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1

Desnudándome

Teresa Domigo Cátala


Tarragona, España, 1967

Dime si la marea ya se ha abierto,


si ha colmado con creces tu espesura,
destruyendo las cruces de un dolor
del que yo, sin dudar, soy inocente.
La cuesta junto al mar se ha ladeado,
y viste con dulzura las acacias,
se cierran los estigmas y las rosas
que humedece el aroma a madreperla.
El riego de tu pecho se ha sumido,
después del vendaval y de la escarcha,
en una claridad alba y serena.
Como un nenúfar surgiré del agua,
y mi ropa de lino y de rosario
quedará en tus manos como un cáliz

2
Poema I

Jaime B. Rosa
Valencia, España, 1949

¡Oh mujer ardiente en tu lava y como luz en la noche!,


dulcemente se desborda el agua en la gran crecida de tu cuerpo y
ésa es tu ley y también tu aureola, ¡diosa de los plenilunios!, sólo
tus manos ofrendan las caricias que el viento alcanza en sus
plumas, y en su curso el astro deja en Ti su huella antes de
volver a su principio.

Nada ha cambiado desde Babilonia, nada ha cambiado desde


Tebas, la de las mil puertas..., justo el tiempo en que aún los
Mares no han podido beber su propia inmensidad, ni recitar su
Interminable letanía.

¿Y quién de luna ha visto manchada su ala en las alturas? ¿Y


quién por su propio peso cae por el sueño en su agonía?...¡Oh
inalcanzable cumbre donde águilas de doble pico van a nacer!,
¿existe en tu roca una fuerza que da su espalda a la muerte?

Y tú nos traes la noche en su ser río, en su fluir de luna y


Luz cuando reina sobre las sombras.

3
Un cuaderno de dibujo de Nunik Sauret

Efraín Huerta
Poeta mexicano

Lo fugaz ha transcurrido como un día lamidísimo. La orquídea padeció


dulcemente lo suyo, bajo una hoguera constante y el breve,
nervioso incendio de un clavel que no reventó a tiempo. Se ha cumplido
una misión. Una doble misión, y los labios vuelven a su lugar de origen
y la espada del extraño ojo se dispone al oleaje final. La piel se eriza,
acrece la fiebre, arden las mordeduras; en estos labios una menuda
espuma ilumina el silencio.

Unas manos afiladas toman la rojiza espada.

Una rosada, anhelante primavera va a ser hendida.

Se está a la orilla de lo incierto, con las olas y una ardiente arena como
el cielo donde los ensalivados tulipanes se despiertan a la luz, mientras
allá arriba los pechos se aplastan como dos guitarras adormidas
de ansioso dolor.

Flamea la espada hoy dorada: vigorosa, endurecida insignia.

Todo es húmedo y es real y es embriagante y es oloroso y es aromático.

Suavísimamente, primero, la lenta y pulida rama espadeante


busca su casa, la caliente casa donde construirá su guerra compartida,
su agitada batalla florecida entre ayes de infinita transparencia.

Un índice macho se ha extraviado en la ensoñadora puerta estrecha.


La tarea alcanza la perfección de la rosa sexual.

Mar adentro, la mar de licores, leche y miel de nardos es adentrada.

"Tus caderas rechinaron como la última carroza del cortejo.”

4
Te amo
Paul Ëluard
Poeta francés

Te amo por todas las mujeres que no he conocido


Te amo por todos los tiempos que no he vivido
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores
Por los animales puros que el hombre no persigue
Te amo por amar
Te amo por todas las mujeres que no amo

Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco


Sin ti no veo más que una planicie desierta
Entre antes y ahora
Están todas estas muertes que he sorteado sobre paja
No he podido atravesar el muro de mi espejo
Tuve que aprender la vida como se olvida
Palabra por palabra

Te amo por tu sabiduría que no me pertenece


Te amo contra todo lo que no es más que ilusión
Por el corazón inmortal que no poseo
Crees ser la duda y no eres sino razón
Eres el sol que me sube a la cabeza
Cuando estoy seguro de mí.

5
Donde habite el olvido

Luis Cernuda
Poeta español

Donde habite el olvido,


en los vastos jardines sin aurora;
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.

6
Adiós
Enrique Molina
Escritor argentino

Un día más, sólo un minuto más, para estar vivo


y despedirme de cuanto amé.
Para decir adiós a las cosas que vi y toqué mientras moría
desde el instante mismo en que nací.
Y vino el niño con el premio que sacó en el colegio por su
sabiduría,
y el ala de la gaviota golpeando en lo infinito con su vuelo,
vino la cabellera derramada y el rostro de la misteriosa
mujer que estuvo a mi lado, en el lecho, sin que yo lo supiera,
y el río con su lenta corriente musculosa
a través de cada mueble, cada objeto y cada gesto
de quien me ve parir, ¡oh Dios mío!

Un instante más aún en el suelo que pisé,


en el aire de mi respiración
sofocada por el amor, en los vestigios de la pasión,
con cuanto -mosca o sol- me deslumbró en este extraño
planeta, donde perdure año tras año, presintiendo
este límite de espumas, este revuelto torbellino
de la despedida, yo, que tanto fui deslumbrado
por centelleante atracción de la tierra,
por cuanto fue caricia o solamente un espejismo del mundo
es mi destino.

Así, pues, despidiéndome de los caballos, de la canoa,


los pájaros, el gato y sus costumbres. Déjame
una vez más mirar las flores y la lluvia. Es éste
el trágico instante en que uno descubre
el delirio misterioso de las cosas, sus raíces secretas,
el instante supremo de decir adiós.
a cuanto se adoró en esta vida.

7
¡Oh mar, no esperes más!

Julia de Burgos
Poetisa de Puerto Rico

Tengo caído el sueño,


y la voz suspendida de mariposas muertas.
El corazón me sube amontonado y solo
a derrotar auroras en mis párpados.
Perdida va mi risa
por la ciudad del viento más triste y devastada.
Mi sed camina en ríos agotados y turbios,
rota y despedazándose.
Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles
tentaciones de incendio.
Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.
¡Oh mar, no esperes más!
Casi voy por la vida como gruta de escombros.
Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre.
Inútilmente estiro mi camino sin luces.
Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.
¡Oh mar, no esperes más!
Déjame amar tus brazos con la misma agonía
con que un día nací. Dame tu pecho azul,
y seremos por siempre el corazón del llanto?

8
Amantes

Jorge Gaitan Duran


Escritor colombiano

Somos como los que se aman.


Al desnudarnos descubrimos dos monstruos
desconocidos que se estrechan a tientas,
cicatrices con que el rencoroso deseo
señala a los que sin descanso se aman:
el tedio, la sospecha que invencible nos ata
en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
el abrazo que en el mundo son los que se aman
mil veces morimos cada día.
Desnudos afrentamos el cuerpo
como dos ángeles equivocados,
como dos soles rojos en un bosque oscuro,
como dos vampiros al alzarse el día.
Labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
boca que busca la boca, estatuas erguidas
que en la piedra inventan el beso
sólo para que un relámpago de sangres juntas
cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
sentados como dioses ebrios
para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
en tu cuerpo soy el incendio del ser.

9
Quiero con afán soñoliento...

Luis Cernuda
Poeta español

Quiero, con afán soñoliento,


Gozar de la muerte más leve
Entre bosques y mares de escarcha,
Hecho aire que pasa y no sabe.

Quiero la muerte entre mis manos,


Fruto tan ceniciento y rápido,
Igual al cuerno frágil
De la luz cuando nace en el invierno.

Quiero beber al fin su lejana amargura;


Quiero escuchar su sueño con rumor de arpa
Mientras siento las venas que se enfrían,
Porque la frialdad tan sólo me consuela.
Voy a morir de un deseo,
Si un deseo sutil vale la muerte;
A vivir sin mí mismo de un deseo,
Sin despertar, sin acordarme,
Allá en la luna perdido entre su frío.

10
Poema

Ana Escoto
Poetisa salvadoreña

Quiero poner a prueba este cuerpo que deambula


quiero saber si revive su piel de fantasmas
No puedes evitar ser una de mis heridas
porque no hay luciérnagas que brillen sin cegarme
no hay insectos que no rodeen los cementerios
y no hay bestias que no busquen mi sangre
pero mis heridas tienen un llanto sordo
porque no hay palabra para decir adiós que no sea adiós
y no hay maneras de despedir a la muerte
quiero ser la asesina de mí misma
quiero ser el abismo en tus ojos cuando duermes
quiero salir a cazar monstruos y contarte secretos
quiero encontrar trescientos mil árboles que no caigan
[en los bosques y que lleven la música en sus hojas
quiero matar a los pájaros
quiero regresar a tu cama todas las noches y robarte el aliento
quiero envolverte entre las sábanas y engañar a la noche
Y entonces explicarte que las vidas son demasiado pequeñas como para
despertarlas todos los días
que mi sangre se angustia por las venas que aún no duermen
preguntarte por la marea que dejaste detrás de tu mirada
y por la arena que encerraste en tus manos
Invitarte a construir un castillo mientras la sábana aún cae sobre tu rostro
Y podré morir al amanecer
cuando todo y nada haya acabado
y aún me quede el infinito de saberte menos vivo y más cerca de mi muerte
La estúpida costumbre de no olvidar los nombres de los amantes,
de buscar el perfume suave de la noche,
y de murmurarle a la almohada los sueños que no recuerda
La insaciable conducta de castigarnos con los mismos pasos,
de tatuarnos los caminos silenciosos en el cuerpo,
y de buscar el ansia en el furor de las mañanas
La manía taciturna de comerse con la vista el horizonte,
y enumerar la esperanza en las estrellas
de siempre dibujar las bocas que aún nos quedan por amar

11
Alma desnuda

Delmira Agustini
Poetisa uruguaya

Soy un alma desnuda en estos versos,


Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,


Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta


Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,


Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla


Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera


Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve


En tristezas, clamando por las rosas
Con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas


A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia,
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega


Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega,

Alma que suele haber como delicia


Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,


Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

12
Memoria

Roxana Méndez
Poetisa salvadoreña

Todo es presente ahora: mis ojos desatados


pueden ver la penumbra del cielo en este instante,
y en ese cielo inmenso, tan extraño y distante,
vuelan aves de siempre sobre sueños pasados.
Otras calles retornan y es presente en mis labios
que besan las siluetas de los que ya han partido:
los niños de otras tardes y el viento conmovido
que trae de la iglesia su aroma de incensarios,
y las beatas señoras musitando oraciones
y el abuelo en el patio cantándonos canciones
y las lentas campanas de las cinco doblando.
Las calles imprecisas retornan al silencio
y ese cielo de ahora que sufro y que presencio
comprendo que es de un día que existió no sé cuándo.

13
Perturbación

Elizabeth Torres
Poetisa salvadoreña

Se cuaja entre mis piernas


La idea de abrir tus nubes a lo desconocido
De tender un lazo a tus manos
Y elevarte hasta mi infierno de hielo

Necesito que me rescates


El fuego consume mi piel congelada
Y una a una las gotas que caen desparramadas
Sobre tu cuerpo de aire
Acarician tu espalda ausente
Lamen tus pezones erguidos
Resucitan tu fantasma

Mi cabello se baña con la nieve derretida


Que corre las laderas rojizas
Andabas tantas veces por tu boca
Mis manos dibujan mil caminos
Entre los senderos perturbados
Por un alud de pasiones

Tus dedos como abejas tímidas


Imaginarias
Roban el polen de mi margarita nocturna
Sus labios chupan y adelgazan mi furor
Hasta que ya no queda más

Solo un gemido lento


Solitario
Se ahoga en el café olvidado
Mientras tu mirada abre grietas entre la música
Y escapa

En el recuento
Esparcido queda el olor blanco del deseo

14
Entonces, cuando el amor

Olga Orozco
Poetisa argentina

Yo te recuerdo en mí, guardando amor, desde hace


mucho tiempo:
era joven aún tu antigua melodía
y recorrías solo esos abandonados dominios del silencio
preferidos contigo por las hierbas y las tapias ruinosas.
Tú buscabas allí, desorientado, un pecho transparente
donde la soledad y el desamparo contemplaran su imagen
lo mismo que en un río.
La juventud velaba distraída,
prisionera de ti como una tierra donde tan sólo habita
algún dios inmortal,
encerrando sus días en suspiradas flores que guardabas,
amor, marchitas en tus manos,
como si fuera dada a tu deseo la terrible belleza de contarnos
un día,
lejana tu mirada a nuestros ojos,
esa vieja leyenda en la que somos, unidos todavía,
ese largo reflejo del agua entre las hojas.
Entonces,
cuando el terror llamaba verdadero en el interminable
corredor de un sueño
y desde lo ignorado de nosotros respondían la crueldad,
la piedad y el abandono,
tú cantabas de pie, invencible y altivo sobre los delirantes
despertares;
y cuando la tiniebla simulaba, bajo el cansado y débil
resplandor de las lámparas,
imágenes temibles, engañosas al corazón confiado,
era un mismo semblante el que se alzaba más alto que las
altas soledades.
¡Oh, amor! Toda la fuerza oscura de la tierra está en ti
y basta siempre un nombre, una palabra apenas desprendida
del mundo, ,
para entreabrir un cielo semejante,
un país escondido donde sobrevivimos a la incesante y muda
confusión de los días. Allí el tiempo prolonga nuestro tiempo junto a los mismos
dones,
mecido lentamente por esos largos ecos del follaje
en que reconocemos nuestras voces mucho después de
entonces,
cuando fueron,
demoradas aún por todo lo imposible.
Allí el viento conoce desde antes que nosotros
ese fulgor dichoso que nos cubre la piel,
ese dulce y velado porvenir tan antiguo como el primer
recuerdo
que reposa encendido bajo la gran ceniza de la tierra natal.

15
Este es tu reino, amor,
esta profunda sombra memorable en la que penetramos
justamente.
Así se va al encuentro de algún gesto,
de aquel en que el destino se consume de pronto, intacto
y duradero.
Sin embargo a lo lejos, tú lo sabes,
donde la vida sigue todavía una inmensa tristeza,
se entreabren ciertas puertas que no conducen nunca a sitio
alguno,
ajenos a nosotros descendemos callados ciertas interminables
escaleras
donde los pasos suenan adentro de otros pasos.
Acaso nos aguarde, en medio de la noche pavorosa,
la enemiga de todos tus amparos.
Ella: la lejanía.

16
Canto verbal

María Eugenia Vaz Ferreira


Poetisa uruguaya

A ti, palabra mi suprema idea,


tiende sus alas la esperanza mía
águila errante del desierto humano
sin altas cumbres donde reposar
el tedio de las rutas infinitas...
Tiende sus alas como a excelsa fuente
pródiga de belleza y de armonía;
quiere beber en tu copa de oro,
quiere bañarse en el agua sonante,
mudable en sus ritmos, diversa en sus glosas
y cuyo oleaje ya
sacudido por vértigos fecundos
o melodioso de serenidad...
A ti, palabra que tienes la magia
de sabiamente transmutar tu forma
y ajustarla a la loca trashumancia
de la maravillosa ánima viva....
Oh profunda, variante y fugaz,
que floreces en vetas luminosas
perfumadas de esencia espiritual...
Ánfora
de caudalosas perlas en murmurio,
de blancas nieves y de rojas flamas.
Ánfora
de tempestades y constelaciones,
de suaves lluvias y silbantes rachas...
Ánfora
de sonoras cadencias,
de crujiente espuma, cascabel marino,
de místicas hostias y de miel pagana...
No hay un tesoro que supere al tuyo
en abundancia de oportunas galas
para quimeras y revelaciones,
grandes historias y leyendas magnas
no hay un tesoro que supere al tuyo,
vertiginoso para la elocuencia,
inagotable para la ilusión,
lírico para el numen romancesco
y musical para el divino amor...
Por tu vocero el invisible espíritu
se glorifica en vividas ofrendas,
su lira tañen las carnales fibras
y el corazón henchido se desborda
en sublimes poemas...
Por ti
sobre el bronce triunfal de los escudos
brotaron rosas trágicas,

17
cuyo fragante olor de sangre noble
blasonó las estirpes y las razas.
Por ti
en las verdes pupilas de las fieras
las sombras de los ímpetus salvajes
se trocaron en húmedas estrellas.
Por ti se abrió de muchas rocas duras
el regazo feraz
en el dulce licor de sus vertientes
se confortó la esperanza mortal.
Yo no sé en qué fantástica materia
al escultor de la progenie humana
le plugo modelar la estatua mía,
que no ablanda la luz de las auroras
ni el oscuro crepúsculo marchita;
pero si alguna vez mi corazón
abre a la vida su raudal interno,
sí se doran mis áridas llanuras
y se pueblan de esquifes mis océanos,
si se viste de estelas fulgurantes
la. nebulosa noche de mis piélagos
y las alas sin sol de mis pendones
en raudas ondas flotan a los vientos,
si gorjean mis pájaros será
cuando en la entraña de un sacro silencio
sobre la losa de mi tumba viva
choque su llama tu rayo de fuego.

18
Pequeño misterio

Gary Daher Canedo


Bolivia, 1956

El desamparo es la conciencia del cuerpo


abandonado ya de las pasiones
perforado
edificio inestable
molusco
y los indecisos pasos de los días.

Al tacto quedan las quemadas pieles


de la ausencia
y se trepa por los ojos
un silencio
que es igual a la perplejidad del mundo
hecha de los áridos suelos
por donde arrastramos las narices del fracaso.

Y nuestras manos inútiles


desnudas serpientes del deseo
miran hacia ese cielo vacío
con ojos de pregunta ciega

pero ya sabemos
la lluvia es una quimera
el mismo mar
y el ladrido del corazón.

Habrá acaso una tarde entre los arbustos


la soledad de un huevo
la triste soledad de un ingenuo huevo
esperando por una madre
cosa que ya no alcanzarás a ver
viajero

para ti
hasta ese pequeño misterio ha sido vedado.

Mientras tanto el relámpago del tiempo


deslumbra en otras peñas
asombrando con el desasosiego
brutal
de todas sus horas
agrediendo compulsivas
como viejas perras
en todos los senderos.

19
Mis amores

Delmira Agustini
Poetisa uruguaya

Hoy han vuelto.


Por todos los senderos de la noche han venido
A llorar en mi lecho.
¡Fueron tantos, son tantos!
Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
Me lloraré a mi misma para llorarlos todos.
la noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
Hay cabezas doradas al sol, como maduras...
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
cabezas coronadas de una espina invisible,
cabezas que sonrosa la rosa del ensueño,
cabezas que se doblan a cojines de abismo,
cabezas qui quisieran descansa en el cielo,
algunas que no alcanzan a oler a primavera,
y muchas que trascienden a flores del invierno.
Todas esas cabezas me duelen como llagas...
Me duelen como muertos...
¡Ah!... y los ojos... los ojos me duelen más: ¡son
dobles!...
Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
abrasan si fulguran;
Son caricia, dolor, constelación, infierno.
Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.
Ellos me dieron sed de todas esas bocas...
De todas esas bocas que florecen mi lecho:
vasos rojos o palitos de miel o de amargura,
con lises de armonía o rosas de silencio
de todos estos vasos donde bebí la vida,
de todos estos vasos donde la muerte bebo...
El jardín de sus bocas venenosos, embriagante,
en donde respiraba sus almas y sus cuerpos,
humedecido en lágrimas
ha cercado mi lecho...
Y las manos, las manos colmadas de destinos
secretos y alhajadas de anillos de misterio...
Hay manos que nacieron con guantes de caricia,
manos que están colmadas de la flor del deseo,
manos en que se siente un puñal nunca visto,
manos en que se ve un intangible centro;
pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
en todas, todas ellas puede engarzar un sueño.

Con tristeza de almas,


se doblegan los cuerpos,
sin velos, santamente
vestidos de deseo.

20
Imanes de mis brazos, panales de mi entraña,
como a invisible abismo se inclinan en mi lecho...
¡Ah, entre todas las manos yo he buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
de todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
de todos esos ojos, tus ojos solos quiero.
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
tú has llegado el primero por venir de más lejos...
¡ Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las orejas que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
la palidez extraña que doblé sin saberlo,
ven a mí: mente a mente;
ven a mí: cuerpo a cuerpo.
Tú me dirás qué has hecho de mi primer suspiro,
tú me dirás qué has hecho del sueño de aquel beso...
me dirás si lloraste cuando te dejé solo...
¡Y me dirás si has muerto!...
Si has muerto,
mi pena enlutará la alcoba plenamente,
y estrecharé tus hombros hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tiniebla,
y en la tiniebla ahondado de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse,
nuestro hijo: el recuerdo.

21
Los amores inútiles

Washington Delgado
Escritor peruano

El tiempo se ha llenado de papeles y navego


a través de inútiles palabras, siempre
a la deriva, sin más puerto
que el aire prontamente
perdido y olvidado.

Mi antigua habitación
yace en cenizas: ninguna melodía
puede levantarla. Mari, te pregunté,
¿ves cómo el viento crece
sobre tu frente? Después
te dije: Rosa, Yolanda, Elsa
y tu frente variaba según las estaciones,
al compás de las horas y el viento huía
hacia un norte cambiante y por fin
sólo quedó el tiempo muerto.

¿Para qué me servirá


la boca? ¿Para qué
me sirvió nunca? Todos los alimentos
se perdieron, ninguna canción,
ha perdurado. Ostras,
cangrejos, gansos,
liebres, corderos inútilmente
muertos, condimentados y comidos.
Elsa, Yolanda,
Rosa, Mari: orejas
encendidas por el amor
inútilmente, húmedas bocas
que implacables otoños
marchitaron siempre.

Mi habitación está repleta


de inútiles papeles y atraviesa
desarboladas sombras que la mañana
bebe y digiere la tarde
y la noche endulza
con un embriagado amor de tiempos muertos.
Nunca tocaré tierra y me complazco
en esta canción de náufrago
desesperado y a la vista de tantos
inútiles amores.

22
Súplica

María Eugenia Caseiro


La Habana, Cuba, 1954

Déjenme entrar allí


donde pastan las hormigas de otros cuerpos.
No me cierren las puertas
donde muero
sin olor a poema
sin reloj
sentada en el último banco de mis versos.

Déjenme entrar allí


donde no hay bruma en la palabra
donde mi cuerpo
siente el equilibrio de los ojos despiertos;
allí, donde los muertos
tienen su propio corazón latiendo.
Déjenme entrar allí
no me nieguen el agua de una estrofa
para calmar la sed de tantos sueños.

23
Canción a Isabelita

César Dávila Andrade


Escritor ecuatoriano

¿Recuerdas?
Oímos de noche al Mar, Viajamos
con los ojos cerrados sobre el Océano.
Vimos las islas que vuelan a la altura
de los corsarios muertos.

Vimos el chisporroteo de los peces


en la cesta de violetas.

Escuchamos la Tempestad
con las cabezas unidas como dos iglesias en la tarde.

Entramos en la tierra de hueso cárdeno


cubiertos de grandes hojas y esperanzas.
Vimos los montes descascarados por el rayo,
las calles devoradas por la multitud.

¡Nos bautizamos bajo inmensos árboles!


Hablamos de la Eternidad
sintiendo la delgadez de nuestras manos.
Vimos oscilar sobre el campo la tropa
de las mariposas errantes.

Temblamos ante el color de cine de los sepulcros y las naves.


¡Oímos cantar los domingos
millares de cigarras a un solo amor desconocido!

¡Y, he aquí que la Noche nos devuelve


únicamente sombras
para permitirnos soñar aún!

24
El día no quiere despertar

Luis Cardoza y Aragón


Escritor guatemalteco

El día no quiere despertar


en ti mis sueños se prolongan
lo real imaginario
vivo despierto en tu diluvio
trébol de tiempo de una sola hoja
de ti a mi sueño no hay 'distancia
te había soñado pero eras real
como un violín germinando
como un surtidor de cimitarras
como una catedral
ardiendo en la alta noche en la mar alta
yo no quiero dormir solo
en la incestuosa noche fraternal
cuando no estás me acompañas
y porque eres verdad puedo tocarte
en tu cielo giratorio
en tus palacios errantes
como jauría de arpas carniceras
como el vino el ángel la ventana
como una cornucopia de centellas
cuando mis tigres saltan en tu cama
el mar tiene la forma de mi amor
llueve dentro de mí tu rosa bárbara
tu carne es mía bajo la guillotina
besamos el sol cuando nos besamos
gracias doy a la vida
tu amor tiene forma de mar.

25
Un sol

Delmira Agustini
Poetisa uruguaya

Mi corazón es como un dios sin lengua,


Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.


Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto


Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?


¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío


De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?


Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

26
Púrpura

Gigia Talarico
Santiago de Chile, 1953

El viento
rompe el silencio
batiendo mi ventana
Un colibrí herido
se posa sobre tu pecho
y sangra tu ausencia

La niebla
ahoga las buganvillas
y el lejano tañido
Un pájaro rompe
la jaula de mis labios mudos
despliega sus alas
y migra

Una vez más


herida de muerte
está la muerte

27
Medianoche

Eduardo Llanos Melussa


Santiago de Chile, Chile, 1956

Yo no sé qué amo al ingresar a ti


mordiendo el nudo ciego que hacemos cada noche.
Acaso haya otro en mí que se me oculta
y te busca para prolongarse
y esto que llamo amor
no sea más que una campana oxidada,
ávida de tañer en no importa cuál oído.

Pero cuando te acercas tan suave y desnuda


y me rescatas de esta nube mental, de estas dudas inútiles,
ya no me importa ser o no ser amado,
sino aprender a amarte.

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Los fantasmas del deseo

Luis Cernuda
Poeta español

Yo no te conocía, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracán henchido aquí en el pecho;
ignorándote, tierra mía,
ignorando tu alentar, huracán o tumulto,
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir.
Bien sé ahora que tú eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
sé al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los niños sonrientes,
no son sino tú misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estúpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,
para llevar tu afán que nada satisface.
El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras.
Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
sólo en ti misma encuentro, tierra mía.
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos.
Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mío,
mío como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dúctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos.
Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira.
Tú sola quedas con el deseo,

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con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas.
Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.

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Amanecer

Norah Lange
Escritora argentina

En el corazón de cada árbol


se ha estremecido la medianoche.
La noche se desmenuza
en lenta procesión de niebla.
Todas las tardes terminan su cansancio.
Los letreros luminosos duermen
el asombro de sus colores
y anticipan la contemplación de cada pobre.
En toda esquina vigila el sueño
y es tu recuerdo la única pena
que humilla la altivez de las aceras.
Lejos, el primer mendigo,
traiciona el portal donde ha dormido.
Y la ciudad se abre como una carta
para decirnos la sorpresa de sus calles.

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Forma última

José Carlos Becerra


Poeta mexicano

El sueño, esa historia sin armas,


esa voluntad que es parte de los labios,
ese pacto con el corazón más breve de la locura.

El sueño, eso que ya no puede ser sagrado,


porque no hay nada sagrado en la noche,
porque en el mar el cadáver de Odiseo navega a la deriva,
los cabellos revueltos, la mirada usurpada por el agua.

Porque no hay nada sagrado en el regreso, porque sólo una vez


despertamos temblando para mirar el mundo;
y tú lo sabes, pero tu mirada
sólo es exacta en la noche.

Y yo te acaricio, yo aumento en tu cuerpo la sombra del viaje,


tu cabeza echada hacia atrás entra en la órbita fugaz de la sangre,
en el espejo rojo de sí misma, en su semejanza subterránea
con el conocimiento de Dios.

La noche colinda con todo lo que tiene fuego,


con aquello que besamos con apasionada destrucción, con oscura
grandeza.

En tu cuerpo hay cal viva, hay seda que no quiere dormirse,


hay cosas valuadas por el mar,
y en tu corazón es más poderoso el otoño.

Pero no hay nada sagrado en esta noche,


en este sueño, en esta última forma de hacerse a la mar.

Saldré a la calle, visitaré la locura que ama el azufre,


escribiré tu nombre en las plazas vacías,
en los púlpitos de las mujeres desnudas.

Adivina el retrato, desvanécete bajo los arcos triunfales,


incorpora escaleras a tu sapiencia.

Esta ha sido la historia de nuestro regreso.

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El sol se ha caído

Norah Lange
Escritora argentina

El sol se había caído


con las alas rotas
sobre un Poniente.
Tus ojos se llenaron de crepúsculos pálidos.
Vino el vacío eterno de tu presencia
y todas mis horas se llenaron
de distancias.
Tus lágrimas se deslizan
por la pendiente de un recuerdo.
El rosario de tus besos
de tus huellas
aguarda tus pasos.
Vuelve.
Acaso en tu ventana
un verso mío se desangra.

33
En el camino

Norah Lange
Escritora argentina

En el camino hay un silencio de palabra imposible


La tarde reza en ermita de fuego
Sobre el despoblado
hacen penitencia las sombras
Las estrellas columpian la escalera
por donde bajarán los ángeles a la tierra
Mi vida se desangra gota a gota.
La tarde es una sola lágrima clara
Cada sombra es un latido que nos besa
Cerca, más cerca
el corazón de la noche.
El silencio doblega los instantes
Cada hoja es una palabra más
que dice la primavera este año
Para perpetuar la emoción
cerró la noche la palabra que nacía.

34
EL ESTUDIANTE PUEDE LEER ESTOS DOS POEMAS

En nuestros labios

Norah Lange
Escritora argentina

En nuestros labios quisieron enarbolarse


como ponientes los gritos.
Luego, los horizontes se romperán como
cuerdas y mi corazón vendrá a mí de nuevo.
Mi corazón ¡tantas veces ido!

La emoción

Norah Lange
Escritora argentina

La emoción tira de nuestras almas.


El corazón se nos abre
para amar mejor.
Sentimos todo el cielo
latiendo en nuestras manos.
Una llovizna de recuerdo
humedece mi alma.
¡Es tan dulce
sentirse morir por dentro
poco a poco!

35
Llegas

Enriqueta Arvelo Larriva


Poetisa venezolana

Llegas. Tus ojos vienen firmes.


Gallardos, con las armas de los internos fuegos.
Yo quiero ser sencilla como el hilo sin perlas,
ágil como en la copa es la gota del borde.

Yo quiero ser sencilla, pero tú me complicas


alzándome a una estrella trémula e invisible.
Yo quiero ser sencilla. Y me colmo de quiebras,
y soy un laberinto y mi clave se pierde.

Quiero el ritmo sereno y mi inquietud florece.


Y la flor indecisa, con hojas asustadas,
desploma tu firmeza.

Y descanso en la fuga de tus ojos vencidos.


Y soy ligera y simple, como el hilo sin perlas;
ágil como la gota del borde.

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Ya en desnudez total
Idea Vilariño
Escritora uruguaya

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.

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Cuándo ya noches mías

Idea Vilariño
Escritora uruguaya

Cuándo ya noches mías


ignoradas e intactas,
sin roces.

Cuándo aromas sin mezclas


inviolados.

Cuándo yo estrella fría


y no flor en un ramo de colores.

Y cuando ya mi vida,
mi ardua vida,
en soledad
como una lenta gota
queriendo caer siempre
y siempre sostenida
cargándose, llenándose
de sí misma, temblando,
apurando su brillo
y su retorno al río.

Ya sin temblor ni luz


cayendo oscuramente.

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Lo que siento por ti

Idea Vilariño
Escritora uruguaya

Lo que siento por ti es tan difícil.


No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda


o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas

y que luego incorporas en un gesto


y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso


como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo


anda tanto que a veces no te llega.

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Tal vez no era pensar

Idea Vilariño
Escritora uruguaya

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,


sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.

Tal vez no fue vivir este estar silenciosa


y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.

Tal vez debí quedarme en los amores quietos


que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.


sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.

Tal vez pude subir como una flor ardiente


o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío


en música inefable. O necesariamente...

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