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Andre Gunder Frank

El desarrollo del subdesarrollo


Pensamiento Crítico, Habana, agosto de 1967, número 7, páginas 159-173.

No podemos esperar formular teorías y programas adecuados sobre el desarrollo para la


mayoría de la población mundial que sufre el subdesarrollo, sin antes conocer como su pasado
económico y su historia social dieron lugar a su actual subdesarrollo. No obstante, casi todos
los historiadores sólo se ocupan de los países metropolitanos desarrollados y prestan escasa
atención a las regiones coloniales y subdesarrolladas. Por esta razón la mayor parte de
nuestras categorías teóricas y nuestras guías para la política de desarrollo provienen
exclusivamente de la experiencia histórica de las naciones avanzadas capitalistas de Europa y
de Norteamérica. Y puesto que la experiencia histórica de los países coloniales y
subdesarrollados ha probado ser muy diferente, las teorías en nuestro poder fallan en reflejar
completamente el pasado de la parte del mundo subdesarrollada. Y lo que es aún más
importante; nuestra ignorancia de la historia de los países subdesarroUados nos lleva a aceptar
que su pasado y hasta su presente se asemejan a las etapas primitivas de la historia de los
países hoy desarrollados. Esta ignorancia y esta aceptación nos ha llevado a serias falsas
concepciones sobre el subdesarrollo y el desarrollo contemporáneo. Además, la mayoría de los
estudios del desarrollo y del subdesarrollo adolecen de no tomar en cuenta las relaciones
económicas y otras entre las metrópolis y sus colonias económicas a lo largo de la historia de
la expansión mundial y del desarrollo del sistema mercantilista y capitalista. Por consiguiente,
la mayoría de nuestras teorías fracasan en explicar la estructura y desarrollo del sistema
capitalista como un todo y en tener en cuenta su generación simultánea de subdesarrollo en
algunos lugares y desarrollo económico en otros.

La perspectiva de “análisis de sistemas-mundo” y


el sistema-mundo moderno (la economía-mundo
capitalista)
Rodolfo Crespo
Rebelión

“No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca
en mí que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos
que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda” Carta de
Ernesto Guevara a su madre. México, 15 de julio de 1956.

En la década de 1970 el profesor norteamericano Immanuel Wallerstein se aparece


con una nueva propuesta para desarrollar “de otra manera” la concepción que
sobre el mundo y la historia existía hasta ese momento (y que se heredaba desde
el siglo XIX), “la perspectiva de análisis de sistemas-mundo” (1), que el
mismo se encargaría de decir, en 1987, en un artículo donde se le invitaba a
exponer en pocas páginas las premisas teóricas específicas de la misma, para un
libro editado por A. Giddens y J. Turner (Social Theory Today) que “no era una
teoría sobre el mundo social o sobre una parte de éste, sino más bien
una protesta contra la forma en que quedó estructurada la investigación social
desde su concepción a mediados del siglo XIX, a partir de una serie de suposiciones
a priori normalmente incuestionadas” (2).
La tesis fundamental de Wallerstein en la aplicación de la perspectiva del “análisis
de los sistemas-mundo”, que dio a conocer en su libro El Moderno Sistema
Mundial (1974), y que constituyó un duro mazazo teórico, ideológico y político a la
concepción del mundo que pregonaba la izquierda en aquel entonces (y que sin
embargo fue planteada, casi “fuera” del libro, en un agregado al final del mismo
titulado Repaso Teórico) era, que en el mundo había un solo sistema histórico:
una economía-mundo, y que ésta era una economía-mundo capitalista, al no poder
existir el capitalismo sin la estructura de la economía-mundo.

En su conceptualización, Wallerstein afirma que, “una economía-mundo, es un


sistema largo-mundo, no mundial: un mundo, pero no el mundo. Un mundo largo
que tiene en su seno varias entidades políticas, múltiples culturas, etc.”(3), aunque
desde el siglo XIX (y por primera vez en la historia de la humanidad) esa economía-
mundo que se comenzó a construir en Europa occidental entre los siglos XV y
XVI (4) terminó por expandirse a todo el globo, como un sistema único y en cual
vivimos todavía.

En ese sentido, y por lo mismo, Wallerstein llega afirmar (¡sic en 1974!) que no
podía hablarse, porque no había y por ello no existía, una economía socialista
mundial, dada la existencia de una serie de países socialistas (la llamada
“comunidad socialista”), “…aunque no se haya discutido en este
volumen…observaremos con gran reserva y prudencia en futuros volúmenes la
afirmación de que existen en el siglo XX economías nacionales socialistas en el
marco de la economía-mundo (por oposición a movimientos socialistas que
controlan ciertos aparatos de Estado en el seno de la economía-mundo)”(5).

En su afirmación de que los así llamados países “socialistas” no podían ser


socialistas Wallerstein apelaba, según el profesor español José María Tortosa, a la
evidencia filosófica de que la lógica y la dinámica del conjunto determinan a las
partes, algo a lo que se puede llegar gracias al enfoque del “análisis de los
sistemas-mundo”, que permite examinar los desarrollos internos de las sociedades
“socialistas” con respecto al desarrollo global del sistema capitalista.

El académico español explica la postura de Wallerstein a este respecto, la que


según él parece fluctuar entre las siguientes tres:

“1) Las partes del sistema favorecen la supervivencia del sistema total. Los países
‘socialistas’ son, efectivamente, diferentes de los ‘capitalistas’ (liberales), pero esa
diferencia no es otra que su adaptación al sistema y su colaboración en su
supervivencia. ‘Un Estado que posee colectivamente todos los medios de
producción es meramente una empresa capitalista colectiva mientras siga
participando –como tales Estados, de hecho, están obligados a seguir haciéndolo-
en el mercado del world-system capitalista’.

2) El sistema es contradictorio y, por tanto, en su funcionamiento ‘normal’ produce


y reproduce fuerzas antisistémicas. Los países ‘socialistas’ pueden ser tales, pero
hay que reconocer que es imposible alcanzar el socialismo a escala nacional. Lo
máximo que pueden ser es sociedades que muestren valores que serán los
dominantes en el futuro ya que ‘vivimos en los primeros estadios de la transición
del capitalismo al socialismo’. Pero nada más.

3) El world-system está formado por fuerzas que constantemente lo reproducen y,


al mismo tiempo, por fuerzas que dificultan su preservación. Ambas fuerzas no son
eternas: lo que hoy reproduce, mañana puede ser estéril; lo que hoy se opone,
mañana puede ser sustituido por algo distinto.” (6)
Y ahí está su verdadero atrevimiento, al desafiar la teoría vigente sobre la sociedad
y su evolución hasta ese momento, aquella promulgada por el marxismo-leninismo
tradicional y ortodoxo que, con el aval que le respaldaba ser la ideología dominante
(y “triunfante”) en los Estados de una tercera parte del globo terrestre (¡¿la
práctica mejor criterio para medir el acierto de la teoría?!), afirmaba que desde el
año 1917 (pero sobre todo después de la implantación del llamado “campo
socialista” tras la segunda guerra mundial) el mundo se dividía en dos sistemas
diametralmente opuestos: capitalismo y socialismo.

La audacia intelectual de Wallerstein era aún mayor si tenemos en cuenta, que ese
mismo marxismo, propalado por todo el mundo en aquel entonces, por los
manuales soviéticos y su editorial para temas sociales (Editorial Progreso)
consideraba que, desde mediados-fines de la década de 1950, el socialismo se
había convertido en el factor decisivo del desarrollo social, y para los años 70 de
ese mismo siglo XX la derrota norteamericana en Viet Nam, la victoria de Fidel
Castro en la Isla de Cuba (a sólo 120 kilómetros de EE. UU.), el proceso de
descolonización en Asia y sobre todo África, la victoria guerrillera en Nicaragua
(1979) y la lucha en El Salvador, Guatemala, etc, en América latina, hacían pensar
que la victoria definitiva del socialismo en el mundo y la ansiada sepultura del
capitalismo estaba a la vuelta de la esquina.

Quince años después de plantear su valiente afirmación, de que no existían dos


sistemas sino uno solo, el sistema-mundo moderno, que es unaeconomía-mundo
capitalista como se ha dicho y no podía ser de otra manera, el así considerado otro
sistema social (el socialismo) se derrumbó, incluso allí donde presuntamente se
había originado (la URSS y los Estados socialistas de Europa del Este). En un
artículo publicado en 1993 en coautoría con Giovanni Arrighi y Terence K. Hopkins,
Wallerstein que siempre ha considerado al año 1968 un año “fundacional” porque
simbólicamente en esa fecha comenzó el derrumbe no del socialismo sino del
sistema-mundo capitalista, consideraba a “1989 la continuación de 1968” (7)

Concomitante con la afirmación de que existe un solo sistema, el que comenzó


siendo un mundo en Europa occidental allá por el siglo XVI, y que ya en el siglo XIX
comenzó a ser el mundo, al concluir su expansión a toda la tierra, está el hecho,
sobre el que Wallerstein llama la atención, de que no es posible en los marcos
estrechos de las fronteras nacionales alcanzar el desarrollo, lo que se desarrolla no
son los países, las naciones sino la economía-mundo capitalista, “es el sistema-
mundo y no las ‘sociedades’ separadas, lo que ha estado ‘en desarrollo’” (8), y en
el capítulo 7 de su magistral libro “Impensar las ciencias sociales. Límites de
los paradigmas decimonónicos” después de haber dedicado varios de ellos a la
cuestión, concluye haciéndose una pregunta al respecto, que responde sin ambages
y diáfanamente: “Desarrollo: ¿cinosura o ilusión?. Espero que para este momento
mi respuesta sea obvia. El desarrollo nacional es hoy por hoy una ilusión, sin
importar qué método se defienda y utilice” (9). Y aquí vuelve a resaltarse su
osadía intelectual, pues justo en el año 1974, el año en que aparece la primera
edición de “El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los
orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI”, texto considerado
el iniciadordel “análisis de sistemas-mundo”, la VI asamblea especial de la ONU ,
acuña la expresión sobre un Nuevo Orden Económico Internacional,vocablos
que hacen referencia de modo genérico a las peticiones que presentaban los países
“subdesarrollados” (recién descolonizados e independientes) a los “desarrollados”,
relativas a las reglas de funcionamiento que debía seguir la economía internacional
a fin de que las “nuevas” naciones pudieran alcanzar a las “viejas” en la
consecución del mismo.

Resumiendo podemos afirmar que el vuelco decisivo en el estudio de Wallerstein


sobre la historia del mundo hasta los años 70 del siglo XX, ha sido determinar
claramente una nueva unidad de análisis, el sistema-mundo en lugar de la nación,
como lugar donde transcurren los distintos, interrelacionados y complejos procesos
sociales, como venía haciéndose hasta el momento, lo que le permitió dar un giro
fundamental en la determinación de, en qué etapa de su trayectoria se encuentra
actualmente el sistema en el cual vivimos, hacia dónde se encamina y qué actitud
debiéramos asumir las fuerzas antisistémicas que luchamos por su superación.

Con relación a la fase de su existencia en la cual se encuentra el sistema-mundo


moderno, el profesor norteamericano apoyándose en los estudios de Ilya Prigogine
sobre el comportamiento y la vida de los sistemas, arriba a la conclusión de que el
sistema-mundo moderno se encuentra actualmente en crisis estructural.

La economía-mundo capitalista como cualquier sistema, cuenta con una serie de


ritmos cíclicos, que son una serie de desviaciones que alteran el normal
desenvolvimiento del mismo, alejándolo de la “normal” situación de equilibrio; sin
embargo, debido a una serie de movimientos en el sentido inverso, el equilibrio
vuelve a restablecerse, de ahí el nombre de cíclicos, aunque el mismo nunca se
restaura hasta el mismo punto donde se encontraba antes, ya que estos cambios
en sentido contrario conllevan algunas alteraciones en los parámetros subyacentes
del sistema, “ de ahí que el equilibrio sea siempre un equilibrio en movimiento y,
por lo tanto, el sistema tenga tendencias seculares. Es esta combinación de ritmos
cíclicos y de tendencias seculares lo que define a un sistema que está funcionando
de manera ‘normal’. Sin embargo, las tendencias seculares no pueden continuar
por siempre, pues se topan con asíntotas. Cuando esto sucede, ya no es posible
que los ritmos cíclicos vuelvan a hacer que el sistema recupere el equilibrio, y es
aquí donde el sistema entra en problemas. Ingresa entonces en su crisis definitiva y
se bifurca, esto es, se ve a sí mismo ante dos o más rutas alternas hacia una nueva
estructura, con un equilibrio nuevo, nuevos ritmos cíclicos y nuevas tendencias
seculares. Pero cuál de las dos rutas alternas seguirá el sistema, es decir, qué tipo
de nuevo sistema se establecerá, esto es imposible determinarlo por adelantado,
por cuanto es una función de una infinidad de elecciones particulares que no están
limitadas sistemáticamente. Esto es lo que hoy sucede en la economía-mundo
capitalista.” (10)

¿Cuáles son esas tendencias seculares?. El ascenso del nivel real de los salarios
como porcentaje de los costos de producción, calculado como un promedio a lo
largo de la totalidad de la economía-mundo capitalista; el aumento del costo de los
insumos materiales y el incremento permanente de las tasas de tributación en casi
todos los países. (11)

Pero las mismas no sólo se circunscriben a la esfera económica, hay otra serie de
tendencias que afectan otros ámbitos del sistema-mundo capitalista que también
llegan a sus correspondientes asíntotas: un sistema interestatal relativamente
estable, del que los ciclos hegemónicos ha sido el motor llega a su fin, ya que es
poco probable que haya otro ciclo hegemónico en la historia ulterior de este
sistema que reemplace al norteamericano, en franca decadencia; un sistema de
producción mundial sumamente fructífero, del que los ciclos de monopolio (los
Kondratieff) han sido su propulsor, sigue atascado sin señales claras de que pueda
abrirse una nueva y pujante fase del mismo; y la desilusión de las masas del
mundo con el comportamiento, accionar y resultados de los movimientos
antisistémicos clásicos, que una vez que han estado, compartido o coqueteado con
el poder (algo que hicieron de una forma u otra entre 1945 y 1989 en casi todos los
Estados del sistema interestatal) ya que los mismos predicaron el desarrollismo y la
fe y esperanza en el progreso equitativo, democrático y despolarizado, asignaturas
éstas aún pendientes en el capitalismo, que no pudieron cumplir por constricciones
sistémicas y para colmo envueltas todas en un discurso ideológico disfrazado de
revolución antisistémica, siendo esta situación parte del panorama político del
mundo desde 1968. Y es tal la importancia de éste último factor, que debido al
derrumbe de éstos movimientos, el sistema se ha visto privado uno de sus mayores
puntales, ya que han suprimido una de las fuerzas de contención más importantes
ante los impulsos políticos de las clases populares, cuyas demandas, por muy
legítimas que sean, el sistema no está en condiciones de satisfacer, so pena de ver
disminuida la vital e imprescindible cuota que reclama la incesante acumulación de
capital. Demostración de ello ha sido el reconocimiento reciente, por parte de uno
de los portavoces de los dueños del sistema-mundo-moderno, el Secretario de
Estado norteamericano John Kerry, de las dificultades actuales para su manejo
cuando, comentando el atascadero geopolítico en que se había convertido la
situación en Ucrania, para los intereses de los poderosos del mundo, decía en un
arrebato de sinceridad que “ Tal vez no era muy evidente para los grandes
dirigentes de la época, pero durante la guerra fría todo era más fácil que hoy,
digamos que era más simple ” (12)

Esto nos lleva a plantear que la economía-mundo capitalista, está tocada por fallas
estructurales que ya no tiene manera de controlar y cuya combinación, está
creando una presión estructural masiva de largo alcance sobre las utilidades
provenientes de la producción que “está en proceso de convertir al sistema
capitalista en algo que ya no es rentable ni para los capitalistas.”(13)

Es cierto que los neoliberales con sus políticas de las últimas décadas han logrado
reducir estas presiones estructurales, pero ha sido cada vez menos de lo que las ha
aumentado la siguiente subida.

Las tendencias seculares mencionadas se aproximan a sus asíntotas, creando


límites a la acumulación del capital, y como la acumulación sin fin de capital es el
rasgo definitorio del capitalismo como un sistema histórico, la múltiple presión a la
que se ve sometido, tiende a volver inviable el motor primario del sistema y, en
consecuencia está creando una crisis estructural insalvable y ya imposible de
superar.

Pero, ¿qué puede significar y de hecho significa una crisis estructural para aquéllos
luchadores antisistémicos?. Implica que es la época propicia y dorada para la lucha
en pos de un nuevo sistema, dado que, cuando el sistema funciona “normalmente”
(está en condiciones de equilibrio) las leyes que lo gobiernan son deterministas, y
en ese caso los intentos de perturbación del mismo, por muy grandes que sean,
sólo son capaces de producir muy pequeñas desviaciones en su funcionamiento; en
cambio, cuando el sistema entra en crisis estructural, esto es, cuando el sistema se
aleja de las condiciones de equilibrio, viéndose imposibilitado de retornar a él, es
decir, el sistema entra en una situación de bifurcación y caos, sucede todo lo
contrario; en estas condiciones, un pequeño accidente o una pequeña fluctuación o
un pequeño ruido, son capaces de provocar grandes desviaciones y de tener un
enorme impacto en el sistema, pueden tener efectos más serios; de tal forma que,
si bien las situaciones caóticas producto de una crisis estructural son terribles, por
el periodo de desorden y desintegración que la acompaña (pese a ser de corta
duración en términos históricos), e inherentemente impredecibles en cuanto a sus
resultados, ya que no sabemos, no podemos saber cómo terminará todo, ni cual
será cualitativamente su desenlace, también ofrece un lado positivo (“el lado
amable de la historia” (14) según Wallerstein) ya que pesa más el libre
albedrío individual y colectivo, volviéndose fundamental la voluntad, el deseo, los
anhelos y las ansias de la gente.

Es en ese periodo en el cual nos encontramos los dos grandes grupos políticos
enfrascados en buscar una salida a la actual crisis estructural del sistema-mundo
capitalista, ¿quién ganará la lucha? El resultado de la lucha política será, como se
ha dicho, incierto, pero en parte será también resultado de quien sea capaz de
movilizarse, “en gran parte de quien analice mejor lo que está pasando y
comprenda cuáles son las alternativas históricas reales que enfrentamos
colectivamente. Es decir, nos encontramos en un momento en el que necesitamos
unificar conocimientos, imaginación y praxis. Si no corremos el riesgo de tener que
decir, dentro de un siglo, plus ça change, plus c'est la même chose. El
resultado es, insisto, intrínsecamente incierto, por consiguiente, requiere la abierta
intervención y creatividad humanas.”(15). A eso llama este artículo en el 84
cumpleaños de Immanuel Wallerstein (el gran inspirador de todas estas ideas) a
ese 99 % de excluidos o en pos de la exclusión, sí es que quieren vencer en esta
lucha por un mundo mejor a ese exiguo pero muy poderoso 1 % restante.

Notas.

*A los 27 años de edad y a 15-20 años de aparecer la perspectiva de Wallerstein


para analizar la historia de otra manera, en “protesta” a como se hacía hasta
entonces, el Comandante Ernesto Che Guevara ya planteaba, que el destino de su
vida y su opción histórica, estaban alejados y con creces de la geocultura de la
moderación que dominaba el mundo en el que vivía, el liberalismo, con su defensa
en la esfera política de la “vía media” y el “centro vital”, con el valor añadido, que
arriesgó su pellejo para demostrar sus verdades.

1. Aquí hemos optado por el término perspectiva seguido de análisis de sistemas-


mundo, aunque Wallerstein ha publicado un libro que lo ha titulado “Análisis de
sistemas-mundo: una introducción” (Siglo XXI. México. 2005) a “secas”
obviando la palabra perspectiva, y en el que toca aspectos importantes de su
concepción del mundo (está disponible íntegramente en el
link:http://geopolitica.iiec.unam.mx/sites/geopolitica.iiec.unam.mx/files/analisis_de
_sistemas_wallerstein_0.pdf ) . En entrevista concedida a Carlos Antonio Aguirre
Rojas en 1999 decía que “considero a esta perspectiva, más bien como un
movimiento intelectual…justamente, un movimiento que impulsa una
transformación del modo de hacer las cosas que hasta ahora ha sido imperante”. Y
en la misma entrevista, al ser preguntado por el profesor mexicano, de si “¿la
perspectiva del ‘World-Systems Analysis’, no la calificaría usted mismo como una
perspectiva marxista?” además de decir que “es una perspectiva influida por el
pensamiento de Marx, pero influida también por otras perspectivas”, no dejó de
recalcar al entrevistador que, “Si tú o cualquier otra persona, llaman a mi
perspectiva personal, análisis marxista, no tengo absolutamente nada que objetar a
esa afirmación...”. “Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema mundo
capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel Wallerstein )” .Editorial Era ,
2004.

2. Wallerstein, Immanuel. “El análisis de los sistemas-mundo”. Capítulo VIII del


libro “Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Un análisis de
sistemas-mundo”. Ediciones Akal. Madrid. España.2004. pág. 134. (las negritas
resaltadas son nuestras)

3. Immanuel Wallerstein. El capitalismo ¿Qué es? Un problema de


conceptualización. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y
Humanidades. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1999. Disponible
en:http://colegiodesociologosperu.org/nw/biblioteca/El_Capitalismo,_que_es.pdf .
En su libro “Las incertidumbres del saber” aclara mejor su interpretación del
término economía-mundo, sus orígenes braudelianos y el significado conceptual y
geográfico del mismo. “En el Mediterráneo, Braudel problematiza el concepto de
unidad de análisis. El mundo mediterráneo, afirma, es una ‘economía-mundo’. El
término proviene de la obra de un geógrafo alemán, Fritz Rörig, de la década de
1920, que hablaba de Weltwirtschaft. Braudel tradujo el término no
como économie mondiale sino como économie-monde. Como ambos
dejaríamos en claro muchos años después, la distinción era crucial, ya que se
trataba de la diferencia entre économie mondiale, que significa
‘economía del mundo’ y économie-monde, que significa una ‘economía que es
un mundo’. Las dos traducciones difieren, en primer lugar, en términos
conceptuales. En la segunda, el mundo no es una identidad reificada dada dentro
de la cual se construye una economía; más bien, las relaciones económicas definen
los límites del mundo social. La segunda diferencia es geográfica. En la primera
traducción, ‘mundo’ es equivalente a planeta; en la segunda, se refiere solamente a
un gran espacio geográfico (dentro del que se encuentran muchos estados) que, sin
embargo, puede ser, y a menudo es, más pequeño que el planeta, pero que
también puede abarcar el planeta entero” (Editorial Gedisa. S.A. Barcelona 2013.
Pág 79)

4. “…para la economía-mundo europea en su totalidad consideraremos a 1450-


1640 la unidad de tiempo significativa, durante la cual se creó una economía-
mundo capitalista, que sin duda era, como dice Braudel, ‘vasta pero débil’”.
Wallerstein, I. “El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los
orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI”. Editorial siglo XXI.
2ª Edición. Madrid 2010. Pág. 94.

5. Wallerstein, I. Obra citada. Pág. 494. En la ya citada entrevista a Aguirre Rojas,


Wallerstein plantea enfáticamente que “la tesis nuestra que más reacciones en
contra provocó por parte de la izquierda mundial, y que fue la idea que sostuvimos
desde los años setentas fue que la Unión Soviética había sido parte de la
economía-mundo capitalista, de manera integral y absoluta, durante toda su
existencia” (subrayados tomados del original). Y no deja impasible a nadie aquellas
irónicas palabras de José María Tortosa en 1992 cuando decía “Quien iba a decir a
los que criticaban a Immanuel Wallerstein por no aceptar como socialistas a los
países del Este [Europeo] que la posición del world-system se podría convertir en
un argumento para defender el comunismo (todavía no llevado a la práctica)
después del hundimiento de los países ‘falsamente’ ‘socialistas’”. Tortosa, José
María. “Sociología del sistema mundial”. Editorial Tecnos. Madrid. 1992. Pág.
68 (subrayados en texto original)

6. Obra citada Pág. 68. Los subrayados son citas extraídas por el autor del libro en
inglés The Capitalism World-Economy, Cambridge University Press. 1979. Pág
68-69 y 150 respectivamente.

7. Wallerstein, I., Arrighi, G., y Terence K. Hopkins “1989, la continuación de


1968”.. Realidad Económica Nº 114/5 - 16 de febrero de 1993. Disponible para
leer, no para copiar en http://www.iade.org.ar/uploads/c87bbfe5-6b8d-9073.pdf .
Preguntado por Carlos Antonio Aguirre Rojas para su libro de 2004, “Immanuel
Wallerstein: Crítica del sistema mundo capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel
Wallerstein)” Editorial Era, “¿Cómo impactan estos procesos y acontecimientos[que
culminaron con los sucesos de 1989] a las perspectivas del World-Systems
Analysis?, Wallerstein respondió algo tan sencillo como esto: “Hay que decir
claramente que la caída del Muro de Berlín no ha tenido el menor impacto sobre
mis puntos de vista. En verdad esperaba ya algo así. Obviamente no por lo que
respecta a los detalles o a los elementos concretos, pero si en lo que se refiere a las
líneas generales de este proceso.” Obra citada, Segunda Sección. Explorando la
perspectiva del “Análisis de los sistemas-mundo. (Entrevista con Immanuel
Wallerstein). Parte I. Esbozo biográfico intelectual. El autor desea agradecer la
cordialidad del profesor mexicano que nos la hizo llegar.
8. Wallerstein, I. “¿Desarrollo de la sociedad o desarrollo del sistema-
mundo?”. Capítulo 5 del libro “Impensar las ciencias sociales. Límites de los
paradigmas decimonónicos”. Editorial Siglo XXI. Segunda Edición en español
1999.

9. Wallerstein, I. “Desarrollo: ¿Cinosura o ilusión?”. Capítulo 7 del libro


“Impensar las ciencias sociales. Límites de los paradigmas decimonónicos”.
Editorial Siglo XXI. Segunda Edición en español 1999. Las negritas son nuestras.

10. Wallerstein, Immanuel. “La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo


caótico” Editorial Txalaparta. Tafalla. España.2005. Pág 77, 78.

11. Un análisis detallado de las mismas en “La crisis estructural del capitalismo
y la actitud de la izquierda”. Nardo Vázquez
Izquierdo.http://kaosenlared.net/america-latina/57178-la-crisis-estructural-del-
capitalismo-y-la-actitud-de-la-izquierda.html

12. “Todo era más simple en la guerra fría: John Kerrry”. Periódico La
Jornada. 23 abril 2014. Disponible
en:http://www.jornada.unam.mx/2014/04/23/mundo/023n3mun . En cuanto a los
ciclos hegemónicos ha sido tal la importancia de los mismos, que sin el ascenso y la
caída cíclicos de los poderes que los han ejercido, hubiese sido imposible
proporcionar “el grado crucial de equilibrio a la política interestatal del sistema-
mundo moderno, permitiendo con ello que los procesos de acumulación de capital
prosiguieran sin graves impedimentos. Una hegemonía que durara demasiado
tiempo hubiera empujado al sistema hacia su transformación en un imperio-mundo.
Y un sistema que nunca viera el surgimiento de un poder hegemónico no hubiera
tenido la posibilidad de crear los órdenes estables e interinos necesarios para
maximizar la acumulación”. Para un análisis más detallado de éstas tendencias
puede consultarse el artículo “La estructura interestatal del sistema-mundo
moderno”. Revista Secuencia, nueva época, número 32, mayo-agosto 1995.
Disponible en el link
secuencia.mora.edu.mx/index.php/Secuencia/article/download/.../4140 . Y en
cuanto al efecto benefactor de los ciclos Kondratieff, por lo visto ya truncados,
Michel Husson señala la distancia creciente hoy en día “entre la transformación de
las necesidades sociales y el modo capitalista de reconocimiento y de satisfacción
de estas necesidades” , viéndose la tecnología imposibilitada ya de modelar la
satisfacción de las necesidades sociales bajo la forma de mercancías de gran
productividad. A propósito es interesante la cita que toma de Robert Gordon, un
gran especialista en estas cuestiones cuando dice: “Desde 2000, las invenciones se
han centrado en los aparatos de diversión y de comunicación, que cada vez son
más pequeños, más inteligentes y tienen más prestaciones, pero no cambian
fundamentalmente la productividad del trabajo o las condiciones de existencia
como pudieron hacerlo la electricidad y el automóvil” (Husson, Michel. “La teoría
de las ondas largas y la crisis del capitalismo contemporáneo” disponible
en: www.vientosur.info/IMG/pdf/Ondas_largasHusson.pdf . Y Jorge Beinstein: “Las
crisis en la era senil del capitalismo. Esperando inútilmente al quinto
Kondratieff” en http://www.rebelion.org/docs/82165.pdf

13. Wallerstein, Immanuel. “La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo


caótico.” Editorial Txalaparta. Tafalla. España. 2005. Pág 188.

14. Wallerstein, Immanuel. “Utopística o las opciones históricas del siglo XXI”.
Versión revisada de las conferencias Sir Douglas Robb impartidas en la Universidad
de Auckland, Nueva Zelanda, los días 16, 22 y 23 de octubre de 1997.
Disponible:http://viviendayhabitat.ipvmendoza.gov.ar/material/Hector%20Poggiese
/Utopistica%20o%20las%20opciones%20historicas%20del%20siglo%20XXI.pdf

15. Wallerstein, Immanuel. “La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo


caótico.” Editorial Txalaparta. Tafalla. España. 2005. Pág 88.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia
de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

l SISTEMA-MUNDO: un giro en la historia del pensamiento económico desde la


perspectiva de Immanuel Wallerstein

Marcelo Fabián Vitarelli


Institución: Universidad Nacional de San Luis. Argentina

“…Si consideramos la incertidumbre como la piedra angular


para construir nuestros sistemas de saber, quizás podamos construir
concepciones de la realidad que, aunque sean por naturaleza aproximativas
y nunca deterministas, serían herramientas heurísticas útiles para analizar
las alternativas históricas que nos ofrece el presente en el que vivimos”
Wallerstein, 2004

Resumen- El presente trabajo se inscribe en el horizonte de los cambios introducidos por el


pensamiento complejo y su impacto en el quehacer de las ciencias a partir de mediados del
siglo XX. Desde allí presentaremos la categoría “sistema-mundo” acuñada por Immanuel
Wallerstein como herramienta de análisis contemporánea que revoluciona el campo de la
historia del pensamiento económico, refundando esquemas de acción y reflexión.

Palabras clave- Sistema-mundo, complejidad, historia del pensamiento económico,


economía.

Este texto fue presentado como


ponencia al
PRIMER ENCUENTRO
INTERNACIONAL SOBRE
Historia y teoría
económica
celebrado del 6 al 24 de abril de
2006

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el Informe Completo y
Actas Oficiales en CD-
ROM
que incluye todos los
Introducción debates en los foros, la
lista de participantes, con
Determinismo, universalidad, linealidad y reversibilidad fueron indicación de sus centros
algunas de las características de la ciencia moderna que ocupó el de trabajo y los
espacio de validación del saber científico de la mano de hombres documentos que se
poderosos y de estrategias de circulación del conocimiento. En presentaron en el Exhibidor
otros trabajos ya hemos anunciado los límites y alcances de este del Encuentro.
modelo que hegemonizó el pensamiento occidental dando lugar a
una única verdad que domesticaba la realidad.
Si usted participó en este
Encuentro, le enviaremos a
De la mano de una verdadera revolución copernicana, la ciencia
la vez su certificado en
clásica dejó de encontrar apoyo en las categorías que le dieron su
papel oficial.
impronta de certeza y la tornaron incuestionable y aceptable cual
nuevo dogma fundante de la modernidad. Esta transformación ha
venido siendo estudiada a nuestros días por científicos, Vea aquí los resúmenes
epistemólogos y filósofos, entre los cuales queremos dar cita a de otros Encuentros
tres de ellos que sobresalen por la talla de sus presentaciones y Internacionales como
enigmas planteados. Nos referimos a Ilya Prigogine , (1917-2001), éste
nacido en Moscú y radicado desde 1929 en Bruselas; Nóbel de
Química en 1977 y Doctor Honoris Causa de la Universidad VEA AQUÍ LOS
Nacional de San Luis, Argentina; fue el principal exponente en el PRÓXIMOS
campo científico de la teoría de la complejidad; Edgar Morin , ENCUENTROS
(1921 - ), sociólogo francés, incansable luchador preocupado por CONVOCADOS
los temas sociales, cuyo compromiso se ve reflejado en la acción
política frente al conocimiento, e Immanuel Wallerstein, (1930- ),
sociólogo norteamericano, fundador del Centro Fernand Braudel
en la Universidad de Estado de Nueva York e Investigador Titular
de la Universidad de Yale. Estos tres pensadores nos conducen
por el camino de la pregunta a destinos no siempre conocidos y
cuyo descubrimiento viene siendo polémico y problematizador en
los inicios del siglo XXI para quienes formamos parte de espacios
e instituciones abocadas a la investigación, en particular en el
campo de las ciencias sociales.

En el sentido de lo que la investigación trae aparejada hago


referencia a una comunidad de investigadores de diferentes
orígenes disciplinarios (ciencias naturales y ciencias sociales) que
nos hemos dado lugar en la Universidad Nacional de San Luis,
Argentina, constituyendo al presente un grupo consolidado de trabajo que ha venido
construyendo, desde 1995, un modelo para realizar diversas experiencias de investigación. Se
ha dado lugar al análisis de las tendencias epistemológicas (del modelo clásico de carácter
normativo y del modelo instrumental o epistemologías alternativas) y su impacto en las ciencias
humanas; de la evaluación de la fecundidad del mismo se incorporaron las teorías de la
subjetividad que, en la actualidad, constituyen el a priori de las ciencias humanas. Con la
incorporación del paradigma de la complejidad se pudieron responder diversas cuestiones
epistemológicas, teórico – disciplinarias en relación a las ciencias humanas y se propuso una
reformulación de las hipótesis de trabajo que orientaron inicialmente la investigación y la
creación de un modelo intermedio de la práctica vinculado a las ciencias sociales. De tal modo
que en la actualidad se sostiene que “…el paradigma de la complejidad permite reformular el
campo epistemológico de los problemas en ciencias humanas para intervenir y transformar,
atendiendo a las complejidades específicas de las prácticas docentes, investigativas y
profesionales…” .

La investigación brinda el sostén necesario para la reformulación de propuestas de enseñanzas


tanto en el nivel de grado como en el de postgrado. De tal manera que son las ciencias de la
complejidad las que al presente constituyen el encuadre epistemológico de cursos regulares de
diversas carreras de licenciatura en el campo de las ciencias humanas que desarrollamos en la
Universidad argentina. Así podemos pensar y operar en el campo de la enseñanza el
desplazamiento de una Economía de la Educación hacia una Economía y Educación , basado
sobre consideraciones de orden teórico desde el abordaje de un modelo complejo de la
enseñanza que ya hemos citado anteriormente. La multicausalidad y polivalencia de quien
enseña e investiga se hace presente a la hora de considerar al conocimiento multidimensional.
El campo de la enseñanza como el de la investigación nos conduce inevitablemente a una
actividad constante en el orden de incorporar nuevos desarrollos a los ya existentes en nuestro
espacio. De esta manera a los aportes hechos por Prigogine y Morin en su momento y que
seguiremos profundizando, agregamos ahora los de Immanuel Wallerstein por considerarlo se
inscribe en una línea de continuidad en lo que venimos trabajando.

Wallerstein y el Sistema-Mundo

Immanuel Wallerstein nació en Nueva York hacia 1930 y realizó sus estudios obteniendo el
grado de doctor (Ph.D en Sociología) en 1959 en la Universidad de Columbia, donde tuvo entre
sus profesores a C. Wright Mills y R. Merton; allí mismo entabló una relación intelectual con T.
Hopkins y G. Arrighi, intelectuales con los que emprenderá la construcción de su teoría del
sistema-mundo. Al momento de escribir el primer volumen de The Modern World-System hacia
1970, inició su relación académica con Fernand Braudel quien lo invitara en 1975 a conducir
junto a él su seminario de formación en Paris. A su regreso a los EE.UU., funda en 1976 el
Centro Braudel en la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton donde ejercerá
como docente hasta 1999, además de ejercer como Investigador Titular en la Universidad de
Yale. Dicho centro se constituirá en pocos años en el núcleo duro de estudios sobre el sistema-
mundo que reunirá a estudiantes de diversas partes del planeta.

Numerosas obras han construido el caudal intelectual del pensamiento complejo del autor y en
este sentido queremos destacar un trabajo cumbre que nos arroja a los desafíos de volver a
fundar las ciencias sociales en pleno siglo XXI. Estamos haciendo referencia a su obra “Abrir
las ciencias sociales” aparecida en español por primera vez en 1996 . La Fundación Calouste
Gulbenkian en el marco del proyecto “Portugal 2000” patrocinó numerosos estudios, entre ellos
trabajos de índole global y problemas comunes para el destino de la humanidad. Así fue que la
Fundación recibió con beneplácito la propuesta del Profesor Wallerstein, director del Centro
Braudel de la Universidad de Binghamtom para dirigir un esfuerzo internacional de distinguidos
estudiosos en una reflexión sobre el presente y futuro de las ciencias sociales.

En 1993 se creó la comisión presidida por Wallerstein y compuesta por Dominique Lecourt, Ilya
Prigogine y Richard Lee, entre otros, que dará como resultado años después un Informe que
intenta extender la discusión a la mayor cantidad de ámbitos universitarios, debatiendo
problemas subyacentes a lo local y elaborando con precisión los problemas interdisciplinarios,
para así sensibilizar a los Estados y las Instituciones sobre el mantenimiento y desarrollo de
investigaciones sociales urgentes y redituables en los campos de la vida pública. Para ello se
propone :

1. La expansión de instituciones, dentro de las universidades o aliadas con ellas, que agrupen
estudiosos para trabajar en común y por un año en torno a puntos específicos urgentes;
2. El establecimiento de programas de investigación integrados dentro de las estructuras
universitarias, cortando transversalmente las líneas tradicionales, con objetivos intelectuales
concretos y fondos para períodos limitados (alrededor de cinco años);
3. Nombramiento conjunto obligatorio de los profesores;
4. Trabajo adjunto para estudiantes de postgrado.

La obra del sociólogo norteamericano en el horizonte del sistema-mundo se centra


fundamentalmente en dos aspectos cuya fuerza detenta grandes consecuencias. Por una parte
el caracteriza a la coyuntura actual mundial como una forma de transición de un tipo de
organización social hacia otra y, por otra parte sostiene que el resultado de esta transición está
exclusivamente en nuestras manos. Las preocupaciones que atraviesan la obra de Wallerstein
se insertan en la categoría de sistema-mundo que constituye el objeto de su esfuerzo teórico;
la humanidad reconoce sistemas-mundos con capacidad para presentar una visión global
coherente y la crisis actual es la consecuencia de cambios fundamentales que atraviesa el
sistema-mundo capitalista emergente hace 500 años y expandido hoy a escala mundial.

“Como esto es lo que seguramente sucede en la explicación de los sistemas históricos,


fenómenos de gran escala y a largo plazo, hace tiempo que me resisto a la denominación
teoría de los sistemas-mundo para describir el trabajo que realizo, e insisto en que me he
dedicado, en cambio, a su análisis. Lo que sigue es el relato del itinerario y el desarrollo de una
no teoría, a la que denomino análisis de los sistemas –mundo”

Una serie de hitos en el desarrollo intelectual de Wallerstein van haciendo posible sus
consideraciones acerca de los sistemas-mundo, los cuales podemos seguir hoy a partir de las
numerosas trazas que nos deja.

El primero de ellos dice relación con su participación en el programa de postgrado en


Sociología en la Universidad de Columbia hacia 1950. Era en el Departamento de Sociología
donde el funcionalismo representado por Merton hacía suyos adeptos a la causa. Allí mismo
comienza a desarrollarse un programa de acción en torno a un nuevo campo de la sociología:
la sociología política y es entonces cuando el autor decide trabajar el cambio social
contemporáneo en África, ya que hacia 1950 este sector constituía el mayor reclamo de
autoafirmación del mundo no occidental. Wallerstein se interesa entonces por las relaciones
entre el centro y la periferia, entre el norte y el sur, temas muy caros a sus desarrollos futuros.

En 1961 aparecía en Paris el libro de Frantz Fanon, prologado por Jean Paúl. Sartre, titulado
“Los condenados de la tierra”; esta obra se convertiría en un manifiesto de los distintos
movimientos de liberación nacional y más allá de la polémica a la que esta obra invitaba, para
el sociólogo consistió en un aporte considerable sobre la base social de la racionalidad a partir
de una cuidadosa investigación de las ciencias sociales de carácter reflexivo. De hecho
Wallerstein se ocupó en numerosas ocasiones de defender la obra de Fanon . Pocos años
después y, dedicado al análisis de la escena contemporánea, realizando un trabajo sobre la
unidad africana en 1965 probaba un nuevo enfoque que tuvo como primeros escuchas a tres
universidades africanas en Ghana, Nigeria y Tanzania.

A su regreso a Columbia incorporó el modelo de análisis extendido, probado a modo


experimental en África, en sus cursos regulares y junto a Terence Hopkins se dedicó, a pedido
del Departamento de Sociología, a elaborar un curso de metodología del análisis comparado
que pronto se convirtió en una crítica del estudio comparado de sociedades nacionales . Por su
parte Hopkins y Wallerstein emprendieron juntos el proyecto de sistematizar las proposiciones
que aparecían en los artículos que utilizaban el método comparado, resultado de lo cual
concluyeron que algo andaba mal pues los artículos solo comparaban un país exótico con el
país de los autores y no un verdadero análisis estructural.

De la mano de Malowist, especialista en historia económica de los siglos XIV a XVII se acercó
a la obra “El Mediterráneo” de Fernand Braudel , a partir de la cual se produce un giro en sus
estudios y comienza a trabajar la noción de naciones viejas y naciones nuevas referidas a la
Europa occidental. Esto fue posible debido a la incorporación de conceptos de Braudel tales
como “economie-monde” y “longue durée”. Con el primero de ellos se deja en claro que se trata
no de una economía del mundo sino de una economía que es un mundo, que se refiere a un
gran espacio geográfico que a menudo es más pequeño que el planeta mismo; de modo tal
que acuñó el concepto colocando un guión entre ellos economía-mundo para distinguirlo de
economía mundial. La concepción de economía–mundo fue complementada con los términos
de reciprocidad (que Wallerstein denomina mini sistemas) y de redistribución e intercambio,
variantes que el autor reconoce de los sistemas-mundo: los imperios-mundo y las economías
mundo. Estos conceptos los tomó de Polanyi cuando hace referencia a los tres tipos de
comportamiento económico. Por su parte con el concepto de larga duración (que hace
referencia a la historia structurelle a diferencia de la événementielle y conjoncturelle) inscripto
en el horizonte de las temporalidades sociales múltiples, describe lo no siempre visible en lo
inmediato, de duración muy larga y cuyo cambio es lento, aunque no eterno.

El impacto de estas conceptualizaciones en la obra de Wallerstein fue decisiva, ya que en “El


moderno sistema mundial” no se ocupa de las verdades eternas y regulares que resultan del
análisis comparado, sino muy por el contrario rechaza la normalización de la naciente
sociología política abocándose a la historia de un fenómeno singular, el sistema-mundo
moderno a partir de su sistema interpretativo denominada “análisis de los sistemas-mundo”. A
ello se suma el concepto de periferia que abreva en Malowist y otros historiadores modernos,
de la manera que Raúl Presbich lo había inaugurado en los estudios sobre América Latina que
se realizaran en la naciente Comisión Económica para América Latina.

A principios de la década de 1980 Wallerstein dicta una serie de conferencias en la Universidad


de Hawai, a partir de lo cual escribe el “capitalismo histórico”, intentando analizar cómo
funcionaba en los hechos este sistema y aún más que había sólo un sistema capitalista. Doce
años después y a partir de otra serie de conferencias en la Universidad China de Hong Kong
aprovecha la ocasión para hacer una evaluación de la historia del sistema-mundo capitalista;
las conferencias llevaron por título “La civilización capitalista” .

En 1976 funda junto a Hopkins en la Universidad de Binghamtom el Centro Fernand Braudel


para el Estudio de Economías, Sistemas Históricos y Civilizaciones . El nombre de Braudel se
debe al compromiso de estudiar la larga duración, es decir el cambio social a gran escala. El
resto del título recibe la denominación en virtud de la publicación Annales, a excepción que en
lugar de sociedades se trata de sistemas históricos. La actividad principal de los Grupos de
Trabajo que conforman dicho centro es la investigación de áreas esenciales necesarias de ser
indagadas con la lógica de los sistemas-mundo.

A partir de 1980 Wallerstein y demás miembros del Centro Fernand Braudel se interesan por
los aportes realizados por Ilya Prigogine quien en 1977 recibiera el Nobel por su trabajo sobre
los “procesos de disipación” estudiando los sistemas que se alejan del equilibrio, aporte crucial
en el campo de la emergencia de las ciencias de la complejidad. De Prigogine retomará el
principio de “indeterminación fundamental”, no entendiendo que el orden y la explicación no
existen sino como la existencia de un caos determinista, es decir que el orden existe por cierto
tiempo, pero luego se deshace inevitablemente , cuando las curvas alcanzan puntos de
bifurcación (puntos en los que existen dos soluciones posibles para una misma ecuación). Esto
no significa que el conocimiento sea incompleto sino que el conocimiento a priori es imposible.
Tomando entonces los aportes de Braudel y Prigogine y aplicándolo a las transformaciones de
los sistemas sociales se obtiene que dichos sistemas tengan una vida formada por un
comienzo, un desarrollo normal y una crisis terminal en cuyo caso el impacto de la acción
social es mayor que en los períodos normales. El segundo principio en el que hará hincapié a
partir de Prigogine es que la reversibilidad del tiempo es absurda. La frase acuñada por
Eddington y desarrollada por Prigogine “la flecha del tiempo” otorgaría plausibilidad a la
insistencia en que los sistemas sociales eran sistemas históricos, y que ningún análisis podía
dejar de tener en cuenta esta afirmación. Así fue como Wallerstein se ocupará de convocar a
otros científicos mundiales bajo el patrocinio de la Fundación Gulbenkian para conformar una
comisión internacional para el estudio de la evolución histórica de las ciencias sociales, y
contemplar el hecho de su reestructuración . Numerosos estudios se han realizado en el Centro
Braudel en torno a los sistemas-mundo como una forma de protesta contra las formas en que
se practican las ciencias sociales y su teorización.
“En consecuencia, sigo pensando que la lucha es ardua, pero también que forma parte de la
transformación sistémica en la que estamos viviendo y en la que seguiremos todavía por un
tiempo. Por eso, sigo creyendo que nuestros esfuerzos valen la pena. Pero debemos estar
abiertos a escuchar muchas voces y muchas críticas si queremos seguir adelante. Y por eso
creo que es prematuro pensar que lo que estamos construyendo es una teoría”

En vistas de que el término teoría designa un conjunto de ideas interconectadas y que indica
también el final de un proceso de generalización y/o clausura de la actividad científica, resulta
contraproducente la denominación teoría de los sistemas –mundo; en virtud de ello Wallerstein
prefiere decir que se ha dedicado a su análisis y declara que se trata del desarrollo de una no
teoría que denomina análisis de los sistemas-mundo.

En su libro “The modern World System: Capitalist Agriculture and the Origins of the World-
Economy in the Sixteenth Century Wallerstein define al sistema-mundo como una estructura
con fronteras, grupos, normas que la legitiman y coherencia; es un mundo lleno de conflictos
que está en estado de tensión permanente y que experimenta cambios y demuestra sus
fuerzas así como también sus debilidades. Para el autor lo que caracteriza al sistema social es
su ser endógeno, en gran parte autosuficiente y existen dos tipos: el sistema pequeño con una
economía de subsistencia autónoma y el sistema-mundo que se basa en una economía
extensa y contiene una diversidad cultural de múltiples expresiones. Dos tipos de sistema
mundo han existido: el sistema-mundo imperio caracterizado por un régimen político
centralizado y el sistema-mundo económico que carece de un sistema político centralizador.

Los sistemas-mundo económico eran estructuras inestables en el era premoderna y bien


evolucionaban hacia imperios o se desintegraban. Lo particular del sistema-mundo moderno es
que ha dado lugar a una economía-mundo que ha durado 500 años . La falta de un centro
hegemónico según Wallerstein es el secreto de la fuerza del sistema-mundo moderno y
constituye el lado político de la organización económica llamada capitalismo. La multiplicidad
de sistemas políticos que conviven sería la clave del éxito; de esta manera se le ofrece a los
capitalistas mucha libertad para moverse en la estructura sin restricciones y además el
capitalismo se expande territorialmente en diversas direcciones y a diferentes ritmos sin
enfrentar limitaciones de orden político.

De todas maneras en su obra se deja abierta la posibilidad para que aparezca un sistema-
mundo alternativo el cual al decir del autor debería integrar las esferas económicas y políticas
equilibrando la distribución del poder en los grupos sociales; esto sería un sistema-mundo
socialista, aunque debemos tener cuidado pues Wallerstein o esta hablando aquí del
socialismo soviético ya que lo considera como periférico del sistema-mundo capitalista.
Aparecen entonces las nociones de centro y de periferia en el sistema-mundo, en donde el
centro dirige y acumula la riqueza y la periferia es objeto de explotación sistemática, en el
medio entre una y otra la semiperiferia actúa promoviendo nuevos centros. Según el autor
América Latina en el sistema-mundo capitalista desde su aparición de 500 años ha sido
periférica aunque algunos casos han operado como semiperiferia. El sistema-mundo capitalista
actúa en función de reglas, las que se reflejan en los ritmos cíclicos y las tendencias seculares.
“Como todos los sistemas, la proyección lineal de sus tendencias encuentra ciertos límites,
después de lo cual el sistema se encuentra a sí mismo lejos del equilibrio y comienza a
bifurcarse. A partir de de este punto, podemos decir que el sistema está en crisis, y que transita
a través de un período caótico en el cual busca estabilizar un nuevo y diferente orden, es decir,
que realiza la transición desde un sistema a otro. Qué es lo que este nuevo orden será, y
cuando se estabilizará, es algo imposible de predecir, pero también es algo que se encuentra
fuertemente impactado por las acciones de todos los actores que participan en toda esta
transición. Y es exactamente la situación en la estamos ahora”

En Praga mientras pronunciaba una conferencia en 1997, Wallerstein anunciaba la crisis


Terminal del sistema-mundo capitalista en base a una serie de premisas que irrumpen
confrontando los discursos científicos reinantes. Describe el ciclo general de un sistema
formado por su parición, desarrollo, decadencia y muerte, en donde la desaparición tiene que
ver con la incapacidad para mantener el equilibrio al no poder controlar las tensiones que lo
sacuden desde el interior. En el centro de la crisis se producen las bifurcaciones que
constituyen las alternativas abiertas en las tensiones que desgarran al sistema; sus resultados
son impredecibles. Para Wallerstein este sistema-mundo se encuentra en su crisis terminal,
“Sin embargo, ya que el resultado es incierto, no sabemos si el sistema (o los sistemas)
resultante será mejor o peor que el actual, pero si sabemos que el período de transición será
una terrible etapa llena de turbulencias, ya que los riesgos de la transición son muy altos, los
resultados inciertos y muy grande la capacidad de pequeños imputs para influir sobre dichos
resultados”

De todas maneras las transformaciones sociales son posibles pero no necesariamente


seguras, en donde la incertidumbre es maravillosa y la certeza sería la muerte moral.
“Si estuviésemos seguros del futuro, no habría apremio moral alguno para hacer cualquier
cosa. Seríamos libres para satisfacer cualquier pasión y actuar siguiendo cualquier impulso
egoísta, ya que todas las acciones estarían sometidas a una ordenada certeza. Por el
contrario, si todo está sin decidir, entonces el futuro está abierto a la creatividad, no sólo a la
creatividad meramente humana, sino también a la creatividad de toda la naturaleza. Está
abierto a la posibilidad y, por lo tanto, a un mundo mejor”

Diversas presiones estructurales someten al mundo moderno y al no poder controlarlas


erosionan la rentabilidad de las inversiones en sectores claves de la economía global. La
primera presión que sufre el capitalismo dice relación con el costo de la fuerza de trabajo, ya
que el acceso a la fuerza de trabajo barata en las regiones del mundo no integradas al sistema-
mundo se está agotando. La búsqueda de trabajadores más allá de la periferia del sistema-
mundo capitalista se está volviendo muy difícil. Esto se ve reflejado en los últimos años en las
protestas iniciadas por la periferia y semiperiferia contra el neo-liberalismo, como así también al
empobrecimiento de quienes se oponen a las políticas de flexibilización laboral y reducción del
“Estado de bienestar”. Todo esto tiene que ver con que:
“…la primera (presión estructural) es consecuencia del proceso de desruralización del mundo,
que está ahora muy avanzado y que probablemente se habrá completado totalmente dentro de
los próximos 25 años. Es un proceso que está incrementando inexorablemente el costo del
trabajo en tanto que magnitud porcentual del valor total creado” .

La segunda presión estructural tiene que ver con el ambiente. Hay un límite en la capacidad
que tienen las empresas capitalistas para externalizar sus costos usando los recursos naturales
y los bienes públicos como si no trajeran aparejados costo alguno. Diversos sectores sociales
están padeciendo la degradación del medio ambiente y la destrucción de la infraestructura.
Cuencas, bahías, bosques, áreas urbanas construidas con fondos públicos para beneficio de
intereses privados. Estamos llegando al agotamiento ecológico lo cual hace aumentar el costo
de los insumos dentro del porcentaje del valor total. La tercera presión o fuente de desequilibrio
tiene que ver con el límite de los sistemas políticos de someter a sus trabajadores a crecientes
regímenes impositivos. Para Wallerstein:
“… la tercera presión es la democratización en el mundo, que conduce a demandas crecientes
respecto al gasto público en educación, salud y garantías del ingreso de vida. Esto está
impulsando hacia arriba los costos de los impuestos en el porcentaje del valor creado”

La desruralización, la externalización y la democratización marcan los puntos de desequilibrio


en el sistema y constituyen procesos sociales irreversibles, al menos al corto plazo; si estos
llegan a su límite la crisis será total, de hecho ya están produciendo una reducción estructural a
largo plazo, al punto de ir transformando el sistema capitalista en un sistema no rentable para
los propios usuarios .

Ahora bien, la crisis del sistema-mundo moderno no sólo es considerada como un fenómeno
social y económico, sino también que existe una incapacidad para comprender los procesos en
que estamos envueltos. Se produce una crisis del conocimiento en donde la ciencia muy a
pesar de lo expresado por Prigogine sobre la nueva alianza entre el hombre y la naturaleza ,
más bien se desarrolla para servir al capitalismo en donde la especialización es el ejemplo más
claro de cómo no pudo dejar de transformar en sus principios, en la medida que cambiaban las
estructuras económicas y culturales . Estamos entonces viviendo el fin del modo en que hemos
sabido el mundo:

“Es decir, el fin de la utilidad de las herramientas y de los marcos de trabajo actuales de
nuestro sistema de saber. En particular, la idea de que el saber científico de un lado, y el saber
filosófico /humanístico del otro, son radicalmente diferentes, y que son modos intelectualmente
opuesto de saber en el mundo. La idea, que, a veces, llamamos la tesis de las dos culturas se
está volviendo, no sólo inadecuada como explicación de la enorme transición social que
estamos ahora viviendo, sino incluso un obstáculo mayor para enfrentar inteligentemente esta
misma crisis. Hay que recordar que esta idea tiene solo doscientos años de antigüedad y que
nunca existió en otro sistema histórico”
Bibliografía
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los días 27 al 30 de marzo. En http://www.forum-
global.de/soc/bibliot/2004/wallerstein_intelect.htm.
---------------------------- (2004) Las incertidumbres del saber. Gedisa editorial. Barcelona, España

Immanuel Wallerstein: Análisis de Sistemas


– Mundo (Descargar Libro)
Una introducción
Immanuel Wallerstein

siglo veintiuno editores

Para comenzar:

Comprnder el mundo en que vivimos

Los medios, así como también los científicos sociales, repiten cons¬tantemente que hay dos
cosas que dominan el inundo en que vivimos desde los últimos decenios del siglo xx: la
globalización y el terroris¬mo. Ambos se nos presentan como fenómenos sustancialmente
nue¬vos: el primero rebosante de esperanzas y el segundo, de peligros te¬mibles. El
gobierno de los Estados Unidos parece desempeñar un papel central en el avance de uno y la
lucha contra el otro. Pero por supuesto, estas realidades no son meramente estadounidenses
sino mundiales. Lo que subyace a gran parte de este análisis es el eslogan de la señora
Thatcher, primer ministro de Gran Bretaña entre 1979 y 1990: TINA (“There is NO
Alternative”, en español: “No Hay Ninguna Alternativa”). Se nos dice que no hay ninguna
alternativa a la globa¬lización, a cuyas exigencias todos los gobiernos deben someterse. Y se
nos dice que, si queremos sobrevivir, no hay ninguna alternativa más que aplastar sin piedad
al terrorismo en todas sus manifestaciones.

La caracterización no es falla de verdad, pero sí muy parcial. Si ob¬servamos la globalización


y el terrorismo como fenómenos definidos en un tiempo y escena limitados, tendemos a
llegar a conclusiones tan efímeras como los periódicos. En general, no hemos sido capaces
de comprender el significado de estos fenómenos, sus orígenes, su trayectoria y, más
importante aún, cuál es su lugar en el orden mayor de las cosas. Solemos ignorar su
historia. Somos incapaces de juntar las piezas del rompecabezas y nos sorprendemos
constantemente de que no se cumplan nuestras expectativas a corto plazo.

¿Cuántas personas esperaban en los años ochenta que la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas se desmoronase tan rápida y pacífi¬camente como lo hizo? ¿Y cuántos esperaban
en 2001 que el líder de un movimiento del que pocos habían oído hablar, al-Qaeda, atacase
las torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono el 11 de septiem¬bre, provocando tanto
daño? No obstante, vistos desde cierta perspec¬tiva, ambos hechos forman parte de un
escenario mayor cuyos deta¬lles pudiéramos no haber conocido por adelantado pero cuyos
rasgos generales eran mas que predecibles.

Parte del problema es que hemos estudiado estos fenómenos en compartimientos estancos a
los que hemos dado nombres especiales —política, economía, estructura social, cultura— sin
advertir que di¬chos compartimientos eran construcciones de nuestra imaginación más que
de la realidad. Los fenómenos de los que nos ocupábamos en dichos compartimientos
estancos estaban tan estrechamente en¬trelazados que cada uno presuponía al otro, cada
uno afectaba al otro y cada uno era incomprensible sin tener en consideración a los de¬más
compartimientos. Y otra parte del problema es que tendemos a dejar fuera de nuestras
consideraciones analíticas acerca de aquello que es “nuevo” o no los tres puntos de inflexión
importantes del sis¬tema-mundo moderno: 1) el largo siglo XVI, durante el cual nuestro
sistema-mundo moderno vio la luz como economía-mundo capitalis¬ta; 2) la Revolución
francesa de 1789, como acontecimiento mundial que dio lugar a la dominación subsiguiente,
durante dos siglos, de una geocultura para este sistema-mundo, cultura que fue dominada
por un liberalismo centrista, y 3) la revolución mundial de 1968, que presagió la larga fase
terminal del sistema-mundo moderno en que nos encontramos y que socavó la geocultura
liberal centrista que man¬tenía al sistema-mundo unificado.

Quienes proponemos el análisis de sistemas-mundo, lema del que trata este libro, venimos
hablando acerca de la globalización desde mucho antes de que el término fuera inventado
(no, empero, como de algo nuevo sino como de algo que había sido un elemento bási¬co
para el sistema-mundo moderno desde que éste comenzara en el siglo XVI). hemos
argumentado que los compartimientos estancos de análisis —lo que en las universidades se
denomina disciplinas— son un obstáculo y no una ayuda en la comprensión del mundo.
He¬mos argumentado que la realidad social en que vivimos y determi¬na cuáles son
nuestras opciones no ha sido la de los múltiples esta¬dos nacionales de los que somos
ciudadanos sino algo mayor, que hemos llamado sistema-mundo. Hemos dicho que este
sistema-mun¬do ha contado con muchas instituciones —estados y sistemas inte¬restatales,
compañías de producción, marcas, clases, grupos de iden¬tificación de todo tipo—y que
estas instituciones forman una matriz que permite al sistema operar pero al mismo tiempo
estimula tanto los conflictos como las contradicciones que calan en el sistema. He¬mos
argumentado que este sistema es una creación social, con una historia, con orígenes que
deben ser explicados, mecanismos presentes que deben ser delineados y cuya inevitable
crisis terminal ne¬cesita ser advertida.

Este punto de vista no sólo nos ha enfrentado a la sabiduría oficial de quienes detentan el
poder, sino también a buena parte del cono¬cimiento convencional propuesto por los
científicos sociales a lo lar¬go de los últimos dos siglos. Por tal motivo, decimos que es
importan¬te mirar de un nuevo modo no sólo el modo en que funciona el mundo en que
vivimos, sino también cómo hemos llegado a pensar acerca de este mundo, Los analistas de
sistema-mundo se ven a sí mis¬mos, por lo tanto, como participantes de una protesta
fundamental contra los modos en los que hemos pensado que conocíamos el mun¬do. Pero
también creemos que la emergencia de este modo de análi¬sis es un reflejo, una expresión,
de la protesta concreta contra las pro¬fundas desigualdades del sistema-mundo que ocupan
el centro político de nuestro tiempo.

Yo mismo me he dedicado y he escrito acerca de análisis de siste¬mas-mundo durante los


últimos treinta años. Lo he utilizado para des¬cribir la historia y los mecanismos del sistema-
mundo moderno. Lo he utilizado para delinear las estructuras del saber. Lo he discutido
como un método y un punto de vista. Pero jamás había intentado pre¬sentar en un mismo
lugar la totalidad de lo que entiendo por análisis de sistemas-mundo.

En estos últimos treinta años, el tipo de trabajo catalogado bajo es¬te título se ha vuelto
más común y su práctica se ha difundido geográ¬ficamente. Sin embargo, aún continúa
siendo una visión minoritaria, una visión opuesta, en el mundo de las ciencias sociales
históricas. Lo he visto elogiado, atacado y con frecuencia mal explicado y mal inter¬pretado,
a veces por críticos hostiles y no muy bien informados, pero otras veces por individuos que
se consideraban a sí mismos partida¬rios o al menos simpatizantes. Decidí entonces que me
gustaría expli¬car cuáles son las que considero sus premisas y principios, dar una vi¬sión
holística de una perspectiva que sostiene ser un llamado a la constitución de una ciencia
social histórica holística.

Este libro se dirige simultáneamente a tres públicos. Está escrito para el lector medio que no
cuenta de antemano con e! conocimien¬to de un especialista. Dicha persona puede ser tanto
un alumno que recién ingresa al sistema universitario como un miembro del público general.
En segundo lugar, está escrito para el alumno de grado en ciencias sociales históricas
interesado en una seria introducción a los temas y perspectivas encuadrados bajo el título de
análisis de sistemas-mundo. Y finalmente está escrito para el estudioso que desea
exami¬nar mi punto de vista particular dentro de una incipiente pero pujan¬te comunidad
académica.

El libro comienza trazando lo que muchos lectores considerarán un camino que no conduce a
nada. El primer capítulo es una discusión acerca de las estructuras de saber del sistema-
mundo moderno. Es un intento por explicar los orígenes históricos de este modo de análisis.
En los capítulos 2 a 4 discutimos los mecanismos concretos del siste¬ma-mundo moderno. Y
es sólo en el capítulo 5, el último, que discu¬timos el futuro posible al que nos enfrentamos
y por ende, nuestras realidades contemporáneas. Algunos lectores preferirán dirigirse
direc¬tamente al capítulo 5, y convertirlo en su capítulo 1. Si he estructurado mi
argumentación de la manera en que lo he hecho es porque creo firmemente que para
entender el análisis de sistemas-mundo el lec¬tor (incluso el joven y principiante) necesita
“impensar” mucho de lo que ha aprendido de la escuela primaria en adelante, reforzado
cotidianamente por los medios de comunicación masivos. Es sólo mediante la confrontación
directa de cómo hemos llegado a pensar del modo en que lo hacernos como podemos
comenzar a liberarnos para pensar de maneras que, creo, nos permitan analizar de forma
más coherente y útil nuestros dilemas contemporáneos.

Los libros son leídos de distintas maneras por personas distintas, y supongo que cada uno de
los tres grupos de lectores a quienes está dirigido este libro lo leerá de manera diferente.
Sólo puedo esperar que cada grupo, cada lector individual, lo encuentre de utilidad. Ésta es
una introducción al análisis de sistemas-mundo. No tiene la pretensión de ser una summa. El
libro intenta cubrir todo el espectro de temas, pero sin duda algunos lectores entenderán que
faltan ciertos elementos, otros se encuentran sobrevaluados y, desde ya, algunos de mis
argumentos son, simplemente, erróneos. El libro se plantea como una introducción a un
modo de pensar, siendo por ende también una invitación a un debate abierto, del que espero
participen los tres públicos.

Materiales para
pensar
Textos filosóficos, sociológicos, psicoanalíticos y políticos
para el pensamiento crítico. El autor de todos los textos es
Luis Roca Jusmet ( lroca13@gmail.com )
martes, 24 de marzo de 2015

IMMANUEL WALLERSTEIN : UN ANÁLISIS


IMPRESCINDIBLE

Escrito por Luis Roca Jusmet


Immanuel Wallerstein es un analista clave para
entender la sociedad en que vivimos. Lo es desde la
perspectiva rigurosa, clara y crítica de un científico
social que niega la división de las dos culturas, la
científica y la humanística. Y que plantea una
concepción integrada de todas las ciencias sociales:
lo que él llama la sociología histórica. Esta
sociología no sólo no está separada de la historia
sino que además rompe las barreras entre la
antropología, la sociología, la economía y la política.
Porque esta división lo que marca una concepción
del saber que se corresponde con el tipo de
sociedad que emerge a partir del siglo XV y que ya
está globalizada el siglo XIX. Esta sociedad es lo
que Wallerstein llama un Sistema-Mundo. Con este
término se refiere a un tipo de sociedad que tiende a
la máxima expansión, a un dominio global. Hasta
ahora estos sistemas eran los Imperios, que estaban
basados en un poder político absoluto. Pero el
Sistema-Mundo moderno es una Economía-Mundo.
Esto quiere decir que su dominio no es político sino
económico. Este dominio económico es impersonal,
es la lógica que rige el funcionamiento del sistema,
que es el de la acumulación de capital. Todo se ha
ido ordenando alrededor de esta finalidad, que es
totalmente irracional.
En contra de otros planteamientos, Wallerstein no
cree que lo esencial del capitalismo sea su
naturaleza de economía de mercado. En este
sentido sigue la línea del historiador Fernand
Braudel y el economista Karl Polanyi al considerar
que el capitalismo es, en cierta forma, una economía
anti-mercado. Lo es en la medida en que la lógica
del sistema tiende al oligopolio o al monopolio y no a
la libre competencia. Aunque lo que sí es cierto es
que esta acumulación de capital la realiza a partir de
una mercantilización progresiva de todos los
elementos sociales. Otra cosa es lo que dice el
liberalismo, que es una ideología que oculta más
que muestra el funcionamiento real del capitalismo.
Aquí es fundamental entender el papel del Estado,
pieza fundamental para garantizar este mecanismo.
El Estado es ambivalente. Aunque pueda recoger los
frutos de los movimientos reivindicativos ( a los que
él llama antisistémicos) y ser así un elemento de
redistribución de los recursos, no hay que olvidar su
papel fundamental. El Estado crea las
infraestructuras ( de comunicación, de información,
de energía..), las fronteras y la legalidad que
necesita el capitalismo. Tiene además el monopolio
de la violencia, que le permite garantizar el orden
interno centrado en la propiedad privada ( policía)
como la competencia por los mercados ( ejército) .
Pero también se dedica a socializar las pérdidas de
los oligopolios y los monopolios a través de
subvenciones, los beneficios fiscales o simplemente
inyectandoles el dinero que necesitan para seguir
acumulando capital. Hoy más que nunca me parece
que es evidente esta última afirmación. Otro
elemento fundamental en el planteamiento de este
gran sociólogo es la división entre países centrales y
países periféricos. No se trata de algo contingente o
accidental sino de algo sustancial. Hay un
intercambio desigual que hace que las clases
trabajadores de los países centrales recojan una
parte del beneficio del excedente de esta relación de
dominio de unos países sobre otros. Aunque aquí
hay que decir que no es justo atribuir a Wallerstein la
sustitución de la lucha de clases por la lucha entre
países. Son dos aspectos del sistema que hay que
entender de manera entrelazada como
manifestaciones de la lucha de clases. La realidad
es compleja, aunque sea más fácil verla de manera
simplificada.
En este denso resumen que Immanuel Wallerstein
hace en este libro de sus propias teorías hay otros
aspectos que vale la pena remarcar. En primer lugar
su noción de estructura dinámica, de crisis y
de bifurcación. Estos conceptos los extrae de un
científico que es Ilya Prigogine. Como él mismo este
Premio Nobel de Química quiso trazar un puente
entre las ciencias naturales y las sociales. Una
estructura dinámica es un sistema ordenado de una
determinada manera. Cada estructura tiene un inicio,
una desarrollo, una crisis y dos salidas posibles.
Aplicado a la sociedad humana la historia es la
transformación de estructuras (larga duración) o lo
que ocurre en cada estructura ( corta duración). En
este proceso no se contempla la idea de revolución
porque un sistema se acaba por sus propias
contradicciones internas y es en este momento
cuando la acción humana decide cual será la salida.
El capitalismo no fue resultado de una revolución
burguesa, que según Wallerstein nunca existió, sino
de una salida favorable a los grupos más poderosos
del feudalismo, que se transformaron en la nueva
burguesía. Otra opción hubiera sido la formación de
comunidades más igualitarias de pequeños
propietarios. El capitalismo llegará pronto a su fin
porque es incapaz de resolver sus contradicciones
internas. Será la lucha entre las élites económicas y
los movimientos antisistémicos la que decidirá lo que
vendrá después, que puede ser mejor o peor en
función de quien gane la lucha. Sí se le puede
criticar a Wallerstein la poca precisión de este
término, por lo menos tal como aparece en el libro al
situar en un mismo plano el nacionalismo y el
socialismo ( que por otra parte tiene un contenido
muy poco matizado).
Desde el punto de vista ideológico el capitalismo es
paradójico porque vive la tensión entre el
universalismo y el particularismo. Su universalismo
es el del mercado y el de la ciencia. Su
particularismo es el del nacionalismo, el racismo y el
sexismo. Wallerstein es contundente: el racismo es
un invento del capitalismo para justificar las
desigualdades económicas. Antes del capitalismo
existió xenofobia, no racismo. Respecto al sexismo
también sostiene que nunca fue tan claro como con
el capitalismo, donde se convierte a la mujer en un
ser improductivo y se forma una familia nuclear
patriarcal. Aquí, evidentemente, habría mucho que
discutir porque en lo que respecta al sexismo lo
cierto es que el capitalismo ha sobrevivido a la crisis
del patriarcado en los países centrales. Respecto al
racismo habría aquí toda una reflexión sobre si hay
un racismo cultural que es herencia del racismo
genético.
Wallerstein no es marxista. Respeta a Marx pero
considera que tuvo sus aciertos y sus errores, como
podemos comprobar por los comentarios anteriores.
Pero quizás la diferencia básica es que para
Wallerstein el capitalismo no tuvo un carácter
progresivo. Es un sistema totalmente irracional, sin
ninguna función histórica y que ha empobrecido a la
mayor parte de los habitantes del planeta, que viven
peor que antes. Tampoco es comunista, ya que para
él el llamado socialismo real no fue nunca una
alternativa a la Economía-Mundo capitalista. Esta es
una de las contradicciones de los movimientos
antisistémicos : al tomar el poder del Estado se
acaba convirtiendo en una pieza más dentro del
sistema global. Esta afirmación es, sin duda, un
escándalo para muchos sectores de la izquierda.
Quizás esta reseña sea un resumen del propio
resumen que es en sí mismo el libro, sobre todo de
su monumental estudio El moderno sistema
mundial. Pero no puedo evitar dar a conocer en
estas líneas la teoría del quizás más importante
analista crítico del capitalismo en el momento actual.
Nacido en Nueva York en 1930 Immanuel
Wallernstein completa su inmenso trabajo teórico (
con una indudable base empírica) con artículos y
entrevistas sobre el momento presente.
Comprometido en una posición claramente de
izquierdas nos proporciona un material que es, bajo
mi punto de vista, imprescindible para cualquiera
que quiera entender lo que estamos viviendo hoy a
nivel mundial. No es desde lo más simple como
vamos entendiendo lo más complejo ( los ilusorios
“hechos” del positivismo) sino construyendo un
marco global dinámico como podemos ir situando y
entendiendo lo más concreto.

Para Wallerstein vivimos en una época que ha


producido un saber que impide entender y mejorar el
mundo en que vivimos. No es que este saber sea
inútil para el sistema. Es útil en dos aspectos :
funciona como una ideología y como un saber
instrumental. Desde el siglo XIX se ha consolidado
un tipo de saber orientado por la ideología liberal
positivista. Este saber se ha extendido enormemente
siguiendo un determinado modelo organizativo, que
es el universitario. Cada Universidad se divide en
facultades, estas en departamentos y estos en
cátedras. Cada una ocupándose de lo suyo, de una
disciplina tan específica y precisa como fuera
posible. Sin saber nada de las otras. Con sus
jerarquías y sus publicaciones académicas.

Este tipo de saberes se basan en una serie de


supuestos.

1. Las ciencias físico-naturales son el modelo


y la prioridad. Toda ciencia debe seguir su
método y son los estudios que deben
potenciarse porque la tecnología y su desarrollo
depende d estos conocimientos.
2. El conocimiento de la sociedad está
basado en la diferencia entre el conocimiento
del pasado ( historia) y el presente ( ciencias
sociales) . No podemos hacer una historia del
presente . La historia se basa en los archivos
Las ciencias sociales son el estudio científico de
la sociedad. Pero este estudio científico se
compartimenta en varias polaridades.
3. La primera polaridad es Occidente/Oriente.
Occidente es el Progreso, que se manifiesta en
la diferencia entre la Sociedad civil, el Mercado
y el Estado, las tres formas de racionalidad. La
Sociedad civil la estudia la Sociología, el
Mercado lo estudia la Economía y el Estado las
ciencias políticas. Occidente somos nosotros
mismos, que nos estudiamos de manera
científica. Oriente es el Otro, que estudiamos a
través de los Estudios Orientales ( grandes
civilizaciones : India, China) o la Antropología
cultural ( sociedades primitivas).

Esta distribución del saber impide que


entendamos el mundo en que vivimos porque
nos plantea una serie de conocimientos cada
vez más parcializados y especializados, que
nuca se relacionan en una visión global. Se
mitifica el conocimiento científico como algo
objetivo, neutro y desinteresado. Se concibe la
ciencia de una manera dogmática. Queda
excluida cualquier transformación : queda
relegado al ámbito de la opinión, de las
preferencias, de los subjetivo.

Entre 1945-1960 este sistema se consolida.


Richard Peet, geógrafo de izquierdas algo más joven
que Wallerstein ( Peet nació en 1940 en Gran
Bretaña y Wallerstein en 1930 en New York) nos ha
explicado como el neoliberalismo está privatizando
el saber y convirtiéndolo en un negocio. El acceso al
conocimiento académico corre cada vez más a
cargo de empresas privadas. Empresas de
comunicación controlan la producción académica de
alto nivel. Las revistas más prestigiosas pueden
generar unos beneficios de un millón de dólares al
año: la suscripción puede costar hasta 5.000 dolares
anuales. Cito ahora a Peet como un analista del
tema que pone de manifiesto la radicalización de la
lógica de la que habla Wallerstein.

Pero a partir de los años 60 surgen toda una serie


de movimientos de protesta antisistema
:movimientos anticoloniales, estudiantiles, obreros,
pacifistas que sacuden todo el planeta. Todo esto se
refleja en la aparición de un concepción del saber
crítica y alternativa, de las que el propio Immanuel
Wallerstein será un excelente ejemplo.

Wallerstein aprende mucho de Franz Fannon, al


que conocerá en los años 60. Aprende de él, dice, la
racionalidad de la violencia anticolonial. Wallerstein
va aprendiendo de diferentes maestros. Destacan
Karl Polanyi, que le enseñara que que hay tres
modos de comportamiento económico. El primer
modo es el de la reciprocidad, que funciona a nivel
de microsistema ( pequeñas sociedades
autónomas). El segundo es la redistribución ( que
funciona el los Imperios como Sistema-Mundo). El
tercero es el intercambio, que es el que funciona en
el Capitalismo como Economía-Mundo.
Pero hay dos influencias teóricas que serán
determinantes para Wallerstein . Por una parte la del
historiador Fernand Braudel. Él introduce en los
estudios históricos la larga duración, término
excluido entre lo permanente y lo cambiante. La
larga duración se corresponde con los sistemas
estructurales de la historia humana. Este
descubrimiento enlaza con la otra, la de Ilya
Prigogine, físico renovador con su noción de la
flecha del tiempo como característica de los
fenómenos físicos irreversibles. Esta flecha del
tiempo permite establecer el estudio de estructuras
que tienen un inicio, una duración y un final. Plantea
también la absurdidad de considerar que el tiempo
es reversible. Braudel y Prygogine proponen una
nueva alianza entre las ciencias naturales y las
ciencias sociales, entendidas ambas como ciencias
de la complejidad. Tanto el mundo natural como el
mundo social están indeterminados. O mejor,
funcionan por un determinismo caótico. No son leyes
mecánicas previsibles sino una conjugación de
factores imprevisibles los que determinan lo que
ocurre.

Finalmente Wallerstein reconoce también la


importancia de los estudios culturales. Con ellos
aprendió que todo saber es una construcción social.
Hay que plantearse entonces, nos dice, una ciencia
unificada, unas bases comunes para la ciencia. El
estudio de la sociedad debe correr a cargo de una
ciencia social histórica única. Evidentemente hay
que especializar los estudios pero siempre dándoles
una perspectiva global.

Propuestas metodológicas para la ciencia social


histórica ( partiendo de la base que todas las
interpretaciones son parciales y que hay que llegar a
acuerdos) :

1. El Sistema-Mundo como unidad de base


para el análisis de la ciencia social histórica.
Excepto si hablamos de microsociedades el
punto de partida no es lo simple sino lo
complejo. Son los sistemas globales los que te
permiten entender los hechos locales.
2. La diferencia entre duración y tiempo. La
duración es la dimensión estructural y el tiempo
la dimensión histórica. En el tiempo está los
agentes sociales que modifican las estructuras.
Las estructuras nacen, se desarrollan y mueren.
Tienen su lógica y su dinámica pero la acción
humana puede modificarla.
3. La distinción entre los cambios cíclicos (
históricos) y los sistémicos ( estructurales). En
estos últimos se da una crisis que desembocará
en un final. Todo sistema tiene unas tendencia y
un límite.
4. La concepción de la crisis como
generadora de una bifurcación que permite
siempre dos salidas diferentes.
Pero lo fundamental es que hay que volver a ligar
la filosofía con las ciencias sociales e integrar en
ellas la reflexión sobre lo Bueno, lo Justo y lo Bello al
lado de la búsqueda de la verdad. Y la ciencias
sociales y la historia se han de unificar en una
ciencia social histórica con diferentes
especializaciones que se integran en un saber
común. las ciencias sociales deben ligarse a la
reflexión filosófica sobre la finalidad de la vida
social.

La "economía-mundo" capitalista
Emilio J. Corbière
Buenosairesoculta.com

En 1974, Immanuel Wallerstein revolucionó la historiografía y la


sociología histórica al dar a conocer su tesis sobre la formación de la
"economía-mundo" capitalista. Enfrentando las ideas clásicas basadas
en el estudio de los fenómenos económico-sociales a partir de
sociedades nacionales o, cuanto más, de áreas continentales o
subcontinentales, el pensador estudió el moderno sistema mundial a
partir de la reconstrucción de la historia de la actual sociedad
capitalista, partiendo desde sus mismos orígenes, desde una
perspectiva global.

Siguiendo la huella de Marx, Wallerstein considera como válido el


análisis de los sistemas mundiales y cree que deben dejarse de lado
las conceptualizaciones a partir de sistemas menores. Además,
incorpora la idea por la que, para que se estudie la cuestión del
carácter capitalista o no de una sociedad, debe hacérselo desde el
nivel de un sistema mundial.
Como esta teoría despertó la crítica de las cúpulas académicas,
Wallerstein, en el último cuarto de siglo, ha dedicado varias obras y
estudios a probar su tesis, principalmente con los siguientes libros:
'El moderno sistema mundial I. La agricultura capitalista y los
orígenes de la economía- mundo europea en el siglo XVI'; 'El
moderno sistema mundial II'. El mercantilismo y la consolidación de
la economía-mundo europea, 1600-1750' y 'El moderno sistema
mundial III. La segunda era de gran expansión de la economía-
mundo capitalista, 1730- 1850'.

En el primer volumen, que cubre el período 1450-1640, el autor traza


la aparición, en Europa, de lo que denomina una "economía-mundo"
capitalista, basada en una única división internacional del trabajo; y
es esta economía-mundo la que constituiría el moderno sistema
mundial, cuya evolución se desplegaría hasta convertirse en el único
sistema del orden.

En el segundo volumen, sostiene que el moderno sistema mundial


toma la forma de una "economía-mundo" capitalista, que habría
tenido su génesis en Europa en el siglo XVI, implicando la
transformación de un modo de producción tributario o redistributivo
específico, el de la Europa feudal, en un sistema social
cualitativamente diferente.

Para Wallerstein y quienes seguimos sus líneas de trabajo, desde esa


época, la "economía- mundo" capitalista se extendió geográficamente
hasta abarcar todo el globo y ha persistido en un modelo cíclico de
expansión y contracción y una localización geográfica variable de los
papeles económicos (el flujo y el reflujo de las hegemonías, los
movimientos ascendentes y descendentes de los distintos centros,
periferias y semiperiferias). El proceso también ha sufrido una
transformación secular, incluyendo el avance tecnológico, la
industrialización, la proletarización y el surgimiento de una resistencia
y enfrentamiento político estructurado al propio sistema que está aún
en marcha.

Desde esa perspectiva, el siglo XVII, entendido como el período que


va desde 1600 a 1750, aproximadamente, es ante todo un ejemplo
del modelo cíclico de expansión y contracción. En lo que respecta a la
geografía general del sistema mundial, las fronteras creadas hacia
1500 no variaron de forma significativa hasta después de 1750. En
cuanto a los procesos seculares de cambio, para Wallerstein, no se
observaría ningún salto cualitativo entre 1600-1750. Habría existido
una continuidad esencial entre el siglo XVI y el XVII, con una única
gran diferencia de un desarrollo y un menor desarrollo o contracción.

De esta manera, el sistema mundial tomó la forma de una


"economía-mundo" capitalista a partir de su génesis en Europa en el
siglo XVI al transformarse el modo de producción tributario o
redistributivo específico, el de la Europa feudal, en un sistema social
cualitativamente diferente.

Desde entonces, la "economía-mundo" se ha extendido


geográficamente hasta abarcar todo el globo. En su obra más
reciente, Wallerstein llama "segunda era de la gran expansión de la
economía-mundo capitalista", de 1730 a 1850. En ésta se estudian la
denominada revolución industrial inglesa, la revolución de la
independencia norteamericana, la revolución francesa y la
independencia de los países sujetos a la entonces corona española,
en función del desarrollo de la moderna economía burguesa.

Estos acontecimientos representaron un fortalecimiento y una


consolidación del sistema capitalista mundial, en el que se
suprimieron las fuerzas populares y su potencial quedó constreñido a
las futuras transformaciones políticas. Recién en el siglo XIX, esas
fuerzas populares constituyeron una nueva estrategia de lucha,
principalmente con las dos comunas de París de 1848 y 1871, la
aparición de la crítica de Carlos Marx y Federico Engels y de sus
discípulos, y la fundación de las dos Internacionales obreras en 1864
y 1889. El siglo XX alumbró los triunfos de las revoluciones de Rusia,
en 1917 y de China, en 1949.

El capitalismo ha llegado hoy a su apogeo, el de la integración


mundial, al decir de Silvio Frondizi, "última etapa del imperialismo".
La "globalización" actual -que abarca todo el mundo a través de la
completa internacionalización del capital financiero- sin embargo,
desarrolla un modelo de economía segmentada, como se verá en las
páginas siguientes, en donde las ondas de expansión y contracción
económica establecidas por Kondratieff sufren fluctuaciones
contradictorias que plantean nuevos interrogantes e incitan a
establecer renovados caminos de resistencia y lucha revolucionaria.

Las páginas siguientes constituyen un documento de trabajo, abierto


a nuevos aportes y actualizaciones. Sirve de base, en la fundación
Juan B. Justo de Buenos Aires, para el programa de actualización
doctrinaria. Por sobre todo, se desea suministrar material para la
construcción de un nuevo pensamiento socialista, a partir de los
hechos mundiales del presente y sus consecuencias nacionales y
regionales. Una base ideológica a fin de contribuir al estudio actual de
la lucha de clases en la Argentina y América Latina, dirigida hoy a la
refundación del socialismo.

12 diciembre 2010

Immanuel Wallerstein
Immanuel Wallerstein (Ciudad de Nueva York, 28 de septiembre de 1930) es un
sociólogo y científico social histórico estadounidense. Principal teórico del análisis de
sistema-mundo.
Immanuel nació en Nueva York, realizó sus estudios en la Universidad de Columbia,
donde se graduó en 1951. Obtuvo su maestría en 1954 y el doctorado en 1959; después
trabajó como conferencista hasta 1971, año en que se hizo profesor de sociología en la
Universidad de McGill. En 1976 se hizo profesor de sociología de la Universidad de
Binghamton (SUNY), puesto que ocupó hasta que se retiró en 1999. Fue director del
Centro Fernand Braudel de estudios económicos, sistemas históricos y civilización.
Wallerstein ocupó diversos puestos entre ellos el de profesor visitante en diferentes
universidades alrededor del mundo; fue premiado con múltiples títulos honoríficos.
También fue el director de estudios asociados en la Escuela de Altos Estudios en
Ciencias Sociales (École des Hautes Études en Sciences Sociales) en París, y fue
presidente de la Asociación Sociológica Internacional de 1994 a 1998. Es presidente de
la Comisión Gulbenkian para la restauración de las ciencias sociales, encargada de una
reflexión sobre el presente y el posible futuro de las ciencias sociales, pues muchos
especialistas aseguran que no deben ser enseñadas por separado, porque todas ellas
persiguen al final un mismo objetivo: la percepción de la realidad ( ya sea en el pasado,
presente o futuro) del ser humano relacionado con su entorno social.

Líneas teóricas esenciales


Wallerstein inició como un experto en asuntos post-coloniales africanos, a lo que dedicó
casi todas sus publicaciones hasta principios de los setenta, cuando empezó a
distinguirse como un historiador y teórico a nivel macroeconómico de la economía
capitalista global. Su reciente crítica al capitalismo global y su influencia en los
movimientos anti-sistémicos lo han convertido en una eminencia en el movimiento
antiglobalización junto con Noam Chomsky y Pierre Bourdieu. Su obra y presidencia
del Fernand Braudel Center de la State University of New York constituyen uno de los
principales puntos de referencia y producción historiográfica a nivel mundial. Es posible
distinguir, por el desarrollo de una teoría global y sus aportaciones a la historia como
ciencia social, una línea directa entre Karl Marx, Fernand Braudel y Wallerstein.
También tiene empatía intelectual con Ilya Prigogine, Marc Bloch, Paul Sweezy y Franz
Fanon. Trabajó e investigó junto a Giovanni Arrighi quien recoge el corpus del sistema-
mundo de Wallerstein para desarrollar y perfeccionar la teoría de los ciclos económicos.
Ambos son exponentes del desarrollo global de las ciencias sociales.

El científico social mexicano Carlos Antonio Aguirre Rojas -uno de sus principales
discípulos- en el prólogo a La crisis estructural del capitalismo(Editorial
Contrahistorias, 2005) planteó que sus aportes teóricos se pueden esbozar en cuatro
líneas principales:
 a) la explicación histórica-crítica de la historia, el desarrollo y los mecanismos globales
y funcionales del capitalismo desde el siglo XVI hasta nuestros días mediante la
colectivamente aceptada teoría del sistema-mundo (world-system).
 b) el análisis crítico de los hechos y realidades del largo siglo XX y su influencia en los
procesos históricos en los que estamos inmersos.
 c) el análisis histórico-crítico de los hechos coyunturales y el ejercicio de escenarios
prospectivos del actual sistema-mundo, resaltando que éste vive la fase B de un ciclo de
Kondratiev iniciado posterior a 1945 y experimenta una crisis estructural que iniciará su
fase final hacia 2050.
 d) la reflexión epistemológica-crítica de la urgente necesidad de reconfigurar y
replantear la estructura parcelada de las ciencias sociales actuales y encaminarlas hacia
una perspectiva unidisciplinar.
El moderno sistema-mundo
Su obra más importante, El moderno sistema-mundo (The modern world-system) ha
aportado a la ciencia histórica un nuevo modelo teórico-interpretativo. Apareció en tres
volúmenes en 1974, 1980 y 1989. En ellos, Wallerstein se basa en tres influencias
intelectuales: Karl Marx, el historiador francés Fernand Braudel, la Teoría de la
dependencia, en su experiencia práctica obtenida en su trabajo en la África post-colonial
y las varias teorías acerca de las naciones en desarrollo. Un aspecto de su trabajo por el
cual se merece crédito fue el anticipar la importancia del creciente Conflicto Norte-Sur
el cual estaba ya en la cima durante la Guerra Fría. Wallerstein rechazaba la noción de
un “Tercer Mundo”, afirmando que había solo un mundo conectado por una compleja
red de relaciones de intercambio económico.
Wallerstein localiza el origen del moderno sistema-mundial en el noroeste de Europa
del siglo XVI. Una pequeña ventaja en la acumulación de capital en Gran Bretaña y
Francia, debido a circunstancias políticas específicas al final del periodo del feudalismo,
pusieron en movimiento un proceso gradual de expansión, como resultado: la red
mundial, o sistema de intercambio económico que existe en la actualidad. Para
Wallertstein, la transición al capitalismo se llevó a cabo durante el “largo” siglo XVI
con la previa “crisis” del modo de producción feudal, que englobaba a causas
climáticas, demográficas, políticas e incluso culturales, lo que obligo a los señores
feudales de Inglaterra y del norte de Francia a convertirse en capitalistas. Lo anterior
llevó a la conformación de la economía-mundo capitalista que llegó a ocupar América y
a convertirla en la periferia del sistema mundial, y consecuentemente desecha la idea de
“revolución burguesa” arraigada en el marxismo ortodoxo. En este sentido, Wallerstein
se pregunta que cuál es el sentido de afirmar que la Revolución francesa fue una
“revolución burguesa” si el capitalismo como tal ya estaba consolidado desde hace dos
o tres siglos atrás, por lo que, llega a mencionar que la Revolución francesa fue en
realidad una “revolución anticapitalista” -con lenguaje antifeudal- y además, fue el
acontecimiento en donde la superestructura ideológica se pone por fin al mismo nivel
que la estructura económica; es decir: que a partir de tal suceso las ideologías expresan
transparentemente los intereses de las clases al interior del sistema-mundo. Pero, en
modo alguno, según Wallerstein, representó un cambio estructural profundo. Con esta
última idea, Wallerstein ensalza a la Revolución francesa y baja el perfil a la
Revolución rusa de 1917. Un mayor avance ocurrió durante la época del imperialismo,
el cual puso en contacto a cada rincón de la tierra con la economía capitalista al estilo
europeo. El sistema-mundial capitalista se encuentra lejos de la homogeneidad en
términos culturales, políticos y económicos; está caracterizado por profundas
diferencias en el desarrollo cultural, acumulación del poder político y capital.
Wallerstein concibe las diferencias en las teorías de la modernización y capitalismo
como una división duradera del mundo en el núcleo, semi-periferia y periferia.

Obra publicada

La “crisis del siglo diecisiete”. Por


Immanuel Wallerstein
24102009
“Es claro que el siglo diecisiete —con una economía-mundo más grande de lo que lo era en el
siglo dieciseis— vio una nueva división de riqueza, bajo el estandarte de una competencia
multifacética, sin trabas de lealtad, feroz y premeditada, puesto que el declive y la estagnación
fueron pobres consoladores: nada fue cedido, todo fue tomado que pudiese ser tomado, ya sea
del vecino o del distante rival” [F. Braudel, P. Jeannin, J. Meuvret, R. Romano]

Comenzaré con una perspectiva histórico-mundial sobre el subdesarrollo. ¿Qué significa eso?
Esencialmente dos cosas. Primero: que los procesos económicos en el mundo moderno toman
lugar en el marco de un sistema que podríamos llamar economía-mundo capitalista, y que el
“subdesarrollo” es por eso meramente un término descriptivo para esa parte de
los procesos (procesos, no estado de cosas) encontrados en las áreas periféricas de esta
economía-mundo. Segundo: que ni el “desarrollo” o el “subdesarrollo” de cualquier unidad
territorial específica puede ser analizado o interpretado sin acomodarlo en los ritmos cíclicos y
tendencias seculares de una economía-mundo como un todo.

Me gustaría explorar aquí las consecuencias particulares de una fase B. Al comienzo, debo
indicar que hay una ambigüedad en la expresión fase B. Hay de hecho dos ciclos A-B. Están los
ciclos Kondratiev, regresando ahora a la popularidad, los cuales en mi opinión de verdad
existen. Un ciclo Kondratiev con una fase A de expansión y una fase B de contracción, que dura
aproximadamente de cuarenta a cincuenta y cinco años. Hay sin embargo, ciclos más largos en
adición a los cuales Rondo Cameron les ha dado el nombre “logísticas”. Estas duran
aproximadamente 150-300 años. Esas son llamadas logísticas porque toman la forma de una
curva logística estadística, en que aunque la fase A es una expansión, la fase B no es una
contracción sino una estagnación. Cuando hablamos del “largo” siglo dieciséis como una fase A,
y el período 1600-1750 como una fase B, nos referimos a una de estas logísticas. Y esto es de
lo que voy a hablar, de la fase B de la logística: la así llamada “crisis del siglo diecisiete”.

Estas logísticas son importantes teoréticamente, no solamente porque describen una realidad
social, sino porque ellas mismas son evidencia de la existencia de una economía-mundo
capitalista. Dejen explayarme. La Edad Media tardía es generalmente considerada de haber
mostrado una fase A y una fase B. Aunque los académicos debatan las fechas exactas, los años
1100-1250/1300 como la fase A y 1300-1450 como la fase B están bastante establecidos en la
literatura. De esta forma, tenemos dos ciclos largos sucesivos, cada uno de alrededor de 300
años: 1100-1450, 1450-1750. Hay destacadas diferencias entre los dos ciclos. En el período
1100-1450, la fase A vio expansión de la población, comercio y de la tierra bajo cultivo, el
fortalecimiento de los aparatos políticos, y la expansión de las obligaciones feudales de los
trabajadores rurales hacia sus señores. La fase B vio el opuesto exacto de cada una de esas
tendencias: la caída de la población, comercio y tierra bajo cultivo (Wüstungen), el debilitamiento
de los aparatos políticos centrales, y el declinamiento de las obligaciones feudales. Las
expansiones y contracciones tomaron lugar más o menos uniformemente a lo largo de Europa.
En el período 1450-1750, la fase A vio expansión de la población, comercio y tierra bajo cultivo,
como antes. Sin embargo, en términos de los aparatos políticos, ellos fueron fortalecidos en
algunas áreas (fundamentalmente en Europa occidental) y debilitados en otros
(fundamentalmente en Europa oriental). En términos de obligaciones “feudales”, fueron
fortalecidas en algunas áreas (la “segunda servidumbre” en Europa oriental) pero fueron aun más
debilitadas en otras áreas (fundamentalmente en Europa nor-occidental).

La fase B de la logística de 1450-1750 es incluso más diferente de la logística de 1100-1450


que la fase A. En vez de un declinamiento de la población, comercio y tierra bajo el cultivo, hubo
estagnación como se calculó a lo largo de Europa; y este estancamiento global era un vector de
muchas curvas -algunas zonas expandiéndose, algunas manteniendo el nivel e incluso otras
declinando. En términos de ambos: los aparatos políticos y de las obligaciones de los
trabajadores rurales hacia sus señores, en vez de las tendencias de la fase A siendo revertidas
por la fase B (como había sucedido en 1100-1450), las tendencias de la fase A de 1450-1750
fueronreforzadas en la fase B. Las obligaciones de la servidumbre se hicieron incluso más
grandes en Europa oriental, y los Estados incluso más débiles, etc.

Las implicaciones de estas varianzas son claras. El período 1100-1450 fue un período en el cual
el modo de producción feudal dominaba Europa. Una de las características de este modo de
producción es la segmentación relativamente alta de las áreas adyacentes. Los factores que
explican la expansión y la contracción, sean cuales sean, aplicaron relativamente uniforme en
todo el área. El período 1450-1750 fue un período en el cual una economía-mundo capitalista
entró en existencia en Europa. Una de las características de este modo de producción es el grado
relativamente alto en que los procesos económicos en diferentes áreas están interrelacionados,
tales como el funcionamiento del sistema que lleva a una jerarquización espacial cada vez más
incrementada. En vez de uniformidad, encontramos diferenciación. En vez de una fase B siendo
la imagen de un espejo de una fase A, encontramos un patrón asimétrico en el patrón de
desarrollo. Ahora déjenme esbozar bastante brevemente los desarrollos asimétricos en las tres
zonas espaciales que podemos indentificar —el centro, la periferia y la semi-periferia— y
después añadir un comentario sobre el impacto de la fase B en la arena externa.

Un descenso en la economía-mundo capitalista representa el mismo problema para todas las


zonas. La demanda es lenta y las ganancias decaen. Para mantener el mismo nivel de ganancia,
uno debe o reducir de alguna manera los costos, o incrementar su parte del total del mercado
precisamente en un momento cuando el mercado no se está expandiendo. Uno puede reducir
los costos al aumentar la eficiencia o al extraer una tasa más alta de plusvalor de la fuerza de
trabajo. Uno puede incrementar su parte del mercado al vender mas barato, al monopolizar o al
ser el beneficiario de las fallas de los competidores. Cualquiera y todos esos medios son
virtualmente contemplados por todos, pero sólo unos pocos actores pueden ser exitosos en la
mantención o expansión de su ventaja en medio de una adversidad económica general. Es por
esta razón que los descensos son siempre un momento de concentración incrementada de
capital. Esto es realizado al nivel de una empresa, pero también es realizado al nivel de la
economía-mundo como un todo. La “crisis del siglo diecisiete” fue específicamente asociado
históricamente con el auge del “mercantilismo” como una ideología. Pero el mercantilismo es
simplemente la respuesta de todos los actores (excepto los demasiado fuertes) a una economía
apretada para mantener el nivel de ganancia al arrinconar mercados en el corto plazo, y al
incrementar las eficiencias globales de producción en el mediano plazo.

Los países del centro


En la fase B de una logística, los países del centro tienen ciertas fortalezas que pueden utilizar.
Pueden utilizar una desproporcionada resistencia en experticia tecnológica para mejorar técnicas
para producir competitivamente productos que en la fase A habían estado localizados en la
periferia. Ellos por tanto, forzan a las periferias también para que busquen reducir la
especialización. Pero si las áreas centrales pueden, durante la fase B, maniobrar para resistir
tanto o al menos tanto como la parte de la producción mundial de los productos en los cuales
ellos previamente se habían especializado, ellos pueden de hecho incrementar la concentración
de capital en el centro a expensas de la periferia. Específicamente, en el siglo diecisiete, si
miramos hacia el mercado mundial por dos productos clave, cereales y textiles, podemos ver
que esto es exactamente lo que ha sucedido. Hubo una incrementada eficiencia de la producción
de cereales en las Provincias Unidas, Inglaterra y en el norte de Francia,que efectivamente
desplazaron la producción del oeste y del sur de Europa. Al mismo tiempo, la producción textil
ascendió solo marginalmente en las áreas periféricas. Por consiguiente, en un burdo resumen,
para 1700, Europa nor-occidental hizo las ganancias de los textiles y de los cereales, y Europa
oriental de ninguno.

A la llegada del largo declive económico, las Provincias Unidas era, entre las potencias centrales,
el productor agro-industrial más eficiente por mucho. Era esta eficiencia productiva lo que lo
llevó a su primacía comercial, que de retorno hizo posible su centralidad financiera. La triple
superioridad fue sucesiva pero traslapada en el período 1725-1772, el cual podría ser
designado como el período de la hegemonía holandesa. La hegemonía holandesa fue marcada
por un Estado fuerte. Su fortaleza puede medirse internamente por la tasa relativamente baja de
turbulencias internas, el alto grado de eficacia de las decisiones estatales (sin embargo en la
superficie aparentó ser una maquinaria lenta y pesada), y su capacidad de servir como centro
mundial de refugiados políticos así como por el bienestar social interno. Externamente, su
fuerza estaba por supuesto en su marina —así como también en su ejército (después de las
reformas de Maurice de Nassau). Esto era, en pocas palabras, en la frase de Renier, una
“dictadura social de la clase media”.

Fue inicialmente en oposición a esta hegemonía que Inglaterra y Francia enunciaron políticas
mercantilistas. El Acta de Navegación inglesa de 1651 puede ser considerado la salva inicial de
un serio ataque. Pues tomó solo veinte años destronar a los holandeses de su posición
hegemónica. 1672, el así llamado Año del Desastre marca el momento decisivo. Fue menos lo
que los holandeses hayan perdido demasiado que lo que ingleses y franceses hayan avanzado
tanto, y que pudieran considerar más vital su batalla en contra del otro por la sucesión que la
batalla de los dos en contra de los holandeses, ahora claramente en “declive”. En ambos, el
período antes y el período después de 1672, las tácticas inglesas y francesas se centraron en, 1)
incrementar las eficiencias de su propia producción y, 2) la creación de mercados protegidos. El
incremento de las eficiencias en la agricultura tomó ambas formas de mejoras agronómicas (En
Inglaterra, pero también en el norte de Francia), y de una incrementada concentración de la
propiedad —en particular, el agudo declive de los pequeños y medianos propietarios-ocupantes
(conocidos en Inglaterra como el granjero yeoman y en el norte de Francia como
el laboureur con una charrue). En torno a la protección industrial, el momento del gran
incremento de eficiencias es considerado generalmente para después de 1750. Pero hasta el
momento así como hubo mejoras en el período 1600-1750, aparecieron ser aproximadamente
paralelas en Inglaterra y Francia.

La nueva colonización del Caribe “extendido” tiene que ser visto como parte de este mismo
movimiento de concentración de capital en el centro. (El Caribe extendido es definido como la
zona tropical y semi-tropical que queda entre el Valle Chesapeake de Norteamérica y Brasil).
Esta zona ya estaba en parte colonizada por España y Portugal. El descenso económico en la
economía-mundo llevó a las potencias del centro de la Europa nor-occidental en los comienzos
del siglo diecisiete a explorar las ventajas económicas de crear nuevas áreas de producción
primaria bajo su control directo. En el caso del trigo, podían obtener la transferencia del lugar de
producción meramente por mejoras agronómicas. Pero el azúcar, por razones climáticas, nunca
podría ser cosechado en Europa nor-occidental. Una alternativa, que tenía similares
consecuencias para la acumulación de capital, fue la creación de “colonias de azúcar” en el
Caribe. Donde áreas estaban sin colonizar, los tres poderes centrales se involucraron en una
lucha competitiva por territorio. Donde España y Portugal ya ocupaban territorio, probó ser
económicamente viable y más fácil políticamente obtener los mismos beneficios por medio de la
creación de un sistema de comercio, en parte legítimo y en parte contrabando, lo que convirtió a
España y Portugal en cadenas de montaje económicas entre Iberoamérica y Europa nor-
oocidental.

Pero hubo una segunda colonización en este tiempo en las Américas —en las zonas temperadas,
mas destacadamente en Nueva Inglaterra y en las áreas del Atlántico Medio de Norteamérica. El
motivo aquí no era la concentración de la producción de alimento básico bajo el control directo
de un país central, sino la creación de mercados protegidos para los manufactureros centrales. Y
aquí, no como en el Caribe extendido, encontramos diferencias entre las potencias centrales:
sólo Inglaterra colonizó. Para ver por qué esto debió haber sido así, déjenos volver a la
comparación de Inglaterra con elnorte de Francia como las zonas centrales en competición (en
vez de Inglaterra con Francia). En este caso, la salida de Inglaterra para el excedente del trigo y
el excedente de las manufacturas estaba localizado en el comercio exterior. Pero, la salida del
excedente para los mismos excedentes podrían estar, al menos en parte, en el sur de Francia.
Uno podría describir los intentos colbertianos de crear una Francia más integrada política y
económicamente, en parte, como una alternativa a la colonización inglesa de las zonas
templadas de Norteamérica. Esto podría ser consonante con ambas, la ausencia de intentos
paralelos franceses de colonizar zonas templadas y, la ausencia de construcciones paralelas
inglesas de una superestructura burocrática en ese tiempo. L’ etat, c’ est moi no era el eslogan
de un Estado fuerte, sino el lema de guerra de uno débil buscando ser tan fuerte como el inglés.

La periferia
Si la concentración incrementada de capital en el centro es consecuencia de una fase B, se sigue
que la periferia tiene que sufrir económicamente incluso más en las fases B que en las fases A.
Este cuidadoso comportamiento podría tomar la apariencia de involución y de una minorizada
participación en el comercio exterior; pero en realidad es de hecho más “subdesarrollo”.
Permítasenos cambiar nuestra perspectiva a la de los mayores dueños-productores en la
periferia quienes, en la fase A, se han especializado en la exportación de productos básicos para
el mercado mundial. ¿Cómo pueden maniobrar de cara con la llegada de un mercado mundial
debilitado para sus productos —un debilitamiento provocado por la sobreproducción en relación
a la demanda mundial, y evidenciada por la caída de los precios mundiales (ambos nominales y
reales)? Pueden reaccionar como cualquiera: al buscar una baja de costos y al ganar una parte
incrementada del mercado mundial. Los grandes dueños-productores pueden bajar los costos
por ambas usando su poder político y económico combinado sobre los trabajadores rurales para
obtener un incremento en la cantidad de trabajo-corvée (que sucedió en todas partes en Europa
oriental en esta época) yterminando (lícita o ilicitamente) tenencias de alquiler y forzando a los
granjeros arrendatarios al rol o de siervos o de trabajo asalariado (que sucedió en Europa
oriental, occidental y del sur en este tiempo). Los grandes dueños-productores pueden expandir
su parte del mercado meramente incrementando el trabajo-corvée (por eso, dejando a los
siervos menos tiempo para la producción independiente para el mercado). En adición, ellos
pueden comprar las tierras puestas para la venta por los inquilinos que han sufrido reveses
económicos. Tales compras (con frecuencia forzadas) ocurrieron a lo largo de Europa. Pero en
las áreas periféricas tales tierras fueron a menudo dejadas sin cultivar (reducción del uso global
de la tierra), mientras que en las áreas centrales tales tierras fueron precisamente fructíferas por
las nuevas mejoras técnicas.

Hubo dos consecuencias claras de tales tácticas. La producción inicial incrementada por los
grandes dueños-productores, llevó al agotamiento de ambos, la tierra y el tabajo, y fue reflejado
en subsiguientes hambrunas, epidemias, etc., resultando a largo plazo en decreciente
producción global. La tierra fue crecientemente concentrada en las manos de los grandes
dueños-productores. Ambos en la periferia y en el centro, y por supuesto, también en la semi-
periferia, el leitmotif de la fase B fue el masivo declive del granjero yeoman. El que haya
sobrevivido en regiones vinícolas lo resalta más claramente como una excepción; ¿pero incluso
allí no declinó relativamente?

En la periferias, dos cosas fueron junto con estos cambios en la estructura agrícola. En donde las
mejoras agronómicas en el centro fueron eliminando, para este período, el mercado de
productos básicos de las áreas periféricas, el declive del pequeño dueño-productor y/o del
inquilino-productor significó que hubo un mercado incrementado en las áreas periféricas para
los productos de los grandes dueños-productores, quienes por tanto, continuaron a producir
para el mercado. El mercado ahora, sin embargo, ya no era más el mercado “mundial” sino que
devino “regional”. Pues los mercados regionales proporcionaban un ingreso total menor para los
grandes dueños-productores de lo que lo hacia el mercado mundial en la fase A, los grandes
dueños-productores buscaban suplementar sus ingresos al recrear la producción industrial local
para el mercado regional. Tal producción había descendido drásticamente en la fase A, mientras
los textiles y artículos metálicos eran importados de los países del centro. Ahora, en cualquier
caso, no existía el oro/plata en lingotes con el cual importar esos bienes. La producciñon textil
no-suntuaria y metalúrgica revivió, ya sea directamente en los dominios de los grandes
dueños-productores, o en las industrias putting-out (Verlagssystem). A este proceso, al cual
actualmente llamaríamos “sustitución de importaciones”, se añadió una creativa innovación: la
industria del alcohol. La producción de vodka, y la extensión de las vinícolas para un mercado
masivo fue propulsado por los grandes dueños-productores en las áreas periféricas, quienes
monopolizaron legalmente esta producción y estimularon activamente los nuevos patrones de
gusto de los estratos más bajos. Esta industria reciente fue económicamente de mucha
importancia en continuar la concentración de capital en las manos de los grandes dueños-
productores periféricos. La concentración incrementada de capital en las manos de los grandes
dueños-productores fue de mano en mano con el incremento de sus derechos políticos y
juridicción legal. La fortaleza del Estado o declinó constantemente (como en Polonia) o devino
completamente subordinado a Estados foráneos (Hungría, Livonia, Nápoles, etc.) cuyos
proconsules llegaron a términos con la aristocracia local al extender estos dominios judiciales y
exenciones impositivas.

La semi-periferia
¿Qué de las áreas semi-periféricas? ¿Compartieron las ventajas relativas de las áreas centrales o
el declive relativo de las áreas periféricas? Aquí debemos distinguir entre aquellas áreas que eran
semi-periféricas como parte de un “declive”, y áreas que eran o se convirtieron “semi-
periféricas” como parte de un auge. La asignación de roles en un mundo capitalista no es
estática. De hecho, es particularmente en la fase B donde ocurre el movimiento posicional. En
general, las áreas semi-periféricas en descenso parecían mas como zonas periféricas, mientras
que las pujantes áreas semi-periféricas compartían algunas ventajas y características de las
áreas centrales. En particular, las tácticas mercantilistas estaban probablemente asociadas con
éstas que con aquéllas. Ejemplos de áreas declinantes fueron España, Portugal, y los Estados
ubicados en la vieja espina dorsal de Europa (norte de Italia, las Alemanias del sur y del oeste
incluyendo Sajonia, los Países Bajos españoles). Ejemplos de áreas pujantes eran notablemente
Suecia, Brandemburgo-Prusia, las zonas tampladas de la Norteamérica británica y hasta cierto
punto Austria. (Dinamarca, Noruega, y Finlandia deberían ser pensadas como partes de la zona
semiperiférica).

Notamos inmediatamente que todas las zonas semi-periféricas “declinantes” sufrieron


descensos de población en esta era como lo hicieron las zonas periféricas, mientras que las
“pujantes” zonas semi-periféricas todas fueron zonas de relativa expansión demográfica. El
poder del Estado en estas zonas semi-periféricas declinantes puede ser dicho claramente que
declina vis-à-vis otros Estados (tanto para que hubiese incluso un intento de partición de
España en un momento, no obstante uno abortivo). El poder de estos Estados en relación a las
fuerzas internas regionales y aristocráticas era ambiguo: lo menos que se puede decir es que era
un dominio de constante lucha. La aristocracia continuó dominando la administración del
Estado. Desde el punto de vista de las potencias del centro, estos estados eran presas en cuyos
asuntos internos se sintieron libres para intervenir. Todos sus ejércitos se debilitaron. Si su
poder no declinó aún más, fue precisamente por la protección proporcionada por la aguda
competencia entre las potencias del centro. Aunque, a grosso modo, se puede decir que en el
curso del siglo diecisiete Portugal devino económicamente en un satélite de, y primero en
cadena de transmisión para, primero los intereses holandeses, después ingleses, mientras que
España jugó ese rol para Francia. Consiguientemente, los Estados de Europa nor-occidental
expandieron significativamente su comercio no solamente con la península Ibérica misma sino
también con la América Ibérica. Esta es la era de la “des-industrialización” relativa del norte de
Italia y de España central, e incluso para los Países Bajos españoles y en el Rin. En la medida en
que la producción mundial industrial fue reducida, estas fueron las áreas donde se hicieron tales
reducciones. Dentro de estas áreas, hubo una transferencia del capital hacia la inversión en
agricultura; y ahí como en otras partes los dominios señoriales crecieron a costa de la economía
campesina. Las administraciones del Estado no fueron generalmente exitosas al implementar
políticas mercantilistas. Desde la perspectiva de estos Estados, el siglo diecisiete fue una era
sombría.

El panorama fue más bien diferente en Suecia y en Brandemburgo-Prusia. Ambas fueron


instancias de maquinarias estatales que deliberadamente buscaron ventajas de una fase B, y las
subsiguientes agudas rivalidades entre las potencias centrales para hacerse un nuevo lugar para
ellos mismos. Suecia al principio efectivamente parecía que le estaba yendo muy bien, hasta que
sus aspiraciones fueron quebradas en la Gran Guerra del Norte. Brandemburgo-Prusia
comenzaron desde una base infinitamente más débil, pero fue capaz al comienzo del siglo
dieciocho de pasar a Suecia, y de emerger al final de la fase B como uno de los grandes
beneficiarios semi-periféricos de la época. Sin tratar aquí las especifidades históricas de lo que
hizo esto posible para que estos dos Estados cometieran esta operación de “autosuficiencia”
cuando otros no podían y no lo hicieron, y para que Prusia fuese exitosa donde Suecia
eventualmente falló, unos pocos puntos sin embargo pueden hacerse. En la naturaleza de las
cosas, el camino “prusiano” no era un camino que todos pudiesen tomar. Muchos podían tratar,
pero una economía-mundo en estancamiento con una incrementada concentración de capital no
era compatible con la emergencia de muchos nuevos centros de acumulación de capital.
Segundo, el arma clave que tanto Suecia como Prusia, usaron fue la creación de una fuerza
militar fuerte, que solamente hizo posible las medidas mercantilistas centrales a la estrategia.
Por supuesto, los militares fuertes requirieron una fuerte base impositiva, que necesitó una
administración eficiente -una relativamente abierta a los talentos. Tercero, debería ser
observado que tanto Suecia como Prusia, buscaron activamente manipular las rivalidades de las
potencias centrales, ambos para asistir su avance e incluso más importante, para bloquear
movimientos negativos en contra de su avance. Ellos hicieron esto al alternar alianzas y
sobornos económicos (por ejemplo, abriendo sus economías “protegidas” en coyunturas
cruciales a las inversiones de países centrales, y sus aparatos administrativos a personal de los
países centrales). En lenguaje del siglo veinte, ellos jugaron muy bien el rol neo-colonial. Ellos
fueron asistidos en este juego por el hecho de que no eran los ricos premios per se que eran
España, Portugal y el norte de Italia.

El caso de Nueva Inglaterra y de los Estados del Atlántico Medio es uno muy particular, y es
solamente al extender nuestro lenguaje que podemos llamar a estas áreas semi-periféricas en
el siglo diecisiete. Pero el trabajo preliminar para el posterior desarrollo, estaba dado entonces
en el crecimiento de una gran industria de construcción naval y de otras industrias menores. Su
ventaja es que ellos eran colonos en un área de poder no tropical que fue para ganar esta
competencia, y que la estrategia mercantilista de Inglaterra los beneficio a ellos
inadvertidamente. Cuando los ingleses se dieron cuenta de esto, a finales del siglo diecisiete,
trataron de revertir estas cosas pero históricamente era muy tarde.

Concluiré con un breve comentario sobre la arena externa. Ya en el largo siglo dieciseis, Rusia,
el Imperio Otomano, la India y Africa occidental fueron todos vinculados por el comercio a la
economía-mundo europea, pero externamente y no esencialmente. ¿Qué ocurrió en la fase B?
Los intentos de las potencias centrales para mantenerse en estos tiempos de adversidad
económica, los llevó a tratar de buscar nuevas fuentes de ganancia al importar nuevos productos
básicos de estos países. Pero la debilidad de estos mismos Estados centrales, concerniente
primordialmente en su lucha contra cada uno, hizo esto imposible para los Estados del centro
para minar suficientemente el aparato de Estado en estas áreas externas así como para
“periferializarlas”. Esto solamente ocurriría después de 1750. La fase B representó, por eso, un
período de corrosión “económica” para estas arenas externas que sin duda prepararon el terreno
para lo que vino más tarde. Pero eso no era lo suficientemente, desde mi punto de vista, como
para argumentar que estos Estados ya habían sido incorporados en ese tiempo a la economía-
mundo.

Una fase B es, como podemos ver, un tiempo de gran movimiento posicional. Representa
estancamiento general, para estar seguros, pero estancamiento como la suma de una
concentración incrementada de capital y, por eso, de polarización incrementada y diferenciación.
Esto no disminuye la velocidad del funcionamiento del capitalismo; esto es más bien una parte
integral de él.

Autor: Immanuel Wallerstein

Texto publicado en New Left Review, Nº 110, Julio-Agosto 1978, pp. 65-73

Traducido por Luis Garrido

LOS TEORICOS DEL ANÁLISIS DEL SISTEMA MUNDO


Liliana Hurtado

Reflexiones iniciales

El estudioso que logró dar mayor significatividad al concepto


de "sistema mundial" dentro de la comunidad académico-
científica, fue Immanuel Wallerstein. Dicha constatación hizo
que comenzáramos el análisis con los presupuestos que este
brinda en los tres tomos que conforman "El moderno sistema
mundial". El desarrollo de la temática en la propuesta
Wallersteniana se identifica con el surgimiento y desarrollo
del capitalismo.

El modelo de análisis aparece reflejado en gran cantidad de


producción historiográfica siendo punto de partida de
construcciones que expresan diversos sentidos. Es utilizado
como herramienta de análisis de las realidades históricas
expresando consenso pero también disenso cuando se trata
de críticas.

En esta investigación, la dimensión temporal se presenta


como una cuestión interesante no solo a la hora de organizar
el material, sino que ésta posibilitará leer a los autores en
relación a momentos o periodos de sus vidas marcando
recorridos en la producción intelectual de los mismos, una
suerte de un antes y un después, y en ese juego temporal
apuntar a visualizar los ciclos del pensamiento: nacimiento-
niñez- adolescencia y madurez de las ideas. Dichos recorridos
bañados en realidades históricas que a la vez son insumos y
condición de posibilidad de las creaciones intelectuales.

Otro aspecto sustantivo que ayuda a estructurar el presente


trabajo es el espacio, tomado como lugar desde donde se
enuncia la teoría. Es por ello que entre los autores citados
encontramos representantes de diferentes nacionalidades,
(norteamericana, europea, africana y latinoamericanos), que,
desde cada latitud, expresan y construyen un sentido y una
explicación al concepto de sistema mundial capitalista,
además de su historicidad y su capacidad de explicar las
realidades. Construcción que a partir de los años '70, fue
resultado de un intenso dialogo entre los teóricos que
proponen el mundo como unidad de análisis para el estudio
del desarrollo capitalista.

Contexto de producción

Desde 1945, la situación geopolítica cambiaba


fundamentalmente con la fuerza política del mundo no
occidental que se dividía en dos sectores, el bloque
comunista- socialista y el otro denominado "el Tercer Mundo".
El bloque soviético, en este contexto, eligió un programa
estatal de industrialización rápida con el objetivo de superar a
occidente.

Después de 1945, Estados Unidos ayudó a Europa Occidental


y a Japón a reconstruirse, resultando el tercer mundo, en este
primer momento, ignorado a no ser por la porción de América
Latina donde éste aconsejaba abrir las fronteras económicas,
permitir la inversión extranjera, crear la infraestructura
necesaria para fomentar el desarrollo y concentrarse en las
actividades más que nada primarias.

Ante tal prédica norteamericana, los intelectuales de América


Latina reaccionaron, primero, a partir de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina), institución internacional
presidida, en esos momentos por Raúl Prebisch. La CEPAL
negaba los beneficios de una política económica de fronteras
abiertas y afirmaba en contra un rol regulador de los
gobiernos a fin de reestructurar las economías nacionales a
través de promover la sustitución de importaciones, política
ampliamente adoptada en la región. El convencimiento de la
que partían los cepalinos era que si el Estado seguía una
política sabia podría asegurar el desarrollo nacional y el
aumento del producto nacional bruto per cápita. Los estados
que lograron materializar la propuesta consiguieron una
mejoría económica, aunque limitada en los años 50 y 60,
mejoría que a los ojos de la mayoría de los intelectuales
latinoamericanos, resultaba insignificante, situación que
radicalizó la crítica con los teóricos de la dependencia,
enrolados dentro y fuera de la CEPAL.

Estos se expresaron por lo menos en dos direcciones. De un


lado, pensaban que para desarrollarse, los gobiernos de los
países periféricos deberían ir más allá de la sustitución de
importaciones y desconectarse definitivamente de la
economía mundo capitalista, del otro lado, los análisis de los
dependentistas fueron más políticos. Incorporaron a sus
razonamientos las situaciones políticas presentes en cada país
y en el sistema mundo. Sin embargo en su conjunto
acordaban que tanto las transnacionales, como el F.M.I. y del
Banco Mundial, constituían expresiones imperialistas
negativas y nefastas. Aunque tampoco dejaron de criticar a
los partidos comunistas latinoamericanos y a la Unión
Soviética embanderados todos detrás del anticapitalismo.
Concluían sosteniendo que un reforzamiento del rol político y
social de las clases medias no conllevaría a una revolución
social.

Los teóricos del sistema mundo en sus distintas modalidades,


escribían en un momento de euforia de la izquierda mundial-
la época del Che y del foquismo- de la Revolución Mundial del
'68, de la victoria de los Vietnamitas, de un maoismo furioso
que se expandía a través del mundo. Esta onda positiva había
hecho pensar al Tercer Mundo en su totalidad que un
estancamiento de la economía mundo capitalista afectaría
primero a las instituciones políticas y económicas integrantes
de ese sistema. Y en realidad, la década del '70 puso de
manifiesto en los gobiernos revolucionarios y en el bloque
comunista dificultades económicas y presupuestarias que
comprometieron sus políticas estatales dando inicio a un
repliegue generalizado.

A partir del '70, de la lectura de la realidad se pudo


determinar los siguientes resultados: estancamiento mundial-
derrota de los guevarismos- repliegue de los intelectuales
latinoamericanos- emergencia de los cuatro dragones del Asia
Oriental. Después la caída de los comunismos y
posteriormente, en los 90, una gran parte de los críticos del
capitalismo de ayer se convertían ahora en defensores del
mercado. Otros que no seguían este camino, buscaron
ansiosamente senderos alternativos.

Los veinticinco años posteriores a 1968 fueron de eliminación


de las ganancias de los años 1945- 1970, comenzó el
principio del fin del modelo de Estado benefactor. Fueron
destruidas las ilusiones que aún persistían. En países tras
países recibieron un voto castigo los movimientos herederos
de la vieja izquierda, sea esta populista; de Liberación
Nacional; socialdemócrata o leninista. El desplome de los
comunismos en 1989 fue la culminación de la revolución de
1968, y con él la caída de los movimientos que pretendían ser
los más fuertes y los más militantes.

Surgimiento del modelo de análisis de Sistema Mundo

En la década del '50, Raúl Prebisch empezó hablando de la


existencia de un centro y una periferia. Luego, la teoría de la
dependencia se abocaría a perfeccionar un enfoque global que
pretendía comprender la formación y evolución del
capitalismo como economía mundial.

La teoría de la dependencia buscó refinar ese esquema


revisando la teoría del imperialismo. André Gunder Frank es
uno de los que se interesa en esa búsqueda de análisis del
sistema mundial que se completa sobre todo a comienzos de
la década del '70 con Samir Amin, André Gunder Frank y
Theotonio Dos Santos. Pero, la propuesta gana realmente
gran aliento con la obra de Immanuel Wallerstein, que
desarrolló la tradición de Fernand Braudel, historiador de la
segunda generación de Annales, tradición que propone a la
circulación como dimensión adecuada para entender el
desarrollo histórico del capitalismo. El historiador de Annales
valida su elección diciendo lo siguiente "No es que podamos
negar a Marx y Proudhon que son problemas esenciales. Pero
para el historiador, que es un historiador retrospectivo, es
difícil empezar por la producción, terreno confuso, difícil de
localizar y todavía insuficientemente inventariado. La
circulación, por el contrario, tiene la ventaja de ser fácilmente
observable. Todo remite a ella y señala sus movimientos. El
ruido de los mercados llega inconfundiblemente hasta
nuestros oídos... y no creo que Turgot, tomando en
consideración el conjunto de la economía de su tiempo, haya
podido equivocarse completamente al privilegiar la
circulación. Además, ¿se ha de despreciar el hecho de que el
nacimiento del capitalismo está estrictamente ligado al
intercambio? En fin, la producción es la división del trabajo y,
por tanto, obligatoriamente la condena de los hombres al
intercambio".

El argumento central de la obra de Immanuel Wallerstein,


compuesta en tres tomos es el siguiente "- el moderno
sistema mundial tomó la forma de una economía- mundo
capitalista que tuvo su génesis en Europa en el largo siglo XVI
e implicó la transformación de un modo de producción
tributario o redistributivo específico, el de la Europa feudal, en
un sistema social cualitativamente diferente. Desde entonces
la economía mundo capitalista se ha extendido
geográficamente hasta abarcar todo el globo, a seguido un
modelo crítico de expansión y contracción y una localización
geográfica variable de los papeles económicos (centro-
periferia y semiperiferia); sufriendo un proceso de
transformación secular incluyendo el avance tecnológico, la
industrialización, la proletarización y el surgimiento de una
resistencia política estructurada al propio sistema,
transformación que está aún en marcha. Toda esta
construcción se asienta sobre la división internacional del
trabajo acompañada por una especialización en la producción.
"El control del trabajo en la periferia (Europa Oriental y la
América Española) utilizaba trabajo forzado, esclavitud y
trabajo obligado en cultivos- para el mercado. El centro,
utilizaba cada vez más mano de obra libre. La semiperiferia
(antiguas áreas centrales en evolución hacia estructuras
periféricas) desarrolló una forma intermedia, la aparcería".

Entonces, el enfoque del sistema - mundo busca analizar la


formación y evolución del modo capitalista de producción
como un sistema de relaciones económico sociales, políticas y
culturales que nacen al final de la Edad Media y evoluciona
para convertirse en un sistema planetario y confundirse con la
economía mundial. Destaca en su planteo la existencia de un
centro, una periferia y una semi- periferia, además de
distinguir, entre las economías centrales, una economía
hegemónica que articula el conjunto del sistema. El aporte de
Braudel sobre la idea de ondas y ciclos largospermitió
considerar la evolución del capitalismo como una sucesión de
ciclos económicos, articulados con procesos políticos, sociales
y culturales.

Distintas propuestas esgrimidas por autores enrolados


en la matriz del Sistema Mundo Capitalista

Desde Italia, Giovanni Arrighi, teórico anclado en el sistema


mundo, que al igual que Wallerstein fue alcanzado por el
genio de Braudel en cuanto a la adopción de la larga duración
y la vocación totalizadora de la escuela francesa, expresa en
el prefacio de su libro El largo siglo XX: "En esta atmósfera
intelectual, descubrí en el segundo y tercer volumen de la
trilogía de Fernand Braudel, Civilización material, economía y
capitalismo, el esquema interpretativo que se convirtió en la
base de este libro...la noción construida por Braudel de las
expansiones financieras como fases de conclusión de las
etapas fundamentales del desarrollo capitalista me ha
permitido desagregar la duración total del sistema-mundo
capitalista...en unidades de análisis más manejables, que he
denominado ciclo sistémico de acumulación".De este modo,
Arrighi consiguió ordenar la historia del capitalismo como una
sucesión de cuatro ciclos largos de acumulación, basados en
cuatro centros hegemónicos:

1.- El ciclo genovés, que se articula con las conquistas


ibéricas, que se inicia a fines del siglo XIV e inicios del siglo
XV, cuando se forma la base de acumulación financiera de
Génova como ciudad estado y, posteriormente como nación
de los genoveses, localizada en varios centros financieros
europeos, el cual se prolonga hasta fines del siglo XVI y
comienzos del XVII. Este ciclo tiene en las monarquías
ibéricas su principal instrumento político y militar.

2.- El ciclo holandés, que comienza exactamente a fines del


siglo XVI e inicios del siglo XVII hasta mediados del siglo
XVIII.

3,- El ciclo británico que se inicia a mediados del siglo XVIII y


se prolonga hasta la primera Guerra Mundial y la Segunda
Guerra Mundial.

4.- El ciclo norteamericano, que se inicia durante la Primera


Guerra Mundial y se consolida durante el desarrollo de la
Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, momento en
que existe consenso entre los teóricos del sistema mundo, de
que hay señales que anunciarían la emergencia de un nuevo
ciclo o un nuevo sistema determinado por la "incertidumbre".

Arrighi relaciona los ciclos con los principales centros


financieros que se terminarán transformando en centros
hegemónicos aliados a centros comerciales.

Desde Estados Unidos, André Gunder Frank contribuye al


desarrollo del pensamiento que modela el Moderno Sistema
Mundo. Como se dijo en la primera parte de este trabajo, en
la década del '70 André Gunder Frank sienta la necesidad de
profundizar el estudio de las realidades económicas a partir
de un modelo de sistema mundo.

Para algunos autores, Frank compartiría junto con


Wallerstein, el lugar de padres fundantes del modelo.
Madurado el pensamiento en la obra de Wallerstein, Frank
particularizará el análisis remitiendo la génesis del sistema
mundial a la época del Imperio Romano, en el año 300, a
través de la ruta de la seda. Estudioso de la periferia,
propone un análisis de las realidades nacionales dependientes
sobre la lógica del desarrollo del subdesarrollo.

Basado en la tesis que, el actual subdesarrollo de América


Latina es el resultado de su participación secular en el
proceso del desarrollo capitalista mundial, hace un gran
aporte mas que nada al desarrollo de la Teoría de la
Dependencia, expresión periférica del constructo del Sistema
Capitalista. La siguiente cita connota su pensamiento"...el
subdesarrollo no es debido a la supervivencia de instituciones
arcaicas o a la existencia de falta de capital en las regiones
que se han mantenido aisladas del torrente de la historia del
mundo. Por el contrario, el subdesarrollo ha sido y es aún
generado por el mismo proceso histórico que genera también
el desarrollo económico, el desarrollo del propio capitalismo".
Sostiene que América Latina surgió como una economía
mercantil, volcada hacia el comercio mundial y no puede ser,
de forma alguna, identificada como un modo de producción
feudal.

Frank hace derivar hipótesis de las observaciones empíricas y


de las presunciones teóricas que dentro de esta estructura
metrópoli- satélite que abarca al mundo entero, las
metrópolis tienden a desarrollarse y los satélites a
subdesarrollarse.

La primera hipótesis es que- en contraste con el desarrollo de


la metrópoli extranjera que no es satélite de nadie-, el
desarrollo de las metrópolis subordinadas y nacionales está
limitada por su estatuto de satélite.

La segunda sostiene que los satélites sufren su mayor


desarrollo industrial capitalista clásico cuando, allí donde sus
lazos con la metrópoli son débiles.

La tercera afirma que las regiones que están actualmente


más subdesarrolladas y con mayor aspecto feudal son
aquellas que tenían lazos más estrechos en el pasado con la
metrópoli.

Frank avanza en su propuesta a través de un artículo titulado


"Dependencia económica, estructura de clases y política del
subdesarrollo en América Latina", donde expone la siguiente
tesis tripartita: a) la conquista colocó a toda Latinoamérica en
una posición de creciente subordinación y dependencia
económica colonial y neo colonial con respecto al sistema
mundial único del capitalismo comercial en expansión, b) Esta
relación colonial o neo colonial con respecto a metrópoli
capitalista a formado y transformado la estructura económica
y de clases, e inclusive la cultura, en el seno de la sociedad
latinoamericana, haciendo que esta estructura nacional se
transforme como consecuencia de los periódicos cambios en
las formas de dependencia colonial y c) la estructura colonial
y de clases determina intereses muy directos de clase para el
sector dominante de la burguesía que, ha menudo valiéndose
de los gabinetes gubernamentales y demás instrumentos del
estado generan políticas del subdesarrollo en lo económico,
social, cultural y político para la "Nación" y el pueblo
latinoamericano, haciendo que cuando un cambio en las
formas de dependencia modifica la estructura económica y de
clases, se determinan a la vez cambios en la política de la
burguesía dominante, que...terminan en fortalecer aún más el
desarrollo del subdesarrollo en América Latina.

Por "dependencia" debe entenderse en las tesis de Frank, el


conjunto de las complejas relaciones económicas, políticas,
sociales y culturales dentro de la sociedad latinoamericana y
entre ella y ultramar. El concepto abarcaría - dependencia
económica, estructura de clases y política del subdesarrollo-.

Desde la periferia africana, Samir Amin desarrolla sus análisis


y teorías dentro de los límites del modelo de sistema mundo
proponiendo consideraciones particulares Enrolado en la
matriz marxista, desarrolla su propuesta para entender el
desarrollo económico capitalista a partir de criticar parte de la
teoría existente, especialmente la atemporalidad del
capitalismo en la propuesta de Frank y los ciclos sistémicos de
acumulación de Arrighi.

Sostiene que lo criticable es establecer el análisis en términos


de sistema mundial capitalista de manera que pueda ser
extrapolado hacia atrás en el tiempo, ya que el capitalismo no
puede definirse por la simple asociación de tres fenómenos
como son la propiedad privada, el trabajo asalariado y la
ampliación de los intercambios mercantiles. Para Amin el
capitalismo solo existe cuando el nivel de desarrollo de las
fuerzas productivas conlleva la fábrica moderna, que utiliza
equipo mecánico pesado y ya no equipo artesanal. De esta
reflexión resulta que la combinación de propiedad privada,
trabajo asalariado y producción mercantil dada en el siglo
XVI, constituye la larga prehistoria del capitalismo. Con la
aparición de la fábrica se consolida el sistema capitalista y
emergen como resultado de su desarrollo dos características
que definen la modernidad. La urbanización masiva y el
crecimiento exponencial de la producción en su carácter
transformador y de acumulación.

Con respecto a la propuesta de los ciclos sistémicos expresa


que estos imprimen regularidades seculares que no permiten
dar cuenta de las transformaciones operadas, a través del
tiempo y al interior de cada ciclo.

Además aclara que las relaciones mercantiles capitalistas


someten, a todas las demás dimensiones de la vida social, a
la ley implacable de la acumulación capitalista. Amin rechaza
las categorías marxistas de los modos de producción para el
análisis del desarrollo capitalista. Al respecto dice "Rechacé la
versión supuestamente marxista de los "cinco estadios" y me
opuse a: 1) considerar la esclavitud como una etapa
necesaria por la que habrían pasado todas las sociedades que
fueron más allá de aquella, y 2) considerar el feudalismo
como una etapa necesaria posterior al esclavismo. Rechace
que solo la vía europea (esclavitud- feudalismo) haya abierto
la perspectiva para inventar el capitalismo. Propone en su
reemplazo un modelo de análisis que involucra la existencia
de sociedades: comunitaria y tributaria con sus respectivas
rupturas. "Sugerí que existe una necesaria sucesión de dos
familias de modos de producción: la familia comunitaria y la
familia tributaria... "Mi análisis parte de la distinción
cualitativa que me parece decisiva entre las sociedades de
capitalismo, dominadas por lo económico (la ley del valor), y
las sociedades anteriores, dominadas por lo político
ideológico".

Llegado el momento de referenciar el pensamiento surgido en


latinoamérica, es preciso antes señalar que el siglo XIX
estuvo determinado por la idea de progreso abonada por la
filosofía positivista de Augusto Comte. Esta ideología lineal y
evolucionista colocaba como meta histórica de la civilización
el desarrollo de la industria, la tecnología y la ciencia, cuya
implantación sería el resultado de la acción de una clase
industrial. Las expresiones dicotómicas que ilustraban el
momento fueron civilización- barbarie; moderno- arcaico;
urbano- rural.
En el siglo XX (1940-1950) , se desarrolló el pensamiento de
la CEPAL, institución que se abocó a la búsqueda de bases
autónomas de desarrollo, y encontró en la industrialización un
elemento aglutinador y articulador para el desarrollo, el
progreso, la modernidad, la civilización y la democracia
política.

A partir de la propuesta teórica de Raúl Prébisch, primer


presidente y creador de la revista de la CEPAL en 1978 y del
comentario de aspectos teóricos compartidos por el grupo de
pensadores de la época, irá tomando forma el pensamiento
latinoamericano enrolado en la visión global capitalista,
creación que es inseparable de la obra de André Gunder
Frank.

Raúl Prebisch, desde la década del '40, proponía un análisis


del desarrollo capitalista periférico, construcción que
descansaba en las siguientes conclusiones: El capitalismo
desarrollado es esencialmente centrípeto, absorbente y
dominante; se expande para aprovechar la periferia pero no
para desarrollarla, el capitalismo periférico es parte integrante
del sistema mundial, ordenado de acuerdo al esquema de la
división internacional del trabajo y de las ventajas
comparativas. Este mismo es un capitalismo subsidiario,
apendicular, subordinado a los intereses de los países
avanzados bajo el signo de su hegemonía y del imperio de las
leyes del mercado

La relación "centro- periferia" surge de la convicción que, ni


las medidas para atenuar sus movimientos y corregir sus
consecuencias, eran aplicable a la periferia exportadora de
productos primarios y la incipiente industrialización. El modelo
permite dar cuenta del proceso que genera un doble y
desigual resultado. - En el centro se origina el progreso
técnico y la periferia tiende a quedar al margen de ese
proceso de industrialización en la evolución histórica del
capitalismo. El centro es dinámico, transmite modernización a
la periferia, pero esta dinámica no tiende a penetrar
profundamente en la estructura social de la periferia. Esta es
una dinámica limitada que mantiene y acrecienta las grandes
diferencias internas de técnica y productividad entre las zonas
integrantes del sistema mundo.
Para todo el grupo (Prebish, Furtado, Cardozo, Faleto, Dos
Santos y otros), en un primer momento, el concepto de
subdesarrollo cobró centralidad en el análisis como categoría
negativa. Definido como una situación económica, social,
política y cultural en la cual se mezclan el enclave, el
monocultivo, la cuestión racial, el colonialismo interno y el
llamado "dualismo" económico.

Con posterioridad, fue la "dependencia" el concepto central


que provocó un abundante corpus teórico crítico y
radicalizado que generó la búsqueda de una alternativa
autónoma.

Los límites que acusó el proyecto dependentista obligó a éstos


a abandonar la posición rupturista y surgió como alternativa
la idea del desarrollo dependiente, esgrimida por Cardoso,
Dos Santos y Gunder Frank. Esta propuesta significaba buscar
el desarrollo dentro del sistema capitalista mundial. En el '80
Fernando Enrique Cardozo imprimirá un nuevo sentido a la
teoría de la dependencia, y en su nueva versión defenderá "la
viabilidad de un proceso de crecimiento y democratización al
interior de un capitalismo dependiente".

El posicionamiento de Cardoso produjo enfrentamientos


ideológicos dentro del grupo de los pensadores que dio como
resultado su división, convirtiéndose, el grupo encabezado por
éste en críticos de la primera dependencia.

Para cerrar el apartado, extraemos una cita del libro de Dos


Santos quien expresa que "podríamos tal vez afirmar que
existe un estilo científico latinoamericano que se afirmó entre
la década de 1920 y el presente, caracterizado por un
enfoque interdisciplinario, dialéctico e histórico- estructural
que enfatiza especialmente el análisis de la totalidad y su
relación con las partes"

Críticas desde la vertiente marxista

Las criticas a los teóricos del sistema mundo, vinieron dadas


por quienes se abocaron al análisis de los estudios marxistas
sobre la transición y el desarrollo del capitalismo.
Josep Fontana en su obra Historia: Análisis del Pasado y
Proyecto Social considera que la práctica historiográfica
marxista está enmarcada en un doble proceso simultáneo de
desnaturalización y de recuperación. Expresa que "Entre las
formas más extremadas encontraríamos las proposiciones de
Samir Amin, que reconstruye toda la historia de Africa en un
esquema simplista y propone una nueva lista de modos de
producción para interpretar la historia mundial". Sobre André
Gunder Farnk, el historiador español, afirma que éste es uno
de los padres de las interpretaciones que ven al subdesarrollo
actual como un producto natural y necesario del desarrollo
capitalista de las metrópolis. Además de criticar la
metodología y el contenido de su libro "La acumulación
Mundial 1492-1789" y afirmar que éste no va más allá de una
compilación de citas.

Enmarca la producción de Walllerstein en el mismo esquema


gunderfrankiano. La siguiente cita es válida para concluir la
critica que realiza Fontana a Wallerstein "Con todos estos
elementos el estructuralismo Wallersteiniano se aproxima
cada vez más a una morfología. Hay que decir, en su favor,
que la operación de llenar los esquemas con datos se hace en
este caso de manera mucho más amplia y rigurosa...los libros
de Wallerstein son útiles como guía bibliográfica- pero este
acopio es, como siempre en el estructuralismo, pasivo, sin
ninguna aportación personal: el contacto con la realidad está
siempre mediatizado por otros investigadores cuyos
resultados se encajan en el esquema teórico prefabricado. Por
muchas razones el lugar de Wallerstein no debería estar en
un capítulo sobre el marxismo...sino cercano a la social
history o al eclecticismo académico de la escuela de Annales".

El libro de Harvey J. Kaye, en el capitulo III "Maurice Dobb y


el debate sobre la transición al capitalismo", incluye un
apartado referido a los Teóricos del Sistema Mundo. Sitúa sus
temáticas de estudio dentro de la transición y el desarrollo del
capitalismo. Al igual que Fontana, Kaye confronta los
desarrollos teóricos de Frank y Wallerstein con la perspectiva
marxista, tratando de elucidar contribuciones al debate.

Sobre la obra de Gunder Frank, la teoría del "desarrollo del


subdesarrollo" conocida también como el modelo de
dependencia, en la cual postula que la participación en la
economía mundial determina las estructuras sociales, las
culturas y el desarrollo económico de las sociedades
latinoamericanas, Kaye expresa su parecer diciendo que dicho
argumento es "determinista desde el punto de vista
económico, simplista desde el punto de vista social y erróneo
desde el punto de vista histórico".

En relación a Wallerstein, asegura que intentó desarrollar un


nuevo modelo para la comprensión de la historia mundial
moderna siguiendo a Henri Pirenne, Paul Sueezy y
especialmente a André Gunder Frank.

Para evitar redundancias colocaremos en este apartado solo


un párrafo de la obra de Wallerstein que servirá para después
consignar la crítica "La característica que define el sistema
social como totalidad es la existencia en su seno de una
división del trabajo, de tal manera que varios sectores
internos o áreas dependerán, para el abastecimiento continuo
y fluido de una de estas áreas, del intercambio económico con
otras áreas...La historia moderna desde el siglo XVI ha sido la
historia de un sistema mundial definido como una unidad con
una sola división de trabajo y múltiples sistemas culturales".
Kaye hace sentir su crítica diciendo que "Wallerstein
neutraliza el tema de "modo y relaciones de producción"
opuesto al de "sistema económico"...adaptando el modo de
producción de forma que se pueda equiparar a sistema
mundial/economía capitalista mundial. Esto es, las relaciones
de producción deben ser entendidas como relaciones de
sistema mundial". Por último dirá que la obra de Wallerstein
ha sido atractiva, pero es defectuosa desde el punto de vista
histórico y determinista desde el punto de vista económico
como lo es la obra de Frank.

A los críticos se incorpora Juan Carlos Garavaglia, historiador


que desde estas latitudes acerca su reflexión sobre la
propuesta Wallersteiniana diciendo que "en realidad, el
verdadero problema teórico en el que se halla atrapado
Wallerstein, es que la economía- mundo que está naciendo en
el siglo XVI solo tiene existencia en el ámbito de la circulación
y, por lo tanto, no es posible precisar cuales son "las
relaciones de producción que definen" a ese
sistema...América forma parte del sistema de la economía
mundo, pero la generalidad de esta proposición no nos dice
mucho acerca del modo concreto en que cada una de las
partículas de nuestra América jugaba su papel en ese
sistema...Y por supuesto, no estoy cometiendo el absurdo de
acusar a Wallerstein por no ocuparse de los campesinos
paraguayos, de los indios de los obrajes de Puebla o de los
mineros potosinos...solo decimos que su posición teórica no
ayuda a comprender ni a conocer las formas concretas que
adquieren los sistemas de explotación del trabajo (con sus
discontinuidades y sus rupturas, con sus diversos actores
sociales), ni el rol del capital mercantil como nexo entre esas
diversas formas y como elemento clave para la extorsión y la
vehiculización del excedente, tanto entre campo y ciudad,
como entre diversos núcleos urbanos, o entre periferia y
centro del sistema mundial".

El moderno Sistema Mundo y la historiografía


contemporánea

El análisis del modelo interpretativo del Moderno Sistema


Mundo Capitalista, se enriquece al ser mirado a la luz de las
propuestas que integran la nueva agenda de las Ciencias
Sociales y dentro de ellas la "historia actual".

Para lograr ordenar el análisis es conveniente caracterizar el


modelo a partir de reconocer los rasgos que lo definen:

a. El modelo es totalizante y englobador, (el sistema


mundo).
b. La utilización de colectivos, (asalariados)
c. El enfoque sistémico, (interrelación de zonas centro-
semi periferia y periferia)
d. Grandes sistemas de pensamiento, (el materialismo, el
estructuralismo y el funcionalismo)

Las transformaciones operadas en la forma de hacer historia


que nos remiten los cambios dados al interior de la teoría y
epistemología que están en la base de la producción
historiográfica, justamente están planteando la invalidez de
estos principios organizadores del relato histórico. Desde las
vertientes: culturalista, antropológica y desde la micro
historia italiana llegan nuevas propuestas que son
deslegitimadoras de los principios epistemológicos que
definen al modelo de sistema mundo capitalista. Pero esta
conclusión encuentra validación solo en la dimensión teórica,
pues luego de analizar el contexto del siglo XXI caracterizado
por una realidad cada vez más integrada y cada vez más
afirmados los procesos de mundialización y globalización-
mayor polarización social y económica- crecimiento de la
pobreza y la cuestión alarmante del desequilibrio ecológico, el
constructo interpretativo de sistema mundo aparece
fortalecido más que amenazado.

Consideraciones finales

Las reflexiones finales tienen por objeto enunciar conclusiones


y también preguntas. Luego de haberse repasado una basta
literatura referida a los teóricos del sistema mundo, pueden
enunciarse algunas conclusiones, las preguntas son muchas y
exceden a la intención perseguida en este trabajo:

 El modelo de análisis reconoce su génesis en la


imposibilidad de un desarrollo genuino industrial
capitalista en los espacios geográficos integrantes de la
periferia, (latinoamérica- Africa y Asia),
 Los primeros en pensar el análisis de la realidad
económica vinculado al desarrollo histórico del sistema
capitalista, reconociendo un centro y una periferia,
fueron los pensadores latinoamericanos,
 Quién sintetizó los desarrollos teóricos y las reflexiones
existentes acerca del sistema capitalista que en
combinación con la propuesta de Braudel presentó el
"Moderno Sistema Mundo", de alcance mundial, fue
Immanuel Wallerstein.
 El constructo teórico, desde un comienzo, persiguió el
objetivo de racionalizar las realidades atrasadas,
subdesarrolladas y dependientes para mejorarlas a
través de propuestas para la acción.

Para concluir, una vez más se transcribirá un párrafo escrito


por Wallerstein en su libro, "Conocer el mundo- Saber el
mundo- El fin de lo aprendido (2001) que muestra su
posicionamiento con respecto al modelo difundido a partir de
1974, momento en que su creación gozaba de optima salud.
Hoy, luego de treinta años transcurridos, reconoce que "1º los
sistemas históricos, igual que todos los sistemas tienen vidas
finitas. Tienen un comienzo, un largo desarrollo y finalmente,
a medida que se apartan del equilibrio y llegan a puntos de
bifurcación, un deceso. 2º En esos puntos de bifurcación
seguramente ocurren dos cosas: inputs pequeños tienen
grandes efectos (al revés de los tiempos de desarrollo normal
de un sistema en que grandes inputs tienen efectos
pequeños); y el resultado de estas bifurcaciones es
intrínsecamente indeterminado. 3º el moderno sistema
mundial como sistema histórico, ha entrado en una crisis
terminal y dentro de cincuenta años es poco probable que
exista. Sin embargo, como el desenlace es incierto, no
sabemos si el sistema (o los sistemas) resultante será mejor
o peor que éste en el que ahora vivimos". Y en la publicación
que lleva por título "Un Mundo Incierto" (2002), transmite la
idea de que "El mundo que hemos "conocido" ha sido el de
una economía mundo capitalista que hoy ya no es capaz de
manejar las presiones estructurales a las que está sometida".
Los párrafos elegidos para la cita nos reenvían al punto inicial
del trabajo.

Immanuel Wallerstein: Marx y la historia: la


polarización
Por spartakku | mayo 19, 2013 | Estados Unidos, Immanuel Wallerstein
Por regla general, la mayor parte de los analistas (y en particular
los marxistas) tienden a conceder mayor importancia a las ideas
historiográficas más dudosas de Marx y, en ese proceso, tienden a
descuidar sus ideas más originales y fructíferas. Quizá sea lo lógico,
pero no resulta de gran utilidad.

Suele decirse que cada cual tiene su Marx, y sin duda es cierto. De
hecho, yo añadiría que cada cual tiene dos Marx, como nos recuerdan los debates de los
últimos treinta años sobre el joven Marx, la ruptura epistemológica, etc. Mis dos Marx no
son cronológicamente consecutivos, y tienen su origen en lo que me parece una
contradicción interna fundamental de la epistemología de Marx, que se traduce en dos
historiografías diferentes.

Por una parte, Marx es la rebelión suprema contra el pensamiento liberal burgués, con su
antropología centrada en el concepto de naturaleza humana, sus imperativos categóricos
kantianos, su creencia en la mejora lenta aunque inevitable de la condición humana, su
preocupación por el individuo en busca de la libertad. Contra este conjunto de conceptos,
Marx sugirió la existencia de múltiples realidades sociales, cada una de ellas dotadas de
una-estructura diferente y localizada en mundos distintos, cada uno de los cuales se definía
por su modo de producción. La cuestión estribaba en descubrir el funcionamiento de estos
modos de producción tras sus pantallas ideológicas. Creer en “leyes universales” nos impide
precisamente reconocer las particularidades de cada modo de producción, descubrir los
secretos de su funcionamiento y, por consiguiente, examinar claramente los caminos de la
historia.

Por otra parte, Marx aceptó el universalismo en la medida en que aceptó con su
antropología lineal la idea de un avance histórico inevitable hacia el progreso. Sus modos
de producción parecían estar en fila, como colegiales, por estaturas, es decir, según el
grado de desarrollo de las fuerzas productivas. (Aquí se encuentra en realidad el origen del
gran desconcierto que provoca el concepto de modo de producción asiático, que parecía
desempeñar el papel de escolar travieso, negándose a seguir las normas y a colocarse en su
sitio).

Es obvio que el segundo Marx es mucho más aceptable para los liberales, y es con este
Marx con el que han estado dispuestos a ponerse de acuerdo, tanto intelectual como
políticamente. El otro Marx es mucho más molesto. Los liberales temen y rechazan a Marx
y, desde luego, le niegan legitimidad intelectual. Héroe o demonio, el primer Marx es el
único que me parece interesante y el que todavía tiene algo que decirnos hoy.

Lo que está en juego en esta distinción entre los dos Marx son las diferentes expectativas
de desarrollo capitalista que se deducen de los mitos históricos opuestos. Podemos
construir nuestra historia del capitalismo en torno a uno de los dos protagonistas: el
burgués triunfante o las masas empobrecidas. ¿Cuál de ellas es la figura clave de los cinco
siglos de historia de la economía mundo capitalista? ¿Cómo valoraremos la época del
capitalismo histórico? ¿Globalmente positiva porque conduce, dialécticamente, a su
negación y a su Aufhebung? ¿O como globalmente negativa porque trae consigo el
empobrecimiento de la gran mayoría de la población mundial?
Me parece incuestionable que esta elección de óptica se refleja en cualquier análisis
detallado. Sólo voy a citar un ejemplo, el de una observación realizada de pasada por un
autor contemporáneo. La cito precisamente porque es una observación hecha de pasada, y
por tanto podemos decir que de manera inocente. En un debate erudito y perspicaz sobre
las ideas de Saint-Just acerca de la economía durante la Revolución Francesa, el autor llega
a la conclusión de que sería adecuado calificar a Saint-Just de “anticapitalista”, y de que
este calificativo podría ampliarse de hecho al capitalismo industrial. El autor añade: “En este
sentido, podemos decir que Saint-Just es menos progresista que algunos de sus
predecesores o contemporáneos”.[1] ¿Por qué “menos” progresista y no “más” progresista?
Ahí está el quid de la cuestión.

Marx era, desde luego, un hombre de la Ilustración, smithiano, jacobino y saint-simoniano.


El mismo lo decía. Estaba profundamente imbuido de las doctrinas del liberalismo burgués,
al igual que todos los buenos intelectuales de izquierda del siglo XIX. Es decir, compartía
con todos sus colegas la protesta permanente y casi instintiva contra todo lo que oliera al
Antiguo Régimen: privilegio, monopolio, derechos señoriales, holgazanería, piedad,
superstición. Frente a este mundo caduco, Marx defendía lo racional, serio, científico y
productivo. El trabajar duro era una virtud.

Aun cuando Marx tuviera algunas reservas sobre esta nueva ideología (y no tenía
demasiadas), consideró útil desde el punto de vista táctico afirmar su lealtad hacia estos
valores y utilizarlos después políticamente contra los liberales, atrapándolos en sus propias
redes. No le resultó muy difícil mostrar que los liberales abandonan sus principios siempre
que el orden se ve amenazado en sus Estados. Así pues, para Marx fue tarea fácil hacer que
los liberales se atuvieran a su palabra; llevar la lógica del liberalismo hasta su extremo y
hacer así que los liberales tragasen la medicina que prescribían para los demás. Podría
decirse que una de las consignas fundamentales de Marx fue más libertad, más igualdad,
más fraternidad. Sin duda, a veces estuvo tentado de dar un salto con la imaginación hacia
un futuro saint-simoniano; pero es evidente que dudó a la hora de ir demasiado lejos en
esa dirección, tal vez por temor a aportar su granito de arena al voluntarismo utópico y
anarquista que siempre había considerado desagradable y, desde luego, pernicioso. Es
precisamente a las ideas de ese Marx, el Marx burgués y liberal, a las que debemos
acercamos con una gran dosis de escepticismo.

Es en cambio al otro Marx, al que veía la historia como una realidad compleja y sinuosa, al
que insistía en el análisis del carácter específico de los diferentes sistemas históricos, al
Marx que era, por tanto, crítico del capitalismo como sistema histórico, a quien debemos
devolver al primer plano. ¿Qué encontró Marx cuando examinó a fondo el proceso histórico
del capitalismo? Encontró no sólo la lucha de clases, que a fin de cuentas era el fenómeno
de “todas las sociedades existentes hasta el presente”, sino también lapolarización de las
clases. Esta fue su hipótesis más radical y atrevida y, por consiguiente, la más criticada.
Al principio, los partidos y los pensadores marxistas esgrimieron este concepto que, por su
carácter catastrofista, parecía asegurar el futuro. Sin embargo, al menos desde 1945, a los
intelectuales antimarxistas les resultó relativamente fácil demostrar que, lejos de
empobrecerse, los trabajadores de los países industriales occidentales vivían mucho mejor
que sus abuelos y que, en consecuencia, no se había producido empobrecimiento, ni
siquiera relativo, ni mucho menos absoluto.
Por lo demás, tenían razón. Nadie lo sabía mejor que los propios obreros industriales, que
constituían la base social fundamental de los partidos de izquierda en los países
industrializados. Así pues, los partidos y los pensadores marxistas comenzaron a batirse en
retirada en lo que se refiere a este tema. Tal vez no fue una desbandada, pero, al menos a
partir de ahí, tuvieron sus dudas a la hora de sacar a colación el tema. Poco a poco, las
referencias a la polarización y al empobrecimiento (al igual que al debilitamiento del
Estado) disminuyeron radicalmente o desaparecieron, al parecer refutadas por la propia
historia.

De este modo se produjo una especie de descarte imprevisto y desordenado de una de las
ideas más perspicaces de nuestro Marx, porque Marx fue más absoluto en lo que se refiere
a la perspectiva a largo plazo de lo que solemos pensar. La realidad es que la polarización
es una hipótesis históricamente correcta, no falsa, y podemos demostrarlo empíricamente,
siempre que utilicemos como unidad de cálculo la única entidad que realmente importa
para el capitalismo, la economía-mundo capitalista. En esta entidad, hace más de cuatro
siglos que se registra una polarización de las clases no sólo relativa sino absoluta. Y si esto
es cierto, ¿dónde reside el carácter progresista del capitalismo?

Huelga decir que hemos de concretar qué entendemos por polarización. La definición no es
en modo alguno evidente. En primer lugar, debemos distinguir entre la distribución social
de la riqueza material (en sentido amplio), y la bifurcación social que es resultado de los
procesos inseparables de proletarización y burguesificación.

Por lo que se refiere a la distribución de la riqueza, puede calcularse de diversas formas.


Debemos elegir inicialmente la unidad de cálculo, no sólo espacial (ya hemos indicado
nuestra preferencia por la economía-mundo sobre el Estado nacional o la empresa), sino
también temporal. ¿Hablamos de distribución por hora, por semana, por año o por treinta
años? Cada uno de estos cálculos podría ofrecer resultados diferentes, incluso
contradictorios. En realidad, a la mayoría de las personas les interesan dos cómputos
temporales. El primero de ellos es un plazo muy corto, que podemos denominar cálculo de
supervivencia; al segundo podemos llamarlo cálculo de vida, y se emplea para medir la
calidad de vida, la valoración social de la vida diaria. El cálculo de supervivencia es por
naturaleza variable y efímero. El cálculo de vida es el que nos ofrece la mejor medida,
objetiva y subjetivamente, de si ha tenido lugar o no una polarización material. Debemos
establecer comparaciones intergeneracionales y a largo plazo de estos cálculos de vida. Sin
embargo, no nos referimos a comparaciones entre generaciones de un solo linaje, porque
de este modo se introduciría un factor no pertinente desde la perspectiva del sistema-
mundo en su conjunto: el índice de movilidad social en zonas concretas de la economía-
mundo. Por el contrario, debemos comparar estratos semejantes de la economía-mundo en
momentos históricos sucesivos, midiendo cada estrato a lo largo de la vida de sus
integrantes. La pregunta es si, para un estrato dado, la experiencia de vida en un momento
histórico es más o menos dura que en otro, y si con el tiempo ha aumentado o no el
espacio que separa a los estratos superiores de los inferiores.

El cálculo debe incluir no sólo el total de ingresos de la vida, sino también estos ingresos
divididos por el total de horas de trabajo de la vida dedicadas a su adquisición (en la forma
que sea) con el fin de obtener cifras que sirvan de base para el análisis comparativo. Debe
considerarse también la duración de la vida, calculada preferiblemente a partir de la edad
de un año o incluso de cinco (con el fin de eliminar el efecto de las mejoras sanitarias que
puedan haber reducido la tasa de mortalidad infantil sin afectar necesariamente a la salud
de los adultos). Por último, debemos introducir en el cálculo (o índice) los diversos
etnocidios que, al privar a muchas personas de descendientes, desempeñaron un papel en
la mejora de la suerte de otras.

Si finalmente se llega a algunas cifras razonables, calculadas a largo plazo y en el conjunto


de la economía-mundo, creo que esas cifras demostrarían con claridad que en los últimos
400 años ha tenido lugar una importante polarización material en la economía-mundo
capitalista. Hablando claro, quiero decir que en la actualidad la gran mayoría (todavía rural)
de la población de la economía-mundo trabaja más y durante más tiempo y por una
recompensa material menor que hace 400 años.

No tengo la menor intención de idealizar la vida de las masas en épocas anteriores; sólo
deseo valorar el nivel global de sus posibilidades humanas comparándolo con el de sus
descendientes actuales. El hecho de que los trabajadores especializados de un país
occidental disfruten de una situación económica mejor que la de sus antepasados dice muy
poco acerca de los niveles de vida de un obrero no especializado de la Calcuta actual, por
no hablar de un jornalero agrícola peruano o indonesio.
Tal vez pueda objetarse que soy demasiado “economicista” al utilizar como medida de un
concepto marxista como la proletarización el estado de cuentas de los ingresos materiales.
Después de todo, mantienen algunos, lo importante son las relaciones de producción. Sin
duda es un comentario acertado. Por consiguiente, consideremos la polarización como una
bifurcación social, una transformación de múltiples relaciones en la antinomia burgués-
proletario. Es decir, consideremos no sólo la proletarización (un elemento permanente de la
literatura marxista), sino también la burguesificación (su compañero lógico, del que sin
embargo apenas se habla en esta misma literatura).

También en este caso debemos concretar qué entendemos por estos términos. Si
aceptamos que, por definición, sólo puede ser burgués el típico industrial de la
“Franglaterra” de comienzos del siglo XIX, y sólo puede proletario ser la persona que
trabaja en la fábrica de ese industrial, es completamente cierto que no se ha registrado una
gran polarización de las clases en la historia del sistema capitalista. Podemos defender
incluso que la polarización se ha reducido. Sin embargo, si por burgués y proletario
auténticos entendemos aquellos que viven de sus ingresos actuales, es decir, sin depender
de ingresos procedentes de fuentes heredadas (capital, propiedades, privilegios, etc.), y
hacemos la distinción entre aquellos (los burgueses) que viven de la plusvalía que los otros
(los proletarios) crean, sin que intervengan en exceso los roles mixtos, podemos afirmar que
a lo largo de los siglos ha ido aumentando el número de personas que se han situado
inequívocamente en una u otra categoría, y que esto es consecuencia de un proceso
estructural que dista mucho de haber terminado.
El razonamiento quedará más claro si analizamos a fondo todos estos procesos. ¿Qué
ocurre realmente en la “proletarización”? Los trabajadores de todo el mundo viven en
grupos reducidos de “estructuras familiares” en las que se comparten los ingresos. No es
habitual que estos grupos, que no están ni necesaria ni totalmente vinculados al parentesco
ni comparten necesariamente la misma residencia, prescindan de ciertos ingresos salariales.
Pero tampoco es habitual que subsistan exclusivamente gracias a sus ingresos salariales.
Redondean sus ingresos salariales con pequeñas producciones de bienes de primera
necesidad, arrendamientos, regalos y pagos de transacciones y, por último aunque no lo
menos importante, producción de subsistencia. Así, comparten múltiples fuentes de
ingresos, naturalmente en proporciones muy distintas en lugares y tiempos distintos. Por
consiguiente, podemos pensar que la proletarización es el proceso de crecimiento de la
dependencia de los ingresos salariales en relación con el conjunto de ingresos. Es
totalmente ahistórico pensar que una estructura familiar pasa súbitamente del cero por
ciento al ciento por ciento en su dependencia de los salarios. Es más probable que se pase,
por ejemplo, de una dependencia del veinticinco por ciento a una dependencia del
cincuenta por ciento, habida cuenta de los cambios operados en las estructuras familiares, a
veces en períodos reducidos. Así ocurrió más o menos, por ejemplo, en un locus
classicus, los “enclosures” ingleses del siglo XVIII.
¿A quién beneficia la proletarización? Dista mucho de ser cierto que sea a los capitalistas. A
medida que aumenta el porcentaje de los ingresos de la estructura familiar que proceden
de los salarios, el nivel salarial debe aumentar simultáneamente, y no descender, con el fin
de acercarse al nivel mínimo necesario para la reproducción. El lector tal vez piense que el
razonamiento es absurdo. Si estos trabajadores no hubieran recibido previamente el salario
mínimo biológico, ¿cómo podrían haber sobrevivido? Sin embargo, la verdad es que no es
absurdo. Si los ingresos salariales sólo equivalen a una pequeña proporción del total de
ingresos de la estructura familiar, el patrón del trabajador asalariado puede pagar un salario
por hora inferior al mínimo, obligando a los demás “componentes” del total de ingresos de
la estructura familiar a “completar” la diferencia existente entre el salario pagado y el
mínimo necesario para sobrevivir. Así pues, el trabajo exigido para conseguir unos ingresos
superiores al nivel mínimo, a partir del trabajo de subsistencia o de la producción de bienes
de primera necesidad a pequeña escala, con el fin de “alcanzar el promedio” en un nivel
mínimo para el conjunto de la estructura familiar actúa de hecho como una “subvención”
para el empresario del trabajador asalariado, como una transferencia a este empleador de
una plusvalía adicional. Así se explican las escalas salariales escandalosamente bajas de las
zonas periféricas de la economía-mundo.
La contradicción fundamental del capitalismo es bien conocida. Se trata de la existente
entre el interés del capitalista como empresario individual que pretende conseguir el
máximo de beneficios (y por tanto reducir al mínimo los costes de producción, incluidos
salarios) y su interés como miembro de una clase que no puede ganar dinero a menos que
sus miembros realicen sus beneficios, es decir, vendan lo que producen. Por consiguiente,
necesitan que se incrementen los ingresos en efectivo de los trabajadores.

No voy a examinar aquí los mecanismos en virtud de los cuales los reiterados
estancamientos de la economía-mundo conducen a incrementos discontinuos aunque
necesarios (es decir, repetidos) del poder adquisitivo de algún (nuevo en cada ocasión)
sector de la población (mundial). Sólo diré que uno de los mecanismos más importantes en
el incremento del poder adquisitivo real es el proceso que llamamos proletarización.
Aunque la proletarización pueda redundar a corto plazo en beneficio (sólo a corto plazo) de
los capitalistas como clase, va en detrimento de sus intereses como empleadores
individuales, y ‘por tanto la proletarización tiene lugar normalmente a pesar de ellos y no a
causa de ellos. La exigencia de proletarización tiene otro origen. Los trabajadores se
organizan de diversas formas y así consiguen algunas de sus reivindicaciones, lo cual les
permite de hecho alcanzar el umbral de unos verdaderos ingresos salariales mínimos. Es
decir, los trabajadores se proletarizan gracias a su propio esfuerzo, y después cantan
victoria.

El verdadero carácter de la burguesificación es asimismo muy distinto del que nos han
hecho creer. La descripción sociológica clásica del burgués que hace el marxismo está llena
de contradicciones epistemológicas que residen en la base del propio marxismo. Por una
parte, los marxistas insinúan que el burgués-empresario-progresista es lo contrario del
aristócrata-rentista-ocioso. Entre los burgueses se distingue entre el capitalista comerciante
que compra barato y vende caro (por tanto, también especulador-financiero-manipulador-
ocioso) y el industrial que “revoluciona” las relaciones de producción. Este contraste es más
marcado cuando el industrial ha tomado el camino “auténticamente revolucionario” hacia el
capitalismo, es decir, cuando el industrial se parece al héroe de las leyendas liberales, un
hombre pequeño que con su esfuerzo se ha convertido en un gran hombre. De esta
manera, inaudita pero profundamente arraigada, los marxistas se han convertido en
algunos de los mejores proveedores de alabanzas para el sistema capitalista.
Esta exposición hace que casi nos olvidemos de la otra tesis marxista sobre la explotación
del trabajador, que adopta la forma de obtención de plusvalía de los trabajadores por parte
del mismo industrial que, a partir de ese momento engrosa lógicamente las filas de los
ociosos, junto con el comerciante y el “aristócrata feudal”. Pero si todos son iguales en este
aspecto esencial, ¿por qué debemos dedicar tanto tiempo a explicar las diferencias, a
estudiar la evolución histórica de las categorías, las supuestas regresiones (por ejemplo, la
“aristocratización” de las burguesías que se niegan, según parece, a “desempeñar su papel
histórico”)?

¿Es correcta esta descripción sociológica? Del mismo modo que los trabajadores viven en
estructuras familiares cuyos ingresos proceden de múltiples fuentes (sólo una de las cuales
son los salarios), los capitalistas (especialmente los grandes capitalistas) viven en empresas
que en realidad obtienen ingresos de diversas inversiones (rentas, especulación, beneficios
comerciales, beneficios “normales” de producción, manipulación financiera). Cuando estos
ingresos adquieren la forma de dinero, son idénticos para los capitalistas: un medio para
que continúe esa acumulación incesante e infernal a la que están condenados.

En este punto entran en escena las contradicciones psicosociológicas de sus respectivas


posiciones. Hace mucho tiempo, Weber señaló que la lógica del calvinismo está en
contradicción con el aspecto “psicológico” del hombre. La lógica nos dice que es imposible
que el hombre conozca el destino de su alma porque, si pudiera conocer las intenciones del
Señor, ese mismo hecho limitaría Su poder y El ya no sería omnipotente. Pero
psicológicamente el hombre se niega a aceptar que no pueda influir en modo alguno en su
destino. Esta contradicción condujo al “compromiso” teológico calvinista. Si
pudiéramosconocer las intenciones del Señor, podríamos reconocer al menos una decisión
negativa por medio de “signos externos”, sin extraer necesariamente la conclusión inversa
en ausencia de tales signos. Así, la moraleja llegó a la siguiente formulación: llevar una vida
recta y próspera es una condición necesaria, aunque no suficiente, para la salvación.
En la actualidad, la burguesía sigue haciendo frente a esta misma contradicción, aunque
con una apariencia más secular. Lógicamente, el Señor de los capitalistas exige que el
burgués no haga otra cosa que acumular, y castiga a quienes vulneran este mandamiento,
empujándolos antes o después a la quiebra. Pero la verdad es que no es tan divertido no
hacer otra cosa que acumular. En ocasiones se desea saborear los frutos de la acumulación.
El demonio del “aristócrata-feudal” ocioso encerrado en el alma burguesa emerge de las
sombras, y el burgués pretende “vivir noblemente”. Sin embargo, para “vivir noblemente”
hay que ser rentista en sentido amplio, es decir, disponer de fuentes de ingresos que exijan
poco esfuerzo, que estén “garantizadas” políticamente y que puedan “heredarse”.

Así pues, lo “natural”, lo que “pretenden” todos los actores privilegiados de este mundo
capitalista, no es cambiar el status de rentista por el de empresario, sino precisamente lo
contrario. Los capitalistas no quieren convertirse en “burgueses”, sino que prefieren con
mucho convertirse en “aristócratas feudales”.

Si es cierto que, no obstante, los capitalistas se burguesifican cada vez más, no es por su
voluntad, sino a pesar de ella. La situación guarda grandes semejanzas con la
proletarización de los trabajadores, que no se produce por la voluntad de los capitalistas
sino a pesar de ella. El paralelismo va más allá. Si el proceso de burguesificación avanza, se
debe en parte a las contradicciones del capitalismo y en parte a las presiones de los
trabajadores.

Objetivamente, a medida que se extiende, el sistema capitalista se racionaliza, provoca una


mayor concentración, la competencia se hace cada vez más dura. Quienes descuidan el
imperativo de la acumulación sufren los contraataques cada vez más rápidos, certeros y
feroces de los competidores. Por consiguiente, cada paso en dirección a la
“aristocratización” se penaliza de modo aún más severo en el mercado mundial, y exige una
adecuación interna de la “empresa”, sobre todo si es de grandes dimensiones y está (cuasi)
nacionalizada.
Los niños que pretendan heredar la dirección de una empresa deben recibir una formación
externa, intensiva y “universalista”. El papel del ejecutivo tecnócrata se ha ido ampliando
poco a poco. Este directivo es quien personifica la burguesificación de la clase capitalista. La
burocracia estatal, si pudiera monopolizar realmente la obtención de plusvalía, la
personificaría a la perfección, haciendo que la totalidad de los privilegios dependieran de la
actividad presente y no una parte de la herencia individual o de clase.
Es evidente que la clase trabajadora hace avanzar este proceso. Todos sus esfuerzos por
apropiarse de los mecanismos que dominan el funcionamiento de la vida económica y
eliminar la injusticia tienden a presionar a los capitalistas y hacerles retroceder hacia la
burguesificación. La ociosidad feudal-aristocrática se torna demasiado obvia y demasiado
peligrosa políticamente.

De este modo se cumple el pronóstico historiográfico de Karl Marx: la polarización material


y social en dos grandes clases: burguesía y proletariado. Pero ¿por qué tiene importancia
esta distinción entre los enfoques útiles e inútiles que pueden derivarse de la lectura de
Marx? Importa mucho cuando se aborda la formulación de una teoría de la “transición” al
socialismo, en realidad de una teoría de las “transiciones” en general. El Marx que calificó al
capitalismo de “progresista” frente a la realidad anterior también habla de las revoluciones
burguesas, de la revolución burguesa, como una especie de piedra angular de las múltiples
“transiciones” nacionales del feudalismo al capitalismo.

El mismo concepto de “revolución” burguesa, prescindiendo de sus dudosas cualidades


empíricas, nos lleva a pensar en una revolución proletaria a la que de algún modo está
vinculada, como precedente y como condición previa. La modernidad se convierte en la
suma de estas dos “revoluciones” sucesivas. Naturalmente, la sucesión no se produce sin
dolor ni es gradual, sino violenta y disyuntiva; es, sin embargo, inevitable, como lo fue la
transición del feudalismo al capitalismo. Estos conceptos implican una estrategia para la
lucha de las clases trabajadoras, una estrategia llena de vergüenza moral para los
burgueses que descuidan su papel histórico.

Sin embargo, si es cierto que no hay revoluciones burguesas, sino simplemente luchas
intestinas entre sectores capitalistas rapaces, tampoco hay un modelo que copiar ni un
“retraso” político que superar. Pueda darse el caso de que incluso haya que huir de la
estrategia “burguesa”. Si es cierto que la “transición” del feudalismo al capitalismo no fue
progresista ni revolucionaria, si esta transición fue la gran salvación de los estratos
dominantes, que les permitió reforzar su control sobre las masas trabajadoras y aumentar el
grado de explotación (ahora hablamos el idioma del otro Marx), podemos concluir que
aunque hoy sea inevitable una transición, no es inevitablemente una transición al socialismo
(es decir, una transición hacia un mundo igualitario en el que la producción se destine a
valor de uso). Podemos concluir que la cuestión clave en la actualidad es la dirección de la
transición global.
Que veremos la defunción del capitalismo en un futuro no demasiado lejano me parece a la
vez cierto y deseable. Es fácil demostrarlo mediante un análisis de sus contradicciones
endógenas “objetivas”. Que la naturaleza de nuestro mundo futuro sigue siendo una
cuestión abierta que depende del resultado de las luchas actuales, me parece igualmente
cierto. La estrategia de la transición es, de hecho, la clave de nuestro destino. No es
probable que encontremos una buena estrategia si nos entregamos a la apología del
carácter progresista histórico del capitalismo. Esa forma de énfasis historiográfico corre el
riesgo de implicar una estrategia que nos lleve a un “socialismo” no más progresista que el
sistema actual, un avatar, por así decirlo, del sistema.

© Balibar, Etienne & Wallerstein, Immanuel: Raza, nación y clase. Madrid: Iepala, 1991.

[1] Charles-Albert Michalet, "Economie et politique chez Saint-Just. L’Exemple de


l’inflation", Annales historiques de la Révolution francaise, LV, n° 191, enero-marzo 1968, pp.
105-106.