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Construir, habitar, pensar

Santiago Gil Gómez.


Mayo 2019.

Universidad Nacional.
Faculta de Arquitectura.
Maestría en construcción
Epistemología de la construcción
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Construir, habitar y pensar

La tesis que Martin Heidegger desarrolla en Filosofía, saber y técnica, especialmente en

el ensayo “Construir, habitar, pensar”, es que el construir tiene como meta el habitar. Si

no lo pensamos así es porque los términos de construir y habitar se han ido apartando

tanto en el lenguaje como en la ejecución profesional, sobre todo con la llegada y el

progreso de la modernidad. Para restaurar la concordancia entre construir y habitar es

necesario, realizar una exhortación del lenguaje de estos términos para anotar qué es lo

que de ellos ha ido quedando oculto.

Inicialmente, el construir estaba relacionado con el guarnecer algo para protegerse, por lo

tanto, encerraba en sí mismo el habitar. Pero esta analogía entre construir y habitar se fue

diluyendo a medida que el construir se dedicó a edificar, y la custodia y el amparo fueron

quedando a la cultura. A partir de esta división, el habitar se pensó como fin del construir

solo cuando la construcción estaba predestinada a la posada del hombre.

El habitar estaba, pues, originalmente relacionado con el permanecer y el cuidar. Pero

este cuidar no quiere decir no hacerle nada a lo cuidado; el auténtico cuidar ocurre es

cuando dejamos algo en su esencia, ósea sucede cuando lo rodeamos de una protección.

Asumimos, así, un construir que no es ya habitar y un habitar que no es ya construir. Y

esto, que parece un simple juego gramatical, está en relación con la separación firme, en

el mundo actual, entre las acciones de construir y habitar. La única correlación que

guardan, en un mundo esencialmente simplificador como el moderno, es que el construir

es el medio para el habitar.


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Relaciones entre el construir y el habitar

Para juzgar la verdadera correlación entre construir y habitar hay que tener en cuenta,

además de las acotaciones sobre el comienzo de los términos construir y habitar, es que el

hombre no se da sino como habitar. El ser en el orbe es nuestra única manera de ser. No

es que el hombre sea y, además, habite en el mundo. Con respecto al hombre, ser no

quiere decir otra cosa que habitar en la tierra. Y esto se explica muy bien en el artículo

cuando realiza la reflexión del Puente: construir no es habitar sino imponer, vencer a la

tierra y a lo divino.

Desde la perspectiva mostrada por el autor es posible advertir que las relaciones entre

construir y habitar son de copropiedad. No deducimos el atributo del edificar si no

pensamos que todo construir es ya un habitar. “Construir no es solo medio y camino para

el habitar, el construir es en sí mismo ya el habitar”. Habitar, en su índole, es permanecer,

estando protegidos, liberados de amenazas y daños (construir como guarnecer). Por eso a

lo construido la citamos como la morada de los mortales sobre la tierra, bajo el cielo y a

la espera de lo divino. Se constituye así una cuaternidad, donde los mortales están en la

Cuaternidad al habitar. Cada uno de los componentes de este cuádruple cuando se

nombra individualmente se está pensando en los otros tres, pero no se está considerado en

la simplicidad de los cuatro.

El proteger habitando o el habitar protegiendo tiene, así, una cuádruple función: salvar la

tierra en cuanto que no se la domina ni sobreexplota; recibiendo al cielo como cielo, sin

convertir la noche en día; esperando a los divinos como divinos, sosteniéndolos en lo

inesperado, yendo al encuentro de ellos y esperando las señales de su llegada y


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finalmente, conduciéndolos a la esencia propia de los mortales (ser capaces de la muerte

como muerte), siendo esta una muerte buena. El habitar entonces (entendido como

proteger, custodiar) consiste, por tanto, en salvar/proteger a la tierra, estar abiertos a lo

inesperado y conducir a los mortales. Pero no lograremos concebir así el habitar si no lo

pensamos como una residencia junto a las cosas. Ese morar junto a las cosas permite el

despliegue unitario de los cuatro elementos de la mencionada Cuaternidad. Y esto ocurre

solo si las cosas son dejadas en su esencia, tocando a los mortales cuidar las cosas.

Si realizamos una vista superficial, donde el construir es solo el sentido de edificar una

cosa que sirve para algo; utilizaremos la reflexión del puente, el cual sobre un río sirve

sencillamente para circular. Pero ya en el recorrer se anuncia algo más que solo el

tránsito, y es que el puente pone en cercanía dos orillas y detrás de esas orillas hay otros

lugares que quedan igualmente vecinos gracias al puente. Es decir, el puente recoge a su

alrededor una variedad de lugares y así compone un espacio por el que transitan los

mortales, cede a unos y otros aprovechar las bendiciones y soportar las inclemencias de la

tierra y el cielo, quedando totalmente bajo lo divino. Por tanto, la cosa a la que le decimos

puente reúne a los mortales, lo divino, la tierra, y el cielo, y lo hace constituyendo un

vínculo conexo de lugares antes esparcidos, es decir, dando espacialidad a los lugares y

restaurándolos para los mortales, en relación con la Cuaternidad.

Desde el puente todo lo que está en su entorno reanuda en su nuevo ser. El puente es,

pues, una cosa que especializa a los territorios. Los territorios especializados están

ubicados a mayor o menor distancia y tienen diferentes características. El recorrer dentro

de ese espacio corresponde a pasar de lugar a lugar, sin salirse del orden creado por el
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espacio, la particularidad de estos lugares tiene sus fundamentos en cosas del tipo de

construcciones. Si prestamos cuidado a estas relaciones espacios-lugares y espacio-

espacio, tendremos una zona de soporte para razonar la relación que tiene hombre-

espacio.

Para entender esta relación hombre/espacio es necesario concebir que no es una relación

independiente, como si el hombre estuviera por un lado y el espacio en otro, así, el

espacio no es algo contrapuesto al hombre sino su hábitat, su residir; un residir que se

reseña tanto a lo colindante como a lo distante, porque cuando mencionamos lo lejano

también lo estamos acercando. Cuando circulamos por ese universo acarreamos con

nosotros los elementos de la tierra, el cielo, lo divino y los mortales de ese espacio. Y así,

el vínculo del hombre con los espacios y, por medio de estos, confina en el habitar. “La

relación del hombre y el espacio no es otra cosa que el habitar esencialmente pensado”.

En ese espacio indicado anteriormente toda construcción es una morada, cuando la

construcción permite y, al mismo tiempo, establece el cuádruple de los mortales, lo

divino, la tierra y el cielo. En este caso, aceptar y establecer se corresponden, y por

corresponderse hacen del lugar una protección, una morada de dicha cuaternidad. Y así la

construcción da lugar al espacio, establece lugares y trama espacios, si la premisa para

ello le viene al construir de la unidad de la mencionada cuaternidad. Por tanto, del

cuádruple recibe el construir la medida para todo habitar. En cobijar a la cuaternidad, en

protegerla, está la esencia del habitar. Las construcciones, así ilustradas vuelven a colocar

en su sitio la esencia del habitar.


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Cuando el construir es dejar habitar a la cuaternidad, queda cimentado el proyectar como

ámbito conveniente para influenciar en los diseños de una construcción. La conclusión, el

proyecto, en cuanto volver a los mortales, lo divino, la tierra y el cielo, es el ámbito

adecuado para el habitar. Y el habitar es el rasgo fundamental de los mortales. Con esto

se habrá ganado lo suficiente si habitar y construir se incorporan a lo digno de ser

preguntado y permanecieran así como algo digno de ser pensado.

Concluyendo que construir y Pensar, según sus modalidades respectivas, son

indispensables para el Habitar.

Como comentario final el autor estimula a que recapacitemos alrededor de la profundidad

sobre, el término habitar (como se ha entendido en el documento: custodiando y

protegiendo la cuaternidad), en primera parte, formando expertos los cuales su propósito

final será brindar espacios habitables para el individuo, incluyendo a los profesionales

que estén involucrados en la construcción; y específicamente, a pensar en lo conveniente

del habitar como la manera en que coexistimos en este mundo.