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DEL LATÍN AL CASTELLANO

Entre finales de la Antigüedad y la Edad Media el latín fue


experimentando la mayor parte de los cambios que terminaron
fragmentándolo en distintas lenguas romances, muy distintas ya del latín
clásico: entre otras, rumano, italiano, francés, catalán, galaico-portugués
y castellano.

Junto con los sonidos (evolución fonética) cambió a menudo el significado


(evolución semántica) de la palabra evolucionada, que a su vez sustituía a
otra (evolución léxica) que hasta entonces se había usado con ese
significado.

Por ejemplo, en latín clásico boda se decía nuptiae. Durante la celebración


de la boda, cada uno de los dos novios pronunciaba una frase en la que
expresaba unos deseos que al mismo tiempo se tomaban como promesas.
Cada una de esas frases se llamaba en latín vōtum, que significaba
propiamente “deseo o promesa pronunciados solemnemente”. Por eso en
castellano decimos voto (nupcial). El plural de vōtum era vōta, forma que
evolucionó a boda. Por metonimia, los votos pronunciados durante la
ceremonia dieron nombre a toda la ceremonia.

La palabra boda, que ha experimentado cambios fonéticos (t > d) e incluso


ortográficos (v > b), es un término patrimonial (o hereditario). Desde vōta
hasta boda no ha habido ninguna interrupción, sino una evolución de
siglos en boca del pueblo llano.

En cambio la palabra voto, que fue retomada del latín por escritores
cultos, no ha experimentado cambios fonéticos (t) ni ortográficos (v), sino
tan sólo una adaptación del final latino -um al castellano -o: votum → voto.
Estos términos retomados del latín sin cambios fonéticos sustanciales en
sus raíces se denominan cultismos. Además de voto, son cultismos
nupcias y nupcial, tomados de nuptiae.

Muchas palabras romances presentan sólo algunos de los cambios propios


de las patrimoniales, debido a que su evolución quedó frenada por la
presión que sobre ellas ejercía el modelo del latín clásico. Estas palabras
se llaman semicultismos. Se trata, por lo general, de términos usados en
ámbitos de la vida en los que el pueblo llano no solía tener parte activa,
como la educación, la política, la justicia y la religión.

Uno de estos semicultismos es regla, procedente del latín clásico rēgŭla. El


único cambio operado en esta palabra fue la síncopa (caída de vocal breve
átona interior), debido a que con ese significado fue usada sobre todo por
maestros, clérigos, juristas, secretarios y en general nobles más o menos
instruidos que a menudo escribían y hablaban en latín culto.

El pueblo llano, en cambio, desde hacía siglos había perdido el contacto


con el latín clásico y, por tanto, con el origen de cada palabra. En boca de
personas analfabetas, sin puntos de referencia ni personas que las
corrigieran, palabras como rēgŭla, tras pasar por el estadio regla,
continuaron pronunciándose “mal”, primero como *rella1 y finalmente
reja2. Y naturalmente, habituadas a los concreto más que a lo abstracto,
esas personas sólo emplearon la palabra rēgŭla con su sentido originario y
concreto: “barra de madera o metal”. La palabra evolucionada se usó para
designar la reja del arado, la barra de metal más importante para el
labrador.

Como veremos en multitud de ejemplos, a eso se reducía el mundo del


pueblo llano, a lo concreto, a lo palpable: las herramientas, el campo, la
naturaleza, las plantas, los animales, la aldea, el hogar. En definitiva, un
mundo muy sencillo, taciturno, muy pobre material y espiritualmente,
vulgar, carente de todo refinamiento. Mundo rural, agrícola, ganadero, que
tenía muchos puntos de contacto con el de la caza y la pesca, algunos con
el militar, muy pocos con el político, judicial y religioso, y casi ninguno
con el de la escuela.

Asociado a él, un vocabulario cotidiano reducido a tan sólo varios


centenares de palabras. Dentro de ese vocabulario rústico se produce la
mayor parte de los cambios semánticos (metonimias, metáforas,
extensiones, restricciones): campo, dehesa, muela, era, casa, calle, fuego,
hogar, caballo, labrar, pisar, podar, segar, ordeñar, madrugar, cargar,
mondar, sucio, hueco, diezmo, riendas, peso, cima, vello, hígado, cuesta,
pierna…

Los signos ˘ y ˉ indican, respectivamente, “vocal breve” y “vocal larga”:


ūnŭm contiene una u larga en la primera sílaba y una u breve en la
segunda.

En latín tardío se perdió la distinción entre breves y largas. De este modo,


en las vocales breves ĕ, ŏ, ĭ, ŭ el rasgo distintivo dejó de ser la cantidad y
pasó a ser la apertura: e, o, i, u. Así la palabra sŏlŭm (“suelo”) pasó a
pronunciarse solu, distinta de sōlŭm (“solo”) > solu.

El signo > indica “evoluciona a”: ūnŭm > uno (ūnŭm evoluciona a uno).

El signo < indica “procede de”: uno < ūnŭm (uno procede de ūnŭm).

1 Donde ll se pronunciaba /ʎ/, más tarde, por yeísmo medieval, /ʝ/.


2 Antiguamente pronunciada /ʃ/ y posteriormente /ç/.
El signo * indica “forma hipotética, reconstruida pero no documentada”:
caseum > *casio > caiso > queso.

Los sustantivos y adjetivos castellanos parten del acusativo latino, no del


nominativo: arte < artem (no < ars), negro < nĭgrŭm (no < nĭger), carne <
carnem (no < carō), plural casas < casās (no < casae), negros < nĭgrōs (no
nĭgrī).

PRINCIPALES CAMBIOS FONÉTICOS

1. La consonante m final enmudece: eram > era.


a. Excepción: en monosílabos -m > -n: tam > tan.

2. La consonante t final enmudece: erat > era.

3. La consonante c final enmudece: dīc > di.

4. La consonante d final enmudece: ad > a.

EXPLICA LA EVOLUCIÓN DE LAS SIGUIENTES PALABRAS CITANDO ENTRE PARÉNTESIS LA REGLA

EJEMPLO: avis, avis → ac. avem > ave (1)


pars, partis
navis, -is
cantat
cantabam
cūrant
sīc (adv. modo: “así”)

ĕt

5. La vocal i breve se abre en e: ĭn > en.


a. Se mantiene a veces en sílaba trabada por nasal: *pĭnctat > pinta.
b. La larga conserva su timbre si es tónica: nīdŭm > nido.

6. La vocal u breve se abre en o: sŭmŭs > somos.


a. Se conserva el timbre ante i y ante nct : fŭĭt > fue, pŭnctŭm > punto.
b. La larga conserva su timbre: lūnam > luna.

EXPLICA LA EVOLUCIÓN DE LAS SIGUIENTES PALABRAS, REGISTRANDO EN SU CASO LOS CULTISMOS

dīcĭt
cŭrrĭt

cūramŭs

mĭnŭs (adv.)

tŭrris, -is

dūrŭs

pīnŭs

pĭlŭs

trŭncŭs

cĭbŭs (“alimento”, “comida”)

quĭd

ĭllŭd

cŭm (prep.)

7. La vocal e breve tónica diptonga en ie : tĕnes > tienes.


a. Posteriormente el diptongo se deshizo ante ll: sĕlla > siella > silla.
b. La e larga no diptonga: cēram > cera.

8. La vocal o breve tónica diptonga en ue : nŏvem > nueve.


a. Excepciones ante nasal cerrando sílaba: mŏntem > monte (y no *muente).
b. La o larga no diptonga: dōnat > dona.

vĕnĭt

vĕnīmŭs

sĕntĭt

sĕntīmŭs

pĕrdĭt

mĕrda

dens, dĕntis

gŭbĕrnat (“pilota”, “maneja el timón”)

gŭbĕrnāmŭs
cŏrnŭ

pŏrta

nŏvŭs

pŏrtŭs

sŏrs, sŏrtis

mŏrs, mŏrtis

pons, pŏntis

ĕrrō

ĕrrant

ĕrrāmŭs

*hĕlmŭm (préstamo del germánico hĕlm)

mĕl

quī

9. El diptongo au monoptonga en o 3 : paucŭm > poco.

10. El diptongo oe monoptonga en e : poenam > pena.

11. El diptongo ae monoptonga en e, que, si es tónica, diptonga en ie:


caelŭm > celu > cielo.

aurŭm

causa

taurŭs

Maurī

quaerō

quaerĭt

quaerĕndō

3 A través de un estadio ou conservado en galaico-portugués: pouco.


12. La consonante oclusiva sorda p entre vocales o vocal y r sonoriza
en b : capram > cabra.

13. La consonante oclusiva sorda t entre vocales o vocal y r sonoriza


en d : tōtŭm > todo (cultismo: total).

14. La consonante oclusiva sorda c 4 entre vocales o vocal y r/l sonoriza


en g : amīcŭm > amigo.
a. Si la segunda vocal es palatal (i, e), la consonante c palataliza, es decir, se pronuncia
como /c/(y posteriormente /ts/ > /s/ o bien /θ/): dīcĭt > dice.

lŭpŭs

amātŭs

dīcō

sĕcat

sēcūrŭs

vīta

latrat

catēna

pater, patris

mater, matris

pūtret

lacŭs

mĕtŭs

rŏta

capĭt

aqua

ĕqua

15. La consonante oclusiva sonora b 5 entre vocales o vocal y r se


vuelve fricativa, confundiéndose con v 6; posteriormente, ambas
caen en algunos casos: sabūcŭm > saúco.

4 También cuando el fonema que representa (/k/) está escrito como ch o q : aquam > agua.
5 Fonema /b/, como en gamba.
6 Fonema /β/, como en lobo o en mover.
16. La consonante oclusiva sonora d entre vocales o vocal y r cae: rīdet
> ríe (cultismo: ridículo -a).

17. La consonante oclusiva sonora g entre vocales o vocal y r cae en


ciertas ocasiones: legāmŭs > leamos.

audīmŭs

cadĭt

crēdō

crēdĭt

ĭnteger, -grī (“intacto”)

laudat

audībat

rīvŭs (“arroyo”, “canal”)

aestīvŭm (tĕmpŭs “tiempo veraniego”)

vacīvŭs

18. La consonante geminada pp se reduce: cŭppam > copa.

19. La consonante geminada tt se reduce: mĭttō (“envío”) > meto (cultismos:


transmito, remito, emito).

20. La consonante geminada cc se reduce: sŭccŭrrĭt > socorre.

21. La consonante geminada mm se reduce: sŭmmĭttĭt > somete.

22. La consonante geminada ss se reduce: tŭssĭt > tose (cultismo: antit-tus-


ivo).

grŏssŭs

sŭpportamŭs

gŭtta

mŭccŭs
sĭccat

bŭcca

vacca

*rŏkko (préstamo del germánico)

23. En el grupo consonántico mb el segundo elemento se asimila al


primero; a partir de ahí, la nueva geminada se reduce: palŭmbam >
*palomma > paloma.

24. En el grupo consonántico pt el segundo elemento se asimila al


primero; a partir de ahí, la nueva geminada se reduce: aptō > *atto >
ato.

25. En los grupos consonántico ps y rs el segundo elemento se asimila


al primero; a partir de ahí, la nueva geminada se reduce: cŭrsŭm >
cosso > coso (cultismo: curso).

26. El grupo consonántico ns se simplifica perdiendo el primer


elemento: trans > tras (cultismos: transparente, translúcido).

27. El grupo consonántico sc ante e o i se simplifica perdiendo el primer


elemento: crēscĭt > crece.
a. Ante las demás vocales, el resultado es zc: crēsco > crezco.

sĕptem

mēnsa

tĕnsŭs

cŏnstant

pascĭt

scĭntĭlla

scēptrŭm

mŏnstra

ŭrsŭs

lŭmbŭs

ĭpse
captat

28. El grupo consonántico ks representado por la letra x se reduce ante


consonante a s a través de un estadio is: dĕxtram > diestra (cultismo:
ambidextro, -a).
a. El estadio is se conserva en el monosílabo seis < *sex.

29. El grupo consonántico ks representado por la letra x palataliza entre


vocales en j a través del mismo estadio is: dīxī > dije.

mĭxta

sĕxta

tĕxĭt

traxerŭnt

Alexander, Alexandri

30. Otros grupos consonánticos se redujeron en fecha temprana:


advocātum > *avogado > abogado, cognōscĭt > conōscĭt > conoce,
cĭnctŭm > cinto.

31. La semivocal inicial i ante vocal consonantiza en j, a veces en y:


Iŏvĭs > Jueves.

iūrat

iūstŭs

iŏcŭs

iam

iŭgŭm

iacet

iacēmŭs

planctŭs

32. Los grupos consonánticos iniciales cl, fl y pl palatalizan en ll 7:


plŭviam > lluvia (cultismos: pluvial, pluviómetro).

7 Es decir, el fonema /ʎ/ mencionado en la nota 1, posteriormente evolucionado a /ʝ/, por yeísmo
reciente.
33. El grupo li ante vocal palataliza en ll, que posteriormente, en sílaba
interior, evoluciona a j 8: aliŭm > ajo (cf. alioli < cat. allioli “ajo y aceite”).

34. Los grupos ti y ci ante vocal palatalizan en z 9: trīstĭtiam > tristeza.


a. En los cultismos, ti aparece como ci: patientia > paciencia.

dūrĭtia

malĭtia

pĭgrĭtia

consĭliŭm

aliēnŭs

plōrat

planŭs

clavis

flamma

35. El grupo di ante vocal palataliza tras (semi)consonante en z y tras


vocal en y: gaudiŭm > gozo.

adiūtō

pŏdiŭm

radiŭs “radio (de la rueda)”

36. El grupo ni ante vocal palataliza en ñ: Hĭspaniam > España.

37. La geminada nn palataliza en ñ: annŭm > año (cultismos: anual, anuario).

38. En el grupo consonántico mn, el primer elemento se asimila al


segundo y la nueva geminada nn palataliza en ñ: sŏmnŭm > *sonno >
sueño (cultismos: somnífero, somnoliento -a, insomne).

39. Los grupos consonánticos gn y nge/i palatalizaron en ñ 10: lĭgnŭm >


leño.

8Como se dijo en la nota 2, antiguamente pronunciada /ʃ/ y posteriormente /ç/.


9 El grupo ti palatalizó en el fonema /ts/ y ci en /c/, que posteriormente convergió con el anterior;
a partir de ahí, /ts/ > /s/ o bien /θ/): dīcĭt > dice.
canna

pannŭs

cŭnnŭs

damnŭm

praegnāta

sĭgnŭm, plural sĭgna

ĭnsĭgnia

tam magnŭs

tĭngĭt

40. El grupo consonántico ct, tras pasar por un estadio it conservado


ante consonante, palatalizó en ch: lĕctŭm > leito > lecho.11

41. El grupo consonántico lt, tras pasar por un estadio it conservado


ante consonante, palatalizó en ch: pŭltes > *puites > puches.12

ŏctō

tēctŭm

lŭcta

sŭspĕctat

nox, nŏctis

cŭltĕllŭs

bis cŏctŭs (“dos veces cocido”)

42. La consonante fricativa f se aspitó en h, sonido que posteriormente


enmudeció: fŭrnŭm > forno > horno.
a. Se conserva ante ue y ante r: frēnŭm > freno.

faba

10 El grupo -gn- través de un estadio -in- conservado actualmente en los dialectos del sur de Italia
(líinu). Esta yod impidió la apertura de ŭ: pŭgnŭm > *puinu > puño (en lugar de *poño).
11 La i del estadio intermedio ejerció un influjo de cierre en la vocal precedente, impidiendo su

diptongación: *liecho.
12 La i del estadio intermedio ejerció un influjo de cierre en la vocal precedente, impidiendo su

apertura: *poches.
farīna

fŏrmīca

facĭt

fūmŭs

fĕrĭt

fĕrvĭt

43. Ante s inicial seguida de consonante distinta de c + e/i 13 se


desarrolla una e (prótesis): scōpam > escoba.

stagnŭm

scūtŭm

spīna

spōnsŭs, -a (“prometido, -a”)

despōnsat

stat

schŏla

strĭctŭs

44. La e breve final experimenta apócope, es decir, enmudece: marĕ >


mar.

malĕ

bĕnĕ

rētĕ

cantārĕ

cantātĕ

īrĕ

ītĕ

13 En cuyo caso, como ya se vio en la regla 27, el grupo sc se reduce a c: scēptrŭm > cetro (y no
*escetro).
45. Tras el enmudecimiento de -m quedó una e (a veces o) final
expuesta a la apócope si le precedían c, d, l, r, n, s, t: pacem > pace >
paz.14

color, -ōris

crūdēlis

legālis

aetas, -ātis

hŏspes, -ĭtis

lux, lūcis

fex, fēcis

regālis

radix, radīcis

mēnsis

dōnŭm

dūrĭties

mŭltŭm bŏnŭm

46. Cuando la apócope deja en posición final la consonante ll, ésta pasa
a l: mīlle > mill > mil.

pĕllis

ĭllĕ (en este caso se parte del nom.)

vallis

47. Una vocal átona en sílaba interior (en su origen normalmente


breve: ĭ, ŭ, ŏ) siempre experimenta síncopa, es decir, enmudece:
asĭnŭm > asno.

sŏlĭdŭs

calĭdŭs

14 Cambio ortográfico: no *pac porque no se pronuncia /pak/.


nĕbŭla

fabŭla

delĭcātŭs (“fino”, “tierno”)

tĕmpŏrānŭs

pŏpŭlŭs

48. Después de la síncopa se origina un grupo consonántico que a


menudo termina alterado: cŭbĭtŭm > *cóbedo > cobdo > coudo >
codo.

cŏllŏcārĕ

cŏllŏcat

dŭbĭtārĕ

iūdĭcārĕ

dēbĭta

vĭndĭcārĕ

pĕctĕn, pĕctĭnis

49. En los grupos consonánticos -mt- y -md- resultantes de síncopa la


labial m se asimila a la dental t/d: cŏmĭtem > *comde > conde.

cŏmpŭtārĕ

cŏmpŭtat

līmes, līmĭtis

50. El grupo consonántico -mn- resultante de síncopa palataliza en -ñ-,


si es antiguo, o evoluciona a -mbr-, si es reciente: hŏmĭnem > omne >
hombre.

dŏmĭnŭs

fēmĭna

nōmĭnārĕ

sĕmĭnārĕ
lūmĭne

51. Los grupos romances -cl- y -gl- resultantes de síncopa palatalizan en


-ll- y luego -j-: tēgŭla > *tegla > *tella > teja.

rēgŭla

ŏcŭlŭs

spĕcŭlŭm

gracŭlŭs

52. La vocal e en hiato ante vocal no palatal se cierra en i: crearĕ >


criar (cultismo crear).

pīnea

vīnea

castanea

pŭteŭs

Iūdaeŭs

lancea

53. A veces, una vocal átona en sílaba inicial aféresis, es decir, se


pierde: apothēca > *abodega > bodega.

Aemĭliānŭs

Emĕrĭta

elīmŏsĭna

ĭlla

54. La semivocal u tras consonante y ante vocal suele caer (por


ejemplo, -ua- > -a- ): nunquam > nunca 15.

duōs

alĭquod

15 Cambio gráfico: c en lugar de q.


cŏnsuĭt

sē trĭbuĭt

fŭtuĭt

55. Ante i latina, qu pierde el segundo elemento, quedando reducido a


c : cŏquīna > cŏcīna > cocina.

cŏquĭt

tŏrqueo

laqueŭs

56. Entre dos sonidos próximos de articulación semejante, uno se


disimila, es decir, se diferencia del otro, pudiendo desaparecer (-r- -r-
> -r- -l-): stĕrcŏrĕ > estiércol.

carcer, -ĕris (→ semicultismo)

arbor, -ŏris (→ semicultismo)

rōbur, -ŏris

līliŭm

Barcĭnōna

sanguis, -ĭnis

anĭma

commūnĭcārĕ

arātrŭm

57. Los sonidos sonantes r, l, n, i, u suelen experimentar metátesis, es


decir, cambio de lugar: praesēpe > presebe > pesebre.

tŏnitrŭm

prō

sĕmper

quattuor

sībĭlārĕ
parabŏla

vĭdua

58. La metátesis de i semiconsonántica originó los diptongos romances


ai y ei, que monoptongaron en e 16: basiŭm > *basio > *baiso >
*beiso > beso.

matĕria

capiat

sapiat

prīmāriŭs

fĕrrāriŭs

caseŭs

mŏrtāriŭs

pŭltāriŭs

area (“superficie”, “lugar llano”, “solar”)

59. La consonante g ante vocal palatal tónica (e, ĭ ) palataliza en y, la


cual se pierde si su sílaba es átona: gĭpsŭm > yeso (pero germanŭm >
hermano).

gĕmma

gĕner, gĕnĕrī

gĕmĭtŭs

gĕlŭ

gĕlārĕ

gĕlat

fŭgiĕndō

fŭgiāmŭs

16El estadio ei (*beiso) está atestiguado ocasionalmente y se conserva en galaico-portugués (beixo,


beijo).
60. La consonante abierta r ejerció a veces, por asimilación, un influjo
de apertura sobre la e que la precedía o seguía: lacertum >
*lacartum > lagarto.

vĕrrĭt

*vĕrsūra (derivado del part. vĕrsŭs de vĕrro)

per ad

camĕra

61. Dentro de los grupos consonánticos -mn-, -mr- y -nr- se da epéntesis,


desarrollo de una consonante de transición b y d,
respectivamente: ŭmĕrŭm > *ómero > *omro > hombro.

ĭngĕnĕrārĕ

fēmĭna

hŏmo, -ĭnis

62. El paso del grupo -ct- a -it- (antes de llegar a -ch-) originó el diptongo
romance ai, que a través de ei monoptongó en e: lactūca > *laituga >
*leituga > lechuga.

factŭs

factīciŭs

tractŭs

vervactŭs

63. El diptongo ai resultante de ax monoptongó en e tras pasar por un


estadio eis: taxŭm > *taiso > *teiso > tejo.

axis, -is

fraxĭnŭs

64. El diptongo ae resultante de la caída de g intervocálica monoptongó


en e: quadragĭnta > cuaraenta > cuarenta.

quinquagĭnta

septuagĭnta
octagĭnta

sartāgo, -ĭnis

65. En el grupo al + consonante oclusiva sorda (c, p, t ), l vocalizó en


u; el diptongo resultante au monoptongó como el antiguo: *saltŭm >
sauto > *souto > soto.

talpa

altĕr, altĕra, altĕrŭm

calx, calcis (“talón”)

falx, falcis

salix, salĭcis

66. La semivocal i (yod) entre vocales, tanto latina como de creación


romance, tendió a perderse en distintas épocas: peiōrem > peyor >
peor (cultismo: peyorativo -a).

67. La semivocal i entre consonante y vocal también caía.


Previamente, si era tónica, traspasaba su acento a la vocal: pariĕtem
> *pariéte > parete > pared (cultismo: parietal).

meiārĕ

audiō

rīdeō

vĭdeō

sĕdeam (subjuntivo de sĕdeō “estoy sentado”)

regīna

vagīna

sagĭtta

lĕgĭt

quiētus
68. El encuentro de dos vocales e provocado por la caída de -d- o -g-
intervocálicas podía resolverse por contracción en una sola e: f ĭdem
> fede > fee > fe.

vĭdēre

vĭgĭlārĕ

sĕdērĕ (“estar sentado”)

pēs, pĕdis

69. En las secuencias finales oe y ee el segundo elemento se cerró en i:


hŏdie > oye > oe > hoy.

bŏvis, -is

lēx, lēgis

rēx, rēgis

70. En el interior de algunas palabras se desarrolló a veces una -n-


adventicia, normalmente por propagación de la nasalidad presente
en otra sílaba: hībĕrnŭm > ivierno > invierno (cultismo: hibernar).

coemētēriŭm

71. Las semivocales i, u ante vocal inflexionan la vocal de la sílaba


precedente, cerrándola: lĭmpĭdŭm > *limpįų > limpio.17

tĕpĭdŭs

rŭbeŭs (“rojizo”)

aequālis

vīndēmia

vĭdua

plŭvia

caemĕntŭm (“canto de construcción”, “piedra sin labrar”)

Segŏntia

17 Cuando la vocal de la sílaba precedente era ĕ, ŏ, la inflexión las cerraba, impidiendo su


diptongación: matĕria > madera en lugar de *madiera (v. nota 11).
cognatŭs

prehensio (“arresto”, “detención”)

cōgĭtārē

cŏriŭm

Dōriŭs

LA POSICIÓN DEL ACENTO

Normalmente, los términos patrimoniales conservan la posición del acento


latino: sŭpĕrat > sobra. Como se ve en este ejemplo, la síncopa hizo que se
perdieran las esdrújulas y la mayor parte de las palabras fueran llanas.

En las secuencias de consonantes oclusiva (p, t, c, b, d, g ) + líquida (l, r), la


primera terminó pronunciándose en la sílaba anterior, que por
consiguiente contó como larga, haciendo que la palabra fuera llana:
ĭntĕgrŭm > entero. El cultismo conserva la acentuación esdrújula: íntegro.

Esta tendencia del castellano a la acentuación llana hizo que en los verbos
cultos la sílaba tónica dejara de ser la antepenúltima: sŭpĕrat > supera.

La apócope creó palabras agudas a partir de llanas, por ejemplo en los


infinitivos: sŭpĕrārĕ > sobrar, tĕnērĕ > tener, audīrĕ > oír.

Por analogía con estas tres conjugaciones, el infinitivo de la tercera pasó a


ser forma aguda: crēdĕrĕ > creer, a diferencia del italiano, catalán y
francés, que conservan la posición del acento: credere, creure, croire.

Al mismo tiempo, las demás formas esdrújulas de la tercera conjugación


que no experimentaron apócope se hicieron llanas por analogía con las
otras: crēdĭmŭs > creemos, según el modelo:

sŭpĕrāmŭs > sobramos


tĕnēmŭs > tenemos
audīmŭs > oímos

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

capĭmŭs

bĭbĕrĕ

bĭbĭmŭs
tŏnĭtrŭm

pascĕrĕ

tĕnĕbra

NUEVAS FORMACIONES

Muchas palabras romances no se pueden explicar a partir del latín


clásico, ya que se remontan a formas que se originaron en el latín tardío.

72. En algunos sustantivos se crearon formas parisílabas con respecto


a la mayor parte del paradigma: lūmĭne > lumbre, en lugar del ac.
clásico de dos sílabas lūmen (gen. lūmĭnis, con tres sílabas), que
habría dado una forma castellana *lume.

73. El sustantivo fames, -is, influido por sanguis, -ĭnis, siguió una flexión
famis, *famĭnis (con ac. parisílabo con respecto al gen.): *famĭnem >
famne > fambre > hambre (cultismo famélico -a), en lugar de *famem >
*fame > *hame.

74. De manera análoga, el sustantivo lens, lĕndis siguió una flexión


lĕndis, lĕndĭnis (documentada desde el siglo IV): lĕndĭnem > *liéndene >
*liendne > liendre.

nōmen, nōmĭnis

lĕgūmen, lĕgūmĭnis

exāmen, exāmĭnis

cŭlmen, cŭlmĭnis

fĕrrūmen, fĕrrūmĭnis

lac, lactis

75. Algunos sustantivos cambiaron de declinación, generalmente en


detrimento de la tercera: vasŭm > vaso en lugar del clásico
imparisílabo vas (gen. vasis), que habría dado una forma castellana
*vas.

ŏs, ŏssis
palŭmbes, palŭmbis

pŭppis, pŭppis

pŭlvis, pŭlvĕris

nĕptis, nĕptis

pūlex, pūlĭcis

76. Todas las desinencias pasivas fueron sustituidas por activas: en


lugar de mŏrĭtŭr → mŏrĭt > muere.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

mĕntītŭr

mĕntīmŭr

nascĭtŭr

mīrārĭs

patī

sĕquī

77. Antiguos verbos de las conjugaciones en -ere pasaron a la


conjugación en -ire: pūtrēre > *putrire > pudrir.18

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

fĕrvērĕ

fŭgĕrĕ, fŭgio

parĕrĕ, pario

concĭpĕrĕ

patĕrĕ

18Este paso fue propiciado por el cierre de e ante vocal (regla 52): *pūtreo > *putrio (lo que llevó a
categorizarlo como audio, -īre).
pĕtĕrĕ

sĕquĕrĕ

78. Otros verbos pasaron a la conjugación en -are: pīnsĕre → pīnsārĕ >


pisar, en lugar de *piser.

79. Asimismo, siguiendo esta misma conjugación, se crearon nuevos


verbos a partir de adjetivos o participios: a partir de ausŭs,
participio de audērĕ → ausārĕ > osar.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

meiĕrĕ

tŏrrērĕ, part. tŏstŭs

trĕmŭlŭs

pĭngĕrĕ, part. pĭctŭs

dŏmĭniŭm

mĭnĭmŭs

nix, nĭvis

80. Algunos de estos nuevos verbos de la 1ª conj. se formaron con un


sufijo -iārĕ (extraído de verbos como spoliārĕ): a partir del adjetivo
altŭs → *altiārĕ > alzar, reemplazando al clásico tŏllĕrĕ.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

acūtŭs

captŭs

ōrdo, ōrdĭnis

potio, potiōnis

81. Otros se formaron con un sufijo -ĭcārĕ (extraído de verbos como


dŭplĭcārĕ): a partir de caballŭs → caballĭcārĕ > cabalgar, remplazando
a los clásicos ĕquĭtārĕ y vĕhī.
EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

amārŭs

carrŭs

matūrŭs

auctor, auctōris

fŏllis, fŏllis

82. El sufijo -scĕrĕ, presente en verbos clásicos como cognoscĕrĕ,


modificó ciertos verbos clásicos o creó otros nuevos: mĕrērĕ →
*mĕrēscĕrĕ > merecer, en lugar de *merer.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

carērĕ

parērĕ

apparērĕ

mane

Añadido a antiguos verbos romances que terminaban en -ir:

perecer por perir < perīrĕ

padecer por padir < *patĕrĕ por patī

fallecer por fallir < fallĕrĕ

fenecer por fenir < fīnīrĕ

83. El sufijo nominal -ia formó nuevos sustantivos: a partir del


adjetivo fŏrtis → fŏrtia > fuerza, reemplazando al clásico vis.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

mĭnax, mĭnācis

capŭt, capĭtis

panis, panis + prefijo com- (“con”)


84. Un tipo de derivación especialmente productivo es el de los
diminutivos con sufijo -cŭlŭs, -a: a partir de acus, -ūs → acūcŭla >
aguja (cultismo acupuntura).

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

aurĭs

apĭs

ŏvĭs

pĕllĭs

lens, lĕntis

vĕtŭs, vĕtĕris

cŏrnix, cŏrnīcis

85. Este final -ĭcŭlŭs se extiende: a partir de annŭs → annĭcŭlŭm > añejo.
a. Modificado en -ŭcŭlŭs por asimilación de la primera vocal a las dos siguientes:
annŭcŭlŭm > añojo, pedĭcŭlŭs > pedŭcŭlŭm > *pedoclo > *peojo > piojo.

86. El sufijo diminutivo -ŏlŭs, -a se aplicó a nombres con raíz acabada


en iu / ia: fīliŭs → fīlíŏlŭm > filiǫlu > hijuelo.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

avia

hŏrdeŭm

pŭteŭs

cēreŭs (“de color de cera”)

87. Por último, el antiguo sufijo átono -ulus -a fue reemplazado por el
tónico -ĕllŭs -a: fībŭla → fībĕlla > feviella > fevilla > hevilla.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

anŭlŭs
pŭstŭla

astŭla

macŭla

88. El antiguo sufijo adjetival -aceŭs -a siguió formando derivados,


especializándose finalmente como aumentativo: saeta > saetaceŭm >
*sedazo > cedazo19.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

cŏriŭm

fŏcŭs

fŭrnŭs

89. Asimismo, el sufijo -ō(nem) > -ón: a partir del clásico fūr, fūris
“ladrón”, se formó el tardío fūro, -ōnis, ac. fūrōnem > furón > hurón.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

coleŭs

mŭtŭlŭs

cŏr

90. Otros sufijos, sin valor aumentativo:

tĕmpŭs, tĕmpŏris → tempŏrānū > temprano

sŭperiŭs (“más arriba”) → superiānū > soberano

mane (“por la mañana”) → *maneāna > *maniana > mañana

mons, montis → *montānea > montania 20 > montaña

extra → extrāneŭ > *estranio > estraño 21

ĭntĕr → ĭntĕrānea > *intrania > entraña

19 La c por asimilación a la z.
20 Forma protorromance atestiguada en las Glosas de Reichenau, del siglo VIII.
21 Posteriormente escrito extraño, siguiendo el modelo latino.
fŏcŭs → fŏcāria (pĕtra) > *fogaria > *fogaira > foguera > hoguera

cŏrdŭs (“nacido tarde”, aplicado al agnŭs) → *cŏrdāriŭ > *cordeiro > cordero

vĭtrŭm → vĭtreŭ (vasŭ) > vidrio

cēra → cēreŭ > *cerio > cirio

fagŭs → fagea (matĕria) > faya > haya

bŏnŭs → bŏnĭtāte > bondad

hērēs, hērēdis (“heredero”) → hērēdĭtāte > *hereedad > heredad

amīcŭs → *amīcĭtāte > *amitsetate > amistad

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

campŭs (“llanura”)

vēr (“primavera”)

pŏrcŭs

prīmŭs (“primero”)

tĕrtiŭs (“tercero”)

rīpa

frŏns, frŏntis (“frente”)

91. El género neutro desapareció, diluyéndose en el masculino: lĭgnŭm


> leño.
a. Los neutros en -ŭs conservaron durante un tiempo la s final: pectŭs > pechos (el
pechos → el pecho).
b. Únicamente algunos pronombres conservaron un neutro diferenciado del
masculino: ĭstŭd > esto (frente al masc. este, tomado del nom. ĭste).

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

cŏrpŭs, cŏrpŏris

ŏpŭs, ŏpĕris

pĭgnŭs, pĭgnŏris (“prenda”, “fianza”)


ĭpsŭm (“ello mismo”)

ĭllŭd (“aquello”)

92. Algunos neutros plurales con singular en -ŭm pasaron a


femeninos (de significado originariamente colectivo): lĭgna > leña.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

fĕrrāmĕntŭm (“utensilio de hierro”)

fŏliŭm

cĭliŭm (“pestaña”)

bracchiŭm

vōtŭm

mŏrtuālia (“prendas o cantos fúnebres”)

vēlŭm (“velo”, “cortina”)

fŏcāciŭm

faciĕndŭm (“que ha de ser hecho, facĕrĕ)”

mŏlĕndŭm (“que ha de ser molido, mŏlĕrĕ)”

anĭmal

93. La combinación frecuente de dos palabras, sobre todo preposiciones,


solía dar lugar a una sola: ĭn ante > enante > de enante > denante >
delante.

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE:

dē ex
dē ĭntro
ŭndĕ (“de dónde”)

pĕr hōc
antĕ annŭm (“un año antes”)

hĕrī
antĕ hĕrī
facies + ad (“cara a”)

LO QUE LA LENGUA NOS DICE

Como dijimos en la introducción y hemos visto en multitud de ejemplos, el


léxico patrimonial nos dice bastantes cosas sobre la comunidad que lo
transmitió. En primer lugar, que era el pueblo llano, formado casi en su
totalidad por gente del campo. Esto es fácil de saber porque la mayor
parte de ese léxico patrimonial es campesino y ganadero:

hŏrtŭs →
spīca
mĕssis
mĕl
mūstŭm
avēna
mūlŭs
pŏrcŭs
pŭllŭs
fīcŭs
hĕrba
vītis
tĕrra
radix, radīcis
palea
fascis
trītĭcŭm

Pero no sólo es indicativa la cantidad de términos campesinos, sino el tipo


de selecciones, restricciones, ampliaciones y en general metonimias y
metáforas que esa comunidad agraria aplicó al léxico heredado del latín.
Un ejemplo particularmente ilustrativo de este tipo de selección léxica, con
ampliación semántica, es el que nos ofrece la palabra caballo. El término
latino para designar a este animal era ĕquŭs, que habría evolucionado a
*yego 22. Pero este término estaba reservado para un tipo de caballo ajeno
a los campesinos: el de sangre caliente, inquieto, arisco, poco amigo del
hombre, y muy amigo de la libertad (fugax “huidizo” lo llama Horacio23).
Ese mismo carácter bravío hacía del ĕquŭs un animal veloz y corredor de
grandes distancias, ideal para el circo y el ejército, pero inservible para la
22Reglas 7, 14 y 54.
23Odas 2.1.19-20: iam fulgor armorum fugacis / terret equos equitumque voltus (“el fulgor de las
armas atemoriza a los caballos huidizos”).
granja: su bravura le impedía realizar trabajos (arado, saca de troncos,
enganche de carros y molinos). Para estas labores se empleaba el caballo
de sangre fría, un tipo seleccionado desde hacía siglos a partir de los
ejemplares más dóciles. Pero a muchos agricultores ni siquiera el de
sangre fría les valía, puesto que no era suficientemente robusto ni manso,
y además se distraía con las hembras, así que a menudo lo castraban.
Tanto al de sangre fría como en particular al castrado lo designaban con
otra palabra: caballŭs, que sustituyó a ĕquŭs en toda la Romania:

CATALÁN: cavall
GALLEGO: cabalo

PORTUGUÉS: cavalo

ITALIANO: cavallo

RUMANO: cal

FRANCÉS: cheval

GRIEGO MODERNO: καβάλα (“a caballo”)

Sin embargo, la forma femenina del nombre clásico, ĕqua, sí sobrevivió en


las zonas extremas de la Romania:

CASTELLANO:yegua
CATALÁN:egua
GALLEGO: egua
PORTUGUÉS: égua
RUMANO: iapă

El uso del término caballŭs para designar cualquier tipo de caballo es un


cambio semántico llamado metonimia, concretamente del tipo “la parte
por el todo”. El mismo tipo de metonimia se dio en la denominación de la
vivienda habitual de la familia. En latín clásico era dŏmŭs, palabra que
poco a poco fue reservándose para la gran mansión señorial de los nobles.
El término dŏmŭs sólo sobrevivió en Italia para designar la gran mansión
señorial de la Iglesia, la catedral: duomo.

Pero el pueblo llano era ajeno a este mundo señorial. Sus viviendas
consistían en simples habitáculos hechos con estacas y ramas, es decir,
chozas, que en latín se llamaban casae. Naturalmente, casa sustituyó a
dŏmŭs en toda la Romania:

CASTELLANO: casa
CATALÁN: casa
GALLEGO: casa
PORTUGUÉS: casa
RUMANO: casă
ANT. FRANCÉS: chese
Otro ejemplo de metonimia agraria del tipo “la parte por el todo” viene
dado por el sustantivo peso, que proviene de pēnsŭm, palabra que en
latín clásico designaba sólo la cantidad de lana que se debía hilar en un
día y luego amplió su sentido a “peso en general”. De deste modo, el
cambio semántico trajo consigo un cambio léxico: pēnsŭm > peso
sustituyó al clásico pŏndŭs, que, en lugar de dar *puendo, desapareció
para siempre.

Continuando con la lana, si hoy decimos sucio y no *emondo es porque la


sociedad agraria que hablaba latín abandonó el adjetivo ĭmmŭndŭs en
favor de sūcĭdŭs. En latín clásico sūcĭdŭs significaba “húmedo”, pero se
aplicaba con frecuencia a la lana recién cortada y no limpiada todavía.
Como las ovejas se trasquilaban a principios del verano, la lana solía estar
llena de sudor y, por tanto, húmeda y sucia.

Aunque el citado adjetivo ĭmmŭndŭs no sobrevivió, su antónimo mŭndŭs sí


lo hizo: mondo “limpio”. También lo hizo el verbo clásico formado a partir
de él: mŭndārĕ, que significaba “limpiar” y, restringiendo su significado
(metonimia del todo por la parte), quedó como mondar. La comunidad que
hablaba latín restringió el significado de este verbo llevándolo al terreno de
la agricultura y no, por ejemplo, al de la religión o la política.

Claramente campesina es también la metonimia por la que hoy decimos


hueco -a. Este adjetivo deriva del antiguo verbo ocar, continuación del
verbo latino estrictamente agrario ŏccārĕ: “desmenuzar los terrones”,
“rastrillar la tierra para que quede hueca”. De este uso del verbo se derivó
un adjetivo hueco -a, primeramente aplicado a la tierra removida y
finalmente a cualquier objeto. Su diptongo ue es analógico de las formas
verbales resultantes de la o breve tónica: ŏcco > ueco, ŏccās > uecas, frente
a ŏccāmŭs > ocamos. A su vez, el adjetivo hueco -a acabó influyendo en la
morfología del verbo, que actualmente es ahuecar y no ocar. El adjetivo
usado en latín clásico para este concepto era cavŭs -a, que desapareció en
iberorromance (el galaico-portugués también tiene oco -a, el catalán buit,
buida).

La restricción semántica operada en el verbo pŭtārĕ ilustra una tendencia


típica de la lengua popular. En la literatura latina este verbo se usa con el
sentido abstracto de “pensar”. En el paso al romance, perdió por completo
este valor y conservó el originario, que era el único conocido por los
campesinos: podar “limpiar (las ramas)”. Sólo la lengua culta recuperó en
los compuestos el sentido intelectual: computar, reputar, disputar.

Esta tendencia a alejarse de lo mental y aferrarse a lo material dio lugar a


metonimias del tipo abstracto por concreto:
malĭtia > maleza
matĕria > madera
rēgŭla > reja
tractŭs (“acción de arrastrar”) → tractŭ > trecho
fōrma (“forma”, “belleza”) >
sēnsŭs (“sentimiento”, “sentido”) → sēnsŭ >
pŭnctiō (“acción de pinchar”) → pŭnctiōne >
vĭrĭdis

La metonimia es inconsciente: se produce de manera mecánica. La


metáfora, en cambio, sí comporta en el hablante una intención de
nombrar una cosa con una palabra que en ese momento histórico no le
corresponde. Esto es lo que pasó, por ejemplo, con el sustantivo mŏla,
que en latín designaba el disco de piedra usado para moler. Todas las
comunidades agrarias de la Romania emplearon metafóricamente la
palabra mŏla para designar la pieza dental que tritura los alimentos:
CASTELLANO muela, CATALÁN mola, GALLEGO moa, PORTUGUÉS mó, ITALIANO mola,

FRANCÉS meule, RUMANO moară.

Igualmente metafórico es el empleo de sĕrra, que en latín clásico


designaba sólo la herramienta, pero en el sur de la Romania se usó con el
sentido de “línea de montañas”, debido al aspecto dentado de las
cordilleras: CASTELLANO sierra, CATALÁN serra, GALLEGO serra, PORTUGUÉS serra,
SICILIANO serra, SARDO sera, ARUMANO sharã.

Otras metáforas:

hŏrdeŏlŭ (“granito de cebada”) > orzuelo


fīliŏlŭ (“hijito”) > hijuelo (“retoño”)
cīma (“tallo joven”) > cima “rama” > “punta superior”
trĭpaliŭ (“instrumento de tortura”) > trebajo > trabajo, cat. treball
mūrĕ caecŭ (“ratón ciego”) > mur ciego > murciégalo
sĕrra (herramienta) > sierra (cordillera)

Como se aprecia en casos como éste, todo lo que de abstracción, intelecto


y refinamiento faltaba al pueblo llano, abundaba en inelegancia,
ordinariez, vulgaridad:

pūlĭca > pulga


pedŭcŭlŭ > piojo
lĕndĭne > liendre
lŭmbrīce > lombriz
dīvĕrsŭ (“separado”) > divieso (cultismo: diverso)
verrūca > verruga
vĭllŭ (“pelo del animal”) > vello
pĕrna (“pata de animal”, “jamón”) > pierna
callis, ac. callem (“sendero para el ganado”) > calle
caenŭ > cieno
fēce > hez
stĕrcŏrĕ > estiércol
mĕrda > mierda
cūlŭ > culo
meiārĕ > mear
cacārĕ > cagar
pēdĕrĕ > peer
pēdĭtŭ > *peedo > pedo
coleōnes > cojones
cŭnnŭ > coño
fŭtuĕrĕ > joder

El uso de palabras malsonantes (escrología, cacofemismo, escatología) era


rehuido por los nobles, que de este modo se situaban imaginariamente por
encima de los “villanos” y de sus “plebeyeces”: pobreza, suciedad, fetidez,
delincuencia, palabrotas... Si el pueblo llano hubiera tenido acceso a ese
otro mundo privilegiado de los nobles, actualmente diríamos *duemo en
lugar de casa. Del mismo modo:

dīvŏrtiŭm
stŭdiŭm
aetĕrnŭm
ōtiŭm
ŏdiŭm
spīrĭtŭs
cĕrĕbrŭm
mĕdĭcŭs
f ĭsĭcŭs (physĭcŭs)

dĭgnŭs
lĭber, lĭbrī
redemptio
felix, felīcis
beatŭs
laetŭs
vanĭtās, -ātis
spĕctacŭlŭm
persōna
cathŏlĭcŭs
haerĕtĭcŭs
rhĕtŏrĭcŭs
alŭmnŭs
praedĭcat
scientia
adŭlteriŭm
fŭtūrŭs
abstractŭs
fŭtūrŭs
abstractŭs
ĭnsĭdiae
dialŏgŭs
theātrŭm
scaena
cōmoedia
tragoedia
avarĭtĭa
colŭmna
ĭdiōta
pagĭna
dĭscĭpŭlŭs
prūdĕntia
nōtĭtia
sŏciŭs
f ĭngĕre
nŭptiae
gĭmnāsiŭm (gymnasiŭm)

ĭgnōrārĕ
ĭmpĕrārĕ
ĭmpĕriŭm
daemŏniŭm
chrŏnĭca
ŏrbis, -is
ŭrbs, ŭrbis
cŭpīdo, cŭpīdĭnis
lĭbīdo, lĭbīdĭnis
secrētŭs
nŭmĕrŭs
hŭmĭlis
vĕnĕrātur
trīnĭtas, trīnĭtātis
ĭmāgo, ĭmāgĭnis
Carthāgo, Carthāgĭnis
ariēs, ariĕtis
ĭnsŭltārĕ
praetĕrĭtŭm (“pasado”)

dĕcŭs, dĕcōris (“honor”)

ĭgnāvŭs (“cobarde”)

ĭgnōtŭs (“desconocido”)

pecūnia (“dinero”)

dīves, dīvĭtis (“rico”)

bĕllŭm (“guerra”)

Pero estas formas no sólo no llegaron a existir: estaban destinadas a no


existir, dado que, de haberlas usado, el pueblo llano no habría sido llano,
sino culto. De hecho, en las escasas ocasiones en que tuvo acceso parcial
a ese otro mundo culto, la evolución de las palabras que usó quedó
frenada por las correcciones, dando lugar a los semicultismos:

mīracŭlŭm
saecŭlŭm
pĕccārĕ
pĕccat
clērĭcŭs
lūctŭs
plangĭt
crŭx
ĭnfĭrmŭs
ĭnfĕrnŭs
fĕsta
fĕra
delectārĕ
februāriŭs
domĭnĭcŭs
ōrdo, ōrdĭnĭs

Junto a las palabras patrimoniales que nunca llegaron a existir y a las


semicultas que no llegaron a evolucionar del todo, hubo en castellano
antiguo otras hereditarias hasta que en fecha más o menos reciente
desaparecieron para siempre. Entre estos términos patrimoniales extintos
(†) se encuentran:
rīpa (“orilla”)

gemĭtŭs (“gemido”)

mūr, mūris (“ratón”)

vĭtiŭm (“defecto”, “mal hábito”)

ŏpŭs (“trabajo”, “necesidad”)

gŭstŭs

ĭndĕ (“de allí”)

altŭs

sŭb (“debajo”)

sūrsŭm (“hacia arriba”)

deorsŭm (“hacia abajo”)

ērēctŭs (“erguido”, “puesto en pie”)

octāvŭs

anhēlĭtŭs (“jadeo”, “respiración profunda”)

praedārĕ (“saquear”)
Ŏrcŭs (“Orco”, “infierno”)

nūtrix, nūtrīcis (con cambio de cantidad → *nŭtrix, nŭtrīcis)

mĕmŏrārĕ (“recordar”)

lŏngŭs (“largo”)

lŏnge (“lejos”)

mĭnūtia (“partícula”, derivado de mĭnūtus “pequeño”)

dŏmĭtŭs (“domado”, participio de dŏmārĕ “domar”)

ACTIVIDADES DE CONSOLIDACIÓN

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A LAS FORMAS CASTELLANAS A PARTIR DE ESTAS PALABRAS LATINAS,
EXPLICANDO LOS CAMBIOS SEMÁNTICOS Y REGISTRANDO EN SU CASO LOS CULTISMOS

sŭrdŭs
mūtŭs
fŭrca
rōdĭt
prŏbat
mŭsca
mūrŭs
ūnŭs
sŏnat
sŏnārĕ
chŏrda
vĕnēnŭm
spērō
vĕntŭs
fūsŭs
vēndĭt
graecŭs
ansa
monēta
ŏlet
ŏlērĕ
bĭbĭt
vīvĭt
cĕrtŭs
tēda
natārĕ
cĕrvŭs
cŏrvŭs
vĭncĭt
dĭctŭs
fĭbra
fŭngŭs
ĭnĭmīcŭs
pōnĭt
pōnĕ
scamnŭs
magĭster, magĭstrī
tŭrdŭs
sanctŭs
sarmĕntŭm
ĭntrārĕ
spatha
tŭrpis
ūber, -ĕris
ŭter, -tris
pŭgnŭs
passŭs
iŭnctŭs
hĕdĕra
restagnārĕ
cĭngĭt
ratiō, -ōnis
pauper, -ĕris
ŭrtīca
ĭntĕndĭt
ĭncĕndĭt
Carŏlŭs
tangĭt (“toca”)
crūdēlis
crūdēlĭtas, crūdēlĭtātis
cīvĭtas, cīvĭtātis
rŭmpĭt
rŭptŭs
pōnĭs
pŏsĭtŭs
dĕcĭmŭs
dĕcĭmārĕ
dĕcĭmat
mīca
cŭrtŭs (“mutilado”, “incompleto”)
stratŭm (“cobertor”, “colcha”)
cŏsta (“costilla”, “costado”)
battuĭt
corrĭgia
īnsŭla
mĭscēre (“mezclar”)
cūpa
tĕmptārĕ (“tocar”, “palpar”, “tomar el pulso”)
tĕmptat
tŏrtŭs (participio de tŏrqueo “torcer”)
sŭpĕrbia
dŭctŭs (participio de dūco “conducir”, “guiar”, “instruir”)
ĭnguen, ĭnguĭnis
mĕmbrŭm
mea
hŏstis (“enemigo”)
frīgĭdŭs
ŭndĕcĭm
famēlĭcŭs (“hambriento”)
Mĕrcŭrī (dies “día de Mercurio”, Mĕrcŭriŭs)
rŭgītŭs (“rugido”)
fabrĭca (“taller del herrero”)
ĭncūs, ĭncūdis
vĕnter, -tris
arrectŭs (part. de arrĭgo “enderezar”, “poner tieso”)
fēnŭm
marītŭs
autŭmnŭs
rŏgārĕ
rŏgat
nŏster, nŏstrī
foetērĕ
foetor, foetōris
saccŭs
fūrtŭm
fīlŭm
sĭlva
labŏrārĕ
sacrātŭs
desĕrtŭs
sĭnŭs
sŏlŭm
sōlŭs
ŭnda
fŭnda
sŏlet
sŏlēmŭs
dŏlet
dŏlērĕ
pĕtra
aranea
plaga
manĭca
lŭtŭs
tabŭla
vĕrtĭt
tĕndĭt
recŭpĕrārĕ
mŏrtuŭs
vŭltŭrnŭs
Laurentiŭs
ŭmbĭlīcŭs
lĭxīva
cĭrcŭs
cĭrca
plēnŭs
paradīsŭs
sĕrvŭs
lītĭgārĕ
latrō, latrōnĭs
sĕrpĕns, sĕrpĕntĭs
Mars, Martĭs
Martiŭs
despŏliārĕ
ŭncia
calceārĕ
sēmĭta
frĭcārĕ
frĭcat
tītiō, tītiōnis
vērĭtās, vērĭtātis
ĕrīciŭs
strĭngĭt
fatŭm
mataxa
Augŭstŭs
sĕcūris
satiō, satiōnis
audītŭs
audīvī
lĕvārĕ (“aligerar”, “levantar”)
lĕvat
lĕpŭs, lĕpŏris
sĕnior, sĕniōris (“más viejo -a”)
probāvī
sŭper
catēnātŭs (“provisto de cadenas”)
transvĕrsŭs (“atravesado”)
sĕptĭmāna
mĕlior, mĕliōrĭs
Vĕnŭs, Vĕnĕrĭs
tĕnĕr, tĕnĕrī
*rĕtĭna (derivado tardío de rĕtĭnērĕ “retener”)
cŏllŭm
cŏllārĕ
decŏllārĕ
decŏllat
mŏrdet
mŏrdērĕ
mŏrdēmŭs
mŏrdent
cŏrtex, cŏrtĭcis (adjetivo femenino derivado cŏrtĭcea)
apĕrīrĕ
apĕrĭt
apĕrtŭs
ŏpĕrārī
ŏpĕra
auscŭltārĕ
talŭs
taxŭs
mēles
cĭppŭs (“tronco”, “estaca”)
lĭngua
lambĭt
defensa
fŏcŭs (“hogar”, “hoguera”)
fŏcāris
fŭscŭs (“oscuro”)
sŏcrŭs, -ūs (“suegra”)
fastīdiŭm (“asco”)
augŭriŭm
ŭrsĭcĭnŭs (diminutivo de ŭrsŭs)
lŭpĭcĭnŭs (diminutivo de lŭpŭs)
mĭnūtus (“reducido”, “pequeño”)
capĭllŭs
crĕpārĕ (“crujir”)
crĕpat
dĭgĭtŭs
dĭgĭtālĕ
vĭcis (“sucesión”, “turno”)
nŏviŭs (derivado tardío de nŏvŭs “nuevo” → “recién casado”)
nĕrviŭm (forma vulgar de nĕrvŭs)
cĭnnŭs (“señal que se hace con los ojos”)
cŭneŭs
promĭssŭm (part. neutro de promĭtto)
tŭrbĭdŭs
ego
duōdĕcĭm
*rēniōnes (forma vulgar que sustituyó a la clásica rēnes)
gallĭcŭs (canis “perro de la Galia”)
rŏta (diminutivo rŏtŭla)
aerāmen, -ĭnis (derivado tardío de aes, aeris “cobre”)
vīmen, vīmĭnis
sĭgĭllŭm

EXPLICA CÓMO SE LLEGA A VERBOS A PARTIR DE ESTAS PALABRAS,


INDICANDO ANTES, EN SU CASO, EL RESULTADO DEL TÉRMINO ORIGINARIO:
pĭscis
pĭx, pĭcĭs
delĭcātŭs
radix, radīcis
hērēdĭtas, hērēdĭtātis
ad- + rīpa
com- + ĭnĭtiārĕ
sŭpĕr (“por encima”)

ĭntĕger, -grī (“intacto”)

re- + paenĭtet (“produce pesar”, “causa remordimiento”)

re- + ĭmĭtārī
de- + dĭgnŭs
pausa (“descanso”)

talea (“retoño”, “hijuelo que se trasplanta”)

sĭmĭlis (“parecido”)

rōscĭdŭs (“mojado”)

pax, pacis
ex- + fŏllis (“fuelle”, “bolsa de cuero”)
scrūtĭniŭm (“indagación”, “examen”)

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