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Introducción

El presente trabajo tiene por objetivo mostrar la vida y obra de uno de los pensadores
más influyentes de la época moderna, cuyo legado filosófico, cultural y económico ha
sido capaz de perdurar los azotes del tiempo y la transformación del escenario político
y social internacional. En primera instancia, se mostrará un breve recuento de los
episodios más destacables en la vida de este intelectual, destacando la publicación de
las obras de mayor trascendencia en su legado.
Posteriormente se analizará críticamente el contexto histórico, político, económico y
cultural en el cual transcurrió la vida del pensador, con el motivo de comprender a
profundidad los factores que influyeron, en gran medida, en el desarrollo de su
pensamiento histórico-materialista a través del cual fue capaz de realizar una dura
crítica al sistema político y económico vigente hoy en día.
Seguidamente, se explicará de forma resumida la corriente filosófica que enmarca el
pensamiento propio de este personaje, dilucidando los conceptos esenciales para la
completa comprensión de la obra del autor. Asimismo, se identificará su concepción
de educación y sus principales aportaciones a éste ámbito. En última instancia, se
reconocerá la importancia de sus obras y la repercusión de su legado en el contexto
contemporáneo.
Karl Marx

Karl Marx (1818-1883) nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris (Prusia) en el seno de


una familia de clase media y tradición judía. Asistió a una escuela con tendencia liberal
y humanista, por lo que recibió grandes influencias de ambas corrientes. En 1835,
acudió a la Universidad de Bonn, donde estudió Derecho debido a las presiones de
su padre.
Fue miembro de los jóvenes hegelianos, críticos de las obras del filósofo
alemán Hegel. En este grupo también estuvieron los hermanos Bauer y Ludwig
Feuerbach. En el caso de Bruno Bauer, Marx encontró un gran amigo y colega, al que
siempre acudiría cuando tuviera algún problema o duda sobre cualquier cuestión de la
época.
En 1842 se convirtió en redactor jefe de la Rheinische Zeitung, un diario de la oposición
formado por burgueses radicales. Ahí entró en contacto con los problemas económicos
y comenzó a conocer mejor el socialismo francés. Esto se produjo gracias a la lectura
de obras de Saint-Simon, Charles Fourier y Proudhon.
Además, desde su posición criticó a los gobiernos europeos y las medidas que
practicaban, pero también a los liberales y a algunos miembros del movimiento
socialista, a los que consideraba “anti-socialistas”.
Los artículos que publicaba el periódico atrajeron la atención de los censores del
gobierno prusiano, que decidieron clausurar y prohibir el medio. Karl Marx se había
trasladado a París tras contraer nupcias en 1843, pero la prohibición hizo que
publicase los llamados: “Deutsch-französische Jahrbücher” (Anuarios franco-
alemanes) en un único número en 1844.
El periodo que pasó en París (1843-1845) y el que pasó en Bruselas (1845-1848)
marcados por una intensa actividad política. En lugar de observar los acontecimientos
desde fuera, Marx multiplicó sus contactos con militantes obreros y con emigrantes
alemanes.
Pero lo más destacable y que sería clave para todos sus futuros trabajos fue la unión
que realizó con Friedrich Engels. Con él fundó la Sociedad de Obreros Alemanes de
Bruselas y estableció una red de correspondencia comunista para todos aquellos que
simpatizaran con sus ideas.
Engels y Marx se complementaban a la perfección y recibieron un encargo por parte
de la Liga de los Comunistas para redactar unas bases para su organización. Así
surgió el “Manifiesto del Partido Comunista”, una de las obras más importantes de
Marx y que se puede considerar como uno de los pilares del marxismo.
Estos años fueron en los que Marx matizó su conciencia filosófica y elaboró su teoría
del materialismo histórico. Se produjo una ruptura política y teórica con todas las
influencias que había recibido en el pasado y empezó a abogar por la expansión de
sus teorías comunistas a lo largo del continente.
El estallido de la Revolución de 1848 provocó que el filósofo alemán fuese expulsado
de Bélgica y pasó a vivir en Colonia. Allí emprendió un nuevo proyecto que consistía
en la refundación de su antiguo periódico, así que editó la llamada “Neue Rheinische
Zeitung”, una gaceta que recogía artículos destinados principalmente a la clase obrera
y que comulgaban con los postulados de Marx.
Este proyecto duró de junio de 1848 a mayo de 1849, ya que el intelectual volvió a ser
expulsado de nuevo en dos ocasiones: primero, de Alemania, lo que supuso el cierre
de su medio; y después, de Francia, así que Marx acabó por trasladarse
definitivamente al Reino Unido.
Llegó a Londres en 1849 para vivir al borde de la miseria. Pero aun así, no dejó de
trabajar y estudiar la economía. Fue entonces cuando concibió su obra más importante
y que sería la base del pensamiento marxista: “El Capital”.
Este escrito revolucionó la economía política, no sólo de la época, sino hasta nuestros
días, así como la filosofía. Además, mientras trabajaba en él, Marx desarrolló la
“Ciencia de la historia”, otro de los pilares de sus teorías.
En 1864, le invitaron a dirigir la Asociación General de los Obreros Alemanes. Aceptó
el cargo y tuvo el cometido de redactar la “Proclama inaugural” y los Estatutos de la I
Internacional. Estuvo en París durante la Comuna y dio de ella una gran interpretación
militante en “La guerra civil de Francia” (1871).
Más adelante, prosiguió con la redacción de “El capital”, mientras participaba de forma
activa en la definición de los programas de los partidos obreros alemán (“Crítica del
programa de Gotha”) y francés (“Consideraciones sobre el programa del Partido
Obrero Francés”).
Estuvo siempre en una confrontación constante por defender sus ideas, lo que le
permitió perfeccionar la teoría de lucha de clases y convencer al proletariado de la
necesidad de establecer su dictadura, a fin de conseguir la abolición de “la esclavitud
asalariada” que provocaba el Capitalismo.
Con el paso de los años, Marx contrajo varias enfermedades pulmonares que le
acabaron costando la vida el 14 de marzo de 1883

Contexto

Karl Marx vivió durante el siglo XIX, mejor conocido como el siglo de la Revolución
Industrial. Ésta se inició en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y desde allí se
extendió al resto del mundo. Esta Revolución se consumó en el desarrollo militar y la
expansión colonial que dio origen al Imperio Británico.

En el terreno económico, la Revolución Industrial consolidó el modo de producción


capitalista y dio lugar a una nueva división de clases sociales: la burguesía y el
proletariado. El objetivo de la clase dominante es la acumulación de capital y, para
ello, se sirve de una continua innovación tecnológica (la máquina de vapor o la
“Spinning Jenny” textil) y la explotación del proletariado. A medida que avanzó el siglo
se produjo una emigración masiva del campo a la ciudad pues las fábricas necesitaban
“ejércitos de obreros” y se fue reemplazando la mano de obra humana por las
máquinas.
En cuanto al contexto político del s. XIX, el espíritu de la Revolución Francesa, los
ideales de libertad, igualdad y fraternidad, es vencido por la presión de las monarquías
europeas y la derrota de Napoleón en Waterloo en 1814. En Francia se restaura la
monarquía con Luis XVIII. En 1815 el Congreso de Viena intenta volver al Antiguo
Régimen, con un monarca absoluto legitimado por la voluntad divina y la clásica
división de la sociedad en estamentos. Para ello se crea la Santa Alianza (Francia,
Prusia, Austria y Rusia). No es de extrañar los diversos estallidos revolucionarios -
1830, 1848, 1871- que intentan recuperar los valores liberales vislumbrados durante
la Revolución Francesa. La revolución de 1830 da el poder político a la burguesía que
ya tenía el poder económico. Las revoluciones de 1848 y 1871 suponen sendos
fracasos en las aspiraciones del proletariado para acceder al poder político.

En el plano científico, el s. XIX se caracteriza por el surgimiento de ciencias como la


sociología o la psicología y la idea de la evolución de las especies de Darwin.

En el terreno cultural a lo largo del siglo se desarrolla el movimiento cultural llamado


Romanticismo. Este hace frente a la verdad de la ciencia y busca la verdad en el arte.
Dentro la filosofía surgen, además del marxismo, el positivismo y el vitalismo. El
positivismo es una filosofía de la historia creada por Comte que confía en la ciencia
como guía para que la humanidad resuelva todos sus problemas. El vitalismo es su
antagonista: para Nietzsche la ciencia y la razón no son la respuesta al destino de la
humanidad sino las razones de su caída.

El pensamiento de Marx es el resultado un análisis crítico del socialismo utópico


francés, la filosofía alemana y el liberalismo económico

Corriente Filosófica (Marxismo)

Su filosofía se inspira en tres fuentes, principalmente: el idealismo alemán, la


economía clásica inglesa y el socialismo utópico. Su pensamiento es una praxis
revolucionaria dirigida a transformar la sociedad a partir de una teoría de la naturaleza
(materialismo dialéctico) y fundamentalmente de la historia (materialismo histórico). El
objetivo de Marx es ayudar al hombre concreto a emanciparse y a tener una vida
plenamente humana y justa. Para lograr esa meta elabora una ciencia que explique
los mecanismos y las leyes en las que se basa el desarrollo social.

En primer lugar parte de que el sujeto de la historia y el objetivo su la filosofía es el ser


humano real y concreto que se encuentra alienado. Este término, originario de Hegel
y también utilizado por Feuerbach, significa extrañamiento, sentirse otro, estar fuera
de sí. Frente a la tradición filosófica que definía al ser humano como un ser racional,
contemplativo, Marx considera que la actividad esencial que nos distingue de otras
especies es el trabajo. Producir consiste en actuar sobre la naturaleza y transformarla.
Gracias al trabajo el hombre satisface sus necesidades, vive y progresa. Además esta
actividad productiva es una actividad social y los objetos producidos son una huella o
proyección de lo que somos. Sin embargo, en la sociedad actual el hombre se
encuentra alienado, principalmente por el tipo de trabajo que realiza. En la sociedad
capitalista los trabajadores producen objetos sobre los que no tienen ningún poder y
que pasan a pertenecer al capitalista. Por otra parte, cuantos más objetos produzca,
más se empobrece el obrero: el capitalista aumenta sus beneficios (plusvalía) y su
poder para explotar y tratar al trabajador como una mercancía. El objeto producido se
convierte, pues, en algo ajeno y hostil, y el capitalista es también percibido como “otro”,
diferente. Como consecuencia el trabajador solo se siente en sí fuera del trabajo y en
el trabajo, fuera de sí. Además de la alienación económica hay otras que explican el
vacío y desgarramiento del ser humano: la alienación política (separación entre los
ciudadanos y el estado), social (división de clases) y religiosa. La alienación religiosa
es el testimonio de la miseria humana, un instrumento para adormecer su sufrimiento;
es el opio del pueblo que narcotiza las conciencias y que proyecta la salvación del
hombre en un mundo irreal. Al mismo tiempo la religión se transforma en una fuerza
social al servicio de la clase dominante contra los desposeídos para convencerles de
que su situación es natural y que el sufrimiento terrenal tendrá su recompensa en el
más allá. El núcleo del marxismo es el materialismo histórico. Esta teoría defiende una
interpretación dialéctica y materialista de la historia según la cual es el sistema de
producción de una sociedad lo que determina sus ideas (política, derecho, moralidad,
arte…). Los modos de producción (fuerzas productivas y relaciones de producción)
constituyen la infraestructura de una sociedad y sobre ella se levanta una determinada
superestructura. Por lo tanto, no es la conciencia del hombre lo que determina su ser,
sino su ser social (productivo) lo que determina su conciencia.

Además la historia avanza dialécticamente: dentro de un modo de producción (tesis)


surgen tensiones, contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de
producción (antítesis) que traerán consigo un nuevo modo de producción (síntesis). El
motor de la historia ha sido la lucha de clases entre dominantes y dominados y en cada
fase histórica los explotadores utilizan la superestructura ideológica (política, religión,
filosofía, ciencia…) para presentar una visión falsa e ilusoria de la realidad que justifica
sus privilegios y oculta la verdadera situación social de los hombres.

En la economía capitalista se ha agudizado la desigualdad social; el trabajador es


tratado como una mercancía, se le paga un salario inferior al trabajo realizado y ese
dinero que se le estafa es lo que genera la plusvalía o beneficio para el capitalista. La
tensión entre capitalista y asalariados desembocará en la revolución del proletariado.
Por otra parte, el exceso de producción para aumentar los beneficios saturará el
mercado y, junto con la progresiva pauperización de los obreros, llevará al colapso del
propio sistema capitalista. Según Marx el proceso revolucionario tiene que pasar por
tres etapas: Dictadura del proletariado (para controlar el estado y apropiarse de los
medios de producción), socialismo (abolición progresiva de la propiedad privada) y
comunismo, como sociedad sin clases en la que finalmente se suprima toda alienación
y haga posible la realización del ser humano
Bibliografía

Gemkow, H. (1975) “Carlos Marx, Biografía completa”. Buenos Aires. Cartago