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ESTADO.

TIPOS DE ESTADO A LO LARGO DE LA HISTORIA

DEFINICION DE ESTADO
Antes de referirnos al concepto de Estado, es preciso distinguirlo del de Nación, ya que si
bien se los usa como sinónimos no lo son.
El concepto nación etimológicamente significa “lugar donde se nace, viene del latín
“naceré” que significa nacer”. Sin embargo para las ciencias sociales el término nación,
además de determinar el lugar de procedencia, identifica a los individuos por una serie de
elementos y características en común, y esto los hace ser distintos de otros seres
humanos que nacieron en otro lugar. Los habitantes de una nación se caracterizan porque
comparten una serie de elementos en común, como lengua, costumbres, historia, raza.
Para la tradición francesa, la nación está constituida por todos aquellos que en una misma
comunidad política, al margen de algunas diferencias ejercen colectivamente el poder
político, y existe la voluntad para que así sea. En la tradición germánica plantea que
incluso sin tener conciencia de ello, quienes comparten determinadas características en
común constituyen una nación
Referirse al concepto de nación hoy en día, puede resultar un poco complicado, ya que las
naciones modernas se encuentran actualmente viviendo conflictos sociales, culturales y
políticos. Existen reflexiones críticas actuales que insisten que la nación es un artefacto
cultural al servicio del poder político, y también por otro lado este concepto es la bandera
de lucha para una serie de organizaciones propias del mundo moderno.
El unir o hacer sinónimos los conceptos de Estado y Nación, sería un error, ya que a lo
largo de toda la historia han existido y existen Estado que comprenden varias Naciones,
así como también en la historia se han tenido casos de Naciones divididas en dos o más
Estados.
Mientras el Estado es una organización pública, jurídica, establecedor de derechos la
Nación comprende un sinnúmero de aspectos relativos a la vida humana y ejerce una gran
influencia sobre los aspectos del hombre (religión, idioma, idiosincrasia, raíz étnica común,
historia, sentimientos, sentido de pertenencia, etc).
Existen pocos ejemplos en donde el Estado concuerda exactamente con la Nación, en la
mayoría de los casos, un Estado expresa distintas adhesiones de varias naciones.
En cambio, podría definirse al Estado como “Una comunidad social con una organización
política común y un territorio y órganos de gobierno propios que es soberana e
independiente políticamente de otras comunidades”.
La palabra “Estado” proviene de la palabra latina “status” que se traduce como “la
condición de ser”; es inventada en “El Príncipe” (1513) de Nicolás Maquiavelo: “lo statu”,
para referirse al “estado de cosas del reino” y en general a “toda organización jurídico-
política y su forma de gobierno”.
Esmein define al Estado como la "personificación jurídica de la nación". Viscaretti Di Ruffia
define al Estado como "ente social que se forma cuando en un territorio determinado se
organiza jurídicamente en un pueblo que se somete a la voluntad de un gobierno" Según
Adolfo Posada, el Estado, “es una organización social constituida en un territorio propio,
con fuerza para mantenerse en él e imponer dentro de él un poder supremo de ordenación
y de imperio, poder ejercido por aquel elemento social que en cada momento asume la
mayor fuerza política”
Los elementos propios del Estado son:
-población
-territorio delimitado
-gobierno
-un corpus de leyes reconocido por todos (Constitución por ejemplo)

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-ejercicio de la soberanía (sobre tierra, fronteras, aire, agua, su política, su economía, su
cultura, etc.)
A lo largo de la historia se han dado varios modelos de Estado. Algunos de ellos son:

ESTADO TEOCRATICO
Un gobierno teocrático se produce cuando un estado terrenal es gobernado por una
divinidad, ya sea en una forma de realización personal, o con mayor frecuencia, a través
de un representante de la humanidad. Aunque su base es religiosa, aún se puede
considerar un sistema político, ya que dicho representante, por ejemplo una iglesia, puede
tomar el lugar de un gobierno civil.
Conocer el origen cronológico de la teocracia es una tarea imposible, sabemos que se
remonta a épocas lejanas en las cuales el hombre comenzó a crear mitos sobre seres
divinos que dominaban la naturaleza y algunos de estos hombres, atribuyéndose la
cualidad de ser descendientes de esos seres divinos o simplemente profetas ungidos por
ellos, iniciaron la lucha por el dominio del poder sobre la comunidad en nombre de su Dios.
La definición griega de la teocracia era "gobierno de los dioses", y fue empleado por
primera vez en el siglo I DC por Flavio Josefo para describir la forma de gobierno
practicada por los judíos. En su estado más puro, la definición de la teocracia implica un
líder que cree estar en comunicación directa con un dios. Moisés, por ejemplo, se le dijo
que liberara a los Hijos de Israel y que se convirtiera en su líder por una zarza ardiente en
representación de su dios. La tabla de los 10 mandamientos también se presento ante él
por medio de la revelación divina.
Ha habido muchos gobiernos teocráticos a través de la historia, como el rey del Egipto
faraónico, sobre todo porque Ramsés el Grande fue reconocido como un dios viviente. En
la antigua Roma, el emperador era adorado por lo general como una deidad, hasta que
Constantino I se convirtió al cristianismo. Este fue también el caso de China y Japón, en
fechas recientes como 1911 y 1946, respectivamente. La ciudad-estado de los mayas y los
incas imperios de Perú precolombino son ejemplos que se ajusten a la definición de
teocracia.
En la actualidad, los países islámicos regidos por la sharia (ley sagrada) y el gobierno iraní
dirigida por un clérigo islámico son instancias de los gobiernos teocráticos del siglo XXI.
Sin embargo, la teocracia más conocida es sin duda la Santa Sede. Ubicado en la Ciudad
del Vaticano desde 1929, aunque existe desde los primeros tiempos cristianos, se
reconoce como un Estado soberano.
Características:
* En los Estados Teocráticos ven a la religión como un sistema completo de vida, se
interesan más por el bienestar espiritual de las los gobernados que por el bienestar físico y
material de los mismos. Dirigen en materias financieras y económicas de acuerdo a
los principios y enfoques distintivos de cada religión.
* Los Estado Teocráticos interpretan a Dios como creador del ser humano, omnipotente y
perfecto, de tal forma que las leyes y regulaciones que se encuentran en las sagradas
escrituras son igualmente perfectas por ser de su inspiración. El hombre es considerado,
sin discernimiento cierto y sus aptitudes son limitadas para descubrir las leyes naturales de
la vida, además, el hombre no se considera sincero y objetivo en su conducta con las
leyes.
* En los Estados Religiosos le ley está íntimamente vinculada con
el pensamiento individual, por lo tanto la actuación de los individuos está regulada no
solamente por los organismos de coacción, sino también por la sociedad en su conjunto,
de allí derivan las posiciones fundamentalistas de este tipo de sociedades (toda la
sociedad conoce la Ley de Dios y colabora al momento de lograr su cumplimiento).

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EL ESTADO MODERNO ABSOLUTISTA
AL comenzar la Modernidad (siglo XIV) surgió un nuevo modelo de Estado en las naciones
Europeas: el Estado Moderno, que luego se convirtió en Estado Absolutista.
El Estado absolutista es la consecuencia directa del fin del feudalismo. El poder político se
concentró en la persona del rey (que afirmaba su poder en la divinidad, es decir en la idea
de la posesión de un poder otorgado por Dios exclusivamente a el rey y su familia). El Rey
también poseía en exclusividad el uso de la fuerza, un ejército profesional propio, el cobro
de tributos (impuestos) y el ejercicio de la justicia. El estado absolutista puede ser
considerado el primer estado moderno porque se apoyó en instituciones que todavía
perduran.
El poder estaba centralizado en torno a la figura del Rey, que posee todas las funciones y
administra todos los aspectos del mismo.
Todos se transformaron en súbditos del rey y por ello debían obedecerle. A la vez, el rey
procuro evitar que otros compitieran por su poder, esto llevo al surgimiento de la Corte, es
decir el Rey se rodeó de todos los demás miembros de la nobleza para mantenerlos
vigilados y sojuzgados (evitando de ese modo que se rebelaran contra él).
Otra característica del Estado Moderno es la posesión de un territorio delimitado (o al
menos, en vías de delimitar sus fronteras) y el manejo de la diplomacia, o sea las
relaciones con otros Estados.
En síntesis, en los gobiernos constituidos como monarquías absolutistas, existía un rey,
cuyo mandato era explicado desde la teología, se pensaba que los reyes sólo debían
rendir cuenta de su actuación a Dios. La actividad administrativa integrada a la realeza (y
apoyándose en un nuevo sector social: la burguesía) se limitaba en general a las
atribuciones de policía con las que se aseguraban la estabilidad del régimen político. Se
admitía que la servidumbre había sido creada para otorgar sus servicios al rey, lo que en
cierto modo era servir a Dios.
Varios ideólogos dieron fundamento al Estado Absoluto. Entre ellos destacaremos a
Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes.
* Nicolás Maquiavelo (1469-1527): en su obra “El Príncipe”, por primera vez la palabra
Estado para referirse a las tiranías, principados y reinados en que se encontraba dividida
Europa. En su obra se ve claramente que procurar el bien moral o material del pueblo
quedaba relegado frente al objetivo de afianzar el poder del déspota rey. El progreso en la
historia depende de la acción del hombre y no de la intervención divina. Maquiavelo
rechazó cuanto fuera idealismo y teoría y aplicó el sentido práctico. La política nada tenía
que ver con la moral, la ética o la religión.
Maquiavelo tiene una concepción totalmente diferente de la sociedad humana: para él, el
hombre es - por naturaleza - perverso y egoísta, sólo preocupado por su seguridad y por
aumentar su poder sobre los demás; sólo un Estado fuerte, gobernado por un príncipe
astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo que frene la
violencia humana. Fue el primero en usar la palabra estado en su sentido moderno.
El príncipe o el gobernante, tiene como misión la felicidad de sus súbditos y ésta sólo se
puede conseguir con un Estado fuerte. Para conseguirlo tendrá que recurrir a la astucia, al
engaño, el soborno, la manipulación y si es necesario, a la crueldad. La virtud fundamental
que debe poseer es la prudencia, para la conveniencia del Estado.
Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. "La grandeza de los crímenes
borrará la vergüenza de haberlos cometido" afirmaba. Los medios no importan: no es
necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en
realidad. Política y moral son dos ámbitos distintos e incluso contradictorios. Aunque El
Príncipe estuviera dedicado a Lorenzo de Medici, Maquiavelo quiere presentar en su obra

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el arquetipo de cualquier político. Su personalidad debe poseer condiciones especiales
para llegar al poder y mantenerse en él:
-Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras
consiga sus fines: lo que vale es el resultado. "El que consigue el poder es el Príncipe, el
que consigue el orden y la paz son los súbditos".
-El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para
sortear obstáculos, y "moverse según soplan los vientos".
-Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.
-Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.
Para Maquiavelo la mejor forma de gobierno es la República: "el gobierno de muchos es
mejor que el de unos pocos", y justifica la romana como la más perfecta. Aunque acepta,
como mal menor, que en ciertos momentos de corrupción y desorden que es más útil y
eficaz la acción de un solo personaje, adornado de cualidades excepcionales (dictador).

* Thomas Hobbes (1588-1679):


Thomas Hobbes es considerado uno de los principales filósofos políticos ingleses. En 1651
publica una de sus obras más célebres: Leviatán. En esta obra plantea la primera
formulación del contrato social, posteriormente recogido y reformulado por otros autores.
Hobbes percibe la sociedad humana como una formación de individuos dominados por su
ambición de poder y de dominio. Hubo una época (que Hobbes llama “Estado de la
naturaleza”) en que estas agrupaciones de individuos no disponían de un poder superior y
estas tendencias dominaban las relaciones entre las personas manteniéndolos en una
"guerra de todos contra todos" en la que "cada hombre es enemigo de cada hombre; los
hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas y su propio ingenio debe
proveerlos de lo necesario. En tal condición no hay lugar para la industria, pues sus
productos son inciertos; y, por tanto, no se cultiva la tierra, ni se navega, ni se usan las
mercancías que puedan importarse por mar, ni hay cómodos edificios, ni instrumentos para
mover aquellas cosas que requieran gran fuerza o conocimiento de la faz de la tierra ni
medida del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor que nada, hay un
constante temor y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre es solitaria, pobre,
grosera, brutal y mezquina".
Para Hobbes el fin del estado de la naturaleza y las condiciones para que pueda existir una
sociedad, surge por un pacto o contrato que establecen los individuos. Mediante este pacto
o contrato cesan las hostilidades delegando los derechos de los individuos en una persona
soberana. El contrato significa entonces una renuncia por parte de cada individuo que
permite el establecimiento de un poder fuerte que está por encima de ellos pero en el cual
todos se reconozcan.
"La única vía para construir ese poder común, apto para la defensa contra la invasión
extranjera y las ofensas ajenas, garantía de que por su propia acción y por los frutos de la
tierra los hombres puedan alimentarse y satisfacerse, es dotar de todo el poder y la fuerza
a un hombre o asamblea de hombres, quienes, por mayoría de votos, estén capacitados
para someter sus voluntades a una sola voluntad. Ello significa: elegir un hombre o
asamblea que lo represente, que todos consideren como propios y donde puedan
reconocerse a sí mismos como autores de lo que haga o planee aquel que representa su
persona, en todo lo que respecta a la paz y la seguridad colectivas; que, por otra parte,
sujeten sus voluntades a la voluntad de aquél, y sus juicios a su juicio. Esto implica más
que la mera aprobación o acuerdo; es una unidad concreta de todo en una sola persona,
instituida mediante un pacto de cada individuo con los demás, tal como si cada uno dijera a
todos: autorizo y transmito a este hombre o asamblea de hombres el derecho que me
asiste de gobernarme a mí mismo, a condición de que vosotros transmitáis también a él

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igual derecho y autoricéis sus actos de igual forma. Hecho lo cual, la multitud así reunida
en una sola persona se convierte en Estado, en latín civitas. Este es el origen del gran
Leviatán o (designándolo con más reverencia) el dios mortal al que debemos, bajo el Dios
inmortal, la paz y la defensa. Esta autoridad, transferida por cada hombre al Estado, tiene y
emplea poder y fuerza tales que por el temor que suscita es capaz de conformar todas las
voluntades para la paz, en su propio país, y para la ayuda mutua contra los enemigos, en
el extranjero. En esto radica la esencia del Estado, que puede definirse como sigue:
persona resultante de los actos de una gran multitud que, por pactos mutuos, la instituyó
con el fin de que esté en condiciones de emplear la fuerza y los medios de todos, cuando y
como lo repute oportuno, para asegurar la paz y la defensa comunes. El titular de esta
persona se denomine soberano y su poder es soberano; cada uno de los que lo rodean es
su súbdito".
Hobbes toma de Maquiavelo esta condición, de que el hombre es malo por naturaleza, que
es egoísta, individualista, mezquino, que siempre buscara su propio beneficio. Hobbes dice
que el hombre siempre va a tender al conflicto.
Hobbes escribe su obra a mediados del siglo XVII, en un contexto histórico de plena guerra
y revolución. En su obra nos describe un hipotético estado de naturaleza (que no tiene
existencia real.) en el cual no existen normas ni reglas, en este experimento, existen
derechos, lo q no hay son normas o reglas. Los derechos le dan libertad al hombre, las
leyes obligaciones. Pero en esta situación no hay ley, por lo que solo habrá libertad. El
derecho más importante en este mundo es el de la libertad absoluta, por lo que el hombre
hobbesiano puede hacer lo que quiera, incluso en el cuerpo de otro hombre.
Todos los hombres por naturaleza se acercan a lo que les hace bien, y se alejan de lo que
les provoca aversión. Proteger su vida le genera placer al hombre, que busca mejorar su
bienestar personal, aumentando su seguridad y sus riquezas.
El poder es una facultad que escasea entre los seres humanos, ya que es un solo hombre
el que manda y son muchos los que obedecen, ya que todos los hombres buscan acceder
al poder, esto inevitablemente desembocara en el conflicto. Entonces, si el hombre tiende
al conflicto y no hay ley que regule su comportamiento ,se entra en una situación
permanente de conflicto , donde “el hombre es un lobo para el hombre” , se vivió en una
situación de crisis generalizada , donde se aplica por llamarlo de alguna manera la ley del
más fuerte, donde el vencedor vive constantemente a la defensiva , porque siempre va a
existir alguien que lo quiera sacar de donde esta o lo que posee y el perdedor siempre
estará tratando de despojar al ganador de lo que tiene .
Por ello es que aparece la idea de una ley natural, que es una regla o norma establecida
por los hombres, en posición de la razón en sus dos usos, facultad prudencial (para
conservar la propia vida) y de razón calculadora (para conservar los bienes). Esa ley
natural se denomina pacto, y consiste en generar un poder superior, por encima de los
hombres, el Leviatán… el Estado.
La función de ese Leviatán es la de administrar el conflicto. Según Hobbes, el ser humano
le debe transferir todos sus derechos al Leviatán (excepto el de la vida), con lo que se trata
de asegurar la tranquilidad y la armonía. El hombre deja de estar en ese estado de
naturaleza.
Según Hobbes, el poder del Leviatán debe descansar sobre la espada, pues si no fuese
así los pactos no serían más que palabras, sin fuerza para proteger a los hombres en
modo alguno. El problema de este pacto, es que esa entidad superior, el Leviatan, no tiene
quien lo controle en modo alguno.

EL MODELO LIBERAL DE ESTADO

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La forma de Estado no es determinante para su caracterización, pues puede ser tanto una
monarquía constitucional (como en la Constitución de 1812 en España), una monarquía
parlamentaria (como en el modelo inglés que se remonta a la Revolución Inglesa del siglo
XVII) o una República (como el caso de la Revolución Francesa).
En cualquier caso, lo que caracteriza al nuevo sistema político es el papel del Estado
Liberal como un instrumento en el triple proceso que se ha dado en llamar Revolución
Burguesa, Revolución Industrial y Revolución Liberal, de transformación social, económica
y política en beneficio de:
1) la nueva clase dominante: la burguesía
2) el modo de producción dominante: el capitalismo
3) la ideología: el liberalismo.
Entre sus características tenemos las siguientes:
*La Libertad: el Estado Liberal pretende ser, según propone el liberalismo económico
desde Adam Smith, un estado mínimo, que no interviene en economía (al contrario que el
mercantilismo propio del Antiguo Régimen) y que solamente garantiza el ejercicio de la
libertad individual, por ejemplo garantizando la existencia de un mercado libre sin
restricciones y un ejercicio ilimitado de la propiedad privada. Por eso tan importante que
sus primeras medidas sean la Desamortización, la Desvinculación o la supresión de los
gremios (que incluya la prohibición de los sindicatos obreros).
Al contrario que la monarquía absoluta donde la palabra del rey es la ley, el Estado Liberal
se define como un Estado de Derecho, en que se ofrece al individuo la seguridad jurídica
de no estar sometido a la arbitrariedad del poder. Instituciones como la tortura judicial
desaparecen. Otras nacen, como la policía, pues la que continua existiendo (y
perfeccionándose como prueba Foucault en su obra “Vigilar y castigar”) es la represión de
las conductas que se definen como antisociales, incluyendo la represión política de
individuos y grupos no integrados en el sistema político o social. Según el mismo Foucault,
el nacimiento o triunfo simultáneo de instituciones como la cárcel, la escuela y el ejército
nacional indica claramente que el ideal de libertad es el de hacer que cada uno acabe
encontrando un sitio según sus méritos y capacidades (no según el nacimiento como en la
sociedad estamental), sitio del que no podrá quejarse ni los demás deberán sentirse
culpables por ello, ya que habrá demostrado gracias a la igualdad de oportunidades que es
el que merece.
* Igualdad: otra cualidad fundamental es la igualdad de condiciones que se pretende para
la sociedad; significa que desaparecen los privilegios y los estamentos para que exista una
clara división social en las clases basada en la riqueza, lo que se reconocen en el sistema
electoral del sufragio censatario. La eliminación de los privilegios territoriales o fueros
permite la construcción de un estado-nación de dimensiones propicias para un mercado
nacional unificado, sin aduanas interiores, y que comparte moneda, sistema de pesos y
medidas y legislación mercantil. La revolución de los transportes que supuso el ferrocarril
fue vital para esa construcción nacional, que se ve justificada ideológicamente por los
movimientos nacionalistas, como por ejemplo en las unificaciones nacionales de Italia y
Alemania, que pueden hacer hincapié en otros factores de unificación nacional como el
idioma. Es importante resaltar que en el campo del Derecho se establecen también: el
principio de legalidad y el principio de igualdad ante la ley. El primero hace referencia a
que toda obligación ciudadana estará sujeta a que esté dispuesta en una ley, y la igualdad
ante la ley quiere decir que con fundamento a la abolición de los estamentos todos los
ciudadanos serán tratados iguales ante la ley.
Sin embargo, esta proclamada igualdad, en la práctica solo puede darse entre iguales… es
decir no se pensaba como medio para eliminar las diferencias sociales basadas en la
clase, el dinero, la propiedad, la ley, etc. Era más una proclamación que una realidad, por

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ende los sectores más desposeídos no fueron tratados como iguales en la realidad,
aunque se hablara de su igualdad en el discurso.
* Separación de poderes: la división de poderes de Montesquieu se aplica como garantía
del ejercicio de la libertad del ciudadano, existiendo una relación más o menos equilibrada
entre un Parlamento elegido, un Gobierno y un Sistema Judicial que aplica los principios de
la legislación basada en el Código Napoleónico. Con la separación de poderes del Estado,
disminuye el Absolutismo en Europa logrando la creación de un gobierno más liberal y
menos absoluto, que respeta las garantías individuales y procura evitar el abuso de poder.
* Separación Iglesia-Estado: la situación de la Iglesia Católica en los países del sur de
Europa se deteriora como consecuencia de su pérdida de poder económico, político y
social (puede hablarse de un proceso de descristianización), pudiendo llegar a una
separación total entre Iglesia y Estado como ocurre en Francia, o a modelos intermedios,
como en España donde se opta por un modelo de Concordato, en que el clero pasa a ser
subvencionado por el Estado (siguiendo el ejemplo una vez más del Imperio Napoleónico).
* La Sociedad Civil: la aparición del Estado como un organismo autónomo dentro de la
sociedad moderna ha provocado la necesidad de distinguir lo público estatal y lo público no
estatal. Lo público no estatal es el ámbito de la sociedad civil como conjunto de
instituciones y mecanismos de coordinación social no dependientes del sistema
administrativo estatal. El Estado se convierte en la esfera de despolitizada de las personas
y sus actividades.
El modelo liberal de Estado parte de la defensa de los derechos personales y, por tanto, de
la necesidad de limitar las acciones del Estado sobre la vida comunitaria de los individuos.

Los filósofos más importantes que fundamentan el Estado Liberal son:


* John Locke: su ideario va íntimamente ligado a los sucesos que provocaron la apertura
política de Gran Bretaña a partir de la Bill of Rights (o Declaración de Derechos) de 1689.
Por este motivo, Locke hará una defensa abierta de la libertad política proponiendo la idea
de seguridad jurídica:
a) que los gobernantes deben ejecutar las leyes desde y por el bien de la sociedad;
b) que la justicia constituye el único y admisible límite de actuación de los gobernantes;
c) que tal límite de actuación es siempre infranqueable;
d) que la actuación de la autoridad procede y arranca de las leyes que emanan del poder
legislativo que representa al pueblo;
e) que el Estado ha de velar por la tolerancia, esto es, por la libertad de conciencia y la
libertad de religiosa, y abstenerse en inmiscuirse en litigios de índole moral y/o religiosa.
Así que, frente a la obediencia absoluta de la ciudadanía que preconizó Hobbes, Locke
recuerda, que las instituciones y sus gobernantes están para servir al pueblo, y no al revés.
Es más, igual que el estado de naturaleza podía, a juicio de Locke, degenerar con los
exabruptos y actos de violencia de unos hombres contra otros –de ahí que fuera necesario
la creación de un poder político estatal capaz de garantizar los derechos naturales a todos
los ciudadanos, apuntó Locke-, también y del mismo modo cabía la posibilidad de que
ocurriera, según Locke, que los representantes de la autoridad del Estado, una vez
constituida la sociedad civil, transgrediesen los derechos naturales inalienables de las
personas y abusasen del poder.
Pues bien, tal fue la obsesión de Locke por limitar el despotismo del Poder (personal y/o
político), que consideró necesario fragmentar las parcelas de actuación del Estado en
poder legislativo (dedicado a la elaboración de las leyes), poder ejecutivo (encargado de
sancionarlas y buscar su aplicación) y poder federativo (ocupado en asuntos
internacionales).

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En definitiva, a diferencia de la defensa del autoritarismo que propuso Hobbes, tendente a
anular la capacidad de decisión de los individuos, el modelo liberal que desarrolló Locke
nunca tuvo por meta que las personas perdieran sus derechos y prerrogativas por el hecho
de vivir al cobijo de la autoridad. Al contrario, Locke procedió a reafirmar “sin excepciones”
la libertad del individuo dentro del Estado y a justificar, por ende, que los ciudadanos
conservan su derecho de autodefensa frente y ante los abusos del poder político.
* Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) fue un defensor de la teoría del pacto social y
admitió que la constitución del Estado supone el abandono y renuncia de los derechos
naturales de las personas. Conocedor de la teoría política de Montesquieu sobre la división
del poder en poder legislativo, ejecutivo y judicial, Rousseau jamás empleó tal teoría e
igual que Hobbes reivindicó la necesidad de un Estado con poder absoluto e indivisible.
Jean-Jacques llegó a afirmar en su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los
hombres que el desarrollo de la civilización contribuía a reforzar los vicios y debilidades
humanas. Por eso, su propuesta incluía inyectar en el corpus político la simiente moral de
la virtud, de la perfección y armonía. Con tal objetivo, en su obra El contrato social, o
Principios del derecho político (1762) Rousseau puso en marcha la utopía de dotar a su
proyecto político de una dimensión ética. De esta manera, el acuerdo mutuo entre cada
una de las partes (o pacto social) debería ser capaz de reformar las instituciones políticas,
de elevar la condición moral de los seres humanos e integrar dentro del Estado al
individuo. La única posibilidad de regeneración espiritual se realizaba, pues, por medio de
un pacto social.
Según Rousseau con el contrato social se originó el Estado. Lo cual es muy importante, ya
que el contrato social favorecía que cada sujeto viviese en, para y por el Estado, y se
volcase sin titubeos en el ordenamiento civil con el fin de encontrar en el ámbito de lo
colectivo su desarrollo pleno. Siempre buscando el horizonte comunitario de convergencia
y uniformidad, Rousseau creía que el Estado reúne la voluntad de todos los miembros que
lo han constituido. Pero además, estaba convencido de que el Estado está representado
por el vínculo de unidad que emana de esa persona colectiva soberana que es el Pueblo,
el cual se expresa unificada mediante la voluntad general:
<<Mientras más armonía exista en las asambleas, es decir, mientras más se acerquen las
opiniones a la concordia, más dominará la voluntad general; mientras que los debates
largos, las discusiones, el tumulto, anuncian la preponderancia de los intereses particulares
y la decadencia del Estado>>.
En el modelo político de Rousseau sólo había cabida para un proyecto uniforme en el que
la voluntad general debe primar sobre las voluntades particulares: <<es preciso obligar a
los unos a conformar sus voluntades a su razón, y enseñar al otro a conocer lo que
quiere>>. Y, añadía, <<cualquiera que se niegue a obedecer a la voluntad general sea
obligado por todo el cuerpo>>.
Los hombres tenían pues que someterse a los designios que marcaba la Ley, signo visible
de la voluntad general. Y, por tanto, obedecer los designios que marcaba la Ley, y no solo
porque habían renunciado dentro del Estado a sus derechos con tal de vivir asociados,
sino también porque la Ley era, en opinión de Rousseau, una emanación del poder
soberano, un símbolo del poder del Pueblo. Y desobedecer la Ley implicaba transgredir,
repudiar, rechazar en suma la soberanía popular.
Este modelo de Estado abocaba a la justificación de la tiranía en nombre del Pueblo, tanto
o más cuanto que Rousseau subrayó que como la ley apunta al todo, no a los individuos, la
voluntad general en tanto suma de las voluntades individuales es indivisible e indestructible
que al Estado y a sus instituciones les es legítimo el recurso de la dictadura para no
debilitarse. Si hay opositores, se debía proceder a la exclusión de los mismos, los cuales al
perder su ciudadanía pasarían a ser considerados extranjeros. Si una persona atacaba el

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derecho social, en nombre del Estado era lícito hacer morir al culpable, pero no como
Ciudadano, sino como enemigo.
Convertidos los ciudadanos en súbditos, los gobernantes disponían, por el poder que
emanaba de la voluntad general, de la potestad de hacer que los miembros del Estado
dejasen de ser en cualquier momento «ciudadanos». De hecho, a ese enemigo que es
desposeído de sus derechos (muerte civil), y al que se refiere Rousseau escribiendo con
letra minúscula en señal de desprecio ("ennemi": enemigo), se le conduce al cadalso
(muerte física) porque no se puede aceptar que alguien viva dentro de los muros del
Estado sin aceptar y sin adherirse a las ideas de sus dirigentes.
La sociedad para Rousseau debe estar compuesta por individuos virtuosos, que cedan
estos derechos y gracias a ellos son libres. La libertad se da por dejar el interés particular,
buscando el interés general. Según él un régimen corrupto es aquel en el que prima la
voluntad particular por encima de la voluntad general. Unirse la voluntad general es ser
libre. En este punto coincide con la idea de “virtud pública” establecida por Montesquieu
(es virtuoso quien ama a la Patria mucho más que a sí mismo y su propio bienestar)
* Carlos de Secondat, barón de Montesquieu: este observó que el sistema parlamentarista
es el mejor garante de los derechos de la población ante el absolutismo. Planteaba que es
Estado era una organización social, pero esta no provenía de la firma de algún pacto o
contrato, más bien de la convivencia de ciertos principios fundamentales e inviolables,
previstos en el orden de una Constitución. Por lo tanto el Estado se crea para la obtención
y la garantía de la libertad de los ciudadanos, libertad que debería ser entendida en todos
los aspectos, y el poder que es sólo uno de los elementos del Estado se encuentra
impedido para someter forzosamente a la población. Era partidario de la división de
poderes.

El Despotismo Ilustrado. El Estado Absoluto Ilustrado.


El experimento parlamentario solo tuvo éxito en Inglaterra y más tarde, a partir de la
emancipación de las colonias inglesas transatlánticas, en Norteamérica. En el continente
europeo, a pesar de las innovaciones anglosajonas en materia política, seguían
prevaleciendo las leyes del Antiguo Régimen aunque, eso sí, más suavizadas,
incorporando desde el siglo XVIII algunas ideas propuestas por el Iluminismo o la
Ilustración. Surgió así el Despotismo Ilustrado.
El despotismo ilustrado alcanza su plenitud en el Setecientos, y tendría una existencia muy
breve. De hecho, este modelo de Estado sólo abarca el tiempo de gobierno de los
monarcas ilustrados, un período aproximado que va de 1740, inicio del gobierno de
Federico II de Prusia, hasta 1792, fecha de la muerte de Gustavo III de Suecia. Cuatro son
las características de este modelo de Estado:
1.- este régimen político no es democrático. En él no existen instituciones que favorezcan
la participación ciudadana;
2.- el rey delega en una persona de confianza las tareas de organización y dirección de la
administración pública (valido, consejero, ministro favorito). El político escogido asume por
delegación real una importante cota del poder, y da cumplida cuenta de su trabajo ante el
soberano. Por este motivo se suele denominar el absolutismo ilustrado con el calificativo
de despotismo ministerial o despotismo legal
3.- Bajo la influencia del enciclopedismo los monarcas desean mejorar las condiciones de
vida de sus súbditos e intentan corregir el nivel educativo de la población por medio de la
instrucción pública (España), suprimir la censura (Dinamarca), respaldar la tolerancia
(Prusia), apoyar la libertad de cultos (Austria), eliminar prácticas carcelarias como malos
tratos, tortura... (Francia). Pero también ambicionan modernizar el Estado y acometer un
ambicioso programa de infraestructuras (construcción de carreteras, canales, escuelas,

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hospitales, etc.). Sin embargo, no facilitan la verdadera participación popular. Su lema era
“Todo para el pueblo…. pero sin el pueblo”
4.- La propia estructura administrativa del Antiguo Régimen incurría en una legalidad
heterogénea que conducía a una multiplicidad fiscal y territorial claramente desigualitarista.
Por ejemplo, Federico II de Prusia, al tiempo que confinaba al campesinado “pobre” dentro
de territorios poco fértiles, le negaba la posesión hereditaria de las tierras.

EL ESTADO SOCIALISTA. EL ANARQUISMO


EL MODELO POLÍTICO DE PROUDHON Y MARX
Pensadores contemporáneos observaron que el Estado, lejos de permitir la libertad
individual, constituía un instrumento de dominación y coacción, de dominio y obediencia, lo
cual chocaba y atentaba gravemente contra la capacidad de pensamiento y de autonomía
de las personas. Así, Stuart Mill (1906-1873) y Mijail Bakunin (1814-1876) denunciaron la
omnipresencia del Estado y su sed infinita de servidumbre.
Si bien es cierto que el Estado existe desde el Neolítico, es en el siglo XIX cuando se
produjo un debate fortísimo en torno a la naturaleza y límites del Estado, debate que
conducía a discutir la legalidad o legitimidad de las actuaciones del Estado, cuando no, a
dudar de la existencia misma del Estado. Pues bien, para analizar este debate nos
centraremos en dos autores: un francés, Proudhon, y un alemán, Marx. Y con el fin de
entender sus posturas enfrentadas, deberemos saber que Proudhon defendía la búsqueda
y planificación del Progreso por medio de cambios escalonados y sucesivos, mientras que
Marx hizo hincapié en una transformación radical de la sociedad en su conjunto. Y dado
que Marx era un apologista de la guerra civil y, por serlo, adscribía a la violencia el papel
de comadrona del Progreso, Proudhon, más refrenado y cauto, señaló que las
innovaciones sociales debían ser moderadas aunque ininterrumpidas. Evolución, que no
revolución, era el lema proudhoniano.
Marx por su parte, era un historiador asimismo catastrofista. De ese fondo apocalíptico
provenía su teoría de la destrucción global: desastres capitalistas, crisis y bancarrotas,
hundimiento del sistema de producción, guerra de clases, revolución, fin del mundo
conocido e inicio de una Era nueva. Por el contrario Proudhon, lejos de esta concepción de
la realidad, defendía la opinión, como hizo Hutton en geología, de que los cambios en
política eran lentos e ininterrumpidos, sin cataclismos ni calamidades.

1.- Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865)


Anarquistas como Tolstói y Tucker apoyaban la táctica de la insumisión civil, esto es, la
legitimidad de transgredir las normas del Derecho Público pero sin utilizar ni apelar al
recurso de la fuerza bruta. En otro nivel mucho menos conflictivo se movía Proudhon que,
junto a Godwin, encarnaba la corriente más pacifista del anarquismo. Para Proudhon quien
se declaraba, aunque amigo del orden, <<propiamente anarquista>>, de este modo nos lo
hizo saber en ¿Qué es la propiedad? (1840); para Proudhon que defendía que <<la
verdadera forma de gobierno era la anárquica>>, así lo dejó señalado en Las confesiones
de un revolucionario (1849); para Proudhon, en fin, la puesta en marcha de la revolución
no necesitaba quebrantar ni incumplir y tampoco, menos aún, desobedecer las reglas del
Derecho. ¿Y ello por qué? Porque la revolución se hace de forma permanente y entraba
dentro de lo posible, así lo juzgaba Proudhon, pasar de una situación política a otra y por
simple evolución y mejora del curso de los acontecimientos. Y además porque, frente a la
impaciencia marxista en la que la estrategia de la guerra era un paso previo a la revolución
social, resulta que en la perspectiva de Proudhon era viable conseguir sin maniobras
violentas una organización óptima de la sociedad, y alcanzar el Estado anarquista
confederado. Y todo a través de cambios y transformaciones, o sea, sin mediar

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cataclismos ni terciar desastres sociopolíticos. Y es que Proudhon creía en la idea de
progreso indefinido, es decir, en la unión de utopía y reformismo.
Sabido esto, en su Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria
(1846) Proudhon expuso cómo los trabajadores por medio de una serie de reformas eran
capaces de adquirir los medios de producción y sin el prerrequisito revolucionario de
destruir el andamiaje del edificio capitalista. Los objetivos de Proudhon no eran otros que
conquistar una Federación Agroindustrial, incluso poniendo en marcha un Banco del
Pueblo. Es decir, la solución a los conflictos sociopolíticos pasaba, en Proudhon, por la
fórmula del mutualismo social o ayuda mutua. Utopía proudhoniana en la que los
trabajadores permanecerían a la vez asociados y todos en igualdad de derechos y libres.
Ya lo había señalado Proudhon en 1840, exactamente en el capítulo V de su libro ¿Qué es
la propiedad?, cuando afirmaba que el pueblo era el poder ejecutivo porque, en su opinión,
<<nadie es rey; somos querámoslo, o no, asociados>>.
En consecuencia, en el modelo de Estado anarquista el individuo no es libre ni se
desarrolla como tal si no es libre dentro del Estado para coparticipar democráticamente en
la reforma de las instituciones sociales y políticas. Además y mucho antes de que
Nietzsche en medio de un arrebato de postmodernidad tomara para sí algunas de las
consignas subversivas de los movimientos anarquistas, el anarquismo en su defensa, a
ultranza, de la emancipación y de la libertad de los individuos ya venían vociferando: ¡El
Estado ha muerto, Dios ha muerto, y... los Reyes han muerto! Esto implica a efectos
políticos que todo podía cambiar, que el Estado debía abstenerse de su sed
intervencionista y dar cabida a las iniciativas individuales. En consecuencia, en el modelo
de Estado de Proudhon lo importante era la defensa de la libertad negativa o, lo que igual,
la defensa del uso del libre albedrío en contra y frente a las restricciones, también
intromisiones, de la autoridad del Estado.

2.- Karl Heinrich Marx (1818-1883)


Proudhon era una figura carismática dentro de la intelectualidad europea. Y por serlo, Marx
durante su estancia en París quiso ponerse en contacto con él y, a través de Moses Hess,
llegó a entablar relaciones con Proudhon de cara a fortalecer un movimiento de izquierdas.
Sin embargo, los resultados no fueron los que esperaba Marx, pues en la carta que le
dirigió Proudhon el 17 de mayo de 1846 éste se posiciona por la paz social, muy al estilo
de su contemporáneo inglés Richard Cobden. Y frente al alemán rechaza la idea de
provocar luchas sangrientas, semejantes a las que desencadenó la Revolución francesa. Y
como hizo el cartista William Lovett sostuvo Proudhon que el proletariado, en lugar de
sangre, tiene sed de conocimiento. En suma, haciendo apostolado de la no violencia
Proudhon desautorizaba cualquier política que se fundamentara en el ejercicio de la
venganza y del odio de clases.
A Marx le desagradó el hecho de que Proudhon, con su programa sociorreformista, hubiera
enterrado el espíritu jacobino de la Revolución francesa. Por eso, cuando escribía contra
Proudhon La miseria de la filosofía (1846-1847), Marx exigía sin esperar reformas no solo
la colectivización de los medios de producción, sino la expropiación, por medio de la
fuerza, de los bienes de la burguesía, asunto sobre el que volvería a incidir en (1846-1847)
Marx el Manifiesto del Partido Comunista (1848). En este documento, y al lado de Engels,
Marx definió el comunismo como una rebelión contra la civilización y recalcó que los
objetivos de los comunistas <<solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el
orden social existente>>, y subrayó que el comunismo <<viene a interrumpir violentamente
todo el desarrollo histórico anterior>>.
Frente a anarquistas como Proudhon, Stirner o Bakunin que descalificaron el fenómeno de
la Revolución francesa y registraron cómo los propios dirigentes jacobinos impulsaron el

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arraigo y auge del Estado omnipotente, Marx vio con buenos ojos el estallido de la
Revolución francesa y se inspiró en ella a la hora de defender la crisis y hundimiento de la
economía burguesa y sustentar en nombre de la liberación humana su teoría de la
dictadura política. E igual que Rousseau creyó justa la meta de imponer por la fuerza los
designios de la voluntad general, Marx llegaría a un objetivo no menos coercitivo: implantar
un régimen despótico para hombres-libres.
Había, pues, un conflicto apostado en la base misma de la ideología marxiana: si dentro de
la concepción de Karl Marx era necesario hablar de liberación, ¿cómo es posible que en
nombre de la revolución obrera hubiera que cerrar el paso a los deseos personales de
emancipación, de liberación e independencia? Marx siempre se mantuvo inflexible en sus
opiniones e, incluso treinta años después de su libelo contra Proudhon La miseria de la
Filosofía, veremos a Marx repetir en la Crítica del programa de Gotha (1875) las mismas
tesis sobre la necesidad de la dictadura socialista incidiendo en la necesidad de construir
un Estado coactivo, represor y fuerte, llamado dictadura del proletariado.
Marx fue un firme defensor del Estado Leviatán, es decir, un defensor de la libertad
positiva. ¿Y eso qué implica? Implica que las personas deben actuar solo en provecho del
Estado, carecer de iniciativas y permanecer supeditadas, cual pieza de puzzle, a los
designios de las leyes de la Dictadura. No extraña que Nietzsche, en su obra Humano
demasiado Humano (1878), señalara que <<el socialismo puede servir para enseñar de
manera brutal el peligro de todas las acumulaciones de poder en el Estado, y en este
sentido insinuar una desconfianza contra el Estado mismo>>.

EL ESTADO SOCIAL. ESTADO DE BIENESTAR.


El termino Estado Social, conjuntamente con el de “Welfare State” o su traducción
castiza, son los que hemos aceptado como más adecuados para representar el fenómeno
de la socialización estatal, al igual que gran parte de la doctrina, ya que son los más
utilizados por ella. Sin embargo, debemos aclarar que el concepto de “Welfare State” lo
aceptamos en su propuesta progresista, es decir, cuando se plantea dentro del contexto
histórico en que se ha desarrollado, no así, en la visión economista y burguesa expresada
en la práctica, concretamente en los casos de Inglaterra y los Estados Unidos de América.
Esta visión reducida y empirista del “Welfare State” ha contribuido a una crítica severa de
una parte de la doctrina, y con justificada razón, ya que limita su actuación a una política
social del Estado.
El español Manuel García-Pelayo es partidario de la denominación Estado Social antes
que usar “Welfare State”, al cual identifica, como la simple formulación de una política
estatal dirigida al bienestar social o material, sobre todo en servicios sociales y económicos
en general.
García-Pelayo afirma lo siguiente:
“La denominación y el concepto de Estado Social incluyen no sólo los aspectos del
bienestar, aunque éstos sean uno de sus componentes capitales, sino también los
problemas generales del sistema estatal de nuestro tiempo, que en parte pueden ser
medidas y en parte simplemente entendidas.”21
Otro autor fue el alemán Jorg Kammler, que estima que el Estado de Bienestar o
Estado Benefactor “Welfare State” es una variante del Estado Social, dentro del cual está
contenido, ya que el primero enfatiza la garantía de un nivel mínimo de vida para los
trabajadores y desarrolla la seguridad social, aspectos estos contenidos en el Estado
Social. Así nos presenta el porqué de su preferencia por el término Estado Social:
“La denominación y el concepto de Estado Social incluyen no sólo los aspectos del
bienestar, aunque éstos sean uno de sus componentes capitales, sino también los

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problemas generales del sistema estatal de nuestro tiempo, que en parte pueden ser
medidas y que en parte simplemente entendidas.”22
También el alemán Jorg Kammler estima que el Estado de Bienestar o Estado
Benefactor “Welfare State” es una variante del Estado Social, dentro del cual está
contenido, ya que el primero enfatiza la garantía de un nivel mínimo de vida para los
trabajadores y desarrolla la seguridad social, aspectos estos contenidos en el Estado
Social:
“…por añadidura, este concepto no sólo contiene la exigencia de organizar el Estado, sino
también sobre la base de una interpretación democrática del Estado de derecho que
trascienda la limitación liberal, la exigencia de organizar democráticamente la sociedad,
esto es: el proceso de reproducción económica de la sociedad, para concretizar con ello
una auténtica igualdad de oportunidades en la codeterminación de todas las cuestiones
fundamentales para la sociedad.”
CARACTERISTICAS DEL ESTADO SOCIAL.
Entre las características del Estado Social tenemos:
 Es un producto de las transformaciones del sistema capitalista de producción.
 Constituye el medio de institucionalización y desarrollo de los derechos sociales.
 Es un factor de distribución, regulación y orientación del proceso económico en los
países en que se ha implementado.
 Tiene como objetivo político, la instauración de la Democracia Social.
 Sujeción de la actividad estatal a normas que garantizan su servicio en pro del Bien
Común
 la separación de funciones de los órganos de poder.
 El ejercicio de la autoridad sobre las personas conforme a disposiciones conocidas y
no retroactivas.
 El respeto a los derechos y libertades individuales.
 La reivindicación y tutela de grupos económicamente débiles.
 El desarrollo del pluralismo como instrumento de la sociedad para expandir sus
prerrogativas y controlar los órganos de poder.

El modo de producción capitalista ha sido el hilo conductor por el cual se formula el


Derecho Social y el Estado Social y sobre ellos hemos ahondado en este trabajo. No
obstante, vale la pena recalcar que el proceso evolutivo iniciado con las luchas político-
sociales del proletariado confluyen en su exposición jurídica, primero mediante leyes
dispersas, luego en normas más sistematizadas para finalmente elevarse a la categoría de
preceptos constitucionales.
Villacorta, considera que lo fundamental en un Estado Social, más que la exposición de
un articulado de derechos sociales, es la nivelación de las desigualdades y una acción
decisiva del Estado. De tal forma que:
“…se pretende corregir en el Estado Social las desigualdades de hecho, única forma
posible de hacer al propio tiempo efectiva, de permitir, la generalización de la libertad (…)
El destino del Estado Social en la moderna sociedad pluralista, no debe ser otro, que, el
potenciar al máximo la libertad y la igualdad, mediante su actuación en las diversas esferas
de la vida pública”.
En lo referente a los derechos sociales y su implementación en acciones estatales
concluye afirmando que:
“La particularidad de los derechos sociales y aquí radica su significación esencial, reside
en el hecho de que su materialización necesita una acción estatal, bien en forma de

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prestaciones materiales, bien a través de obligaciones impuestas por el legislador estatal a
determinados particulares”.
Así por ejemplo, casi todas las Constituciones modernas aseguran y regulan el Derecho
al Trabajo bajo condiciones justas, la libertad de emigración, la obligatoriedad por parte del
Estado de tutelar el trabajo en todas sus formas, la protección laboral de las mujeres y
niños, la igualdad de salario, la no discriminación laboral, se integra la seguridad social al
Estado, el Derecho a la libre sindicalización, exigiéndose una regulación democrática a
nivel interno de las organizaciones sindicales, el derecho a la huelga según las
prescripciones legales, el derecho de los trabajadores en la colaboración de la gestión
empresarial, se reconoce la función social de las cooperativas. Se asegura la jornada
laboral, el salario mínimo y familiar, las vacaciones anuales remuneradas, la relación
económico-jurídica de los sectores de producción, los seguros de enfermedad, accidentes,
paro forzoso, vejez, invalidez, muerte y todo lo que pudiese afectar la calidad de vida de
los trabajadores.
Un claro ejemplo de este tipo de Estado en nuestro país es la Argentina peronista.

EL ESTADO NEOLIBERAL
El neoliberalismo es uno de los discursos referenciales a la hora de explicar y comprender
la realidad no solo de América Latina, sino del mundo. Empero de ello, la referencia a la
“larga noche neoliberal” amerita un proceso de reflexión, análisis y discusión sobre lo que
verdaderamente significa el neoliberalismo. Se ha cuestionado tanto al neoliberalismo que
su mención ha pasado a ser un tópico, es decir, un tema sobre el cual todo el mundo habla
pero pocos lo comprenden. Sin embargo, la razón neoliberal lo abarca casi todo. Es un
discurso fuerte, sólidamente estructurado, y epistemológicamente fundamentado. Se
piensa al discurso neoliberal en sus coordenadas económica, mas el neoliberalismo no es
solo economía, es básicamente geopolítica y también biopolítica.
El neoliberalismo tiene que ser comprendido de una manera totalizante e histórica al
interior del sistema-mundo capitalista. Debe ser visualizado como la compleja búsqueda de
los centros del poder, por sistematizar, legitimar y racionalizar la regulación del sistema
mundo en una fase particular, aquella de la preeminencia del poder financiero mundial.
Entendiendo por regulación del sistema-mundo capitalista las formas por las cuales el
capitalismo busca su propia re-producción, esto es, la forma por la cual el propio sistema
crea y re-crea las condiciones históricas que le son propicias para su existencia en
términos de tiempo y espacio. Esa regulación del sistema-mundo, que abarca múltiples
aspectos, en lo que se refiere a lo económico se establecería en la disputa y el control
sobre dos dimensiones básicas: la primera es la administración de los recursos (los
problemas de la asignación de recursos “escasos”); y, la segunda, es la regulación social
(las decisiones sociales sobre: qué, cómo, cuánto, producir, distribuir y consumir).
En el sistema mundo capitalista, la disputa y confrontación sobre estas dimensiones ha
estado signada por dos posiciones epistemológicamente contradictorias: la planificación y
el libre mercado, aunque relevan del mismo campo conceptual, la economía. Son
contradictorias porque asumen posiciones diferentes con respecto a la regulación del
sistema-mundo, y desde estas posiciones generan ámbitos de intervención contrapuestos,
aunque en ambas subyacen los conceptos fundamentales del sistema-mundo y del
liberalismo: Estado y mercado.
El neoliberalismo es más que una doctrina económica, política o social. Es economía
porque estudia la regulación a través de una analítica concreta, aquella de la economía
clásica. Es política, porque fundamenta al Estado moderno, la democracia, y el sistema
político moderno, desde el liberalismo clásico. Es ética, porque establece los fundamentos
de la convivencia social desde una posición determinada por la razón de mercado y el

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individualismo. Es histórica porque construye a la razón de mercado como heurística y
hermenéutica de la historia. Es jurídica porque establece un modelo de Estado y de
contrato social desde el cual se regula y administran las sociedades. Es simbólica porque
ha generado una ideología éxito individual sustentado en el consumo y el mercado.
El neoliberalismo mantiene un hilo conductor con el liberalismo clásico y decimonónico, sin
embargo, es la respuesta a circunstancias concretas al interior del sistema-mundo
capitalista, producidas por la disputa por la regulación entre la planificación y el libre
mercado surgida a inicios del siglo XX y que cobran fuerza luego de la crisis del
capitalismo de 1929-32.
El neoliberalismo, como tal, nace en su disputa contra la planificación expresada en dos
formas: como planificación central (estado socialista), o como planificación descentralizada
(estado de bienestar). Es decir, en la coyuntura histórica del New Deal del Presidente
Roosvelt (1935), el Plan Beveridge, de Churchill (1942), y la planificación centralizada de la
URSS, y los planes quinquenales de los años treinta (GOSPLAN).
La planificación implica la idea de racionalización al interior de la regulación social y
económica y en la asignación de recursos. En ese sentido, es la respuesta a la crisis del
sistema capitalista, sobre todo aquella de 1929-32. En esta respuesta, se asume que la
autorregulación social realizada por el libre mercado puede provocar más problemas que
aquellos que pueden solucionar y que a la larga implican un peligro para la pervivencia
histórica del mismo sistema capitalista. La crisis de 1929 creó la recesión, el paro laboral y
la pérdida de referentes sobre las promesas de la sociedad de mercado El impacto de la
crisis de 1929-32, fue tan profundo que muchos sectores vinculados al propio sistema
capitalista consideraron que éste estaba condenado a desaparecer. En 1942, el
economista austríaco Joseph Schumpeter, un crítico despiadado del marxismo y el
socialismo, expresaba: “he intentado demostrar que inevitablemente surgirá una forma
socialista de sociedad de la descomposición igualmente inevitable de la sociedad
capitalista” (Schumpeter, 1983, 16)
La crisis se había instalado en el horizonte de posibilidades del capitalismo y aparecía
como presagiando su hora final. La violencia, la devastación y las profundas
consecuencias que provocó la II Guerra Mundial, pusieron en el centro del debate el
concepto de planificación, no como un dispositivo técnico sino como un concepto político
en el cual se jugaba la sobrevivencia del sistema-mundo capitalista
La planificación apareció como una necesidad de enmendar los errores del libre mercado.
Por ello, la planificación relativiza el rol del mercado y lo convierte en mecanismo
accesorio, y por tanto, el poder político que se sustenta en las relaciones del mercado
también se convierte en una cuestión relativa. La planificación abre un espacio de disputa
de sentidos al interior de la razón mercantil demostrando la incapacidad de los
mecanismos de mercado por regular al sistema-mundo. De hecho, se acusaba a los
mecanismos de mercado de haber llevado al mundo a la guerra. La planificación cierra el
horizonte de posibilidades del mercado y lo convierte en un espacio complementario a un
conjunto de decisiones tomadas desde fuera de su seno.
La idea de planificación incorpora una idea de racionalidad en la regulación. Racionalidad
en la asignación de recursos (priorizando el uso eficiente de recursos en función de
intereses y demandas establecidas socialmente) y racionalidad en la regulación social,
esto es, determinando las decisiones sobre qué, cómo, cuánto producir, distribuir y
consumir, como decisiones asumidas políticamente por fuera de los mecanismos de
mercado (pero que no son necesariamente estatales). Pero al mismo tiempo que implica
una idea de racionalidad, también abre el espacio para que la regulación del sistema sea
puesta en términos sociales y en contenidos políticos de lo público, de ahí la preeminencia

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y la disputa por dar al Estado un nuevo formato en el que se pueda abrigar las nociones
tanto de lo público cuanto de lo social.
La racionalización de la regulación hecha desde lo social y lo público, con un fuerte peso
del Estado, implicaba, para los neoliberales, un atentado al concepto de libertad. No se
trataba de la planificación como mecanismo de regulación, sino de la defensa de la
sociedad como espacio de la libertad humana. La planificación transfería el poder de
decisión a una “junta de directivos” o de “tecnócratas”, y al hacerlo se demostraba como
una propuesta antidemocrática y antiliberal
Si los neoliberales cuestionan a la planificación, no es por su derivas técnicas, sino en sus
contenidos políticos; y lo hacen en términos políticos que sitúan el debate al nivel de la
ética: es decir, como una discusión sobre la libertad humana y la convivencia social
sustentada, precisamente, en la libertad individual (libertad que se expresa en la propiedad
privada y en los derechos de propiedad).
En ese tránsito de la política hacia la ética liberal, se produce también una transformación
teórica clave al interior de la reconstrucción neoliberal, cuando el neoliberalismo estatiza lo
social y lo público. En efecto, para lograr una dicotomía ética entre libertad y opresión, y
con ello poner el debate en términos de blanco o negro, el neoliberalismo naciente ubica
los contenidos del debate de la planificación y el mercado, como un debate entre el Estado
como esfera de la coerción y la sociedad civil como esfera de la libertad. Lo público, que no
necesariamente era estatal sino social, por la alquimia del discurso neoliberal, se reduce a
su dimensión estatal, y el estado, a su vez, se reduce al gobierno. El gobierno a los
partidos políticos que disputan su conducción y éstos a la clase política
La planificación aparece, entonces, no como una racionalización de la regulación social del
sistema-mundo, en el que solo en última instancia participa y aparece el Estado, sino como
un predominio del Estado sobre la sociedad civil, es decir, entre la libertad y opresión. En
esta transición conceptual desparece lo social y lo público y se asimilan de forma arbitraria
a lo estatal. Una vez asumido lo social y lo público como formas de una razón de Estado, la
planificación pierde su condición de concepto político y se convierte en mero concepto
técnico.
La planificación implica la transferencia de poder a una autoridad central que impide, en
virtud de sus decisiones sociales, la libertad de elección individual. Como concepto
eminentemente técnico y despojado de toda aspereza política, la planificación, finalmente,
debe ceder los espacios a la competencia del mercado

OTROS CARACTERES DEL NEOLIBERALISMO


El Neoliberalismo es una política económica que coloca el acento en lo tecnocrático y
macroeconómico, pretendiendo reducir al máximo posible la intervención del estado en
todo aquello que respecta a lo económico y social, a través de la defensa del libre mercado
capitalista como el mejor garante del equilibrio institucional y del crecimiento de un país.
Desarrollado a partir de 1940, el Neoliberalismo, promueve el renacimiento del liberalismo
clásico, aunque propone una posición aún más extrema, porque pretende la abstención
total del estado, especialmente en la economía de mercado. La economía se considera el
principal motor del progreso de la humanidad y por tanto a ella deberán subordinarse el
resto de los aspectos de la vida, incluyendo al político. En tanto, si el estado posee
empresas lo que promoverá un gobierno neoliberal al hacerse cargo del poder será la
venta de las mismas a empresas privadas.
El Liberalismo Clásico, por su lado, es una corriente filosófica con vertientes en los planos
social, político y económico, que surgió con el Iluminismo del Siglo XVIII , que se impulsó
con la Revolución Francesa. Uno de los referentes más destacados, Adam Smith, proponía
que el estado no debe intervenir en materia económica, ya que ésta misma se irá

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reacomodando, subiendo o bajando los precios de los productos, de acuerdo al aumento
de la demanda o la baja de la oferta o viceversa.
Seguidamente y ante el fracaso del modelo liberal, el Socialismo impondría su idea de
intervencionismo estatal para dar vuelta las cosas, redistribuyendo los bienes injustamente
en manos de unos pocos. Una de sus medidas más famosas ha sido la suba de impuestos
a aquellos individuos económicamente mejor posicionados para así poder proteger a las
clases más humildes y que estas no sean las que paguen también las acomodadas vidas
de unos muy pocos.
Una vez que el comunismo fracasa, surgirá con mucha fuerza el Neoliberalismo,
reclamando el goce del derecho de propiedad privada, que fuera otrora criticado por los
comunistas más fundamentalistas.
El Neoliberalismo sostiene que el bienestar social se conseguirá en virtud de la
competencia, que hará bajar los precios si están altos, o los hará subir en caso que estén
muy bajos.
Las políticas macroeconómicas que propone el liberalismo son: políticas monetarias
restrictivas (aumentar tasas de interés o reducir la oferta de dinero para frenar la inflación y
evitar una devaluación), políticas fiscales restrictivas (aumentar impuestos al consumo y
disminuir los correspondientes a la producción y a la renta), liberalización (tanto del
comercio como de las inversiones), privatización (las empresas estatales pasarán a manos
privadas para ganar en efectividad) y desregulación (reducción de leyes al mínimo para
dinamizar la economía).
Para la mayoría de los economistas críticos y las corrientes de pensamiento económico
alternativo la crisis estructural de los años setenta marcó el inicio de una nueva etapa que
se ha convenido en llamar neoliberal. Hablamos entonces de un cambio en la
configuración de la economía capitalista, que desde el final de la segunda guerra mundial y
hasta los años setenta había estado gestionada a partir de un ideario obtenido de las
enseñanzas de Keynes. Esa etapa del capitalismo, apellidada dorada entre otras cosas por
la inexistencia de crisis graves y por responder a un círculo virtuoso de crecimiento de
salarios y crecimiento económico, entró en crisis y abrió la puerta a una nueva forma de
comprender la sociedad.
El neoliberalismo es evidentemente una ideología, con un proyecto más o menos definido
de cómo tiene que ser la sociedad, y sus bases pueden encontrarse en F. Hayek o M.
Friedman. Pero el neoliberalismo es también la configuración resultante de aplicar un
determinado tipo de políticas, las que fueron inspiradas por aquella ideología. El
capitalismo no se articula siempre de la misma forma y sus instituciones cambian (las
relaciones entre capital-trabajo, entre Estado-trabajo y otras…) bien como respuesta a su
propia dinámica (como se suele postular desde la teoría marxista) o bien como resultado
de políticas concretas (como afirman los teóricos poskeynesianos).
Desde la teoría económica marxista puede explicarse el neoliberalismo a partir de la óptica
de clases, como el proyecto de las clases más ricas para recuperar unos espacios de
poder político y económico que perdieron tras la segunda guerra mundial. Desde otros
enfoques, complementarios en todo caso, el neoliberalismo es un nuevo régimen de
acumulación (teoría regulacionista) o una nueva estructura social de acumulación (teóricos
de la escuela radical). Hay diferencias al respecto de qué llevó al surgimiento del
neoliberalismo como nueva forma de configuración capitalista y sobre su estabilidad a
medio o largo plazo, pero no hay disensiones importantes a la hora de definir como tal una
etapa muy bien caracterizada.

Caracterización del neoliberalismo

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El neoliberalismo se impuso primero en Estados Unidos y en Reino Unido (aunque se
experimentó previamente en el Chile de Pinochet), y su aplicación es muy distinta entre los
países del mundo. No obstante, el patrón es el mismo y los efectos más similares que
diferentes. Esa es la razón por la cual analizar el neoliberalismo estadounidense es
especialmente útil, por ser la forma canónica del proyecto, para comprender esta nueva
configuración. Para D. Kotz (2008), el neoliberalismo estadounidense tiene una serie de
nueve características principales.
1. La desregulación del comercio y las finanzas, tanto en su nivel nacional como
internacional.
2. La privatización de muchos servicios otrora brindados por el Estado.
3. La cesión por parte del Estado de su compromiso de regular activamente las
condiciones macroeconómicas, especialmente en lo referente al empleo.
4. Brusca reducción en el gasto social.
5. Reducción de los impuestos aplicados a las empresas y familias.
6. Ataques desde el gobierno y las empresas a los sindicatos, desplazando el poder a favor
del capital y debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores.
7. Proliferación de los trabajos temporales sobre los trabajos fijos.
8. Competición desenfrenada entre las grandes empresas, en relación a un entorno menos
agresivo propio de la configuración de posguerra.
9. Introducción de principios de mercado dentro de las grandes empresas, particularmente
en lo referente a las remuneraciones de los trabajadores de más poder.
Esta caracterización es, como puede intuirse, adecuada para describir los desarrollos
recientes en prácticamente todo el mundo capitalista, a pesar de que está pensada para la
economía de Estados Unidos. Y es la combinación de estas características la que da lugar
a una serie de efectos que el propio D. Kotz (2008) enumera también: creciente
desigualdad social, incremento de la importancia del sector financiero y sucesión de
grandes burbujas de activos.
La creciente desigualdad
La creciente desigualdad social es resultado de varios desarrollos. Por una parte, de la
desregulación de sectores como el transporte y la comunicación y los consecuentes
descensos salariales que allí tuvieron lugar. Por otra parte, la desregulación internacional
de los flujos de capital acentuó la competencia entre países y presionó los salarios a la
baja. La transferencia de trabajos desde el sector público hacia el sector privado también
presionó los salarios a la baja en muchos casos. El cambio de objetivos de política
monetaria (concentrándose en la inflación más que en el pleno empleo), y la naturalización
del desempleo, condujo a una mayor tasa de parados y a lo que Marx denominó “ejército
industrial de reserva”, empujando también los salarios a la baja. La reducción de los
impuestos redujo la capacidad redistributiva del Estado, el cual además redujo los
programas sociales cuyos beneficiarios eran generalmente los más necesitados. Los
cambios en el mercado laboral, con los sindicatos golpeados por el Estado y las grandes
empresas y con la proliferación de contratos basura, agudizó el deterioro de la capacidad
de negociación de los trabajadores, algo que finalmente se tradujo en menores salarios.
Finalmente, la mercantilización del interior de las grandes empresas presionó al alza los
salarios de los grandes ejecutivos, mientras los salarios de los trabajadores más de base
se mantuvieron estancados o en retroceso.
Algunos efectos de tal política son fácilmente perceptibles. La producción por hora creció
mucho más rápido (un 1′91% entre 1979 y 2007) que las ganancias de los trabajadores no
supervisores (-0′04% para el mismo período). Incluso teniendo en cuenta a todos los
trabajadores, la productividad creció por encima de los salarios (1′9% frente a 1′1%), lo que
refleja un desplazamiento del excedente desde el trabajo hacia el capital. Algo que se

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verifica al comprobar que la tasa de crecimiento de los beneficios fue de un 4′6% entre
1979-2007 frente a una tasa de crecimiento de los salarios de un 2′0% para el mismo
período. Finalmente, la desigualdad personal también se agudizó en todo este tiempo, ya
que el 5% de los hogares más ricos tenía un 15′3% de la renta en 1979 y un 20′9% de la
misma en 2007, mientras el 20% de los hogares más pobres tenían un 5′5% de la renta en
1979 y un 4% en 2007.
Producto de la desregulación financiera, de la competición desenfrenada y de la
mercantilización del interior de las grandes empresas llevaría a un nuevo contexto
económico donde las finanzas ganarían importancia sobre la economía real. Proliferaron
nuevos mercados financieros (especialmente el de derivados) y de nuevos productos
(CDOs, CDS, etc.) y agentes financieros (fondos de inversión colectiva, por ejemplo), a la
vez que tanto hogares como sobre todo familias han quedado subsumidos por la lógica
financiera cortoplacista.
Un endeudamiento creciente (de empresas, familias e incluso Estados) ha permitido al
capitalismo neoliberal funcionar más allá de los propios límites que impone la economía,
pues ha permitido que el consumo pueda mantenerse a pesar de que los salarios se han
estancado o han incluso retrocedido. Eso significa que la crisis financiera está
profundamente enraizada en la desigualdad inherente al capitalismo neoliberal.

BIBLIOGRAFIA

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Temis S.A., 2000
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