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¿Cómo argumentar?

Afirmaciones que apoyan afirmaciones


Vamos a trabajar con una primera definición: argumentar es una práctica que consiste en
dar una serie de afirmaciones para apoyar otra afirmación, cuya aceptación genera ciertas
dudas. Tales dudas pueden ser de quien argumenta o también, ajenas. Por estas razones, esta
práctica supone, en ocasiones, la existencia de un contexto de discusión o diálogo
argumentativo. Es decir, al argumentar, intentamos resolver nuestros conflictos de opinión.

Así, cuando argumentamos intentamos producir convencimiento en quien nos escucha, o sea,
que acepte la afirmación sobre la que se argumenta. Fundamentalmente, argumentamos para
solucionar nuestras disputas por medios racionales. Es cierto que, en el transcurso de una
discusión, los participantes tratan de imponer su posición. Sin embargo, tal imposición no puede
darse a cualquier costo y, sobre todo, no debe imponerse por la fuerza. Se imponen solo
aquellas afirmaciones que resulten aceptables luego de haber sido sometidas a una discusión.

Además, esta discusión debe realizarse mediante procedimientos que garanticen que la
aceptación sea fruto del apoyo brindado por otras afirmaciones ya aceptadas

Una práctica con reglas


Ya tenemos elementos para realizar una definición más compleja de argumentación que,
además, indica algo sobre el procedimiento: argumentar es una práctica que debe ser
efectuada de tal manera que se garantice que las razones que ofrecemos para aceptar
algo sean el elemento principal de esa aceptación.

¿Qué es lo que garantiza que cuando argumentamos estamos cumpliendo con este deber
racional? Lo que nos da tal garantía es el seguimiento de reglas. Podemos argumentar bien o
mal. Lo que delimita esta frontera es el cumplimiento de ciertas normas.

De esta manera, las normas que regulan la discusión racional tendrán que ver, al menos, con
dos aspectos diferentes de esta práctica.

Por una parte, tendremos que cumplir reglas que sirvan estrictamente para garantizar la obtención de
razones que respalden una afirmación a partir de otras afirmaciones. Estas normas se denominan
habitualmente reglas de inferencia. Estas reglas dicen qué debemos inferir a partir de las afirmaciones
de las que partimos.

Los productos de las prácticas argumentativas se llaman razonamientos. En un razonamiento,


a la afirmación que se desprende de otras afirmaciones se la llama conclusión. A las
afirmaciones que brindan apoyo a la conclusión se las llama premisas. Todo razonamiento
tiene una única conclusión y puede tener una o varias premisas. Cumplir con las reglas de
inferencia nos permite asegurar que el apoyo de las premisas respecto de la conclusión sea
efectuado de manera legítima.

Por otra parte, tendremos que seguir reglas respecto de los procedimientos discursivos
efectuados en el transcurso de la discusión. Reglas que, por ejemplo, indiquen qué posibilidades
de intervención tiene cada participante en el proceso de la argumentación. Normalmente se
denominan reglas procedimentales a las normas que rigen tal práctica. Estas reglas indican
los roles de quien sostiene la afirmación a debatir y la defiende, por un lado, y de quien se
opone o la ataca, por otro. Nos permiten establecer quién tiene el derecho a intervenir en la
discusión y quién no, y en qué momento alguno de los participantes de la discusión tiene la
obligación de defender con argumentos sus propuestas.
Argumentos y no argumentos
Lo que diferencia a los argumentos de otros relatos lingüísticos es la pretensión de que las
premisas den fundamento a la conclusión. Hay dos tipos de fundamentos: los concluyentes y
los parciales.

En los fundamentos concluyentes, la verdad de todas las premisas garantiza la verdad de la


conclusión. Estos son los argumentos deductivos. Los que cumplen con esta propiedad son
válidos; los que no la cumplen, inválidos.

En los fundamentos parciales, en cambio, las premisas brindan solamente un apoyo parcial a
la conclusión. Estos son los argumentos inductivos. Los argumentos inductivos en los que la
conclusión obtiene efectivamente este apoyo parcial son correctos; los que, en cambio, no
guardan relación entre premisas y conclusiones son incorrectos.

Actividad Argumentos en el bosque


1. Lean el siguiente texto.
Hansel y Gretel se internaron en el bosque con un destino preciso pero irrelevante para nuestros intereses.
Ellos quizá sean los mismos que protagonizaron el cuento que leíamos de chicos pero, de serlo, es obvio
que han cambiado. Parecen especialmente interesados en involucrarse en largas discusiones teóricas sobre
los temas más diversos. Quizá se internen en los bosques solo por ese motivo. Parecen creer que la
vegetación incentiva la agudeza filosófica. Echemos un vistazo a alguno de esos diálogos.

HANSEL: -Gretel.
GRETEL: -¿Qué, Hansel?
HANSEL: -¿Me permitís que te transmita una mala impresión?
GRETEL: -¿Cuál?
HANSEL: -Creo que nos perdimos.
GRETEL: -¡Ay, Hansel! ¿Cómo podés decirme que nos perdimos si no hacemos más que caminar hacia
adelante desde hace dos horas?
HANSEL: -Justamente. Hace dos horas que caminamos. Un gran roble presidió nuestra entrada al
bosque y caminamos derecho en la dirección que indicaba la más larga de sus ramas. Dos horas de
caminar pisando este suelo musgoso, sorteando espinillos y madrigueras, sintiendo el frío que trae la
proximidad de la noche. Caminamos, caminamos, caminamos y, finalmente, nos perdimos.
GRETEL: -Ese no es un argumento, estimado Hansel. Eso no es más que un cuento, un relato de
nuestras penurias, lo que yo te pido es una razón que sostenga tu afirmación de que estamos perdidos.
HANSEL: -Tal vez no sea un argumento, estimada Gretel. Pero sin duda el relato no deja de mostrar
que la que debe argumentar a favor de la idea de que no estamos perdidos sos vos.
GRETEL: -¿Por qué?
HANSEL: -Porque es obvio que si dos personas caminan durante dos horas por un bosque sin llegar a
ninguna parte entonces lo más probable es que esas personas estén perdidas.
GRETEL: -¿Y eso hace que sea yo la que tenga que dar razones a favor de lo contrario?
HANSEL: -Claro, lo más intuitivo es pensar que estamos perdidos. Entonces, ¡cómo voy a ser yo el que
tenga que argumentar!
GRETEL: -El camino a la ignorancia está lleno de buenas intuiciones, mi querido Hansel. Pero voy a
aceptar tu punto y te voy a dar un argumento en contra de la idea de que estamos perdidos.
HANSEL: -Soy todo oídos.
GRETEL: -Respondeme esta pregunta: en lo que respecta al carácter de estar o no perdido en un
bosque, ¿hay alguna diferencia entre alguien que caminó durante una hora y cincuenta minutos y otro
que caminó durante dos horas, si es que ninguno llegó a destino?
HANSEL: -No, no creo que eso haga diferencia.
GRETEL: -Y decime, ¿hace diez minutos habíamos llegado a alguna parte?
HANSEL: -No.
GRETEL: -Entonces, si hace diez minutos vos no creías que estuviéramos perdidos a pesar de no haber
llegado entonces a destino y, según admitiste, esa diferencia de tiempo no permite distinguir a alguien
que no se ha perdido de alguien que sí se ha perdido, entonces debés concluir que no estamos perdidos.
HANSEL: -¡¡¡Imposible!!!
GRETEL: -¿Por qué?
HANSEL: -Porque es obvio que estamos perdidos. Mirá lo oscuro que está.
GRETEL: -Pero si vos admitiste lo que admitiste al responderme las preguntas del modo en que lo
hiciste, debés admitir también la conclusión. No podés admitir esas afirmaciones y rechazar la otra.
HANSEL: -Mirá Gretel, yo puedo admitir lo que crea que debo admitir. Yo admito que hace frío,
porque lo siento, y no admito que estemos en la playa, porque aquí no hay ni arena, ni mar, ni gaviotas.
¿Qué problema hay en admitir algunas afirmaciones y otras no?
GRETEL: -Lo que ocurre es que algunas afirmaciones se desprenden de otras y si uno acepta las
segundas tiene que aceptar las primeras. Para eso se presentan argumentos, para convencer a alguien de
que debe cambiar de posición en virtud de otras posiciones que no está dispuesto a abandonar.
HANSEL: -Mirá Gretel, yo no sé ya qué es lo que debo o no debo abandonar, lo que sé es que es obvio
que estamos perdidos porque a esta hora de la noche, con esta oscuridad y en el medio de un bosque, no
se puede llegar a ningún lado. Y estar perdido no es otra cosa que eso, ser incapaz de llegar adonde uno
desea.
GRETEL: -Bueno, Hansel, te felicito.
HANSEL: -¿Por qué?
GRETEL: -Porque ahora sí me diste un argumento.

2. Repasen las distintas definiciones de lo que es un argumento, su función y sus diferencias


con el relato. Luego, lean nuevamente el diálogo de Hansel y Gretel y contesten las siguientes
preguntas:
¿Cuál es la diferencia entre un argumento y un relato? Revisen el diálogo: ¿les parece que Gretel tiene
razón cuando acusa a Hansel de que relata y no argumenta?
¿Por qué Hansel sostiene que Gretel tiene que argumentar primero? ¿Cuál es la razón que ofrece?
¿Qué función y qué forma determinadas tienen para Gretel los argumentos?
Identifiquen en qué lugar del texto se ofrece el principal argumento para demostrar que Hansel y Gretel
están perdidos en el bosque.