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Anteproyecto de Tesina

Titulo tentativo: Carnaval Otomi Ixtololoya 2017

Contreras Balderas Alejandro


201006150
Ramírez Castillo María de Lourdes
201200876

RESUMEN:

La producción audiovisual enmarcada en la antropologia requiere una metodología formal


que permita a los actores involucrados una narrativa significativa para su identidad cultural.
Para ello, es crucial el trabajo interdisciplinario, donde la retroalimentacion de perspectivas
derive en un retrato coherente e incluyente.

La inquietud por el presente proyecto surge tras nuestra experiencia de Servicio Social con
la Doctora Antonella Fagetti, cuya linea de investigaci[on son las practicas derivadas del
chamanismo y la medicina tradicional. Durante nuestra estancia en su cuerpo academico
hemos colaborado en distintos proyectos audiovisuales que retratan tradiciones de origen
precolombino, las cuales se ven amenazadas por factores socioeconomicos, religiosos e
inclusive pol[iticos. Como comunicologos, nuestro acercamiento al video etnografico va
mas alla del simple registro academico de un fenomeno, pues sabemos al medio como una
oportunidad para el dialogo, participacion y empoderamiento de los participantes.

La proliferacion de los telefonos inteligentes ha convertido al grueso de los usuarios en


creadores de contenido multimedia, capaces de retratar en cualquier momento –y en sus
propios terminos- su cotidianeidad. Bajo este nuevo clima de democratizacion de los
medios, vale la pena reflexionar sobre el papel y enfoque del video documental hoy d[ia.

, la diferencia de dicho acercamientoen la produccion documental esta en el enfoque de


investigacion y etnografia que permiten conocer realidades distintas a las nuestras
El presente trabajo resume nuestra experiencia documentando dichas tradiciones, los retos,
el aprendizaje, y otros elementos adyacentes a los procesos de producción audiovisual.

El audiovisual es mágico en tanto que puede representar a una sociedad específica


enmarcada en un periodo concreto de nuestro existir: documento multimedia que permite
preservar la representación de historias, costumbres, ideas y aspiraciones.

Bajo esta óptica, y dentro de la sociedad líquida en la que estamos inmersos -donde
tradiciones y costumbres ancestrales son relegadas al olvido y a la teatralidad- destaca la
importancia del video documental, ya que, en palabras del documentalista Bill Nichols
“(…)El documental no es una reproducción de la realidad, es una representación del mundo
que ya ocupamos.” (Nichols, 2013) o en las de Michael Rabiger “El documental es un
escrutinio de la organización de la vida humana y tiene por objetivo la promoción de los
valores individuales y humanos” (Rabiger, 2001). Al ser una representación del mundo, se
erige también como una oportunidad de multiples aristas, que cuando ejecutada con ética,
compromiso y calidad, contribuye no solo a la documentación y difusión de eventos, sino
que puede convertirse en una valiosa arma para el conocimiento y re-conocimiento de los
actores involucrados.
Desde el punto de vista del documentalista comprometido, nos remontamos una vez
más a las palabras de Nichols:

“(…)Dado que la mayoría de los cineastas actúan como representantes de aquellos


a quienes filman o de las instituciones que los patrocinan más que como miembros
de una comunidad, surgen a menudo tensiones entre el deseo del documentalista de
hacer una película atractiva, y el deseo del individuo de que se respeten sus
derechos y dignidad personal. (…)” (Nichols, 2013)

Cabe entonces preguntarnos como comunicadores inmersos en proyectos de corte


antropológico cuál es la mejor opción entre imponer nuestros conocimientos, bien sea
técnicos o discursivos, o bien, respetar los otros conocimientos de los individuos a los que
pretendemos representar.

En el presente documento, compartimos algunas de las experiencias y retos que


hemos tenido oportunidad de vivir durante nuestro trabajo bajo la tutela de la Doctora en
Antropología Antonella Fagetti Spedicatto, al marco del Proyecto CONACYT “Procesos
de adivinación/sanación/reparación/propiciación en el contexto del conocimiento y la
práctica del chamanismo de los pueblos indígenas”. Experiencias que han coadyuvado a
nuestro desarrollo profesional como comunicadores; además, aportamos algunas
observaciones y sugerencias que esperamos sean de utilidad para quienes realizan o están
interesados en la producción audiovisual de corte documental.

II

Durante nuestro laborar con la Doctora Antonella Fagetti, hemos presenciado tradiciones de
origen precolombino las cuales se han visto modificadas a través de los siglos, renovándose
y alterándose constántemente, sea por el uso de nuevas tecnologías y productos, polìticas
públicas, migración de quienes las practican, vetos de la iglesia católica, o el desinterés de
generaciones jóvenes; factores que tornan la representación de cada costumbre en una
experiencia única. Experiencias sagradas para los participantes, pero en cada ocasión cada
vez más frágiles que las anteriores y mucho más difíciles de concretar, puesto que en su
mayoría, los poseedores de dichos saberes pertenecen a la tercera edad y con el transcurso
de los años van abandonando nuestro mundo, y con ellos, su legado.

Los proyectos documentales en que hemos participado son:

- Costumbre, Viaje a Mayonikha San Lorenzo Achiotepec, Huehuetla, Hidalgo, México


(2015)

- Costumbre, El Pozo, Veracruz, México (2016)

- Promesa, Casiano Ortiz Silverio Mecapalapa, Pantepec, Puebla, México (2016)

- Rituales de Petición de Lluvia, Xalpatlahuac, Guerrero, México (2016 - )

La naturaleza sacra de cada una de estas ceremonias supone una constante de


símbolos y signos, los cuáles se modifican e integran entre sí durante la ejecución del ritual.
Dicha semiótica representa un reto inmenso para nosotros realizadores, pues nos obliga a
virar la mirada constántemente a los elementos que se integran intermitentemente al festejo:
personas, alimentos, bebidas, música, danza, crucifijos, rezos, animales, cirios y veladoras,
recortes, reliquias, flores, incienso, confetti, coronas…, ofrendas propias de cada
comunidad, las cuales representan su historia, plegarias, y personalidad, de mano de quien
las ofrece. Ejemplo de dicha complejidad son los recortes en San Lorenzo Achiotepec,
figuras de papel estraza, que representan a los elementos de la Tierra –agua, fuego, aire- en
su versión femenina o masculina, quienes a su vez se dividen en una segunda dicotomía:
quienes trabajan para dios, y, los que trabajan para el de abajo. De esta manera, en
función del origen y representación de los recortes, se decide la ofrenda para cada uno:
refresco negro –coca cola- para quienes vienen de la tierra, refresco rojo o naranja para los
señores del fuego…

La constante simbólica supone un desafío para todo aquel que pretenda retratarle
únicamente a través del registro audiovisual de la ceremonia, pues resulta imposible
transmitir el total de información a los espectadores, quienes en mayoría son ajenos a la
comunidad y al ritual per se. La representación se diluye y el documento final adolece de
directrices para quienes no son especialistas en el tema.

Es importante entender que el supuesto de objetividad en el cine documental es


inexistente: introducir a extraños y su equipo de grabación a un grupo, turba las relaciones
en su interior, la realidad se transtorna ante la mirada del equipo de producción e
investigación, y consecuenmente ante los espectadores. Así mismo, el proceso de pre-
producción, producción y post-producción implica una serie de decisiones que
evidentemente recaen en los realizadores.

III

La aparente aceptación total que han tenido los medios de comunicación portátiles permite
que a la par de trabajos documentales de corte profesional, existan registros audiovisuales
realizados por personas de contextos diveros, sujetos internos o externos al grupo, trabajos
que pueden no cumplir con las mismas normas de calidad ó metodología, pero retratan el
mismo fenómeno. A su vez, permite nuevas posibilidades, como lo son trabajos conjuntos,
donde los personajes rompen el paradigma pasivo que les caracteriza en el cine
documental, transformándose en sujetos de cambio, capaces de decidir sobre el devenir de
los trabajos que pretenden retratarles.

Esta metodología participativa no es nueva, un grupo de documentalistas de la


ciudad de Oxford, Inglaterra han desarrollado textos y manuales que nos gustaría retomar
para ayudar a ejemplificar que existen otras alternativas. En palabras de los realizadores
“Los videos participativos son una herramienta para lograr cambios positivos en la
sociedad; otorgan sentido de empoderamiento a los sectores marginados y alientan a las
personas y a sus comunidades a asumir el control sobre su destino.” (Lunch, 2006) Dicha
metodología a grandes rasgos, consiste en otorgar el pleno control de los procesos de
producción a los mismos actores que han de ser representados, es decir, la comunidad tiene
completo acceso a las herramientas de grabación, ya sean cámaras, lavaliers, micrófonos,
grabadoras, tripiés… Y así mismo, son ellos quienes deciden qué se va a grabar, y qué de lo
grabado quieren conservar en la edición.

No obstante, resulta imposible que dichos procesos se lleven a cabo sin el


asesoramiento de un comunicador, y es justamente aquí donde los comunicadores pueden
fungir como facilitadores, desde enseñar a sostener una cámara, hasta enseñar cómo hacer
un storyboard. De ésta manera, la línea entre observador y actor se adelgaza, ya que el
comunicador se ve sumergido en la temática que intenta representar.

IV

Una de las experiencias más enriquecedoras en el proyecto tuvo lugar en noviembre de


2015. Realizamos un viaje a San Lorenzo Achiotepec, Hidalgo el objetivo fue presentar una
versión preliminar del documental Costumbre, Viaje a Mayonikha San Lorenzo Achiotepec
a los habitantes de San Lorenzo. La proyección del avance se coordinó con las autoridades
de la comunidad, quienes facilitaron las inmediaciones del preescolar Colegio Salvador
Diaz Mirón. Arribamos a San Lorenzo un día antes de la proyección, e invitamos
personalmente a los mayordomos de la costumbre, y a quienes apoyaron la filmación de
proyecto. La proyección tuvo lugar el día siguiente a las seis de la tarde.

La retroalimentación obtenida por la comunidad fue mixta, la gente agradecía el


gesto de consideración y la producción, pero sea unió ante una consigna “los rezos están
incompletos”. En ese momento, el trabajo probó un error crítico en su metodología: el
equipo de filmación fue distinto al equipo de edición, grupo que obvió las oraciones en
nahuatl de los participantes al no conocer la lengua. El trabajo estaba incompleto, carecía
de momentos clave para la gente.
Posterior al viaje se enfocaron esfuerzos en una nueva versión del audiovisual en
función de las sugerencias de la gente, lamentablemente no se pudo realizar una segunda
proyección y el resultado final tuvo que ser entregado a la regidora del pueblo, con la
esperanza de ser difundido a los pobladores.

La experiencia profesional que hemos obtenido durante estos proyectos nos lleva a la
autorreflexión y autoevaluación, siendo una constante cuestionar ¿dónde termina el
compromiso del realizador con quienes justifican su investigación?, ¿en la producción de
un video?, ¿en la difusión?, ¿en motivar la reflexión de los involucrados?, ¿en creer la
automática protección y preservación de la cultura por un sencillo trabajo de edición?, ¿en
contribuir a solucionar problemas detectados durante la producción?

Retomando a Rosana Guber conocida por sus trabajos en etnografía, existen dos
tipos de actividad en el campo de la investigación: observar y participar. Y nos parece justo
recuperar el análisis que la autora refiere en cuanto a la necesaria fusión de ambas
actividades: la observación participante.

“La observación para obtener información significativa requiere de participación


aunque sea en algún pequeño grado, esto es, desempeñar un rol y por lo tanto incidir
en la conducta de los informantes y recíprocamente en la del investigador (…) Para
detectar los sentidos de reciprocidad de la relación, el investigador debe analizar los
términos de su interacción con los informantes y el sentido que éstos le dan al
encuentro.” (Guber, 2001)

Bien podríamos aplicar éste enfoque al documentalista, ya que una de sus tareas
iniciales es la de la investigación del tema que pretende desarrollar. La oportunidad
primordial del comunicador es, desde esta perspectiva, generar dinamismo en la práxis, ver
más allá del producto comunicacional, una oportunidad de propiciar toda una arista de
elementos que pueden enriquecer a su propia investigación, y qué mejor que gestionar esta
información de la mano de sus objetos de estudio, o en este caso, de sus actores principales.

Retomando el ejemplo del video participativo, podemos confirmar que es posible


cambiar nuestro rol sin dejar de ser partícipes de la realización documental, abonando
mucho más que un producto final que las comunidades puedan guardar y mostrar a sus
familiares, sino que, también podemos generar incidencia en sus relaciones, en sus
habilidades discursivas, en la solución de conflictos internos, en su capacidad de
abstracción, en su desarrollo de conocimientos relacionados a TICS y nuevas teconologías;
o en otras palabras, en reforzar el concepto de comunidad misma al empoderar a sus
actores.

Ciertamente como estudiantes aún en proceso de aprendizaje y de experiencia a


partir del error, reconocemos que es de suma importancia propiciar los lazos
multidisciplinarios y conformar equipos de trabajos que puedan aportar tanto
conocimientos y habilidad técnica, como contenidos críticos que más allá de dar resultados
vistosos, busquen incidir positivamente en los actores vinculados. Así mismo,
agradecemos la experiencia que nos ha permitido conocer tan sólo un poco de lo que las
festividades o costumbres de las comunidades visitadas representan en cuanto a riqueza
tanto cultural como humana.

Bibliografía
Edmonds, R., Grierson, J., & Meran, R. (1990). Principios de Cine Documental. Ciudad de
México: UNAM.

Guber, R. (2001). La Etnografía: Método, Campo y Reflexividad. Bogotá: Grupo Editorial


Norma.

Lunch, N. (2006). Una mirada al Video Participativo. Oxford: Insightshare.

Nichols, B. (2013). Introducción al Documental. Ciudad de México: UNAM.


Rabiger, M. (2001). Dirección de Documentales. Madrid: Instituto Oficial de Radio y
Televisión RTVE.