Está en la página 1de 25

UNIVERSIDADAD SAN PEDRO

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS


Programa Profesional de Derecho

Asignatura : DERECHO DE PERSONAS

Tema : FIN DE LA PERSONA

Docente : ROCCA LUNA VICTORIA Fernando Emilio

Ciclo : III / B

Estudiantes : VALLEJOS ALVA Brandon

LAY CABRERA Clinton

BELTRAN ALAYO Genina

GIRALDO XIOMARA

AVALOS AURORA Luis Hugo

Chimbote, Mayo 2019

1
DEDICATORIA

A nuestros padres y familiares por el


apoyo permanente que nos brindan en
nuestra formación profesional.

A Nuestro Docente Fernando por sus


consejos y dedicación por el derecho.

2
INDICE

DEDICATORIA

INTRODUCCION

CAPITULO: FIN DE LA PERSONA

1. CODIGO CIVIL PERUANO

2. MUERTE
2.1. Muerte natural
2.2. La muerte desde el punto de vista de la medicina

2.3. La muerte desde el punto de vista del Derecho

2.4. Relevancia jurídica de la muerte

3. PRUEBA DE LA MUERTE
3.1. Principio general
3.2. Elementos probatorios
3.3. Contenido de la inscripción
3.4. Personas obligadas a hacer la denuncia. Plazo para hacerla
3.5. Muerte anónima
3.6. Militares muertos en combate

4. PREMORIENCIA Y CONMORENCIA

4.1. Premoriencia
4.2. Conmorencia

CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFIA

ANEXO

3
INTRODUCCIÓN

FIN DE LA PERSONA, dada las grandes consecuencias que tiene la muerte para

toda persona, resulta sumamente importante determinar los criterios técnicos

mediante los cuales se puede determinar tanto el momento exacto de la ocurrencia

de la muerte como la calificación de la muerte misma.

Para tener una visión más amplia del fin de la persona y el reconocimiento de la

existencia, se aborda en el presente trabajo aspectos tendientes al tema teniendo

como base el Código Civil Peruano, del mismo modo se ha realizado la recopilación

de bibliografía virtual.

Para la definición de la muerte, como hecho real y concreto, se han propuesto dos

criterios. El criterio biológico, sostenido por la doctrina tradicional, considera que la

muerte es la detención de las funciones del sistema nervioso, circulatorio y de la

temperatura corporal. El criterio médico legal, la muerte se presenta mediante la

conjunción indivisible de tres síntomas: detención del funcionamiento cardiaco,

cesación de toda posibilidad de interrelación activa del individuo con el mundo

exterior, y cesación definitiva de la condición de ser humano, como ser autónomo.

En esta parte también se trató los efectos jurídicos que producen la muerte y los

protocolos a seguir para el registro de la defunción entre otros.

4
CAPITULO

FIN DE LA PERSONA

5
1. CODIGO CIVIL PERUANO
TÍTULO VII: FIN DE LA PERSONA, CAPÍTULO PRIMERO: MUERTE

Articulo 61.- FIN DE LA PERSONA


La muerte pone fin a la persona.

La muerte, como el nacimiento, constituyen hechos jurídicos, ya que ambos


producen efectos para el derecho. La muerte, en general, pone fin al ser
humano y con ella la persona humana pasa a convertirse de sujeto de derecho,
en objeto de derecho. El artículo se refiere tanto a la muerte plenamente
comprobada como a la muerte presunta pero no dice nada respecto al deceso
del concebido.

La muerte, como hecho biológico constituye un proceso con fases:

 Muerte relativa o aparente.- las funciones superiores se suspenden por


breve tiempo, sin que ello sea necesariamente irreversible.

 Muerte intermedia o muerte clínica.- dejan de funcionar de modo


irreversible los sistemas respiratorio, cardiovascular y nervioso, aun si se
mantienen algunas funciones biológicas mínimas. Es el momento en que se
producen los efectos legales de dicho hecho jurídico.

 Muerte absoluta.- implica el cese definitivo de toda actividad biológica,


incluyendo la vida celular.

Según Limongi Franca se distinguen cuatro conceptos:

— Muerte encefálica

— Muerte cerebral

— Muerte clínica y

— Muerte definitiva

Nuestro Código Sanitario definió la muerte haciéndola equivalente a la muerte


clínica (D.L. Nº 17505, del 18.03.1969) en su Art. 36 que dice: “La muerte se
produce por la cesación de los grandes sistemas funcionales, considerando que
6
el fin de la vida, productora de consecuencias jurídicas, no corresponde a la
verdad biológica”

La Ley General de Salud, Ley Nº 26842 (09.07.97) menciona en su Art. 108:


“La muerte pone fin a la persona. Se considera ausencia de vida al cese
definitivo de la actividad cerebral, independientemente de que algunos de sus
órganos o tejidos mantengan actividad biológica y puedan ser usados con fines
de transplante, injerto o cultivo. El diagnóstico fundado de cese definitivo de la
actividad cerebral verifica la muerte. Cuando no es posible establecer tal
diagnóstico, la constatación de paro cardiorespiratorio irreversible confirma la
muerte…”

Jurisprudencia

“ Se convierte en un petitorio física y jurídicamente imposible, el demandar la


sucesión intestada de un causante a favor de un heredero premuerto, porque
solo heredan los que sobreviven al causante, de ahí que no es posible declarar
heredero de un muerto a otro que le premurió, porque ya no es sujeto de
derecho”.

Cas Nº 746.96 Lima 30-09-1996, FERNANDEZ ARCE, César, Derecho de


Sucesiones, PUCP. Lima, 2003,T. III, p. 1045

Articulo 62.- CONMORENCIA

Si no se puede probar cuál de dos o más personas murió primero, se las


reputa muertas al mismo tiempo y entre ellas no hay transmisión de
derechos hereditarios.

En anteriores dispositivos se empleaba la Teoría de la PREMORENCIA que


establecía ciertas presunciones basadas en edad, sexo y algunas fortalezas o
debilidades, como por ejemplo: En las mismas circunstancias, los niños morían
antes que los hombres por ser más débiles, la mujer moría primero que el
marido; y si eran padre e hijo, primero éste si era menor de 14 años o que en
un naufragio moría después el que sabía nadar.

7
En lo que respecta a la presunción de conmorencia este es aplicable al
supuesto de que dos o más personas hayan fallecido en un mismo suceso
como en un desastre común, o también a los casos de muerte en otras
circunstancias, incluyendo la muerte en diferentes lugares y además no es
posible determinar el instante exacto de sus muertes por lo que se asume la
existencia de un tiempo común. En cuanto a la posibilidad de aplicarla para
casos de personas ubicadas en distintos espacios, no habiendo restricción
expresa al respecto en la referida norma, ello quedará, en todo caso, a la
determinación de la doctrina y de la jurisprudencia.

2. MUERTE

Según Aníbal Torres Vásquez, la muerte es un hecho natural que a todos los
seres humanos nos ha de llegar y tiene como consecuencia la desaparición del
ser humano como sujeto de derecho. De ahí, la necesidad de precisar el
momento del fallecimiento.

Del mismo modo con la muerte se disuelve el matrimonio de tal manera que el
cónyuge sobreviviente adquirirá nuevamente su estado civil de soltero, aunque
se le llame viudo o viuda según corresponda. Se extinguen sus obligaciones
personalísimas, por ejemplo, si fue contratado para realizar un trabajo o una
determinada actividad ya no se podrá exigir que se cumpla; no obstante,
tratándose de obligaciones no personalísimas, como lo son de carácter
pecuniario, sus herederos responderán por ellas hasta donde alcance el
patrimonio del causante. Asimismo, si estaba siendo procesado penalmente,
ocurrida su muerte, se cortará el juicio y se archivará el proceso.

Vásquez (1997) considera que la muerte termina con la calidad de sujeto de


derecho inherente a la persona natural, y a partir de ese momento en armonía
con el Art. 660° del C.C, se transmiten a los sucesores los bienes, derechos y
obligaciones que constituyen la herencia.

El cadáver humano es considerado por algunos como «una cosa sin diseño, no
susceptible de apropiación privada, otros en cambio, lo consideran como una

8
cosa susceptible de apropiación, pero sometido a un régimen especial. Esta
segunda tesis es más lógica y merece las siguientes aclaraciones:"

a) Los herederos son propietarios del cadáver del causante, pero teniendo un
poder de disposición limitado «hacerle un entierro adecuado, determinar el
epitafio y excluir las intromisiones de los que no tienen derecho». Se discute
si los herederos pueden disponer del cadáver para fines científicos.

b) La persona puede en vida disponer de su cadáver por causa de su muerte:


lugar donde debe enterrarse o incinerarse, donación para fines de
investigación científica, etc. Igualmente se estima válido el contrato en
virtud del cual se destina el cadáver a un instituto de investigación. Si el
cadáver humano carece de propietario, es decir, si los herederos no lo
reclaman, una costumbre bastante universal enseña que debe mirarse
como «res nullius», y puede tomarse por los institutos de investigación
científica para sus investigaciones o experimentos.

Res nullius es una expresión latina, que significa "cosa de nadie", utilizada
para designar las cosas que no han pertenecido a persona alguna, o sea,
lo que no ha sido propiedad de ninguna persona. No hay que confundir a
las res nullius con las res derelictae, mientras las primeras no han sido
jamás objeto de propiedad, las segundas han tenido dueño, pero éste las
ha abandonado.

La principal importancia de las res nullius es que pueden ser objeto


de ocupación. A través de la misma, una persona puede adquirir su
propiedad, simplemente apropiándose de la cosa, a través de
su posesión y sin que tenga que mediar ningún plazo de tiempo (a
diferencia de la usucapión).

El caso más claro de ocupación es el de la persona que se encuentra un


objeto o un animal salvaje. Al ser res nullius, simplemente basta con su
aprehensión para hacerlo suyo.

La tierra en muchas legislaciones no se puede considerar como res


nullius, como cosa sin dueño, dado que su propiedad sería del Estado.

9
Así mismo Guevara (2004) hace referencia al artículo 61 del código Civil
determina que "La muerte pone fin a la persona". Esto significa que, en
consecuencia, deja de ser sujeto de derecho, (mejor dicho titular de situaciones
jurídicas subjetivas, principalmente de derechos y obligaciones), para
coinvertirse en objeto de derecho, merecedor de esencial respeto y reverencia.

Cuando nos referimos a la muerte, que "pone fin a la persona", nos estamos
refiriendo a la conclusión de la existencia biológica -"la cesación definitiva o
irreversible de la actividad cerebral", como lo indican el artículo 108 de la Ley
General de Salud (N° 26842) y el artículo 5 de la Ley N° 23415, modificada por
la 24703 o a la muerte declarada presunta, conforme a las prescripciones del
Código Civil.

Desde la muerte, como decimos, la persona deja de tener derechos y


obligaciones, se extingue el vínculo conyugal que lo unía a su cónyuge, si
estuvo casado, y su patrimonio ingresa al proceso de sucesión
correspondiente.

2.1. Muerte natural

Según Vial del Rio (1985); "La muerte natural puede ser definida como la
cesación de los fenómenos de la vida, y como tal extingue, desde luego,
la personalidad jurídica del individuo humano"

Espinoza (2004) señala que cuando se habla de "muerte natural", no se


pretende excluir los casos de muerte violenta, en la cual, si bien el origen
de esta última es de carácter distinto (un accidente, un asesinato),
coinciden en que en ambos se produce el cese de la actividad cerebral.

Para Carbonnier: "La muerte que, desde el punto de vista biológico se


señala prácticamente por la interrupción de la circulación y los
movimientos respiratorios, desde el punto de vista jurídico supone la
extinción de la personalidad"

10
Como se observa, la muerte es un hecho que produce consecuencias
jurídicas, frente a la cual existen dos posiciones que debemos tomar en
cuenta, a saber:
a) Desde el punto de vista de la Medicina y;
b) Desde el punto de vista del Derecho.

Cabe aclarar, que ambas posiciones confluyen en calificar a la muerte


como eje esencial de la culminación de la persona humana, en su sentido
más amplio.

2.2. La muerte desde el punto de vista de la medicina


La medicina moderna tiene en consideración dos premisas objetivas:

a) La muerte biológica o celular.- Es aquella que se determina con la


cesación definitiva de todas las células del cuerpo humano, ya sea por
descomposición, putrefacción o simplemente porque dejan de existir.
Sobre la base de lo expuesto, también cabe decir que una persona al
fallecer no muere totalmente, sino que algunos órganos, como por
ejemplo, las córneas, riñones y otras partes del cuerpo, inclusive,
hasta el corazón, sobreviven, a pesar de que la persona, como ente
de relaciones humanas, haya cesado. De esta manera se permite la
posibilidad de efectuar los trasplantes de órganos y/o tejidos, de
acuerdo a la receptividad que tengan en el cuerpo de otro ser humano
que goce de vida.

b) La muerte clínica.- Es la cesación definitiva e irreversible de la


actividad cerebral del ser humano. Antiguamente se determinaba la
muerte de la persona observando si tenía aliento o pulsaciones. A
medida que la ciencia avanzó, han ido apareciendo nuevas técnicas
para determinar la muerte, como por ejemplo, el
electroencefalograma, que se basa en los impulsos eléctricos que
desprende la actividad cerebral. Cuando una persona fallece, estos
impulsos eléctricos no se dan. Por tanto, el electroencefalograma

11
arroja líneas planas y verticales. Hay que aclarar que, para determinar
la muerte clínica por este método, estas líneas deben observarse con
mediciones constantes durante aproximadamente 24 horas. Existe
otro método conocido como el de la inyección de insulina, que
consiste en inocular al cuerpo cierta sustancia radioactiva que, de
acuerdo a la coloración se determina si hay, o no, funcionamiento del
torrente sanguíneo.

Lo importante es decir que no hay un único sistema o método infalible


que nos determine con exactitud qué tal o cual persona están muerta
clínicamente. Pero se puede asegurar que integrando medios, como
la inyección de insulina, el electroencefalograma (EEG), entre otros,
se podría afirmar que la persona ha dejado de existir.

Se debe distinguir el concepto de la muerte clínica o encefálica, de


aquella situación denominada como "muerte cortical", la cual se
presenta cuando: "Es irrecuperable la actividad cerebral superior -la
que regula la vida intelectual y la vida sensitiva- y, por ende, la posi-
bilidad de la vida de relación, pero se conservan -autónomamente- las
funciones Respiratoria y circulatoria.

2.3. La muerte desde el punto de vista del Derecho

La persona es un centro de imputación de derechos y obligaciones, en


otras palabras, es un sujeto de derecho. El ser humano, durante su vida,
es relación coexistencial con otros seres humanos, pero cuando esta
relación se termina, culmina su finalidad como ente viviente (ser existencia
y coexistencia a la vez), deja de ser sujeto de derecho para convertirse en
un objeto de derecho sui generis, digno de ser protegido.

La corriente mayoritaria en la doctrina, considera a la muerte, solo con


relación al sujeto de derecho persona individual. Añadiría extensivamente
que el concebido, en cuanto a que es un sujeto de derecho, también
culmina como tal cuando muere. En el caso de las personas colectivas y
las organizaciones de personas no inscritas, no cabe decir que su muerte

12
pone fin a su existencia como centro de imputación de derechos y
obligaciones, más propiamente, cabría decir que su fin llega por la
extinción a que lleguen estos sujetos de derecho.

2.4. Relevancia jurídica de la muerte

El momento de la misma y los medios adecuados para cerciorase que ella


se ha producido, ha sido un tema que ha suscitado controversia. Se decía
hasta hace poco que la muerte se asimilaba al instante de la «exhalación
del último suspiro. Otros sostenían que la muerte coincidía con el último
latido del corazón. Finalmente ha tenido que ser la Ley 24703 promulgada
el 19.6.1987 quien precise a qué se denomina muerte, en ese sentido en
Art. 1o, modificando el Art. 5o de la Ley 23415 señala: “Para los efectos
de la presente Ley, se considera muerte a la cesación definitiva reversible
de la actividad cerebral, su constatación es de responsabilidad del médico
que lo certifica”.

La muerte clínica se hace coincidir con la cesación de la función cerebral


sería este el momento de la muerte relevante para el Derecho, partir del
cual no existe más la persona, pudiéndose señalar también la muerte
clínica es la cesación total e irreversible de cualquier realidad del sistema
nervioso cerebral.

Espinoza (2004) indica la relevancia jurídica, cuando es determinada


clínicamente. Es importante porque con su delimitación se va a dar lugar
a que surjan derechos como los de suceder (art. 660 c.c.) y la protección
jurídica de la memoria del difunto, así como la de su cadáver. "La muerte
pone fin a la persona. Se considera ausencia de vida al cese definitivo de
la actividad cerebral, independientemente de que algunos de sus órganos
o tejidos mantengan actividad biológica y puedan ser usados con fines de
trasplante, injerto o cultivo.

El diagnóstico fundado de cese definitivo de la actividad cerebral verifica


la muerte. Cuando no es posible establecer tal diagnóstico, la

13
constatación de paro cardio-respiratorio irreversible confirma la muerte.
Ninguno de estos criterios que demuestra por diagnóstico o corroboran
por constatación la muerte del individuo, podrán figurar como causas de
la misma en los documentos que la certifiquen".

Recordemos que, dentro de este orden de principios que el art. 5 de la


derogada Ley de Transplantes de Órganos y Tejidos, Ley N° 23415
antes de su reforma, indicaba lo siguiente:
"Se considera muerte, para los efectos de la presente ley, a la cesación
definitiva e irreversible de la actividad cerebral o de la función cardio-
respiratorio. Su constatación es de responsabilidad del médico que la cer-
tifica".

La Ley N° 24703, que modificó a la Ley N° 23415, describía a la muerte


como "la cesación definitiva e irreversible de la actividad cerebral". La Ley
N° 28189, Ley General de Donaciones y Trasplanté de Órganos y/o
Tejidos Humanos de 18/03/2004, define a la muerte como "el cese
definitivo e irreversible de las funciones encefálicas". El Código Civil en
sus arts. 15 y 16, protege la memoria o la declaración de voluntad en vida,
de una persona que ya falleció.

En relación con el Derecho de Familia, la muerte de uno de los cónyuges


produce La disolución del matrimonio. Con respecto a la muerte, el num.
61 del Código Civil nos prescribe que: "La muerte pone fin a la persona".

Al no tratarse el fin del sujeto de derecho concebido en un título


independiente, el presente numeral también debió referirse al mismo.
Suele haber entre civilistas y penalistas una diversidad de conceptos en
torno a la muerte, lo cual genera no pocos problemas para los operadores
jurídicos. Por ello, es importante tener un concepto unitario de muerte.

14
3. PRUEBA DE LA MUERTE

3.1. Principio general


Como regla general se establece que la muerte de las personas se
prueba, a través de las partidas, o sea los certificados auténticos
extraídos de los asientos de los registros públicos. Debe inscribirse en
los libros de defunciones todas las que ocurran en el territorio de la
Nación; aquellas cuyo registro sea ordenado por juez competente; las
sentencias sobre ausencia con presunción de fallecimiento; y las que
ocurran en buques o aeronaves de bandera nacional o en lugares
sometidos a la jurisdicción nacional.

3.2. Elementos probatorios


El hecho de la muerte se prueba con el certificado de defunción
extendido por el médico que haya atendido al difunto en su última
enfermedad; y a falta de él por cualquier otro médico requerido al
efecto o el del obstetra en el caso de un niño nacido muerto. Dicha
prueba puede suplirse por un certificado de defunción otorgado por la
autoridad policial o civil si no hubiere médico en el lugar donde ella
ocurrió, pero en estos casos la inscripción deberá ser firmada por dos
testigos que hayan visto el cadáver.

3.3. Contenido de la inscripción


Debe contener apellido, nombre, sexo, nacionalidad, estado civil,
profesión, domicilio y número del documento de identidad del fallecido.
Lugar, hora, día, mes y año en que haya ocurrido la defunción. Nombre
y apellido del cónyuge; nombre y apellido de los padres; lugar y fecha
del nacimiento. El asiento de la defunción debe contener también la
enfermedad o causa inmediata de la muerte, así como el nombre y
apellido, número de documento de identidad y domicilio del declarante.
En cuanto al certificado de defunción que se expide, está integrado,
con los mismos datos que el asiento más la causa de la muerte, con
indicación de si dicha circunstancia consta por conocimiento propio o

15
de terceros.
3.4. Personas obligadas a hacer la denuncia. Plazo para hacerla

El cónyuge del difunto, los ascendientes, descendientes, parientes y


toda persona capaz que hubiese visto el cadáver o en cuyo domicilio
hubiese ocurrido la defunción, debe denunciarla, por sí o por otro, ante
la autoridad competente dentro de las 48 horas posteriores a la
comprobación del fallecimiento, si la muerte ocurre en lugares
apartados, el plazo podrá ampliarse conforme a las circunstancias
particulares del caso. Si el fallecimiento se produjese en algún hospital,
hospicio, cárcel, casa de huérfanos o cualquier otro establecimiento
público o privado, los obligados a realizar la denuncia de defunción
serán los administradores de las instituciones.

3.5. Muerte anónima


Si se ignora la identidad del fallecido y alguna autoridad la comprueba
ulteriormente, lo hará saber al Registro para que se asiente la
inscripción complementaria poniendo nota de la referencia en una y
otra, bastando la comunicación oficial para labrar la de oficio.

3.6. Militares muertos en combate


Si no es posible producir la prueba normal mediante las partidas, se
establece que la muerte del militar ocurrida en combate se acreditará por
lo que conste en el Ministerio de Guerra. Esta disposición es aplicable a
todas las personas que tengan estado militar, pertenezcan al Ejército, la
Marina o la Fuerzas Aéreas. La certificación de la muerte por el
correspondiente ministerio no debe dejar lugar a dudas, pues, si no, sería
de aplicación con lo dispuesto, para que la desaparición de una persona
en acción de guerra la que causa la presunción de su fallecimiento,
transcurrido que sea el plazo de dos años desde aquel evento.

16
4. PREMORIENCIA Y CONMORENCIA

4.1. Premoriencia
El autor Guevara (2004) hace mención en su libro sobre la premoriencia
es la corriente que sostiene que cuando en un mismo hecho fallecen dos
o más personas, vinculadas sucesoriamente, sin que se pueda establecer
cuál murió antes, debe presumirse la muerte previa de unos respecto a
otro u otros, sobre la base de la edad o el sexo de los fallecidos.

Para mayor entendimiento se puede citar el siguiente ejemplo popular


conocido en el mundo jurídico: “Una pareja de casados toma un avión,
y surge una emergencia en que hace un acuatizaje forzoso. Como
consecuencia del impacto del avión con el mar varias personas
fallecen, y la pareja se salva con graves heridas hasta que llega el
grupo de emergencias a rescatarlos, en ese instante fallece la mujer
pero no el marido, quien fallece unos momentos luego por la impresión
por la pérdida de su mujer. Los paramédicos ya constataron quien
falleció primero, por lo tanto el último en fallecer (el marido) será quien
herede los bienes de su mujer; pero como este falleció, y no tenían
hijos, heredarán los parientes del marido”.

4.2. Conmorencia
La conmorencia, por el contrario, asume que en las circunstancias antes
anotadas debe presumirse que las personas referidas fallecieron en el
mismo instante, sin que entre ellas se produzca sucesión. Las
consecuencias derivadas de escoger una teoría u otra son
sustancialmente diferentes.

Hilda (2009) en otras palabras la conmorencia, o teoría de los


comurientes es, en Derecho sucesorio, una presunción legal en virtud,
que considera que cuando en un mismo accidente “murió más de una
persona, y no existieran pruebas fehacientes de cuál de ellas murió
primero, se considera que todas fallecieron simultáneamente.” Este
17
supuesto tiene importancia especial en materia sucesoria, pues dentro de
una misma familia, si uno de sus miembros, sobrevivió al otro, aunque sea
por unos instantes, y esto puede probarse, adquirió del otro, los derechos
sucesorios, que a su vez va a transmitir a sus propios herederos.

Consideremos el caso de dos esposos sin hijos, que fallezcan en el mismo


accidente. Si el marido falleció primero, transmite los derechos sucesorios
a su esposa, y al morir esta, los transmite a su vez, a los miembros de su
familia, por ejemplo, a sus padres. En caso que se probara que falleció
primero la mujer, heredaría el marido, y con su muerte, sus parientes,
dejando a sus suegros sin herencia.

Si existen pruebas, por ejemplo, si al comprobar el accidente, uno de ellos


aún respiraba, y el otro ya no, no hay problema; y en este caso habría
transmisión de derechos sucesorios; pero si cuando se los encuentra, se
hallan todos muertos, es muy difícil determinar la hora exacta de la muerte
de cada uno, que seguramente se diferenció en minutos o segundos, y es
altamente probable que alguno de ellos

Rubio Correa presenta el siguiente caso imaginario, muy ilustrativo:


"Supongamos un varón y una mujer que no están casados (y que no
tienen derecho a heredarse entre sí). Esta pareja tiene un hijo.
Supongamos que la madre es una persona acaudalada y hace un viaje
con el hijo en avión. El avión se estrella y los dos mueren. Si el hijo murió
luego que la madre, la hereda y, al morir él, lo hereda su padre. En otras
palabras, el hijo podría ser el vehículo de transmisión de la riqueza de su
madre a su padre. Sin embargo, como el artículo 62 dice que se les reputa
muertos al mismo tiempo sin transmisión de derechos hereditarios,
entonces el hijo no hereda a su madre y el padre no tiene qué heredar de
su hijo. La herencia de esa mujer irá a sus otros herederos forzosos según
el orden establecido en el Código Civil y que aparece en los artículos 816
y 817 (a menos que haya dejado testamento en cuyo caso habrá que
atenerse a sus disposiciones en lo que fueren legales). Sin duda, la teoría

18
de la conmorencia ofrece mayor consistencia lógica; aparece más
razonable. El Código Civil peruano También la adopta estableciendo en
su artículo 62 lo siguiente: "Si no se puede probar cuál de las personas
murió primero, se las reputa muertas al mismo tiempo y entre ellas no hay
transmisión de derechos hereditarios".

Así como también Espinoza (2004) señala que ambas instituciones se


relacionan con la determinación del instante de la muerte de varias
personas con relación al tiempo.

Entre éstas debe haber un vínculo de consanguinidad o de parentesco o


en todo caso, un vínculo legítimo. Aquí caben dos criterios:

— Si hay varias personas con vínculo legítimo y es fácil establecer quién


ha muerto primero, éste generará el derecho sucesorio en favor del que
le siguió en morir.

— Si hay varias personas con vínculo legítimo, y existen dudas en


determinar quién murió primero, caben varios supuestos: en el primero
de ellos se presume que es el de mayor edad, otro supuesto sería que
el de menor edad muere primero, y hay quienes sostienen que la mujer
fallece antes que el hombre y no faltan quienes opinan lo contrario.
Comparto el criterio de Vélez Sarsfield, cuando afirma que: " estas pre-
sunciones de derecho, que también se ven en las leyes de Partida, eran
arbitrarias, y sin ningún fundamento positivo, y lo que es más, no había
necesidad alguna de crear tales presunciones de derecho ¿qué interés
social se presentaba para que necesariamente hubiera una transmisión
de derechos entre personas que habían fallecido a un tiempo, o de
quienes se ignoraba cuál hubiese muerto primero?". Estas
presunciones hay que dejarlas de lado. Lo óptimo, en caso de duda, es
considerar que todos murieron al mismo tiempo, en tanto que no hay
derecho sucesorio entre ellos. Pero cabe resaltar que es una
presunción iuris tantum, que admite prueba en contrario, siempre que
disipe las dudas.

19
Este último planteamiento ha sido recogido por el Código Civil en su Art.
62. Se debe anotar, al respecto, que muchos códigos como el italiano,
francés, portugués, argentino, entre otros, siguen esta orientación; en
cambio, los alemanes van más allá, en el sentido que para ellos no
solamente se produce conmorencia cuando hayan varias personas en un
determinado lugar y que fallezcan todas, sino que también se puede
considerar conmorencia, cuando dos o más personas con vínculo legítimo
mueren al mismo tiempo, pero en distintos lugares, como por ejemplo, en
una zona de guerra, o en un terremoto. Un sector de la doctrina nacional
afirma que debe existir "unidad del hecho causante que haya producido la
muerte de las respectivas personas. En posición contraria, que comparto,
se afirma que la redacción del art. 62 c.c. "permite un razonamiento más
generoso, que no necesariamente reclama como requisito sine qua non
la misma razón causal de la muerte. Según el texto normativo, sería
perfectamente válido presumir la conmorencia si una persona fallece por
causa de enfermedad y otra por accidente y no se puede determinar cuál
de ellas murió con anterioridad. Otro tanto ocurre si dos personas
desaparecen de su domicilio el mismo día y ninguna de las dos aparece.

Lo que en el fondo interesa al Derecho en esta materia es poder precisar


con el mayor grado de seguridad posible el instante temporal de la muerte;
de suerte que en todo y cualquier caso que no haya tal seguridad -o sea,
no se ha podido demostrar con certeza quién murió antes- se presumirá
que han muerto en el mismo momento, con prescindencia de la razón o
posible lugar de la muerte, que justamente no se han podido probar o
determinar.

Águila & Calderón nos hablan sobre la Teoría de la Premoriencia y


Conmorencia

— La teoría de la premoriencia
Establecida en el CODE y basada en el derecho romano, divide las
probabilidades de vida de una persona en tres periodos:

20
a) Si las personas muertas en un mismo desastre tienen menos de 15 años
de edad, se considerará que murió primero el más joven de ellos sin
distinción de sexo.

b) Si las personas fallecidas en un mismo evento se encuentran entre los


15 años y los 60, se considerará que talleció primero el mayor de ellos.
En el supuesto que fueran varón y mujer, estuvieran casados y tuvieran
la misma edad o ella fuera hasta un año menor que él, se considerará
que falleció primero la mujer.

c) Si las personas son mayores de 60 años, se considerará que murió


primero el mayor de ellos.

— La teoría de la conmorencia
Adoptada por el Código Civil, establece que si no se puede probar cuál de
dos o más personas murió primero, se las reputa muertas al mismo tiempo
y entre ellas no hay transmisión de derechos hereditarios.

21
CONCLUSIONES
1. El Código Civil Peruano (Decreto Legislativo Nº 295, 25 de Julio de 1984) trata
sobre este tema en su TÍTULO VII, denominado precisamente FIN DE LA
PERSONA, el cual a su vez consta de TRES CAPÍTULOS y Nueve Artículos,
los mismos que son:

Capitulo Primero: MUERTE, que consta del Articulo 61 y Articulo 62


Capitulo Segundo: Declaración de Muerte Presunta, que consta del articulo 63 al 66.
Capitulo Tercereo: Reconocimiento de Existencia, que consta del Artículo 67 al 69

2. Tanto el fin de la persona y el reconocimiento de existencia, constituyen figuras


de suma relevancia jurídica para el desenvolvimiento del abogado.

3. Se definió conceptos referente a la muerte, clases, los efectos jurídicos


tomando como base lo dispuesto en el Código Civil Peruano y otras fuentes
bibliográficas.

4. En lo que respecta al artículo 61: “La muerte pone fin a la persona”, éste no
establece sobre la muerte del concebido en el entendido que la persona es tal
desde que nace. El Articulo 1: Sujetos de derecho, así lo dice: “La persona
humana es sujeto de derecho desde su nacimiento”. Por ello sería interesante
retomar la iniciativa que propone sustituir la norma por “La muerte pone fin al
ser humano” ya que según también el mismo Articulo 1 menciona: “...La vida
humana comienza con la concepción. El concebido es sujeto de derecho para
todo cuanto le favorece. La atribución de derechos patrimoniales está
condicionada a que nazca vivo.”

5. En relación al Artículo 62 sobre la “Conmorencia”, término novedoso para los


suscritos pero muy importante a nuestro modo de ver por sus implicancias en
la trasmisión sucesoria, ya que el Articulo 660: Trasmisión sucesoria dice:
“Desde el momento de la muerte de una persona, los bienes, derechos y
obligaciones que constituyen la herencia se trasmiten a sus sucesores.” Si dos
o más personas llamadas a sucederse, como un padre y sus hijos, fallecen en
un mismo evento es importante establecer quien murió primero para la
posibilidad de ejercer este derecho. Si no hay pruebas entonces se presume la
conmorencia y no hay por ende la posibilidad de heredar.

22
BIBLIOGRAFIA

CÓDIGO CIVIL. Editorial Fénix, Décima sétima edición. Lima, marzo del 2007.
Páginas 33-38.

ESPINOZA, ESPINOZA, Juan. “Derecho de las Personas”. Editora Huallaga,


tercera edición. Lima, agosto del 2000. Páginas 373-395.

TORRES VÀSQUEZ, Aníbal. “Derecho de las Personas”. Editorial PRINTED IN


PERÚ. Páginas 95-97.

Dulcemar Montero, Septiembre, (2014). Obtenido de:

https://es.slideshare.net/varelaselene/clasificacion-de-la-muerte-medicina-legal

Hilda, 19 de mayo, (2009). Obtenido de:

https://derecho.laguia2000.com/derecho-de-familia/conmoriencia

Raimundo Valdivieso, 12 de Febrero, (2014). Obtenido de:

https://www.misabogados.com/blog/es/que-es-la-muerte-presunta

https://es.slideshare.net/gianluca94al/7-fin-delapersona-?from_action=save

http://www.academia.edu/11945861/FIN_DE_LA_PERSONA

23
ANEXO 01

24
25

También podría gustarte