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Christophe Dejours es psiquiatra y psicoanalista, profesor del Conservatorio Nacional

de Artes y Oficios y director del Laboratorio de Psicología del Trabajo en Francia. Está
especializado en temas laborales y posee una vasta producción bibliográfica en su país
de origen siendo traducidas al castellano algunas de sus obras, entre ellas, El factor
humano (Lumen, 1998), Investigaciones psicoanalíticas sobre el cuerpo (Siglo XXI,
1992), Trabajo y desgaste mental (Humanitas, 1990) y La banalización de la injusticia
social (Topía, 2006).

INTRODUCCIÓN

Salir de la crisis de la política implica volver a la tan trillada cuestión del progreso moral
de la humanidad y la lucha contra la barbarie. El siglo XX, con sus dos guerras
mundiales, con la bomba atómica, con los genocidios de los Armenios, de los Judíos y
de los Tutsis, con los totalitarismos, con las guerras imperialistas, muestra que la
violencia, la guerra y la barbarie no se controlan con el desarrollo de la cultura. Volver
a considerar, a pesar de todo, la cuestión del progreso moral de la humanidad se
fundamenta aquí en que el proceso abreva en dos fuentes teóricas que no es
costumbre convocar juntas: el psicoanálisis y las ciencias del trabajo, en particular la
psicodinámica del trabajo.
Por qué el psicoanálisis? Porque la filosofía política no trata con suficiente rigor, me
parece, ciertos datos antropológicos que provienen de la metapsicología freudiana. Las
concepciones del ser humano que atraviesan la teoría política son demasiado someras
y llevan a tesis que a menudo están en contradicción con lo que ha sido puesto en
evidencia por el psicoanálisis.
¿Por qué la psicodinámica del trabajo? Porque propone un análisis de la condición
humana que asume con mayor firmeza que otros la centralidad del trabajo, desde el
nivel más trivial de la clínica hasta el más refinado de la filosofía.
Tomando apoyo en estos dos recursos, me propongo examinar lo que implicaría para
una filosofía política el sostener simultáneamente la centralidad de la sexualidad,
demostrada por el psicoanálisis, y la centralidad del trabajo argumentada por la
psicodinámica del trabajo.
Toma de Freud principalmente el descubrimiento de la sexualidad infantil y lo de
sexual inconsciente que va a ofrecer una concepción del ser humano diferente de lo
que era antes. Éste no funda su punto de vista sólo el reconocimiento del ser humano
como individuo, él sabe que una sociedad no es lo mismo que un individuo. Ésta se va
a constituir a partir de los individuos que la componen. En relación a esto aparecen
diferentes conceptos como la violencia, la sexualidad que son condición sine qua non
de este vivir juntos.
Lo que aquí se defenderá consiste en que el trabajo tiene un papel determinante en la
elaboración de las relaciones que les permiten a las personas vivir y actuar juntos. Y
eso implica debatir sobre la doble centralidad de la sexualidad y del trabajo significa a
nivel de la teoría del sujeto. La clave se encuentra en los poderes del cuerpo, que es
nada menos que condición inseparable de la vida misma. Este será el objeto de este
primer tomo.

CAPÍTULO I
Vinculo subjetivo con el trabajo.
Se trata de analizar los resortes de la inteligencia individual en el trabajo en tanto ésta
puede, en ciertas condiciones, encontrarse en el origen no solamente de una
producción de calidad, sino de un crecimiento de la subjetividad y autorrealización. En
el proceso de la formación de las habilidades, el cuerpo tiene un papel esencial.
Trabajar es colmar la brecha entre lo prescripto y lo efectivo. El trabajo se define como
aquello que el sujeto debe añadir a las prescripciones para poder alcanzar los objetivos
que se son asignados. Pero esta brecha entre los prescripto y lo efectivo nunca se
colma definitivamente; siempre ocurren, en las situaciones de trabajo, incidentes,
dificultades, imprevistos. Y esto es la experiencia de lo real, la realidad que se revela de
forma negativa.
Es necesario sobreponerse a lo real. Trabajar es poder seguir buscando, volver a
empezar, y sobre todo encontrar una solución.
Para esto hace falta una inteligencia muy particular, ya que se trata de encontrar
respuesta a un problema cuya solución no conozco. La inteligencia que se requiere es
una inteligencia que descubre, que inventa, quizá incluso se necesite una inteligencia
creadora. Nos va a permitir improvisar, inventar soluciones, encontrar caminos
insólitos, en situaciones nuevas, desconocidas, inéditas.
La sensibilidad, flexibilidad y la habilidad de los movimientos, que muchas veces
aparecen en las diferentes situaciones, son cualidades que se las debemos al cuerpo.
Entonces, se trata fundamentalmente de una inteligencia del cuerpo y no del mero
cerebro.
Otro concepto que nombra en su análisis es el de subjetivación. Éste remite por un
lado, a las condiciones gracias a las cuales el mundo (materia, herramientas, objetos
técnicos) puede ser apropiado por un sujeto; y por el otro, a las variedades bajo las
cuales se hace esa apropiación (como experiencia afectiva del cuerpo). Según la
perspectiva de Jean Laplanche nunca hay acceso directo al mundo. La realidad existe
solo como realidad psíquica, es decir, una realidad en tanto le llega al sujeto como un
mensaje “a descifrar”, “a traducir” y no bajo la forma de objetividad.
La subjetivación del mundo, pasa primero y antes que nada por una “curpopriación”
del mundo, y es condición sine qua non de todo conocimiento; es por esta
cuerpopriación del mundo que éste puede revelarse, manifestarse como fenómeno.
También va a hablar de rendimiento y aptitud. El descubrimiento de la habilidad y el
rendimiento viene siempre primero, la aptitud después. Solamente en retrospectiva,
después de haber logrado un rendimiento inédito, es posible reconstruir, en ciertos
casos, el camino recorrido entre el percance y el procedimiento eficaz. Cada aptitud
esta indisolublemente unida al contexto de su efectuación, las aptitudes no se pueden
trasponer de un contexto a otro. (Por ejemplo: solamente si se logra un buen
desempeño en África, se podrá, retrospectivamente, decir que posee aptitud para la
medicina humanitaria).
Para gozar del extraordinario poder del cuerpo, para intuir soluciones ante lo real del
trabajo se necesita, además de todo lo que ya se ha dicho, el aguante. El fracaso, los
callejones sin salida, las soluciones no reproducibles, las derrotas frente a la resistencia
de lo real, forman parte integrante del trabajo.
Un problema importante que surge en relación a lo expuesto es la aceptación de lo
real, la capacidad de tolerar en sí mismo la experiencia de lo real. No es cosa fácil.
Mucha gente no soporta enfrentarse por mucho tiempo al fracaso, para muchos,
aceptar la derrota es humillante. Y quien a lo real le opone una negación no tiene
posibilidad de acceder a la inteligencia diligente. En correspondencia a esto pareciera
que los hombres toleran menos que las mujeres la experiencia de lo real. Ellos tienden
a descargar la responsabilidad del fracaso sobre las demás, y las mujeres asumen
mejor el sufrimiento que implica la confrontación con lo real.
Frente a lo real y al tema inevitable del fracaso existe indiscutidamente un enorme
problema de actitud psicológica y profesional.
Ahora bien, las mujeres se encuentran con frecuencia, a casusa de la dominación de
los hombres, confrontadas con la injustica. Lo mismo sucede respecto de la
disponibilidad, la atención, la solicitud, la consideración, la compasión, etc.
El autor expone que esas habilidades se llaman “habilidades discretas”, solo de
advierten cuando están ausentes y no se las pueden reconocer como habilidades
técnicas o profesionales. Pero la dominación del mundo del trabajo por parte de los
hombres hace recaer esas tareas discretas sobre las mujeres. La injusticia en cuando al
reconocimiento del trabajo y de la inteligencia en puestos de trabajo es peor para las
mujeres que para los hombres.
Pero más allá de esa diferencia de acuerdo al género, en general pareciera que todo lo
que corresponde a la inteligencia del cuerpo, a esas habilidades informales, a esos
trucos de oficio y más generalmente al ingenio fuera negado por los jerarcas y
gerentes. Una de las razones es que deben seguir siendo discretas para ser eficaces.
Otra es que esas habilidades a menudo consisten en mañas que suponen infracciones
al reglamento (por ejemplo: tejer durante horas del trabajo para no dormirse). Y se las
oculta. Pero la principal razón es que si bien esta inteligencia es fundamentalmente
subjetiva, afectiva y corporal, al mismo tiempo es invisible.
En este punto hay un problema central que hace referencia a que no se puede medir
objetivamente ese tipo de trabajo, lo que se mide es el resultado del trabajo, nunca el
trabajo mismo. Los resultados no guardan proporción alguna con l trabajo y el
sufrimiento subjetivo que hay antes de ellos.
¿Cómo se puede evaluar el trabajo, si es subjetivo? Hay una sola vía posible. Es la del
reconocimiento por parte de los pares. Solo el profesional que conoce el oficio desde
adentro por practicarlo como uno lo hace, puede captar la habilidad y la ingeniosidad
del trabajo.
CAPÍTULO II
Se tratara la manera en que aparece el trabajo en la teoría psicoanalítica, tomando
como central el texto de Freud, lo que permitirá hacer un desajuste entre la
metapsicología psicoanalítica y la teoría en la psicodinámica del trabajo.
Además de la teoría del trabajo y la teoría del cuerpo que se vienen desarrollando,
ahora se agrega la teoría de la pulsión. A través del trabajo, el lugar fundamental que
ocupa el cuerpo subjetivo en el ingenio de la inteligencia humana cuando ésta se
enfrenta con la resistencia de lo real. Pero, respecto a esos poderes del cuerpo, aun no
se sabe de donde el cuerpo los saca. En un primer momento se recurrirá al
psicoanálisis para examinar la elucidación que pueda aportar la metapsicología
freudiana con respecto al cuerpo.
Veremos cómo piensa Freud el cuerpo. La pulsión, en la teoría psicoanalítica, es en
efecto el concepto destinado a dar cuenta de la sexualidad humana. Por ello, de lo que
se trata es de encarar la confrontación entre la antropología psicoanalítica, que afirma
que la “centralidad de lo sexual” en el funcionamiento psíquico, y la antropología del
trabajo, que sostiene la “centralidad del trabajo” respecto a la identidad, la salud
mental y la subjetividad.
Esta confrontación se hace necesaria en razón precisamente de la “paradoja de la
doble centralidad”.
En fin de cuenta resultará que sexualidad y trabajo no son dos conceptos antagónicos
ni mucho menos. Al termino de este análisis se podrá aceptar que la contradicción
entre psicoanálisis (metapsicología de la pulsión) y psicodinámica del trabajo /teoría
del trabajo vivo) está, en cuando a lo esencial, superada. Partiendo de una pegunta
acerca de lo que el pensamiento y la inteligencia le deben a la experiencia del cuerpo,
descubrimos, ahora por el lado del psicoanálisis, la centralidad del trabajo.
A causa de las contradicciones teóricas y brechas que aparecen en la obra de Freud,
por ahora se tratará de examinar las relaciones entre la pulsión sexual y trabajo. Un
punto clave en la lectura de este enfoque es acerca de las relaciones entre alma y
cuerpo.
La pulsión no es solamente un concepto. Es también un ser: “representante” psíquico.
Freud utiliza aquí los términos, mencionados anteriormente, de “cuerpo” y “alma”. La
pulsión, por añadidura, es un ser psíquico y no físico, encargado de representar en el
alma aquello del cuerpo que es capaz de llegar hasta ella. El último término, trabajo, es
finalmente el más sorprendente en este planteo.
En este texto, el cuerpo consiste antes que nada en estímulos o excitaciones por una
parte, en su liquidación por medio de la acción motriz, por la otra. Y cuando considera
la especificidad de la pulsión en sus relaciones con el cuerpo, cuyas características son:
La constancia, la pulsión actúa como una fuerza constante
La localización interna
La “irreductibilidad” por medio de acciones de fuga
El principio que permite regular automáticamente el nivel de los estímulos para
asegurar su control.
Si hay una frontera entre el concepto de somático y el anímico, esa frontera se replica
en el interior mismo de la teoría pulsional y pasa entonces entre la fuente y la meta: la
fuente pertenece al cuerpo y la meta pertenece al alma.
Freud cita muchas veces al cuerpo propio como objeto, correspondiente al narcisismo,
por un lado; el órgano involucrado en los autoerotismos, por el otro. El cuerpo al que
hace referencia ya no es el cuerpo biológico en sentido estricto.
En el psicoanálisis, el cuerpo como objeto de investigación, empieza recién a partir de
la función de representación asignada a la pulsión, representación en el campo
psíquico de lo que se produce en el cuerpo. Se podría decir de la pulsión, que sería
como el embajador del cuerpo ante el alma.
El tercer piso de la definición que caracteriza a la pulsión como medida de la exigencia
de trabajo, remite más específicamente a lo que Freud designa como “impulso”, este
es el factor motor de ésta (pulsión). Las exigencias son vinculadas con un proceso al
que designa a veces con el término de progreso, otras con el de desarrollo. Estas
cuestiones resultan decisivas en la caracterización de la pulsión. El desarrollo y el
progreso dependen de la pulsión y no de un determinismo natural ni de estímulos
externos. El desarrollo es manejado por “impulsos” internos que pertenecen
exclusivamente a las pulsiones.
Pero lo que la definición de Freud precisa es que el desarrollo en cuestión se obtiene
por medio de un trabajo, el cual engloba aquí la acción y el pensamiento.
Aparece pues en este nivel una primera contradicción entre lo que, en la pulsión, goza
del beneficio de una satisfacción directa o sin demora y lo que, por irreductibilidad de
la fuerza, se convierte en exigencia de trabajo.
Pero hay una segunda, más difícil de explicita teóricamente. Hace referencia a la
diferenciación de las pulsiones sexuales de las pulsiones de conservación. La
sexualidad, en efecto, no podría resumirse a la búsqueda de una pérdida de los
estímulos, correspondiente únicamente al principio de placer. La pulsión, por cierto,
siempre esta tensada por su impulso. Freud dice que la pulsión encuentra su fuerte en
una zona erógena o es un órgano.
Pero la verdad es que las pulsiones se dan a conocer sobre todo por su poder de
aumentar la excitación y general simultáneamente placer, mientras producen
desorden en el aparato anímico, o incluso en el yo, pronto amenazado por la pulsión
misma de hacerlo tambalear o incluso desestabilizarlo.
Desde esta perspectiva, el trabajo seria la modalidad fundamental según la cual se
constituiría el enlace o la relación de lo corporal y lo anímico. La “correlación” entre los
somático y lo psíquico seria, en su quididad misma, el orden de un trabajo.
El trabajo, en el sentido freudiano de exigencia de trabajo impuesta al psiquismo,
puede efectivamente distinguirse del trabajo en el sentido de las ciencias económicas y
sociales, es decir del trabajo de producción. La calidad del trabajo, como hemos visto,
se basa en el compromiso de la subjetividad entera. Ese compromiso consiste lo real
del trabajo, habíamos dicho, se da a conocer como una experiencia afectiva, la del
fracaso, para el trabajador implicado en su tarea, se transforma en enigma y en fuente
de excitación que exige una traducción.
Las habilidades profesionales nacen a costa de ese trabajo, y no pueden nacer sin esa
transformación de si de la que el aguante frente a la experiencia del fracaso es,
hablando con propiedad, el genio.
Lo que la lectura sugiere es que el “trabajar” solo recibe su genio invento a través del
revelo de un segundo trabajo de si sobre sí; y que trabajar no es únicamente producir,
también es transformarse a sí mismo.

CAPÍTULO III
Inteligencia y teoría del cuerpo pensante

La fuente pulsional pertenece al cuerpo biológico u orgánico, y no al alma.


Se aborda la génesis del pensamiento a través de Maine de Biran, a partir de la
experiencia del cuerpo.
La teoría del cuerpo formulada por Maine de Biran y la de Freud podrían considerarse
complementarias.
M. de B. escribe acerca de una ciencia del entendimiento, de una teoría de la
inteligencia, es decir, de la facultad de producir ideas. Busca remontarse al origen de
las facultades u operaciones primeras de la inteligencia, que constituyen al sujeto
como sujeto pensante.

“Hecho primitivo”--- Es el conocimiento inmediato y certero que adquiere el yo cuando


produce un “esfuerzo voluntario”. El esfuerzo intencional e inmediatamente percibido
por el sujeto constituye la individualidad, el yo.
El hecho primitivo muestra la relación necesaria entre un esfuerzo motor surgido del
yo y una resistencia orgánica o externa (opone un objeto material al movimiento
voluntario).
Y nace en ocasión de una resistencia orgánica.
Como el hecho siempre tiene resistencia establece un esfuerzo, el cual da como
resultado que el cuerpo se descubra a sí mismo.
El esfuerzo hace que la apercepción inmediata de uno mismo sea posible, a partir de la
cual aparece el yo.

Definición de apercepción: Toda impresión en la que el yo puede reconocerse como


causa productiva, distinguiéndose del efecto sensible que su acción determina.
La voluntad (“yo puedo”), es lo que constituye al yo, y la que legitima el segundo
nacimiento, que es diferente al nacimiento del cuerpo orgánico (no tiene conciencia de
sí mismo).

Es a través de la apercepción por el esfuerzo, que M. de B. ubica a la formación del


pensamiento, e incluso de la inteligencia; y la reflexión, la cual es posible por la
voluntad.
El pensamiento y su desarrollo empiezan siempre por un pensamiento subjetivo, es
decir, un pensamiento que pasa por el cuerpo e implica al cuerpo. El Yo es el cuerpo
pensante.

Apoyándose en la teoría de la apercepción inmediata y del sentido íntimo de Maine de


Biran, Michel Henry desarrolla una teoría del trabajo como apercepción mediata
externa y muestra que el trabajo participa de la revelación de la subjetividad o incluso
de su crecimiento.
Desde esta perspectiva, el trabajo permite un crecimiento de la subjetividad en el
sentido de que esos nuevos registros de sensibilidad por los cuales la sensibilidad se
revela a si misma son inaccesibles, si no es por medio del trabajo propiamente dicho y
de la experiencia a la cual este puede dar acceso.
El crecimiento del cuerpo subjetivo por medio del trabajo es fuente de placeres, que
solo serían accesibles por la mediación del trabajo.
El incremento de los registros de sensibilidad del cuerpo por causa del trabajo tiene
efectos recíprocos sobre el desarrollo del cuerpo vivido, o incluso del cuerpo erógeno,
hasta el punto de que la sensibilidad del cuerpo puede resultar por ello a su vez
incrementada.
Si es cierto que el trabajo brinda a la subjetividad una vía insustituible para su
crecimiento, habrá que admitir también el poder del trabajo respecto de la llegada de
la vida misma en uno.

CAPÍTULO IV
Hacia una metapsicología del cuerpo

Freud, más que a las relaciones entre el cuerpo y el alma, apunta al análisis de las
relaciones entre el cerebro y el pensamiento.
Para Freud el cuerpo es uno y que ese cuerpo es el cuerpo biológico, el cuerpo de la
auto-conservación; el cual, en la teoría de las pulsiones se distingue de la sexualidad.
Freud dice de la pulsión que es el concepto más biológico de la metapsicología: “Si
ahora abordamos por el lado biológico del examen de la vida del alma, la pulsión se
nos presenta como un concepto- frontera entre lo anímico y lo somático, como
representante psíquico de los estímulos surgidos del interior del cuerpo que alcanzan
el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que le es impuesta a lo anímico a
consecuencias de su correlación con lo corpóreo.”
Laplanche hace un análisis de las teorías de Freud.
Freud escribe que en el individuo no hay desde el inicio una unidad como el yo, sino
que este debe experimentar el desarrollo. Las pulsiones sexuales se juntan en una
unidad, y encuentran un objeto: el yo.
Ese algo, una nueva acción psíquica debe añadirse al autoerotismo para producir el
narcisismo, podría indicar la vía para descubrir (la apercepción) y la apropiación del
cuerpo propio por el yo.

Tanto Freud como M. de Biran coinciden en la formación del yo-cuerpo, es decir, del
segundo cuerpo que se desprende del cuerpo biológico, el del instinto en M. de Biran,
el de la autoconservación en Freud.
En la concepción freudiana, la búsqueda del placer sensual, que está en el principio de
la sexualidad, supone la movilización de una acción. La pulsión, por su meta, define
siempre una acción, por la cual indica un camino particular para buscar o incluso
obtener placer. Esa acción es una acción corporal que implica la movilización de una
voluntad. Lo que muestra M. de Biran es que esa acción voluntaria, ese esfuerzo,
también es esencial al principio del pensamiento.

El Yo es antes que nada un yo corporal, no es solamente un ser de superficie sino


proyección. Es decir, el yo es al final derivado de sensaciones corporales. Puede así ser
considera como una proyección mental de la superficie del cuerpo, y además
representa la superficie del aparato mental.

Hacia una teoría del cuerpo doble y del sujeto dividido: Laplanche y la teoría de la
seducción generalizada:

Para Laplanche el psicoanálisis es la teoría de la sexualidad. Y descubre, siguiendo a


Freud, el lugar que le toca a lo sexual en todas las producciones humanas.
El cuerpo está implicado en la génesis del inconsciente porque es el sitio desde el que
parte el pensamiento, es decir el pensamiento empapado de una historia particular,
que le da su singularidad y lo diferencia de todos los demás.
Esto se da a través de los efectos de inconsciente que actúan para influir sobre el
pensamiento ocasionándole inconvenientes, como los actos fallidos o los lapsus.
Por lo tanto, el cuerpo moldea al pensamiento aun antes que el inconsciente. En el
sentido de que es el cuerpo el que experimenta afectivamente la vida y que es a partir
de lo que se experimenta afectivamente que el pensamiento es movilizado.
Tiempo e historia también se inscriben en la subjetividad bajo la forma de los registros
de sensibilidad que la experiencia produce en el cuerpo.
Esa sensibilidad del cuerpo, le da el poder de palpar afectivamente el mundo, de
sentirse a sí mismo y de sentir la vida en sí mismo, y esa sensibilidad no es la misma
para todo el mundo. Cada uno le debe esa sensibilidad a la historia de ese cuerpo, a la
historia en construcción.

Primacía de la sexualidad:
Freud descubrió que la sexualidad empieza mucho antes de la pubertad, incluso antes
de la adquisición del lenguaje. Se da por la seducción ejercida por el adulto a través de
los cuidados que se le dan al niño.
Laplanche, prosiguiendo con su investigación, consigue sistematizar la seducción
ejercida por el adulto sobre el niño. No son únicamente los gestos del adulto lo que
son excitantes, sino sobre todo aquello que, viniendo en esta ocasión desde el adulto,
resulta de las fantasías, y más específicamente aun del inconsciente sexual del adulto.
El adulto es siempre seductor y lleva al niño a entrar en la sexualidad humana.
Por el carácter inevitable de la relación adulto-niño con lo sexual, es que Laplanche
propone el concepto de “seducción generalizada”.
Esto es un tipo de comunicación, y es anterior al lenguaje, comienza con el apego, que
es una forma de comunicación preverbal. El mismo se manifiesta en conductas como
agarrar, escarbar, buscar el calor y contacto del cuerpo del adulto; estas conductas
provocan en el adulto, una respuesta en forma de asistencia (retrieval).
La comunicación de base que lleva en sí el apego constituye la “onda portadora” de los
mensajes. Y los mensajes enviados por el adulto están inevitablemente
comprometidos con contenidos eróticos.
Los cuales son recibidos por el niño, y este debe traducirlos. Los esfuerzos del niño
para dominar la excitación que esos mensajes transmiten, solo pueden producir
traducciones imperfectas o incompletas; y los no traducidos no dejan de insistir y de
retornar.
Estos son objeto-fuente de la pulsión; y fueron traídos del exterior por el adulto.
En otras palabras, el inconsciente sexual del adulto, que compromete al mensaje, da
nacimiento a fuentes pulsionales que participan de la formación del inconsciente del
niño.
La teoría de la seducción es al mismo tiempo una teoría traductiva de la formación del
inconsciente.
El trabajo de traducción realizado por el niño produce a su paso un inconsciente, que
de hecho es una producción propia del niño. Aunque el proceso sea desencadenado
por la actividad inconsciente del adulto, no hay transmisión directa del inconsciente
del adulto al inconsciente del niño.
Traducir para el niño no consiste en traducir directamente el mensaje, sino el efecto de
ese mensaje sobre su cuerpo.

Desde la perspectiva psicoanalítica, el cuerpo aparece como el lugar a partir del cual se
despliega progresivamente la subjetividad. Aun cuando esas relaciones entre el adulto
y el niño sea en primer lugar, en el mundo objetivo, la calidad de los cuidados, la
maduración continua y el desarrollo armónico del cuerpo biológico del niño; esas
relaciones provocan por su mismo movimiento la emergencia de: el placer, el deseo, la
excitación. Lo que hace que el cuerpo comience a experimentarse a sí mismo, a
descubrirse, a conocerse, a transformarse. El segundo cuerpo, el cuerpo erótico, nace
del primero, el cuerpo fisiológico.

CAPÍTULO V
Límites del cuerpo erótico y génesis de la violencia

El trabajo es, ocasión y mediación para un crecimiento de la subjetividad que se


inscribe en la sublimación.
El trabajo puede contribuir a ampliar el repertorio del cuerpo erótico y a reorganizar la
economía pulsional en su conjunto.
El inconsciente solo se da a conocer indirectamente por medio del “retorno de lo
reprimido”.
También puede formularse lo que se da a conocer como una turbación o como una
crisis. La pulsión sexual inconsciente es búsqueda de excitación y obtiene su poder de
la desligazón que produce.
Si la pulsión sexual va en el sentido de la desligazón, esta última actúa contra el yo y el
preconsciente. En otros términos: el goce posee un poder de desestabilización de la
organización tópica, en particular de la censura y de las relaciones entre el
inconsciente y el preconsciente en la primera tópica entre el yo y el ello en la segunda
tópica.
Comenzaría aquí el segundo tiempo de la pulsión: la desestabilización económica
inducida por el goce convocaría a un nuevo trabajo de ligazón. Este segundo tiempo,
que conduce a nuevas ligazones, pasa por un trabajo, una elaboración de la
experiencia del cuerpo. Y además por el trabajo del pensamiento que toma la vía
onírica: el trabajo del sueño.
El retorno de lo reprimido, específico de la experiencia erótica, se presenta como una
revelación dolorosa y traumática para el yo, que deja al sujeto en situación precarizada
después de la experiencia critica, situación que puede llegar hasta la angustia y la crisis
de identidad. Otra forma de experiencia si las hay, que se convierte en exigencia de
trabajo para el psiquismo.
La pulsión posee frente al yo el poder de intimar al aparato psíquico a reorganizar su
arquitectura misma para poder integrar la experiencia erótica e incrementar así la
subjetividad misma.

Las alteraciones del sentido íntimo y los límites de la ideación:


Las relaciones entre cuerpo, pensamiento y trabajo, se apoya en una base que es la del
poder de apercepción del cuerpo por parte del sentido íntimo del esfuerzo voluntario y
sensible.
Tomar en consideración los trastornos del pensamiento, o las patologías del
pensamiento, es abordar la cuestión de las alteraciones del sentido íntimo.
El Yo-uno connota el hecho de que si en el cuerpo nacen sensaciones debido a
modificaciones fisiológicas internas o a causa de estimulaciones externas, es decir si en
el cuerpo surgen sensaciones efectivamente localizadas y especificas (el cuerpo
fisiológico), eso no quita que la subjetividad sea afectada por ellas en su totalidad (el
segundo cuerpo), puesto que dicha subjetividad es siempre una e inquebrantable.
A veces en forma excepcional, el adulto reacciona con violencia contra el cuerpo del
niño y lo golpea salvajemente, provocando en el niño una excitación que supera todas
sus posibilidades de ligazón y lo pone en situación de traumatismo psíquico, es decir
en la imposibilidad de pensar lo que se produce en el cuerpo.
Cuando no hay pensamiento se siente la experiencia del vacío, lo cual genera angustia.
Para conjurar ese riesgo, algunos sujetos colman el vacío con un pensamiento que no
es suyo, un pensamiento prestado: un pensamiento convencional, a veces reducido a
estereotipos, a frases hechas, o con un pensamiento que, al contrario, posee todas las
cualidades del rigor intelectual, del razonamiento bien estructurado y hasta de la
eficacia tecnológica y operativa, es decir, un pensamiento que al ser sin carne también
está a salvo de las trampas del inconsciente sexual reprimido y no supone ni fantasía,
ni sueño, ni lapsus.
Lo que pone aquí en movimiento, no es el estado afectivo del cuerpo, no es la pulsión,
ya que hay incapacidad de desarrollo pulsional, es el llenado del vacío.
A veces el pensamiento llegado del exterior por medio del imaginario social, la
educación, la instrucción o los medios de comunicación masiva, se aprovecha de la
ausencia de pensamiento para instalarse.

El inconsciente amencial sería el resultante de la proscripción del pensamiento debida


a la violencia del adulto contra los esfuerzos motores y traductivos del niño. La
violencia del adulto resulta en este último de una reacción cuyo origen está en el
inconsciente. Sea lo que fuera de los contenidos inconscientes en cuestión, el
resultado de la violencia sería la expulsión del pensamiento en el niño. Su efecto sería
ante todo deteriorante para el cuerpo y para la subjetividad del niño que se busca a sí
mismo. Por ello no puede constituirse amor por su propio cuerpo. Los registros
motores y afectivos expulsados, cuando son activados por el encuentro con el otro,
hacen surgir el riesgo de no experimentar nada en su cuerpo, o de hacer la experiencia
de la muerte en uno mimo. Esa parte inactiva y frígida de sí mismo podría ser el origen
de una reacción de angustia y de violencias compulsivas orientadas hacia la
destrucción de sí mismo, compulsión de autodestrucción, esa sería la forma
fundamental con la cual el inconsciente amencial se manifiesta en el sujeto.
La compulsión de autodestrucción no apunta sino a deshacerse de esa amenaza
interna para la subjetividad. Puede llevar a gestos de automutilación para liberar al yo
de esa amenaza interna que resulta inaccesible a cualquier manejo por parte del
pensamiento o del esfuerzo.
La compulsión desatada puede llevar al suicidio, buscando aquí como una liberación
frente al insoportable horror ocasionado por el vacío.
La automutilación devuelve la sensación de vida al cuerpo. El dolor permite al sujeto
volver a encontrarse con su cuerpo, retomar contacto con él y sentir así como un
consuelo o incluso una reconciliación consigo mismo.
Compulsión de autodestrucción para liberar a la subjetividad de la amenaza de
empujarse en el vacío: esa seria en suma la forma originaria de manifestación del
inconsciente amencial.
Freud describe bajo el título de pulsión de muerte, esta compulsión de
autodestrucción, legada por lo accidentes de la seducción del niño por parte del
adulto.

CAPÍTULO VI
Entre pulsión y compulsión

En la vida ordinaria, el comercio con la muerte es menos infrecuente de lo que hace


creer la “puesta en escena de la vida cotidiana”. Al amparo de la presentación de sí
mismo, en el espacio de la intimidad, la muerte se hace a veces muy presente y muy
amenazante.
El sujeto, en el apuro, corre al encuentro de la muerte. En el primer caso es para gozar,
en el segundo, para liberarse.
La muerte no se encuentra al final de la pulsión, sino al final de la compulsión. No es
por gozar, sino por liberarse del horror de estar en un cuerpo del que se ha desertado
el poder de sentirse a sí mismo, de soportar la experiencia atroz de la subjetividad que
se retira, en dejarse arrastrar por la caída en un cuerpo sin pulsión. La búsqueda de sí
mismo lleva por vías tortuosas que pueden llevar a la muerte. Para parirse a sí mismo a
veces importa arriesgarse a sucumbir, no por elección sino por necesidad interior, pues
el sufrimiento o la falta de ser, tortura y aparta de la existencia. A veces, es llegando
hasta lo peor que se puede acceder a una versión de sí mismo por fin sosegada,
intento de vivir más que de morir.
Invocar la noción de co-exitación sexual, implica darle el lugar necesario, en la
metapsicología, a los poderes del cuerpo, y además, parece constituir un recurso
ilimitado para la crueldad. Pero a ésta co-exitación pueden oponérseles fuerzas
contrarias: la incapacidad de algunos sujetos de ceder a la embriaguez de la excitación
(crisis somáticas); el amor, de sí mismo, del yo.
La sexualidad humana es mediadora, a través de la subversión libidinal, en la
emancipación de la subjetividad respecto del orden biológico; es libertad o al menos
genera cierta autonomía. Es de la sexualidad propiamente dicha, es decir, de algo que
corresponde específicamente al orden de la pulsión, que el sujeto extrae su poder de
emanciparse y honrar la vida.

CAPITULO VII
Un equivalente inverso de la violencia ordinaria: servidumbre y trabajo doméstico

Mucha gente se mantiene dentro de la normalidad, pero al costo de síntomas


psicóticos, depresivos, adictivos, psicopáticos, caracteriales o somáticos. En todos esos
sujetos, que son muchos, el inconsciente amencial no es mudo. El tributo que en estos
casos se paga a la compulsión de muerte es el de un clivaje imperfecto, que se traduce
en angustia.
También existen personas que parecen indemnes a toda manifestación patológica, y
que aún así, al ser gente común, tienen un sector inconsciente amencial. Mediante dos
vías: la vía social; la vida privada de la compulsión de muerte. En uno y otro caso, la
compulsión de autodestrucción es transformada en compulsión de hetero-destrucción,
es decir, que se ejerce contra otro.
El género no es solamente una categorización socialmente construida de la diferencia
de los sexos, sino que también es una inscripción de cada individuo en el orden de las
relaciones de dominación; es la forma más banal de inversión de la compulsión de
destrucción que se observa precisamente en la vida social. En la arena de las relaciones
sociales, la lucha por la dominación ofrece muchas ocasiones de encontrar salidas para
la destructividad dirigidas contra personas, más precisamente, contra la subjetividad
del otro. La vida profesional, constituye la vía principal que lleva hacia la vida social de
la compulsión de muerte. El goce de ejercer un poder destructor sobre el otro en el
trabajo o la sociedad, por una parte, y el pensamiento prestado (estereotipos, moda,
ideología), por el otro. El pensamiento prestado, que colma el vacío del pensamiento
subjetivo, funciona en general como complemento y, en ciertos casos, como
racionalización paralógica de conductas que el sentido moral reprueba.
La vía privada, por su lado, es una gran banalidad y difícilmente se la considere de
acuerdo a lo que representa para la economía de la destructividad. Los límites de lo
que un cuerpo puede, están sin duda involucrados en la formación de los resortes
psíquicos de la servidumbre y de la dominación.
Desde la perspectiva psicodinámica, siempre, en un momento u otro, se encuentra que
lo que está en juego en la lucha por la salud mental es la identidad y su estabilización.
Si no se toma en serio la cuestión de la identidad y se considera a la identidad, tanto
como a las crisis de identidad, como una dimensión contingente de las conductas
humanas, es porque se adopta un presupuesto en virtud del cual, en la mayoría de los
hombres y mujeres, la identidad es un acto invariante, estable y no conflictivo de la
vida ordinaria. En virtud de ese presupuesto, las cuestiones que plantea la identidad
sólo se plantearían al entrar ésta última en crisis, es decir, únicamente en situaciones
extraordinarias.
Una teoría social que no trate la cuestión de la identidad al analizar las relaciones
sociales no sería consecuente, porque la sociedad cuya teoría elabora, no sería
sociedad de seres humanos comunes y corrientes sino de seres ficticios.
La lucha por la identidad y por la normalidad no se manifiesta de la misma manera en
una mujer y para un hombre. Las relaciones sociales de sexo son indisociables de las
relaciones sociales de trabajo, y las relaciones de trabajo son siempre al mismo tiempo
relaciones sociales de sexo. El trabajo y lo extralaboral no son independientes, las
relaciones sociales de producción se extienden hasta abarcar la economía erótica. Así,
la conquista de la identidad psicológica pasaba esencialmente por dos dinámicas
distintas: la de la autorealización en el campo social, implicando en primer lugar el
trabajo de producción; la de autorealización en el campo erótico, implicando en primer
lugar, el amor.
El análisis del trabajo en las relaciones de reproducción es indisociable del de las
relaciones amorosas. No se trata solamente de analizar las relaciones entre amor y
sexualidad, sino entre amor, sexualidad y trabajo de reproducción.
La identidad, como la normalidad y la salud, son el premio que a lo largo de toda la
vida se busca conquistar y que conservan una cierta precariedad. Sin embargo,
conquistar la identidad se hace difícil porque los procesos mediante los cuales puede
ser construída están sometidos a determinantes poderosos y divergentes: un
determinismo biológico, un determinismo psico-familiar y un determinismo social.
Todos éstos, funcionan como una serie de alienaciones, antagónicas respecto de la
idea misma de una identidad personal, generando, a nivel subjetivo, fuertes
contradicciones.
Luchar para construir la identidad personal consiste en buscar, o incluso inventar
compromisos entre esos tres determinismos, que tienden constantemente a
fragmentar al sujeto y a desestabilizarlo. Es por medio de la formación, cuando es
posible, que el sujeto consigue afirmar su propia identidad sexuada original. De esta
manera, la identidad psicológica se define como la búsqueda de un sentimiento de
unidad de la personalidad y como un sentimiento de continuidad de esa unidad. En
esta concepción de la identidad, por lo tanto, la alienación viene primero y la
identidad, como lucha por la emancipación, viene luego.
La identidad es esencialmente una relación del sujeto consigo mismo, mientras que el
amor es una relación con el otro. Las relaciones entre amor e identidad no siempre son
concordantes. Si la división sexual del trabajo y la relación de servicio quedan más o
menos atrapadas en los vínculos amorosos, no es solamente a título de la seducción
sexual erótica, sino también, y eso es lo que hace las cosas más pesadas y complicadas,
en calidad de dependencia afectiva. En las crisis que en una relación amorosa
contraponen a los integrantes de una pareja, es de costumbre la mujer la que se
somete y el hombre el que se ubica en la posición de dominación.
La reproducción de las relaciones de dominación/sumisión en el ámbito del trabajo de
reproducción, encuentra sus condiciones de reiteración a la vez en las irreductibles
preocupaciones de la lucha por la identidad y en lo infantil. De todas maneras, el
análisis de las relaciones sociales de sexo, la referencia a la problemática de la
identidad y de la salud mental no lleva a la idea de que el origen de las relaciones de
género se encontraría en lo sexual, en lo anatómico o en lo infantil. El origen de las
relaciones de género ciertamente es no sexual, y es una construcción social en el pleno
sentido de la expresión.

CAPITULO VIII
Del trabajo a la subjetividad

La habilidad en el trabajo exige la implicación del cuerpo entero en la tarea. El cuerpo


que se experimenta a sí mismo es ya, desde el principio, un cuerpo entero. Pero de
experiencia en experiencia, sin embargo, el cuerpo se forma y se incrementa
incorporando nuevos registros de sensibilidad, de juegos y de comportamientos
expresivos.
De la subjetividad, en psicodinámica del trabajo, se trata constantemente, la mayoría
de las veces para mostrar cómo y cuán maltrecha la dejan las imposiciones de la
organización del trabajo y las relaciones de dominación. La verdad es que, en las
publicaciones, rara vez se define la subjetividad, para muchos terapeutas, sigue siendo
una noción borrosa.
Al acceder, gracias al cuerpo subjetivo, a la familiaridad y a la intimidad con la materia
o la herramienta, el que trabaja adquiere no solamente nuevas habilidades, sino que
descubre en sí mismo nuevos registros de sensibilidad. Por la experiencia del trabajar,
aprende a conocer sus propios límites, sus torpezas, pero también amplía en el
repertorio de sus impresiones afectivas y descubre nuevos virtuosismos a los que
termina por amar, como se ama así mismo. Así, la subjetividad crece y se transforma,
por el reconocimiento carnal del mundo y por el conocimiento de sí mismo. Trabajar
no es solamente producir, también es poner a prueba el cuerpo, con la posibilidad de
salir más sensible que antes, de incrementar la capacidad propia de sentir placer.
Decir que el cuerpo erógeno está directamente comprometido en la inteligencia y en la
habilidad, es admitir también que no todos los sujetos son iguales ante todas las
actividades técnicas.
La prueba del trabajo, la prueba de lo real, no son sólo el pasaje obligado para conocer
el mundo, también son eso por lo cual la vida se prueba en uno, se revela a uno. La
vida se siente y se experimenta a sí misma, de suerte que nada hay en ella que ella no
experimente ni sienta.
Nuestra capacidad de transformar el sufrimiento en placer por la prueba del trabajo
depende antes que nada de nuestra capacidad de reestructurar nuestra relación con
nuestro propio cuerpo, de hacerlo apto para integrar lo nuevo que la experiencia
subjetiva del trabajo nos hace descubrir acerca de nosotros mismos. La experiencia
subjetiva del trabajo nos confronta no solamente con la resistencia del mundo a
nuestra voluntad (lo real del trabajo), sino también con la resistencia de nuestra propia
subjetividad a evolucionar frente a la experiencia del trabajo.
Trabajar es también, quiérase o no, confrontarse consigo mismo, en la desagradable
forma del desfallecimiento, de la pérdida de control, del error o la equivocación, o
incluso del acto fallido.
Trabajar es también hacer frente a la resistencia del inconsciente. Trabajar es además
toparse con las relaciones sociales y la dominación, porque el trabajo no se despliega
solamente en el mundo objetivo y en el mundo subjetivo, también lo hace en el
mundo social.
Las relaciones sociales de trabajo son siempre relaciones sociales de género que tienen
en su centro la dominación de las mujeres por parte de los hombres. Las relaciones de
género tienen principalmente como objetivo la dominación del trabajo que producen
las mujeres: no solamente el de producción, sino también y conjuntamente el trabajo
doméstico.
De las investigaciones clínicas surge que casi todas las estrategias colectivas de defensa
están estampilladas por la virilidad. Esa virilidad es por lo tanto esencialmente de
defensa contra el miedo. Ciertamente es de defensa, pero estructura el mundo entero
del trabajo, lo cual, a las mujeres que quieran acceder a las tareas calificadas y a hacer
carrera, les impone afrontar ámbitos que, al ser celosamente custodiados por los
hombres, están estructurados por la virilidad. Ser admitidas en un colectivo de trabajo
viril supone por consiguiente que esas mujeres deban recurrir a engaños respecto de la
virilidad, lo cual no es tan fácil, en la medida en que con frecuencia se ven por ello
desgarradas entre su identidad sexual de mujer y la virilidad a la que deben atenerse
de ser excluidas, a menudo, sin miramientos, pasando por múltiples humillaciones.
Realizarse en el campo social, para la mujer, implica ponerse a prueba en tanto mujer,
con toda la complejidad de los vínculos entre sexo y género, a los que debe
reestructurar en profundidad. Trabajar es enfrentarse a la resistencia del inconsciente,
del apego y de la dificultad que representa para la identidad y la salud mental el
negociar con el género, es decir, enfrentar la resistencia que se opone al cambio
subjetivo implicado en el reconocimiento y la apropiación de su habilidad social
profesional.
Christophe Dejours
TRABAJO VIVO. Tomo II. TRABAJO Y EMANCIPACION.
Capitulo III: Otra forma de civismo: la cooperación
¿Qué es el trabajo colectivo?
El trabajo colectivo, como todo trabajo en tanto trabajo vivo, se apoya sobre la inteligencia y la
movilización de la inteligencia. El trabajo colectivo implica movilización de las inteligencias
individuales.
Cada inteligencia traza su propio camino t cada habilidad está fuertemente singularizada. En
un primer tiempo para el trabajo colectivo, el riesgo resulta en que esos caminos singulares no
muestran ninguna tendencia espontanea a ponerse de acuerdo uno con otros.
Solo es posible un trabajo colectivo si se logra federar las inteligencias singulares para
inscribirlas en una dinámica colectiva común.
A nivel colectivo, la prescripción del trabajo colectivo se concreta en forma de COORDINACION
del trabajo. En cambio el trabajo colectivo efectivo, que generalmente se aparta
significativamente de la coordinación, toma la forma de cooperación. Describir un trabajo
colectivo consiste en dar cuenta en primer lugar de la cooperación y luego de las condiciones
que la hacen posible.

La visibilidad: La cooperación entre compañeros supone primero y antes que nada que cada
trabajador comprenda y conozca la manera en que los demás trabajan.
Para que los demás comprendan y sepan cómo trabajo, es decir, como respeto las reglas de
trabajo y cómo me aparto de ellas, es necesario que yo muestre explícitamente cómo hago.
Hacer visible no debe ser confundido con transparencia. Hacer visible es encontrar la retórica
gracias a la cual mi manera de trabajar puede hacerse inteligible a los demás.

Confianza: la visibilidad implica esfuerzos y riesgos, estos últimos se dan por revelar las propias
artimañas, por exponerse, por exponer las propias torpezas y competencias incluso las
infracciones. De modo que solo se animará a exponer secretos de trabajo si se confía en la
lealtad de los compañeros. La confianza es una de las grandes dificultades del trabajo
colectivo.

Controversia y deliberación: Trabajar, cooperar, supone poner en discusión, en debate, en


controversia los diferentes modos operativos, aceptar los que sean propicios a la cooperación
y rechazar los perjudiciales.
En el mejor de los casos, la deliberación permite alcanzar un consenso. En la práctica es
frecuente que los consensos sean posibles, pero no siempre es así. La controversia se hace
eterna, la deliberación no avanza, los desacuerdos y las diferencias amenazan, lo que puede
llevar a arruinar la cooperación y allí la única solución es el arbitraje.
Arbitraje: El arbitraje plantea problemas extremadamente complejos, en la medida en que
significa que la palabra de algunos trabajadores se impone por sobre la de los demás. El
arbitraje puede generar frustraciones o incluso sensación de injusticia que perjudicarán la
cooperación.
La autoridad del arbitraje, al igual que la de un acuerdo alcanzado por consenso, implica a
cambio del consentimiento de todos los trabajadores y, a la falta de consentimiento directo,
un consentimiento fundado en la disciplina. Otro eslabón espinoso de cualquier cooperación.

Actividad Deóntica:
El trabajo y las negociaciones sobre el trabajar juntos, que comienzan en el espacio de
deliberación interno de la organización o la empresa, constituyen una actividad normativa que
puede producir efectos más allá de las normas de trabajo, sobre los principios y las normas de
gobierno y de dirección de toda la empresa.
Entonces allí, no solo se llega a un acuerdo normativo; es decir una referencia común y estable
que vale para todos los miembros del colectivo y puede servir en delante de referencia para
todos. Sino también suele elaborar los principios del control, de la vigilancia y del mando. Es
decir, la actividad deóntica va a participa en el terreno de la cooperación vertical, de la
formación de autoridad.
De esta manera la Act Deóntica se despliega hasta llegar a la dimensión propiamente
institucional
Justamente el espacio de deliberación, es el soporte de esta actividad, y por ende de su
formación, evolución, mantenimiento, transmisión y renovación. Todas las opiniones allí
expresadas representan compromisos entre técnica y ética, es decir, toda regla de trabajo
trata simultáneamente de la relación con lo real del trabajo y del convivir.
Una parte del espacio de deliberación corresponde a reuniones formales: reunión de equipo,
de síntesis, sesión informativa, reunión de personal. La otra parte corresponde a espacios
informales como vestuarios, la cafetería, el rincón de la cocina. La dificultad está en la
articulación de ambos espacios. Por un lado los espacios informales son cubiertos por la
actividad deóntica de acuerdo a la manera en que son habitados por prácticas de
convivialidad: pausa del café, almuerzos, brindis, festejos. Cuando en el trabajo se desvanece
la convivialidad, los espacios informales también se esfuman.
Poder relacionar los lazos de convivialidad o incluso, de festividad con la actividad deóntica no
es algo imposible, en la medida que ésta relación esté inscripta en la regla de trabajo, ya que la
convivialidad se presenta como un suplemento anímico, y a la vez parte de la cooperación.
En el espacio de deliberación también participan los asalariados, de hecho éstos también
pueden influir sobre el gobierno de la empresa o de la organización. Esta influencia va a pasar
por el poder de actuar, sin embargo, dicho poder pocas veces llega hasta un poder
instituyente.
La posibilidad de aportar una ayuda a deóntica institucional esta justamente en el poderoso
movimiento de interés por parte de los asalariados. Y esta es otra de las posibilidades de poder
relacionar convivialidad con la actividad deóntica, cultura y trabajo, ya que pone en acción
tanto oficios como cooperación. Y cuando la empresa instaura efectivamente y mantienen
adecuadamente estas articulaciones, por regla general producen entusiasmo entre los
trabajadores, que notan que se les ofrece la posibilidad de inscribir se propio trabajo en una
obra o una acción que lo transciende.

Reconocimiento y trabajo
El análisis psicodinámico sugiere que la retribución esperada por el sujeto es
fundamentalmente de naturaleza simbólica. Reviste una forma específica, fácil de demostrar
por medio de estudios empíricos. Se trata del reconocimiento en sus dos dimensiones:
1- Reconocimiento en el sentido de constatación. Choca con gran resistencia por parte
de los jefes, porque implica al mismo tiempo reconocer la imperfección, fallas de la
organización prescriptas al trabajo, y lo indispensable del recurso a los aportes de los
trabajadores para hacer funcionar el proceso de trabajo.
2- Reconocimiento en el sentido de gratitud por el aporte de los trabajadores a la
organización de trabajo. Segundo aspecto del reconocimiento, que en la mayoría de
las situaciones solo se concede con parsimonia, pero que en ciertos casos puede serlo
auténticamente.
La falta de reconocimiento es uno de los temas más recurrentes en el universo de trabajo.

Capitulo IV: Los limites axiológicos de la cooperación y la cuestión del renunciamiento.


La cooperación es sin duda un poderoso dispositivo de estructuración de lazos de ayuda
mutua, de solidaridad y de concordia entre los individuos, pero en muchos casos la solidaridad
nacida del trabajo puede ser puesta al servicio de lo peor. Y aquí cumple un rol importante el
renunciamiento individual y la autoridad
Cualquier sea el direccionamiento político de la cooperación, la implicación individual en la
actividad deóntica constituye una toma de riesgo personal, o dicho de otra forma arriesgarse a
que le roben los propios hallazgos. Si pese a todo se arriesgan es porque a cambio esperan una
retribución, que adopta la forma fundamental de reconocimiento. Al alcanzar este se
consiguen preciosas gratificaciones en términos de identidad: por una parte, la pertenencia a
un colectivo o a una comunidad, y por otro a una identidad singular.
El renunciamiento es pues en cierto modo convocado por la coordinación de un colectivo, pero
bajo la forma de limitación de uno mismo y de su inteligencia, ya que en una cooperación es
imposible la via libre de las inteligencias individuales de cada persona.
Sin embargo, muchas veces el reconocimiento funciona como una trampa, el sujeto queda
cada vez más cautivo del reconocimiento del que saca provecho. El problema entonces
aparece cuando, no hay un auto-limitación, es decir, donde se entrega al máximo una
inteligencia. En este caso, el apropiamiento personal del reconocimiento no funciona o
funciona mal. Además existe un miedo a la soledad, que es el miedo de verse privado del
reconocimiento, esto le suele suceder a los reducidos al desempleo, a los condenados o
discriminados, a las víctimas de racismo.
La prudencia respecto al reconocimiento es necesaria, si se logra un real reconocimiento los
sujetos evolucionan realmente hacia la autonomía. Su identidad se fortalece, la apropiación de
cada etapa superada a lo largo de su vida de trabajo se traduce a fin de cuentas en una
auténtica capitalización. Gracias al trabajo, el sujeto cambia.
Podemos decir que el renunciamiento se caracteriza por tres dimensiones;
- Está atado al conocimiento de la subjetividad del otro
- Depende de la movilización de una virtud intelectual
- Es apertura a la sublimación en el sentido restringido del término

Capítulo VI: Honrar la vida en el trabajo


El trabajo, entendido como experiencia de lo real, ofrece por vías de la deóntica y de la
cooperación, recursos que se pueden poner al servicio de la cultura. La cultura sabemos que
por si sola no tiene peso suficiente como para contrarrestar la violencia, pero pese a esto,
sigue siendo un recurso esencial para quien busque posiciones de resistencia contra los
retornos de la barbarie.
En el mundo del trabajo, la cooperación consiste en no perjudicar el trabajo del otro, sin dejar
de defender la dignidad del trabajo propio. Lo esencial aquí consiste en no considerar la
cuestión de la vida como un suplemento anímico aportado por el trabajo desde el exterior.
Honrar la vida en el trabajo consiste ni más ni menos que en pensar y sostener la cuestión del
trabajo vivo, es decir, del trabajo bien hecho y de la calidad en la que la vida se manifiesta en
su potencia. Y por ende, honrar la vida trabajando seria buscar la calidad del hacer, no ya con
la ilusión de conseguir que sea reconocido por los otros, sino para someterlo a la prueba de
uno mismo. Así, honrar la vida consiste en una cuestión individual, de amor propio, en donde
se conjuga el trabajo y la vida.
Honrar la vida por medio de la solidaridad y el conocimiento del otro.
En la mayoría de los trabajos, poco les interesa a la organización o a la dirección, la celebración
de la vida en el trabajo. Por esto, existen dos maneras de honrarla, por un lado a través del
entusiasmo, que se presenta como una forma distinta de lazo cooperativo en la que la puesta
a prueba de uno mismo en el trabajo y la voluntad de reapropiarse de la relación subjetiva con
el trabajo son devueltas al orden estrictamente individual y ya no puede ser puestas en
común. Ya no se comparten el ardor por el trabajo, sino la conciencia de las imposiciones que
complican las condiciones de acceso al placer del trabajo. Y por otro lado, nos encontramos
con la solidaridad, que toma esta vez una forma de resistencia colectiva y la asistencia mutua
para que la vida sea expulsada del trabajo.
Tanto la solidaridad como el entusiasmo en el trabajo, implican primero la intuición o el
conocimiento y reconocimiento de la importancia y de la unicidad que para la vida de cada uno
del colectivo representa la relación subjetiva con el trabajo. Este reconocimiento mutuo del
libre esfuerzo implica modalidades particulares de cooperación.

Capitulo VII – El espacio de deliberación en el trabajo.


Entre la servidumbre y la libertad hay que intercalar la cuestión de la emancipación. Y la
política empieza mucho antes que la libertad. Quizás concierna al mundo antes que a cualquier
otra cosa, en tanto es el pesacio donde entre los hombres se organizan relaciones que ahogan
o dejan lugar a las condiciones que permiten implicarse en ella a aquellos que buscan la vía de
la emancipación.

Entonces, se propone no tratar al trabajo con condescendencia y dejar de considerarlo antes


que nada como el atributo típico de la servidumbre. Debemos reconocerle al trabajo libre, por
lo contrario, la posibilidad de mostrarse como una prueba de uno muso gracias a la cual la
subjetividad se revela a sí misma. Reconocerle también el poder de generar lazos de
cooperación, de producir convivencia o mejor aún, artes de vivir.
El trabajo, en tanto trabajo vivo, es el término que conceptualiza el lazo entre la subjetividad,
la política y la cultura.

El trabajo es un pretexto para construir lazos de solidaridad, solidaridad contra la adversidad,


en primer lugar: contra las amenazas del trabajo a la integridad física y mental o contra la
injustica y la dominación. Pero esa solidaridad para resistir a la adversidad no da cuenta de
todas las formas de solidaridad.
Pensar en el trabajo políticamente significa también prestarle toda la atención que se merece
a la solidaridad técnica y a la cooperación.
La cooperación se basa en la movilización de recursos situados en el principio mismo de toda
acción, a saber: la actividad deóntica.
Lo especifico del espacio de deliberación es precisamente el crear condiciones propicias a una
palabra incierta, una palabra inacabada, a una palabra que se busca o que se busca traducir
una experiencia, cuando aún no este todavía suficientemente semiotizada.
La palabra aquí es convocada no solamente para enunciar la experiencia y la opinión, sino para
hacer que acceda a la inteligibilidad eso que aún no es totalmente consciente para el que se
implica en la deliberación colectiva.
El espacio de deliberación colectiva se basa en el principio de utilizar tan rigurosamente como
sea posible el poder que tiene el lenguaje de canalizar la perlaboración. Esa propiedad del
lenguaje se debe a que hablarle a alguien es uno de los medios más poderosos para canalizar
el PENSAMIENTO. Hasta el punto en que al hablar, el que intenta expresar su opinión, a veces
se escucha pronunciar palabras que le revelan dimensiones de su propia experiencia del
trabajo, que desconocía hasta el momento mismo en que se oye hablar.
El milagro de la palabra no se produce cada vez que el sujeto habla. Se puede también hablar y
no decir nada.
El verdadero milagro se produce solo cuando frente a la palabra viva hay una escucha.
Escuchar también es una tarea difícil.
El milagro de la palabra no puede acaecer sino cuando el que habla tiene la efectiva intención
de hacerse comprender por el que escucha y si, conjuntamente, el que escucha tiene intención
de entender.
En la deliberación colectiva, hablar implica correr muchos riesgos: en primer lugar el de no
llegar a formular adecuadamente lo que quiere decir. Luego, el de quedar al descubierto, el de
hacer pública su experiencia y las enseñanzas, es decir el riesgo de recibir críticas o
valoraciones desagradables. También está el riesgo de no conseguir justificar ante los demás
su hacer. El riesgo de revelar los secretos de sus habilidades y perder las ventajas que le
proporcionan en la negociación de su posicionamiento en la arena social del trabajo.
¿Por qué hablar entonces, en lugar de callarse? El que se implica, (habla), solo lo hace a
condición de tener suficiente confianza en el colectivo, pero también y sobre todo cuando
piensa en que su palabra puede producir resultados, es decir, provocar una acción, favorecer
un consenso, aclarar los puntos de vista, permitir una decisión conveniente…
El milagro de la palabra, puede producirse cuando entre el que toma el riesgo de hablar y el
que lo escucha, existe una relación de equidad.
El riesgo para el que escucha no es otro que el riesgo de entender. Entender es arriesgado, en
la medida en que también es comprender. Al punto de que a veces una interpretación de lo
real diferente de la mía puede parecerme de repente mas verosímil, más justa o más
convincente que la mía. Entender, es correr el riesgo de ver de golpe desacreditada ante mis
propios ojos la interpretación de lo real que hasta entonces consideraba verdadera.
El riesgo de entender, a fin de cuentas, es la angustia de vacilar en mis propias convicciones y
perder los puntos de referencia a los que mi identidad le debe su estabilidad.
El espacio de deliberación consagrado al trabajo puede legítimamente – al seguir
constantemente unido a la manera en la que la experiencia de la vida se revela por medio de la
praxis- ser habilitado no solamente como un espacio político de pleno derecho, sino aún más
exactamente como un espacio generador de lo político tal como intentamos aquí entenderlo: a
la ve injertado en la vida e intérprete de la vida hasta en el amor del mundo.

Capitulo VIII – Deóntica del hacer y democracia


El estatus del trabajo
El trabajo constituye para la democracia un problema político.
La mayoría de los pensadores ignoran todo o casi todo lo que las ciencias del trabajo permiten
sacar a la luz acerca de las relaciones entre el trabajo y la acción. Se quedan con el trabajo
como gasto de fuerza. Estudian el empleo y eventualmente el contrato de trabajo, pero no
cruzan el umbral para entrar en la materialidad del “trabajar”, en los procesos subjetivos y
colectivos del “trabajar individual” y del “trabajar juntos”.
Según Honneth, en torno de las cuestiones que plantean las relaciones sociales de trabajo y el
empleo, se pueden conformar prácticas sociales y políticas orientadas hacia la emancipación.
Lo que significa que el trabajo no es solamente generador de alienación.
La idea de que el trabajo puede ser un mediador de la emancipación no es solo teórica. Todo el
mundo está dispuesto a reconocer que la emancipación de las mueres avanza y las relaciones
de género se transforman a través de su relación con el trabajo.
Por otro lado, se encuentran los conocedores de Marx quienes retienen de los escritos
concernientes al trabajo la idea central de alienación, en el sentido peyorativo de la palabra:
alienación del trabajo es decir la instauración de un quiebre entre el acto de trabajo (o
producción) y su autor por un lado, y el resultado del trabajo (o el producto) y el capitalista por
el otro. La alienación por el trabajo remite por su parte más bien a los efectos
despersonalizantes del trabajo sobre la subjetividad del o de la que consiente en someterse a
una organización del trabajo pensada, decidida y controlada por otro.
Marx siempre construye su análisis, sus cálculos y sus demostraciones a partir del trabajo y del
plustrabajo de un obrero considerado aisladamente.

EL SUFRIMIENTO EN EL TRABAJO.
Cuando se habla del SUFRIMIENTO, hay que pensar en una dimensión individual del
sufrimiento en el trabajo (destino individual del sufrimiento), y una dimensión colectiva
(ambas dimensiones estructuran el vínculo subjetivo con el trabajo).
En la actualidad, se considera al trabajo como una desgracia que fue originada socialmente, y
que tiene que ver con la salud mental del trabajo; pero también, suele ser un instrumento
terapéutico esencial para personas que sufren perturbaciones psicopatológicas crónicas.
Entonces ¿es posible explicar y comprender estas contradicciones? Es posible, si hablamos de
la hipótesis centralidad en el trabajo.
La centralidad del trabajo se desarrolla en cuatro planos:

 Individual: En el plano del trabajo tiene un rol central en la formación de la identidad y


para la salud mental.
 Relaciones entre los hombres y las mujeres: la desigualdad entre ambos y en las
relaciones de dominación que establecen (aquí el trabajo cumple un rol central,
porque no solo se habla del trabajo asalariado, sino también del trabajo doméstico).
 Político: el trabajo ocupa un plano central respecto de la evolución de la sociedad
entera.
 Teoría del conocimiento: el status que tiene el conocimiento desde la filosofía griega,
supone que está de alguna manera, suspendido por encima de las contingencias de los
mortales. Se tiene en cuenta desde el momento en que se comienza con el proceso de
conocimiento, y no el conocimiento específico, eso es la centralidad epistemológica
del trabajo.

El deterioro de la salud mental en el trabajo tiene que ver con la evolución de la organización
del trabajo y en particular en la introducción de nuevas técnicas: como la evaluación individual
de los rendimientos, la “calidad total” y la precarización del empleo.
El aumento de las patologías mentales vinculadas con el trabajo, es el resultado de la
FRAGILIZACIÓN, que es generada por ciertos métodos de la organización del trabajo que
destruye los vínculos que se establecen entre las personas, y que instalan un “salvesé quien
pueda” y una soledad implacable en el medio de la masa; en lugar de la confianza, la lealtad, la
solidaridad.
Más allá de las diferentes patologías, hay que pensar en el sufrimiento (porque si se puede
estudiar la patología, claramente se puede estudiar lo que la provoca, lo inverso, condiciones
favorables para la salud mental); para ello es necesario entrar en el análisis de la materialidad
misma del trabajo, ir hasta el gesto, los pensamientos, los afectos de la centralidad del trabajo
vivo.
El trabajo vivo es un concepto introducido por Marx, y es fundamentalmente filosófico.
Intentando descifrar e contenido subjetivo, el trabajo está –o es- vivo, es individual y subjetivo.
En un análisis ergonómico del trabajo y la actividad: la tarea define ahora el objetivo a
alcanzar, asi como también el camino a recorrer para alcanzar ese objetivo. El modus operandi
está prescripto, la tarea está prescripta por la organización del trabajo. Pero los trabajadores
no respetan las prescripciones en su totalidad, porque siempre, hasta con la tarea más corta,
los trabajadores hacen trampa, y no por el placer de transgredir o desobedecer, sino más bien,
porque hay que enfrentarse a incidentes, anomalías y demás, que inevitablemente, perturban
el bello ordenamiento que tiene la producción. El trabajador hace trampa para poder hacer lo
mejor posible en el tiempo más corto posible, a pesar de los incidentes e imprevistos. Todos
estos incidentes que vienen a perturbar, es lo que llamamos lo real: es la resistencia al
dominio, al control. Hay una paradoja en lo real, porque todo trabajo está salpicado por las
irrupciones de la resistencia a lo real, y lo real se manifiesta entonces, como un fracaso.
Esto tiene que ver con el encuentro de lo real en el trabajo del psicoanalista y la manera
penosa o difícil en la que ocurre la experiencia del fracaso.
El trabajo vivo es el trabajo que consiste en primer lugar en hacer la experiencia y la prueba de
lo real, genero primero un sentimiento de sorpresa, luego sobreviene la irritación, el malestar,
la rabia, la decepción, la duda, y rápidamente el sentimiento de impotencia. Entonces, lo real
del mundo se le manifiesta al que está trabajando de un modo pasivo de sufrimiento (trabajar
es siempre en primer lugar, fracasar; y luego en segundo lugar, es sufrir).
La dificultad en lo real es que por lo general no se sabe cómo enfrentarlo, no se conoce la
solución, entonces, hay una necesidad de descubrirla y a veces, hasta de inventarla. Entonces,
la inteligencia para poder sobreponerse a lo real, consiste en la capacidad de reconocer lo real,
después asumir la impotencia, la pérdida de habilidad, y sobre todo mostrar “aguante”. El
aguante ante el fracaso. No voy a tener éxito, pero tampoco abandono. Persisto, me obstino,
busco. A veces esto dura muchos días, se piensa fuera del horario de trabajo, se piensa en la
noche sin poder dormir, provocando insomnio, y eso es parte de la inteligencia en el trabajo:
porque para inventar y buscar una solución hace falta comprometerse completamente, con
toda la persona, con toda la subjetividad. Y al aguantar por todo ese fracaso, se va a obtener la
intuición de la solución. Es necesario destacar que la intuición nace de la intimidad con la
tarea, hay que fracasar, aguantar, recomenzar, fracasar de nuevo, persistir, volver a la obra, y
en un momento surgirá la idea, la solución. Entonces, la solución viene del fracaso (es porque
se fracasó diez veces, que viene la idea que la diferencia de las anteriores).
Trabajar es en primer lugar fracasar, y en segundo lugar es sufrir; y la solución es una
producción directa del sufrimiento.
La transformación del sufrimiento en placer, pasa por el reconocimiento. Existe un placer que
está antes de dicho reconocimiento, que uno extrae del trabajo y que no depende del otro ni
de su reconocimiento, sino más bien, tiene que ver con el vínculo de uno mismo con uno
mismo (en el registro de la intrasubjetividad). Ejemplo carpintero, cemento, pag 13.
La confrontación con lo real, lo palpable de lo real a través del cuerpo, se obtiene por un
movimiento en el cual yo estoy ejerciendo un esfuerzo sobre el mundo (aprendo a conocer la
madera, sentir la piedra), descubro en mí, nuevos registros de sensibilidad que no estaban allí
antes del trabajo. En el vínculo con la resistencia de lo real, yo estoy ejerciendo un esfuerzo
sobre el mundo y descubro el mundo, pero al mismo tiempo, nacen sobre mí, nuevos registros
de sensibilidad, y en realidad es la vida la que se está despertando dentro de mí, es la vida
subjetiva la que crece (es el mayor placer que uno puede obtener del vínculo con el trabajo: un
vínculo entre uno mismo, y el mundo, es la intimidad la que está aplicada).
El cuerpo siempre está al principio de la inteligencia del trabajo, incluso en las tareas más
intelectuales. La inteligencia en el trabajo, es la inteligencia del cuerpo entero. Es el primer
nivel fundamental de la sublimación. El segundo es el de los reconocimientos y el tercero, es el
colectivo.
En todo trabajo de calidad, la sublimación esta puesta de manifiesto. Aquí hay una crítica a
Freud, porque éste consideraba que la sublimación era asunto de los grandes genios, pero la
clínica del trabajo lleva a pensar que Freud subestimó la importancia del trabajo para cada uno
de nosotros: en cada trabajador que buscar hacer un trabajo de calidad, hay algo que pone de
manifiesto esa búsqueda; para hacer un trabajo de calidad hay que querer y hay que buscar. El
que busca no es sólo el sabio, es todo trabajador.
Entonces, si la sublimación ya no es solo un ideal, sino que se encuentra junto con el
trabajador común, significa que dicha sublimación tiene un rol fundamental en la salud
mental, porque implica la construcción sobre la identidad de uno mismo, la posibilidad de
crecimiento de la subjetividad (que es seguramente el mayor placer que uno puede
experimentar), el sentimiento de que la vida crece dentro de uno mismo (la vida subjetiva, la
que vivimos y experimentamos en un cuerpo, en psicoanálisis sería, el cuerpo erógeno). El
cuerpo de la inteligencia en el trabajo, no es otro, que el cuerpo erógeno.
Existen dos esferas para consolidar la identidad, la vida dentro de uno mismo, la realización
personal: la primera refiere al desarrollo personal, y pasa por el amor; y la segunda esfera es la
que se vincula al campo social y pasa por el trabajo (y siempre va a pasar por el trabajo).
Entonces, aquellos que están privados del trabajo, están en una situación psicológica mucho
más precaria que aquellos que tienen la suerte de poder ponerse a prueba de la sublimación.
Hay que tener en cuenta de qué tipo de trabajo estamos hablando, y a su vez, que el espacio
abierto a la sublimación no depende únicamente a mi genio individual, sino que va a depender
de los vínculos que se establecen dentro del espacio del trabajo: depende de los demás, del
reconocimiento a través de los demás, y fundamentalmente de la manera en la que aquellos
que piensan el trabajo, sean capaces o no, de pensar la vida.

II-
Dimensiones colectivas del trabajo.
Existe una necesidad de la toma de conciencia sobre la importancia del trabajo.
El trabajo no está en el exterior, no hay producción de valor si el trabajo no penetra en la
subjetividad, en lo más profundo de las relaciones amorosas, dentro de las relaciones con los
hijos, porque el vínculo psíquico que uno tiene con el trabajo, penetra.
SI un padre se queda sin trabajo, va a penetrar en sus hijos, inconscientemente.
Cabe destacar que grupo y colectivo no son lo mismo. Entonces, ¿qué es un colectivo? Un
colectivo es un conjunto estable de relaciones entre varios trabajadores fundados sobre las
reglas con las cuales ellos se constituyeron como colectivo, en vistas de tratar las dificultades
que encuentran en la ejecución de su trabajo.
Para diferenciar a un grupo de un colectivo, hay que referenciarse en las reglas: las reglas que
el colectivo construyó, y si no hay reglas, no hay colectivo. Dichas reglas, están destinadas a
armonizar entre los trabajadores y las maneras de tratar las dificultades en la ejecución del
trabajo. Estas son las dificultades frente a lo real del trabajo. La inteligencia apunta a evitar la
sobrevenida de lo real para evitar el sufrimiento. La inteligencia es la que busca anticiparse,
estar por adelantado de lo que va a suceder. Entonces hay que utilizar la astucia, el truco, el
engaño, la trampa. Todos hacemos trampa, hay que saber interpretar las órdenes. La
inteligencia es una infracción a las órdenes que hay que esconder. En el ejercicio hay que hacer
trampa con las órdenes pero o hay que mostrarlo.
La inteligencia si anticipa a la conciencia.
A su vez, existe la necesidad de poner en conjunto, de armonizar los pequeños trucos, las
inteligencias, y eso se define como coordinación: que implica dar órdenes desde arriba, pero si
los trabajadores solo cumplen las órdenes, esto no funciona, la coordinación hace nacer
nuevas dificultades, y se produce en el nivel colectivo un desfasaje entre tarea y actividad: la
tarea es lo que “hay que hacer”, y lo que hace la gente es la actividad. Pero ahora, en el plano
colectivo lo que “hay que hacer” es la coordinación, son las órdenes; y lo que hacen las
personas en conjunto no es coordinación, sino más bien, cooperación.
CONTRIBUCIÓN DE LA CLINICA DEL TRABAJO A LA TEORIA DEL SUFRIMIENTO.
Cuando se habla de trabajo en los tiempos que corren está bien visto considerarlo a priori
como algo despreciable, una desgracia generada socialmente. De hecho es algo preocupante
para los terapeutas y para los trabajadores sociales, y para el común de la gente, preocupada
por las condiciones de trabajo que heredaran sus hijos en un mundo desencantado.
Existen inclusive configuraciones de relación entre sufrimiento y trabajo muy contrastadas.
La teoría de la Centralidad del trabajo se despliega en cuatro áreas:

 En el área individual, el trabajo es central para la formación de la identidad y de la


salud mental.
 En el área de las relaciones de hombres y mujeres, en la desigualdad y las relaciones
de dominación, el trabajo juega un rol central, siendo entendido por trabajo no sólo el
trabajo asalariado, sino también el trabajo doméstico.
 En el área política, el trabajo también tiene un rol central en la vida ciudadana.
 Teoría del conocimiento: el trabajo en esa área también ocupa un rol central, que no
es otro que el de producir nuevos conocimientos.
Las patologías ligadas al trabajo contemporáneo.
El trabajo en su forma contemporánea ha generado un aumento de las patologías mentales.
Estas se pueden clasificar en 5 categorías:
- Las patologías de sobrecarga.
- Las patologías que complican las agresiones cuya víctima es el personal en ejercicio de
sus funciones profesionales; agresiones que provienen de usuarios, clientes, alumnos
de escuela. Aquí están los vendedores de supermercados, los empleados del sector
bancario, etc.
- Las patologías de personas que son privadas de empleo, o que son despedidas. Estas
son causa del aumento de depresiones, alcoholismo, y otras toxicomanías, y sobre
todo del aumento de violencia.
- Las patologías del acoso y del “mobbing”.
- Las patologías depresivas que pueden llegar a terminar en tentativas de suicidio.
El deterioro de la salud mental en el trabajo está directamente relacionado con la evolución de
la organización del trabajo y en particular a la introducción de nuevas técnicas entre las cuales
encontramos:

 La evaluación individualizada del desempeño.


 La “calidad total”.
 La subcontratación en cascada, el recurso de los trabajadores “independientes” en
contraposición del trabajador asalariado.
La evolución de estos métodos de organización del trabajo por un lado aumenta
considerablemente la presión productiva y por el otro lado el aislamiento y la soledad. Estos
métodos de organización del trabajo destruye los lazos entre las personas y que, en lugar de la
confianza, la lealtad y la solidaridad, estén presentes el individualismo, la deslealtad, y una
implacable soledad en medio de la masa.

NOTA DE TRABAJO SOBRE LA NOCIÓN DE SUFRIMIENTO


Dejours va a decir que en la psiquiatría clásica, solo se distinguen dos estados: el estado de
enfermedad y el de salud mental; y critica a ésta distinción tan radical, debido a que entre
enfermedad y salud mental hay un gran espacio que se caracteriza por la lucha contra la
enfermedad mental, y hay que tenerlo en cuenta sobre todo cuando se trata de la relación
entre el hombre y el trabajo.
Define la salud como no un estado estable, sino un fin, donde lo que cuenta es los
procedimientos utilizados para conquistarla o para recuperarla cuando se ha perdido.
Sufrimiento: designa al campo que separa a la enfermedad de la salud.
También sufrimiento, en un campo más restrictivo: Entre el hombre y la organización del
trabajo hay a veces un espacio de libertad, de negociación, etc., cuando esta negociación es
llevada a su límite extremo, y la relación hombre-organización del trabajo se bloquea,
comienza un dominio del sufrimiento y de lucha contra el sufrimiento.
Cuando la relación hombre-organización del trabajo se bloquea, el único margen que queda es
la adaptación del hombre al sufrimiento: es el terreno propio de las defensas contra el
sufrimiento.
Se ponen en evidencia dos filiaciones fundamentales del sufrimiento, en relación con el miedo
y con el aburrimiento, respectivamente. Una tercera filiación está siendo explorada: la referida
a “las relaciones de trabajo”. Y una cuarta filiación podría ser considerada en el estudio del
sufrimiento y es la que está en relación con “la economía del cuerpo”.
A su vez, se le suele otorgar al operador una responsabilidad de concepción: en esas
condiciones, la relación hombre-trabajo es siempre susceptible de ser modificada por el
operador (e incluso ser modificada una o varias veces en lo sucesivo). La problemática de la
relación hombre-trabajo ya no es el sufrimiento, sino más bien, la del placer en el trabajo
(relación psíquica del trabajo= relación sufrimiento-placer).
Sufrimiento y placer pueden entonces, estudiarse tanto en el orden individual como en el
orden colectivo de la relación hombre(s)-trabajo.
Las nociones psicoanalíticas.
Las nociones de deseo, angustia, regresión, etc., son estrictamente psicoanalíticas y aplicables
al orden INDIVIDUAL. El placer, en el registro “económico” llamado “principio del placer”, se
opone al “principio de realidad”.
La angustia, es el afecto penoso por excelencia. El espacio psíquico de la angustia es el Yo.
Entonces, la angustia resulta de conflictos intra-psíquicos. La angustia es heredera de la
historia singular del sujeto, de la historia de sus relaciones con los padres, cuyos efectos se
inscriben en la estructuración del aparato psíquico y en el funcionamiento mental habitual de
un sujeto.

Angustia- deseo vs sufrimiento-placer.


¿Qué relación existe entre la angustia y el par sufrimiento-placer? La angustia se juega en
todas las escenas accesibles al sujeto, incluida la escena del trabajo. Entonces, hay que
plantearse en qué media la situación de trabajo ofrece al sujeto una escena pertinente para
que juegue allí su angustia. Ese espacio es el de la actividad de concepción del operador sobre
su organización del trabajo.
La actividad de concepción pone en juego al sujeto del deseo. Cómo concebir entonces, la
articulación entre e registro social y el registro individual: no hay continuidad entre sujeto del
deseo y operador comprometido en una actividad de concepción. Son campos heterogéneos y
no pueden hacer funcionar los conceptos de un campo en el otro: se habla entonces de
resonancia, de interacción.
Es necesario distinguir deseo de fantasma. El deseo remite al sujeto y al inconsciente, el
fantasma solo remite al sujeto en forma enigmática. El fantasma es un teatro en el que se
ponen en escena el deseo y el sujeto del deseo. El fantasma no es un deseo.
Sufrimiento y placer en el trabajo.
Tampoco hay continuidad entre sufrimiento y placer en el trabajo. La problemática del
sufrimiento se instaura cuando ya no queda suficiente espacio para el juego metaforizado del
deseo en la actividad de concepción. Por lo contrario, la problemática del placer en el trabajo
resulta de la posibilidad de esa metaforización, de esa articulación fantasma/trabajo
intermediada por la “resonancia simbólica”. Si un menor sufrimiento permite un mayor placer,
no es menos cierto no es menos cierto que no hay causalidad directa entre sufrimiento y
placer.
La sublimación.
Freud confirió a la sublimación como destino pulsional. Ésta es un proceso psíquico a través de
cual las pulsiones, sexuales en su origen, son sometidas a una operación de desexualización
cambiando, al mismo tiempo, de objeto y de fin, para expresarse finalmente, en una actividad
social (desexualizada). La sublimación establece así, una continuidad psíquica entre
inconsciente y campo social.
La referencia a la Psicopatología del Trabajo, permite extender la investigación más allá de las
actividades clásicamente atribuidas al registro de la sublimación, y observar lo que sucede en
otras situaciones de trabajo. La Psicopatología del Trabajo, permite deducir toda una
psicopatología del trabajo “estructurante”, como así también el trabajo anti-sublimatorio y sus
consecuencias sobre la economía pulsional, el sufrimiento, el placer e incluso sobre la salud.
Juego y sublimación.
Las tareas en las que queda espacio para la concepción, también hay lugar para el juego (en el
sentido Winnicott). Juego, que es una de las modalidades de articulación entre el terreno
intrapsíquico y la realidad, en una problemática angustia-satisfacción en la que se presenta
una apuesta: el placer en el trabajo y, a cambio, un seguro para el dominio de la angustia. El
juego es una forma posible de resonancia simbólica entre fantasma y trabajo. El juego remite
al juego entre presencia y ausencia en relación al objeto, entre encuentro y pérdida, entre el
amor y el duelo, y las angustias correspondientes.
Dejours va a decir que la sublimación se diferencia del juego y lo prolonga abriendo un campo
específico: el de la articulación de lo psíquico y lo social. El juego se refiere a la relación del
sujeto con la imagen que el otro le devuelve de sí mismo. Implica al objeto total.
El juego es una actividad simbolizante que concierne al niño desde su más temprana edad. La
sublimación tendría su máximo desarrollo durante el periodo de latencia (entre los 5 y 10
años), período en el que comienzan en el niño efectivamente en forma específica las
actividades de trabajo estructuradas. El juego se sitúa entonces, en la continuidad misma de la
sexualidad, mientras que la sublimación está sobre todo referida a las pulsiones que han
permanecido fuera de la organización edípica de la sexualidad. Fuera de la actividad del
trabajo, no hay otros campos para la sublimación.
Sublimación- Defensa individual- Defensa colectiva.
La sublimación apunta a resolver conflictos intrapsíquicos (entre pulsiones). Se trata de un
proceso individual, pero tiene la particularidad de culminar en el campo social, y de exigir
reconocimiento por parte de los pares. La articulación entre defensas individuales y defensas
colectivas no resulta simple en la medida en que las primeras remiten a la angustia
intrapsíquica y las segundas al sufrimiento relacionado con el trabajo.
Existe una articulación exitosa entre organización mental y organización del trabajo, entre
deseo subjetivo y placer en el trabajo, entre historia singular y exigencias actuales de la
realidad a saber: la resonancia simbólica entre fantasma y trabajo de concepción que sería, de
alguna manera, el cerrojo interno de la sublimación.
La articulación entre lo individual y lo colectivo pertenece antes todo, al registro de las
defensas, pero sujeto, deseo e identidad son nociones esencialmente individuales. Del mismo
modo, se puede oponer un psicoanálisis de la angustia a una sociología de las defensas contra
el sufrimiento.

La Hiperactividad profesional: ¿masoquismo, compulsividad o alienación?


Hiperactividad profesional, es una noción estrictamente descriptiva y no prejuzga acerca de
sus causas. Se puede admitir que hay actividad profesional sobre la base de una observación
exterior, por simple comparación con el tiempo consagrado al trabajo por los miembros de
una comunidad de referencia. En ese caso, la hiperactividad se refiere solamente a la cantidad
de trabajo o a la duración del trabajo y no concierne a la calidad del trabajo. Pero también, hay
hiperactividad cuando el sujeto mismo es el que afirma que no logra disminuir una carga de
trabajo a la que considera, excesiva.
Existen actualmente 3 concepciones etiológicas de la hiperactividad:
La captura gerenciaria: Se apoya sobre la hipótesis de una puesta en continuidad o en
resonancia del funcionamiento psíquico individual con la cultura empresaria.
Aquí, la hiperactividad resulta de una manipulación social del imaginario individual. La
sobrecarga de trabajo es de origen social.
Los procedimientos auto-calmantes: En esta concepción solo algunos sujetos predispuestos
correrían el riesgo de la hiperactividad. En particular los que sufriendo un difícil de
mentalización, aptitud para producir fantasías o sueños, tendrían un funcionamiento ´psíquico
caracterizado por la pobreza de la imaginación. La hiperactivad funciona como un
procedimiento auto-calmante.
Aquí, es el déficit de imaginación el que hace del sujeto un hiperactivo compulsivo
dependiente del activismo para calmar su angustia, para mantener su equilibrio psíquico.
Una defensa contra el sufrimiento proveniente del trabajo: En este enfoque lo que esta
primero son los apremios laborales. El funcionamiento psíquico y más ampliamente, el
pensamiento movilizado por los afectos, se convierten en un obstáculo para la concentración
que la prestación productiva exige. Para minimizar el parasitaje de la actividad por parte de los
afectos de sufrimiento, de angustia o de cólera, tanto como por la del ensueño y la distracción,
el trabajador se auto-acelera o intensifica su esfuerzo. Gracias a ésta estrategia, consigue
ocupar con la actividad misma el aparato psíquico en su totalidad y neutralizar todo
pensamiento que no estuviera estrictamente vectorizado por la producción.
Para la primera concepción, la hiperactividad resulta de una manipulación social del imaginario
individual. La sobrecarga de trabajo es de origen social. Según la segunda concepción, es por el
contrario el déficit de imaginación el que hace del sujeto un hiperactivo compulsivo,
dependiente del activismo para calmar su angustia. Para la tercera concepción, es la estructura
de la actividad en tanto está determinada por una organización del trabajo, la que está en la
base de un proceso que puede llevar a la alienación.
La hiperactividad implica siempre un riesgo para la salud, en la medida en que los procesos
intra-subjetivos, en particular aquellos que están implicados en la autoprotección, están
trabados. Los riesgos para la salud son tematizados como “estrés organizacional” por los
defensores de la etiología gerenciaria, como “somatización” por los partidarios de los
procedimientos auto-calmantes, como “patología de sobrecarga” por los defensores de la
etiología de la auto-aceleración defensiva.

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