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INVIOLABILIDAD DEL RECINTO UNIVERSITARIO

De conformidad con el artículo 4 del Código Civil, a la Ley debe atribuírsele el sentido que
aparece evidente del significado propio de las palabras, según la conexión de ellas entre si y
la intención del legislador. Cuando no hubiere disposición precisa de la ley, se tendrán en
consideración las disposiciones que regulan casos semejantes o materias análogas y si
hubiere todavía dudas, se aplicarán los principios generales del derecho.
Pues bien, en el caso de la inviolabilidad del recinto universitario la ley es muy diáfana,
precisa y concisa. Con una claridad meridiana que no deja margen a la duda. El artículo 109
constitucional establece la inviolabilidad del recinto universitario. Y donde la ley no
distingue, el intérprete no debe hacerlo, de tal suerte que la inviolabilidad del recinto
universitario es la inviolabilidad del recinto de cualquier universidad, sean nacionales
(autónomas propiamente dichas o experimentales con la autonomía sui generis) y las
privadas.
La ley de Universidades dispone en su artículo 7 que: El recinto de las Universidades es
inviolable. Su vigilancia y el mantenimiento del orden son de la competencia y
responsabilidad de las autoridades universitarias; no podrá ser allanado sino para impedir la
consumación de un delito o para cumplir las decisiones de los tribunales de justicia. Se
entiende por recinto universitario el espacio precisamente delimitado y previamente
destinado a la realización de funciones docentes, de investigación, académicas de extensión
o administrativas propias de la Institución. En tal sentido ninguna autoridad que no sea la
universitaria podrá penetrar o allanar edificios o instalaciones destinados a estos
menesteres, salvo que sea para impedir la consumación de un delito o para cumplir las
decisiones de los tribunales de justicia.
Tan celoso ha sido el legislador en resguardar el recinto universitario que el numeral 2 del
artículo 110 de la Ley de Universidades, dispone que: será causal de remoción de sus
cargos de docentes o de investigación los profesores titulares, asociados, agregados y
asistentes cuando participen, o se solidaricen activa o pasivamente, con actos o medidas
que atenten contra la inviolabilidad del recinto universitario. De manera que la connivencia
activa o pasiva en tal desafuero también tiene su consecuencia nefasta.
Y es que la filosofía que inspira a la ley persigue que sea el propio profesorado el primer
defensor de la inviolabilidad del recinto universitario, porque deben ser sus garantes por
antonomasia.
Respecto de esta disposición tampoco hay mayor interpretación que hacer, que no sea la
que se desprende de su propia letra. De tal forma que una actitud de ariete para embestir el
recinto o una actitud indiferente por parte de los sujetos a que se refiere el artículo, o un
respaldo a actos o medidas que atenten contra la inviolabilidad del recinto universitario, por
acción o por omisión pretendiendo solapar o dejar de soslayo tal conducta anti universitaria
es causal de remoción en los términos de la ley.
Y es de derecho, que obra contra la ley quien hace lo que ella prohíbe y en fraude de la ley
quien respetando las palabras legales elude su verdadero sentido.
Por razones de seguridad jurídica, los llamados a respaldar el cumplimiento de la norma, no
pueden favorecer su violación so pretexto de desconocimiento de la ley, pues a la luz del
artículo 2 del Código Civil la ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento.
Si el sacerdote no cuida la iglesia, que se podrá esperar de los monaguillos.

JHOSELINE GRACIELA CALLISAYA HILLA