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La paciente con una edad cronológica de 24 años y 3 meses, de sexo femenino

con una capacidad intelectual por debajo del promedio, ha sido criada en una
familia cuya dinámica es disfuncional, un estilo de comunicación agresivo y
mostrando ser autoritario por parte de la figura paterna, que ejercía violencia
física y psicológica, y estilo pasivo por parte de la figura materna creando en ella
un apego inseguro y desorganizado evidenciando un estilo crianza negligente por
su parte ya que gusta de guardar las apariencias debido a su posición en el estrato
económico alto al que su familia pertenece a costa del bienestar de esta. Este
ambiente invalidante generó en ella ser reflejo de los conflictos acontecidos en la
familia constituyendo aquello experiencias negativas en su infancia dado que
desde su niñez carga con las culpas de lo acontecido del actuar conflictivo de la
familia generando en ella dificultades en su desarrollo cognitivo lo cual se
demuestra en el bajo rendimiento académico que, sumado como la posesión de
antecedente de haber padecido hipoxia fetal, presentó desde la edad de 5 años
dificultades académicas. En el área socio emocional, en cuanto al establecimiento
y mantenimiento de sus relaciones interpersonales siendo algunas de estas
superficiales, pero con su mayoría, establece relaciones dependientes temiendo al
abandono de estas figuras significativas ya establecidas: todo lo anteriormente
expuesto provocó en ella una falta adaptabilidad con su medio que le originó
desde las primeras etapas de su vida una predisposición para la estructura límite
de la personalidad.
Al inicio de su adolescencia, manifestó la transgresión de las normas impuestas
en casa, automutilación, acceso de llanto, irritabilidad y abuso frecuente del
alcohol predisponiéndole en dos ocasiones a ser violentada sexualmente y, desde
la primera ocasión, sus padres optaron por internarla en un centro de
rehabilitación por un mes donde obtuvo el diagnóstico de Trastorno Límite de la
personalidad; recibiendo, posteriormente a su salida del centro, medicación por 4
años y aislamiento de su círculo social manteniendo comportamientos de
automutilación, accesos de llanto e irritabilidad. Así mismo, su convencimiento
de que el padre pago para que ella haya sido internada y medicada en el hospital
la predispuso a desconfiar en que alguien la quiera o aprecia sinceramente. Por
otro lado, al insertarse a la sociedad, acontece la segunda violación sin tener
nuevamente apoyo familiar, repercutiendo en ella mayor conflicto y en vez de
desconfianza empieza a mostrarse muy sensible, fácil de convencer y a aceptar a
toda persona como su amiga, constituyendo relaciones superficiales, pero de
mucha dependencia. De esta manera aquellas vivencias han afectado
significativamente la vida de la paciente y con ello en la consolidación de su
personalidad no funcional; con intentos de autoeliminación y pensamientos
intrusivos crítica de los demás, presentando dudas injustificadas sobre la lealtad
que le debería tener su pareja y familiares.
Ante la desconfianza y al miedo al abandono por parte de su actual pareja y su
familia genera en ella la tolerancia a ante cualquier tipo de trato que se le otorgue
idealizando y negando las actitudes que estas figuras significativas toman, para
evitar un conflicto intrapsíquico debilitando de esta manera su autoimagen y, por
tanto, reduciendo su capacidad adaptativa y de flexibilidad.
Por todo lo anteriormente mencionado, llegamos a la conclusión que la paciente
tiene un Trastorno Límite de la Personalidad que genera daño funcional en su
personalidad.
TEORÍA BIOSOCIAL: LA DISREGULACIÓN EMOCIONAL

Para Linehan, la autora que ha desarrollado este enfoque terapéutico, el trastorno límite
consiste principalmente en una disfunción del sistema de regulación de la emoción, y a
partir de esto, lo cual considera el núcleo de la patología y no sólo lo más sintomático o
manifiesto, se dan el resto de los síntomas conductuales típicos del cuadro.

Esta disfunción a la hora de regular las emociones tiene por un lado causas biológicas que
tienen que ver con la vulnerabilidad inicial del sujeto, por la cual es muy sensible a los
estímulos emocionales. Este déficit produce dificultades en la inhibición del estado de ánimo
cuando se ha de organizar una conducta independientemente de aquél, déficit para
incrementar o bajar la excitación fisiológica cuando se necesita, déficit para distraer la
atención de estímulos que evocan emociones no deseadas, y para experimentar emociones
sin poder inhibirlas inmediatamente, o bien produciendo una emoción secundaria negativa
extrema. Por otra parte, como el nombre “biosocial” indica, para Linehan no es suficiente
que se dé en el sujeto esta vulnerabilidad inicial sino que, además, éste ha de estar expuesto
a un “entorno invalidante”. Las características de este entorno consisten en que niega o
responde de modo no adecuado a las experiencias privadas de los sujetos. No se toman sus
reacciones emocionales como válidas ante los hechos que las provocan, sino que se las
trivializa, se las desprecia, se las desatiende o, incluso, se las castiga. Estas familias tienden
a valorar el control de la expresión emocional, transmiten que la solución de los problemas
es más simple de lo que realmente corresponde, y no toleran la manifestación de afectos
negativos. El resultado de todo esto es la exacerbación de la vulnerabilidad emocional del
individuo, lo cual, a su vez, influye recíprocamente en el entorno invalidante. De ahí resulta
la persona con TLP, que no sabe cómo etiquetar y cómo regular su excitación emocional, ni
confía en sus respuestas emocionales para interpretar y juzgar los hechos. El sujeto desconfía
de sus propios estados internos, lo que le lleva a una sobredependencia de los otros, y esto a
su vez impide el desarrollo de un sentido del self cohesionado. Estos tres factores, las
relaciones con los demás, la capacidad para regular las propias emociones y el sentido del
self estable y cohesionado, influyen recíprocamente entre sí y, por tanto quedan todos
alterados. Por último, para Linehan las conductas autolesivas de los sujetos límite se
interpretan como intentos de regular el afecto, y además tienen un importante papel
comunicativo en tanto que provocan conductas de ayuda en un entorno que en sí no responde
empáticamente hacia ellos.

TEORÍA DE LA MENTALIZACIÓN

Desde este enfoque, los síntomas del TLP se entienden como resultado de una supresión
parcial y específica de la mentalización. Los pacientes borderline no muestran una capacidad
nula para la comprensión de sus estados mentales en todo momento. Pero sí suelen fracasar
en este sentido cuando se encuentran en una situación de elevada activación emocional,
especialmente en el contexto de relaciones de apego intensas, y ocurre con mayor
probabilidad cuando hay un trasfondo traumático en la historia biográfica del individuo.

Quizá se trate, dicen Bateman y Fonagy (2004), de una estrategia defensiva aprendida en la
primera infancia. El niño aprende que es preferible evitar pensar sobre estados mentales del
otro, simplemente porque debe de ser insoportable pensar sobre los estados mentales de
alguien que le maltrata, cuando debería estar cuidándole y protegiéndole. Además, se da una
situación paradójica, y es que, dado que el sistema de apego (búsqueda de protección por
parte del cuidador) se activa ante el peligro percibido, y la persona a la que recurrimos
buscándolo es la misma que nos maltrata, dicho sistema de apego puede estar
permanentemente activado, en una especie de círculo vicioso ("cuanto más me maltratas, más
miedo siento, y cuanto más miedo siento, más te busco"). Esto podría explicar por qué,
posteriormente, muchos de estos pacientes se mantienen en relaciones tormentosas con
parejas maltratadoras, a las que no abandonan pese al daño que saben que les hacen.

La hiperactivación del sistema de apego, que le lleva a buscar la proximidad de una figura de
apego maltratante, y que resulta de estas experiencias tempranas, pueden llegar a inhibir las
estructuras cerebrales implicadas en la mentalización (área frontal). A su vez, la "supresión
parcial" de la mentalización puede dar lugar al re-surgimiento de los modos pre-
mentalizadores de subjetividad: la equivalencia psíquica y el modo aparentado, los cuales a
su vez favorecen la aparición de manifestaciones conductuales típicas del TLP.

En sus dos manuales de referencia (Bateman y Fonagy; 2004, 2006) los autores nos
proporcionan explicaciones detallada de su forma de comprender la sintomatología
borderline desde el "modelo de supresión de la mentalización". Por ejemplo, deducimos que
el paciente se encuentra funcionando en el modo de "equivalencia psíquica", cuando muestra
la ideación paranoide: como está absolutamente convencido de que lo que está en su mente
equivale a la realidad y no acepta interpretaciones alternativa, si lo que hay en su mente es
un modelo de relación maltratante, tendrá plena seguridad en que en el otro le está
maltratando. La autolesión también puede explicarse así: las partes del cuerpo agredidas
equivaldrían a estados mentales que nos resultan insoportables. Atacando a esas partes del
cuerpo, estamos intentando erradicar ese malestar que no podemos mentalizar. Por otro lado,
recordemos que el funcionamiento en "modo aparentado" da lugar a la pseudo-mentalización.

MECANISMOS DE DEFENSA EN EL TRASTORNO LÍMITE DE LA


PERSONALIDAD

Situándonos en una perspectiva psicoanalítica clásica, el autor que ha realizado una


sistematización mejor de los mecanismos defensivos puestos en marcha por los sujetos con
trastorno límite de la personalidad es Otto Kernberg (1975, 1984), considerando este aspecto
uno de los puntos clave para el diagnóstico. Para él (y la mayoría de los psicoanalistas) la
escisión y sus mecanismos asociados, como la idealización, identificación proyectiva,
negación, omnipotencia y devaluación, protegen al paciente límite del conflicto
intrapsíquico, pero acarrean el precio de debilitar la fuerza del Yo, reduciendo su capacidad
adaptativa y su flexibilidad. De esta forma, el empleo sistemático de defensas resta frescura
y fuerza a la personalidad del sujeto.

La negación de los pacientes límite consiste en la incapacidad de reunir dos áreas de


conciencia emocionalmente contradictorias, realizando una función de reforzamiento de la
escisión. El sujeto se da cuenta de que sus percepciones, sentimientos y pensamientos sobre
sí mismo o sobre otras personas son opuestos a los que había tenido en otras ocasiones, pero
el recuerdo carece de repercusión emocional y su memoria no puede influir en la forma en la
que siente ahora. Puede manifestarse como falta de interés, la persona tiene clara conciencia
de lo que está ocurriendo pero niega su implicación emocional. Es como si su vida estuviera
repleta de “cosas que pasan”, no de cosas que él vive y siente.
Constituiría no tanto una negación de la realidad ni una negación de la pulsión sino, más
bien, una negación de la emoción, convirtiendo a estas personas en una especie de
“inconscientes emocionales”.

Los episodios micropsicóticos que padecen muchos pacientes con este trastorno, con
experiencias alucinatorias y delirantes breves, pasajeras y que no dejan defecto, en algunas
ocasiones pueden responder a una puesta en acción del mecanismo de negación de la realidad
en su más puro sentido. Podemos asistir, de esta forma, a una manera de poner voz y forma
a un miedo interno del paciente, al intento de rechazar el vacío y el sentimiento de abandono.
En el momento en que éste retoma el control de la situación, el episodio remite y ya no
necesita acudir a estrategias defensivas.

Idealización-Devaluación:

Los sujetos fronterizos tienden a ver a los demás como extremadamente buenos o como
absolutamente perversos, apoyándose, una vez más, en el mecanismo de escisión que, como
vamos observando, se constituye en la base a partir de la cual se estructuran otros procesos
defensivos. Crean imágenes de los otros absolutamente buenas o malas, poderosas y alejadas
de la realidad, exagerando patológicamente sus atributos y dotándolas de facultades
extraordinarias, con un significado importantísimo para el paciente (a modo de idea
sobrevalorada).

”Perciben a las otras personas como brujas malvadas o como hadas madrinas, como santos o
como demonios. Cuando parece que estás satisfaciendo sus necesidades, te ven como a un
súper-héroe. Pero cuando perciben que les has fallado, te conviertes en un malvado villano”
(Mason & Kreger, 1998, p. 30).

Como nos señalan Mason & Kreger, el cambio en la categoría de maravilloso a malísimo
puede depender de aspectos tan aparentemente triviales (un retraso en una cita, un olvido,
una sonrisa no producida en el momento preciso...) que hunden al sujeto no-TLP en la mayor
confusión, pues sienten que, como titulan los autores antes mencionado su “Biblia de los no-
TLP”, tienen que andar sobre cáscaras de huevo porque cualquier pequeño desliz puede hacer
girar el tono de las cosas. Las idealizaciones y las devaluaciones no son fijas, pudiendo
cambiar una misma persona de rol en cuestión de momentos, pasando de héroe a villano
varias veces al día; el sujeto límite puede sustituir el objeto de amor en cuanto comprueba
que el anterior es defectuoso para, de este modo, completar el ciclo de ascensión/caída con
otra persona.Estas personas pueden tener el mismo tipo de sentimientos y percepciones que
los demás, pero viven y sienten de forma tan intensa, su grado de vulnerabilidad es tan alto,
que todo adquiere características desproporcionadas.

De esta manera los sujetos con trastorno límite de la personalidad perciben el mundo dividido
en dos: una parte persecutoria llena de objetos peligrosos que le pueden atacar y destruir (y
abandonar), y otra parte poblada de objetos buenos en los que poder refugiarse contra el
ataque de “los malos”.

La Teoría Neurobiológica es la propia de autores como D. Stern, que describía a los pacientes
con TLP como personas que sufrían una “hemorragia mental” consecuencia de la intolerancia
al dolor emocional; Skodol, que relacionaba la inestabilidad afectiva e impulsividad propia
del paciente con una desregulación neuroquímica (9); o Beck, cuyo modelo cognitivo se
centra en esquemas cognitivos disfuncionales (12). En torno a esta perspectiva se han
realizado diversos estudios que abordan tres grandes influencias en el TLP: primeramente, la
disminución de serotonina –neurotransmisor que interviene en la regulación de impulsos– en
líquido cefalorraquídeo en los individuos diagnosticados de TLP (9), así como otros
neuromoduladores como la acetilcolina o la vasopresina (15); en segundo lugar, la existencia
de deficiencias a nivel tanto estructural como funcional de áreas cerebrales implicadas en el
autocontrol, la afectividad y la atención, como son la amígdala, las zonas orbitofrontales y el
hipocampo (15, 12); y, por último, la participación de la genética en la transmisión del TLP
de acuerdo con estudios en gemelos (15, 16).

En cuanto a la perspectiva Biosocial o Genético-dinámica, en ella se engloban autores como


Mahler, Kemberg, Fonagy o Linehan, entre otros. Todos ellos presentan similitudes, aunque
a través de distintos modelos. Tanto Mahler como Kemberg coinciden en el TLP como
consecuencia del mantenimiento de una crisis infantil en la edad adulta, basada en el trauma
de la separación materno-filial. Fonagy, aunque sigue proporcionando un papel relevante a
las vivencias de la infancia, se centra en el impedimento de desarrollo de la función reflexiva
de la persona a raíz de las relaciones de apego inseguras. Linehan, por el contrario, habla
directamente de una predisposición biológica innata a la intensidad emocional (9), aunque
también incluye la propuesta de Millon sobre la interacción de los factores biológicos y el
aprendizaje social en el origen del TLP (12). Todos ellos, sin embargo, se corresponden al
tomar al entorno familiar como un factor clave, describiéndolo normalmente como caótico-
inestable o negligente y abusivo, aunque también pueda presentarse TLP en familias bien
estructuradas (15, 12)

TEORÍA DEL APEGO

La teoría del apego, concebida por John Bowlby (1969), se refiere a las formas características
con que una persona se relaciona con sus más cercanos o “figuras de apego”: con sus padres,
hijos y parejas sexuales (Hazan & Shaver, 1987; Levy, Ellison, Scott, & Bernecker, 2011).
Desde el nacimiento, las interacciones entre el infante y sus figuras primarias establecerán
las bases para el desarrollo de la personalidad y moldearán las interacciones íntimas
subsiguientes, las expectativas de aceptación social y las actitudes frente al rechazo. Una base
segura es formada a través de la estabilidad y seguridad que la figura primaria de apego
(usualmente la madre) provee al infante en momentos de estrés, lo que permite al infante
explorar el ambiente a su alrededor. Así, el niño crea una serie de modelos mentales acerca
de sí mismo y de los demás en un contexto de interacción social (los “modelos operantes
internos”), basados en reiteradas interacciones con otros significativos (Bowlby, 1973). Estas
relaciones de apego tempranas son cruciales para la adquisición de la capacidad de regulación
afectiva, de control atencional, mentalización, y del sentido de autonomía del infante.

El trastorno límite de la personalidad está significativamente asociado al apego ansioso en


presencia de traumas no resueltos (Aaronson et al., 2006; Ainsworth et al., 1978; Bakermans-
Kranenburg & van Ijzendoorn, 2009; Barone, 2003; Fonagy et al., 1996; Westen et al., 2006)
y con estilos de apego desorganizados (Westen et al., 2006). Los estudios demuestran que un
50-80% de los pacientes con trastorno límite de la personalidad cumplen los criterios para al
menos uno de estos estilos (Agrawal, Gunderson, Holmes, & Lyons-Ruth, 2004; Barone et
al., 2011). Esto es esperable, considerando la dinámica social de acercamiento-
distanciamiento, la sensibilidad al rechazo y los desórdenes cognitivos evidentes en pacientes
límite (Westen et al., 2006). La malinterpretación de la causalidad social y los desórdenes
del pensamiento son características típicas de estos pacientes (Shedler & Westen, 2004;
Westen, 1991; Westen, Lohr, Silk, Gold, & Kerber, 1990). En términos conductuales, los
pacientes límite exhiben un patrón que oscila entre la búsqueda de atención compulsiva y el
aislamiento irritable. Esto implica una capacidad limitada para obtener alivio emocional por
medio de nuevas relaciones de apego, aspecto que tiene consecuencias importantes para la
relación terapéutica: estos pacientes estarán atentos a las fallas del terapeuta más que a sus
esfuerzos.

LA PERSONALIDAD LIMITE SEGÚN THEODORE MILLON

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los


estados de ánimo. Los sujetos límites tienden a experimentar largos períodos de abatimiento
y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos
autodestructivos y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo suelen ser impredecibles y
parecen ser desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos. Aunque
estas cualidades del limite, se consideran básicas en un carácter emocional se observa niveles
elevados de inconsistencia en todos los aspectos de su comportamiento. Estos también
pueden presentar niveles de energía inusuales que en ocasiones consisten en explosiones
súbitas e inesperadas (DSM IV, 1994).

Según los planteamientos de Millón (1999), existen diferentes subtipos dentro del trastorno,
a continuación, se expondrán los mismos:

• El limite desanimado: Son individuos sumisos que evitan las competiciones carecen de
iniciativa y suelen presentar un estado continuo de depresión. La inseguridad experimentada
por estos individuos precipita los conflictos y malestar. (Op. Cit).

• El limite impulsivo: estas personas son típicamente variantes estructuralmente defectuales


de algunos de sus homólogos en particular las personalidades histriónica y antisocial. (Op.
Cit).

• El límite petulante: Este tipo de personas son difíciles de distinguir de lagunas de las
contrapartidas estructuralmente menos defectuales, en especial la personalidad negativista
(Op. Cit).
• El límite autodestructivo: Estos sujetos dudan perpetuamente de sus actos, darse a los demás
significa perder su independencia, pero la independencia significa quedarse solo. Estos son
indecisos y oscilan entre la sumisión total y la resistencia tozuda ante los demás (Op. Cit).

Estilos de Crianza según Papalia

Los estilos de crianza de Baumrind se comprenden mejor si se asocian con las técnicas
disciplinarias. Por ejemplo, la técnica inductiva pretende fijar límites y demostrar
consecuencias lógicas de las acciones por medio de explicaciones, análisis y negociaciones
para obtener ideas del propio niño acerca de lo que es justo. La afirmación del poder pretende
detener o desalentar conductas y comportamientos no deseados por medios físicos o verbales
tales como exigencias, amenazas, retiro de privilegios, etc. El retiro del amor por su parte
incluye castigos como ignorar al niño, aislarlo o mostrar desagrado por él (Papalia, 2009).

Según Darling (1993) citado por Musitu & García (2011). Define el estilo parental como una
constelación de actitudes hacia el hijo que, consideradas conjuntamente, crean un clima
emocional en el que se expresan las conductas de los padres. Estas conductas tienen como
objetivo conseguir la meta de socialización, es decir, inculcar en el hijo un conjunto de
valores, creencias, costumbres culturales, así como contribuir al desarrollo de habilidades
sociales, pensamiento crítico, independencia, curiosidad, etc. Lógicamente, estos aspectos de
la socialización familiar no son universales, sino que se encuentran íntimamente relacionados
con el contexto cultural en el que se encuentra integrada la familia. De esta manera, los
valores y normas culturales determinan la conducta de los padres y el modo en que los hijos
interpretan esta conducta y organizan la suya propia. Esta clasificación propuesta por
Baumrind ha inspirado otras tipologías posteriores que han tratado de complementarla y
enriquecerla. Algunas de estas tipologías son muy recientes, como la propuesta elaborada por
(Musitu y García 2011, p. 59) y que distingue cuatro estilos parentales de socialización en
función de dos dimensiones: implicación/aceptación y coerción/imposición. Los padres con
altos niveles de implicación/aceptación muestran afecto y cariño a su hijo cuando se
comporta adecuadamente y, en caso de que su conducta no sea la correcta, tratan de dialogar
y razonar con él acerca de lo poco adecuado de su comportamiento. Por el contrario, los
padres con bajos niveles de implicación/aceptación suelen mostrar indiferencia ante las
conductas adecuadas de sus hijos y, cuando la conducta es inadecuada, no razonan con ellos
ni les expresan sus opiniones o juicios, de modo que son padres muy poco implicados con
sus hijos, tanto si su comportamiento es correcto como si no lo es. Estos son:

Padre Democrático:

Establecen altas expectativas, es sensible a las necesidades de su hijo, son flexibles, ellos
escuchan y dan consejos, estos hijos son autosuficientes, tienen una alta autoestima y son
populares entre sus compañeros. Según Diana Baumrind. (1971), citado por Flinn (2013).
Así mismo Darling y Steinberg citado por Merino (2004) define que es la orientación a sus
hijos de manera racional, establecen normas e instauran límites, a la vez se muestran cálidos
y afectuosos, escuchan a sus hijos y conversan acerca de sus sentimientos.

Padre Autoritario:

Son rígidos y controladores, exigen mucho y no ofrecen la suficiente calidez ni responden a


las necesidades del hijo. Diana Baumrind. (1971), citado por Flinn (2013). Como también
Darling y Steinberg citado por Merino (2004), sostiene que están orientados hacia la
manifestación de poder y a la búsqueda de la obediencia mediante el castigo, son rígidos, no
tienen encuentra lo que su hijo necesita para estar tranquilo y en un ambiente de ecuanimidad.

Padre Permisivos:

Los padres permisivos ofrecen un montón de calidez, pero no fijan límites. Dejan que sus
hijos hagan lo que les plazca, y estos niños pueden crecer sin la comprensión de que la
sociedad les va a imponer límites a su conducta Diana Baumrind. (1971), citado por Flinn
(2013). Como también Darling y Steinberg citado por Merino (2004), define como aquellos
padres que generalmente no imponen reglas y tampoco indican los límites, la comunicación
es poco asertiva, evitan los castigos.

Padre Negligentes:
Estos padres carecen del compromiso necesario para con sus hijos y la supervisión está
ausente. Según Diana Baumrind. (1971), citado por Flinn (2013). Así mismo Darling y
Steinberg citado por Merino (2004). sostiene el poco compromiso con su rol de padres y
evidencian un nivel bajo de exigencia y afectividad hacia sus hijos.

TEORÍA SISTÉMICA DE LA DINÁMICA FAMILIAR

Siguiendo a Minuchin & Fishman (1985), la estructura de la familia es un conjunto de


demandas invisibles funcionales que organizan los modos de interacción; pero la dinámica
familiar se expresa en términos contrarios, en el sentido que ésta última no

es estática, sino movediza y variable. En este sentido, la dinámica interna no es lo mismo que
estructura familiar. La idea de dinámica familiar, para efectos de esta cartilla, se sostiene en
el constante cambio que usa la familia para irse acomodando a las diversas dificultades que
afronta. Es decir, no siempre aparece la misma respuesta ante la adversidad, sino que se
inventa cada mecanismo en particular, para cada situación vivida.

El estudio de la Dinámica Familiar es importante para entender cómo funciona cada familia
y así poder planificar mejor una atención integral. La Dinámica Familiar son las relaciones
entre los integrantes de la familia. Estas relaciones son cambiantes y están sujetas a diversas
influencias las cuales pueden ser internas o externas. Las influencias internas están dadas por
cada uno de los integrantes que conforman la familia nuclear. Las influencias externas las
generan otras familias que pueden tener influencias, así como otros factores económicos,
políticos, la sociedad, la cultura, entre otros. (Ballenato 2008).

Puede notarse entonces que en la dinámica de una familia influyen los valores y pautas de
conducta que son presentados, especialmente, por los padres, los cuales van conformando un
modelo de vida para sus hijos enseñando normas, costumbres, valores que contribuyan en la
madurez y autonomía de sus hijos. Influyen de sobremanera en este espacio la religión, las
buenas costumbres y la moral en cada uno de los integrantes más pequeños. Por ello, los
adultos cercanos y los padres son modelos a seguir en lo que dicen y en lo que hacen La clave
para la sanidad familiar, es la capacidad de cada miembro para adaptarse a los cambios en
sus contextos y reconocerlos como positivos. Cada familia define su estilo de vida propio, su
dinámica en relación con sus integrantes, existen familias que se comunican con agresividad,
gritando, descalificando o descalificándose, insultando, golpeando, violentando los
contactos, creyéndose mejores o peores, clasificando, diagnosticando, evadiéndose.

1. Tipos de Comunicación

Según Martí (2008), existen dos tipos de comunicación familiar que

abarcan otros, los cuales son:

a) Comunicación verbal

La cual se centra en “lo que se dice”. Se realiza continuamente y consiste básicamente en


hablar. Proporciona al otro un conocimiento exacto de lo que se quiere decir, aunque tal
conocimiento es puramente intelectual, y muchas veces le falta “algo” para establecer una
verdadera relación interpersonal.

b) Comunicación no-verbal

Es más variada, (tono de voz, gestos, postura, el mismo silencio cuando se decide no
comunicarse, la enfermedad, el lenguaje sintomático, la agresividad). En definitiva, se centra
en lo que se dice con gestos o lenguaje corporal. Su base está en lo aprendido en las etapas
preverbales de la maduración (antes de aprender a hablar), cuando aprendemos de nuestros
padres inflexiones de voz, tono, ritmo, contacto de las manos, movimientos del rostro,
expresión, ruidos. Es una comunicación un poco más confusa que la verbal, por lo que
necesita una traducción según el contexto en que se dé.

2. Estilos de la Comunicación

Según Ballenato (2008), los padres pueden manifestar diferentes estilos en la forma de
comunicarse con sus hijos, dentro de estos se encuentran:

a) Estilo pasivo, sumiso o inhibido

Los padres se muestran incapaces de hacer valer sus deseos y sus opiniones frente al hijo.
Muestran una actitud claramente defensiva y de autoconcentración. Se sienten inseguros en
su papel y deciden callarse, aguantar, adaptarse y ceder a la más mínima presión por parte
del hijo. En ocasiones, piensan que si anteponen sus criterios a los del hijo pueden
traumatizarle o llegar a ser rechazados por éste. Se guardan sus opiniones o, como mucho,
llegan a expresarlas con timidez, con excesiva laxitud, sin decisión ni convicción, con un
tono de voz generalmente bajo. A la hora de educar y de abordar las naturales diferencias de
opinión en el seno de la familia, esta forma de comunicarse genera frustración, ansiedad, baja
autoestima, así como sentimientos de culpa y auto-desprecio en el padre.

Éste vive un conflicto personal interior y se siente incapaz de controlar o dirigir la situación
con arreglo a sus deseos. Por ello, normalmente tiende al retraimiento, a protegerse, a evitar
las discusiones, y acaba sometido al hijo, acatando los dictados de éste, que termina por hacer
su voluntad y salirse con la suya. En algún caso puntual su

inhibición se puede transformar en cólera, explotando cuando alguna pequeña gota termina
de colmar el vaso, con el consiguiente sentimiento de culpabilidad. Los hijos se pueden sentir
superiores ante el comportamiento de sus padres, pero también culpables. Desearían ver una
mayor autoconfianza en sus padres.

b) Estilo agresivo, dominante, impositivo

Los padres intentan imponer sus criterios a los hijos sin tener en cuenta la opinión de éstos.
El padre dominante sobrevalora y atiende, casi en exclusiva, sus propias opiniones, deseos y
sentimientos, pero, a la vez, desoye, rechaza, desprecia o resta importancia a los de sus hijos.
La balanza queda desequilibrada a su favor. Las decisiones se toman de forma unilateral. Su
discurso suele estar plagado de advertencias, amenazas, obligaciones. Se trata de mandatos
y dictados que hay que cumplir y sobre los que no se plantea posibilidad de discusión. El
planteamiento del contenido suele ser en negativo, sobre lo que no se debe hacer o decir.
Pretende informar, sin intención alguna de argumentar o debatir sobre el tema en cuestión.
El resultado es una especie de monólogo exigente y en

ocasiones culpabilizado.

c) Estilo asertivo, auto afirmativo, dialogante

El padre no se inhibe a la hora de manifestar sus opiniones, ni intenta imponer sus criterios
de forma autoritaria, como ocurría en los dos estilos anteriores, respectivamente. La
asertividad es la capacidad de defender activamente nuestros derechos sin violar los de los
demás y permite que todos expresen abierta y directamente sus ideas. Las ideas se defienden,
las opiniones se razonan y las normas se argumentan, sin apelar al sometimiento ni provocar
rechazo. Las opiniones y razones del hijo también son consideradas como importantes y
legítimas, son escuchadas y tenidas en cuenta. Es una comunicación que se construye con la
intervención de las dos partes. Resulta especialmente útil para analizar juntos las cuestiones,
prevenir conflictos futuros, negociar, resolver las dificultades, buscar alternativas, encontrar
posibilidades.
La Familia como un Sistema:

Para hablar de la familia como sistema, debemos definir qué es un sistema, este es un
conjunto de elementos en interacción dinámica en el que el estado de cada elemento está
determinado por el estado de cada uno de los demás que lo configuran; es por ello que la
familia es considerada como un sistema, ya que dentro de esta cada miembro del sistema
influye sobre los demás, porque la familia se halla dentro de una dinámica interconectada por
medio de pautas de interacción. Por lo que si un miembro de la familia o subsistema, no
funciona adecuadamente, se presentan síntomas por la disfunción del sistema familiar y
probablemente estos se desplacen hacia uno o más de los integrantes de la familia, lo que se
conoce como la búsqueda del chivo expiatorio. Desde la teoría sistémica la familia es un
sistema abierto, es decir que intercambia energía y / o información con su entorno, por lo
tanto la familia modifica lo que le rodea y viceversa. Es así como dicha institución puede ser
influida por la situación económica del país, la cultura, la política y así mismo la forma en
que este sistema se adapte a esos aspectos también determinará la situación del país o entorno.
Se considera a la familia como una institución social porque refuerza un sistema de normas
sociales que rigen el comportamiento de los miembros de la misma. Según Angela Hernández
por ello a los miembros de la familia les corresponde garantizar:

1) El adecuado funcionamiento biológico de los individuos de la sociedad.

2) La reproducción de sus miembros.

3) Su adecuada socialización.

4) La provisión y distribución de los bienes y servicios.

5) El mantenimiento del orden dentro del grupo y en su relación con el resto del sistema
social.
6) La definición del sentido de la vida y la motivación para preservar la supervivencia
individual y del grupo. La familia es un sistema social, dinámico que está dirigido hacia
metas y es autorregulado, es decir que esta institución tiene fines que están dirigidos para
procurar una “mejor sociedad” y se autorregula, ya que tiene sus propias reglas. Es un sistema
dinámico y social porque entre sus miembros las interrelaciones e interacciones se establecen
en función de parentesco y afinidad, y bajo parámetros socio – culturales. La cultura que le
rodea a la familia es muy importante porque está influye en los valores sociales, religiosos y
políticos que adopte dicho grupo, determinando la manera de relacionarse, y las posturas
políticas y religiosas de la familia. Es decir, la familia es una construcción cultural, porque
el medio cultural influye en ella, pero tenemos que considerar que la familia también reforma
la cultura, la tradición, y puede cambiar la sociedad, ya que esta institución, a través del diario
vivir puede modificar su forma de relacionarse, sus rituales y festividades que determinan su
identidad. La familia también se conoce como un sistema comunicacional, en donde la
conducta de cada miembro está en relación con la conducta de los demás, y depende de ella.
Ya que cada conducta personal da pie a otra conducta reactiva en cada integrante de la
familia. El intercambio de conductas es la comunicación humana y el lenguaje utilizado
puede ser verbal o no verbal. La comunicación dentro de la familia es circular porque se da
dentro de un circuito de retroalimentaciones a partir de la interacción. La enfermedad no es
un hecho individual sino el resultado de las interacciones patológicas entre los miembros de
la familia o con el ambiente social y ecológico.

Por lo cual se manifiesta que: La enfermedad como la salud es un hecho familiar (social). El
portador del síntoma no es necesariamente “el enfermo” o “el problemático. HERNANDEZ,
Angela, Familia, ciclo vital y psicoterapia sistémica Breve, Editorial El Búho, Santafé Bogotá
- Colombia, 1998. Tomado de Collins, 1987, p. 14. 17 DIAZ, Rubén y otros, Salud familiar
en el modelo de atención, Frente social – Banco Mundial Ministerio de Salud Pública PPF –
Componente Salud. El estilo comunicacional varia de familia a familia, siendo que cada una
tendrá un estilo propio que va influyendo en la conducta de los integrantes de la misma. Este
sistema también posee una estructuración única tanto de género como de generación que lo
hace distinto de otros sistemas sociales, además está estructuralmente constituido por
subsistemas que tienen diversas formas de jerarquización entre ellos. En los diferentes
subsistemas existen límites que tienen como objetivo el proteger la diferenciación del sistema
y facilitar la integración de sus miembros en él. En el sistema familiar se presentan los
siguientes subsistemas: el conyugal, el parental y el filial, en donde el primero se refiere a la
relación de pareja, el segundo a la relación de pareja tras el nacimiento de los hijos y el filial
que son las relaciones entre hermanos.

La comunicación dentro de la familia es circular porque se da dentro de un circuito de


retroalimentaciones a partir de la interacción. La enfermedad no es un hecho individual sino
el resultado de las interacciones patológicas entre los miembros de la familia o con el
ambiente social y ecológico. Por lo cual se manifiesta que: La enfermedad como la salud es
un hecho familiar (social). El portador del síntoma no es necesariamente “el enfermo” o “el
problemático.

3. Tipos de Familia:
a) La familia funcional

La familia funcional se la entiende como aquella en la cual las relaciones y las dinámicas son
sanas, es decir, armónicas; puesto que en todo hogar siempre habrá conflictos, estás familias
pueden llegar a la resolución de sus conflictos en armonía a través de su forma de llevar sus
relaciones y dinámicas. En la familia funcional los roles están claros los padres actúan como
padres y los hijos como tales, siendo este punto muy importante, ya que en muchos hogares
no se presenta está asimilación de los papeles, muchos padres no cumplen con sus funciones
y los hijos terminan ejerciendo las funciones de padres con sus hermanos. En este tipo de
familia existe una clara jerarquía, ambos padres mantienen la autoridad sobre el subsistema
fraterno, entre los padres no hay desautorización sobre los hijos, los problemas se manejan
claramente, no hay conflictos por el poder en la crianza de los hijos. Los límites y reglas en
el hogar son claros, legítimos y negociables según avance el proceso de crecimiento de los
hijos, en el hogar funcional los hijos y los padres saben como deben comportarse, el control
de la conducta es flexible. Las crisis del ciclo vital que se presentan son resueltos a tiempo y
eficazmente, saben como adaptarse a los cambios y aprenden de ellos.

La familia funcional según Virginia Satir es denominada como la familia “nutridora”, en


estas familias menciona la autora que existe sinceridad, vitalidad, respeto, amor, escucha,
consideración, afecto, cariño, sentido común, madurez, valoración; estas en entre otras
características son de la familia funcional a la cual todos quisiéramos pertenecer. Según
virginia Satir podemos reconocer una familia nutridora porque en ella los miembros se
escuchan unos a otros, sus diálogos son directos; se aceptan las diferencias, los desacuerdos
y los errores de cada integrante con juicio crítico, se promueve la individualidad fructífera y
la madurez, los planes se logran en conjunto, existe la honestidad y el respeto, se ven a la
cara y a los ojos entre ellos, hablan con voz clara y sonora, hay fluidez y armonía en la
dinámica familiar, hasta los hijos pequeños se muestran espontáneos y amables, los niños
son tomados en cuenta como personas (sus opiniones cuentan en las decisiones familiares).
Virginia Satir refiere: El hogar donde viven está lleno de luz y color. Definitivamente, es un
lugar donde habita la gente, planeado para su solaz y esparcimiento, y no únicamente para
cubrir las apariencias.

b) La familia disfuncional

En cuanto a la familia disfuncional podemos decir que es una familia ineficiente,


problemática, que no funcionará bien, porque no sustenta, no escucha, no incentiva, critica y
manipula y por lo tanto es una familia que no realizará sus objetivos y funciones SATIR,
Virginia, Op.Cit, p. 18. Los integrantes de una familia disfuncional, generalmente son
personas psicológicamente rígidas, exigentes, críticas y desalentadoras; que no pueden, no
quieren, o no saben reforzar y recompensar cálidamente los logros paulatinos de los niños y
premiar sus esfuerzos, si este se comporta bien. Seres que piensan, rígida y equivocadamente,
que es deber del propio niño cumplir correctamente y a tiempo todas sus operaciones. Los
padres se sienten presionados con sus hijos al no saber como criarlos, se encuentran en
momento lleno de ansiedad, desasosiego y exigencias hacia sí mismos y hacia el propio niño
para que cumpla su desarrollo de acuerdo a lo que los padres esperan y no de acuerdo al ritmo
natural evolutivo propio. Primeramente a lo contrario de lo que habíamos hablado de la
familia funcional, en la familia disfuncional los miembros de la familia se encuentran con la
incapacidad de concientizar y reconocer las necesidades emocionales de los otros, cada uno
ve por sí mismo, aunque en un momento dado los padres tengan el deseo de encargarse y
proteger a sus hijo, no saben o no entienden claramente cómo hacerlo en una forma natural
y espontánea, no tienen claras sus funciones y roles. Muchos padres sobre exigen a sus hijos
con el anhelo de que se han los mejores, y siendo está presión tan intensa e interna para los
hijos, estos empiezan a tener conflictos, y los padres en su desesperación de que no rinden
como quieren se vuelven castigadores, empezando los maltratos físicos y psicológicos que
dañan profundamente la psiquis del niño o joven. Que lo confunden, lo angustian y lo
atemorizan. Porque el niño o joven necesita oír a su alrededor voces acogedoras, tiernas y
tranquilas. La comunicación en la familia disfuncional no es adecuada, puesto que los
miembros de la misma son rígidos, cada uno trata de imponerse ante el otro sin escucharse,
destruyen la comunicación natural y espontánea, anulando su desarrollo como personas, ya
que estos patrones de comunicación que están aprendiendo, no ayudan en absoluto a los
miembros de la familia a adaptase de la mejor manera al mundo social

Cuando hablamos de la familia disfuncional no encontramos con que estas no cuentan con
las herramientas necesarias para saber discutir de una manera abierta y natural, entonces los
problemas que se presentan y aquejan al grupo familiar, se vuelven recurrentes, por lo tanto
se presenta el mecanismo de negación, que los lleva a hacer de cuenta de que nada a pasado
y ocultan los problemas, y lo peor que nos los trabajan, lo que lleva a que los hijo no puedan
aprender de sus errores y de los demás. En este tipo de familia se presenta un sentimiento de
fracaso en los padres pues piensan y sienten que sus funciones y trabajo como padres no es
bueno, y esto les lleva aún estado de angustia y vacío interior, lo cual en mucho casos los
lleva al consumo de pastillas (tranquilizantes, antidepresivos, ansiolíticos, etc), alcohol o
drogas, pero hay que tomar en cuenta que muchas personas llevaban ya una adicción antes
de la conformación de la familia, los padres en ocasiones también entran en comportamientos
adictivos como: el trabajo excesivo, el comer en exceso, o la actividad sexual promiscua;
para negar o evitar los problemas familiares, más esto sólo agrava el problema. Cuando el
vacío de los padres es mayor, se produce un distanciamiento anormal y esto provoca un
abandono hacia niño/a/os/as, en cuanto a sus necesidades afectivas, de aprendizaje, etc. La
familia se quiebra y se descompone y se pierden los objetivos vitales de la misma, se vive en
una constante crisis. Dentro de una familia disfuncional se produce una inversión de roles los
padres se comportan como niños y los hijos reciben exigencias de los padres que no les
competen, llegando así de este modo los niños a sentirse culpables por los conflictos de la
familia y por las responsabilidades de la familia, (se presenta una parentificación). Es decir,
existe una confusión y desorden de los roles individuales. En estos casos los niños pierden
su niñez su época de juego, de inocencia, de creatividad, de transparencia, de espontaneidad,
puesto que les ha tocado asumir responsabilidades y roles que no les corresponde ( los de los
padres), los hijos se han criado desarrollando actitudes de culpabilidad para sí mismos, que
no les corresponde, además presentan sentimiento fracaso, resentimiento, sensación de
ridiculez, depresión, auto-devaluación e inseguridad ante el mundo social que les rodea. Más
Virginia Satir refiere: 53 Estoy convencida de que cualquier familia conflictiva puede
volverse nutridora. La mayoría de los factores que originan los conflictos en estas familias,
se aprende después de nacer. Puesto que se aprenden, pueden también desaprenderse: y
nuevos factores pueden ser aprendidos en su lugar. La cuestión es ¿cómo?.34 Para la autora
el primer paso es reconocer que la familia es conflictiva, es decir, disfuncional, como segundo
punto los miembros de la familia deben tener la certeza de que las cosas pueden cambiar, y
como último punto Satir nos dice que los integrantes de la familia deben optar por alguna
medida para promover el proceso de cambio. Familia multiproblemática Adicionalmente,
cabe señalar que se presenta otro tipo de familia, muy ligada a la realidad latinoamericana
que es la familia multiproblemática. El concepto de Familia Multiproblemática es bastante
reciente aparece por los años cincuenta por profesionales e investigadores (trabajadores
sociales) de los países anglosajones. En un inicio el término hacia énfasis a familias de una
de clase baja (pobre), más que a las relaciones interpersonales y sociales de los miembros.

4. Funciones del sistema familiar

La familia como la principal institución de la sociedad le corresponde cumplir con varias


funciones, para lograr el mejor desempeño de los integrantes de la misma como seres
humanos y ciudadanos. Pedro Castro refiere: Es necesario subrayar que las funciones se
expresan en las actividades de la familia y en las relaciones concretas que se establecen entre
sus miembro, asociadas también a diferentes vínculos y relaciones extrafamiliares. Pero a la
vez se vivencian en la subjetividad de sus integrantes, al conformar las representaciones y las
regulaciones cuya riqueza psicológica es notable. Resulta evidente que dichas funciones no
las desempeña cada familia como se les ocurre, sino que están socialmente condicionadas, y
se transforman a lo largo de la historia como reflejo de cambio social. 41 Entre las funciones
tenemos: Que la familia deberá satisfacer las necesidades afectivas de cada integrante de la
misma, es decir, cada integrante independiente de la edad o el rol que posea, tendrá que dar
y recibir expresiones de afecto, puesto que las cuales son muy importantes para el bienestar
de todos. Los padres tienen la responsabilidad de procurar patrones positivos a nivel de las
relaciones interpersonales, porque los niños aprenden de todo lo que está a su alrededor, y
mientras van creciendo van reproduciendo aquellos patrones relacionales en los cuales
estuvieron inmersos o a su vez solo observaron. Los integrantes de la familia deben procurar
que todos tengan una adecuada salud física, los padres por lo general cuando los hijos son
pequeños ponen más énfasis en este aspecto, pero, este debe ser siempre tomado en cuenta
mientras los hijos se hallan dependientes de la familia. Este punto se invierte cuando los
padres envejecen, los hijos son los que toman el cuidado de la salud física de los padres. La
familia debe permitir que los miembros de la misma logren un desarrollo adecuado de su
identidad individual, respetando sus ideas, espacios, intereses, etc. Dentro de la familia se
deberá promover procesos de socialización, porque vivimos en un mundo social en el cual es
importante saber desenvolverse entre las personas, saber llevar las relaciones interpersonales
de la mejor manera es importante para una buena inserción en nuestra sociedad. Una función
de los padres es la favorecer para sus hijos patrones adecuados de psicosexualidad, además
hablar sobre lo referente a sexualidad a sus hijos para que estén prevenidos de cualquier
intento de abuso sexual. La institución familiar deberá estimular el aprendizaje y la
creatividad de los integrantes de la mima, puesto que el conocimiento y la creatividad son
herramientas fundamentales para todas las personas, ya que sirven en la vida de las personas
tanto a nivel laboral como social. La familia tiene una función económica para satisfacer las
necesidades de techo, comida, ropa, y educación de los miembros de la familia.

5. El rol de chivo expiatorio

Para hablar del rol del chivo expiatorio es necesario sumergirnos un poco en la historia para
dar una explicación del origen del término. Primeramente, el chivo es el macho joven de la
cabra, mientras que "expiar" se entiende como la acción de purificarse de las culpas por
medio de algún sacrificio. El aparecimiento del término de chivo expiatorio es antiguo,
siendo que sus orígenes provienen de un ritual antiguo religioso del pueblo de Israel para el
cual se escogían dos chivos, en estas ceremonias religiosas el objetivo era transferir las culpas
del pueblo a un animal (especialmente el chivo). Mediante el azar se elegía uno para entregar
a la figura de Yaveh (Dios), que era sacrificado por el sacerdote durante el rito; el otro era
cargado con todas las culpas del pueblo judío, y entregado a Azazel (el demonio). Este
último, conocido como chivo expiatorio, era abandonado en mitad del desierto, acompañado
de insultos y pedradas. Existían prácticas similares en otros cultos religiosos, pero era un ser
humano quien era escogido como receptor de la culpa desplazada.

En la actualidad se utiliza la expresión para denominar a aquél que ha pagado las culpas de
la gran mayoría, librando a estos de represalias, o al que se le atribuye este papel por razones
ulteriores en el discurso político o social. El chivo expiatorio es un fenómeno universal, que
trasciende niveles económicos, culturas y razas. Lo encontramos en las familias, en las
escuelas, en las instituciones de trabajo, etc. Según la psicología grupal el chivo expiatorio,
es la persona que asume el rol que es asignado por el grupo, de ser el depositario de todo
aspecto negativo del grupo. Es el que carga con la culpa colectiva. Desde la perspectiva
sistémica se toma en cuenta la metáfora del chivo expiatorio, porque a través de esta se hace
evidente que por lo general a la persona a quien se le designa el rol de chivo expiatorio es un
hijo, y ello se presenta porque los padres tratan de resolver sus conflictos entre ellos buscando
o exagerando los problemas en otro integrante del sistema familiar. Por esa situación los hijos
terminan asumiendo los conflictos de los padres como propios, porque los padres no
enfrentan directamente sus problemas entre sí.

La necesidad de chivos expiatorios (víctimas o paciente identificado dentro del sistema


familiar) parece nacer especialmente en personas inclinadas a adoptar actitudes punitivas
hacia otros y que se sienten trastornados por una sensación de culpa y disgusto consigo
mismos, que ellos mismos desconocen. La familia constituye una integridad, no se reduce a
la suma de sus integrantes, es por ello que la salud familiar es una síntesis diferente de la
salud individual, aunque la incluye. Para mantener la salud dentro de la familia es necesario
la salud individual de sus integrantes, un funcionamiento adecuado del grupo en el nivel de
interacción (conductas – comunicación) y la capacidad para enfrentar crisis, tanto las propias
del ciclo vital de la familia (crisis normativas), como las que son producto de eventos
accidentales (terremotos, etc).

El chivo expiatorio o paciente identificado es el portador del síntoma del sistema familiar, y
es identificado por la familia como la fuente de sus problemas, acepta esa designación de la
familia (asume su rol como chivo expiatorio) y, a través de sus síntomas, también refleja la
disfunción de la familia como un todo, y mantiene a la familia dentro de un proceso de
homeostasis, donde se mantiene la dinámica y comunicación relacional de los miembros de
la familia de la misma manera, impidiendo que se den procesos de morfogénesis (ingreso de
cambios, retroalimentaciones positivas, en los momentos de crisis familiar a través de
cambios en su dinámica, forma de relacionarse y en la manera de comunicarse), ya que todo
está dado para que se mantenga igual y los padres no asuman sus problemas y no se pueda
producir un cambio nutritivo a la familia (morfogénesis) ante los conflictos o crisis.