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Bajo los pies

Chiquitineees!, ¿cómo están? soy Yeni Riaño, la profe de ciencias. Bienvenidos a este podcast que
espero les haga abrir los ojos y ver seres maravillosos. Pueden encontrarme en mis redes sociales y
también durante mis clases, para que nos divirtamos mientras aprendemos. Hoy les traigo una
interesante historia sobre algunos amigos que son un poco tímidos, se esconden entre las hojas, y
contando sus patas, podrías cansarte, porque tienen tantas, que no te alcanzarán los dedos de
manos y pies. Se llaman miriápodos, pero les decimos cien pies, o mil pies. Este cuento se llama
bajo los pies y aquí va.

Esta es la historia de Ani y Martín, dos hermanitos muy juguetones, a los que les gustaba correr,
saltar, subir a los arboles e incluso, escarbar en el suelo. Ana y Martin, eran muy curiosos,
inquietos y exploradores. En el patio de su casa había varios árboles a los que se les caían las hojas
de vez en cuando. Esto les encantaba y ellos jugaban a reunir las hojas para hacer una lluvia con
ellas encima de sus cabezas, ¡yuju! Decían mientras miraban las hojas que caían por su ropa.

Así pasaban sus días, aprendiendo y divirtiéndose. Pero cada cierto tiempo, notaban que el
montón de hojas, como que iba desapareciendo. ¿A dónde podrán ir las hojas?, se preguntaban,
¿será que se vuelven a montar en los arboles?, tal vez se las coman los pájaros. Entonces pasaron
un día entero en el patio jugando mientras esperaban que vinieran los pájaros, para ver si ellos se
comían las hojas, pero no, a veces llegaba una pequeña mirla, saltaba, picoteaba y se iba, las hojas
parecían no importarle mucho.

-debe ser porque estamos acá, pensaron. Así que intentaron de nuevo, pero esta vez, estaban
pendientes desde la ventana de su casa. Sin embargo, pasó lo mismo del día anterior, llegaron más
pájaros, pero ninguno de los que vieron, se comía las hojas. Salieron entonces al patio y
empezaron a notar con mucho asombro, que las hojas estaban partidas en pedacitos más
pequeños, pero ¡no habían sido los pájaros!, ellos estaban seguros. Decidieron observar un par de
días más, y nada. Todos los días pasaba lo mismo, las aves no les prestaban mucha atención a las
hojas, pero cada vez que las iban a revisar, estas estaban partidas en pedazos cada vez más
pequeños y parecía que iban desapareciendo poco a poco.

Sin saber qué más hacer, se pusieron entonces a escarbar entre las hojas con palitos muy
pequeños, cuando de pronto oooooHHHH! ante sus ojos apareció un bichito increíble, de color
oscuro, casi negro, que parecía moverse como una serpiente en miniatura sobre el suelo, pero se
le podían ver un montón de paticas blancas, tan delgadas como un cabello. Ese bichito se escondía
entre los pedacitos de hojas que estaban más hacia el fondo, donde el suelo estaba mojado, así
que Ani y Martin, revolvieron un poquito más al fondo y entonces… un montón de esos bichitos
aparecieron y salieron corriendo tan rápido como pudieron, escondiéndose nuevamente. Ani y
Martin los persiguieron entre las hojas, pero siempre se escondían.

Deben ser ellos, ellos se comen las hojas. - Seguro que sí. Vamos a preguntar a mamá, si vamos.

Mamá, mamá, encontramos unos bichitos entre las hojas, tienen muchas paticas, ¿ellos son los
que se comen las hojas?
Mis amores, vamos a ver que encontraron. Caminaron juntos hacia el jardín, buscaron de nuevo
en las hojas y allí estaban otra vez, esos animalitos que corrían cuando los encontraban en su
escondite.

Chiquitos, que pilos, encontraron mi-riá-po-dos, miriápodos y si, ellos se comen las hojas que caen
de los árboles. Gracias a ellos y a otros animalitos más, así como a unos seres tan, pero tan, pero
tan, pero tan, pero taaaan chiquiticos que no los podemos ver a simple vista y que se llaman
bacterias, las hojitas van desapareciendo poco a poco, porque ellos las van partiendo para
comérselas. Así que lentamente, las van volviendo pequeñitas, tan pequeñitas que después de un
buen tiempo, se convierten otra vez en tierra y entonces el árbol, a través de sus raíces, las
aprovecha para alimentarse.

Como ven, en el jardín estos seres vivos no desperdician nada y los árboles se mantienen
creciendo fuertes, así que ustedes pueden seguir jugando. Pero, por ahora vamos a taparlos
nuevamente, a ellos no les gusta la luz, se esconden cuando la ven, por eso les dicen lucífugos. Y a
propósito, ya es hora de que ustedes entren a casa, es tarde, y mañana será otro día para jugar de
nuevo.

Qué les parece, si jugamos en la cama a que todos somos miriápodos y nos comemos algunas
hojitas antes de dormir, les gusta la idea? Siiiiiiii.

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