlando a la guardia.
Ocultóse, huyó luego y a las pocas semanas apareció en
la población de Orocué, en el Alto Meta, defraudando así
los reclamos de la vindicta pública". Después de referir
y examinar Tavera-Acosta otras presunciones que corrie­
ron sobre la responsabilidad en la muerte de Heres, con­
cluye: "Empero, sea lo que fuere, lo cierto es que hasta
hoy se ignoran positivamente las causales que pusieron en
manos del cabo Antonio López el arma homicida, o por lo
menos, por falta de documentos escritos en el proceso, no
existe constancia alguna de quién fuera quien lo instigó
al cobarde asesinato". Lo que sí está fuera de duda, es
que el cabo López no obró por iniciativa propia sino in­
fluenciado por terceros que lo pagaron para cometer el
crimen.
Conclusión
Con justicia que la honra, Guayana ha sabido ren­
dir homenaje al más ilustre de sus Proceres de la Inde­
pendencia: el cantón capital de la provincia, hoy Dis­
trito del Estado, lleva su nombre; su retrato fué coloca­
do en el salón de sesiones de la Municipalidad, al lado
de los de Bolívar, Sucre y Talavera, e igual cosa dispu­
so la Asamblea Constituyente del Estado Guayana en su
Decreto de honores de 10 de junio de 1864; un monu­
mento se ha elevado también a su memoria cerca de la
casa donde nació y murió; por último, el gobierno y pue­
blo de su región nativa se preparan a conmemorar el
centenario de su trágica e inmerecida muerte, en virtud
de decreto dictado por el doctor Ovidio Pérez Agreda
cuando recientemente desempeñó la Presidencia del Es­
tado Bolívar.
Por disposición de este decreto fué creado también
un premio para una biografía del General Tomás de
Heres: este trabajo no aspira a ser sino un resumen de
datos biográficos, tarea grata porque el personaje tuvo
una vida variada, activa, honorable y noble. Sin embar­
go, satisfechos nos consideraremos si estos datos bastan
para refrescar ante los contemporáneos un carácter ex­
cepcional, cuya evocación no es solamente asunto de li­
teratura histórica, sino que constituye un ejemplo digno
de ser imitado. Pues que los grandes caracteres, los que
supieron inscribir decorosamente sus nombras en la his­
toria, son grandes precisamente por continuar siendo
maestros y guías de ia posteridad. Y en el caso de He­
res — quien a pesar de sus méritos y servicios no ha brilla­
do con la aureola de otros de sus compañeros de gloria
de la Gesta Magna, porque se contentó luego con ser per­
sonaje provinciano en vez de acercarse ambiciosamen­
te a la capital para intervenir en la política nacional —
bueno era rememorar sus condiciones personales, servi­
cios y méritos ante las nuevas generaciones, quienes pu­
dieran exclamar ante el recuerdo de su vida con la voz
que oyó el Dante al presentarse en el Infierno acompa­
ñado de Virgilio:
'Tom&ra su# farna cA' era 6?¿parí#a".
Memorias del General O'Leary. — Documentos. Tomo V.
Biografías de Hombres Ilustres de Hispano América, por Ra­
món Azpúrua (Biografía del Gral. Tomás dé Heres, por Ramón
I. Montes).
Cartas del Libertador. — Colección Lecuna.
Anales de Guayana, por B. Tavera Acosta.
Documentos para la Historia de la Vida Pública del Liberta­
dor, de Blanco y Azpúrua.
Memorias del Coronel O* Connor.
Página
DOCUMENTOS OFICIALES
Decreto del Ejecutivo del Estado Bolívar.. .. 7
Bases del Certamen....................................................... 9
Veredicto del Jurado.................................................. 11
Acta de la Sesión solemne de la Sociedad Boli-
* variana, Centro de Ciudad Bolívar............... 13
Dedicatoria............................................................................... 17
Pórtico.................... .. .. .. .. .. ................................. 19
Referencias Genealógicas............................................ .. 23
La Odisea del "Numancia"................................................ 27
Tomás de Heres bajo el signo de Colombia............... 41
Aspectos salientes de la personalidad de Heres. . . . 53
El Político.............................................. .... .. ... .. 55
El Administrador........................................................... 59
El Militar............. .. .. .. .. .. .. .. . ............. 62
El Hombre de Letras................................................. 63
La Alta Opinión del Padre de la Patria.. .. 70
El Amigo Leal................ .... .. .. ^. .. .. .. 74
El Servidor Austero..................................................... 80
El General Heres paga su tributo a la política ve­
nezolana................ ......................................................... 83
Conclusión........................................................... ............... 91
¿ Bibliografía.................................................. .. .. .. .. 93
GRABADOS
*
Retrato del General Heres................................................ 16
Casa donde nació y murió el General Heres.............. 87
Ciudad Bolívar (Calle "Libertad", en una de cuyas
esquinas con la calle "Amor Patrio" se halla la
* * casa del General H eres)............................................ * 89