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FERMINITA GOMEZ

Todos notaron cierto trastorno en Fermina, luego de haberse


asentado. Era normal que se pasara todo el día lavando la misma ropa
o limpiando el piso una y otra vez.

La lucumí Ma Montserrate la observaba en silencio, mientras


meditaba sobre la pobre Fermina. Ella sabía que osha da sosiego y paz,
no esa intranquilidad desgastante que terminaría por conducir a la
joven Fermina por malos caminos.

Un día decidió preguntarle a Changó, ángel de su guarda y este le


autorizó a ayudarla, pero que lo primero era revisar el ángel de la
guarda. Así lo hizo Ma Montserrate y para su asombro descubrió que
Fermina era hija de Yemayá y no de Oshún. Como ella era una
persona con conocimientos, pero con responsabilidad, hizo traer a Ña
Belén y a otras lucumís a Matanzas desde La Habana y de conjunto
tomar una decisión, toda vez que a Fermina la habían asentado en la
capital.

La suerte estaba echada y entre todas hicieron una compleja


ceremonia que en la actualidad, nadie se atreve a hacer, virar el oro,
con el objetivo de restituir al verdadero Orisha tutelar.

Y Fermina se levantó y llegó a ser la sabia y famosa santera a la que


mucho le debe la Regla de Osha. Ella adecuó el Olokun, que era Orisha
de babalawos, y lo puso en manos de los Oloshas. A más de un oriaté
de la Regla Arará ayudó para que oficiaran en las ceremonias de los
lucumís porque los arará eran tan cerrados que no tenían vida, en su
casa se hacía Aggayú y Babalú Ayé directos. Definitivamente fue una
santera muy completa que prestigió la Osha que se practicaba en
Matanzas.

Ya en la agonía de la muerte, muy viejecita, no se moría. Entonces


hubo que tocarle a Oshún. Dicen que se levantó de la cama, bailó su
poquito y luego fue que murió.

11. OLOKUN

Como se entregaba Olokun a finales del siglo XIX y principios del XX.
11. OGGUN POSIBILITA LA EXPANSION Y LA UNIFORMIDAD; EL
FERROCARRIL

Aunque en otras provincias pudieron establecerse esclavos egwados,


iyesha y de Oyó, entre otros grupos del territorio yoruba, solo en La
Ciudad de la Habana y Matanzas, sobre todo en zonas del interior de
esta última como Perico, Sabanilla del Comendador, entre otros, más
que establecerse, se afincó y se gestó la Regla de Osha.

La superficie de la oralidad parece anunciar una fuerte rivalidad entre


ambas provincias. No es menos cierto que Oloshas de cada parte
reclaman para si la legitimidad de la práctica. Sin embargo, cuando
uno se sumerge dentro del intenso proceso de germinación de la osha,
descubre que los santeros de ambas provincias son protagonistas de
un fluido intercambio en el que cada cuál aporta y recibe.

Estas influencias se perciben claramente en los siguientes ejemplos:


el Orisha Aggayú, del que antes expuse como sale de La Habana y
llega a Matanzas de una manera, para regresar a la capital diferente,
como lo conocemos hoy.

El Pinaldo no se conocía en Matanzas, es la iyalosha Adela Alonso


quién lo lleva hacia allá y lo propaga.

El culto a Babalú Ayé se robustece en La Habana a partir de los


aportes de Ña Pilar Fresneda, descendiente de los ararás de Matanzas.
En la Habana no se asentaba directamente, si no que a sus hijos le
hacían Yemayá y luego se le entregaba al Iyawó Babalú Ayé, una
fórmula muy parecida a la de Changó con oro para Agayú.

La consagración de Elegguá a la africana Soledad Crespo se efectuó


en Matanzas, como ya dije antes en África este importante Orisha no
se asentaba.

Los aportes de Ferminita en cuanto al culto de Olokun, rápidamente


tuvieron buena acogida en la capital.

Indudablemente que el cruce entre las distintas ramas permeó los


hermetismos y las intolerancias en ambas partes, para ilustrar esto
sirvan dos ejemplos: el notable babalosha José Urquiola, omó
Elegguá, era matancero y lo asientan en La Habana en 1904. Apolinar
González, Polo, oló Obbatalá, era habanero y lo asientan en Matanzas
en 1941.

A medida que el lucumí obtuvo su libertad tenía a su favor la


posibilidad de moverse entre estos territorios. Cuando se estudian los
asientos en la zona de Matanzas se repiten los nombres de los lucumí
Ma Montserrate, Arabia Oviedo, Dámasa Dreke, Blas Cárdenas, entre
otros.

Y es que el desarrollo del ferrocarril posibilitó el incesante


movimiento de oloshas cabezas, primero entre los territorios de La
Habana y Matanzas, con sus experiencias a cuestas y después por
Villa Clara. En 1848 quedan conectadas Unión de Reyes con La
Habana y con Matanzas. Un año después Villa Clara se conecta con
Cienfuegos, Remedios y Caibarién.

Esta comunicación explica que a comienzos de la década de los años


cincuenta del siglo XIX, Andrea Trujillo llegue a La Habana
procedente de Cienfuegos para posteriormente ser asentada por
Efushe. O que Ña Belén pueda ir a Matanzas a ayudar a Ma
Montserrate con el arreglo del eleddá de Fermina Gómez.

En aquel influyente principio, gracias al tren, la osha pudo llegar a los


territorios del interior del país e igualmente ganó en uniformidad, lo
que ha resultado que hoy en Cuba las diferencias en la práctica, entre
las provincias, sean mínimas. La posterior abolición de la esclavitud
acentuó más este matiz.

Otra historia pudo ser si en los territorios, por falta de comunicación,


el conocimiento y la práctica se hubiesen enquistados. La isla larga y
estrecha favoreció este contacto que en el África del siglo XIX, por el
bajo nivel de desarrollo y la gran extensión, era imposible que esto
sucediera.

El siguiente breve itinerario ilustra una parte de la impresionante


movilidad alcanzada durante el siglo XX.

En las primeras décadas del siglo Julio Imelis, oní Changó, natural de
San Nicolás de Bari, fue el primer babalosha que conoció ese
municipio de La Habana. Antes fue asentado por Tiburcia Sotolongo,
oló Oshún, en la Ciudad de la Habana.

La primera persona natural del municipio de Palmira, Cienfuegos, que


hace osha y quién la introduce allí, fue Francisca Entenza. En 1915
llega a la Ciudad de Matanzas para ser asentada por Dámasa Dreke
como oní Changó. Luego encontraremos que Latuá y Fermina Gómez
van a Palmira a oficiar distintas ceremonias.

En 1919 Marta Beatriz Fernández, oní Yemayá, más conocida por


Mafea, también de Palmira, hace osha en la Habana con su madrina
Josefa Herrera, omó Elegguá, para convertirse en la segunda Iyalosha
de Palmira. Unos años después Valeriana Marín, oló Oshún, es la
tercera Iyalosha de aquel municipio y la primera que asientan allí. Su
madrina fue María Marañón, baló Oggún.

En la década de los años veinte, Pascuala Ribalta, oló Oshún, fue


iniciada en La Habana por la también oló Oshún, Herminia Conde.
Ella es la primera persona que llegó con Osha a Santa Clara, provincia
de Villa Clara. Con el tiempo consagró a otros en Colón, provincia de
Matanzas y en Morón, provincia de Ciego de Ávila.

La primera que introduce la Osha en el municipio de Lajas, provincia


de Cienfuegos fue Gregoria Terán y Goytisolo, omó Elegguá, natural
de Santo Domingo, Villa Clara. En 1924 es asentada por Florencio
Alfonso, oní Changó.

Por la tercera década, Juana Caraballo, oló Oshún, aunque asentada


en La Habana, es la primera persona natural de Santiago de Cuba que
hace Osha.

Caridad López Valdés, Oní Changó, que se asienta en La Habana en


1934 y tiene como Oyugbona a Latuá, es la primera iyalosha natural
de Camagüey, que luego en su provincia crea casa de Osha y llega a
tener entre 100 y 105 ahijados.

En la década del los años 30, Aurelia Álvarez, oló Obbatalá, es


asentada en La Habana por Eduviges Armenteros, también oló
Obbatalá. Fue la segunda Iyalosha que tuvo Camagüey.

También por los años 30, Herminia Conde consagra en La Habana a


Esperanza Villa, oní Yemayá; la tercera camagüeyana que hace Osha

A finales de los años treinta, Aurora Lamar, alá Aggayú, asienta en La


Habana a Rosa Torres, oní Changó. Lo que la convierte en la segunda
persona natural de Santiago de Cuba con Osha.

Otro tanto ocurre con Amada Sánchez, Oló Obbatalá., previamente


asentada en La Habana por Aurora, la que no sólo será de las mayores
de Santiago, si no que es de las primeras que consagra en aquella
ciudad; José Pie, Omó Elegguá y Habana Park, Oyá Dina, son dos de
ellos.

Rigoberto Rodríguez, oló oshún, en 1937 es consagrado por la


matancera Adela Alonso, Oló Obbatalá, en aquella provincia, lo que lo
convierte en el primer babalosha que tuvo el municipio Madruga y
quién primero introdujo allí los tambores añá. Por los años 60, con su
ahijada Elia como madrina y él de oyugbona, realizó los primeros
asientos en el municipio Pilón.

A Reinerio Pérez, oní Changó, en 1938 su madrina Caridad Pacheco,


oló Oshún, lo inicia en La Habana. Además de ser de los primeros
babaloshas de Santiago de Cuba

En 1944 Herminia Conde viaja a Camagüey y de conjunto con su


ahijada, Esperanza Villa, consagran a Julia Betancourt, oní Yemayá,
de manera que se convierte en la primera persona asentada en aquella
provincia.

En 1940 la balo Oggún Eusebia Cuti, hace osha en Jovellanos,


Matanzas. Ocho años después establece casa de osha en Las Tunas.

Otra balo Oggún, María Cilia Cabello, se asienta en La Habana en los


años cuarenta. Pasa a vivir a Ciego de Ávila donde crea una casa de
Osha. Con el oriaté Serafín Martínez, Cuco, oló Obbatalá, asienta a
gran parte de los primeros Oloshas de aquella provincia.

Francisco Betancourt, Oní Changó, en 1952, es la primera persona


natural de la provincia de las Tunas en ser consagrado en la Osha,
práctica que también lleva allí Reinerio Pérez, su padrino.
Felicia García, oní Yemayá, fue la primera persona que asientan en
Santa Clara en 1953. La madrina fue Caridad Fornaris, oló Oshún, y
el oriaté, Polo.

Cuca Vila, omó Elegguá, fue una de las Iyaloshas mayores que tuvo
el municipio Ranchuelo. Su padrino, Marcelino Ribalta, oní Changó,
la consagró en Cienfuegos.

Los frecuentes viajes a Mantua, Pinar del Río, de Dominga Albear,


hacen pensar que estableció por allá casa de osha.