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El libro se escribió y se publicó en la época de posguerra.

Un tiempo en el que la Humanidad


había triunfado o había sido vencida gracias a las máquinas. Sin duda fue un tiempo de gran
fascinación por estos nuevos ingenios (atención a la palabra).
En las épocas posteriores a grandes hecatombes y tragedias hay un periodo de cambio, de
reequilibrio, de asentamiento: de vuelta a empezar. Y, como siempre, hay dos maneras de
ver este reinicio: de una manera tradicional o de una manera progresista. Son dos polos
antagónicos irreconciliables. Le Corbusier está del lado progresista y ataca con fiereza
durante todo el libro los cimientos de la Escuela de Bellas Artes y la actitud clásica, tradicional
y conformista de la mayoría de los arquitectos de la época.
En los primeros artículos declara su admiración por los ingenieros: esos grandes hombres que
diseñan y construyen esos magníficos aparatos que facilitan y mejoran la vida del hombre.
Habla de ellos como artistas de las matemáticas que crean belleza que no llega a conmover.
Esta devoción por la máquina le permite presentar y defender el dinamismo del ingeniero
frente al tradicionalismo del arquitecto. Se trata posiblemente de un perfil de arquitecto muy
diferente al actual. Un arquitecto de los años 20 que se perdía en la insignificancia y el
banalismo de lo recargado y decorativo olvidando la quintaesencia del espíritu de la
arquitectura que proclama Le Corbusier.
Habla del trabajo de los arquitectos como el más sencillo puesto que solo consiste en
mantener en pie una casa. Le Corbusier da por supuesto que debe cumplirse esa premisa pero
que, el conseguir que un edificio se sostenga, tiene otro nombre: construcción. La
arquitectura va más allá y consiste en armonizar las formas sencillas y tocar el “eje” (la fibra
sensible) de las personas que reaccionan ante algo bello sin entender exactamente el por qué.
El arte de la construcción y la arquitectura debe ser el segundo más viejo de la historia. Desde
siempre, las casas no han sido más que cuatro paredes, un suelo y un techo. Le Corbusier
parece considerar insuficiente el progreso y la evolución de la casa hasta hoy en día. Por ello
pide que se aplique la misma actitud y voluntad en este campo que en la ingeniería para
conseguir cambiar el concepto de la casa y la actitud frente a esta a todos los niveles.
Habla de la casa como herramienta. Al igual que un pintor tiene pinceles y acuarelas, un
mecánico herramientas, un músico su instrumento o un estudiante sus libros, solicita que la
casa se enfoque como una herramienta más que permita a cada uno desarrollar sus
cualidades y se adapte plenamente a cada individuo.
Del mismo modo Le Corbusier presenta las casas en serie como la solución más económica y
racional a los problemas de París. Las casas en serie vienen a ser las actuales urbanizaciones:
abiertas, con grandes zonas al aire libre y donde las casas muchas veces parecen fotocopias
las unas de las otras. Presenta esta tipología como si el vivir en una casa formara parte de un
proceso en una cadena de montaje donde lo adecuado es la eficiencia y la productividad
cuando, es evidente, que, a muchos, lo que nos gusta cuando llegamos a casa, es desconectar
y dedicarnos a nuestras cosas.
The book was written and published in the post-war period. A time in which Humanity had
triumphed or had been defeated thanks to machines. No doubt it was a time of great
fascination for these new devices (attention to the word).
In the times after great hecatombs and tragedies there is a period of change, of rebalancing,
of settlement: back to start. And, as always, there are two ways to see this reboot: in a
traditional way or in a progressive way. They are two irreconcilable antagonistic poles. Le
Corbusier is on the progressive side and fiercely attacks throughout the book the foundations
of the School of Fine Arts and the classic, traditional and conformist attitude of most
architects of the time.
In the first articles he declares his admiration for engineers: those great men who design and
build those magnificent devices that facilitate and improve the life of man. Talk about them
as artists of mathematics that create beauty that does not touch. This devotion to the
machine allows him to present and defend the dynamism of the engineer against the
traditionalism of the architect. It is possibly an architect profile very different from the current
one. An architect of the 20s who was lost in the insignificance and banalism of the ornate and
decorative forgetting the quintessence of the spirit of architecture proclaimed by Le
Corbusier.
He talks about the work of architects as the simplest since it only consists in keeping a house
standing. Le Corbusier assumes that this premise must be fulfilled but that, to get a building
to hold, has another name: construction. The architecture goes further and consists of
harmonizing the simple forms and touching the "axis" (the sensitive fiber) of people who react
to something beautiful without understanding exactly why.
The art of construction and architecture must be the second oldest in history. Since always,
the houses have been only four walls, a floor and a roof. Le Corbusier seems to consider the
progress and evolution of the house insufficient to this day. That is why he asks that the same
attitude and will be applied in this field as in engineering in order to change the concept of
the house and the attitude towards it at all levels.
Talk about the house as a tool. Just as a painter has brushes and watercolors, a mechanic his
tools, a musician his instrument or a student his books, he asks that the house be focused as
a tool that allows each one to develop their qualities and adapt fully to each individual.
In the same way Le Corbusier presents the houses in series as the most economical and
rational solution to the problems of Paris. The houses in series come to be the current
developments: open, with large outdoor areas and where houses often look like photocopies
of each other. Presents this typology as if living in a house was part of a process in an assembly
line where the appropriate thing is efficiency and productivity when, it is evident, that, for
many, what we like when we get home, is to disconnect and dedicate ourselves to our things.