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Jorge Galindo Díaz

Arquitecto - Doctor en Arquitectura


Profesor Titular
Escuela de Arquitectura y Urbanismo - Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

La ciudad colombiana
de J. Aprile-Gniset
Génesis y reseña de una publicación

1. Introducción

Si bien la obra impresa de Jacques Aprile-Gniset es numerosa y abarca una rica


variedad de escalas en los procesos urbanos de nuestro país, me atreveré a decir -como punto
de partida de esta presentación- que la más significativa y probablemente aquella que sigue
siendo la más citada por prácticamente todos los investigadores en el tema, es la que se
encuentra recogida en los cuatro volúmenes titulados La ciudad colombiana, cuyos primeros dos
tomos aparecieron entre 1991 y 1992 bajo el sello editorial de la Biblioteca del Banco
Popular.
Centraré mi exposición en estos dos volúmenes no solamente por su importancia
académica. También me une a ellos un vínculo afectivo, una impronta en la memoria, una
etapa en mi formación, pues tuve la suerte de ser la persona encargada de realizar los dibujos
de esa edición cuando yo era un estudiante de mitad de carrera de arquitectura en la
Universidad del Valle, hábil con el díngrafo y el manejo del rapidógrafo, lo que mereció que
otro profesor me recomendase con Jacques Aprile para que le ayudara en su proyecto
editorial. Fue así como a lo largo de muchas jornadas de trabajo, aprendí a conocerle puesto
que semanalmente él me entregaba sus esquemas realizados en variedad de formatos y
papeles con el fin de poder expresar adecuadamente bien fuera la conformación de la red
urbana colombiana durante el siglo XVI, el modelo de ocupación territorial regional del siglo
XVII o la distribución de las colonias agrícolas en la Colombia de 1928. Con el paso de los
meses la suerte se convirtió en fortuna, en tanto llegué a conocer bastante bien el contenido
de cada tomo antes de ser impreso: la verdad entonces es que no tuve que leérmelos, Jacques
me los contó.

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Como él mismo lo comentara en los agradecimientos que incluye en el volumen 1, La
ciudad colombiana era el resultado de un trabajo muy extenso iniciado en 1976 en las aulas de
clase de la Universidad del Valle y “concluido” en 1991, poco antes de la edición del libro.
Creo sin embargo que se equivocaba Jacques al afirmar que el trabajo estaba concluido. En
realidad, pienso yo, se trataba solo de ese primer cierre que todo investigador necesita hacer
con el fin de confrontarse a sí mismo y de poner en la palestra lo que se ha venido
descubriendo a lo largo de muchos años.
¿Cómo fue ese proceso de investigación que antecedió a la publicación de La ciudad
colombiana? ¿Cuáles son los antecedentes que permiten explicar la estructura de los primeros
dos volúmenes? ¿Porqué razón se puede considerar que en esa primera edición se encuentran
las premisas de un trabajo que se enriquecerá en los años posteriores y que se puede
considerar todavía inconcluso? Estos son los aspectos que abordaré a continuación.

2. Antecedentes

Antes de la impresión del primer volumen de La ciudad colombiana (1991), Jacques Aprile
había publicado siete títulos diferentes.
En 1971 apareció en París la primera edición de
Colombie, un mosaico de hechos e impresiones que
resultaba de su trasegar por el país, en sus propias
palabras, con los ojos asombrados y las orejas bien abiertas,
deshaciéndo[s]e del viejo europeo que [l]e habitaba para ser
libre e intentar comprender, olvidando, el mundo diferente del
cual había venido. Impresionado por la violencia que
todavía azotaba los campos y empezaba a hacerse
presente en las ciudades, la incluyó en su relato,
mezclándola con lo trivial y lo cotidiano, de la misma
manera en que la sociedad colombiana de entonces la
vivía. Reimpreso en 1977, Colombie desataría fuertes
críticas hacia el autor, lanzadas por uno que otro
chovinista de medio pelo y algún columnista de la
APRILE-GNISET, Jacques (1971). Colombie. París:
prensa local que se esforzaban en negar lo que la Editions du Seuil, collection Petit Planète

realidad imponía.

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Tal vez fueron esos duros dardos los que indicaron a Jacques Aprile que los tiempos no
estaban para exponerse, más cuando el país atravesaba por esos años un período de fuerte
represión y censura. Decidió entonces publicar bajo el seudónimo de Urbano Campo dos
títulos que adelantaban algunos asuntos de método en la investigación de los hechos urbanos
y que estarían presentes en todos sus trabajos por venir: en 1977 aparece La urbanización en
Colombia y tres años más tarde Urbanización y violencia en el Valle. En la presentación del primero
de ellos, el autor escribe:

Teníamos cantidad de apuntes de trabajo cotidiano, anotaciones profesionales, entrevistas con


todos los sectores sociales, reflexiones, observaciones de campo, sobrantes de encuestas, y por supuesto,
numerosos interrogantes […] Más tarde sentimos la necesidad imperiosa de detenernos para
comprender lo que está ocurriendo en Colombia. No pretendíamos EXPLICAR de manera didáctica
sino ENTENDER un movimiento, un momento, un proceso […] (Aprile, 1977:7)

CAMPO, Urbano (1977). La urbanización en CAMPO, Urbano (1980). Urbanización y violencia


Colombia. Bogotá: Ediciones Suramérica. en el Valle. Bogotá: Ediciones Alcaraván.

Se pone pues en evidencia un primer aspecto de su labor como investigador que sigue
con rigor el método científico: el trabajo del observador, ya no como testigo que describe una
situación sino como actor que recoge información y ante todo, que se formula de manera
permanente preguntas sobre aquello que está frente a sus ojos. A lo anterior se suman tres
aspectos adicionales que serán de aquí en adelante la base operativa de su trabajo: (1) la

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ordenación y clasificación de los hechos, (2) la definición de fenómenos a partir de esos hechos, y
(3) la formulación de leyes a manera de hipótesis.
Con esas armas investigativas, en La urbanización en Colombia, Jacques Aprile echa mano
de la demografía a través de las cifras que brindan los censos de población del país, no sin
antes cuestionarlos duramente; apela a la geografía para dibujar sobre el mapa nacional las
ciudades con mayor crecimiento a lo largo del siglo XX y a través de la mirada del urbanista -
arquitecto describe la morfología de algunos casos representativos para, con todo ello,
explicar las fuerzas dialécticas que transforman la ciudades. Se trataba, sin duda, de una
forma nueva y revolucionaria de tratar la historia urbana en nuestro país.
El estudio de uno de esos casos, llevado a cabo con
precisión milimétrica, le llevará a publicar en 1983 el libro
El impacto del 9 de abril sobre el centro de Bogotá. Allí explicará
detalladamente, haciendo uso del mismo repertorio
metodológico, la manera en que la destrucción de Bogotá
con posterioridad al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán se
podía leer en clave de intereses urbanísticos e
inmobiliarios y no solo como producto del azar a causa de
una turba cegada por el odio. A mi modesto juicio, una
pieza maravillosa de ese libro es el mapa de los incendios
y saqueos en el centro de Bogotá, elaborado a partir de
fuentes tan valiosas como la aerofotografía, las notas de
prensa y los testimonios orales de quienes vivieron los
acontecimientos. Una vez más, el uso de las fuentes por APRILE-GNISET, Jacques (1983). El impacto
del 9 de abril sobre el centro de Bogotá. Bogotá:
parte del observador se anteponía a cualquier
Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán
formulación de hipótesis.
Aquí debo hacer un pequeño paréntesis. Hace pocos días, cuando la generosidad de
Gilma Mosquera me permitió ojear el ejemplar de este libro que Jacques guardaba en su
biblioteca personal, descubrí en su interior numerosos apuntes realizados por él mismo sobre
el tema y que pueden fecharse a lo largo de varios años con posterioridad a su publicación. Se
comprueba así lo anteriormente manifestado: para Jacques el libro impreso no constituía el
fin de la investigación; era más bien un paso necesario sobre el cual continuaba trabajando,
por siempre.

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Pero con anterioridad a la publicación de su trabajo sobre los hechos del 9 de abril en
Bogotá, aparecerá en 1978 otro de sus libros, esta vez con el auspicio de la que será su casa
durante sus años de mayor productividad intelectual, la Universidad del Valle. Dos ensayos sobre
la ciudad colombiana, salió de la imprenta firmado por Gilma Mosquera y Jacques Aprile1 y
tenía como finalidad no solo el servir de texto para los estudiantes de la carrera de
arquitectura, sino también el poner en la mira de la comunidad académica los primeros
resultados de la gran investigación urbana iniciada años atrás.
En este libro ya no está presente el lenguaje de un investigador militante y
comprometido políticamente sino más bien uno de tipo académico, más mesurado, más
medido, más trascendente.
Efectivamente, en este libro se recogían buena
parte de los temas que los estudiantes de la
asignatura Urbanismo III recibiríamos durante
varios años de Jacques Aprile, quien solo
faltaba a sus clases cuando estaba en una de sus
salidas de campo, bien fuera en Buritaca, Tunja
o Caloto. En ellas exponía magistralmente lo
que ya sabía o iba descubriendo, sin tiempo
para hacernos un examen de tal manera que
solo el último día nos entregaba un cuadernillo
de 16 páginas para que en él consignáramos, en
el término de dos horas, lo que él mismo nos
había explicado a lo largo de 16 semanas.

MOSQUERA, Gilma y APRILE-GNISET, Jacques (1978).


Como su nombre lo indica, Dos ensayos sobre la
Dos ensayos sobre la ciudad colombiana. Cali: Universidad del Valle. ciudad colombiana es un libro dividido en dos
partes. En la primera, los autores acuden a la
historia urbana como principal medio para explicar la estructura y la morfología de la ciudad
contemporánea en Colombia, superando una vez más el relato o crónica de los hechos y
estableciendo por primera vez una categorización en fases del proceso de ocupación y
apropiación del territorio: (1) la del poblamiento, caracterizada por la dispersión espacial, y (2)

1Una primera versión corta de este texto había sido publicada en 1977 bajo la forma de un artículo en la revista
de la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

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la de fenómenos nuevos marcados por la concentración, dándose así las primeras condiciones de
la urbanización.
Pero además de precisar conceptos sobre la ciudad de conquista, por ejemplo, o los pueblos
de indios, o de explicar la plaza fundacional como manifestación espacial de la estructura de
poder, esta nueva historia de las ciudades colombianas se levantaba en contra de los mitos
impuestos durante años por la historiografía tradicional que asociaba los hechos urbanos con
asuntos de hidalguía, con gestas heroicas individuales e incluso con aspectos más propios de la
fe que del ejercicio del poder.
A su vez, la segunda parte de Dos ensayos … bien puede considerarse como el preámbulo
de lo que será la obra que aquí se pretende reseñar con más detalle: La ciudad colombiana. Aquí
Gilma y Jacques abordan un momento clave del poblamiento territorial del país a lo largo de
un período de poco más de un siglo comprendido entre 1840 y 1950, para demostrar, entre
otras cosas y haciendo un uso riguroso de las fuentes en varios casos de estudio, las diferencias
entre las fundaciones adelantadas por los conquistadores y por colonos, la manera en que se
constituyó un modelo de integración colonizadora al sistema urbano, el proceso de
transformación de la malla colonial en una de plazas comerciales o la inversión dialéctica
entre el campo y la ciudad.
Para nosotros, estudiantes entonces, nacidos en Cali, en Palmira, Popayán o Miranda,
era siempre placentero leer y escuchar sobre la manera en que nuestras ciudades se habían
ido conformando, esta vez bajo una retórica distinta y claramente reveladora.
En 1984, Gilma y Jacques parecen refrendar en un nuevo libro todo lo que venían
descubriendo; promovido también por la Universidad del Valle, en Clases, segregación y barrios la
mirada del investigador se centra en los procesos de formación y diferenciación de las zonas
residenciales, con la historia nuevamente como marco de referencia. Particularmente
novedoso en este libro es el tratamiento que se hace de las llamadas tipologías del neoclásico
criollo, que se entiende aquí más desde la ideología de una clase dominante que desde el arte
o la decoración. Todavía cuesta trabajo hacer que en Manizales el llamado lenguaje de la
arquitectura Republicana sea entendido bajo esta perspectiva que pareciera restarle a la
ciudad la “nobleza de su raza”.
A todo lo anterior se suma el hecho por el cual, en marzo de 1987, siendo todavía
profesor instructor en la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Valle, Jacques Aprile,
entrega un informe final de investigación, todavía inédito, titulado Hábitats aborígenes, el cual

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contiene las premisas conceptuales que luego desarrollará en la primera parte de su libro La
ciudad colombiana.
Finalmente, en 1989, Jaques Aprile es declarado ganador del Primer Concurso
Nacional de Memorialistas que organizó entonces la revista Opción junto al Instituto
Latinoamericano de Servicios Legales Administrativos (ILSA) con su trabajo titulado La
crónica de Villarica, producto también de sus trabajos de investigación pero en clave de una
crónica sentida y detallada que explica los hechos relacionados con la ocupación militar de la
región del Sumapaz y el oriente del Tolima adelantada entre 1947 y 1953, todo ello a la luz
del proceso de colonización cafetera de baldíos de vertiente. El trabajo será publicado en
1991 y sigue siendo un punto de referencia obligado para entender la raíz agraria del
conflicto armado que todavía desangra a Colombia.

3. Los primeros dos volúmenes de La ciudad colombiana

Así, con casi 25 años de investigaciones a cuestas, son cientos los fragmentos de un
rompecabezas que están todavía por unirse en 1990. Es entonces cuando el entusiasmo de
Alberto Saldarriaga y Lorenzo Fonseca se suma a la enorme capacidad de trabajo de Jacques,
para que en un tiempo récord de poco más de 12
meses, esas piezas se puedan unir para dar origen a
un manuscrito de más de dos mil páginas
mecanografiadas acompañadas de decenas de
dibujos hechos a mano a lo largo de los años.
El primer volumen de La ciudad colombiana vio
la luz en julio de 1991 y está consagrado a la
ciudad prehispánica, de conquista e indiana. Cada
una de estas tres formaciones espaciales está
contenida en una apartado específico y se
desarrolla de forma íntegra, de tal manera que bien
pueden estudiarse por separado. El orden en que se
exponen responde a un criterio claramente
cronológico aunque rompe el modelo tradicional
de la periodización (de conquista, colonial, APRILE-GNISET, Jacques (1991). La ciudad colombiana
(vol. 1). Bogotá: Banco Popular.
republicana).

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Ya en el prefacio, el autor deja en claro que el trabajo impreso recoge y condensa los
estudios que sobre nuestras ciudades había él venido adelantando desde su llegada al país, con
medios desiguales y métodos diferentes que abarcaban tanto los recorridos directos por los centros
poblados y urbanos, como el análisis estadístico, la consulta de archivos capitulares y
documentos notariales, la entrevista o la revisión de planos antiguos y aerofotografías, entre
otros. En ese proceso, se habían elaborado una y otra vez conceptos como el de tipología
urbana, urbanismo lineal “de cuchilla”, mallaje urbano regional, estructura socio-barrial, conurbación lineal,
aldeas-palenques post coloniales, villas de vecinos libres o pueblos de indios, para citar solo algunos, y que
en la obra impresa se describen de manera rigurosa y sistemática.
La primera parte contiene la descripción y análisis de la ciudad prehispánica, elaborada
básicamente a partir de cuatro fuentes: (1) las crónicas de conquista, (2) los informes
arqueológicos, (3) la observación directa de los asentamientos primitivos de Pueblito y
Buritaca, ambos en la Sierra Nevada de Santa Marta, y (4) el reconocimiento de lo que él
mismo denominó hábitats aborígenes modernos a partir del estudio de caso de las aldeas embera
en el Chocó. Con la información recabada, con esas piezas dispersas del rompecabezas,
Jacques Aprile elabora mapas, construye modelos teóricos de las formas de ocupación
territorial y de manera especial, descubre patrones en torno a la arquitectura y el urbanismo
que permiten establecer líneas de continuidad entre el pasado y el presente, tal como ocurre
con las ideas de hábitat disperso y hábitat nucleado que aun se pueden identificar en las aldeas del
pacífico colombiano.
La segunda parte del primer volumen explica la formación espacial de la conquista,
acontecida a lo largo de los siglos XVI y XVII y que el autor enmarca acertadamente en tres
factores que permiten el análisis de los modos y formas de poblamiento: (1) el paso al régimen
de propiedad privada del suelo, (2) las fuertes exigencias externas, y (3) la contradicción entre
una economía doméstica y de exportación que generó un desarrollo territorial desigual.
Aquí ya se hace evidente el conflicto entre lo que se va descubriendo a través del rigor
de la investigación con aquello que la historiografía tradicional había sostenido durante años:
la periodización tradicional era un absurdo2 y la fundación de ciudades (definitivas o
efímeras) era un hecho que se producía en medio de la violencia y la agresión, sin matiz
alguno de heroicidad o nobleza. Una vez la ciudad se establece, se consolida el marco de la
plaza principal, se reparten los solares y se van desplegando las cuadrículas. En todos esos
fenómenos Jacques Aprile encuentra modelos que se repiten una y otra vez a partir del

2 En el volumen 3 de La ciudad colombiana (1997) lo expresará mucho más claramente el propio J. Aprile.

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análisis comparativo, de tal manera que le es posible, finalmente, encontrar una ley que
recoge y dibuja: su modelo espacial del hábitat de conquista, es a mi modo de ver, una pieza
reveladora para explicar el origen y desarrollo de nuestras ciudades.
Esta segunda parte gira en torno al capítulo titulado “El espacio y la demografía”, el
cual bien puede considerarse como el más claro testimonio de un investigador y sus
dificultades operativas 3: en él, Jacques expresa la dificultad y la precariedad de las fuentes, de
los censos de población, de los cuales sin embargo logra extraer los datos necesarios y apenas
suficientes para reafirmar las características de sus modelos de ocupación; y a manera de
ejemplo expone magistralmente el caso de la fundación de Cali, rastreando datos y huellas
que deja en el espacio físico la división predial de tal manera que logra reconstruir de manera
precisa la traza urbana de fundación y su posterior crecimiento.
La tercera y última parte desarrolla lo que Jacques denomina la formación espacial indiana,
que explica en alrededor de 260 páginas, es decir, en más de la mitad de todo el volumen. El
concepto de “ciudad colonial” queda aquí completamente superado, para dar paso a la idea
de un territorio constituido a partir de la desigualdad y la heterogeneidad étnica y social,
apoyándose una vez más en la demografía y analizando su manifestación sobre el espacio.
La ciudad colombiana del sigo XVII no es pues una sola, es tanto aquella que nace del
acto de fundación española como la que conforman parroquias y villas de libres ubicadas en
el entorno geográfico de las primeras, en su órbita de expansión territorial. Sobre los casos de
ciudades como Popayán, Tunja, Cartagena de Indias, el autor reafirma una a una sus
hipótesis para volver de nuevo sobre el caso de Cali, la que él considera la más compleja
manifestación de la formación social y espacial indiana en el valle del río Cauca.
Si el volumen 1 de La ciudad colombiana se terminó bajo una fuerte presión editorial, el
volumen 2 tuvo la suerte de contar con un poco más de tiempo para la revisión de los textos y
el acabado de las ilustraciones. Con 200 páginas más que el volumen 1, el número 2 se divide
solo en dos partes: la parte 1 se titula “La formación espacial agraria” y recorre un arco
temporal comprendido entre 1850 y 1950. La segunda parte se denomina “La formación
espacial de la urbanización” y se concentra en lo que Aprile llamó “el modelo de
urbanización moderno”, que se explica solo a partir de los hechos y fenómenos urbanos que
le precedieron.

3Dificultades que explicará en extenso con posterioridad en su ya clásico texto “El oficio del investigador” que
hace parte del volumen 4 de La ciudad colombiana (1997).

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El inicio de la primera parte está marcado por un
capítulo de generalidades, en donde se describen las
condiciones del llamado cambio de mando que ocurre
con posterioridad a la independencia y los procesos de
la nueva conquista en donde los hechos urbanos deben
entenderse a partir de las adjudicaciones y tomas de
baldíos, la construcción de vías de comunicación, la
concesión de privilegios para las minas y algunas
iniciativas orientadas a la construcción de obras
públicas. Aquí, las dinámicas urbanas responden a
unas nuevas condiciones, diferentes a las que servían
para explicar la ciudad indiana del siglo XVIII.
De manera anticipada, Jacques Aprile sitúa en dos
momentos el proceso de colonización de baldíos que
APRILE-GNISET, Jacques (1992). La ciudad colombiana
(vol. 2). Bogotá: Banco Popular. es clave para entender el fenómeno urbano en
Colombia: uno que es previo a la economía cafetera
de exportación (1850-1900) y otro que se caracteriza por la generalización de cafetos en las
vertientes y que marca la primera mitad del siglo XX. Y es allí cuando asumen papel
protagónico los actores sociales que dan pie a tres formas de colonización: (1) la colonización
popular, individual o colectiva, llevada a cabo por campesinos sin tierras, (2) la colonización
especulativa adelantada por comerciantes urbanos y toda suerte de compañías de capital
privado, y (3) la colonización estatal, con intervención oficial y de fuertes motivaciones
políticas. Todo esto además, se materializa en la localización, la forma y el trazado:

Es así que, en cuanto a las pautas que rigen la localización, la forma y el trazado de estos
nuevos asentamientos, solo se pueden entender diferenciando las tres categorías ya mencionadas: pueblos
de origen autónomo y popular, pueblos surgidos de algún tipo de especulación y pueblos de origen
institucional estatal. El primero lo trazan los mismos pobladores, en el suelo y con cabuya; el segundo
lo diseña con planos, en una oficina un geómetra -o un ingeniero- contratado; el tercero se planifica en
una administración central de Bogotá (Aprile, 1992: 78)

Y acto seguido, en esta primera parte del libro, el autor entra a explicar con detalle el
caso de la fundación de Manizales (la que denomina como fundación de transición), la
colonización del Atrato, la fundación de Bahía Solano, la colonización del Valle del Cauca, el

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caso de Barrancabermeja y la fundación y ocaso de Villarrica, en el Tolima. Del primer caso,
escribe con desparpajo:

Más interesante aún resulta este caso, si consideramos que Manizales constituye uno de los
pilares sobre los cuales se apoya -en forma exagerada y distorsionada- la prolija literatura histórica de
“la colonización antioqueña” (Aprile, 1992: 115).

Y más adelante, cuando entra a describir el proceso de ocupación del Atrato, Aprile
lanza con puntería certera sus dardos sobre el mito de la llamada colonización antioqueña cuyas
bases había edificado la obra de Parsons en torno a 1950, adquiriendo un efecto que él
califica de bíblico produciendo una esclerosis sobre la investigación y una parálisis del pensamiento.
Así, Jacques va más allá: la colonización de vertientes (término que emplea para contraponer al de
la antioqueña) no puede verse como obra exclusiva del campesinado oriundo de Antioquia ni
mucho menos como un proceso acabado y completo; pero tampoco como un fenómeno
único capaz de explicar los fenómenos urbanos en Colombia, para lo cual extrapola el de la
colonización de la región del Atrato, por su magnitud territorial y su importancia demográfica, su
impacto social, sus particularidades productivas, su persistencia histórica y su vigencia, y también por el
carácter genuino de sus hábitats (Aprile, 1997: 264).
Se abrió aquí una nueva puerta a la investigación urbana que Jacques, junto a Gilma
Mosquera, tendrán la oportunidad de investigar con mayor profundidad en trabajos
posteriores.
En el caso de la colonización en el Valle del Cauca debe destacarse la mirada sobre la
ocupación de vertientes de las cordilleras occidental y central, un fenómeno que
prácticamente no había sido estudiado con anterioridad y que se contrapone claramente al de
las ciudades de la zona plana. Los casos de Bahía Solano, Barrancabermeja y Villarica
aparecerán aquí esbozados y tendrán la oportunidad de ser tratados con detalle en
publicaciones posteriores.
La segunda parte del volumen 2 se titula “La formación espacial de la urbanización” y
tiene como objetivo contraponer a la formación espacial agraria del periodo 1850-1950 otro que
denomina de formación espacial moderna caracterizado por ser un movimiento inverso y una
concentración demográfica urbana masiva. Pero entre ambas formaciones existe un hilo
conductor, un vínculo inquebrantable:

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Así vemos por qué, en cuanto a método investigativo se refiere, no se puede divorciar el hábitat
disperso del concentrado. Los hábitats rural y urbano constituyen dos polos complementarios aunque
antagónicos, dos elementos inseparables y una unidad dialéctica (Aprile, 1992: 552).

Nuevamente Jaques Aprile apela aquí a la demografía, a esa estadística imperfecta pero
suficiente que aportan los censos de población del siglo XX, a la elaboración de modelos
conceptuales y a los detallados estudios de caso (como Bogotá o Cali) para constatar sus
hipótesis. Y por último, llegan las síntesis y conclusiones, que inicia de la siguiente manera:

A pesar de sus dimensiones engañosas, este texto no deja de ser un modesto bosquejo, el marco de
un telar en el cual faltan aún muchos hilos para tejer: el intento quedó corto, resultó inacabado y nada
satisfactorio. Quizá, en razón de su extensión, sus fallas y deficiencias resulten más evidentes que sus
logros. Recordemos que en esta oscura región del saber, en la cual nos internamos a tientas, no hay
caminos trillados sino estrechos senderos. En este campo del conocimiento no hemos hallado ninguna
“vía magna”, ideal, mágica y luminosa (Aprile, 1992: 747).

En el cierre del segundo volumen de La ciudad colombiana, Jacques Aprile no hace otra
cosa que dar como demostradas sus hipótesis iniciales, ratificando la idea según la cual formas
espaciales se producen al interior de lógicas de momentos sociales, enmarcados en modos de
producción y relaciones socio económicas. Repasa aquí las formaciones espaciales legibles a
lo largo de la historia de la ciudad en Colombia y las leyes que las rigen.

4. Después de La ciudad colombiana

Los primeros dos volúmenes de La ciudad colombiana se verían complementados por otros
dos, publicados en 1997 y 2010, respectivamente. En ambos casos, se trata de estudios de caso
que buscan superar la visión panorámica que orienta el inicio de la obra, con el fin no solo de
reafirmar lo que ya se ha demostrado sino ante todo con el objetivo de avanzar en la
comprensión de las formaciones espaciales en Colombia.
En el volumen 3, de 1997, los casos a analizar son los de Tunja, Caloto y Cartago, a
cuyos capítulos se añade un texto revelador titulado “El oficio del investigador. Peripecias y
avatares de la investigación histórica urbana” y que hoy se considera un documento clásico en
la formación de investigadores del hábitat y que se pone como lectura obligada en buena
parte de nuestras Universidades y centros de formación: escrito en primerísima persona, allí
Jacques Aprile revela su propia historia como investigador, sus pasos hacia adelante y hacia

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atrás y muestra con una franqueza infinita su caja de
herramientas como buscador de verdades.
No voy a hacer aquí un recuento del texto: su riqueza,
sus matices, la profundidad de los principios que en él
desarrolla, hacen que esta tarea sea prácticamente
imposible. Solo me limito a decir aquí: es un texto que
toca leerse. Así de simple.
Por último, el volumen 4, publicado en 2010 como el
anterior, por la Universidad del Valle, recoge apuntes
sobre los centros históricos de Cali, Buga, Cartago,
Palmira y El Cerrito; cinco poblaciones del Valle del
Cauca, la tierra que le acogió y a la que dedicó buena
parte de sus investigaciones. En este trabajo, visto en
APRILE-GNISET, Jacques (1997). La ciudad
colombiana (vol. 3). Cali: Universidad del Valle. su conjunto, pone una lupa sobre aquello que se valora
como “centro urbano”, despojándolo de ese carácter casi
sacro que han venido imponiendo los estudiosos del patrimonio. Aquí, los centros históricos
adquieren valor no por las formas conservables del pasado, sino por su capacidad de
testimoniar un proceso de construcción espacial a lo largo del tiempo.
Adicionalmente, en esos 22 años
comprendido entre 1992 (aparición del primer
volumen de La ciudad colombiana) y 2014 (año del
fallecimiento de Jacques Aprile), otros seis libros
salieron de la imprenta bajo el sello de su autoría y
algunos de ellos en colaboración con Gilma
Mosquera.
En 1994 aparecía Los pueblos negros caucanos y la
fundación de Puerto Tejada, ensayo ganador del
Concurso de Autores Vallecaucanos, promovido
por la Gobernación del departamento. En 1997 se
publicaba Génesis de Barrancabermeja, cuyas puntadas
iniciales estaban consignadas en el volumen 2 de
APRILE-GNISET, Jacques (2010). La ciudad colombiana
La ciudad colombiana. Y en 2001, Gilma y Jacques (vol. 4). Cali: Universidad del Valle.

dan inicio a una serie de tres volúmenes dedicados

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Serie Hábitats y sociedades del Pacífico (3 vols.)
MOSQUERA, Gilma y APRILE-GNISET, Jacques (2001). Hábitats y sociedades del Pacífico. Volumen 1. La bahía de Solano. Cali: CITCE -
Universidad del Valle.
MOSQUERA, Gilma y APRILE-GNISET, Jacques (2002). Hábitats y sociedades del Pacífico. Volumen 2. Génesis de Buenaventura. Buenaventura:
Universidad del Pacífico.
MOSQUERA, Gilma y APRILE-GNISET, Jacques (2009). Hábitats y sociedades del Pacífico. Volumen 3. Aldeas de la costa de Buenaventura.
Cali:Universidad del Valle.

a los hábitats y sociedades del Pacífico, a través de los estudios de Bahía Solano (1997),
Buenaventura (2002) y las aldeas de la costa de Buenaventura (2009).
Un libro dedicado a estudiar el caso de la fundación de Tuluá, aparecería también
publicado en 2010, a partir de una versión inicial que salió de la imprenta en forma de folleto
en 1985.

5. Epílogo

Ya para terminar quiero agradecer a la Universidad Nacional de Colombia la


oportunidad de participar en este encuentro el cual me ha obligado a revisar todos y cada uno
de los ejemplares que Jacques Aprile me obsequió de sus libros y muy especialmente de
recordar su personalidad.
La lucidez que él expresaba en sus trabajos académicos también se hacía presente en el
día a día de su ser común, sencillo y amable, con un humor fino y mordaz que redescubrí
hace un par de semanas cuando leía de entre los documentos de su biblioteca una colección
de apuntes que definían, a la manera de un diccionario, aspectos de ese país que tanto le
maravilló.

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COLOMBIA -
País mítico, producto de la ignorancia europea, resultado de malentendidos y de un cúmulo de
errores.
Primero se llama Colombia en honor a Colón, que lo ignoró.
Segundo, él lo llamó “Indias”, a pesar de que pensaba haber llegado a Japón, aunque aquí los
primeros japoneses llegaron hacia 1940.
Tercero, se dice que la Independencia surgió de la batalla de Boyará cuando realmente se logró
cuando el país, en 193, gracias a la ayuda del presidente Tec Roosevelt, pudo liberarse de Panamá.
Además, hicimos unas averiguaciones en el Puente de Boyacá y los moradores nos aseguraron
que esa es una calumnia, que aquí nunca hubo problema de orden público y que son muy pacíficos.
Y un vecino que lleva allá muchos años fue muy enfático en declarar:
- No señor, aquí no ha pasado nada …

Anexo

Relación de libros publicados por J. Aprile, bien como único autor, bien en compañía de
Gilma Mosquera o bajo el seudónimo de Urbano Campo (no se incluyen artículos e impresos
universitarios).

1. APRILE-GNISET, Jacques (1971). Colombie. París: Editions du Seuil, collection Petit


Planète.
2. CAMPO, Urbano (1977). La urbanización en Colombia. Bogotá: Ediciones Suramérica.
3. MOSQUERA, Gilma y APRILE-GNISET, Jacques (1978). Dos ensayos sobre la ciudad
colombiana. Cali: Universidad del Valle.
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