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Escuela Normal Superior de Bucaramanga

Expositor: Julián David Hernández Orduz


Área de Filosofía
Docente: Fabián Augusto Remolina
Exposición/réplica: Historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres
Michel Foucault

Los griegos no se preocuparon por delimitar lo que entendían por aphrodisia, por lo tanto
no se definirá lo legítimo, lo permitido o lo normal, tampoco lo insidiosa que puede ser. Se
entenderá por aphrodisia: “Los actos, gestos, contactos, que buscan cierta forma de placer”.
A diferencia de los griegos, posteriormente los cristianos si presentarán un grado de
preocupación por reglamentar esto, a consecuente, se reglamentarán “el juego de las
demandas y los rechazos, de las primeras caricias, de las modalidades de la unión, de los
placeres que se experimentan y de la conclusión que conviene darles”.
Aunque se puede atribuir a los griegos una “gran libertad de costumbres”, también hay lo
que se considera como un pudor, puesto que: la representación de los actos sexuales que
sugieren en las obras escritas –y aun en la literatura erótica- parece marcada por una
reserva considerable”. Donde se puede evidenciar, mediante el uso de la historia, grandes
espectáculos sexuales que antecedieron en la antigüedad griega.
Seguidamente se pregunta ¿Qué actos pueden ser llamados intemperantes? Se introduce
entonces el texto Ética nicomaquea y además Ética eudemiana, de Aristóteles, donde se
establece que para exista intemperancia debe haber un contacto con la superficie del
cuerpo. Por lo tanto se recomienda desconfiar de los sonidos, las imágenes, de los
perfumes, porque, aunque su esencia es capaz de ablandar el alma (elemento que
posteriormente se entenderá su importancia en la aphrodisia), no cumple con la condición
anteriormente planteada.
En el cristianismo aparece algo que, aunque se podría confundir con los “límites de la
intemperancia” planteados en la aphrodisia, es completamente distinto, ya que, en la
experiencia cristiana el sujeto es llamado a sospechar y a reconocer manifestaciones de un
poder inexorable, que es considerado malo, y que no necesariamente se transmite por los
actos que sean sexuales, sino por muchas otras formas.
Cuando se habla de los actos placenteros de los humanos, a diferencia de los animales
donde se describe la forma de cópula y los comportamientos sexuales, en los humanos se
dará una descripción de los órganos sexuales, pero el cuestionamiento se dirigirá a su
dinámica.
Esta dinámica tendrá tres partes definidas (sus elementos pueden distinguirse unos de
otros) pero estarán fuertemente ligados unos a otros. Estos elementos son: acto, deseo y
placer, donde existirá una “dinámica con forma circular (el deseo lleva al acto, el acto que
está ligado al placer y el placer que suscita el deseo)”.
En el deseo jugará un papel fundamental el alma, puesto que, “solo el alma la que puede
por el recuerdo hacer presente lo que desea y así suscitar el deseo”. En este punto ya
podemos entender porque en la educación y en el ejercicio de la templanza debemos
desconfiar de los sonidos, de las imágenes, de los perfumes, ya que, aunque no revelan la
akolasia, si pueden llegar a provocar apetito o deseo.
Escuela Normal Superior de Bucaramanga
Expositor: Julián David Hernández Orduz
Área de Filosofía
Docente: Fabián Augusto Remolina
Exposición/réplica: Historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres
Michel Foucault
Los griegos, desde la cuestión ética, no se preguntarán por cada elemento individualmente.
En cambio, debido a la dinámica circular que los une, se cuestionarán: “¿Con que fuerza
nos dejamos llevar por los placeres y los deseos?”

Cuando la sexualidad es tratada desde la ética cristiana, esta crea una disociación de esta
unidad. Donde se desvaloriza el placer (elisión del placer) y se entenderá como un problema
al deseo (pecado).
Además, será analizada según dos grandes variables. La primera es cuantitativa (número
y la frecuencia de los actos), donde se distinguirán dos extremos: la moderación y la
incontinencia.
1) “La inmoralidad de los placeres del sexo sea siempre del orden de la exageración, de la
demasía y del exceso…”
Es importante entender que “la lujuria debe tomarse como efecto de una enfermedad del
cuerpo y no de una mala voluntad del alma”.
Entonces, “las únicas faltas que podemos cometer son del orden de la cantidad”, en otras
palabras, cuando sobrepasamos las necesidades naturales que tenemos. Se podría
pensar que aquellos placeres particulares de los individuos se cometen diferentes tipos de
falta, pero “los intemperantes se exceden de todas estas formas a la vez”, y en aquellos
placeres particulares que puedan resultar ilícitos se complacen y terminarán haciéndolo
en gran cantidad.
Un claro ejemplo, y tal como lo dice Platón, de esta desmesura serán las relaciones
contra natura, hombre con hombre y mujer con mujer.
“La hembra en tanto hembra es un elemento pasivo y el macho en tanto macho un
elemente activo”
En la práctica sexual se pueden identificar dos papeles, uno es el papel llamado “masculino”
(sujeto) de la relación sexual, y el papel pasivo del “compañero-objeto”, este segundo papel,
que naturalmente fue designado a la mujer, pero que en el caso contra natura será “la
función aceptad por el hombre que se deja penetrar por su compañero”. Puede ser impuesto
mediante la violencia.
2) “El exceso y la pasividad son, para un hombre, las dos formas mayores de la
inmoralidad en la práctica de las aphrodisia”
En la interpretación de estos dos papeles, se asume que aquel que llevará el papel activo
siempre será el hombre, pero en cambio aquel que ser compañero-objeto es variable, ya
que, podría ser “las mujeres, los muchachos, los esclavos”.

La actividad sexual no es mala, pero por ser natural e indispensable, no significa que no
pueda ser objeto de diferenciación y de apreciación moral.
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Expositor: Julián David Hernández Orduz
Área de Filosofía
Docente: Fabián Augusto Remolina
Exposición/réplica: Historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres
Michel Foucault
Si se pudiera señalar lo bueno y lo malo, sería “la forma como fue dispuesta por la
naturaleza”. Su carácter inferior, puesto que “es común a los animales y a los hombres”; y
su mezcla con la privación y el sufrimiento.
“La agudeza natural del placer con la atracción que ejerce sobre el deseo es la que lleva a
la actividad sexual a desbordar los límites que la naturaleza le fijó”
A causa de esta agudeza han ocurrido consecuencias, como, la adquisición de un poder
absoluto sobre nosotros o también el necesitar ir más allá de la satisfacción de las
necesidades.
Por lo cual, es necesario establecer tres frenos fuertes: el temor, la ley y el discurso
verdadero. Estos no porque el sexo sea algo malo, sino por, a causa de su agudeza,
“desencadena una fuerza, una energía que por sí misma pasa el exceso”. Para los
griegos, está fuerza excesiva deberá ser dominada, y está será la cuestión moral de ellos.
En conclusión podemos afirmar que hay un gran diferencia entre la problematización
moral por parte de griegos y de la religión cristiana, donde la principal diferencia será, por
parte de cristianos, la disociación de la dinámica de la aphrodisia.
No se debe entender la actividad sexual como algo malo, como puede pasar con los
cristianos, aunque es cierto que esta posee una gran fuerza que puede llevar al individuo
a ir más allá de su naturaleza y a excederse, incluso en cosas realmente detestables, no
deja de ser algo causado por la misma naturaleza, y que además es indispensable para la
supervivencia humana.

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