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ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

Autor: Lewis Carroll Adaptado por: K I D S I N C O Editado por: Emperatriz Montes

PERSONAJES: NARRADOR, ALICIA, CONEJO BLANCO, RATON, LORO, ORUGA, GATO CHESHIRE,
LEIBRE DE MARZO, SOMBRERERO, LIRON, GUARDIAS, REINA DE CORAZONES.

GUION:
NARRADOR: Era un día bonito y caluroso, y Alicia una niña bonita y alegre, empezaba a cansarse de
estar sentada a la sombra de un viejo árbol.

ALICIA: Si no hiciera tanto calor, me pondría a recoger margaritas y con ellas tejería una bonita
guirnalda.

NARRADOR: De pronto, paso muy cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.

CONEJO BLANCO: Oh no, se me acaba el tiempo. ¡Llegare tarde!

NARRADOR: Alicia se sorprendió al ver que el conejo saco un reloj del bolsillo de su chaleco, lo miro, y
corrió rápidamente.

ALICIA: ¡Un conejo que usa chaleco y reloj! ¡Tengo que alcanzarlo!

NARRADOR: Alicia corrió a través del campo detrás del conejo, y cuando iba a atraparlo, el pequeño
animal se metió en una madriguera.

CONEJO BLANCO: ¡No puedo llegar tarde!

NARRADOR: Alicia siguió al conejo y se metió a la madriguera, que era parecido a un túnel muy
profundo.

ALICIA: ¡Voy entrando por un túnel muy largo! Qué raro, a los lados del túnel están unos armarios, hay
cuadros, y mapas. Allí hay un frasco de mermelada de fresa. Me la comeré, Oh no, está vacío, mejor lo
dejo en el armario que está más adelante. ¡Este túnel es muy largo! ¿Cuándo se acabará?

NARRADOR: De pronto, Alicia salió y vio otro largo corredor, por donde corría el Conejo Blanco.

CONEJO BLANCO: ¡Por mis orejas y bigotes, ahora si se me hizo tarde!

NARRADOR: Una vez más, la niña estaba a punto de alcanzarlo, cuando el conejo dio vuelta en una
esquina, y desapareció. Alicia llego a un cuarto muy grande y muy bien iluminado, y rodeado de puertas
de diferentes tamaños. Trato en vano de abrirlas.
ALICIA: Todas las puertas están cerradas. ¿Cómo voy a salir de aquí? Debí haber traído a mi gatita, así
no me sentiría tan sola. Allí, hay una mesa de cristal. ¿Pero de dónde llego? Hace unos minutos no estaba
allí, estoy segura de eso. Veo sobre la mesa, una pequeña llave de oro. Mmmm, es muy pequeña y no abre
ninguna puerta.

NARRADOR: Sin embargo, al recorrer el salón, Alicia vio que detrás de una cortina había una pequeña
puerta. Intento abrirla con la pequeña llave de oro, y para su sorpresa, la puerta se abrió. La puerta
conducía a un pequeño pasadizo muy angosto, se arrodillo, y vio que al final del pasillo, estaba el jardín
más maravilloso que jamás hubiera soñado.

ALICIA: Oh, como me gustaría ir a ese jardín. ¿Pero cómo puedo hacerlo, si no puedo pasar a través de
esa pequeña puerta? ¡Como me gustaría poder encogerme como un telescopio para entrar en ese
jardín! Veré si sobre la mesa puedo encontrar otra llave. ¡Vaya, no hay otra llave! ¿Pero que es esa
botellita? Hace un rato no estaba allí. Tiene una etiqueta que dice “Bébeme”. Veré si no dice veneno. No,
nada indica que sea veneno. La probare. Mmm, me gusta. Me beberé toda la botella. Me siento rara. Me
estoy haciendo pequeña como un telescopio.

NARRADOR: Ahora media solo quince centímetros de estatura. Después fue hacia la pequeña puerta
esperando llegar al jardín. Pero la puerta estaba cerrada y había olvidado la llave sobre la mesa. Trato de
subir por una de las patas de la mesa, pero como era de cristal, estaba muy resbalosa. Después se sentó en
el piso, y empezó a llorar.

ALICIA: Me estoy portando como una tonta. ¡No gano nada con llorar! ¿Pero que hay allí debajo de la
mesa? ¡Es una pequeña caja! La abriré para ver que hay adentro. Oh, es una pequeña rebanada de pastel
que dice “Cómeme”. Bueno, me la comeré. Algo maravilloso puede suceder. He aprendido que en este
lugar todo es maravilloso. ¿Qué pasa? ¡Me estoy estirando como un telescopio! Me estoy haciendo grande.
¡Adiós queridos pies! ¡Ya no puedo verlos! ¡Ya no me quedaran mis zapatos! Oh, sigo creciendo. ¡Ay, ay,
me pegue con el techo! Ya debo medir como cuatro metros. ¡Parezco un gigante! ¡Ahora ya podre tomar
esa llave!

NARRADOR: Pobre Alicia. Ahora lo único que podía hacer era tirarse en el suelo, y mirar hacia el
jardín con un solo ojo. Ya no podría entrar. Entonces empezó a llorar.

ALICIA: ¡Debería de estar avergonzada! No está bien que una niña tan grande como yo, llore como un
bebe.

NARRADOR: Pero siguió llorando y llorando hasta que se formó una gran alberca de lágrimas a su
alrededor. Después escucho unos pasos y dejo de llorar. Allí estaba, el Conejo Blanco, muy elegantemente
vestido. Traía unos guantes blancos en una mano, y un abanico en la otra.

CONEJO BLANCO: ¡La duquesa! ¡La duquesa! Estará muy enojada si la hago esperar.

ALICIA: ¡Señor conejo! ¡Señor conejo! ¡Espere un momento! ¡Por favor escúcheme!

NARRADOR: Cuando el conejo escucho a Alicia, se asustó, dejo caer los guantes y el abanico, y corrió tan
rápido como pudo. Alicia recogió los guantes y el abanico, y como hacía mucho calor, se puso
tranquilamente a abanicarse.
ALICIA: ¡Que día! Ayer todo era normal. Oh, me estoy haciendo pequeña otra vez. ¿Por qué será? ¡Tal
vez es el abanico!

NARRADOR: Y dejo caer el abanico, justo cuando estaba a punto de desaparecer.

ALICIA: Ahora ya puedo ir al jardín. ¿Pero qué es esto? He caído en un mar de agua salada.

NARRADOR: El agua salada era la alberca que ella misma había hecho cuando era gigante.

ALICIA: ¡Ojalá no hubiera llorado tanto! ¡No quiero morir ahogada en mis propias lágrimas!

NARRADOR: Empezó a nadar cuando escucho que alguien nadaba cerca de ella.

ALICIA: ¡Alguien está nadando! ¡Es un hipopótamo! ¡No es una morsa! ¡Oh es un ratón! Pero lo veo
muy grande porque yo soy muy pequeña. Le hablare, tal vez me conteste. Dígame ratón, ¿sabe cómo
puedo salir de aquí? ¡Estoy muy cansada de nadar!

NARRADOR: El ratón la miro, pero no le contesto. Alicia pensó que tal vez el ratón hablaba un idioma
extranjero, así que le hablo usando la única frase que recordaba en francés.

ALICIA: ¿Ou est ma chatte?

NARRADOR: Lo que significa donde está mi gato. Repentinamente el ratón salió del agua.

ALICIA: ¡Perdóneme! Olvidé que a los ratones no les gustan los gatos.

RATON: Mira niñita, tengo muchas razones para odiar a esos animales. Algún día te contare mi historia,
y entonces comprenderás como me siento. Pero nademos hacia la orilla. ¡Mira tenemos compañía!

ALICIA: ¡Es verdad! Es un loro.

NARRADOR: Alicia nado con el rato y después de un rato, llegaron a la orilla.

ALICIA: ¡Estamos todos mojados! ¿Cómo le haremos para secarnos? ¡Si no me seco rápido voy a pescar
un resfriado!

RATON: Estoy de acuerdo contigo. ¿Qué piensas de eso loro?

LORO: Pienso que hagamos una carrera loca.

ALICIA: ¿Una carrera loca? ¿Qué es eso?

LORO: ¿No lo sabes? Es como un círculo, pero la forma no es realmente importante. Cuando yo diga
“YA”, todos empiezan a correr.

NARRADOR: Todos empezaron a correr, y media hora después el loro dijo.


LORO: ¡Todos están secos! ¡Se acabo la carrera!

RATON: ¿Quién gano?

LORO: ¡Todos ganamos! ¡Todos tienen que recibir un premio!

RATON: ¿Quién dará los premios?

LORO: La niña, obviamente.

NARRADOR: Alicia no sabía qué hacer. Metió la mano en su bolsillo, y saco una cajita de dulces, y se los
dio como premio. Había exactamente un dulce para cada uno.

RATON: ¿Y ella no recibirá un premio?

LORO: ¡Claro que sí! ¿Qué más traes en el bolsillo, Alicia?

ALICIA: Déjame ver. Solo tengo un dedal.

LORO: Dámelo.

NARRADOR: Alicia le dio el dedal. Entonces todos la rodearon para que el loro le diera el dedal como
premio.

LORO: Te rogamos que aceptes este elegante dedal como premio.

NARRADOR: Todos aplaudieron. Alicia pensó que todo era muy extraño, pero cuando vio sus caras tan
serias, no se atrevió a reír, así que solo dijo.

ALICIA: Para mí es un honor aceptar este hermoso premio. Este dedal era justamente lo que
necesitaba. Ratón, me gustaría escuchar la historia que prometiste contarme.

RATON: Debo decirte que mi historia es muy triste, y tan larga como mi cola.

ALICIA: Tu cola es larga.

NARRADOR: La niña miraba la cola del ratón, pero no sabía por qué era triste. Alicia no puso atención
a la historia del ratón, así que cuando el ratón termino, le dijo.

RATON: Niñita, no estás poniendo atención. ¿En que estas pensado? ¡Tengo un nudo en mi garganta!

ALICIA: ¿Un nudo? Déjame ayudarte a desatarlo. Yo siempre le desato el listón que mi gatita tiene en el
cuello.

RATON: Niña, me insultas y me ofendes.

ALICIA: ¡Tú siempre te ofendes!


RATON: ¡Tú necesitas que te eduquen! ¡Mejor me voy!

ALICIA: ¡Se fue! Ahora puedo hablar con el Loro y con los otros pájaros, de Dina, mi gatita.

LORO: ¿Quién es Dina?

ALICIA: Dina, es mi pequeña gatita. ¡Le gusta mucho atrapar ratones y pájaros! ¡Como me gustaría
que la vieran cuando persigue a los pájaros! ¡Se los come tan pronto como los ve!

LORO: Me voy no se puede hablar contigo niña. Por eso el ratón se fue.

ALICIA: ¡Por favor, no me dejen sola! Ya se fueron todos. No debí haber hablado de mi gatita Dina. En
este país tan extraño a nadie le gustan los gatos. Alguien viene. Tal vez es el ratón que cambio de
opinión. ¡Pero no, es el Conejo Blanco!

CONEJO BLANCO: ¡La Duquesa! ¡La Duquesa! ¡Oh mis queridas patitas! ¡Mi piel y mis bigotes! Hará
que me ejecuten tan seguro como que el sol sale de día. ¿Dónde pude haber dejado mis guantes y mi
abanico? ¿Dónde?

NARRADOR: El conejo buscaba sus guantes y su abanico. Alicia, queriendo ayudar, también empezó a
buscarlos. Pero todo había cambiado desde que ella había estado nadando en la alberca. Y como magia, el
cuarto había desaparecido totalmente. Por fin, el conejo vio a Alicia y le dijo.

CONEJO BLANCO: ¡Que haces aquí Ana María! ¡Ve a casa rápidamente y tráeme otros guantes y un
abanico!

NARRADOR: Alicia estaba muy asustada y corrió en la dirección que le indicaba el conejo, sin intentar
sacarlo de su error.

ALICIA: ¡Me ha confundido con su sirvienta! Sera mejor que le dé su abanico y sus guantes. ¡Eso si es
que puedo encontrarlos!

NARRADOR: Al ir corriendo, llego a una casita muy hermosa en cuya puerta se leía en letras de bronce
el nombre “C. Blanco”.

ALICIA: ¿C. Blanco? Debe significar Conejo Blanco. Entrare, aunque espero no encontrar a la
verdadera Ana María. De todas formas, esto es muy gracioso. Yo Alicia convertida en la mandadera de un
conejo. ¡Qué suerte tengo! Sobre aquella mesa hay un par de guantes y un abanico. ¡Y una
botella! Beberé un poco y espero poder crecer otra vez, me estoy cansando de ser tan pequeña.

NARRADOR: Efectivamente, como supuso Alicia, al beber el contenido de la botella la hizo crecer, pero
accidentalmente sin darse cuenta cerró la puerta con seguro.

CONEJO BLANCO: ¡Ana María! ¡Ana María! ¡Contéstame! ¿Dónde están mis guantes? ¿Puedes
escucharme? ¡Que pasa! ¡La puerta no se abre! Ana María, dime porque cerraste la puerta.

ALICIA: ¡Señor conejo, señor conejo, la puerta se atascó, como voy a salir de aquí!
CONEJO BLANCO: ¡mira Ana María es mejor que salgas por la venta y me entregues los guantes y el
abanico! Me tengo que ir.

ALICIA: señor conejo, espere. ¡Se fue! Ahora tengo que comer y beber algo para recuperar mi estatura
normal. Además, debo encontrar la manera de entrar en aquel hermoso jardín. Me pregunto qué poder
comer.

NARRADOR: Cerca de ella había un hongo enorme. Alicia se estiro con la punta de sus pies para ver por
arriba de él, y lo que vio, fue una gran oruga azul que estaba sentada arriba del hongo fumando
tranquilamente una larga pipa. Los dos se miraron, hasta que finalmente la oruga azul se sacó la pipa de la
boca y le hablo con voz adormilada.

ORUGA: ¿Quién eres tú?

ALICIA: Supongo que no lo sé. Al menos sabía quién era yo cuando me desperté esta mañana, pero creo
que desde entonces he cambiado varias veces.

ORUGA: Explícate mejor porque no te entiendo.

ALICIA: Me temo que no puedo explicarme mejor. Pero cuando usted tenga que convertirse en una
crisálida, y después en una mariposa, sabrá cómo me siento yo.

ORUGA: ¿Crisálida? ¿Mariposa? No me gusta la idea. ¿Ahora dime, quien eres tú?

ALICIA: Sera mejor que me vaya señor Oruga, o empezaremos esta conversación otra vez. Póngase la
pipa en la boca y comience a fumar. ¡Nos vemos!

ORUGA: ¡Regresa! Tengo algo importante que decirte.

ALICIA: ¿Qué?

ORUGA: ¡Controla ese mal genio que tienes!

ALICIA: ¿Eso es todo?

ORUGA: No. ¿Tú crees que has cambiado?

ALICIA: No lo creo. No puedo mantener la misma estatura por quince minutos.

ORUGA: ¿Estas contentas ahora?

ALICIA: ¡Imposible! Me gustaría estar más alta. Debo medir siete centímetros, y eso es ridículo.

ORUGA: Es una buena altura. ¡Eso es lo que yo mido!

ALICIA: Perdóneme señor Oruga, y no se sienta ofendido, pero no estoy acostumbrada a ser tan pequeña.
ORUGA: Ya te acostumbraras.

NARRADOR: La oruga volvió a meterse la pipa en la boca y empezó a fumar de nuevo. Después se sacó
la pipa de la boca, y bostezo varias veces. Después se bajó del hongo, y se alejó deslizándose por la hierba.

ORUGA: Un lado te hará crecer, y el otro lado te hará disminuir.

ALICIA: ¿Un lado de qué? ¿El otro lado de qué?

ORUGA: Del hongo, eso todos lo saben.

NARRADOR: Tan pronto como la oruga se fue, Alicia estiro los brazos y corto un pedazo del hongo. Un
pedazo con su mano derecha, y otro pedazo con su mano izquierda. Después comió un poco, hasta que
recupero su estatura normal. Después se guardó un pequeño pedazo del hongo en su bolsillo, y empezó a
caminar por el bosque. Repentinamente, vio un gran gato negro que sonreía de oreja a oreja. Era el gato
Cheshire.

ALICIA: ¿Podría decirme que camino debo tomar?

GATO CHESHIRE: Ja, ja, ja, ja, depende a donde quieras llegar.

ALICIA: No me importa mucho.

GATO CHESHIRE: Entonces no importa que camino tomes.

ALICIA: Mientras llegue a algún lugar. ¿Qué tipo de gente vive aquí?

GATO CHESHIRE: Al norte vive un sombrerero, y al sur vive una liebre de marzo. Los dos están bien
locos.

ALICIA: Pero no me gustan los locos.

GATO CHESHIRE: Todos estamos bien locos aquí. Yo estoy loco, tú estás loca.

ALICIA: ¿Por qué dice eso? ¿Cómo sabe que yo estoy loca?

GATO CHESHIRE: Porque estás aquí. ¿Dime, vas a jugar al croquet con la Reina?

ALICIA: Me gusta el croquet, pero nadie me ha invitado.

GATO CHESHIRE: De todos modos, allí nos veremos.

NARRADOR: Y el gato desapareció. Pero desapareció lentamente. Primero la cola, después las patas,
enseguida su cuerpo, y finalmente su sonrisa, la cual tardo un rato en desaparecer.

GATO CHESHIRE: Ja, ja, ja, ja.


ALICIA: ¡Eso fue muy gracioso! Muchas veces he visto un gato sin una sonrisa, pero no una sonrisa sin
un gato. Iré a visitar a la Liebre de Marzo.

NARRADOR: Alicia no había caminado mucho, cuando vio la casa de la Liebre de Marzo. Se dirigió
hacia la casita, y comió un pedacito del hongo mágico para reducir un poco su tamaño. Delante de la casa
había una mesa puesta para dos, y allí se encontraban sentados la Liebre de Marzo y el Sombrero tomando
té. Entre los dos estaba sentado un Lirón profundamente dormido, al que usaban como almohada. La
mesa era grande, pero los tres todos estaban en un rincón amontonados. Cuando Alicia se acercó, ellos le
dijeron.

LIEBRE DE MARZO Y SOMBRERERO: ¡No hay lugar para ti!

ALICIA: ¡Claro que sí! Me sentare en ese sillón.

LIEBRE DE MARZO: ¡Entonces toma vino!

ALICIA: ¡Como voy a tomar vino, si solo hay te!

LIEBRE DE MARZO: Ya sabía que no había vino.

ALICIA: Entonces por qué me dices que me lo tome. ¡Eres muy descortés!

LIEBRE DE MARZO: Tampoco es cortes sentarse a una mesa donde no te han invitado.

ALICIA: Yo no sabía que era tu mesa, esta puesta para cuatro.

NARRADOR: Mientras tanto, el Sombrerero miraba a Alicia silenciosamente. Finalmente dijo.

SOMBRERERO: Deberías de cortarte el cabello, lo traes muy largo.

ALICIA: Tal parece que nunca le dijeron que no se metiera en las cosas ajenas.

SOMBRERERO: Dime, en que se parece un cuervo a un escritorio.

ALICIA: Me gustan las adivinanzas, y esta creo que puedo adivinarla.

LIEBRE DE MARZO: ¿Te sabes la respuesta?

ALICIA: Así es.

LIEBRE DE MARZO: Dime lo que piensas.

ALICIA: Ya lo hago. O al menos pienso lo que digo, es lo mismo.

SOBRERERO: No es lo mismo. ¿Es lo mismo decir veo lo que como, que como lo que veo?

LIEBRE DE MARZO: O ¿Me gusta lo que tengo, que tengo lo que me gusta?
LIRON: O ¿Respiro mientras duermo, que duermo mientras respiro?

NARRADOR: Todos guardaron silencio por un rato, mientras Alicia pensaba en todo lo que sabía sobre
cuervos y escritorios. Entonces el Sombrerero le pregunto a Alicia, mientras veía su reloj.

SOBRERERO: ¿Qué día es hoy?

ALICIA: Es día cuatro.

SOMBRERERO: Este reloj se equivoca por dos días. Te dije tonta Liebre de Marzo, que la mantequilla
no funcionaria.

LIEBRE DE MARZO: Era la mantequilla de mejor calidad. Déjame ver tu reloj. Lo sumergiré en el té y
espero que funcione.

ALICIA: Que reloj tan raro. Te dice el día del mes, pero no te dice la hora.

SOMBRERERO: ¿Tu reloj te dice que año es?

ALICIA: Claro que no.

SOBRERERO: Entonces no le veo nada raro al mío. El Lirón se durmió otra vez, le echare te caliente en
la nariz. Ahora que lo recuerdo, ¿ya sabes la respuesta de la adivinanza?

ALICIA: No, me doy por vencida. ¿Cuál es?

SOBRERERO: No tenemos ni la menor idea. ¿Verdad Liebre de Marzo?

LIEBRE DE MARZO: Tienes razón. Nos estamos aburriendo. Cuéntanos una historia, jovencita.

ALICIA: En este momento no me acuerdo de ninguno.

SOMBRERERO: Entonces que lo cuente el Lirón.

ALICIA: El Lirón está dormido.

LIRON: No estoy dormido. He escuchado cada palabra que ustedes han dicho.

SOMBRERERO: Cuéntanos algo.

ALICIA: ¡Si, por favor!

SOMBRERERO: ¡No hable, jovencita tonta!

NARRADOR: Alicia se enojó tanto por la grosería del Sombrerero, que se levantó y se fue. Ninguno trato
de detenerla, aunque ella tenía la esperanza de que lo hicieran. En lugar de eso, tanto la Liebre de Marzo
como el Sombrerero intentaban meter al Lirón adentro de la tetera.
ALICIA: ¡Jamás volveré a ver a esos locos! Ah, en ese árbol hay una pequeña puerta en el
tronco. Entrare. ¡Pero qué hermoso jardín! ¡Es el mismo que vi a través de la pequeña puerta de aquel
salón!

NARRADOR: Alicia había entrado al jardín de la reina de corazones, estaba entretenida hasta que
empezó a escuchar el sonido de muchos pasos, y Alicia miro a su alrededor buscando de donde venia el
sonido. Primero llegaron dos Soldados armados de garrotes tenían forma de naipes de baraja. Le seguían
la Reina de Corazones, el Conejo Blanco. Atrás, venia el ratón, junto al loro, el gato Cheshire junto a la
oruga y al final de la gran procesión venia el Sombrerero y la Liebre de Marzo, Cuando llegaron delante de
Alicia, se detuvieron y la miraron, y la Reina dijo.

REINA DE CORAZONES: ¿Quién es ella? ¡Nadie lo sabe! ¿Como te llamas, niña?

ALICIA: Me llamo Alicia, su majestad.

REINA DE CORAZONES: ¿Y de dónde vienes?

ALICIA: Eso no le interesa.

REINA DE CORAZONES: ¡Córtenle la cabeza por irrespetuosa!

MULTITUD: ¡¡Si!! ¡Córtenle la cabeza!

ALICIA: ¡No creo que lo logres Reina de Corazones! ¡Tú no eres más que una simple baraja! ¡Y yo estoy
grande!

REINA DE CORAZONES: ¡Te ordeno que te calles!

ALICIA: ¡No me callare! ¡Todos ustedes solo son unas barajas! ¡No les tengo miedo!

NARRADOR: Entonces las Barajas se levantaron, y enfurecidas cayeron sobre Alicia. La niña trato de
luchar con ellas, pero no pudo. Trato de levantarse, y entonces se dio cuenta de que estaba recostada en el
árbol, y que todo había sido un sueño maravilloso.

ALICIA: ¡Ay que sueño tan raro! ¡Algún día te lo contare! ¡Eso sí, te prometo que no volveré a ser tan
curiosa!

NARRADOR: Repentinamente, Alicia vio un conejo.

ALICIA: ¡Miren! ¡Miren! ¡Un Conejo Blanco con chaleco y reloj! ¡Lo seguiré! ¡Ven! ¡Vengan conmigo
al país de las maravillas!

FIN

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