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LA MEDITACION

Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre, entraré en
su casa y cenaré con él y él conmigo”. (Ap 3:20)
Iniciemos nuestro taller con la oración que San Juan Eudes propone para
disponerse a orar:
“Adoremos a Dios, nuestro Padre. Reconozcamos ante él nuestra incapacidad para
orar debidamente. Entreguémosle nuestro corazón y nuestro espíritu con el deseo
de hacer esta oración únicamente por su amor.
Entreguémonos a nuestro Señor Jesucristo para que nos llene de su Espíritu Santo,
puesto que sólo animados por este Espíritu podemos orar como conviene.
Roguemos a la Virgen María, a los ángeles y a los santos, nos concedan la gracia
de hacer bien esta oración”.

En nuestras prácticas diarias el Reglamento contempla la Meditación al menos 15


minutos y ésta debe estar enmarcada en el tema de la Probación. El por qué de esta
actividad nos la ofrece el Padre Basset en las” Nociones indispensables para sacar
fruto de las Probaciones” de nuestro texto guía “Mi encuentro con Cristo”, en sus
primeras páginas.
El P. Basset dice: La oración Mental o Meditación sobre el tema de la Probación es
del todo necesaria para que esta produzca el fruto esperado. En efecto, la
probación exige fuertes convicciones que se adquirirán por la reflexión y la oración,
elementos constitutivos de la meditación religiosa.
Y sobre la meditación, el Catecismo de la Iglesia nos enseña: “La meditación es una
búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción,
el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad considerada, que
es confrontada con la realidad de nuestra vida”. (# 2723)
Es, pues, la meditación un ejercicio piadoso en el que se intenta conocer a Dios o
los misterios divinos; ejercicio que empieza en las facultades cognoscitivas, y
principalmente en el entendimiento, pues meditar es reflexionar, tratar de
comprender; pero que termina en la voluntad, pues se pretende en ella hacerse
bueno y no sabio; conocer para amar; no adquirir la ciencia que infla, sino la caridad
que edifica. La meditación provechosa debe terminar por el amor; pues éste y no el
conocimiento, ni otra cosa alguna, nos une a Dios. De donde se deduce que la
consideración y el discurso no son más que medios para inflamar la voluntad y
excitarla a producir afectos de amor.

Según San Juan Eudes en la oración mental, también llamada oración interior: “el
hombre se entretiene interiormente con Dios, sobre alguna de sus divinas
perfecciones, o sobre algún misterio, virtud o palabra del Hijo de Dios, o sobre
alguna de sus obras en el orden de la gloria, de la gracia, de la naturaleza, en su
santa Madre, en sus santos, en su Iglesia y en el mundo natural. Usa del
entendimiento para considerar con atención suave y fuerte, las verdades que se
encuentran en el tema escogido, capaces de llevamos al amor de Dios y al odio de
nuestros pecados. Luego el corazón y la voluntad producen actos y afectos de
adoración, de alabanza, de amor, de humildad, de contrición, de ofrenda y de
propósito de huir del mal y de obrar el bien, y otros semejantes según las
inspiraciones del Espíritu de Dios.
No hay palabras para ponderar cuán santa, útil y llena de bendiciones es esta forma
de oración. Por eso, si Dios te llama a ella y te da la gracia, debes darle gracias
como de un don precioso. Si aún no te ha dado esa gracia, pídesela y pon de tu
parte lo necesario para corresponder a ella y para ejercitarte en ella. Dios te la
enseñará mejor que todos los libros y maestros del mundo si te postras ante él con
humildad, confianza y pureza de corazón”. (San Juan Eudes, Vida y Reino. Obras
Escogidas).

Esto que propone San Juan Eudes fue muy importante en su época y sigue siendo
importante hoy por varias razones:
Primero: Porque nos recuerda que lo importante en la oración es estar enfocados
(centrados) en Dios y todo lo relacionado con él.
Segundo: Porque nos recuerda que hay que amar a Dios y odiar el pecado, lo cual
tiene que verse reflejado en un estilo de vida saludable.
Tercero: Porque nos recuerda que hablar con Dios es siempre iniciativa de él, por
lo tanto es un don divino que no depende de nuestras buenas intenciones.
Cuarto: Que como todo don de Dios, sino lo tenemos lo podemos pedir con la
certeza que si es para su gloria y para nuestra santificación él nos lo concederá, lo
cual significa, como lo dice claramente San Juan Eudes, que a orar se aprende
orando, más que un libro o un maestro, lo que se necesita es arriesgarse a hacerlo
con amor y constancia

En la obra que tenemos de referencia (Vida y Reino), San Juan Eudes nos deja ver
lo que bien podríamos llamar un modelo o estructura esencial de la meditación del
cristiano, dicha estructura tiene su lógica y su fundamento en la “psicología del
encuentro con Dios”, encuentro que es tipificado por el Santo Francés como un
diálogo amoroso entre Dios (que se revela) y el hombre que lo llega a descubrir y
reconocer y en virtud a ello “responde”.

Pero es importante recordar que el cristiano opera (antes, en y después de la


oración) como “otro Cristo”, es decir, no se trata de orar imitando a Cristo ni de orar
como manipulados o suplantados por él. La oración del cristiano es un verdadero
acto de encarnación de Cristo en la Vida del Creyente y del Creyente en la vida de
Cristo. La espiritualidad cristiana, desde la perspectiva eudista, ya lo dijimos y lo
volvemos a repetir, no es una espiritualidad de imitación, ni de suplantación, es una
espiritualidad de encarnación que tiene su fundamento en el bautismo, de
modo que el cristiano ha sido constituido, ha sido hecho: “hijo en el Hijo”, y con eso
ya vamos entrando a otro de los aspectos esenciales y diferenciadores de la
espiritualidad cristiana vista desde la perspectiva eudista, se trata por así decirlo, de
una espiritualidad bautismal, se ora como hijo de Dios, no aparentando o fingiendo
ser un hijo de Dios.
Por el bautismo hemos sido hecho nueva creatura, hemos sido renovados en Cristo,
por tal razón la oración se puede entender, como el encuentro de Cristo con su
Padre en el Cristiano, de tal manera que la metodología de la oración eudista no es
más que la descripción de cómo Cristo se encuentra amorosamente con su
Padre, por lo cual no hay más método que el método del amor, quedando expresado
en estas palabras del Santo Francés: “En la oración, contemplamos a Dios (Cristo
contempla al Padre en nosotros) en sus perfecciones, misterios y obras; lo
adoramos, lo bendecimos, lo amamos y glorificamos (es la reacción de Cristo a tal
contemplación); nos entregamos a él, nos humillamos por nuestros pecados e
ingratitudes y pedimos su misericordia tratamos de asemejarnos a él por la
contemplación de sus virtudes y perfecciones (Juan 14, 9). Finalmente le pedimos
lo necesario para amarlo y servirlo” (Vida y Reino. Obras Escogidas).

Reflexionemos
 ¿En qué se enfoca la mente cuando se hace la oración mental?
 ¿Para qué sirve este tipo de oración?
 ¿Es un regalo de Dios o es un invento humano?
 ¿Qué podemos hacer si no tenemos el don de poder orar bien con nuestra
mente?

La oración cristiana está siempre determinada por la estructura de la fe cristiana, en


la que resplandece la verdad misma de Dios y de la criatura. La oración cristiana
expresa, la comunión de las criaturas redimidas con la vida íntima de las Personas
trinitarias. En esta comunión, que se funda en el bautismo y en la eucaristía, fuente
y culmen de la vida de Iglesia, se encuentra contenida una actitud de conversión,
un éxodo del yo del hombre hacia el Tú de Dios. La oración cristiana es siempre
auténticamente personal individual y al mismo tiempo comunitaria; rehúye técnicas
impersonales o centradas en el yo, capaces de producir automatismos en los
cuales, quien la realiza, queda prisionero de un espiritualismo intimista, incapaz de
una apertura libre al Dios trascendente. (MC,3)
La meditación cristiana no implica que el yo personal y su condición de criatura
deban ser anulados y desaparecer en el mar del Absoluto. De hecho “el hombre es
esencialmente criatura y así perdura en la eternidad, por eso no es posible que sea
absorbido el yo humano en el yo divino, ni en los más altos estados de la gracia”
(MC, 14).
La meditación involucra todas las facultades del ser humano: la inteligencia, la
memoria, el deseo, la voluntad, la atención, la intuición, la imaginación, el
sentimiento, el corazón, el comportamiento. “Esta movilización es necesaria para
profundizar la convicción de fe, suscitar la conversión del corazón y favorecer el
seguimiento de Cristo” (CIC, 2708).

Son tantos los métodos de meditación como tantos son los maestros espirituales.
Pero un método es sólo una guía, lo más importante es avanzar con la ayuda del
Espíritu Santo sobre el único camino de la oración: Cristo Jesús. “En la búsqueda
de la propia vía cada uno se dejará guiar no por sus gustos personales sino más
bien por el Espíritu Santo, el cual lo guiará por medio de Cristo hasta el Padre” (MC,
29).
El P. Basset nos propone un método para la meditación, que en alguno de sus
escritos lo denominó P.I.C.A.R.O
P=Presencia
I= Invocación
C= Contenido
A= Afectos
R= Resoluciones
O= Ofrecimiento
Y lo explica así en el texto guía “Mi encuentro con Cristo”: Después de recogerte lo
mejor posible en la presencia de Dios y de invocar con fervor el Espíritu Santo leerás
una parte del tema escogido para meditar, procurando grabar en tu memoria una o
dos ideas principales. Entonces empezarás a reflexionar sobre estas ideas y aplicar
estas reflexiones a tu propia persona y a tu conducta. Cada aplicación será para ti
fuente de afectos espontáneos de humildad, gratitud, amor etc. Si no nacen
fácilmente, por ejemplo en un periodo de sequedad, tendrás que recurrir para
inspirarte a las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad o a los fines de la
oración: adoración, acción de gracias, contricción y petición. Naturalmente también
puedes hacer afectos de todas las demás virtudes, con profunda sinceridad.
Terminados estos afectos leerás otra parte del tema. Al final tomarás una resolución
de acuerdo con el tema meditado y a tus necesidades, y pedirás al Espíritu Santo
que te ayude a cumplirla con generosidad.

Reflexionemos
 ¿Cuál ha sido tu experiencia con el método propuesto por el P. Basset? ¿Si no
lo has seguido, cómo realizas tu meditación diaria? Compartir.
 ¿Lo que veo, lo que leo, oigo y mi mundo privado contribuyen a tener una
buena meditación? ¿Crees que eso influye en la meditación? ¿Por qué?
 ¿Qué hacer si los propósitos de mi meditación no salen, un día y otro? ¿A qué
te invita este consejo de san Agustín: "Haz tú lo que puedas, pide lo que no
puedes, y Dios te dará para que puedas”? (Sermón 43)
Aspectos a tener en cuenta para el ejercicio de la Meditación:

 La necesidad de señalar un tiempo determinado del día y la elección del


momento más oportuno.
Es evidente la conveniencia de señalar un tiempo determinado para dedicar a la
oración: si se altera el horario o se va dejando para más tarde, se corre el peligro
de omitirla totalmente al menor pretexto. La eficacia santificadora de la meditación
depende en gran escala de la constancia y regularidad en su ejercicio. Pero no todos
los tiempos son igualmente favorables para el ejercicio de que hablamos. Los que
siguen a la comida, al recreo o al tumulto de las ocupaciones no son aptos para la
concentración de espíritu; el recogimiento y la libertad de espíritu son necesarios
para la ascensión del alma hacia Dios. Según los maestros de la vida espiritual, los
momentos más propios son: por la mañana temprano, por la tarde antes de la cena
y a medianoche. Si no se puede dedicar a la oración más que una sola vez al día,
es preferible la mañana. El espíritu, refrescado por el reposo de la noche, posee
toda su vivacidad y las distracciones no le han asaltado todavía, y este primer
movimiento hacia Dios imprime al alma la dirección que ha de seguir durante el día.
Los sagrados libros señalan también la mañana y el silencio de la noche como las
horas más propias para la oración: “Ya de mañana, Señor, te hago oír mi voz;
temprano me pongo ante ti, esperándote” (Sal 5,4); …y pasó la noche orando a
Dios” (Lc 6,12).
Hay, sin embargo, excepciones para las personas que a veces, las horas de la
mañana -sobre todo en los que por cualquier causa han tenido por la noche un
reposo insuficiente- son las más pesadas y somnolientas del día. En todo es
menester discreción y atenerse a las circunstancias de los casos particulares.

 La importancia que tiene el cuerpo en la meditación cristiana:


La experiencia humana demuestra que las posiciones del cuerpo no son indiferentes
en la disposición al recogimiento del espíritu, involucrando las funciones vitales
fundamentales, como la respiración y el latir del corazón. Y esto es por la unidad de
la persona, que es cuerpo y alma. En la oración es todo el hombre, que debe entrar
en relación con Dios, y el cuerpo debe asumir la posición más cómoda para el
recogimiento.
La importancia del cuerpo varía según la cultura y la sensibilidad personal. En cada
caso es necesario: reconocer el valor relativo de la posición del cuerpo, ella es útil,
sólo en vistas al fin de la oración cristiana.
Evítense, cualquiera que sea la postura adoptada, dos inconvenientes contrarios: la
excesiva comodidad y la mortificación excesiva. La primera, porque, como dice
Santa Teresa, «regalo y oración no se compadecen” (Camino 4,2); y la segunda,
porque una postura excesivamente penosa e incómoda podría ser motivo de
distracción y aflojamiento en el fervor, que es importante en la oración.
La meditación cristiana no es principalmente una cuestión de técnica: es ante todo
un don de Dios. Este don se concede en Cristo a través del Espíritu Santo. El amor
de Dios es una realidad de la que no podemos apoderarnos con ningún tipo de
método o técnica. La técnica sólo puede ofrecer una ayuda a la meditación cristiana.

 La importancia del Recogimiento:


La palabra recogimiento indica que el hombre ha recogido esforzadamente los
pensamientos, esparcidos por doquier, para realizar la oración en un estado de
espíritu unificado. Todo depende de el recogimiento. Ningún esfuerzo que se haga
en este punto es exagerado. Incluso si en ello empleásemos todo el tiempo
destinado a la oración, habría que darlo por bien empleado, pues en último término
el recogimiento es ya de por sí oración. En periodos de desasosiego, enfermedad o
gran cansancio puede muchas veces ser muy provechoso limitarse a esta oración
de recogimiento. Ella nos recogerá, fortalecerá y ayudará
Se trata de una atención amorosa a Alguien que está presente, cuya presencia no
se advierte de una manera sensible, pero que se intuye como la única Presencia
frente a la cual todas las demás presencias desaparecen. Debemos avivar la
conciencia de que en ese momento nada es importante sino la oración; apartar lo
que no se refiera a ella y aplicarse a la tarea, recogiéndose y poniéndose en
presencia de Dios y decirse: “ahora no tengo que hacer otra cosa sino orar”. “Los
próximos 15 minutos- o el tiempo determinado-, son solamente para orar”. “Todo lo
demás no cuenta ahora”. “Para esto sólo estoy aquí, despreocupado de todo lo
demás”. Esta decisión debe ser sincera para liberarse de todo lo que no tiene que
ver con la oración y ponerse a disposición de aquel que, en este momento, es lo
único importante, es decir, Dios. Recogidos de esta forma tomamos el texto y
reflexionamos sobre él.
El P. Basset aconseja: En la meditación es muy importante el recogimiento, pues
sin él no puede haber suficiente contacto con Dios y todo se vuelve fácilmente rutina,
como sin alma, y el esfuerzo no es generoso. Especifique bien los medios que debe
emplear para lograr hacer bien su meditación.
 Dificultades en la meditación
«La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte.
Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes nos enseñan que la oración es
un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del
Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión
con su Dios. El “combate espiritual” de la vida nueva del cristiano es inseparable del
combate de la oración.» (Catecismo 2725).

Distracciones: Las distracciones en la meditación vienen de la imaginación y de la


memoria. Hasta los santos se quejan de esto, pero una preparación muy recogida
es útil para evitarlas. Las distracciones en general son pensamientos o
imaginaciones extrañas que nos impiden la atención a lo que estamos haciendo.
Existen varios remedios:
 No impacientarse, y estar decidido a luchar, sabiendo que aún si no logramos
estar plenamente libre de ellas, Dios valora enormemente nuestros
esfuerzos. Después hay que mantenerse en presencia de Dios por un acto
continuo de voluntad,
 Buscar lugares adecuados y silenciosos; dedicar un tiempo en que no se
esté muy disperso y adoptar una postura adecuada.

Sequedad y aridez: Consiste en cierta impotencia o desgano para producir en la


oración actos del entendimiento o del afecto. Como remedios han de considerarse:
 Convencerse de que la devoción sensible no es esencial al verdadero amor
de Dios, basta querer amar a Dios para amarle ya en realidad.
 Perseverar, a pesar de todo, en la oración, haciendo todo lo que aún
entonces se puede hacer.
 Unirse al divino agonizante de Getsemaní, que “puesto en agonía oraba con
más insistencia.” (Lc 22,44).
 Pedir al Señor y a Nuestra Madre que cese la prueba de la aridez, para que
podamos “gozar siempre de sus divinos consuelos”.
Apego a los consuelos: Es un mal que engendra en el alma una especie de “gula
espiritual” que la impulsa a buscar los consuelos de Dios en vez de al Dios de los
consuelos. Remedios:
 Renunciar voluntariamente a estos apegos, expresando frecuentemente a Dios
que le amamos a Él mucho más de lo que amamos lo que nos da.
 Dar gracias a Dios por los “dulces” que nos da durante la oración, con la
conciencia clara de que llegará, inevitablemente, el momento en que no los
tengamos.
 Aprovechar el tiempo de consuelo para adquirir el hábito de la oración, de tal
suerte que cuando no se experimenten, el hábito adquirido nos mantenga firmes
en nuestras prácticas.

Desánimo: Es un mal que se apodera de las almas débiles y enfermizas al no


comprobar progresos sensibles en vida de oración. No obstante, también se puede
desanimar una persona que padezca de un excesivo optimismo creyéndose más
adelantado de lo que en realidad está. Remedios:
 Tener la certeza de que “todo desánimo proviene del demonio”. Por eso hay que
rechazarlo siempre con vehemencia y constancia.
 Exhortarse a sí mismo para emprender la vida de oración con un nuevo
entusiasmo.
 No hacer depender la oración del estado de ánimo, sino, al contrario, saber que
el amor nos exige ser fieles a nuestras prácticas de oración.

Dice el padre Basset: La meditación trabajosa le muestra primero su impotencia y


esto es útil para el desapego, somos poca cosa. Además el esfuerzo le muestra a
Dios su buena voluntad y es lo que Dios quiere y no el éxito”.

Reflexionemos
 ¿Te es difícil encontrar tiempo y lugar para meditar? ¿Cuáles son los mayores
obstáculos? ¿Qué debes hacer para superarlos?
 Muchas veces, tenemos ideas erradas sobre la meditación que hacemos
diariamente: “no tengo tiempo”, “es aburrida”, “no sé cómo hacerlo”, “no siento
nada”, “no sé qué decir” etc. Pero ¿tienen algún sentido estas
afirmaciones? Ante estas ideas erradas ¿Qué podemos hacer?
 Teniendo en cuenta las luces recibidas en este taller: ¿Conoces qué es lo
que más necesitas para mejorar tu meditación?

Terminemos nuestro taller con la oración de la Cooperadora.

Bibliografía
 San Juan Eudes, Vida y Reino. Obras Escogidas.
 Oremos con San Juan Eudes
 Catecismo de la Iglesia Católica
 MC= “Carta a los obispos de la iglesia católica sobre algunos aspectos de la
meditación cristiana”: Congregación para la doctrina de la fe