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Se creía que los loros imitan los sonidos del ambiente y que los machos con un repertorio

más amplio de imitaciones impresionan más a las hembras. Pero los investigadores han
descubierto que la respuesta correcta es que los loros son aves sociales y se imitan los
unos a los otros. Los loros emiten llamadas de contacto y las utilizan para su cohesión
social, como si los loros pronunciaran sus propios “nombres” y los nombres de sus
compañeros. En cautividad los loros repiten esta conducta con los sonidos emitidos por
sus dueños. Más aún, los espectrogramas de los sonidos emitidos por los loros de un
mismo grupo tienen marcas que permiten identificarlos como miembros de dicho grupo,
como si se tratara de los “apellidos” comunes a todos. Más aún, los padres emiten una
llamada distintiva (le ponen un “nombre”) para sus polluelos que estos aprenden cuando
tienen entre 3 y 4 semanas de edad. Estas llamadas (“nombres”) que les ponen sus
padres son utilizadas por el loro para, tras ciertas modificaciones, construir su propio
“nombre propio.” En un grupo grande de polluelos, los padres pueden localizar a sus
propios polluelos gracias a estos “nombres” sonoros, y al revés, los polluelos pueden
identificar a sus padres gracias a las de ellos.