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ESPACIOS NATURALES PROTEGIDOS

Un Espacio Natural Protegido se podría definir como una zona geográfica, terrestre o marítima,
especialmente dedicada a la protección y mantenimiento de la diversidad biológica, de los
recursos naturales y culturales asociados, gestionados y administrados legalmente a fin de
alcanzar objetivos específicos de conservación.

Todos los espacios naturales protegidos del archipiélago forman parte de la Red Canaria de
Espacios Naturales Protegidos, que en el caso de Gran Canaria está formada por 33 espacios que
ocupan una extensión total de 66.707,9 hectáreas, lo cual representa el 42,75% de la isla. Los
espacios naturales se ordenan a través de planes específicos a cada categoría de conservación.

Los Espacios Naturales Protegidos se clasifican en diferentes categorías en función de los valores y
bienes naturales a proteger:

Parques Naturales y Parques Rurales

Reservas Naturales Integrales y Reservas Naturales Especiales

Monumentos Naturales

Paisajes Protegidos

Sitios de Interés Científico

Valorar y conservar la naturaleza

Gobernanza efectiva y equitativa de los recursos naturales

Soluciones basadas en la naturaleza para hacer frente a los retos de la sociedad

Categorías de manejo de áreas protegidas de UICN

Las áreas protegidas no son en modo alguno entidades uniformes, antes bien, abarcan un amplio
abanico de objetivos y están administradas por un gran número de actores muy diversos. Así,
podemos encontrar un número de sitios cuyo acceso está totalmente prohibido debido a su
enorme importancia y fragilidad, pero también otro tipo de áreas protegidas que engloban
territorios y espacios marinos tradicionalmente habitados, donde la acción humana ha moldeado
los paisajes culturales con una alta biodiversidad. En algunos casos, la propiedad y la gestión de los
sitios están en manos de los gobiernos, mientras que en otros esta propiedad y gestión
corresponde a particulares, empresas privadas, comunidades y grupos religiosos.

Hace más que 25 años, la UICN desarrolló un sistema preliminar de categorías para la gestión de
áreas protegidas para ayudar a organizarlas y definirlas. La intención original del sistema de
Categorías de Gestión de Áreas Protegidas de la UICN era crear un entendimiento común y un
marco internacional de referencia para las áreas protegidas tanto entre países como dentro de
ellos. Hoy en día, las categorías están aceptadas y reconocidas por organizaciones internacionales,
como las Naciones Unidas y el Convenio sobre la Diversidad Biológica, y gobiernos nacionales
como el punto de referencia para definir, recordar y clasificar las áreas protegidas.

A continuación una explicación y ejemplos de las categorías de gestión de áreas protegidas de la


UICN:

Categoría I. Protección estricta

Ia. Reserva Natural Estricta

Objetivo:

Conservar a escala regional, nacional o global ecosistemas, especies (presencia o agregaciones)


y/o rasgos de geodiversidad extraordinarios: dichos atributos se han conformado principalmente o
exclusivamente por fuerzas no humanas y se degradarían o destruirían si se viesen sometidos a
cualquier impacto humano significativos.

Categoría I. Protección estricta

Ib. Área natural silvestre

Objetivo:
Proteger la integridad ecológica a largo plazo de áreas naturales no perturbadas por actividades
humanas significativas, libres de infraestructuras modernas y en las que predominan las fuerzas y
procesos naturales, de forma que las generaciones presentes y futuras tengan la oportunidad de
experimentar dichas áreas.

No hay ejemplos de esta categoría en América del Sur.

Categoría II: Conservación y protección del ecosistema

Parque nacional

Objetivo:

Proteger la biodiversidad natural junto con la estructura ecológica subyacente y los procesos
ambientales sobre los que se apoya, y promover la educación y el uso recreativo.

Categoría III: Conservación de los rasgos naturales

Monumento natural

Objetivo:

Proteger rasgos naturales específicos sobresalientes y la biodiversidad y los hábitats asociados a


ellos.

Categoría IV: Conservación mediante manejo activo

Área de manejo de hábitats / especies


Objetivo:

Mantener, conservar y restaurar especies y hábitats.

Categoría V: Conservación de paisajes terrestres y marinos y recreación

Paisaje terrestre y marino protegido

Objetivo:

Proteger y mantener paisajes terrestres/marinos importantes y la conservación de la naturaleza


asociada a ellos, así como otros valores creados por las interacciones con los seres humanos
mediante prácticas de manejo tradicionales.

Categoría VI: Uso sostenible de los recursos naturales

Área protegida manejada

Objetivo:

Proteger los ecosistemas naturales y usar los recursos naturales de forma sostenible, cuando la
conservación y el uso sostenible puedan beneficiarse mutuamente.

Zona de uso especial

Concepto

¿Dónde se regula?

Conceptos relacionados

Para saber más…


Las zonas de usos especiales tienen por finalidad la delimitación de ámbitos territoriales que, por
concurrir circunstancias singulares, quedan sometidos al régimen jurídico del uso especial de los
bienes de dominio público.

ÍNDICE

> Concepto

> Las zonas de uso especial en el medioambiente: los parques nacionales

> Las zonas de usos especiales en el urbanismo

> Recuerde que…

Concepto

El concepto de uso especial se recogió en el Reglamento de Bienes de las Corporaciones locales.


Este Reglamento se ocupó de clasificar los modos de utilización de los bienes de dominio público,
diferenciando el uso común y el uso privativo y, dentro del uso común, distinguiendo entre el
general y el especial (véase "Uso común general, Uso especial, Uso privativo y Uso público").

La Ley 33/2003, de 3 de noviembre, del Patrimonio de las Administraciones Públicas, también


alude al uso común, al uso especial y al uso privativo, pero, a diferencia de la norma anterior,
otorga al uso especial la cualidad de categoría autónoma respecto del uso privativo y, también, del
uso común, reducido ahora al general. En este sentido, el artículo 85 de la Ley 33/2003, considera
uso común "el que corresponde por igual y de forma indistinta a todos los ciudadanos, de modo
que el uso por unos no impide el de los demás interesados"; el uso especial no se conceptúa como
tal, sino como "aprovechamiento especial", definido como aquél "que, sin impedir el uso común,
supone la concurrencia de circunstancias tales como la peligrosidad o intensidad del mismo,
preferencia en casos de escasez, la obtención de una rentabilidad singular u otras semejantes, que
determinan un exceso de utilización sobre el uso que corresponde a todos o un menoscabo de
éste"; finalmente, el uso privativo es el que "determina la ocupación de una porción del dominio
público, de modo que se limita o excluye la utilización del mismo por otros interesados".

La configuración del uso especial se completa con la necesidad de que, para ejercitarlo, se posea
un título habilitante. Así, el apartado 1 del artículo 84 de la citada Ley 33/2003 dispone que "nadie
puede, sin título que lo autorice otorgado por la autoridad competente, ocupar bienes de dominio
público o utilizarlos en forma que exceda el derecho de uso que, en su caso, corresponde a todos".
Para el uso especial, el título habilitante es la autorización o la concesión, según que la duración
del aprovechamiento alcance los cuatro años, en cuyo caso basta una autorización, o exceda de
ese tiempo, pues entonces se requiere una concesión (véanse "Autorización administrativa" y
"Concesiones administrativas").

Sin embargo, se ha advertido la existencia de terrenos que debían estar sometidos al uso especial,
pero ubicados en unas superficies con características particulares, que merecen un tratamiento
similar. Surgen así las zonas de usos especiales, cuya finalidad consiste en delimitar ámbitos
territoriales que, por concurrir circunstancias singulares, quedan sometidos al régimen jurídico del
uso especial.

La presencia de zonas de usos especiales se detecta, hoy en día, en dos principales esferas, la
medioambiental y la urbanística.

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Las zonas de uso especial en el medioambiente: los parques nacionales

La zonificación de los parques nacionales

La mención más importante a las zonas de uso especial en relación con el medio ambiente se
contiene en el Real Decreto 389/2016, de 22 de octubre, por el que se aprueba el Plan Director de
la Red de Parques Nacionales (véase "Parques nacionales"). Este Plan director es el instrumento
básico de ordenación y de programación de la Red de Parques Nacionales, pues contiene las
directrices de los Planes de Ordenación de los Recursos Naturales y de los Planes Rectores de Uso
y Gestión de cada parque, que son los que determinan el acceso y clasifican el territorio de los
parques según su utilización, estableciendo una zonificación que viene diseñada en el mencionado
Plan director.

La zonificación de los parques nacionales es la organización del territorio de cada uno de dichos
parques en función del valor de sus recursos y de su capacidad de acogida para los distintos usos,
con el fin de minimizar los impactos negativos y de asegurar un uso del espacio compatible con la
conservación de sus recursos naturales.

Las zonas en las que se dividen, ordenadas de mayor a menor grado de protección son las
siguientes: a) Zona de reserva; b) Zona de uso restringido; c) Zona de uso moderado; d) Zona de
uso especial; e) Zona de asentamientos tradicionales, sólo en los casos en que así se requiera
(véanse "Zona de uso restringido" y "Zona de asentamientos tradicionales").

Esta delimitación de zonas que hace el Plan director de la red de parques nacionales ha sido
declarada conforme a la distribución constitucional de competencias entre el Estado y las
Comunidades Autónomas por el Tribunal Constitucional en la Sentencia 101/2005, de 20 de abril.
Los parques nacionales constituyen "una realidad topográfica singular, a veces única, característica
del conjunto, con lo que podría llamarse personalidad ecológica, y signo distintivo en suma que
identifica a un país y con el que se identifica" (Sentencia 102/1995, de 26 de junio),
configurándose el Plan director de la red "como el más elevado instrumento planificador de todos
los parques nacionales existentes en el territorio nacional" (Sentencia 194/2004, de 4 de
noviembre, y 101/2005, de 20 de abril).
La zonificación que hace el Plan director resulta así "uno de los elementos centrales de la
competencia estatal establecida en el artículo 149.1.23.ª de la Constitución -legislación básica
sobre protección del medio ambiente-, pues se acomoda a la necesaria protección de la red de
parques nacionales la determinación precisa de una zonificación predicable de todos los parques
nacionales, describiendo el específico nivel de protección de cada zona. Es relevante apreciar, a los
efectos de confirmar su carácter básico, que estamos ante una zonificación abstracta que no
impone una determinada proyección territorial, en cuanto a dimensión o localización, de cada
zona en todos los parques, aunque sí su necesaria existencia", sin perjuicio de que cada
Comunidad Autónoma pueda "proyectar la dimensión y localización de cada zona en el territorio
concreto de cada uno de sus parques nacionales" y, luego, concretar "en cada zona las
determinaciones básicas".

La zona de uso especial

Según el propio Plan director, la zona de uso especial se caracteriza por estar constituida por áreas
de reducida extensión en las que se ubican las construcciones e instalaciones mayores cuya
localización en el interior del parque se considera necesaria.

También alberga, con criterios de mínimo impacto y de concentración de servicios, las


instalaciones que sea necesario establecer para el uso público y para las actividades de gestión y
administración.

Incluye, igualmente, las instalaciones preexistentes que sea necesario mantener, así como aquellas
otras que vayan a albergar servicios de interés general conformes con la finalidad del parque.

La delimitación concreta de estas zonas de uso especial se realiza, según se ha avanzado, en los
Planes rectores de uso y gestión. Por ejemplo, en el correspondiente al Parque Nacional de los
Picos de Europa, se dice que la zona de uso especial, además de comprender lo anteriormente
relacionado, incluye en la misma "las áreas de servicio de las carreteras existentes en el interior
del parque nacional"; y en el relativo al Parque Nacional de Doñana integran la zona, además de
los espacios reseñados con carácter general en el Plan director, "los Centros de Visitantes y sus
respectivos aparcamientos, así como los núcleos del Palacio de Doñana y de Marismillas".
Régimen jurídico

En estas zonas de uso especial, el acceso público es libre, pero están sometidas a ciertas
limitaciones.

Por un lado, además de la tramitación urbanística ordinaria, las obras y construcciones a realizar
en el terreno de esta clase de zonas deberán adaptarse a la normativa establecida en el Plan
rector de uso y gestión del parque de referencia y a las especificaciones técnicas que, en materia
de protección del paisaje y de los valores naturales, pudiesen dictarse en desarrollo del mismo. En
general, y salvo excepciones debidamente justificadas, las construcciones e instalaciones
autorizadas deberán guardar el máximo respeto al entorno, procurarán la utilización de materiales
y tipologías tradicionales y minimizarán su impacto, primando su integración en el paisaje.

Por otro lado, en relación con las infraestructuras de cada parque, está previsto que, los senderos
más frecuentados por los visitantes en las zonas de uso especial puedan llevar un tratamiento
superficial, integrado estéticamente, si fuese necesario para la seguridad del visitante, la
accesibilidad de minusválidos, la protección de los recursos o para su conservación.

Las zonas de usos especiales en el urbanismo

En el ámbito urbanístico también se está aplicando la técnica de delimitar zonas de uso especial,
con la consecuencia de quedar sometidas a requisitos específicos. Así, en algunos supuestos se
determinan regímenes específicos de usos del suelo, diferenciando varias clases, como la zona de
exclusión, la zona de uso restringido, la zona de uso moderado, la zona de uso tradicional, la zona
de uso general y la zona de uso especial, por poner unos ejemplos.

Las medidas urbanísticas adoptadas con respecto a las zonas de uso especial revisten distinta
índole. Por un lado, de cara a las nuevas edificaciones, limitando la altura máxima o prohibiendo
sobrepasar cierto número de plantas. Por otro lado, en orden a las nuevas edificaciones y a las ya
existentes, intentando la integración paisajística de los núcleos de población, mediante, por
ejemplo, el análisis de los patrones y tipologías arquitectónicas tradicionales. Finalmente, en
cuanto a las construcciones existentes, estableciendo categorías de protección de las tipologías
edificatorias merecedoras de catalogación y de protección singular.
¿Qué son las áreas naturales protegidas y cómo se establecen?

13 noviembre 2013por ExpokNews

Medio Ambiente

Por Rosalía Martínez Carbajal

1. ¿Qué se entiende por “Área Natural Protegida”?

Un Área Natural Protegida (ANP) es una porción de territorio (terrestre o acuático) cuyo fin es
conservar la biodiversidad representativa de los ecosistemas para asegurar el equilibrio y la
continuidad de los procesos evolutivos y ecológicos y cuyas características no han sido
esencialmente modificadas. Estas zonas son manejadas bajo el instrumento político con mayor
definición jurídica para la conservación, regulando sus actividades bajo el marco normativo de la
Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA), estando sujetas a
regímenes especiales de protección, conservación, restauración y desarrollo, según categorías
establecidas en la Ley.

2. ¿Cuál es la finalidad del establecimiento de ANP?

Las ANP tienen como fin vigilar que el aprovechamiento de los recursos dentro de la zona se
realice de manera sustentable, preservando la flora y fauna particular del ecosistema, permitir y
propiciar la investigación y estudio de los ecosistemas con el fin de generar conocimiento y
transmitir aquellas prácticas o tecnologías que permitan el aprovechamiento sustentable de los
mismos y, a su vez, proteger el entorno de las zonas históricas, arqueológicas y turísticas de valor e
importancia cultural y recreativa.

3. ¿Qué tipos de áreas naturales regula nuestra legislación?


Se consideran áreas naturales protegidas: Reservas de la biósfera; Parques nacionales;
monumentos naturales; áreas de protección de recursos naturales; áreas de protección de flora y
fauna; parques y reservas estatales, así como las demás categorías que establezcan las
legislaciones locales; zonas de conservación ecológica municipales, así como las demás categorías
que establezcan las legislaciones locales, y áreas destinadas voluntariamente a la conservación.

4. ¿Cómo se dividen y subdividen las ANP para facilitar la identificación y delimitación de las
porciones del territorio que la conforman?

Acorde a sus elementos biológicos, físicos y socioeconómicos, la división se llevará a cabo a través
de las siguientes zonas y sus respectivas subzonas, de acuerdo a su categoría de manejo:

I. Zonas núcleo:

a. De protección

b. De uso restringido

II. Zonas de amortiguamiento:

a. De preservación

b. De uso tradicional

c. De aprovechamiento sustentable

d. De aprovechamiento sustentable de los ecosistemas

e. De aprovechamiento especial

f. De uso público

g. De asentamientos humanos

h. De recuperación

5. ¿Cómo se establecen las ANP de competencia Federal?


Se establecerán mediante la declaratoria que expida el Presidente de la República. Previamente a
su expedición, la SEMARNAT se encargará de realizar su estudio justificativo, poniéndolo a
disposición del público y solicitando la opinión de los gobiernos locales, dependencias de la
Administración Pública que deban intervenir, organizaciones sociales, pueblos indígenas,
universidades, centros de investigación y demás personas interesadas.

6. ¿Se pueden realizar actividades u obras dentro de estas ANP?

La zona o sub-zona dentro de la cual se encuentre algún predio, determina sus limitaciones para
ser aprovechado; sin embargo, y atendiendo a estas limitaciones, la Federación, los Estados, el
Distrito Federal y los Municipios, en el ámbito de sus respectivas competencias, podrán otorgar a
los propietarios, poseedores, organizaciones sociales, públicas o privadas, pueblos indígenas, y
demás personas interesadas, concesiones, permisos o autorizaciones para la realización de obras o
actividades en las áreas naturales protegidas.

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Economía ecológica

Enviado por José Carlos Calderón Basauri


Partes: 1, 2

La productividad

La sustentabilidad

La estabilidad

La equidad

La autonomía

Referencias bibliográficas

La economía ecológica es una rama de la teoría económica, también conocida como teoría del
desarrollo humano o economía del bienestar natural, que asume una relación inherente entre la
salud de los ecosistemas y la de los seres humanos. En ocasiones se menciona como "Economía
Verde", y se encuentra en amplio contraste con otras escuelas de pensamiento en el seno de la
economía. Los economistas verdes suelen tomar con frecuencia posturas más radicales que las
que se encuentran entre la más convencional economía ambiental con respecto al crecimiento
económico.

El argumento primario de la economía ecológica que la separa de la teoría económica previa


podría resumirse en la asunción de la economía en sí misma como un subconjunto estricto de la
ecología, ya que esta última analiza las transacciones de materia y energía de la vida sobre la
Tierra, y la economía humana está por definición contenida en este sistema. A la cabeza de las
críticas de la actual economía normativa por los economistas ecológicos se encuentra su
aproximación a los recursos naturales y el capital.

Los análisis desde el punto de vista de la economía convencional y ambientalista minusvaloran el


capital natural en el sentido de que es tratado como un factor de producción intercambiable por
trabajo y tecnología (capital humano).

Desde la economía ecológica se argumenta que el capital humano es complementario al capital


natural, en lugar de intercambiable, ya que el capital humano se deriva inevitablemente del capital
natural de una u otra forma. Rechaza la visión procedente de la economía energética de que el
crecimiento del insumo energético en un sistema dado esté relacionado directamente con el
bienestar -mediante estudios empíricos sobre la Paradoja de Jevons, o refutaciones teóricas de la
hipótesis neoliberal ortodoxa de la Desmaterialización de la economía, centrándose en su lugar en
el manejo de la biodiversidad y en la creatividad - o el capital natural y el capital individual, en la
terminología en ocasiones adoptada para describirlos económicamente.

El origen de la economía ecológica como un campo específico per se se atribuye al ecologista y


profesor de la Universidad de Vermont Robert Costanza, quien fundó la Sociedad Internacional
para la Economía Ecológica y llevó a cabo gran parte de la investigación fundacional desde la
Universidad de Maryland. Su colega de la Universidad de Maryland Herman Daly ha contribuido de
forma significativa a su desarrollo. Los precursores intelectuales de la Economía Ecológica pueden
rastrearse en gran parte en la economía política, un refinamiento de la temprana teoría
económica que incluye entre sus primeros investigadores a Thomas Malthus, David Ricardo, y Karl
Marx. El profesor David Harvey fue uno de los primeros en incluir explícitamente preocupaciones
ecológicas a la literatura económica. Este desarrollo paralelo en economía política ha sido
continuado por analistas como el sociólogo John Bellamy Foster.

Una consecuencia esencial, resaltada desde la economía ecológica, derivada de la naturaleza de


los objetos económicos es que las medidas de la actividad económica o del bienestar (PIB o RN)
sólo tienen encuenta una porción de los objetos existentes; aquellos que son reproductibles,
intercambiables y apropiables.

Así, la primera conclusión a sacar es que la economía ecológica rechaza la utilización del PIB como
indicador del bienestar y que la economía formal solamente se ocupa accidentalmente de las
funciones vitales de la naturaleza, solo en la medida que cumplan los tres requisitos señalados.

Efectivamente, los economistas tradicionalmente incorporan la naturaleza dentro de su función de


producción de dos formas distintas: o bien bajo la categoría de tierra o bien bajo la categoría de
recursos naturales.

La tierra, obviamente, es apropiable e intercambiable pero no reproductible, a pesar de incumplir


con la tercera de las condiciones la tierra es considerada un objeto económico. ¿ Cómo se
soluciona esta paradoja? Quienes así proceden consideran a la tierra en sentido ricardiano, esto
es, la tierra es inconsumible, no se deprecia con su uso. Proceder de esta forma es totalmente
arbitrario pues la evidencia nos dice que la tierra se puede perder irremediablemente: las pérdidas
de tierra por la construcción de infraestructuras es un caso desgraciadamente presente en la
actualidad, o la pérdida de tierra fértil por prácticas agrícolas nocivas son ejemplos suficientes que
demuestran la consumibilidad de la tierra.
Por otra parte, la incorporación de la naturaleza en el proceso de producción mediante la
categoría de recursos naturales acarrea problemas cuando consideramos los recursos no
renovables que, claramente, incumplen el tercero de los requisitos. En este caso, además, no es
posible equipararlos al concepto de tierra pues, por definición, los recursos no renovables se
consumen con su uso. ¿Cuál es la solución en este caso? Considerar, de una forma nuevamente
arbitraria, que el agotamiento de cualquier recurso natural nunca será un problema económico
grave pues el hombre, mediante el progreso técnico, podrá suplir cualquier escasez.

A partir de estas consideraciones iniciales debemos preguntarnos sobre cual es el proceder de la


economía en la asignación de los recursos. La economía es la ciencia de los precios y su formación
consiste en que los individuos, con sus dotaciones respectivas, acuden al mercado y expresan sus
preferencias formándose los precios de equilibrio cuando la oferta coincide con la demanda. De
este proceder general podemos reflexionar sobre tres cuestiones.

La primera hace referencia a que aquellos individuos que no tienen dotación monetaria alguna no
pueden acudir al mercado y, si nadie lo remedia, se morirán de hambre. Esto es, el intercambio se
producirá no en función de las necesidades que tenga el demandante sino solamente cuando su
demanda esté respaldada por divisas. Los excedentes agrícolas producidos por la política agraria
comunitaria (PAC) son un ejemplo oportuno.

La segunda cuestión hace referencia directa al objeto de este artículo: los recursos no renovables
pueden ser utilizados en la actualidad, o pueden ser consumidos por generaciones futuras: esto
es, un barril de petróleo consumido hoy significa un barril menos para mañana, o lo que es lo
mismo, nuestro consumo actual tiene que ver con el consumo que puedan hacer los agentes
futuros pero, dado que aún no han nacido, esos agentes no pueden acudir al mercado a expresar
sus preferencias por ese recurso no renovable del cual dispondrán, o no, en función de la ética de
la presente generación. ¿Cómo resuelve la economía este grave problema ontológico? Pues
otorgando a la demanda de las generaciones futuras un peso determinado a través de una tasa de
descuento.

La economía y el mercado operan normalmente con tasas positivas considerando, así, que la
riqueza del futuro es menos importante que la riqueza del presente. La cuestión no es "acertar"
sobre cual es la tasa de descuento óptima sino modificar la operatividad de la economía en el
sentido de que el economista se convierta en historiador de la tecnología (la demanda futura
dependerá mucho de cual sea el estado de la técnica), en filósofo moral y sociólogo (se debe
conocer como se forman las preferencias.) Mientras, el mercado será un "óptimo" asignado

Finalmente, si llevamos al límite extremo el individualismo metodológico y enfrentamos la


cantidad limitada de combustibles fósiles, por ejemplo, con toda la demanda que se generará
hasta que el sol deje de brillar, dentro de 5,000 millones de años, el resultado serán precios
infinitos, vetándose su consumo actual. Esta solución sería consecuencia de aplicar una
metodología, la individualista, que persigue la maximización del beneficio en el corto plazo a
problemas que afectan a toda la humanidad en los que está en juego la supervivencia de la propia
especie humana. En relación con esto es posible realizar una nueva pregunta: ¿En razón a qué
lógica los precios del petróleo, del cual existe cada vez una menor cantidad, tienen tendencia
descendente en los últimos años?

La respuesta a la pregunta formulada debemos buscarla en las relaciones de poder, en el orden


económico internacional vigente. Galeano lo explica formidablemente; los impuestos occidentales
que gravan las materias primas importadas del Tercer Mundo superan al precio pagado al
productor

Georgescu afirma que entre ambas fuentes de energía disponible existen importantes asimetrías
de las cuales depende la resolución del problema bioeconómico señalado:

1) La primera asimetría es que la componente terrestre es una existencia mientras que la radiación
solar es un flujo. En teoría, los hombres podrían utilizar en un único período de tiempo todo el
stock de recursos terrestres; sin embargo, no ejercen ningún control sobre el flujo solar, estando
impedidos para usar ahora el flujo del futuro. En cambio, las existencias futuras de recursos
terrestres están afectadas por el consumo que se haga en la actualidad.

2) Cada una de las fuentes de energía disponible cumple un papel específico. Mientras el stock
terrestre permite elaborar todos los aparatos fundamentales para fines humanos que satisfacen
las necesidades exosomáticas, la radiación solar es la fuente primaria, empezando con la
fotosíntesis, de toda la vida sobre la tierra. Además, no existe a escala humana un mecanismo
capaz de transformar energía en materia. Mientras que las generaciones futuras tendrán su parte
inalienable de energía solar, sus existencias pueden estar a ser consumidas en la actualidad.
3) El stock de recursos terrestres es una fuente muy pequeña en comparación con la del sol.
Mientras que la actividad del sol durará 5 mil millones de años, el stock de recursos terrestres es
equivalente a únicamente unos cuantos días de energía solar (cálculos optimistas cifran en dos
semanas la equivalencia entre todas las reservas de combustibles fósiles y la radiación solar
llegada al planeta.)

4) Desde el punto de vista de su uso industrial, la energía solar presenta una importante
desventaja respecto a la energía terrestre: ésta se encuentra disponible en forma concentrada
mientras que el uso directo de la energía solar no es sencillo. El flujo de energía solar no se
acumula en ningún sitio a partir del cual pueda ser utilizada de una forma concentrada.

5) La principal virtud de la energía solar es que su uso no causa contaminación adicional: esto es,
los rayos solares que no son utilizados se degradan inexorablemente. Sin embargo, de ser usada
en un lugar distinto a donde fue recogida el clima de ese sitio se vería afectado.

6) La supervivencia de todas las especies terrestres y acuáticas depende, directa o indirectamente,


de la radiación solar. Sólo los hombres y las mujeres, a causa de su adición exosomática, dependen
también de los recursos minerales.

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