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Heráclito de Éfeso (vivió alrededor de los años 544-484 antes de nuestra era)

Filósofo de la Grecia Antigua. En los fragmentos de su obra Sobre la Naturaleza llegados hasta
nosotros hay “una excelente definición de los principios del materialismo dialéctico' (Lenin). Por su
método y manera de abordar los fenómenos de la Naturaleza, Heráclito es el filosofo más grande
de la Antigüedad. Heráclito enseñaba que “el mundo forma una unidad por sí mismo y no ha sido
creado por ningún dios ni por ningún hombre, sino que ha sido, es y será eternamente un fuego
vivo que se enciende y se apaga con arreglo a leyes”. El fuego, según Heráclito, es la primera
materia y la primera fuerza. El fuego se convierte en agua y en tierra; así lo único se transforma en
mucho, en todo. El fuego “se apaga”, “muere”, convirtiéndose en agua y en tierra; a este proceso
de “extinción” del fuego lo llama Heráclito el “camino hacia abajo”. Pero “el camino hacia arriba y
hacia abajo” es uno y el mismo. Simultáneamente surge del agua la muerte del fuego: todo
deviene único; todas las cosas se convierten en fuego, –el fuego “se enciende”, “nace”; es el
“camino hacia arriba”. Igual que se cambia oro por mercancías y las mercancías por oro, así
también el fuego universal se transforma en todas las cosas y viceversa. La vida del mundo no
depende de la voluntad, de la “providencia” de los dioses, La creación –la creación y la destrucción
del fuego de las cosas– es espontánea, y Heráclito la compara con el juego de un niño. Heráclito es
un hilozoísta (ver: Hilozoísmo). El mundo, según Heráclito, se halla en un proceso eterno de
nacimiento y de destrucción: “todo fluye, todo cambia”. “En este mismo río entramos y no
entramos”. El mundo se compone de contrarios que llevan una lucha entre sí: “La guerra es la
madre y reina de todas las cosas”. Los contrarios se convierten los unos en los otros: “lo frío se
calienta, lo caliente se enfría; lo húmedo se seca, lo seco se humedece”. Por eso, la presencia de
un contrario condiciona la existencia del otro contrario: “la enfermedad hace dulce la salud”.
Heráclito afirmaba la identidad de los contrarios: del día y de la noche, del invierno y del verano,
de la guerra y de la paz, de la saciedad y del hambre, del bien y del mal, &c. Todos los cambios
están sujetos a leyes estrictas. “Todo se produce gracias al conflicto y a la necesidad”. Estas leyes
inherentes a la propia sustancia material son llamadas por Heráclito “el logos”.

Diccionario filosófico marxista · 1946:132

Heráclito de Efeso (aproximadamente 544-484 antes n.e.)

Antiguo filósofo materialista y dialéctico griego. En los fragmentos de su obra llegados a nosotros,
se da “una excelente exposición de los principios del materialismo dialéctico” (Lenin). Heráclito
enseñaba que “el mundo, unidad de todo, no ha sido creado por nadie entre dioses, ni por nadie
entre hombres, sino que fue, es y será un eterno fuego vivo, que se enciende y se extingue con
sujeción a leyes”. La causa de todas las cosas en una primera sustancia material: el fuego. El
mundo se halla en una corriente eterna: “todo fluye, todo perpetuamente cambia”; “no se puede
entrar dos veces en el mismo río”. El desarrollo se origina por la lucha de principios en
contradicción. Todos los cambios de las cosas se subordinan a una rigurosa sujeción a leyes, que
Heráclito llamaba “logos”, que significa: razón, ley. El logos está inmanente en la misma sustancia
material, el fuego, y viene a ser, según Heráclito, la ley de la naturaleza misma.
Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:44

Heráclito de Efeso (alrededor de 540-480 a.n.e.)

Heráclito

Filósofo materialista de la Grecia antigua, uno de los fundadores de la dialéctica. Heráclito


enseñaba que “el mundo forma una unidad por sí mismo y no ha sido creado por ningún dios ni
por ningún hombre, sino que ha sido, es y será un fuego vivo que se enciende y se apaga con
arreglo a leyes”. Según Heráclito, el fuego es el elemento primario de todas las cosas, es la fuerza
primaria. Gracias a la metamorfosis del fuego, la materia se transforma en agua y en tierra, y de
ahí, lo único se convierte en múltiple, en todo. El fuego “se extingue”, “muere”, convirtiéndose en
agua y tierra; y este proceso de la “muerte” del fuego, Heráclito lo llama “camino hacia abajo”.
Pero “el camino hacia abajo y hacia arriba es el mismo”. El agua da nacimiento a un torbellino de
fuego; el todo deviene único, todas las cosas se convierten en un fuego que “se enciende”, que
“nace”: es “el camino hacia arriba”. Igual que se cambia oro por mercancías y mercancías por oro,
así también el fuego universal se transforma en todas las cosas e inversamente. El fuego es la
materia, el substrato de todas las metamorfosis, la conexión universal.

Según Heráclito el mundo sufre creaciones y destrucciones perpetuas, pues todo fluye, todo
cambia. Tal como lo dice un documento antiguo, “Heráclito eliminaba del universo el reposo y la
inmovilidad. Pues eso era una propiedad de muerte. Atribuía movimiento a todas las cosas:
movimiento perpetuo a las cosas eternas, y movimiento temporal a las cosas perecederas”.
Heráclito estima que el mundo se compone de contrarios en lucha que se convierten
recíprocamente: “frío-caliente; caliente-frío; húmedo-seco; seco-húmedo”. Así, la presencia de un
contrario determina la de otro: “La enfermedad hace agradable la salud”. Heráclito señala que los
contrarios se hallan vinculados y que su lucha constituye la fuente del desarrollo, del cambio.
Todos los cambios se hallan sometidos a leyes rigurosas, y la vida del mundo no depende de los
dioses. “Todo se produce por medio de lucha y necesariamente”. Esta necesidad inherente a la
substancia material es llamada “logos” por Heráclito.

La dialéctica se hallaba limitada por la época. El movimiento se reduce al retorno cíclico de la


naturaleza. La idea del desarrollo progresivo le era extraña. Heráclito era hilozoísta (ver
Hilozoísmo). En lo que concierne a la teoría del conocimiento, sostenía ideas materialistas, y
estimaba que el conocimiento debe revelar la presencia de la naturaleza en su desarrollo
continuo. Es preciso prestar oídos a la voz de la naturaleza, “actuar de conformidad con la
naturaleza”, decía. Destacaba el papel del conocimiento sensible, así como también el de la razón.
Heráclito era intérprete de los intereses de clase de los esclavistas, enemigo de la democracia
antigua.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:229-230


Heráclito (ap. 544 - ap. 483 a.n.e.)

Filósofo materialista y dialéctico griego. Natural de Éfeso (Asia Menor); de linaje aristocrático. Su
obra De la naturaleza, de la que nos han llegado sólo fragmentos, era famosa en la Antigüedad
clásica por la profundidad de su pensamiento y por lo enigmático de su exposición (de ahí que se
le llaman “el Oscuro”). Según Heráclito, la sustancia primera de la naturaleza es el fuego, la más
susceptible de cambio y la más móvil. Del fuego proceden el mundo entero, las cosas singulares y
hasta el alma. “Este mundo, que es el mismo para todos, no lo ha creado ninguno de los dioses o
de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego eternamente vivo, que se enciende con
medida y se apaga con medida”. Lenin observó que este aforismo constituye “una exposición
excelente de los principios del materialismo dialéctico” (t. XXXVIII, pág. 347). Todas las cosas
surgen del fuego en virtud de una necesidad que Heráclito denomina “logos”. El proceso universal
es cíclico: transcurrido el “gran año”, todas las cosas se convierten otra vez en “fuego”. La vida de
la naturaleza es un proceso incesante de movimiento. En ese proceso, toda cosa y toda propiedad
se transforman en su opuesto: lo frío se vuelve caliente; lo caliente, frío, &c. Como quiera que
todo, al cambiar incesantemente, se renueva, no es posible entrar dos veces en el mismo río:
nuevas aguas bañan al que entra en él por segunda vez. En la vida humana, este paso de todo a su
contrario no es un simple cambio, sino una lucha. Tal lucha es universal, “el padre y el rey de todas
las cosas”. En la lucha de contrarios se manifiesta, sin embargo, su identidad: una misma cosa es el
camino hacia arriba y el camino hacia abajo, la vida y la muerte, &c. La universalidad del cambio y
del paso de cada propiedad a su contraria hacen que todas las cualidades sean relativas. En la base
del conocimiento se encuentran las sensaciones. Si algo quedara encubierto a la luz perceptible
por los sentidos, no podría escapar a la luz de la razón. Heráclito contrapone su concepción del
mundo a la concepción que del mundo tienen la mayor parte de sus contemporáneos y
conciudadanos. Las ideas aristocráticas de Heráclito acerca de la sociedad se dan en él combinadas
con algunos rasgos progresivos: Heráclito se manifiesta contra el derecho consuetudinario
tradicional defendido por los aristócrat