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URP-FAU

Alumna: Mendoza Díaz, Diana Milagros


Futura arquitecta en el Perú, ¿Un reto o una bendición?

¿Arquitectura en el Perú o arquitectura peruana?

Estando a solo un ciclo de acabar mi carrera universitaria, muchas preguntas se me vienen a la cabeza con
respecto a la carrera que decidí seguir por el resto de mi vida.

La arquitectura ha sido siempre un enigma para mí, pero con el transcurrir de estos últimos cuatro años he
ido enamorándome de ella cada vez más, descubriendo el mundo de posibilidades y variantes que se dan
dentro de la misma. A diario como estudiantes nos nutrimos de la arquitectura de todo el mundo; mundo en
el que existen lugares en el que es probablemente mucho más fácil prosperar y triunfar en esta carrera.

La arquitectura es un ‘arte’ muy apreciado alrededor del globo, un ‘arte’ que mueve inversión, dinero,
tecnología, innovación, y muchos otros factores sumamente importantes dentro de una sociedad; sin
embargo, ¿qué tanta posibilidad tenemos en nuestro país de alcanzar el éxito manteniéndonos firmes a
nuestros ideales y todo lo que hemos aprendido a lo largo de nuestros estudios académicos?. Para mí la
respuesta es inmediata; en gran parte no tenemos demasiadas. Quizás es un planteamiento algo pesimista,
pero ese sentimiento parece haber calado en nuestro ADN como peruanos en general, al presenciar a diario
actos de corrupción, en el que se demuestra o se deja la sensación de que el dinero y la conveniencia es lo que
mueve a nuestro país, olvidando los verdaderos motivos por los que muchas personas se encuentran al frente
de él.

En la industria de la construcción, no es una sorpresa que se manejan grandes cantidades de dinero, el cual
no necesariamente va a las causas correctas, y se perciben actos deshonestos, todo esto con el fin de
garantizar un status y un lugar seguro como empresa. A este problema se suma que como país, no hemos
avanzado mucho arquitectónicamente en comparación a otros países latinoamericanos, que mediante la
innovación, las oportunidades, la creatividad y la inversión están logrando posicionarse cada vez más en un
lugar digno dentro de la arquitectura mundial.

A veces como estudiantes tenemos expectativas infinitas, ideas increíbles esperando a volverse algo real y
material, algo que impacte la vida de la gente, en especial la gente de nuestro país. A veces esperamos resaltar
en un medio tan competitivo, porque talento y motivación hay; pero personalmente, estando tan cerca de
salir a este mundo, me da miedo toparme con una realidad completamente diferente y dura, en la que solo
unos cuantos pueden cumplir estas metas que todos nos planteamos a diario.

¿Qué nos falta?, sería la pregunta. Probablemente, apoyo. Y un redirección a nivel arquitectónico, es decir,
¿qué clase arquitectura queremos en nuestro país?, ¿qué clase de ciudad queremos transitar?, ¿qué edificios
queremos y cómo queremos que sean?, ¿qué mensaje queremos dar como país mediante nuestra
construcción a las personas que vienen de diferentes partes del mundo? Todas estas preguntas parecen no
tener una respuesta muy inmediata, como ciudad hemos olvidado lo que es hacer ciudad. Lo que es hacer
nuestra ciudad.

Nuestras calles cerradas, nuestra urbe desarrollada hacia adentro, escondida, sin relacionarse con lo demás,
sin aportar, sin regalarnos espacios donde podamos ser peruanos y personas; personas que conversan, juegan,
ríen, caminan. Eso es la típica ciudad peruana, un lugar con una bella historia pero en la que no podemos
expandir nuestro panorama. Se ve negativo, pero quizás esa es nuestra bendición como futuros arquitectos
peruanos; que vivimos en un lugar con un sinfín de posibilidades, en un país en continuo crecimiento y
desarrollo, un lugar en el que hay mucho trabajo por hacer y en el que gran parte de este recae en nuestras
manos. Nos da un fin, una responsabilidad. Nos da un compromiso, no solo como profesionales, sino también
como ciudadanos.

Nuestro país muchas veces se ha caracterizado por adquirir gran influencia de la arquitectura de afuera, una
arquitectura que no necesariamente responde a nuestras necesidades, a nuestra identidad ni al lugar en el
que se construye. Una arquitectura que parece solo acoplarse a nuestro entorno, pero esto se ha convertido
quizás en nuestra manera de expresar el deseo por ver algo especial en nuestra ciudad, tan gris y tan
monótona muchas veces. Nuestra identidad si existe, existe en lo más profundo de nuestro país, existe en
nuestros centros históricos, existe en nuestra tradición, existe hasta en esos lugares a los que nadie quiere ir
por considerarlos peligrosos o no ‘estéticos’, pero que muchas veces expresan mucho más lo que la gente
quiere ver y no logra. Por ahora solo puedo decir que, en su mayoría, solo hay arquitectura en el Perú, sin
embargo, la arquitectura peruana está ya en un proceso de exploración, experimentación, y crecimiento. El
solo pensar en ella, ya es un avance.

Con relación a esto, no podemos olvidar el gran aporte que han tenido muchos arquitectos que, siempre fieles
a sus ideales, han intentado y en muchos casos logrado darle a la arquitectura en nuestro país, algo de qué
sentirnos orgullosos.

Nombres como el de Fernando Belaunde Terry con su apertura del mundo arquitectónico al público en
general, Héctor Velarde mediante su aporte a la investigación y Enrique Ciriani mediante su prioridad hacia el
ser humano y el ciudadano, no deben ser olvidados, por ser referentes que mediante su obra han marcado
una diferencia en la arquitectura del Perú.

El futuro para el ámbito arquitectónico en el Perú es prometedor. La inspiración y la mente de muchos jóvenes
es el mejor tesoro que posee. Con optimismo, se ve

rá reflejado en nuestra ciudad en unos años.

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